Las
mujeres seguirán soñando con hombres que no han nacido y los hombres con
mujeres que ya no existen.
Florence Thomas.
Cómo
generar ideas.
Resumen académico del libro del mismo nombre, de Jack Foster.
Las nuevas ideas son las ruedas del progreso. Sin ellas,
reinaría la parálisis. Su habilidad para generar buenas ideas es esencial para
alcanzar el éxito.
Los sistemas de computación realizan buena parte del trabajo rutinario que
hacíamos antes, con lo cual -al menos teóricamente- quedamos en libertad (y
además se nos exige) para hacer el trabajo creativo que las máquinas no pueden
hacer.
Vivimos en lo que muchos llaman "la era de la información", era que
exige el flujo constante de nuevas ideas, si queremos alcanzar nuestro potencial
y nuestras metas.
Esto se debe a que el verdadero valor de la información -aparte de ayudarnos a
entender mejor las cosas- sólo se logra cuando se combina con más información
para formar nuevas ideas que solucionan problemas; ayudan a la gente; salvan,
arreglan y crean cosas; hacen que las cosas sean mejores, más económicas y
útiles; aclaran , fortalecen, inspiran, enriquecen y animan.
Nunca antes en la historia las ideas fueron tan necesarias y valiosas.
Un mapa fácil de seguir.
"Más que en cualquier momento de la historia, la
humanidad se halla en una encrucijada. Uno de los caminos conduce a la
desesperanza y el desaliento. El otro, a la aniquilación total. Roguemos que
tengamos la sabiduría para escoger correctamente", Woody Allen.
"¿Que en dónde estoy? En una cabina telefónica, en la esquina entre pare
y siga", Anónimo.
En A Technique for Producing Ideas, James Webb Young describe un método
de 5 pasos para producir ideas.
Primero, la mente debe recolectar la "materia prima". En publicidad,
esta materia incluye el "conocimiento específico sobre productos y
personas, y conocimientos generales sobre la vida y sus hechos".
Segundo, la mente debe "digerir esos materiales".
Tercero, "uno tiene que olvidarse del tema por completo".
Cuarto, "la idea llegará como por encanto".
Quinto, "uno lleva su idea recién nacida al mundo real" a ver cómo
le va.
El filósofo alemán Helmholtz decía que seguía 3 pasos para tener ideas. El
primero, la "preparación", era el tiempo durante el cual estudiaba el
problema "en todos sus aspectos".
En el segundo, la "incubación", no pensaba conscientemente en el
problema.
El tercero, la "iluminación", era cuando "las buenas ideas le
llegaban inesperadamente, sin esfuerzo, como por inspiración".
Moshe F. Rubinstein dice que hay 4 etapas distintas para solucionar problemas.
Primera etapa: preparación. Se estudian los elementos del problema y sus
relaciones.
Segunda etapa: incubación. A menos que se haya podido
solucionar el problema rápidamente, se consulta con la almohada. Uno se puede
frustrar en esta etapa por no haber podido encontrar la respuesta y no ver cómo
hacerlo.
Tercera etapa: inspiración. Se siente una chispa de emoción cuando una
solución, o un camino hacia ella, aparece repentinamente.
Cuarta etapa: verificación. Se comprueba la solución para asegurarse de que
funciona.
En Predator of the Universe: The Human Mind, Charles S. Wakefield dice
que hay "una serie de [cinco] etapas mentales que definen el acto
creativo".
Primera, la de "conocimiento del problema".
Segunda, la de "definición del problema".
Tercera, la de "inmersión en el problema y en los datos concretos que lo
acompañan".
Cuarta, la de "incubación y aparente calma".
Quinta, la de "la explosión: la visión mental, el salto repentino que
trasciende a la lógica, más allá de los pasos que se dan para soluciones
normales".
Pero, aun cuando todos generalmente concuerdan sobre los pasos que se deben dar
para generar una idea, ninguno se refiere a los pasos que debemos tener para
darlos; y si no estamos en condiciones de darlos, da igual que no conocerlos. De
ese modo nunca tendremos las ideas que somos capaces de producir, porque decir a
la mayoría de las personas cómo generar una idea es como pedirle a un niño de
primer grado que resuelva x cuando x+1=2x+4. Tal como se debe saber
álgebra antes de solucionar una ecuación, así mismo hay que acondicionar la
mente antes de producir ideas.
¿Qué es una idea?
"Yo sé la respuesta. ¡La respuesta está en todos los
corazones de la humanidad! ¿Cómo? ¿La respuesta es 12? Creo que estoy en el
edificio equivocado", Charles Schultz.
"Estoy satisfecho de haber sido capaz de
responder rápidamente. Dije: no sé", Mark Twain.
Antes de averiguar cómo generar ideas, debemos analizar qué son las ideas,
porque si no sabemos lo que son las cosas, es difícil saber cómo
aprovecharlas.
El único problema es: ¿cómo definir una idea?
A.E. Housman dijo: "no podría definir la poesía mejor de lo que un perro
definiría a un ratón, pero los dos reconocemos el objeto por los síntomas que
produce en nosotros". Igual ocurre con la belleza y con cosas tales como la
calidad o el amor.
Por supuesto, lo mismo ocurre con una idea. Cuando estamos en presencia de una
idea, lo sabemos, lo sentimos, pues algo dentro de nosotros la reconoce. Pero
tratemos de definirla.
En los diccionarios aparece: "aquello que existe en la mente, real o
potencialmente, como producto de la actividad mental, tal como el pensamiento o
el conocimiento"; o "la categoría más elevada: el producto final y
completo de la razón"; o "una entidad trascendental, un patrón
verdadero de que las cosas existentes son representaciones imperfectas".
Es poca la ayuda que esas definiciones aportan.
La dificultad la expresa perfectamente Marvin Minsky en The
Society of Mind: "tan sólo en la lógica y en las matemáticas las
definiciones captan conceptos a la perfección. Uno sabe lo que es un tigre sin
definirlo. Uno puede definir un tigre y apensa saber algo sobre él".
Sin embargo, si se le pide a la gente una definición, se
obtienen mejores respuestas, respuestas que se aproximan bastante tanto al
concepto como a la cosa en sí misma.
* "Es tan obvio que, cuando a uno le dicen algo sobre el
tema, se pregunta: ¿por qué no lo pensé yo antes?".
* "Una idea abarca todos los aspectos de una situación
y la vuelve simple. Ata los cabos sueltos en un solo nudo. Ese nudo se llama
idea".
* "Es una representación inmediata y clara de algo
conocido o aceptado universalmente, pero transmitida de manera novedosa, única
o inesperada".
* "Algo nuevo que no puede ser visto a partir de lo que
lo antecedió".
* "Es aquel momento de iluminación que le permite a uno
ver las cosas desde otro ángulo, y que une dos pensamientos aparentemente
dispares en un nuevo concepto".
* "Una idea sintetiza lo complejo en algo asombrosamente
simple".
A mí me parece que estas definiciones (en realidad, son más
descripciones que definiciones, pero eso no importa: transmiten lo esencial del
asunto) suministran una sensación más cercana de algo tan escurridizo llamado
idea, porque hablan de síntesis, problemas, perspicacia y claridad.
La que más me gusta es la de James Webb Young: "una
idea no es más ni menos que una nueva combinación de viejos elementos". Hay dos razones por las que me gusta.
Primera, prácticamente le dice a uno cómo tener una idea,
porque plantea que tenerla es como crear la receta para un nuevo plato. Todo lo
que hay que hacer es tomar unos cuantos ingredientes conocidos y combinarlos de
otra forma. Así de fácil.
No sólo es sencillo, sino que no se necesita ser genio para
hacerlo. Tampoco hay que ser especialista en cohetes espaciales, ganador del
premio Nobel, artista renombrado ni poeta galardonado, brillante publicista,
ganador del premio Pulitzer o inventor de primera línea.
"A mí me parece un error pensar en la actividad
creadora como algo fuera de lo común", escribió J. Bronowski.
La gente común y corriente tiene buenas ideas todos los
días. Todos los días está creando, inventando y descubriendo cosas.
Diariamente se ingenia la manera de reparar automóviles, lavamanos y puertas;
de cocinar, aumentar las ventas, ahorrar dinero, educar a los niños, reducir
costos, aumentar la producción, escribir memorandos y propuestas, hacer mejor
las cosas, o más fáciles, o menos costosas. La lista es interminable.
Segunda, me gusta porque se concentra en lo que yo creo que
es la clave para tener ideas: combinar cosas. Ciertamente, todo lo que he leído
sobre ideas habla de combinar o relacionar, yuxtaponer, sintetizar o asociar.
"Es obvio -escribe Hadamard- que una invención o un
descubrimiento, sea en matemáticas o cualquier otro campo, ocurre al combinar
ideas. Etimológicamente, el verbo latino cogito, «pensar», significa
«sacudir juntos». San Agustín ya lo había observado, y dijo que intelligo
significa «elegir entre»".
"Cuando la mente del poeta está perfectamente
organizada para trabajar -escribió T.S. Eliot-, constantemente amalgama
experiencias diferentes. La experiencia del hombre corriente es caótica,
irregular, fragmentaria. Se enamora o lee a Spinoza, y estas dos experiencias
nada tienen que ver la una con la otra, ni con el ruido de la máquina de
escribir, ni con el olor de la comida; en cambio, en la mente del poeta, estas
experiencias siempre están formando nuevas totalidades".
J. Bronowski escribió: "una persona, sea en el arte o
en la ciencia, se vuelve creativa cuando encuentra una nueva unidad en la
variedad de la naturaleza. Lo consigue al encontrar parecido entre las cosas que
antes creía diferentes. La mente creativa es aquella que busca parecidos
inesperados".
O Robert Frost: "¿qué es una idea? Si usted va a
recordar tan sólo una de las cosas que he dicho, recuerde que una idea es una proeza
de asociación".
O Francis H. Cartier: "solamente hay una forma para que
una persona tenga una nueva idea: por la combinación o la asociación de dos o
más ideas previas, pero en una nueva yuxtaposición, de manera que descubra una
relación entre ellas de la cual no estaba enterado".
Y Arthur Koestler escribió todo un libro, The Act of
Creation, basándose en "la tesis de que la originalidad creativa no
significa crear o darle origen a una serie de ideas a partir de la nada, sino
más bien a partir de la combinación de patrones de pensamiento ya
establecidos, mediante un proceso de fertilización cruzada". A este
proceso lo llamó "bisociación".
"El acto de crear -explica- revela, selecciona,
reorganiza, combina y sintetiza las ideas, las aptitudes, las habilidades y los
hechos ya conocidos".
"Proezas de asociación", "parecidos
inesperados", "nuevas totalidades", "sacudir juntos"
luego "elegir entre", "nuevas yuxtaposiciones",
"bisociación", como quiera que se les llame, todas dicen casi lo
mismo que dijo James Webb Young: "una idea no es más ni menos que una
nueva combinación de viejos elementos".
Diviértase.
"Quien ríe, perdura", Mary Pettibone Poole.
"A veces, al leer a Goethe, me entra la extraña sensación de que trata de
hacerse el gracioso", Guy Davenport.
"La seriedad es el único refugio de los superficiales", Oscar Wilde.
No es por casualidad que presento la diversión como mi primera sugerencia para
acondicionar la mente para que tenga ideas. Puede ser la más importante.
Generalmente, los escritores y directores de arte en los departamentos de
creatividad de las agencias publicitarias trabajan lo proyectos en equipo.
Yo sabía cuáles equipos tendrían las mejores ideas, los
mejores anuncios, los mejores comerciales de televisión o las mejores vallas
publicitarias: ¡eran los que más se divertían!
Los que arrugaban la frente y fruncían el ceño, rara vez
resultaban con algo bueno.
Pero aquellos que sonreían y se reían, casi siempre lo lograban. ¿Acaso
disfrutaban porque producían buenas ideas? ¿O tenían buenas ideas porque se
estaban divirtiendo?
Sin lugar a dudas, era lo segundo.
Al fin y al cabo, eso también ocurre con todo lo demás. Las personas que
disfrutan con lo que hacen, lo hacen mejor. Entonces, ¿por qué no va a suceder
lo mismo con la gente que tiene que producir ideas?
"Diviértase trabajando en su agencia -decía David Ogilvy. Cuando la gente
no se divierte, rara vez produce buenos anuncios".
Lo mismo podría decirse sobre cualquier persona, en cualquier lugar, que tiene
que producir ideas.
Sé que crear anuncios es una labor creativa menor, y uno podría pensar que es
una tontería aplicar las lecciones aprendidas en ese campo a oficios más
serios. Pero la gente que se mueve en otros campos opina lo mismo sobre la
diversión.
"La gente sera tiene pocas ideas -dijo Paul Valéry-. Las personas con
ideas nunca son serias".
No debe extrañar que el humor y la creatividad sean
compañeros inseparables. Como lo anota Arthur Koestler, la base del humor
también es fundamento de la creatividad: la unión inesperada de elementos
distintos que forman una nueva totalidad con sentido; un repentino giro a la
izquierda cuando lo esperado era que el camino siguiera la línea recta; una
"bisociación", dos marcos de referencia que se juntan.
Veamos cómo funciona con el humor:
"Nancy Reagan cayó y se partió el cabello", dijo Johnny Carson.
"¿Cómo puedo creer en Dios -preguntó Woody Allen- si la semana pasada se
me quedó atrapada la lengua en el rodillo de la máquina de escribir
eléctrica?".
La mente va para un lado y, de repente, se ve forzada a cambiar de dirección;
entonces -como para asombrarse- esta nueva dirección no prevista es
perfectamente lógica. Se crea algo nuevo, algo que, después de ocurrir, casi
siempre parece obvio.
¡Ah! Pero, justamente, eso es una idea. La unión inesperada de dos
"elementos viejos" para crear una nueva totalidad que tiene sentido:
"dos matrices de pensamiento" (como diría Koestler) que se encuentran
al paso.
Gutenberg juntó un acuñador de monedas con un lagar y
obtuvo la imprenta.
Dalí juntó los sueños con el arte y nació el surrealismo.
Alguien juntó el fuego y la comida y resultó la culinaria.
Newton juntó las mareas con la caída de una manzana y
formuló la teoría de la gravedad.
Darwin juntó las catástrofes humanas y la proliferación de
las especies y obtuvo la teoría de la selección natural.
Hutchins juntó un timbre con un reloj y obtuvo el
despertador.
Lipman juntó el lápiz con el borrador y resultó el lápiz
con borrador.
Empezamos a sembrar más semillas para que venir al trabajo
se hiciese divertido.
Un encuentro en el parque: es increíble cómo el cambiar
por otro el ambiente de la oficina mejoraba la camaradería y la productividad.
Día de la familia.
Dardos.
¿Ese quién es?: los empleados traían fotografías de
cuando eran bebés.
Bebé lindo, bebé feo.
La feria artesanal: los empleados vendían -o sólo
exhibían- los objetos que elaboraban en casa con sus familias.
Hockey en el pasillo.
Arte infantil.
Concurso de recetas.
Día del buen vestir.
Almuerzo de contribución.
