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Stanley Robinson

`Como escribo de utopías piensan que puedo tener ideas políticas raras´
Es un bicho raro en Estados Unidos, un escritor de ciencia ficción de ideas izquierdistas. Kim Stanley Robinson, un californiano que se hizo famoso con una trilogía sobre la colonización de Marte, nos lleva ahora, con ‘Tiempos de arroz y sal’, hasta un mundo donde la peste ha arrasado la cristiandad y donde árabes y chinos construyen el futuro.
Texto: Alberto Gayo
Fotos: Fernando Cárdenas


Kim Stanley Robinson acaba de volver de atender las patatas, alcachofas y judías de la huerta. Estamos en Davis, un pequeño pueblo a 15 kilómetros de Sacramento (California). Este escritor estadounidense, de la corriente posmoderna de la ciencia ficción, vive en su utopía particular, una comuna formada por 200 casitas donde la tierra es de todos.
Mapas de aquí y de allí por las paredes, fotos familiares, libros de García Márquez más que de ningún otro autor y retratos del dalái-lama. A lo lejos se divisa el río Putatoi, nombre que le pusieron las tribus indias, el mismo nombre del lugar donde acaba la última novela de Stanley Robinson, Tiempos de arroz y sal (Ediciones Minotauro, 2003), una ucronía –reconstrucción lógica de la historia donde se dan por supuestos acontecimientos no sucedidos que podían haber ocurrido– o, para que nos entendamos, una historia alternativa que comienza con una Europa cristiana devastada por la peste en el siglo XIV, y con los árabes y los chinos como conductores y constructores del futuro.
En España le conocemos por su Trilogía de Marte (Rojo, Verde y Azul) y por Antártida. Ahora nos presenta más de 700 páginas cuyo germen apareció en su cabeza hace casi 25 años.
Situado en la izquierda intelectual norteamericana, este amo de casa al que le gusta escribir a mano en un bloc, sentado en el jardín o en el cafetín, mezcla en Tiempos de arroz y sal filosofía, religión, reencarnaciones, formas de gobierno, ciencia... para contarnos lo que hubiera ocurrido en el mundo sin la presión de la cristianismo y del colonialismo europeo.

—¿Qué método utiliza para recrear 700 años de historia?

—Me lo he planteado como un proyecto ambicioso, con investigación histórica y documentación. Cuando leí todo el material, hace tres años, comencé a escribir.
Stanley Robinson habla de confucionismo, de budismo; relata las andanzas de un islam donde impera el sufismo, la corriente más moderada, culta y alejada de las interpretaciones dañinas del Corán; se explaya al describir las tribus que ocupaban América del Norte, “aquellas que practicaban el mejor sistema de gobierno jamás inventado, donde no existía la propiedad privada”.

—¿Qué opinan en su país de que un escritor de ciencia ficción incluya en sus novelas un poso ideológico con toques de budismo y hasta de socialismo?

—Se me permite pensar lo que quiera por el hecho de ser un escritor de ciencia ficción. Piensan que como escribo de utopías puedo tener ideas raras. Yo vivo en Davis, un pueblo bastante progresista, virado a la izquierda, pero creo que hay hambre por escuchar voces que se inclinen hacia la izquierda. En EE UU, sobre todo después de los atentados del 11-S, los argumentos políticos se esconden.

—¿Y no teme que le tachen de predicador?

—Claro que me preocupa, yo lo que quiero ser es novelista, lo demás no me interesa. Cuando se dice que soy un escritor político, yo me pregunto si la gente piensa que García Márquez es un escritor político. Si él lo es, yo también.

—A diferencia de otros escritores que han visto un choque de civilizaciones en lo que ocurre en la actualidad, en ‘Tiempos de arroz y sal’ ha intentado dignificar las religiones...

—He intentado entender la forma de pensar china e islámica. Me quedo con la china por su punto de vista científico; el islam es más como el cristianismo. Me quedo con el budismo, que me interesa desde que era estudiante y conocí a un poeta budista californiano. La ausencia de un dios y el enfoque de la compasión es lo que más me atrae, la idea de que el presente es lo que importa, por lo que no hay énfasis en el cielo y el infierno. Muchos de los que hablan de confrontación de civilizaciones son ideólogos que sólo tratan de defender el poder de EE UU y sus propios intereses. Es como los serbios, que siempre se ven como víctimas.

—En la reconstrucción viajan sus personajes hasta Al Ándalus, pasando por Málaga, por la localidad sevillana de Carmona; y cita una etapa en la que judíos, moros y cristianos se toleraban...

—Para escribir la novela leí todo lo que pude del Corán desde el punto de vista sufí, que fue muy positivo para la cultura, la justicia y la igualdad. No he visitado nunca España, y en realidad me gustaría estar allí ahora. Más aún, creo que sería interesante hacer una novela de ciencia ficción de cómo habría sido España si los árabes hubieran continuado.
En Tiempos de arroz y sal, los protagonistas (el nombre de uno siempre empieza por k y el del otro por b) se van reencarnando a lo largo de los siglos, cambiando de sexo, de estatus, de circunstancias. Así consigue el novelista mantener un hilo narrativo que ameniza una historia extensa llena de recovecos y de términos extraños que entresaca de decenas de idiomas.

—En uno de los capítulos aparecen preguntas sin respuesta. Entre ellas, ésta: “¿Qué hace que la gente bien alimentada y protegida explote a los que están hambrientos y desprotegidos?”...

—Es parte de nuestro instinto animal. Nunca piensas que nuestros hijos están suficientemente protegidos. Nunca se tiene esa sensación de total protección. La opresión, al final, viene de ese sentimiento de que nunca llegas a proteger lo suficiente.

—El francés Emmanuel Todd defiende en su último libro que antes EE UU era una solución a los problemas del mundo y que en la actualidad sólo es un generador de problemas, síntoma de que el imperio empieza a derrumbarse.

—No creo que se derrumbe tan fácilmente. Las reglas económicas están muy bien estructuradas y aunque ha bajado el porcentaje de beneficio que viene a EE UU, el imperio sigue ahí. [Es curioso, pero cuando se le pregunta cómo será el nuevo imperio desde la imaginación de un escritor de ciencia ficción, Robinson pone el ejemplo de Mondragón, “un pueblo del norte de España donde se rigen por el cooperativismo”.] La idea de un nuevo imperio con un sistema económico mejor sería ideal, pero ¿cómo llegar hasta allí? Sobre todo si no crees en revoluciones.

—¿Que opinión le merecen la guerra y el presidente Bush?

—Odio la guerra. Nadie puede defender a Sadam Husein y su terrible régimen, pero el intento de echarlo tenía que haber venido a través de la ONU. Bush es un iluminado y quizá uno de los peores presidentes que ha tenido este país. Lo que más me asusta es que a pesar de todo puede volver a ganar las elecciones, con los medios de comunicación tan poderosos apoyándole. El apoyo a Bush tiene que ver con el 11-S, es un patriotismo simplista.
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