Tres Drogas Dos Sistemas Legales

 

Disparidades en la legalidad de las sustancias

 

De las tres drogas recreativas más populares en Norteamérica, dos son legales y la otra no. Llamaremos a las dos drogas legales “Droga A” y “Droga B”, y a la droga ilegal, “Droga C”. En primer lugar, examinaremos los efectos negativos derivados del uso de estas tres drogas.

 

La Droga A es la causa de 400.000 muertes anuales en EEUU. Es la primera causa evitable de muerte y supone un coste sanitario de 50.000 millones de dólares anuales. Cada año, esta droga en solitario mata a más gente que el SIDA, el alcohol, las drogas ilegales, los accidentes de automóvil, los asesinatos, los suicidios y los incendios en conjunto.

 

La Droga A causa múltiples tipos de cáncer, incluyendo los de pulmón, garganta y boca. Además, es causa directa de enfisema, una enfermedad que contraen 500.000 ciudadanos norteamericanos cada año. El enfisema debilita el sistema respiratorio, dando origen a lo que ha sido descrito como “respirar a través de una pajita”.

Esta droga afecta también a otros órganos, como el cerebro, el corazón y los huesos. Contiene compuestos químicos tóxicos y ataca al sistema inmune. El uso de la droga A supone doblar el riesgo de enfermedad coronaria frente los que no la usan. Desencadena ataques al corazón y lleva a las mujeres a la artritis reumatoide: las que usan esta droga tienen el doble de riesgo de desarrollar esta enfermedad.

 

La Droga A daña al feto. Las madres que la usan triplican las posibilidades de que su hijo sufra el síndrome de muerte súbita respecto a las que no lo hacen. Los hijos de las usuarias de la Droga A pueden sufrir una disminución de sus funciones pulmonares durante años después de su nacimiento y padecer deformaciones de la boca y el paladar.

 

Esta droga también guarda una estrecha relación con abortos En un estudio del New England Journal of Medicine, se produjeron un ochenta por ciento de abortos más entre las usuarias de la Droga A que entre las no usuarias. De hecho, las mujeres que usan esta droga sufren el doble de abortos que las que usan cocaína.

 

En cuanto a la Droga B, también está estrechamente relacionada con varios tipos de cáncer. El setenta y cinco por ciento de los cánceres de esófago están relacionados con su uso, algo que ocurre igualmente con el cincuenta por ciento de los cánceres de boca y de garganta.

Se ha demostrado que la Droga B guarda una relación causal con dolencias del hígado. La cirrosis hepática, el término que se utiliza para describir el efecto del alcohol en este órgano, es una de las principales causas de muerte en Norteamérica.

 

Como la Droga A, esta otra también está relacionada con malformaciones, y existe un síndrome que lleva su nombre. Cuando es utilizada por mujeres embarazadas, la Droga B produce retraso mental, deficiencias en el crecimiento, transtornos del sistema nervioso, anormalidades craneofaciales y transtornos del comportamiento.

 

Llegamos a la tercera droga, la ilegal Droga C. Aunque la droga C contiene elementos cancerígenos, aún no se ha establecido una relación causa-efecto entre su uso y la aparición del cáncer. El uso de esta droga implica un mayor riesgo de bronquitis, irritación de garganta e inflamación de las vías respiratorias. También provoca una caída a corto plazo de las hormonas que regulan el crecimiento y el desarrollo, una reducción en la producción de espermatozoides en varones y alteraciones de la menstruación en mujeres. Sin embargo, en el caso de los adultos, estos tres últimos efectos son sólo temporales.*

 

Otros efectos negativos derivados del uso de esta droga serían la pérdida de memoria, disminución de la capacidad de concentración y ataques de ansiedad. Aunque se le han atribuido toda una variedad de efectos adversos -desde malformaciones en el recién nacido hasta un aumento de los problemas derivados del uso de drogas, pasando por daño cerebral y reducción de la producción de testosterona-, los estudios más recientes han empezado a refutar estas afirmaciones. Otro supuesto efecto secundario referente a la merma en la coordinación y las capacidades al volante, con la consiguiente reducción de la capacidad del conductor y de sus tiempos de reacción, ha sido cuestionado en recientes estudios e informes. Según estos, el uso de esta droga afecta mucho menos a la conducción y por lo tanto es considerablemente menos peligroso que la Droga B.