"Si no es divertido, ¿para qué hacerlo?", dice
Jerry Greenfield, de la fábrica de helados Ben & Jerry.
Tom J. Peters está de acuerdo: "la premisa más
importante en los negocios es que no deben ser áridos y aburridos -escribió-.
Uno debe divertirse. Si no se divierte, está desperdiciando la vida".
No desperdicie la suya. Diviértase.
Y, de paso, genere algunas ideas.
Cultive la inclinación a las ideas.
"Me parece que ese individuo sólo tiene una idea... y
es equivocada", Samuel Johnson.
"Todos somos genios por lo menos una vez al año. El genio de verdad tiene
ideas originales más frecuentemente", G.C. Lichtenberg.
"El hombre puede vivir sin aire unos minutos, sin agua unas dos semanas,
sin comida unos dos meses, y sin nuevas ideas año tras año", Ken Ruth.
Nadie entiende (hasta ahora) cómo el cerebro -una cosa material- puede producir
una idea: algo inmaterial.
Sólo sabemos que eso ocurre. A lo mejor a uno le ocurre con menos frecuencia
que a las demás personas, pero, puesto que nos ha pasado un par de veces,
sabemos que no tenemos alguna deficiencia física -por ejemplo, una mutación
genética en el cerebro- que nos impida generar ideas. Sí podemos
generarlas. Está comprobado.
Por tanto, lo único que hay que resolver es por qué se nos ocurren tan pocas
ideas y luego esforzarnos por producir más.
Pareto, citado por James Webb Young, pensaba que había dos tipos de personas: reflexivas
y conservadoras.
Las reflexivas se preocupan constantemente por la posibilidad de nuevas
combinaciones. "Todas aquellas personas para quienes lo suficientemente
bueno no es suficiente, y que reflexionan sobre cómo cambiarlo".
Por otro lado, entre las conservadoras se incluyen "personas sin
imaginación, rutinarias, tradicionalistas y estables, quienes son manipuladas
por las reflexivas".
"Hay un buen número de personas a quienes no les sirve ninguna técnica
para producir ideas".
Yo no estoy de acuerdo con esta conclusión.
No creo que las personas con tendencia a tener ideas a quienes conocí hubiesen
nacido con alguna clase especial de talento para producirlas o con alguna forma
especial de pensar que las llevase por caminos desconocidos, o con alguna
especie de ingenio particular que les permitiese ver con claridad y orden donde
otros sólo veían confusión.
Lo que las hacía diferentes era esto:
Las personas que generaban ideas sabían que las ideas existen y sabían
que las encontrarían. Las que no generan ideas no saben que existen y no
saben que pueden encontrarlas.
Permítame repetirlo:
Las personas que generaban ideas sabían que las ideas existen y sabían
que las encontrarían. Las que no generan ideas no saben que existen y no
saben que pueden encontrarlas.
Las ideas existen.
Para todo problema existe una solución, una respuesta, una
idea.
Estaba equivocado.
Ahora sé que hay cientos de soluciones, cientos de
respuestas, cientos de ideas.
Tal vez haya miles. Tal vez una infinitud.
En 1.940 había patentadas 94 clases de envases de crema de
afeitar. ¡Esa cantidad de clases diferentes de envases de crema de afeitar!
Hay más de 1.200 clases diferentes de alambre de púas, y en
Estados Unidos se han publicado suficientes libros de cocina como para llenar
una pequeña biblioteca.
Vean lo que escribió Lincoln Steffens en 1.931: "Nada
está hecho. Todo en el mundo está por hacerse o volver a hacerse. Aún no se
ha pintado el mejor cuadro, no se ha escrito la mejor pieza teatral ni se ha
recitado el mejor poema. No hay en el mundo un ferrocarril perfecto, un buen
gobierno ni una ley incólume. La física, las matemáticas y especialmente las
ciencias más exactas y avanzadas están siendo fundamentalmente revisadas. La
química apenas empieza a ser ciencia. La sicología, la economía y la
sociología esperan un Darwin, quien a su vez espera a un Einstein. Si se les
dijera esto a los jóvenes de nuestras universidades, entonces no serían
especialistas en fútbol, fiestas y grados inconclusos. Pero no les dicen nada.
Se les pide que aprendan lo que ya se conoce. Eso no es nada".
Escuché esta historia: "solía dar un seminario de 3
días en Chicago sobre publicidad. Una de las tareas que les ponía a mis
alumnos era crear, de un día para otro, una valla para la navaja suiza. Casi
todos los estudiantes llegaban a la mañana siguiente con la valla solicitada,
pero varios decían que habían trabajado durante horas sin que se les ocurriera
algo. Esto pasó 3 años seguidos. El cuarto año ensayé algo distinto. En
lugar de una sola valla, le pedía a cada uno de mis alumnos que diseñara 10
vallas diferentes para la navaja suiza; y en vez de darles toda la noche, les
pedí que las hicieran durante la hora del almuerzo. Después de almuerzo todos
tenían por lo menos 10 ideas. Algunos tenían más. Uno de ellos produjo 25. Al
enfrentar un problema, la mayoría de las personas buscan la solución correcta
porque así les enseñaron a hacerlo. En la escuela tenían que responder
preguntas de selección múltiple o de falso y verdadero, preguntas que sólo
tenían una respuesta correcta. Y por eso dan por sentado que todas las
preguntas y problemas son así; y si no encuentran la solución que parece
perfecta, se dan por vencidas.
Pero la mayoría de los problemas no son como preguntas de
examen".
"Si uno siempre piensa que lo que hay que hacer es
fácil, resulta siendo así", dijo Émile Coué.
Si uno no está seguro de que hay una respuesta, encontrarla
puede ser difícil. Cuando se sabe que hay muchas respuestas, encontrar una o
dos es fácil.
El doctor Norbert Wiener se dio cuenta de ello: "una vez
que un científico enfrenta un problema sabiendo que tiene solución, su actitud
cambia por completo. Ya ha recorrido la mitad del camino hacia la
respuesta".
Koestler dice: "el solo hecho de saber que un problema
tiene solución significa empezar ganando la mitad del juego".
Esa es una de las razones por las cuales algunas personas
siempre tienen ideas: saben que están allí.
Joseph Heller creía lo mismo. "Siento que las ideas
flotan en el aire y luego deciden posarse sobre mí".
Y también Edison pensaba así. Él creía -no, él sabía-
que las ideas "están en el aire".
Si él no las hubiese encontrado, alguien más lo habría
hecho. ¿Acaso es de asombrarse que haya encontrado tantas?
Siempre hay otra idea, siempre hay otra solución.
Convénzase de que encontrará las ideas.
Existen cientos de soluciones para los problemas y las ideas
abundan. Bueno, entonces, ¿por qué no las estamos encontrando?
Consideremos estos 3 casos:
1. Esto lo vemos ocurrir constantemente: algún golfista
desconocido está a la cabeza de un famoso torneo al finalizar el primer día.
Al día siguiente, el pobre tipo golpea 8 sobre el par, el puntaje no le alcanza
y queda por fuera. ¿Qué pasó?
2. Cierta vez me encontraba grabando un comercial en el
Coliseo de Los Angeles y Wilt Chamberlain estaba al otro extremo del campo
ensayando tiros. Hizo más de 100 disparos libres durante el tiempo que estuve
allí, y falló solamente 3. Esa noche, durante el juego, falló 8 de 12 desde
la línea de tiro. ¿Qué pasó?
3. Usted tiene que pronunciar un discurso en otra ciudad y lo
tiene perfectamente ensayado. Conoce el tema, sabe lo que quiere decir, sabe
cómo quiere decirlo. Fácil. Pero cuando comienza a hablar, su mente queda en
blanco y su discurso es un desastre. ¿Qué pasó?
Usted sabe qué pasó.
Dudaron de su capacidad. Lo demás es historia.
Empezaron a dudar si realmente eran tan buenos como pensaban.
Su desempeño en el campo de golf, en el de baloncesto y en la habitación del
hotel eran mejores que la imagen que tenían de ustedes mismos.
Así es como su cuerpo y su mente bajaron automáticamente su
desempeño hasta los niveles donde se sentían cómodos.
No hay suficiente fuerza de voluntad, esfuerzo, práctica ni
determinación que logre restablecer su nivel de desempeño.
La imagen de uno mismo determina lo que uno es y cómo
actúa. No es el esfuerzo ni la voluntad.
La única manera de mejorar significativamente nuestro
desempeño es mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Así que si quiere cultivar su inclinación a las ideas, debe
aceptar dos cosas:
Primera, que lo que piensa de usted mismo es el factor más
importante de su éxito.
Su personalidad, sus acciones, la forma como interactúa con
los demás, la manera como de desempeña en el trabajo, sus sentimientos, sus
creencias, su dedicación, sus aspiraciones, inclusive su habilidad y talento,
son controlados por la imagen que tenga de usted mismo.
Uno actúa como el tipo de persona que imagina ser. Así de
sencillo.
Sobre eso no cabe duda.
Si uno se considera un fracasado, seguramente será un
fracasado. Si uno se ve como una persona de éxito, seguramente será una
persona de éxito.
¿De qué otra forma podría explicarse que personas aparentemente talentosas fracasen cuando otras más limitadas sobresalen?
"Pueden hacerlo todo porque están convencidas de que pueden", dijo Virgilio; y este hecho fundamental acerca del triunfo de la imagen de sí mismo es tan cierto hoy como lo fue hace dos mil años.
Henry Ford estaba de acuerdo: "si piensa que puede, como si piensa que no puede, usted tiene razón".
En pocas palabras: la actitud es más importante que los hechos. Esto quiere decir que, en la mayoría de los casos, la diferencia entre las personas que producen ideas y aquellas que no las producen, poco tiene que ver con alguna habilidad innata para producirlas. Tiene que ver con el convencimiento de que pueden producirlas.
Aquellos que creen que pueden, pueden. Aquellos que creen que
no pueden, no pueden. Así de sencillo.
Segunda, hay que aceptar que aquello que William James
llamaba "el descubrimiento más importante de mi generación" es una
realidad. ¿Cuál es ese descubrimiento?
Los seres humanos pueden cambiar su vida cambiando su
actitud.
Jean Paul Sartre lo expresó de esta manera: "el hombre
es lo que piensa de sí mismo".
Y Chéjov lo dijo así: "el hombre es lo que cree". Sobre esto tampoco cabe duda alguna.
Es lo que muchas personas se niegan a aceptar. Rechazan el concepto de que pueden cambiar la imagen de sí
mismas.
Están equivocadas. Sí pueden cambiarla. Usted acepta que "el hombre es como piensa su
corazón", pero cree que si piensa diferente del corazón, seguirá siendo
lo mismo.
No. Usted será un yo diferente. ¿O acaso cree que no puede pensar diferente, que la manera
como piensa hoy es inmodificable?
Se equivoca. Usted puede pensar distinto.
Hoy todos aceptan que la mente altera el funcionamiento del
organismo. Las pruebas de que es así son sencillamente abrumadoras.
Todo lo que le pido que acepte es un pequeño salto: que la mente puede alterar
la mente.
Acéptelo. Es un hecho.
Comience a alterar la imagen que tiene de usted.
Repítase todos los días que usted es una fuente de ideas, que fluyen de usted
como un nacimiento de agua. Todos los días. No, más bien varias veces al día.
Una vez que sepamos que las ideas existen y que las encontraremos, nos rodeará
la calma.
Se supone que el computador, las máquinas de fax, el módem, el correo
electrónico, el contestador automático e internet debían hacernos la vida
más sencilla y fácil. Deberíamos tener más tiempo que antes para producir
ideas.
Pero para muchos -tal vez para usted mismo- ocurrió lo contrario. El tiempo
libre creado por la electrónica lo hemos ocupado haciendo más, y pareciera que
tenemos menos tiempo para hacer el doble; y el sentirnos tan acosados empieza a
producirnos pánico.
No se preocupe por el tiempo. Aun cuando algunas ideas se demoran más en llegar
que otras, obtener una no depende, curiosamente, del tiempo; ni del sitio donde
trabaja, ni de los horarios, ni de la carga de trabajo.
Generar ideas depende de creer que existen y de creer en usted mismo.
Crea.
Propóngase metas.
"El cerebro es un órgano extraordinario. Empieza a funcionar cuando uno se
levanta por la mañana y no para hasta llegar a la oficina", Robert Frost.
"El único problema con las carreras de ratas es que, no importa cuál
gane, siempre será una rata", Lily Tomlin.
"Cuando voy a la sala de belleza siempre uso la entrada de emergencia. A
veces sólo quiero un avalúo", Phyllis Diller.
Quisiera que imaginara usted una viga de acero de 30
centímetros de ancho por 30 metros de largo.
Supongamos que voy a subir esa viga hasta el piso 40 de un
edificio de oficinas y hacer descansar uno de los extremos sobre otro edificio
de 40 pisos, al otro lado de la calle.
Si usted la atraviesa caminando de un lado a otro, le doy 100
dólares. "Podría perder el equilibrio y caer". Lo más probable es
que así ocurra.
Ahora voy al otro edificio y sostengo sobre el vacío a su
hija de 12 semanas. Cruzará. Lo hará con la mayor facilidad, sin esfuerzo, como
si estuviese atravesando un puente. Reaccionó de manera diferente porque su meta cambió.
La primera vez su meta era no caerse. La segunda, salvar a su bebé.
La primera vez estaba preocupado por la manera de llegar al
otro lado: cómo colocar los pies, cómo guardar el equilibrio con los brazos, a
qué velocidad caminar, la extensión de cada paso, cómo evitar caerse.
La segunda vez no pensó en ninguna de esas cosas. Sólo
pensó en salvar a su bebita, y su mente descubrió automáticamente cómo su
cuerpo debía moverse para llegar al otro lado.
De la misma manera, su mente descubrirá la forma de tener
ideas si usted se fija metas.
EL caso del señor que trataba de desarrollar un programa de
computación capaz de determinar hacia dónde, cuándo y qué tan rápido
debería correr un jardinero central para atrapar la pelota al estilo de Willy
Mays.
No sé si tuvo éxito.
Pero sí sé que Willy Mays hizo todo eso sin pensarlo
conscientemente.
Él sólo vio que le pegaron a la pelota y corrió hasta el
sitio justo donde iba la pelota. Todo lo que visualizó fue una meta: atraparla.
Su cerebro recogió toda la información que le suministraban los ojos, los
oídos y la memoria, y realizó el cálculo: le dijo al cuerpo dónde ir, a las
piernas qué tan rápido correr, qué tanto debía estirar el brazo y en qué
ángulo girar la mano.
Experimentos realizados con lanzadores de dardos demostraron
lo mismo: lanzarle dardos mentalmente a un blanco mejora la puntería tanto como
lanzarlos de verdad.
Si quiere tener ideas, imagínese que las está teniendo.
Visualice la escena tal como los estudiantes visualizaron el
balón pasando por el aro o los dardos dando en el blanco.
No piense que va a tener una idea.
Piense que ya la tiene. Imagínese que está
recibiendo elogios, agradecimientos y retribuciones. Los recibirá.
Piense como un niño.
"Un niño es un lunático desparpajado", Ralph
Waldo Emerson.
