El padre Hoyos durante la ceremonia de asunción que lo convirtió en el primer pastor hispano
en la historia de la diócesis de Arlington, Virginia.

La fortaleza del padre Hoyos

Ante la dispersión de latinos a otras denominaciones y sectas, el ahora pastor de la Sagrada Familia alerta a la comunidad contra los charlatanes de las Sagradas Escrituras. “Necesitamos muchos pastores hispanos para servir al pueblo”, afirma el sacerdote José Eugenio Hoyos.

Texto y fotos Alfonso Aguilar
Para El Tiempo Latino

Un día antes de ser investido en el cargo de pastor de la iglesia católica la Sagrada Familia, situada en Dale City, Virginia, el sacerdote José Eugenio Hoyos dijo que la enfermedad que lo había abatido en los meses previos empezaba a desaparecer “milagrosamente, porque los doctores me dieron pocas esperanzas. Ahora me siento muy bien, muy fuerte”.

Con el mejor de sus ánimos, aunque visiblemente frágil y pálido, el padre Hoyos aceptó el nombramiento ante la presencia de unos dos mil feligreses y firmó en la misma ceremonia el documento que lo convirtió en el primer pastor hispano de la Diócesis de Arlington.

El padre Hoyos es, también, el único sacerdote diocesano hispano de esta diócesis, en la que se estima que al menos un tercio de toda la feligresía es de origen latino.


El padre Hoyos rodeado de familiares y amigos luego de la ceremonia.

Su nombramiento ocurre tras 14 años de servicio en esta sede eclesial. Su primera asignación fue en la Catedral de Santo Tomás More en Arlington, donde permaneció 3 años, luego pasó 9 más en la parroquia de San Antonio y otros dos como administrador de la parroquia de la que ahora es pastor.

He aquí las partes centrales de la entrevista.

—¿Qué le representa el nombramiento y el hecho de que usted es el único sacerdote hispano diocesano, y ahora, también, el único pastor hispano?

Es un voto de confianza a mi labor realizada por muchos años, y un reconocimiento del obispo a la necesidad de tener líderes hispanos para servir a nuestra comunidad, que es la de más rápido crecimiento y la más joven. Mi nombramiento debe ser entendido como una evidencia de que es posible la convivencia de muchas culturas en una sola fe. La feligresía latina está aquí para ser parte de una sola iglesia, no para formar dos, como algunos temen, erróneamente. Es un honor ser el primer pastor hispano de esta diócesis, pero más importante es que en el futuro no sea yo el único. Necesitamos muchos párrocos para servir a nuestro pueblo en su propia lengua.

—¿Cuál fue el sentimiento de los feligreses latinos al saber que le nombrarían pastor?

Recibieron la noticia con gran entusiasmo. Eso fue a principios de año. Recuerdo que muchos me decían: ‘Padre, ya no somos los arrimados. Somos parte de esta iglesia’. Y la feligresía en general se sentía feliz.

—El entusiasmo pronto se convirtió en preocupación porque usted sufrió una grave enfermedad, al punto que se suspendió la ceremonia programada para el pasado mes de mayo. También se dice que el obispo Paul S. Loverde pidió en varias misas rezar por usted, como si estuviera al borde de la muerte.

Tuve una meningitis muy fuerte. Los médicos no me dieron muchas esperanzas. Pero ya estoy muy bien, gracias a Dios. Me encuentro muy fuerte.


Fidel y Rutilia Muñoz, con sus hijos, se acercaron a felicitar al sacerdote.

—¿Qué logros consideraría entre los más importantes en sus dos años en la Sangrada Familia?

El poner en marcha un proceso de integración en el sentido de que no nos vemos como dos mundos aparte —el anglo y el hispano—. Somos una sola familia, como el mismo nombre de la iglesia: la Sagrada Familia. El mensaje que hemos inculcado es que debemos aceptarnos, ayudarnos, reconocernos. Lo que la lengua separa la fe lo junta. En cuestión de fe no hay idiomas. Ahora a la feligresía angla le llaman la atención, por ejemplo, nuestras procesiones, como la del Día de la Virgen de Guadalupe, y entienden el significado del Santo Sepulcro, que para ellos es algo nuevo. La religiosidad popular, muy propia en nuestras culturas, le da mucha vitalidad a la iglesia y ayudará a sanar las profundas heridas de esta época. En cuestión de dinero, un gran avance es que en menos de dos años pagamos una deuda de 400 mil dólares.

—¿Cuántos hispanos había cuando usted llegó a la parroquia y cuántos hay hoy?

Había muy pocos, quizá unos 150. Ahora tenemos más de 2 mil feligreses que asisten a misas en español e inglés. La gente sabe que el idioma no es un problema para alimentar su fe.

Muchos otros miles continúan dispersándose en otras denominaciones o sectas por sentir que su iglesia no siempre ni en todas partes les da la bienvenida.

Es verdad, pero la fe del católico es una fe muy fuerte. No se deja engañar fácilmente por charlatanes o negociantes de las sagradas escrituras. Nosotros no queremos católicos domingueros. Queremos católicos comprometidos con la iglesia.

—¿Y cómo mantenerlos si no hay sacerdotes que hablen su idioma?

Se ha buscado traer sacerdotes de Latinoamérica, pero allá también los necesitan, y cada vez es más difícil traerlos a este país. En nuestra diócesis la escasez de sacerdotes es una preocupación de la cual todos están conscientes. Una respuesta a la crisis es que muchos sacerdotes no hispanos están aprendiendo español (aquí en nuestra diócesis lo hablan unos 30), y otra respuesta la podríamos encontrar si la diócesis flexibiliza los requisitos para entrar al seminario, como el de ser ciudadano. Y desde luego debemos promover todos los días las vocaciones en el seno de la familia hispana.

—¿Cómo ve el futuro de los hispanos en la diócesis?

Yo creo que tendremos más pastores hispanos. La diócesis se está dando cuenta que somos muchos y que tarde o temprano seremos la mitad o más. La diócesis ya está despertando. Este año el obispo ha tomado iniciativas que han sido aplaudidas por los líderes de la pastoral hispana.

—¿Cómo se siente en estos momentos?

Me siento muy bien. Agradezco a Dios esta nueva oportunidad para seguir sirviendo a mi pueblo.

NOTA AL CIERRE DE EDICION

El padre José Hoyos sufrió esta semana otra recaída, según logró saber El Tiempo Latino. Se desconoce si permanece internado en el hospital o en casa de algún familiar.