Domingo, 6 de septiembre de 1998 EL MUNDO periodico

MACROSONDEO ELECTORAL (I).- EL MUNDO inicia hoy la publicación del macrosondeo electoral elaborado por Sigma-Dos y basado en 14.565 entrevistas, que llegará a los lectores, en sucesivas entregas, a lo largo de las dos próximas semanas. Los resultados de intención de voto y distribución de escaños revelan que el PP no sólo revalidaría la victoria obtenida en las urnas en marzo de 1996, sino que obtendría, si ahora se celebrasen elecciones, ocho diputados más que entonces: 164, con lo que su ventaja sobre los socialistas sería ya de 25 escaños. El PSOE pierde dos, los mismos que los nacionalistas catalanes de CiU, mientras que IU cedería tres escaños y HB conservaría sus dos parlamentarios en el Congreso.

El PP obtendría hoy 25 escaños más que los socialistas

Los «populares» ganarían ocho diputados respecto a los comicios de 1996, pierden el PSOE (2), CiU (2) e IU (3), y HB se mantiene con dos

Elecciones generales: Intención de voto
El PP volvería a alzarse con la victoria en unas hipotéticas elecciones generales si éstas se celebrasen ahora, e incluso aumentaría sensiblemente la distancia que le separa del PSOE, que perdería dos escaños, los mismos que CiU.

   1998    1996  
   Escaños  %  Escaños  %
 PP  164  40,4  156  38,9
 PSOE  139  37,8  141  37,5
 IU  18  9,1  21  10,6
 CiU  14  4,3  16  4,6
 PNV  6  1,3  5  1,3
 CC  3  0,7  4  0,9
 BNG  2  0,9  2  0,9
 HB  2  0,7  2  0,7
 ERC  -  0,5  1  0,7
 EA  1  0,5  1  0,4
 UV  1  0,4  1  0,4
 PA -  -  -  0,5
 LVE  -  -  -  0,2
 Chunta  -  -  -  0,2
 UC (CDS)  -  -  -  0,1
 UPV  -  -  -  0,1
 Otros  -  3,4  -  -

RAUL HERAS

El PP de José María Aznar obtendría una cómoda victoria sobre el PSOE si se celebraran ahora elecciones generales, lo que le permitiría gobernar con mayor tranquilidad gracias a sus 164 escaños y a la pérdida electoral que sufriría su principal aliado en estos momentos, el nacionalismo catalán de Jordi Pujol.

La nueva estrategia centrista del presidente del Gobierno, los buenos resultados económicos y la polémica interna en el PSOE tras la sentencia del caso Marey estarían en la base del distanciamiento entre las dos principales fuerzas políticas de España.

Los socialistas habrían perdido gran parte de la fuerza que les dió su proceso de elecciones primarias y el nombramiento de José Borrell como candidato, mientras que los populares ganarían ocho escaños respecto a los resultados de marzo de 1996.

La diferencia entre las dos formaciones se mantiene por debajo de los tres puntos, y aún muy lejos de los seis que el partido del Gobierno sacaba a su principal adversario a comienzos de 1998, por lo que no es descartable que puedan darse nuevos vuelcos en los porcentajes, y que el efecto de la Ley D'Hont sobre el número de votos en cada circunscripción pudiera acercar a PP y PSOE a la hora de otorgar escaños para el Parlamento.

CAE IU.- Es destacable la caída de IU, si bien es más suave de lo que temían sus dirigentes. Y pierden fuerza los nacionalistas en general y los catalanes de CiU muy en particular. La coalición de Pujol y Duran Lleida perdería dos importantes escaños, que la llevaría a los valores de 1982 y le quitaría mucha fuerza a la hora de negociar sus apoyos a un futuro Gobierno central.

El PP, de convertirse en reales los resultados del sondeo, se acercaría a lo conseguido por la centrista UCD en 1977, y podría alcanzar mayoría en el Congreso con los apoyos de vascos, canarios y valencianos, sin tener que recurrir forzosa y matemáticamente a los escaños de Convergència i Unió.

Si se suman los porcentajes de todas las fuerzas que se pueden catalogar de centro-derecha, y que van del PP al PNV, pasando por CiU, Coalición Canaria (CC), Eusko Alkartasuna (EA) y Unió Valenciana (UV), y se hace lo mismo con las llamadas de centro-izquierda, en las que habría que incluir al PSOE, IU, Bloque Nacionalista Galego (BNG), HB y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), tendríamos que el centro-izquierda a nivel estatal ganaría al centro-derecha por un 49% frente a un 47,6% de votos.

El comportamiento de las formaciones nacionalistas es muy irregular, ya que mientras en el País Vasco se mantiene la tendencia global de los últimos comicios, pese a la inmediatez de sus propias elecciones autonómicas, en Cataluña hay que sumar a la pérdida de dos escaños de CiU la del único que mantenía ERC, con un retroceso global de ambas formaciones superior a los tres puntos, un dato que debe inquietar a Pujol, y que podría hacer que se replantease su estrategia respecto a Madrid.

Curiosamente, el mayor descenso de CiU no se produce en Barcelona, sino en Lleida (11 puntos) y Girona (siete puntos), por lo que, más que al efecto Maragall, habría que atribuir la caída a la presencia de Borrell al frente de la candidatura socialista y a la buena labor del alcalde Nadal.

En el País Vasco, el PP se convierte en la segunda fuerza política de la región, por detrás de un PNV que regresa a a los seis escaños tras su política de acercamiento a una HB que se mantiene en ese continuo y leve descenso en apoyos populares. Lo mismo que le ocurre a EA, pero que, merced a la concentración de sus votos, logra mantener sus dos escaños.