"Ahora todo es más aburrido que cuando era
pequeño", Fred Allen.
"La juventud es tan maravillosa que resulta un crimen
desperdiciarla en los niños", George Bernard Shaw.
"Nunca he conocido un niño que me guste", W.C.
Fields.
Baudelaire describió la genialidad como niñez recobrada a
voluntad.
El niño que hay en nosotros es el creativo, no el adulto.
El adulto piensa mucho, tiene demasiadas cicatrices y está
maniatado por tantos conocimientos y limitaciones y normas y conceptos y
preconceptos.
En resumidas cuentas, el adulto es un preso esposado.
El niño es inocente y libre, y no sabe lo que no puede -o no
debe- hacer. Ve el mundo tal como es y no como los adultos han sido enseñados a
verlo.
Gary Zukav escribió en The Dancing Wu Li Masters:
"en física, como en todo lo demás, aquellos que más han experimentado la
alegría de crear han sido los que mejor se han escabullido de las amarras de lo
conocido, y se han aventurado a los territorios desconocidos que están más
allá de la barrera de lo obvio. Este tipo de personas tienen dos
características. La primera, es una especie de habilidad infantil para ver el
mundo como es, y no como parece ser, de acuerdo con lo que sabemos de él".
Prosigue: "el niño en nosotros siempre es cándido, sencillamente inocente. Una historia del Zen cuenta que Nan-in, maestro japonés durante la era Meiji, recibió una vez a cierto profesor universitario, que había venido para averiguar sobre el Zen. Nan-in sirvió el té. Llenó la taza de su invitado, pero siguió sirviéndole más. El profesor vio cómo se derramaba el té y exclamó: «¡Ya está llena. No le cabe más!».
«Al igual que esta taza -respondió Nan-in-, usted está lleno de ideas preconcebidas y especulaciones. ¿Cómo puedo enseñarle Zen sin que antes haya desocupado su taza?»".
Y agrega Zukav: "Nuestra taza generalmente está
rebosante de lo «obvio», de «sentido común», de «lo manifiesto»".
"Si uno pretende ser más creativo -escribió el
sicólogo Jean Piaget-, debe permanecer, en parte, como un niño, con la
creatividad e inventiva que caracteriza a los niños, antes de ser deformados
por la sociedad adulta".
Con Piaget concuerda J. Robert Oppenheimer: "hay niños
jugando en las calles que podrían resolver algunos de mis más elevados
problemas de física, porque tienen formas de percibir que yo perdí hace mucho
tiempo".
Y también Thomas Edison: "el invento más maravilloso
del mundo es la mente de un niño".
Así como Will Durant: "el niño sabe tanto sobre la
realidad del cosmos como Einstein durante la culminación de su fórmula
definitiva".
Einstein dijo: "a veces me pregunto cómo fui yo quien
desarrolló la teoría de la relatividad. Pienso que la razón es que un adulto
normal nunca deja de pensar acerca de los problemas del tiempo y el espacio. Son
cosas en las que ha pensado desde niño. Pero mi desarrollo intelectual fue
tardío, motivo por el cual comencé a pensar sobre el espacio y el tiempo
solamente cuando ya era adulto".
Pero es tal vez Dylan Thomas quien mejor lo describe al
escribir: "La pelota que tiré jugando en el parque aún no ha caído al
suelo".
Los adultos no juegan en el parque; los niños, sí.
Los adultos tienden a hacer lo que ellos mismos, u otros,
hicieron la última vez.
Para los niños no hay una última vez. Cada vez es la
primera; y así, cuando andan explorando ideas, se aventuran en un territorio
fresco y original, un territorio sin reglas, sin fronteras ni bardas, sin muros
o límites, un territorio que permite infinitas oportunidades.
¿Recuerda la historia de Robert Pirsig, en Zen and the
Art of Motorcycle Maintenance, sobre la niña que no sabía qué decir
cuando le pidieron que escribiera un ensayo de 500 palabras sobre E.U.? El
profesor le pidió entonces que escribiera sobre Bozeman (Montana), pueblo en
que se encontraba situada la escuela, en vez de hacerlo sobre todo el país.
Nada. Entonces le dijo que escribiera sobre la calle principal de Bozeman. Nada.
Entonces le dijo: "escribe solamente sobre la fachada de
uno de los edificios de la calle principal: el teatro de la ópera. Empieza por
el ladrillo de la esquina superior izquierda".
A la clase siguiente la niña entregó un ensayo de 5.000
palabras sobre la fachada del teatro de la ópera, situado en la calle principal
de Bozeman.
"Me senté en el restaurante de las hamburguesas, al
otro lado de la calle -dijo- y empecé a escribir sobre el primer ladrillo, el
segundo ladrillo y cuando iba por el tercer ladrillo llegó la inspiración y no
pude parar".
Al principio estaba bloqueada "porque estaba tratando de
repetir, por escrito, cosas que había escuchado antes... No se le ocurría nada
sobre Bozeman porque no se acordaba de nada que valiera la pena repetir. No se
había dado cuenta de que ella misma podía ver de otra manera, y escribir sobre
ello, sin referirse a lo que se había dicho antes".
Los niños no tienen esos bloqueos porque no conocen el
antes. Sólo saben sobre el ahora; y por eso, cuando buscan la solución a
algún problema, lo hacen de una manera original.
Rompen las reglas porque no saben que ellas existen. Hacen
cosas extrañas que logran inquietar a sus padres.
Constantemente observan la relación entre cosas
aparentemente inconexas. Pintan árboles de color naranja y césped morado, y
cuelgan de las nubes camiones de bomberos.
Estudian cuidadosamente cosas comunes y corrientes: una hoja
de hierba, una cuchara, una cara, y se asombran de cosas que para nosotros son
obvias.
Y preguntan, preguntan, preguntan.
"Los niños son científicos por naturaleza -dijo Carl
Sagan-. Ante todo, son quienes formulan las preguntas más profundas: ¿por qué
la luna es redonda?, ¿por qué es azul el cielo?, ¿qué es un sueño?, ¿por
qué tenemos dedos en los pies?, ¿cuándo cumple años el mundo? AL llegar a la
secundaria, rara vez hacen preguntas así".
"Los niños entran en la escuela como signos de interrogación y salen de allí como punto final", dijo Neil Postman.
Vuélvase signo de interrogación otra vez.
Pregúntese siempre por qué las cosas que ve son así. SI no obtiene una respuesta que tenga sentido, tal vez haya campo para mejorarla.
¿Por qué su cadena de producción está organizada así?
¿Por qué su recepcionista se sienta detrás de un escritorio?
¿Por qué llega usted al trabajo y se va a determinadas horas? ¿Por qué su oficina o fábrica abre y cierra a determinadas horas?
¿Por qué sus tarjetas de presentación, su papelería y sus
libros tienen ese aspecto?
¿Por qué se ven sus productos así? ¿Por qué están
empacados de esa manera?
¿Por qué son así sus facturas y cuentas de cobro?
¿Por qué son de esa altura los mesones de la cocina y los
lavamanos del baño?
¿Por qué no funciona con pedales la grifería de la cocina?
¿Por qué las neveras no tienen cajones de abrir?
Muchos bancos establecen que sus clientes hagan una sola
cola, y así ninguno queda atrapado en la cola lenta. ¿Por qué los
supermercados y otras tiendas no hacen lo mismo?
¿Por qué la palabra leche es casi siempre la más
grande, o la segunda en tamaño, en los cartones de leche? Todos saben qué es
leche. ¿Por qué no se le da mejor uso a ese espacio?
¿Por qué los automóviles no tienen a ambos lados tapas
para el tanque de gasolina? Así no habría que estar tirando de la manguera
cada vez que se estaciona del lado opuesto.
Todos tenemos imágenes mentales de nosotros mismos. ¿De
qué edad se ve usted en su mente? Cuando le formulé esta pregunta a una de las
personas más creativas que conozco (el ilustrador de este libro), me
respondió: "de 6 años".
Imagínese eso. Cuando piensa sobre sí mismo, se ve de 6
años de edad.
Con razón siempre tiene ideas y soluciones nuevas.
Inconscientemente piensa buena parte del tiempo como un niño de 6 años, y ve
las cosas con esos ojos.
Deje que aflore el niño en usted. No tenga miedo.
Casi todas las empresas premian a quienes llegan con nuevas
ideas, y una forma de lograrlo es pensar como un niño.
De manera que la próxima vez que tenga que encontrar una
idea o resolver un problema, pregúntese: "¿cómo resolvería esto si
tuviese 6 años?", "¿cómo vería esto si tuviese 4?".
Libérese un poco. Un día de estos póngase a correr por el
pasillo de la oficina; desocupe sus cajones y deje las cosas en el suelo un par
de días; reorganice los muebles de la oficina; duerma la siesta después de
almorzar; haga dibujos en la ventana con un rotulador; escriba notas con
lápices de colores; cante a voz en cuello en el ascensor; aporree el piano;
póngase de pie en el bote y hágalo mecerse.
Olvídese de lo que había antes. Rompa las reglas. Sea
ilógico. Haga tonterías. Sea libre.
Sea niño.
Obtenga más datos.
"Más allá de cualquier duda, está comprobado que el
hábito de fumar es una de las principales causas de las estadísticas",
Fletcher Knebel.
"El conocimiento es poder, si se conoce a la persona
indicada", Ethel Watts Mumford.
"Estamos aquí y ahora. Más allá, el conocimiento
humano es luz de luna", H.L. Mencken.
En el transcurso de los años he trabajado con cientos de
personas creativas.
Todos tenían 2 características en común: primera, tenían
coraje. Segunda, eran en extremo curiosos. Poseían una curiosidad casi
insaciable acerca de cómo funcionan las cosas y de dónde vienen.
Sentían curiosidad por las máquinas que preparan pasteles y
por qué se secan las flores, por las costumbres funerarias de los aztecas y el
diseño de las motocicletas, por la fobias y los limones.
Sabían cosas tales como el nombre del caballo de Napoleón
en Waterloo (Marengo), cuántas veces aumenta de tamaño la clara del huevo al
batirla (7), cuánto líquido resiste un sombrero de 10 galones (3/4 de galón),
y el número promedio de veces que defeca diariamente un elefante africano (16).
Toda su vida tuvieron la "necesidad de saber". La necesidad era tan fuerte en algunos, que inclusive llegaron a pensar que se trataba de un castigo y no de una bendición. Estaban equivocados.
Su curiosidad era una de las cosas por las cuales podían producir ideas. Su curiosidad los obligaba a acumular constantemente pequeñas cantidades de conocimiento -"conocimientos generales sobre la vida y las cosas que pasan-, los "viejos elementos" de que hablaba James Webb Young.
Algún día van a combinar esos elementos con otros para generar ideas, y cuantos más elementos haya para combinar, más ideas podrán generar.
Al fin y al cabo, si "una idea nueva no es ni más ni menos que una nueva combinación de viejos elementos", es razonable pensar que quines tenga más elementos viejos generará, con seguridad, más nuevas ideas que la persona que cuenta con menos de esos elementos.
Si uno no tiene la curiosidad natural que lo fuerza a acumular información, entonces uno mismo debe esforzarse por adquirirla.
Todos los días. Deliberadamente.
"Desde que tenía 12 años -me dijo una vez Ray Bradbury- leía por lo menos una historia corta todos los días, un ensayo y un poema. Todos los días". Dijo que no sabía cuándo algo que hubiese leído hace 20 años iba a "chocar" (palabra suya) con algo leído ayer y producir la idea para una historia.
Sálgase de la rutina.
Por supuesto, usted vive rutinariamente. Admítalo.
¿Por qué cree que hace las mismas cosas en el mismo orden todas las mañanas
al levantarse? ¿O toma el mismo desayuno todos los días? ¿O va al trabajo
siempre de la misma forma? ¿O lee las mismas secciones del diario? ¿O compra
las mismas cosas en el supermercado? ¿O ve siempre los mismos programas en la
televisión? ¿O come de la manera que lo hace, o se viste así, o piensa de esa
forma, o esto o lo otro?
Es porque está dentro de una rutina.
Y por eso sus 5 sentidos están grabando todos los días lo mismo que grabaron
ayer: los mismos lugares, sensaciones, olores, sonidos y sabores.
Claro, de vez en cuando hay una que otra cosa diferente que se mete por allí, y
usted no puede evitarlo. Ni siquiera un ermitaño siego y sordo puede evitar las
nuevas sensaciones.
Pero se meten allí a pesar de lo que usted hace, y no por lo que
hace.
Ahora bien, si permanece en la rutina y deja que las cosas se metan allí
naturalmente, nunca va a acumular la base de datos tan variada y amplia que
necesita para tener nuevas ideas.
Hay un mundo fascinante de información allá afuera, en cualquier dirección
que se mire.
Pero debe mirar. Y cuanto más pronto lo haga, más pronto se
dará cuenta de los "viejos elementos" que usted mismo no sabía que
existían.
Se dice que André Gide trataba de leer por lo menos un libro al mes sobre
algún tema que no era de su interés. ¿Lo ha intentado usted alguna
vez? Inténtelo, al menos una vez. Además:
Escuche alguna estación de radio que nunca antes haya escuchado.
Estudie latín.
Pida en el restaurante un plato desconocido.
Lea la etiqueta en el paquete de la pizza congelada. Lea los avisos limitados.
Lea a Marianne Moore y Allen Ginsberg. Lea un libro infantil. Lea de nuevo The
Death of a Salesman de Arthur Miller. Lea una revista que nunca haya visto.
Busque algo en internet que usted crea que le pueda desagradar. Vea una obra de
teatro o una película que piense que le disgustará. Alquile un video del cual
nunca ha oído hablar.
Palpe la corteza de 3 árboles distintos en su vecindario. Aprenda a
reconocerlos sólo por el tacto. Aprenda a reconocerlos por el olor.
Salga a almorzar con alguien distinto.
Escuche atentamente la música que no le gusta.
Viaje en autobús durante una semana.
Aprenda a leer música. Aprenda el lenguaje de los signos. Aprenda a cocinar.
Aprenda a hacer nudos.
Dedíquese a pintar a la acuarela.
Estudie griego, chino o español.
Váyase de tiendas, a una galería, a un museo, a un restaurante, al mercado, a
un centro comercial, a un edificio. Visite un lugar al que nunca haya ido antes.
Por favor, haga algo. Algo diferente, algo que lo saque de la inercia,
que lo impulse en una nueva dirección, que lo aparte de la rutina.
Decía Louis L’Amour: "si se quiere ser creativo, hay
que ir adonde lo conduzcan las preguntas. Haga cosas. Tenga diversidad de
experiencias".
Aprenda a observar.
Mis padres y yo acostumbrábamos a viajar en automóvil hasta
la casa de mis abuelos. A veces jugábamos al "caballo blanco": el
primero que viese un caballo blanco decía: "caballo blanco" y, al
final del viaje, quien primero hubiese visto más caballos blancos ganaba.
Cada vez que jugábamos, veíamos toda suerte de caballos blancos; pero cuando
no lo jugábamos, no veíamos casi ninguno.
¿Por qué?
No era porque hubiese más caballos blancos el día que jugábamos y solamente
unos pocos cuando no.