 

En 1990-91, la National Highway Transportation Safety Administration (Oficina para la Seguridad en el Transporte de las Autopistas Nacionales), elaboró un estudio en siete estados, en un intento de encontrar una relación causa-efecto entre los accidentes de automóvil y el uso de las drogas B y C. El resultado fue que la Droga B era un factor causal en un 52% de los accidentes, mientras que la Droga C sólo lo era en un 7%. El informe llegaba a la conclusión de que la droga B era con diferencia la principal droga relacionada con accidentes de automóvil, mientras que la droga C no estaba implicada en accidentes con víctimas mortales.

 

Las tres drogas son, en orden, tabaco, alcohol y marihuana. Las dos primeras son legales, mientras que la última no lo es. Después de examinar la evidencia, parece que el estatus legal de estas tres sustancias contradice a un tiempo el sentido común y los criterios de salud pública. Tanto el alcohol como el tabaco están relacionados con varios tipos de cáncer y defectos de nacimiento y cuestan al sistema de salud varios miles de millones de dólares cada año. la marihuana, por contra, tan sólo conlleva una pequeña disminución de las funciones respiratorias y sin embargo es ilegal.

 

Tabaco y alcohol son incuestionablemente más mortíferos que la marihuana. De hecho, los usuarios de una y otra droga causan la muerte de terceros, mientras que no hay relación conocida entre el uso de la marihuana y la muerte de los que rodean al usuario (N del T.: Tampoco para el propio usuario. Las estadísticas de mortalidad arrojan año tras año el mismo resultado en la casilla de muertes por uso de marihuana: CERO)

 

El dinero es el poder que sostiene todo esto. Las industrias del alcohol y del tabaco gastan millones de dólares cada año en donaciones y lobbying en el Congreso. En lo que va del ciclo electoral 2001-2002. las tabaqueras han contribuido con 2,2 millones de dólares en ayudas políticas. Desde 1997, la industria del tabaco ha regalado más de 18 millones de dólares a los congresistas y a sus partidos.

Desde 1999, las cuatro tabaqueras más importantes han gastado 44 millones de dólares en los lobbies del Congreso. Las compañías licoreras no van a la zaga. En el período comprendido entre 1987 y 1997, las licoreras contribuyeron con 26 millones de dólares a las arcas de los congresistas y de sus respectivos partidos.

 

El más flagrante ejemplo de “compra” de favores políticos en el Congreso ocurrió en 1997, cuando el House Appropriations Committee rechazó una ley que proponía el uso de los medios de comunicación para advertir a la juventud contra el uso del alcohol. En ese año, los miembros del comité recibieron 300.000 dólares de las licoreras.

 

Por supuesto que los cultivadores de marihuana no aportan fondos al Congreso. Este es un factor importante en la ilegalidad de la marihuana. El dinero compra votos.

 

La respuesta a todo esto es sencilla: hagamos que el sistema sea justo. O bien enviamos a las tres drogas en cuestión a la ilegalidad, o legalizamos las tres. Dado que todo el mundo en Norteamérica conoce lo que pasó con la prohibición del alcohol, me atrevería a sugerir la segunda de las posibilidades: legalizar la marihuana.

 

Así como los conductores se negaron durante años a respetar los límites de velocidad y esto obligó al gobierno a elevarlos en las autopistas, la gente ha venido haciendo caso omiso de la prohibición de la marihuana desde siempre. Ya va siendo hora de derogar esta ley absurda. Nuestra política al respecto sólo produce unos costes de miles de millones de dólares para el gobierno, entre los procedimientos judiciales y el encarcelamiento de los usuarios de marihuana.

 

Es un asunto de lógica, y ya va siendo hora de que el gobierno se dé cuenta de ello. Legalizar la hierba supondría eliminar este problema en EEUU. Hacerlo nos ahorrará millones de dólares al año, vaciará las cárceles y será el fin de una situación en la que millones de norteamericanos deben andar ocultándose para disfrutar de esta droga inocua.

 

Fuente: UCSD Guardian (CA)

Autor: Matthew Lepori

Publicado: November 26, 2001

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