EL PNV REFUERZA SU POSICION.- El partido de Xabier Arzalluz refuerza su posición, y la mayor pérdida la cosechan los socialistas que lidera Nicolás Redondo Terreros, el primer candidato elegido en primarias, que ve cómo su elección no impulsa a su grupo, un dato que, de confirmarse a nivel autonómico el próximo 25 de octubre, llevaría al PSE-PSOE a una nueva crisis.

No olvidemos que al frente del PSOE está Joaquín Almunia, un vasco que no tendría más remedio que asumir una parte de esa pérdida y derrota. Ese convencimiento, y la cercanía de las urnas, es lo que puede haber llevado al secretario general del PSOE a realizar su oferta de paz al conglomerado de ETA, dentro del conjunto de declaraciones que están realizando los dirigentes de este partido desde la condena de Barrionuevo y Rafael Vera.

El PP debe mostrarse feliz con estos resultados, que le mantienen en el primer lugar del panorama político y refuerzan su minoría mayoritaria en el Congreso. Pero Aznar debe comprender que sus esfuerzos centristas son aún insuficientes y requerirán más tiempo para calar en el electorado. Bastará con recordarle que la UCD un tanto caótica de Adolfo Suárez consiguió 166 y 168 escaños en 1977 y 1979, respectivamente.

Los ocho que ganaría el PP tienen una distribución geográfica bastante reveladora. Dos de ellos los consigue en Andalucía, el gran saco de votos de los socialistas, con lo que cabe pensar que la presencia de Javier Arenas y su equipo de andaluces en el Ministerio de Trabajo, con su política de diálogo y acuerdos con las fuerzas sociales, está dando sus frutos. Junto a una percepción positiva por parte de los votantes de la labor de las alcaldesas populares Celia Villalobos en Málaga y Teófila Martínez en Cádiz.

Otro lo logra en Aragón, pese a la recuperación que pronosticaban los socialistas tras el aterrizaje del ex ministro Belloch como candidato a la Alcadía de Zaragoza, ya que es precisamente en esa provincia donde más retrocede el PSOE.

El PP gana dos escaños en Canarias, uno a costa del PSOE y otro a costa del conglomerado nacionalista de CC, un detalle que tendrá su importancia a la hora de elegir candidatos autonómicos el año próximo, ya que se estará jugando con la posibilidad de gobernar, y hasta puede que los socialistas se conviertan en la piedra angular, salvo que los hoy seguidores de Manuel Hermoso aceptaran cederle los trastos de la presidencia al líder que coloquen los populares al frente de sus listas.

TRES ESCAÑOS MAS EN CATALUÑA.- Los otros tres escaños los consigue el PP en Cataluña, prueba de que sus pactos parlamentarios y de legislatura con CiU le favorecen; en Extremadura, tal vez tanto por el cansancio hacia Rodríguez Ibarra como por la proyección nacional del extremeño Barrero desde la presidencia del Senado; y en Navarra, donde el Gobierno de UPN (PP) da sus frutos y el PSOE se mantiene pese a las repercusiones públicas del juicio a Gabriel Urralburu.

Los socialistas, que globalmente perderían dos escaños, y que en algunas comunidades autónomas como Castilla y León tendrían que sufrir que el PP superara en algunas provincias el 60% de los votos, obtendrían sus mejores resultados en Cataluña, con dos nuevos parlamentarios, en la Comunidad Valenciana, con uno, y en Madrid, con otro, tal vez por los procesos de renovación llevados a cabo y por la presencia al frente de sus listas regionales y locales de personas como Joan Romero, Fernando Morán y Cristina Almeida.

En el lado opuesto, el PSOE retrocede en Andalucía -pese a que gana un escaño en Jaén-, en Aragón, en Canarias, en Extremadura y en el País Vasco.

Las tres pérdidas de IU se contabilizan en Madrid (y habrá que insistir en la importancia de la división producida en su seno tras la salida del grupo del PDNI), en Navarra y en la Comunidad Valenciana, pero la crisis de la coalicción es mucho más grande: sigue en descenso permanente, sin que se vea que toque fondo, con una media nacional de punto y medio por debajo de los resultados de 1996, si bien, y como meta de esperanza, sus dirigentes pueden contabilizar esas décimas de mejora respecto al sondeo del pasado mes de mayo.


El candidato Borrell, borroso tras ser borrado

Si el anterior sondeo de Sigma Dos lo presidía el efecto Borrell, el actual lo preside su difuminación. Lo más destacable de esta encuesta es la caída del candidato elegido por los militantes del PSOE en contra de la opinión del aparato del partido. En la valoración de líderes, es quien más pierde.

Tras haber sido borrado por sus compañeros de dirección, y a lo largo de cuatro meses sistemáticamente ninguneado, aparece completamente borroso a los ojos de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Peor aún: los electores del PSOE triplican la distancia que le aleja de González, marcada por la apreciación general de los encuestados, con la significativa excepción de los votantes de IU. El positivo revulsivo de las primarias socialistas ha desaparecido.

En consecuencia, tanto fuera como dentro del espacio socialista, aparece como mejor valorada la figura de González. Es un reflejo claro de que el candidato oficial no es visto como el candidato real por el conjunto del electorado. Desde abril, en que Borrell ganara ampliamente las elecciones socialistas, no ha logrado neutralizar al aparato, que no cesa de aplicarle la goma de borrar, y pierde progresivamente el apoyo de quienes le votaron, que le perciben borroso y desenfocado.

El complejo de Lot, que paraliza al núcleo directivo del socialismo, ha conseguido en unas pocas semanas que el candidato del futuro aparezca como el pasado de una loca noche de primavera, y que el candidato del pasado aparezca como el futuro candidato. La encuesta se limita a levantar acta notarial de esta hábil operación mediática de Ferraz.


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