Era porque cuando buscábamos los caballos los veíamos, y no los veíamos
cuando no los buscábamos.
Lo mismo pasa cuando uno compra un automóvil, o cuando está pensando en
comprarlo. De pronto uno comienza a verlo por todas partes.
Siempre estuvieron allí, pero uno no los veía porque no los buscaba.
Uno ve todo lo que pasa frente a sus ojos.
Entonces ¿por qué solamente puede recordar una fracción de lo que vio?
Porque realmente no estaba observando. Simplemente estaba mirando. Mirar no
requiere mayor esfuerzo. Es tan fácil como respirar. Observar es distinto.
Requiere esfuerzo y compromiso.
Pero escuche esto: una vez que se acostumbre, observar se vuelve tan natural
como mirar.
No digo que uno recuerde todo lo visto. Nadie puede hacer eso.
Lo que sí quiero decir es que, esforzándose, uno puede observar y recordar
más de lo que jamás se imaginó que podría. Es posible recordar muchos más
detalles sobre las personas que se conocieron, los lugares que se visitaron y
las cosas que se leyeron.
Y cuantas más cosas recordemos, más cosas tendremos para combinar a fin de
formar nuevas ideas.
Pero hay que trabajar en ello. Todos los días.
He aquí cómo empezar.
Mañana por la mañana, en su camino hacia el trabajo o en el primer descanso
para tomar el café, cómprese una libreta de notas. No un cuaderno de hojas
sueltas, sino un buen libro de anotaciones, una especie de diario, algo que
tenga sentido de pertenencia. Escriba todos los días algo que haya visto; todos
los días. No importa lo que haya visto, sencillamente usted vio algo y
lo va a registrar (si, además, quiere escribir su opinión sobre lo que vio,
hágalo libremente).
Cuando haya llenado el libro, siéntese a leerlo.
Seguidamente empiece a llenar otro. Y otro. Y otro.
Durante el resto de su vida.
Ármese de valor.
"Es difícil aceptar la crítica franca, particularmente
cuando proviene de un familiar, un amigo, un conocido o un extraño",
Franklin P. Jones.
"No tengo miedo a morir; simplemente, no quiero estar
allí cuando ocurra", Woody Allen.
"No le digas «bocón» al cocodrilo hasta que estés
bien lejos", Proverbio jamaiquino.
Como dije, el coraje y la curiosidad son 2 características
que parecen tener las personas creativas.
Pero ¿por qué algunas personas las tienen y otras no?
¿Qué puede hacer uno al respecto si no las tiene?
¿Cómo podemos ser más arrojados?
"Las ideas son frágiles -dijo Charles Brower, jefe de
una agencia publicitaria-. Pueden morir por un bostezo o una burla; por la
estocada certera del sarcasmo o el entrecejo fruncido".
Creo que por eso muchas personas parecen carentes de ideas.
Se han topado con demasiados bostezos y burlas, y han oído
muchos comentarios sarcásticos. Así que mandan todo a paseo y renuncian a
producir más ideas.
El temor al rechazo hace que cierren la fábrica de ideas.
No puedo decirles cómo armarse de suficiente coraje para
seguir adelante, hacer caso omiso de las dudas, fruncimientos de entrecejo y
sarcasmos de la gente cuando dicen lo que piensan.
Solamente sé que debe armarse de coraje.
El recordar 5 cosas será de gran ayuda:
1. Todo el mundo siente temor, todos.
Cuanto más creativo sea uno por naturaleza, más temor
siente, porque sus antenas están mejor sintonizadas y sabe lo que los demás
están pensando, es más sensible a los sentimientos de los demás y se siente
más afectado por sus actos. De manera que es apenas natural que uno se ponga
tenso, incómodo y asustado.
Frente a tal temor, se requiere coraje para hablar.
Porque el coraje -como lo dijeron Kierkegaard, Hemingway, Nietzsche, Sartre,
Camus y otros- no es la ausencia de temor, sino seguir adelante a pesar del
peligro, a pensar de sentir temor o desasosiego.
"La creatividad es peligrosa", escribió Robert Grudin en The Grace
of Great Things.
"No podemos abrirnos a nuevas cosas sin poner en peligro la seguridad de
nuestras creencias previas. No podemos proponer nuevas ideas sin arriesgarnos al
rechazo o la desaprobación".
Recuerde, sin embargo, que aquellos que se burlan y actúan con desprecio
también tienen miedo. Les tienen miedo a las ideas de usted.
Por eso es que se burlan y lo desprecian.
Al fin y al cabo, las ideas -por su naturaleza
misma- son potencialmente destructivas. Pueden cambiar cosas. Y cuanto más
originales sean, más radicales serán los cambios. Y cuantos más cambios
produzcan, más amenazada se sentirá la gente, más la harán cuestionarse
sobre sus creencias y acciones, y la volverán más ansiosa sobre su trabajo y
su futuro.
Así que la próxima vez tiene que luchar contra sus temores y expresar su idea, aun cuando solamente sea para asustar a su interlocutor.
2. No hay malas ideas.
Madame Curie tuvo una "mala" idea y así logró
aislar el radio.
Richard Drew tuvo otra "mala" idea que se
convirtió en la cinta adhesiva.
Joseph Priestley inventó el agua gaseosa cuando investigaba
la química del aire.
Blaise Pascal inventó la ruleta cuando estudiaba el
movimiento continuo.
El caucho vulcanizado fue descubierto accidentalmente por
Goodyear; lo mismo le pasó a Kettering con la gasolina antidetonante; a Galvani
con la corriente eléctrica; a algún desconocido chef de un hotel de
Saratoga Springs con las papas fritas; a Pasteur con la inmunología; a Roentgen
con los rayos X; a Lippershey con el telescopio; a Daguerre con la
daguerrotipia; a Bacquerel con la radiactividad; a Walker con los fósforos; y a
Fleming con la penicilina.
Y a Colón con América.
¿Moraleja? Nunca hay que llorar sobre la leche derramada.
Búsquele algún uso. O invéntese un recipiente de cartón más resistente.
3. A uno siempre puede ocurrírsele otra idea...
inclusive mejor.
En publicidad viven rechazándole a uno sus ideas. Así es
este negocio. Y cuando eso ocurre, uno se queja, refunfuña, patalea, amenaza y
bebe demasiado a la hora del almuerzo. Se va a casa temprano y grita a los
niños.
No solamente siempre hay otras ideas sino que las hay mejores.
Hay que pensar que al menos ya sabemos qué no funciona, y
eso debe ayudarnos a buscar alguna idea que sí funcione.
Ciertamente, eso le sirvió a Edison, pues probó con miles
de ideas antes de encontrar la adecuada para producir una bombilla.
Ray Bradbury escribió por lo menos un relato breve cada
semana durante 10 años antes de producir uno que realmente le gustara.
Durante 9 años, Kepler llenó 9.000 hojas con cálculos a
mano tratando de averiguar la órbita de Marte antes de concluir que el
movimiento de los planetas no es circular sino elíptico.
De manera que no piense que su idea es el final del camino.
Es apenas el comienzo de otro nuevo.
4. Nunca se critica a la gente por tener demasiadas
ideas.
Tal vez una de las cosas que nos inhibe es el temor a que nuestra reputación, inclusive nuestro futuro, dependen de la única idea que estamos a punto de sugerir.
Tal vez así sea; tal vez se venga el mundo encima, tal vez la gente se burle de uno, o tal vez la idea no funcione y arruine a la compañía para la cual trabajamos, nos despidan, la familia nos rechace y vayamos a morir fracasados y paupérrimos.
Bueno. Entonces no apoyemos todos nuestros sueños sobre una sola idea. Produzcamos varias. Así lo reconocerán a uno como "el genio con todas esas ideas", y no como "el tonto con una mala idea".
5. Vale la pena tener una idea.
¡Qué gran sensación la de batear la pelota fuera del
campo!
No hay nada igual. Usted está sentado en un cuarto tratando
de producir una idea, una solución, algo que funcione, pero no pasa nada. No
hay sino paredes, barreras, puertas cerradas, señales de parada y callejones
sin salida, y está frustrado, preocupado y pensando si podrá salir del
atolladero. Está encajonado, atrapado, cuando de pronto ¡bum!, le llega todo
de una vez, la solución con todo funcionando. Excelente.
"Los logros creativos son la iniciativa más intrépida
de la mente -dijo Robert Grudin-, una aventura que lleva simultáneamente al
protagonista hacia la vanguardia del conocimiento y a los límites de la
conveniencia. El placer no está en la seguridad del puerto sino en la emoción
de las velas al viento".
¡Saque la pelota del campo! ¡Arriésguese!
Comparado con las velas al viento, el puerto seguro es apenas
un consuelo.
Piense en cómo piensa.
"Muchas personas prefieren morir a pensar. En verdad,
les ocurre a muchas", Bertrand Russell.
"Pensar 60 minutos sobre cualquier cosa lleva a la
confusión y la desdicha", James Thurber.
"Conclusión es el momento en que uno se aburrió de
pensar", Martin H. Fischer.
La manera como uno piensa afecta las cosas sobre las que se
piensa y el tipo de pensamientos que se tienen.
Cuantos más pensamientos tengamos, más materia prima habrá
para producir ideas.
He aquí diferentes formas de pensar:
Piense visualmente.
Usted y yo fuimos educados para pensar en palabras, y cuando armamos un
pensamiento cualquiera, generalmente lo hacemos en forma de enunciado.
"Quien mucho abarca, poco aprieta". "El mundo no funciona".
"La confianza nace del éxito".
Sin embargo, muchas de las mentes más creativas de la historia pensaban en
imágenes en lugar de palabras.
Einstein dijo que raras veces pensaba en palabras. Los conceptos le venían en
imágenes que después trataba de expresar en palabras o fórmulas.
William Harvey observaba el corazón de un pez vivo cuando de repente lo
"vio" como una bomba.
Frank Lloyd Wright pensaba que las casas y los edificios no eran estructuras
independientes sino parte integral del paisaje.
Alfred Wegener notó que la costa occidental de África encajaba con la costa
oriental de Suramérica y en segundos vio que alguna vez todos los continentes
fueron uno solo.
Man Ray visualizó el pecho de una mujer como un violonchelo.
Einstein imaginó cómo vería el mundo una persona montada sobre un rayo de luz viajando sobre el espacio.
Tratando de entender el concepto de infinito, el matemático David Hilbert imaginó un hotel con un número infinito de habitaciones, todas ocupadas. Seguidamente pensó en la llegada de un nuevo cliente en busca de habitación. "Por supuesto", dijo el hotelero, y cambió a la persona de la habitación número 1 a la número 2, a la de la número 2 a la número 3, a la de la número 3 a la número 4, y así hasta el infinito, para dejar libre la habitación número 1 para el nuevo huésped.
Lord Kelvin dio con la idea del galvanómetro de espejo al notar el reflejo de la luz en su monóculo.
Freud concibió la idea de la sublimación del instinto al ver una caricatura en dos partes. En la primera, una niñita guiaba su bandada de gansos con un palito. En la segunda, se había convertido en gobernadora y daba órdenes bajo un parasol a un grupo de damas.
Niels Bohr imaginó, como si tuviese un ojo en la mente, que el átomo se parecía a nuestro sistema solar.
Newton vio de repente que la Luna era como una manzana que "caía".
Y muchas de las personas creativas con quienes he trabajado también piensan en imágenes en vez de palabras.
Si sus empresas atraen nueva clientela pero siguen perdiendo ventas, las imaginan como un cubo de agua lleno de agujeros.
Si, por ejemplo, tienen que hacer un anuncio sobre un
cerrojo, no piensan en él como un cerrojo propiamente sino como un guardia de
seguridad, o como un perro guardián, o como una póliza de seguro para su casa,
automóvil o joyas; o también como el guardaespaldas de sus hijos, o como algo
indestructible, como la roca de Gibraltar.
Piensan en relaciones, en metáforas. Piensan ideas.
"Una vez que uno tiene la idea visual, las palabras
vienen fácil", me decía uno de ellos. Y tenía razón.
Una vez que uno se imagina un cerrojo como un guardia o como
un perro, es fácil escribir títulos como: "el guardia de seguridad que
nunca duerme"; o "ahora hay un guardián que nunca se toma el día
libre"; o "el perro guardián que no hay que alimentar";
"nuestros cerrojos se llaman Fido".
Una vez que uno vea las malas ventas como si se tratase de un
juguete descompuesto, o como una persona ahogándose, o como un menú pasado de
moda, más pronto se puede comenzar a repararlo, o a lanzarle un salvavidas o a
cambiar los platos.
Una vez que al problema de tratar de abrir más espacio en
los estantes del supermercado lo visualicen como una carreta de circo repleta de
payasos, como una bañera rebosante o como una maleta con demasiada ropa para
cerrarla, más cercanos estaremos de encontrarle una solución al problema de
cómo abrir más espacio en los estantes donde aparentemente no hay más.
Cuando imaginemos la baja productividad de nuestra cadena de
producción o de nuestro sistema de distribución como un cuello de botella,
como un río represado o como un automóvil varado en la autopista, más rápido
lograremos ensanchar el cuello, desbloquear el río o mover el auto.
Así que la próxima vez que esté frente a un problema,
trate de visualizarlo en lugar de verbalizarlo. ¿Cómo ver el problema? ¿A
qué se parece? ¿Qué imagen le trae a la mente?
Piense lateralmente.
A usted y a mí nos enseñaron a pensar linealmente, o verticalmente; a pensar con lógica desde un punto hasta llegar a una conclusión. A colocar un ladrillo sobre el otro.
Tal forma de pensar es analítica, secuencial, con un propósito. Si algo en el camino carece de sentido, nos detenemos y buscamos otra dirección, dando un paso lógico tras otro hasta llegar a una conclusión válida.
Pero hay otra forma de pensar, popularizada por Edward De Bono, llamada pensamiento lateral.
En este tipo de pensamiento uno da saltos. No tiene que seguir el camino lógico, sino que puede tomar caminos secundarios que aparentemente no conducen a ninguna parte.
Es verdad, sin embargo, que resulta imposible saber si un problema fue solucionado lateral o verticalmente. Eso ocurre porque todas las buenas soluciones tienen sentido y, por consiguiente, tienen caminos lógicos.
Pero aun cuando la mayoría de las soluciones son obvias a simple vista, es difícil pensar en llegar a otras por el camino de la lógica.
No vea barreras donde no existen.
Muchas veces su pensamiento se ve inhibido porque
inconscientemente da por sentado que un problema tiene restricciones y
limitaciones, cuando en verdad no es así.
Somos nosotros mismos quienes establecemos las barreras para
la solución de los problemas.
La próxima vez que tenga dificultades para resolver un
problema, pregúntese: "¿qué supuestos estoy haciendo que no debería
hacer? ¿Cuáles limitaciones innecesarias estoy imponiéndome a mí
mismo?".
Establezca algunos límites.
"Un momento -lo oigo reclamar-. Acaba de decir que no
imponga limitaciones innecesarias y ahora dice que hay que establecer algunos
límites. ¿Qué pasa entonces?".
