Hace 22 años un temporal doblegaba al mitico Mirador Rosado. |
| Una torre desde la que divisar la mejor historia de Maroñas. |
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Ya no están el Mirador Rosado ni la
Quinta de los Costa en Maroñas. Al primero lo derrumbó un temporal; los viejos predios
albergan hoy el colegio Domingo Savio. Allí la historia conversa a través de los
recuerdos más allá del bullicio de los estudiantes. El Mirador Rosado fue un imponente torreón con resabios medievales, nacido de la imaginación de un niño y la complaciente respuesta de su padre. Construido sobre la base de un viejo molino, fue durante muchas décadas un inconfundible referente del barrio de Maroñas. El color con que estaba pintado, le identificó en forma definitiva. En estos días se celebran los 125 años de la fundación
de pueblo ltuzaingó, componente fundamental de una amplia barriada que pese a la más que
centuria transcurrida, parece aún buscar el sosiego de su destino. |
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| El 29 de diciembre falleció
Vicente Costa y otro tanto aconteció con Vicente Felipe, el 5 de setiembre de 1943 siendo
declarado heredero de este causante, su hijo Augusto Costa Perfile. Finalmente, el 9 de
julio de 1946, los sucesores de Vicente Costa, asistidos por sus cónyuges, enajenan el
bien a sus actuales propietarios la Sociedad de San Francisco de Sales (padres
salesianos). NACE EL MIRADOR Cuando don Vicente Costa adquiere el terreno que constaba de 11 hectáreas, estableció de inmediato una bodega. Existía ya un olivar y un antiguo molino de viento. La familia Costa disfrutaba momentos de solaz en la casa existente en la quinta donde generalmente pasaban la época veraniega. En cierta oportunidad, Vicente Felipe Costa, allá por los años 1890 o 95 paseaba con su padre don Vicente cuando se le ocurre plantearle su deseo de tener un lugar semejante a las torres de los castillos a los que conocía a través de sus lecturas de libros de caballería. Ante la ocurrencia, don Vicente le promete construir un lugar así y toma luego como base del proyecto, el viejo molino existente en la quinta el cual reproduce las ideas que su hijo había concebido para la obra. El Mirador Rosado comenzó a tomar forma provocando encontrados sentimientos de extrañeza y aprobación en el vecindario. Hasta poco tiempo antes de su derrumbe final, podía apreciarse en su interior y en los diversos niveles, el mobiliario y alhajamiento con que fue dotado. Se dice que niños y ancianos se detenían ante aquella mole, con espíritu de respeto y reverencia. Muchas generaciones lo vieron, admiraron y en sus últimos tiempos, le temieron. Pero aún así, siguió siendo el referente de la zona. La venta de los terrenos a los salesianos, motivó un obligado ocaso de la bucólica estancia, sus montes de olivos, la vieja casa familiar. Los inquietos sacerdotes habían tomado posesión del predio donde se construiría la Escuela Industrial Domingo Savio. Ruido de maquinaria, armado de andamios, centenares de obreros trajinando el lugar, dieron la impronta del progreso que ahuyentaba con salpicaduras de cemento y cal, las últimas imágenes del lugar. Después el bullicio de los estudiantes, daría paso a la nueva época. Y el Mirador Rosado seguía allí, acusando los achaques de su venerable ancianidad. UNA TORMENTA La construcción del Mirador admitía diversos servicios aún. Los religiosos que ocuparon el predio, le dieron a su planta baja como destino, las actividades de una policlínica deportiva y local de ex alumnos. Su destino sería ser el centro de un amplio campo polideportivo. Sin embargo, lenta e inexorablemente, su estructura acusaba dia a día un desmejoramiento notorio. Urgía estudiar un plan para remodelarlo y darle las seguridades que reclamaba. Todo estaba pronto; se hicieron los estudios, planos, inversión. Ya era tarde. En octubre de 1977 se desata un temporal de agua y viento que sin piedad, castigó duramente una amplia región del Uruguay. El Mirador Rosado tembló ligeramente y prácticamente la mitad de su enorme estructura se vino al suelo produciendo un estruendo que aún hoy los vecinos recuerdan. Los restos que se mantenían en pie, fueron derrumbados definitivamente ante el peligro que significaban y la imposibilidad de su reconstrucción. Nada quedó de aquella obra. La naturaleza fue implacable. El sueño del niño que inspiró su refugio de aventuras caballerescas, había terminado. Como el viejo Quijote, que lidiaba con los molinos de viento, el Mirador nació también sobre un molino semejante. En este caso, el Quijote tuvo forma de niño que quiso la torre para soñar. "Vivió para morir" Una nota periodística señalaba el domingo 16 de julio de 1976 que la majestuosidad del aspecto del Mirador, casi inexpugnable, se va diluyendo lentamente. Es que en forma inexorable, los años han ido pasando, mellando de a poco su solidez. "¿Alguna vez cruzó por su frente? Seguramente admiró su forma, su altura, no pudo sustraerse a la reflexión o el comentario sobre su significado histórico. El "Mirador Rosado" o simplemente "La Torre", ubicada en el predio de la Escuela Industrial Domingo Savio, en la manzana que forman Gerónimo Piccioli, Oficial 1, Oficial 2 y Carreras Nacionales, se viene al suelo. Lentamente. Como queriendo oponer resistencia vital al impertérrito factor temporal. Pero no tiene alternativa. Vivió para morir. Sus actuales propietarios pensaron siempre, desde que comenzó la construcción del actual edificio escolar, en mantener "El Mirador Rosado" o de la Quinta de los Costa como elemento recordatorio. En julio de 1976 fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Gobierno de la República. Actualmente se considera irrecuperable. La forma del derrumbe hizo pensar a los entendidos, que no tiene una base capaz de sostener su gran estructura. (Diario "El Día" del 16 de julio de 1978) Por Luis Alberto Zabala 29 de octubre de 1999 El País
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