Las limitaciones a las que me refería al comienzo son
fronteras imaginarias, los supuestos subconscientes que uno hace sobre la
naturaleza del problema.
Ahora me refiero a la necesidad de tener un marco de
referencia dentro del cual buscar una solución.
Sé que esto suena paradójico: la creatividad dentro de un
marco de referencia. "¿Está loco? -ya lo oigo reclamar de nuevo-. La
mente creativa tiene que ser libre para moverse, explorar, buscar todo lo que
quiere. Si se le ponen limitaciones, se seca como una lombriz al sol".
De acuerdo. Es una paradoja. En The Courage to Create,
Rollo May llama a esto un "fenómeno", y explica que "la
creatividad necesita tener límites, puesto que la acción de crear nace
de la lucha humana con aquello, y contra aquello, que la limita".
Por ejemplo, cuando le asignaba una tarea de creación a un
grupo -digamos, para un comercial de TV-, me di cuenta de que si le dejaba total
libertad trabajaba con incertidumbre. Demasiada libertad produce caos. Pero
cuando se veía forzado a trabajar dentro de los parámetros de una estrategia
creativa, de un presupuesto, de un límite de tiempo, de un tema y, por
supuesto, de una fecha de entrega, siempre llegaba con soluciones.
Joseph Heller encontró lo mismo: "las ideas me llegan.
No las produzco a voluntad. Me llegan en el curso de una especie de sueño
diurno controlado, de una ilusión dirigida. Puede que tenga que ver con la
disciplina de escribir textos publicitarios durante años, donde las
limitaciones le suministran combustible a la imaginación".
"Las habitaciones pequeñas disciplinan la mente; las
grandes la distraen", dijo Leonardo Da Vinci.
Continúa Heller: "hay un ensayo de T.S. Eliot en el que
alaba la disciplina de escribir, asegurando que si uno se ve forzado a escribir
dentro de cierto marco, la imaginación se motiva al máximo y produce sus
mejores ideas. Con libertad total, sin embargo, es mayor la probabilidad de que
el trabajo sea poco original".
Duke Ellington compuso música dentro de las limitaciones de
los instrumentos para los cuales escribía y de sus intérpretes. "Es bueno
que haya límites", decía.
Walter Hunt estaba presionado por dinero; así que decidió
inventar algo muy necesario, algo sencillo que pudiera diseñar en un par de
horas (¡hablando de límites!). Inventó el imperdible o alfiler de gancho.
La ensalada César fue inventada porque el cocinero se vio
forzado a cocinar algo con los ingredientes disponibles. También el pollo
marengo, el pudín de pan y seguramente también la langosta hervida.
Dryden dijo que prefería escribir versos con rima porque "con frecuencia me vienen ideas alegres como resultado de pensar en rimas".
Rollo May está de acuerdo: "cuando se escribe un poema, se descubre que la necesidad de encuadrar el pensamiento dentro de tal o cual forma hace que la imaginación busque nuevos significados. Se rechazan ciertas formas de decir las cosas y se prefieren otras, siempre tratando de dar forma de nuevo al poema. En ese proceso se llega a significados más profundos, más de los que uno imaginó".
La limitación más estimulante que jamás he tenido es el tiempo. Las fechas límite hacen que uno logre cosas.
Impóngase una.
Aprenda a combinar.
"El asma ya no me molesta tanto, a menos que haya perros
o cigarros cerca. Lo que más me molestaría sería un perro fumando un
cigarro", Steve Allen.
"Doctor Livingston Presumo (nombre completo del doctor
Presumo)", Anónimo.
"Ser es hacer", Rousseau.
"Hacer es ser", Sartre.
Si "una nueva idea no es más ni menos que la
combinación de viejos elementos", se deduce que la persona que sabe
combinar viejos elementos tiene más opciones de producir una nueva idea que
aquella que no sabe cómo combinarlos.
Busque parecidos.
¿Su problema se parece a otros? ¿Qué tiene de diferente?
Si la gran cualidad de su producto o servicio es la rapidez,
¿qué es lo más rápido en el mundo? ¿Puede compararlo con eso? ¿Qué es lo
más lento en el mundo? ¿Podría compararlo con eso?
Si la mejor cualidad de su producto es la fortaleza,
¿cuáles con las cosas más fuertes y más débiles que se le ocurren?
¿Podría compararlas con su producto?
O ¿por qué es conveniente, económico, confiable, sencillo,
duradero, en fin, lo que sea? ¿Cuáles son las cosas, personas o ideas más
convenientes, económicas, confiables, sencillas o duraderas en que se puede
pensar? ¿O las cosas, personas o ideas más inconvenientes, costosas, poco
confiables, complicadas o frágiles que se le ocurren?
Rompa las normas.
Toda actividad tiene normas, convenciones y formas de hacer
las cosas. Puede que no estén grabadas en la roca, pero sí lo están en la
mente de la gente. Creálo.
La mayoría de los grandes avances en las artes y las
ciencias -en todo, realmente- han sido el resultado de que alguien rompiera las
normas.
Van Gogh rompió la norma sobre cómo se debe representar una
flor.
Picasso rompió la norma sobre cómo se debe representar el
rostro de una mujer.
Freud rompió las normas sobre cómo tratar las dolencias.
Pasteur rompió las normas sobre cómo tratar las
enfermedades.
Lobatchewsky rompió las reglas de la geometría euclidiana.
Dick Fosbury, las del salto alto.
Beethoven, sobre cómo debe sonar una sinfonía.
David Ogilvy rompió las reglas sobre cómo deben sonar los
anuncios.
Gaudí, sobre cómo debe ser un edificio.
Sobra decir que las normas son una excelente manera de tener
ideas.
Todo lo que hay que hacer es romperlas.
Juegue a "¿Qué tal si...?".
"¿Qué tal si...?" es el juego de muchas personas creativas en las agencias de publicidad cuando quieren producir formas diferentes de presentar las cualidades de un servicio o un producto.
¿Qué tal si convertimos el producto o el servicio en una persona? ¿Qué clase de persona sería? ¿Hombre o mujer? ¿Conductor de camión? ¿Artista? ¿Jugador de baloncesto? ¿Qué cosas diría esa persona? ¿Cómo actuaría? ¿Cómo hablaría?
¿Qué tal si lo convertimos en animal? ¿Qué clase de animal?
¿Qué tal si hacemos el producto más pequeño, o más grande, o con otra forma, otro color, más liviano, más pesado, con otro empaque, o doblemente fuerte, o medianamente confiable, o doblemente confiable?
¿Qué tal si prestamos el servicio más rápido, o más económico, o más conveniente, o más amigable, o menos amigable, o más eficiente?
¿O más lento, más costoso, menos conveniente o menos eficiente?
Si pudiésemos agregarle cualquier cosa que quisiésemos al producto o servicio, ¿qué sería?
Si pudiésemos quitarle cualquier cosa, ¿qué sería?
Qué tal que apenas lo hubiésemos inventado o descubierto. ¿Cómo lo introduciríamos?
¿Qué diría una mujer marciana al ver este producto? ¿Cómo se lo describiría usted? ¿Qué pensaría ella? ¿Acaso le gustaría tenerlo?
¿Qué tal si el beneficio de este producto de pronto se
volviera ilegal? ¿Usted qué haría? ¿Qué tal que nadie lo quiera? ¿Qué tal
si todo el mundo lo quiere?
¿Qué tal si pudiésemos duplicar el beneficio del producto?
¿O hacerlo doblemente fuerte, o medianamente fuerte, o doblemente importante
para la gente, o medianamente importante para la gente, o más accesible o menos
accesible?
¿Qué tal si este producto o servicio fuese el único en
proporcionar ese beneficio? ¿Qué tal si toda la competencia también lo
ofreciera?
¿Qué tal retroceder en el tiempo hasta el siglo XIX?
¿Cómo reaccionaría la gente ante tal producto o servicio? ¿Qué tal que nos
adelantáramos un par de siglos?
Practique este juego cuando necesite resolver algún
problema.
¿Qué tal si el problema fuese mucho peor de lo que es?
¿Qué haría? ¿Qué tal si fuese 10 veces peor? ¿O sólo medianamente peor?
¿Qué tal si todo el mundo tuviese ese problema?
¿Qué tal si nadie lo tuviera?
¿Qué tal si lo tuviera su competidor más cercano?
¿Qué tal si le diésemos la vuelta? ¿Cómo sería? ¿Cómo
se vería?
¿Qué tal si el problema persiste al año siguiente? ¿Usted
qué haría? ¿Qué tal si persiste 10 años?
¿Qué tal si el problema dejara de molestar a la gente?
¿Usted qué haría?
¿Qué tal si tuviese el problema opuesto? ¿Cómo lo
solucionaría?
¿Qué tal si alguna persona en otro campo -como, por
ejemplo, el negocio de la música, la industria de la aviación o el mercado de
los autos usados- tuviese este problema? ¿Cómo lo solucionaría?
¿Cómo lo solucionaría un arquitecto? ¿Un plomero? ¿Un cirujano? ¿Un poeta?
¿Qué tal si alguien le diera 1 millón de dólares en efectivo para que
solucionara el problema? ¿Cómo gastaría el dinero?
Si piensa que la gente es la causa del 99% de los problemas, ¿cómo lo
solucionaría si pudiese despedir a quien quisiera? ¿O contratar a quien
quisiera?
¿Qué tal si el problema fuera usted? ¿Cómo cambiaría?
¿Qué tal si el problema fuera su mejor amigo? ¿Qué le diría?
¿Qué tal si usted fuese un niño? ¿Cómo lo solucionaría?
Busque ayuda en otros campos.
En A Whack on the Side of the Head, el doctor Roger von Oech escribió:
"he sido asesor de las industrias del cine y la televisión, de la
industria de la publicidad, de grupos de investigación de alta tecnología, de
grupos de marketing, de grupos de inteligencia artificial y de departamentos de
arte. El común denominador en todos ellos es que cada cual se considera el más
creativo, y que sus miembros cuentan con el elíxir de las nuevas ideas. Pienso
que eso está bien: el espíritu de grupo ayuda al ambiente de trabajo. Pero
también creo que la televisión podría aprender mucho de la gente que diseña
software y que podría beneficiarse con algunas de las ideas de los publicistas.
Cada cultura, industria, disciplina, departamento y organización tiene su
propia forma de solucionar los problemas, sus propias metáforas, modelos y
métodos. Pero, muchas veces, las mejores ideas se encuentran al traspasar los
límites hacia otras disciplinas y escudriñar otros campos en busca de nuevas
ideas y preguntas. Muchos de los avances importantes en el arte, los negocios,
la tecnología y la ciencia se han logrado por el entrecruzamiento de ideas; y,
como corolario, nada hace estancar más un campo de acción que dejar las ideas
por fuera".
James J. Ritty trataba de encontrar la manera de registrar el dinero en su restaurante, para disuadir a los cajeros de embolsillarse su plata. Navegando en un vapor, observó un aparato que contaba y registraba las vueltas que daba la hélice, y usó el mismo principio para fabricar la primera caja registradora del mundo.
Darwin decía que su rápida lectura del Essay on Population, de Malthus, fue la clave que develó el misterio de la evolución por selección natural.
Malthus demostró que la población se retrasaba por "golpes positivos" como las enfermedades, los accidentes, las guerras y las hambrunas. Darwin pensó si acaso circunstancias similares podrían retrasar el crecimiento de plantas y animales: si su "lucha por la supervivencia" afectaría a su destino.
"Me vino de golpe -escribió- que, bajo circunstancias favorables, las especies tenderían a preservarse, y bajo desfavorables, a destruirse. El resultado sería la formación de nuevas especies".
George Westinghouse obtuvo la idea para los frenos de aire mientras leía sobre un taladro de aire comprimido que había sido usado para abrir túneles en los Alpes.
Antes de Descartes no existía algo así como la geometría analítica. La aritmética y la geometría estaban separadas.
Y también la astronomía y la física, antes que Kepler usara las dos para crear la astronomía moderna.
En este momento hay cosas que pasan en otros campos que podrían ayudarle a solucionar su problema, que podrían darle una visión diferente, que podrían darle otro sentido a su manera de pensar, que usted podría combinar con algo que ya conoce, que podría emplear para descubrir un misterio.
Mantenga los ojos y oídos despiertos.
Arriésguese.
Tener una idea implica muchas veces combinar cosas que nunca antes estuvieron juntas; en otras palabras, correr riesgos. Así que, por definición, uno debe correr riesgos si quiere tener ideas.
Nunca lo olvide, pues si no se arriesga no habrá ideas.
"Los únicos gatos que valen la pena son los que se arriesgan -dijo el monje y pianista Thelonius-. A veces toco cosas que nunca imaginé".
Toque usted algo que nunca haya imaginado.
Defina el problema.
"Detesto las definiciones", Benjamin Disraeli.
"Es mejor saber algunas de las preguntas y no todas las
respuestas", James Thurber.
"Los computadores son inútiles. Sólo dan
respuestas", Picasso.
"Todo problema humano sería solucionable, si las
personas tan sólo hiciesen lo que les digo", Gore Vidal.
Puesto que todos los problemas tienen solución, es
indispensable definir correctamente el de uno.
Si no se hace así, podría estar resolviendo el equivocado.
En el campo publicitario enunciar un problema se llama
comúnmente plan de trabajo creativo, estrategia creativa, declaración de
misión, o algo por el estilo. Requiere respuestas a preguntas como, por
ejemplo, "¿qué es lo que queremos transmitir y por qué?, ¿a quién
queremos llegar y por qué?, ¿qué podemos decir que no puede decir la
competencia?, ¿cuál es la razón de ser de nuestro producto o servicio?".
Estos planes son esenciales porque, como lo dijo Norm Brown: "si uno no
sabe para dónde va, parecería que todos los caminos se dirigen allí".
Todas las disciplinas tienen sus propios planes que definen los objetivos, las
metas y las estrategias: cuáles son los problemas, qué oportunidades existen,
qué hay que hacer.
Como escribió Einstein: "generalmente formular un problema es más
importante que solucionarlo, lo que podría reducirse a una cuestión de simple
habilidad matemática o experimental. Formular nuevas preguntas, nuevos
problemas desde otros ángulos, o considerar viejos problemas desde un nuevo
ángulo, requiere imaginación creativa y produce avances reales".
Inclusive una pregunta tan sencilla como "¿cómo puedo hacer todo este
trabajo a tiempo?" es totalmente distinta de preguntar "¿cómo puedo
lograr que todo este trabajo se termine a tiempo?".
La primera pregunta termina en una cantidad de técnicas para
ahorrar trabajos tomando atajos; la segunda reparte la carga de trabajo entre
otras personas.
Se dice que Henry Ford inventó la línea de montaje con
sólo invertir la pregunta "¿cómo hacemos para que la gente vaya a
trabajar?" por "¿cómo hacemos para que el trabajo llegue a la
gente?".
Edward Jenner descubrió la vacuna contra la viruela
cambiando la pregunta "¿por qué se contagia la gente de viruela?"
por "¿por qué las ordeñadoras no se contagian con la
viruela?".
Antiguamente, los tenderos les alcanzaban los productos a sus
clientes, y para mejorar su servicio se preguntaban constantemente:
"¿cómo puedo alcanzarles más rápidamente los productos a mis
clientes?". Entonces alguien se inventó los supermercados, al preguntarse:
"¿cómo podrían los clientes tomar los productos ellos mismos en vez de
tener que alcanzárselos?".
Arthur Koestler escribió: "la grandeza de los
filósofos de la revolución científica consistió no tanto en encontrar las
respuestas correctas, sino en formular las preguntas correctas; en ver un
problema donde nadie lo había visto antes; en sustituir un «por qué» por un
«cómo»".
Jonas Salk concuerda: "la respuesta a cualquier pregunta
existe de antemano. Necesitamos formular la pregunta correcta para develar la
respuesta".
Así es que fíjese en el tipo de preguntas que hace y cómo
define su problema.
Si tiene dificultades para solucionarlo, y sus respuestas
parecen inconsecuentes, trate de plantearse el problema de otra manera y luego
soluciónelo.
Le daré unos ejemplos:
Supongamos que usted es el administrador de un edificio de
oficinas de 10 pisos, construido en la época en que todos tenían oficinas
grandes y espaciosas. En aquel entonces, 2 ascensores eran suficientes para
movilizar a las personas que trabajaban allí. Pero, con los años, las grandes
oficinas se fueron reemplazando por otras más pequeñas, y ahora es evidente
que los 2 ascensores no son suficientes para tanta gente.
Entonces usted hizo instalar ascensores más rápidos,
eficientes y computarizados y, sin embargo, todas las mañanas y las tardes hay
cantidades de empleados gruñendo en los pasillos porque tienen que esperar 3
minutos antes de subirse en alguno. Las quejas recaen en usted. Los inquilinos
amenazan con irse. Es tiempo de crisis.
¿Qué hará?
Si razona el problema lógicamente (o verticalmente, si se me permite), resulta obvio que tiene que ingeniarse alguna manera de: a) subir y bajar más rápidamente a la gente, o b) reducir el número de personas que suben y bajan al mismo tiempo. Por consiguiente usted podría:
Hacer más grandes los pozos de los ascensores e instalar ascensores más grandes.
Taladrar un agujero en el edificio e instalar más ascensores.
Instalar ascensores exteriores al edificio.
Reemplazar las escaleras por escaleras mecánicas.
Instalar escaleras mecánicas en el exterior del edificio.
Comunicar cada piso mediante escaleras mecánicas, reduciendo a la mitad el número de paradas que deben hacer los ascensores.
Ofrecerles premios a los trabajadores que lleguen más temprano y a los que se vayan más tarde, reduciendo así el número de trabajadores que utilizan los ascensores durante las horas de mayor congestión.
Hablar con los trabajadores para escalonar sus horas de entrada y salida.
Programar la hora de acceso a los ascensores de acuerdo con los pisos, limitando de esa manera el número de personas que suben y bajan a determinadas horas.
Hacer que el departamento de bomberos limite el número de personas en el edificio y en los pasillos a ciertas horas.
Promover programas que subrayen los beneficios de subir escaleras.
Todas estas son buenas ideas (eso sí, algunas son más bien costosas), y todas funcionarían en mayor o menor grado.
Pero cuando una administradora de un edificio de Chicago tuvo que enfrentarse a este mismo problema, no hizo ninguna de esas cosas.
Instaló espejos de pared a pared y del suelo al techo en cada uno de los vestíbulos de espera. Pensó acertadamente que a la gente no le importaría esperar mientras que pudiera mirarse todo ese tiempo.
En otras palabras, solucionó un problema distinto.
En vez de tratar de averiguar cómo agregar ascensores y escaleras, o cómo reducir el número de personas que los utilizaban, cambió la pregunta: "¿cómo hago para que la espera sea menos frustrante?".
O imagínese que usted es el jefe de la policía en un pueblo junto al mar en los años sesenta. El pueblo es uno de esos sitios obligados de veraneo para estudiantes universitarios durante las vacaciones de la primavera.
Los negociantes esperan ansiosos el dinero que traen los jóvenes; pero cada año los chicos (especialmente los hombres, pues esto ocurre antes de la liberación femenina) se comportan peor.
Más grave aún: hacerlos dormir tras las rejas por la noche por andar ebrios, alterar la paz, comportarse de manera obscena o destruir la propiedad ajena, no ayuda mucho. Más bien parece que el problema se agravara, puesto que hacerse encarcelar se convirtió en símbolo de honor, respeto o machismo. Si un muchacho no ha sido encarcelado, no está en la onda, no es un hombre.
Así que usted decide ponerse duro: no les da más que pan y agua.
Error.
Ahora hasta los tipos que nunca beben empiezan a fingir que están ebrios sólo para que los arresten, para que al salir de la cárcel al día siguiente puedan presumir de haber tenido que pasarla con solo pan y agua. Ahora los que no han ido a la cárcel son unos cobardes.
Ya no le queda espacio en la cárcel y tiene que traer celdas portátiles desde el condado vecino. El personal de la cárcel tiene que trabajar horas extras. El problema de le está saliendo de las manos.
Está en un callejón sin salida. Tiene que hacer respetar la ley, ese es su oficio; pero, cuando lo hace, las cosas empeoran.
¿Qué hacer?
Hay ciertas cosas que se pueden hacer. Siempre las hay. Esto le ocurrió de verdad a un jefe de policía de la Florida en 1.963, y esto fue lo que hizo:
A los estudiantes encarcelados les daba comida para bebé.
En lugar de tratarlos como criminales, los trataba como niñitos, y de la noche a la mañana convirtió a estos machos en zoquetes.
El jefe de policía aprendió rápidamente. La primera vez se preguntó: "¿cómo puedo castigar más duramente a estos estudiantes por quebrantar la ley?", y los puso a régimen de pan y agua.
Cuando esto no funcionó, volvió a preguntarse: "¿cómo podré avergonzarlos por quebrantar la ley?", y... ¡bingo!
O imagínese que está a cargo de enterrar a los muertos durante la peste negra.
Tiene órdenes de enterrar cada cadáver en un ataúd tan rápido como sea posible, para evitar que la enfermedad se extienda. Pero en medio de su afán por cumplir la tarea, descubre justo a tiempo que una de estas personas aún vive.
Usted se aterra. ¿Cómo asegurarse de no estar enterrando a
una persona viva?
Les pide ayuda a los médicos, quienes le dicen que se fije
en el ritmo cardíaco y si hay señales de respiración; pero las personas que
transportan los cuerpos no tienen las energías ni el deseo de revisar cada uno.
La gente muere demasiado rápido.
¿Qué hacer?
Dice la leyenda que un hombre en Inglaterra se enfrentó con
este dilema, y sencillamente cambió la pregunta de "¿cómo puedo estar
seguro de no estar enterrando a una persona viva?" por "¿cómo estoy
seguro de que los que estoy enterrando están muertos?".
¡Bingo!
Ahora lo único que tenía que hacer era instalar
verticalmente 3 puntiagudas estacas en el fondo de los ataúdes. Si la persona
aún no estaba muerta antes de ser colocada en el cajón, ¡ciertamente lo iba a
estar después!
Las personas de negocios siempre están formulando las
preguntas equivocadas. Muchas veces las preguntas se basan en supuestos tan
arraigados que esas personas ni siquiera se dan cuenta de ello.
Alguna vez trabajé para una compañía de rosquillas. Tenía
cientos de almacenes donde las fabricaban y vendían.
A lo largo de los años sus ventas disminuyeron gradualmente
y nos pidieron algunas ideas que ayudaran a aumentar las ventas. En otras
palabras, sobre cómo atraer más clientes.
"¿Por qué no tratar que los actuales clientes compren
más rosquillas?", preguntamos.
"Porque nuestros informes dicen que cada vez tenemos
menos clientes, no que estén comprando menos rosquillas".
Discutimos la manera de atraer más clientes, como, por
ejemplo, vender panecillos y pan dulce, distribuir cupones en el vecindario
ofreciendo precios especiales durante las horas de menos movimiento, café
gratis con cada pedido, nueva publicidad dirigida a los muchachos, mujeres,
empleados de oficina, etc.
Entonces hice una sugerencia que los asombró: "si
quieren más clientes, tal vez quieran reformularse la pregunta".
"¿Qué quiere decir?".
"Bueno, ahora se están preguntando «¿cómo hacer que
vengan más clientes?»".
"Sí".
"Pero si se preguntan solamente: ¿cómo hacer para
tener más clientes?, o sencillamente ¿cómo vendemos más rosquillas?,
seguramente cambiará toda su estrategia de marketing".
"¿Cómo? Explíquenos otra vez".
"Si se formularan cualquiera de esas dos preguntas
dejarían de pensar en sus tiendas como puntos de venta al menudeo, y pensarían
en ellas más bien como puntos de fábrica individuales".
"¿De qué está hablando?".
"Si fuesen fábricas de rosquillas, las tiendas
venderían al menudeo igual que ahora, pero además contratarían vendedores que
saldrían a conseguir más negocios".
"¿Dónde?".
"En edificios de oficinas, escuelas, apartamentos,
tiendas generales, lugares de construcción, fábricas, centros comerciales,
condominios, gasolineras, en cualquier parte.
Cielos... hasta podrían vender rosquillas en restaurantes y
cafeterías... en fin de cuentas, esos sitios tienen que conseguir sus
rosquillas en algún lado, ¿o no? ¿Y qué tal en las panaderías? Las
panaderías no fríen la masa, la hornean.
A lo mejor podrían inclusive tener unos carritos que vendan
rosquillas y café por la mañana. O pueden contratar a los chicos de las
escuelas para que repartan rosquillas antes de las clases... y hasta
podrían...".
Pero creo que no funcionó. Sólo veían el trabajo y el
riesgo que implicaba; así que nunca ensayaron la idea.
Así que si está confundido, trate de formularse otra
pregunta.
Si se ha estado preguntando: "¿cómo podemos hacer más
eficiente la cadena de producción?", pregúntese mejor: "¿cómo
podemos hacer la cadena de producción menos ineficiente?". O:
"¿cómo cambiar la línea de producción para que los trabajadores
disfruten más su labor?".
Si se ha estado preguntando: "¿por qué la gente no
compra mi producto?", pregúntese: "¿por qué la gente compra
mi producto?". O: "¿por qué la gente que sí compra mi producto no
lo hace más a menudo?". O: "¿por qué la gente que sí compra mi
producto no compra más cantidad?". O: "¿por qué la gente compra el
producto de mi competidor?". O: "¿por qué la gente no está
comprando ninguno de nestros productos?". O: "¿cómo puedo vender
más cantidad de mi producto?". O: "¿qué más puedo vender que ayude
a vender mi producto?". O: "¿dónde más puedo vender mi
producto?". O: "¿qué otros usos pueden darse a mi producto?".
O: "¿de qué otra manera podría mi producto ayudar a la gente?". O:
"¿cómo cambiar mi producto para hacerlo más apetecible?".
Si se ha estado preguntando: "¿cómo puedo ahorrar más dinero?",
pregúntese: "¿cómo puedo gastar menos dinero?". O: "¿Cómo
puedo producir más dinero?". O: "¿cómo puedo hacer rendir más el
dinero que gasto?". O: "¿cómo puedo obtener cosas gratis?". O:
"¿cómo me las arreglo sin dinero?". O: "¿cómo me las arreglo
sin las cosas en las que gasto el dinero?".
Si se ha estado preguntando: "¿cómo hago para que mi vendedor haga más
visitas?", pregúntese más bien: "¿cómo hago para que mi vendedor
haga menos visitas pero más eficaces?". O: "¿cómo hago para que mis
vendedores hagan efectivas las visitas que hacen?". O: "¿cómo hago
para que mis vendedores visiten a más compradores potenciales a la vez?".
O: "¿cómo hago para que los compradores busquen a mis vendedores?".
O: "¿cómo hago para que sea innecesario que mis vendedores visiten a los
clientes?".
Diferentes preguntas, diferentes respuestas, diferentes soluciones.
Reúna información.
"Aristóteles fue famoso porque todo lo sabía. Enseñaba que el cerebro existe solamente para enfriar la sangre y que no participaba en el proceso de pensamiento. Esto es verdad, pero solamente en algunas personas", Will Cuppy.
"Si hay otra manera de quitarle la piel a un gato, no quiero saberla", Steve Kravitz.
"No conocemos ni siquiera la millonésima parte de las cosas", Thomas Edison.
Le contaré una historia:
Era mi primer año en el negocio de la publicidad y nuestra agencia consiguió
un nuevo cliente. Se trataba de una empacadora de carnes, y el dueño quería
que anunciáramos el tocino que distribuía. Recuerdo a Bud Boyd -mi primer
supervisor de textos- diciendo que deseaba hacerle algunas preguntas antes que
empezáramos a trabajar.
"¿Qué es exactamente el tocino?".
"¿Qué tipos de cerdos hay?".
"¿Algunos cerdos producen mejor tocino que otros?".
"¿Por qué?".
"¿Qué tipo de cerdos utiliza la competencia?".
"¿Con qué alimentan a los cerdos?".
"¿Por qué los alimentan con maíz, suero de leche, maní y
desperdicios?".
"¿De dónde provienen todas esas cosas?".
"¿Qué clase de maíz utilizan?".
"¿Qué clase de suero?".
"¿Qué clase de maní?".
"¿Qué clase de desperdicios?".
"¿Qué cantidad le suministran de cada uno?".
"¿Por qué?".
"¿Los cerdos de la competencia son alimentados con lo mismo y de la misma
forma?".
"¿Puede averiguarlo?".
"¿Sus cerdos han ganado premios en ferias?".
"¿Cuántos premios?".
"¿Han ganado más premios que los de la competencia?".
"¿Puede averiguarlo?".
"¿Quiénes cuidan de sus cerdos?".
"¿Provienen todos del mismo lugar?".
"¿Por qué?".
"¿En qué tipo de porquerizas viven los cerdos?".
"¿Se controlan la temperatura, la luz y la humedad?".
"¿Cómo los transportan al mercado?".
"¿Qué edad tienen cuando los llevan al mercado?".
"¿Cuánto pesan cuando los llevan al mercado?".
"¿Hay algo de esto que sea distinto de como lo hace la competencia?".
"¿Hay alguna característica que diferencie sus cerdos de los de la
competencia?".
"¿Podría permitirme hablar telefónicamente con algunas de las personas
que cuidan de sus cerdos?".
"¿Cómo se elabora el tocino?".
"¿Con qué lo cortan?".
"¿Por qué tiene ese grosor?".
"¿Por qué esa longitud?".
"¿Por qué ese ancho?".
"¿Cuál es el contenido de grasa y humedad?".
"¿Por qué no es más grueso?".
"¿Por qué no es más delgado?".
"¿Algo de esto es diferente en el tocino de su competidor?".
"¿Cuándo podemos visitar la planta de su empacadora y hablar con el
personal?".
"¿Por qué se cura el tocino?".
"¿Con qué lo cura?".
"¿Durante cuánto tiempo lo cura?".
"¿Por qué lo ahúma?".
"¿Cómo lo ahúma?".
"¿Qué tipo de leña usa para ahumarlo?".
"¿Por qué?".
"¿Durante cuánto tiempo lo ahúma?".
"¿Algo de esto es diferente respecto a sus competidores?".
"¿Por qué se empaca el tocino de esa manera?".
"¿Cómo puede saberse si el tocino no es fresco?".
"¿Por qué el tocino viejo arde más rápidamente que el fresco?".
"¿Qué hace que un tocino sea mejor que otro tocino?".
"¿Cuál es la proporción ideal entre carne y grasa?".
"¿Por qué?".
"¿Cuál es la proporción entre carne y grasa de su tocino?".
"¿Y la de sus competidores?".
"¿Es diferente el aspecto de su tocino del de la competencia?".
"¿Ha hecho pruebas de sabor con su tocino?".
"Si pudiera, ¿qué le cambiaría a su tocino?".
"¿Cuál es la mejor manera de cocinar el tocino?".
"¿Por qué es mejor freírlo que asarlo?".
"¿Por qué se debe empezar con la sartén fría?".
"¿Por qué debe darle vuelta frecuentemente?".
"¿Por qué elimina la grasa?".
"Mi madre solía blanquear el tocino antes de freírlo.
¿Es buena idea?". "¿Por qué no?".
"¿Conoce algunos libros sobre tocino que yo pudiera
consultar?".
Bud hizo preguntas toda la mañana y durante el almuerzo.
Terminado el almuerzo, el cliente nos informó que tenía otros asuntos que
atender. Bud le preguntó si podíamos regresar al día siguiente.
"¿Para qué? -preguntó el cliente-. Ya les he dicho
todo lo que sé sobre el tocino. Créanme".
"Sólo quiero hacerle un par de preguntas sobre las
personas que empacan, transportan y venden el tocino -repuso Bud- y, por
supuesto, sobre las personas que lo compran, cocinan, sirven y consumen".
En publicidad es muy fácil obtener información. Sólo hay
que pedírsela a los clientes.
Pero uno tiene que preguntar, preguntar y preguntar.
Otra historia: «por allá en los años 60 una empresa de
publicidad me contrató para escribir un texto sobre la fábrica de pianos
Aeolian. Mi primer trabajo era para un anuncio sobre sus pianos de concierto,
que debía publicarse en el New York Times. La única información previa
a mi disposición provenía de algunos anuncios anteriores y algunas
fotografías borrosas... y, por supuesto, me pusieron una fecha límite.
Confesé que no tenía ni idea de tocar el piano, y que tampoco tenía la manera de justificar por qué alguien querría gastarse US$5.000 en este piano cuando podía comprarse un Baldwin o un Steinway por la misma suma.
Después de muchas discusiones, a regañadientes organicé una visita a la fábrica de Aeolian, al norte del estado de New York.
La visita fue de 2 días, pero, a pesar de que la construcción era realizada con un cuidado meticuloso, aún así US$5.000 me parecía mucho dinero.
Justo antes de marcharme, el gerente de ventas me llevó a la sala de exhibición. Allí, en un ambiente elegante, estaba el piano junto con sus competidores de Baldwin y Steinway.
Son muy parecidos, comenté.
"Ciertamente. La única diferencia es el peso de transporte. El nuestro es más pesado".
¿Más pesado?, ¿qué lo hace más pesado?, pregunté.
"La barra del capo d’astro".
¿Qué es la barra del capo d’astro?
"Le mostraré. Agáchese".
Debajo del piano me enseñó una barra metálica fija que iba de una lado al
otro del marco, apoyándose en las octavas más altas.
"El marco del piano demora 50 años en combarse. Es entonces cuando entra a
funcionar el capo d’astro, evitando que ello ocurra".
Lo dejé allí, debajo de su piano, y me fui hasta debajo del Baldwin, para
encontrarme con un capo d’astro casi de juguete. Lo mismo me ocurrió
con el Steinway.
¿Quiere decirme que la barra sólo comienza a funcionar a los 50 años?,
pregunté.
"Bueno, alguna razón habrá para que lo usen en el Metropolitano",
respondió como por casualidad.
Quedé pasmado.
¿Me está diciendo que la Ópera Metropolitana de Nueva York usa este piano?
"Por supuesto; y su barra de capo d’astro debe estar empezando a
funcionar ahora".
El norte del Estado de New York no tiene ningún parecido con
la fachada de la Ópera Metropolitana, donde conocí a la famosa Carmen,
Risë Stevens. Era la encargada de trasladar el Metropolitano hasta su nueva
sede, el Lincoln Center.
La señora Stevens me dijo:
"Una de las pocas cosas que se van a llevar es el
piano".
Esa frase se convirtió en el título de nuestro primer
anuncio.
Como resultado de ellos nació para Aeolian una espera de
pedido de 6 años, desde la solicitud inicial hasta la entrega final.
Mi opinión es esta: cualquiera que sea el cliente, siempre
habrá un capo d’astro».
Es verdad.
En el problema en que está trabajando usted ahora, hay algo,
alguna relación con otra cosa que ha pasado por alto, un dato importante que le
ayudará a resolverlo, que le ayudará a abrir la puerta de la solución.
De manera que, aunque no sea fácil obtener la información necesaria, no debemos eliminar este paso. Es esencial.
Se trata del "conocimiento específico" acerca del cual hablaba James Webb Young; un conocimiento que tenemos que combinar con el "conocimiento general sobre los hechos de la vida".
"Un hombre creativo no pude saltar de la nada hasta una
gran idea -dijo Bill Bernbach, jefe de una agencia publicitaria-. Necesita un
trampolín de información".
La pepita de oro que necesitamos se encuentra aquí y la
podemos hallar, tal como sabemos que la idea que nos ayudará a formar también
existe, y tal como sabemos que encontraremos esa idea.
Búsquela. Lea libros. Lea artículos de revistas. Lea
artículos de prensa. Consulte la enciclopedia. Navegue por internet. Estudie
los temas afines. Sea de nuevo como un niño: formule preguntas. Pregunte por
qué. Visite la fábrica. Visite el depósito. Hable con los empleados. Hable
con los proveedores. Trabaje en la tienda. Viaje con los vendedores. Busque a
los clientes y hable con ellos. Hable con los que no son clientes. Busque a los
clientes de los competidores y hable con ellos. Lea los informes anuales de los
competidores. Hable con los ingenieros, con los diseñadores. Trabaje en el
camión de reparto, en el campo. Pruebe el producto, pruebe el de la
competencia. Asista a conferencias. Vaya a la biblioteca, a las librerías.
Hable con sus amigos, pregúnteles a sus hijos, pregúntele a su mamá.
Pero quizás lo más importante es concentrarse
mentalmente en ello. Es increíble lo que ocurre cuando se mantiene algo a
la vanguardia de la conciencia.
¿Recuerda que alguien -creo que fue Lino- le dijo a Carlitos
Brown que no pensara sobre su lengua? ¡Pues fue lo único en que pudo pensar
durante 3 días!
Es cierto. Piense sobre cualquier cosa y empezará a verla, a
oírla, a sentirla a su alrededor. La próxima vez que salga a caminar fije su
mente en las puertas o en los materiales utilizados en los tejados y verá más
puertas y tejados de los que jamás imaginó.
Y si esto se cumple respecto a caballos blancos, marcas de
automóviles, puertas y materiales para tejados, también se cumple respecto a
las ideas.
Cierta vez vi en la televisión una entrevista con Eric
Hoffer. El entrevistador le preguntó cómo investigaba los temas de sus libros,
cómo obtenía el grano informativo para su molino intelectual (o cómo obtenía
los conocimientos específicos sobre algún problema, si se quiere).
No recuerdo las palabras exactas pero básicamente dijo que
pensaba constantemente sobre el tema y que, como resultado de tal esfuerzo, le
llegaba la información al respecto.
"¿Qué quiere decir con que «le llega»?",
preguntó el entrevistador.
El señor Hoffer dijo que si, por ejemplo, pensaba en el tema
de la conservación y por qué y cómo las diferentes culturas conservan las
cosas de manera diferente, entonces le parecía que todo libro que sacara de la
biblioteca tenía algo que decir sobre el tema, cada artículo en los diarios lo
mencionaba, y las cosas que oía y veía tenían que ver con ello. En pocas
palabras, no tenía que salir a buscar la información sobre el tema porque la
información venía a él.
Thomas Mann dijo lo mismo: "si usted está poseído por
una idea, la encuentra expresada en todas partes, hasta la puede oler".
Así que mantenga la mente en ello. Déjese poseer, pregunte,
pregunte, pregunte. Haga todo lo que pueda para obtener la información antes de
ponerse a trabajar.
Es el trampolín que necesita para impulsarse.
Busque la idea.
"Si no hace viento, reme", Proverbio latino.
"El peor pecado es sentarse sobre su trasero",
Florynce Kennedy.
"Escribir es fácil. Todo lo que hay que hacer es mirar
fijamente la hoja de papel en blanco hasta que empiecen a formarse gotas de
sangre en la frente", Gene Fowler.
"La mejor forma de tener una idea es tener una
idea".
Quiere decir que una vez que se tenga una idea, no hay
presión para tenerla.
También significa que las ideas pueden convertirse en una
bola de nieve y que la mejor forma para que el proceso despegue es iniciarlo con
cualquier idea. No importa si la idea tiene sentido o soluciona el problema o es
pertinente; sólo importa que sea nueva y diferente.
Sé que esto suena descabellado, pero inténtelo alguna vez.
Funciona de verdad. Diga: "¿por qué no lo pintamos de verde?" o
"¿qué tal si...?".
Hal Riney, otro jefe de agencia, dijo esto: "en verdad,
me parece que el proceso creativo no es más que un método de tanteo guiado por
hechos, experiencias y gustos".
Ralph Price dice: "uno no sabe que ha tenido éxito
hasta que fracasa".
Quiere decir que muchas veces uno no sabe si una idea es buena hasta que tiene otras para compararla.
Linus Pauling dijo: "la mejor forma de tener una buena idea es teniendo muchas ideas".
Muchas veces las ideas no son realizables, y por eso es mejor curarse en salud con "muchas ideas".
Pero hay que darse cuenta de una cosa: todas estas personas están diciendo: "por Dios, hay que hacer algo. No se queden ahí sentados esperando a que las ideas lluevan. Persíganlas. Trabajen en ello. Búsquenlas. ¡Háganlo!".
He aquí uno de los ejercicios que les ponía a mis alumnos: "durante los próximos 10 minutos quiero que piensen en 50 usos para un bloque de madera de 5 x 5 x 5 centímetros".
Durante años he escuchado de todo: "envolverlo como regalo y enviárselo a mi suegra", "cortarlo en 64 cuadrados y pegarlos para formar un tablero de ajedrez" o "lanzarlo contra el siguiente profesor que me pida buscarle 50 usos a este bloque de madera".
Una de las cosas que observé es que mis alumnos generaban
ideas, con un poco de vacilación al comienzo, más rápido después y
finalmente tan rápido que ni siquiera me daban tiempo de escribirlas en el
pizarrón.
Muchos problemas son parecidos al del bloque de madera.
A veces parece que las ideas son tan difíciles de encontrar
como migas sobre una alfombra oriental. Después empiezan a llegar en
cantidades. Cuando esto ocurre, uno no debe detenerse a analizarlas porque, de
hacerlo, se corta el flujo, el ritmo, la magia. Escríbalas y siga con la
siguiente.
El análisis viene después.
Esta es otra pregunta que hago a mis alumnos: "¿cuánto
es la mitad de 13?".
Alguien respondió: "seis y medio".
"Muy bien, ¿qué otra respuesta hay?".
Alguien dijo vacilante: "seis coma cinco".
"Exacto. ¿Qué otra respuesta hay?".
Entonces todos se quedaron mirándome en blanco, como las
vacas a los automóviles que pasan.
"Bien -les dije-, quiero que recuerden lo que piensan de
mí en este momento: que estoy loco, que no hay otras respuestas, que la mitad
de 13 es seis y medio o seis coma cinco, y eso es todo. Ahora piensen bien,
piensen: ¿qué mas es la mitad de 13?".
"Uno y tres", dijo alguien, finalmente, sonriendo. Un logro.
"Exacto. ¿Qué más?".
"Cuatro. Tres más uno".
"Exacto. ¿Qué más?".
"Tre y ce". Ya estaban cautivados por el tema. Se
divertían.
"Exacto. ¿Qué más?".
Uno de los estudiantes caminó hacia el pizarrón, escribió
TRECE, borró la mitad de abajo y, señalando con el dedo, dijo triunfalmente:
"eso es la mitad de trece".
"Exacto. ¿Qué más?".
Entonces el mismo estudiante volvió a escribir TRECE, borró
la parte de arriba y dijo lo mismo. Divertido.
"Exacto. ¿Qué más?".
Otro estudiante vino al pizarrón e hizo lo mismo que el
anterior, pero con los números uno y tres en vez de letras.
"Exacto. ¿Qué más?".
Otro vino al pizarrón e hizo lo mismo que el primero, pero
en letras minúsculas.
"Exacto. ¿Qué más?".
Ocho. Trece en números romanos es XIII. La mitad superior es
VIII (ocho)". Otro adelanto Estaban tomando impulso.
"Exacto. ¿Qué más?".
Otro estudiante escribió en el pizarrón la mitad inferior
de XIII.
"Exacto. ¿Qué más?".
"Uno-uno y cero-uno. En el sistema binario, trece se
escribe uno-uno-cero-uno. También once y uno".
"Exacto. ¿Qué más?".
Alguien escribió 1101 en el pizarrón y borró la parte de
arriba, y luego volvió a escribirlo y borró la mitad de abajo.
"Exacto. ¿Qué más?".
"Dos. Uno más tres da cuatro, y la mitad de cuatro es
dos".
Otro logro.
"Exacto. ¿Qué más?".
Alguien trazó en el pizarrón | | | | | | | y luego borró
la mitad de la última raya.
"Exacto. ¿Qué más?".
Entonces alguien trazó | | | | | | | | | | | | | y luego
borró la mitad superior, lo trazó otra vez y borró la mitad inferior.
"Exacto. ¿Qué más?".
Tres. Trece en francés es treize, palabra que tiene
seis letra". Otro avance. Ahora se metían con idiomas foráneos.
"También las letras tre e ize, porque
cada una es la mitad de treize. También la parte superior de...".
"Bueno, ¡paren! -les dije-. ¿Recuerdan cuando
empezamos? Pensaban que había una sola respuesta. Ahora ya saben que siempre
hay otras. Sólo hay que buscarlas".
Hágalo usted también.
Uno tiene que obligarse a ver el problema, a buscar las
ideas, a encontrar la solución, tal como Hal Silverman me obligó a observar la
silla una y otra vez.
Piense lateralmente. Piense visualmente. Disfrute con el
juego de "¿qué tal si...?". Busque analogías, combinaciones.
Pregúntese cuáles son sus suposiciones, por cuáles normas se guía; ¡ármese
de coraje y ataque!
Si necesita una motivación extra para obtener una idea, haga lo que el
ilustrador de este libro: hace cuenta de que la idea que busca viene con un
billete de 100 dólares.
Pero en algún momento hay que dejar de buscarla, hay que dejar de pensar en
ella.
Yo sé que el esfuerzo constante y riguroso con frecuencia produce resultados
espectaculares.
Andrew Wiles trabajó durante 7 años antes de lograr la demostración del
último teorema de Fermat, una demostración que les fue esquiva a miles de
matemáticos durante siglos.
Gatling pasó 4 años trabajando en la invención de una ametralladora antes de
tener éxito.
Con todo, siempre llega un momento en que uno dice: ¡no más! -según la
persona y el problema. Parafraseando a Koestler: uno ha seleccionado, rebuscado,
combinado y sintetizado todos los hechos, ideas, aptitudes y habilidades
posibles; y aun así, la idea le es esquiva.
Cuando llegue ese momento, siga las sugerencias del capítulo siguiente.
Olvide el asunto.
"A veces conviene olvidar quiénes somos",
Publilius Syrus.
- Eric:
"mi mujer tiene una memoria espantosa".
- Ernie: "¿verdad?".
- Eric: "sí, nada se le olvida". Eric Morecambe y
Ernie Wise.
"Hay 3 cosas que siempre se me olvidan: los nombres, las
caras y... no me acuerdo de lo otro", Italo Svevo.
Esto es algo que sólo se hace después de haber seguido las
sugerencias del capítulo anterior.
También es algo que nunca tuve mayor oportunidad de hacer en
el campo de la publicidad. Generalmente no teníamos tiempo de olvidar los
problemas; las ideas eran para hoy, no para mañana.
Esto dice Andy Rooney: "las mejores ideas creativas son
el resultado de algún proceso cognoscitivo lento y selectivo que produce un
resultado total. Cualquiera que esté esperando a que le lleguen las ideas se
quedará esperando largo tiempo. Si me ponen una fecha límite para entregar una
columna o el guión de un programa de TV, me siento frente al teclado y decido tener
una idea. No hay nada mágico sobre este proceso".
Me parece que el señor Rooney sienta una ley con base en la necesidad.
No intento menospreciar el arduo trabajo que abandera el
señor Rooney. Como lo dije, trabajar arduamente es esencial.
Pero el peso de la evidencia sugiere que cuando se tienen
dificultades en solucionar algún problema o en producir una idea, también es
importante olvidarse de seguir ocupándose en ello.
Escuche esto:
Helmholtz dijo: "en lo que a mí respecta, las ideas
jamás me han llegado cuando tenía la mente fatigada o cuando estaba en mi mesa
de trabajo".
Albert Einstein dijo que sus mejores ideas le llegaban
mientras se afeitaba.
Grant Wood dijo: "las ideas realmente buenas me llegaron
mientras ordeñaba las vacas".
Henri Poincaré cuenta lo duro que trabajó para solucionar
un problema matemático. Como no lo logró, decidió tomarse unas vacaciones y,
tan pronto como se subió al autobús, halló la solución.
Bertrand Russell escribió: "he descubierto que, si
tengo que escribir acerca de algún tema difícil, lo mejor es pensarlo muy
intensamente -lo más intensamente que pueda- durante unas horas o días; y, una
vez transcurrido el tiempo, darme la orden, por así decirlo, de proseguir
trabajando de manera inconsciente. Pasados unos meses, regreso conscientemente
al tema y me doy cuenta de que ya he realizado el trabajo".
C.G. Suits, el famoso jefe de investigaciones de General
Electric, dijo que los descubrimientos realizados en el laboratorio de
investigaciones empezaban como corazonadas durante los descansos, luego de
periodos de intensa concentración y recolección de datos.
Rollo May piensa que la inspiración llega de fuentes inconscientes estimuladas por el "arduo trabajo" de la conciencia, que finalmente son liberadas por el "descanso" que le sigue.
"Hay que saturarse una y otra vez del tema... y esperar", aconseja Lloyd Morgan.
Como lo anota Philip Goldberg en The Babinski Reflex,
este fenómeno (al que apoda "efecto Eureka", siguiendo a Arquímedes
y su descubrimiento en la bañera) ocurre con tanta frecuencia que "ha sido
identificado como una característica común a los descubrimientos científicos,
la creación artística, la resolución de problemas y la toma de
decisiones".
Así que cuando esté atascado en alguna idea, proyecto o
problema, o cuando las pequeñas ideas dejen de llegar tan rápido como antes y
no logre esa gran idea, o cuando sienta que se da de cabeza contra barrotes de
hierro, o cuando las cosas se compliquen, o cuando esa vocecilla interna le diga
que "esto no está funcionando", entonces olvídelo y trabaje en otra
cosa.
Fíjese que no he dicho que lo olvide y se relaje o se
dedique a vegetar, o que lo olvide y se siente a ver TV toda la semana. Dije
olvídelo y trabaje en otra cosa.
Según mi experiencia, el relajamiento mental (salvo la
meditación) se sobrestima. Inclusive puede ser contraproducente, porque reduce
el impulso, ahoga el interés y corta el esfuerzo que se requiere para ver las
cosas de manera que se puedan identificar similitudes, relaciones y puentes.
Claro, yo entiendo que todos alaban las virtudes de relajarse
y dejar que el mundo siga su curso.
Pero las personas que dejan que el mundo siga su curso, pues
simplemente dejan que el mundo siga su curso.
No dejan huella. No marcan la diferencia. No producen ideas.
Y eso último es lo que queremos lograr, ¿verdad?: producir
ideas.
Pues bien, entonces recuerde: cuando deba olvidarse de algo, empiece a trabajar en otra cosa.
En publicidad, los guionistas y directores de arte lo hacen
cada vez que pueden. Cuando tienen dificultades para producir alguna idea -como,
por ejemplo, un comercial de motocicletas que debe entregarse dentro de una
semana-, entonces lo dejan de lado y empiezan a trabajar en un anuncio de prensa
sobre quesos o en una valla para algún banco. Unos días más tarde regresan al
tema de la motocicleta y están repletos de ideas como por arte de magia.
¿Pero si no tiene más proyectos en qué trabajar?
Entonces consígase alguno.
El secreto está en cambiar de flanco. En dejar que el
inconsciente trabaje por uno, mientras uno trabaja conscientemente en otra cosa;
en "dormirse" sobre un problema mientras trabaja en otro.
Carl Sagan hacía eso. Cuando se embrollaba con un proyecto,
cambiaba al siguiente, permitiendo que trabajara su inconsciente. "Cuando
uno lo retoma, encuentra asombrado, 9 de 10 veces, que lo ha solucionado -o su
inconsciente- sin siquiera darse cuenta".
Lo mismo hacía Isaac Asimov: "cuando tengo dificultades
para ubicarme, me pongo a escribir otro libro. Cuando regreso al problema, mi
inconsciente lo ha solucionado".
Pero, repito, hay que seguir trabajando en algo. Búsquese
otro proyecto y trabájelo.
No piense que su cerebro necesita un descanso. No lo
necesita. No es un músculo y no se fatiga.
Además, su inconsciente no sabe ni le interesa si usted
está trabajando en un proyecto que podría cambiar el mundo o solucionar la
última tontería de moda. Siempre trabaja igual de duro.
Esta es la razón por la cual las personas muy ocupadas logran muchas cosas y siempre pueden cargar con otros proyectos: han aprendido a conducir sus esfuerzos hacia proyectos significativos, y han permitido que buena parte de su trabajo se realice inconscientemente.
Por eso he aquí una gran verdad: cuanto más se haga, más se hace; cuanto menos se haga, menos se hace.
Usted sabe que es verdad. Sabe que un fin de semana escribe
una lista de cosas que quiere hacer en la casa y, de repente, está ocupadísimo
y se da cuenta de la cantidad de cosas que tiene que hacer y las hace. En el
siguiente fin de semana se queda sentado sin hacer nada, viendo cómo el mundo
sigue su curso, y no logra nada.
El trabajo genera trabajo. El esfuerzo genera esfuerzo.
Y las ideas generan ideas.
Al fin y al cabo, uno tiene que pensar en algo; entonces,
¿por qué no pensar en otra idea o problema o proyecto?
Y si después de algún tiempo la solución al problema
original no se le ocurre mientras se afeita, ordeña una vaca, o se sube al
autobús, regrese al problema y siga trabajando en él. Al hacerlo, seguramente
encontrará caminos que no estaban allí antes. Las puertas que estaban cerradas
estarán abiertas, no habrá barreras, tendrá un nuevo discernimiento, sentirá
de nuevo esperanza, y verá nuevas relaciones, conexiones, estructuras y
posibilidades.
Entonces llegará la idea.
¡Eureka!
Entonces usted dirá: "vaya, ¿por qué no lo pensé
antes?".
Ponga la idea en acción.
"Aun cuando vaya por buen camino, lo atropellarán si se queda ahí sentado", Will Rogers.
"El vicepresidente de una agencia publicitaria es un
hombre «topinero». Un hombre topinero es un ejecutivo seudoocupado que llega a
la oficina a las 9 de la mañana y se encuentra con un problema pequeño sobre
su escritorio. Tiene hasta las 5 de la tarde para convertir un grano de arena en
una montaña. Un hombre topinero experimentado tendrá su montaña antes de la
hora del almuerzo", Fred Allen.
"Cuando me secuestraron, mis padres actuaron de inmediato: arrendaron mi
habitación", Woody Allen.
Uno debe armarse de valor y expresar sus ideas.
Y si se encuentra con bostezos o burlas, insista.
Pero ¿qué ocurre si lo aplauden?
George Ade fue un fecundo escritor de principio del siglo XX. Cierta vez leí
una entrevista hecha a su madre por un hombre que no gustaba del trabajo de su
hijo, y tuvo la indelicadeza de insistir en preguntarle acerca del supuesto
estilo caprichoso de George, su bamboleante estructura y sus superficiales
personajes.
Finalmente, a la señora Ade se le colmó la paciencia: "yo sé que muchas
personas pueden escribir mejor que George -dijo-, pero él lo hace".
"Él lo hace".
Es una de las cosas más brillantes que jamás se hayan dicho.
Sintetiza, en 3 palabras, lo que ocurre con tantas personas (me incluyo entre
ellas): se les ocurre una idea, se la cuentan a la gente y todo el mundo dice:
"oh, es maravillosa", y después se ocupan en otra cosa sin volver a
pensar nunca más en la idea que tanto le gustó a la gente.
Me parece que "oh, es maravillosa" constituye suficiente retribución.
Le da a uno esa pequeña satisfacción de haber tenido una buena idea y todo el
mundo piense que uno es un mago.
Pero si nada más ocurre con esa idea, si no es de ayuda para alguien, si no
arregla, salva o produce algo, si no hace que algo mejore ni solucione algún
problema, ¿para qué sirve?
La verdad es esta: no existe diferencia entre: a) tener una idea y no hacer nada
con ella, b) no tener ideas.
Así que si no piensa hacer algo con su idea una vez que se le ocurra, es
preferible no tenerla. Es una pérdida de tiempo y energía.
De manera que es mejor que: a) no cuente a nadie su idea, o b) no permita que
"oh, es maravillosa" sea suficiente.
Comience ya mismo.
¿Será su entusiasmo por la idea mayor o menor mañana? Entonces ¿para qué
esperar?
Emerson dijo: "nada grande se logra jamás sin entusiasmo". Cuanto más entusiasmo, mejor.
Además, esperar para empezar algo es siempre equivocado.
Hay que empezar ya. Una vez que usted rompa la inercia y empiece a hacerlas rodar, las ideas toman vida propia y empiezan a entrar en terrenos que nunca se imaginó. Crean oportunidades, sobrepasan barreras, saltan por encima de las objeciones y asombran a la lógica.
Si lo va a hacer, hágalo.
Si no se compromete para que su idea funcione, seguramente
estará lamentándose dentro de unas cuantas semanas o meses diciendo: "si
hubiera hecho tal cosa...".
Una de las mejores formas de comprometerse es comprometiendo
su dinero.
Eso es compromiso, y el compromiso genera acción.
Impóngase un plazo límite (cuanto más corto, mejor).
Es asombroso lo que se puede lograr con sólo saber que hay
que lograrlo.
Edison solía decir que inventaría tal o cual otra cosa en
un tiempo determinado. F.R. Upton, uno de sus más estrechos asociados, dijo:
"a veces pienso que Edison se metía en dificultades intencionalmente por
hacer públicos sus proyectos antes de tiempo... y así tener el incentivo para
salirse del embrollo".
Escriba una lista de las cosas que tiene que hacer para poner
a funcionar su idea.
Después realice cada día al menos una de las cosas de la lista. Si siente que la idea está por fuera de su campo de competencia y le está costando dificultades, váyase a la biblioteca y estudie sobre el tema. O pregúntele a alguien. O inscríbase en un curso.
Si tiene que aprender a tocar la guitarra, deje este libro y llame a un maestro de guitarra.
Si tiene que... ¿entiende la idea?
Pero recuerde: haga algo acerca de su idea todos los días.
Encienda su computador o abra su carpeta de anotaciones y haga algo todos los
días, aun cuando sea repasar lo que escribió ayer.
Al finalizar el mes, se asombrará de todo lo que logró, y
ni qué decir al finalizar el año.
"Queme las naves".
Julio César y otros generales emplearon esta táctica para
invadir naciones extranjeras. Era una manera dramática de decirles a sus tropas
que cualquier retirada era impensable. No había alternativa. No había excusas.
¿Qué excusa buscará si fracasa? Queme las naves.
¿No tiene suficiente dinero? Pida prestado. Ya no tendrá la
excusa de no tener dinero.
¿No tiene suficiente tiempo? Bueno, queme las naves.
Levántese una o dos horas más temprano todas las mañanas y trabaje en su
idea.
¿No sabe lo suficiente? Aprenda.
"Queme las naves".
Si tiene problemas en venderle su idea a alguien, póngala en práctica usted mismo.
Thomas Adams trató de venderle la idea del chicle a una
compañía importante. Le dijeron que no. Así que se la vendió a sí mismo, y
comenzó toda una nueva industria. Cada uno de sus 4 hijos heredó una fortuna.
¿Realmente cree en su idea?
Entonces ¿por qué dejar que las personas a las que no se les ocurrió y que
apenas han trabajado una fracción de los que usted le ha invertido le saquen
provecho?
Ataque.
Persevere.
Todos tienen alguna historia acerca de tener ideas
("miren, tengo una idea...") para alguna inversión o un invento, o un
producto nuevo, o un nuevo servicio, o algún nuevo uso para un producto o un
servicio que ya existe, o una manera de ahorrar dinero, o un certamen, o una
promoción, o un descubrimiento, o un guión, o un libro, o un juego de mesa, o
un videojuego, o una película casera, o un programa de computador, o una
inversión en bienes raíces, o un esquema para hacerse rico rápidamente, o
cómo vender los desechos del café molido mezclados con anillos de naranja como
fertilizante aromático para plantas de interiores. Pero nunca hacen nada con
sus ideas, y otra persona se lleva el crédito y hace fortuna.
James Clark Maxwell predijo y formuló matemáticamente la
transmisión de ondas de radio. Pero como era un matemático, y como verdadero
matemático, una ve