CRÓNICA DE UNA HUELGA

            Invitada por la Autoridad Nacional Palestina, la Princesa María Teresa de Borbón Parma - en su condición de Presidenta de la Fundación CIVIS y profesora universitaria - estuvo durante los días 22-25 del pasado mes de agosto en Ramallah, acompañada por el Cónsul de España. Mantuvo dos entrevistas con el Presidente Arafat, visitó diversas universidades y distintos organismos humanitarios, tanto en Jerusalén como en Belém. El siguiente texto, recoge algunas de las experiencias vividas durante esta visita.


 

            La niña me mira con una intensidad extraña, una intensidad casi palpable que se extiende por toda la jaïma como si, a la vez, la fatalidad y una desesperada esperanza se dieran cita en el mudo mensaje de sus oscuros ojos. Sostiene una foto, la de su padre preso desde hace cuatro años y ¡hasta para cuantos mas! Sin motivos. Sin juicios. A su lado otros niños con otras fotos y mujeres también, con fotos de sus hijos, de sus nietos, consumidas por el dolor. Es una jaïma amplia que apenas protege del sol implacable, una jaïma en silencio. Las familias de los presos de Belem están aquí reunidos para comulgar con los suyos que han iniciado una huelga de hambre desde hace ya doce días. Son 7500 prisioneros "políticos" de Ramala y Gaza, entre ellos 780 mujeres, madres de familia y 280 niños de catorce años. Quieren que se les reconozca los derechos de la Convención de Ginebra: atención médica, visita de las familias, acceso a los libros. Estos derechos les están denegados. Los organismos internacionales han señalado ya las condiciones inadmisibles de su detención.

            A mi lado el Alcalde de Belem, un cristiano cuya mirada tiene la misma densidad dolorosa. Yo les digo: "su voz será oída..." ¿Qué voz? No tienen voz, solo miradas que son como una voz vibrante que clama por la dignidad, por la libertad, por la justicia de un pueblo.

            También su líder, el mítico Yaser Arafat, que acabo de visitar en su "blockhaus", es prisionero. Pero su alma poderosa escapa del "blockhaus" y visita todas las tierras palestinas, tan parecidas a Castilla, a Aragón. Recorre los caminos que unen a los pueblos ahora cortados por montículos de arena para que no puedan pasar los coches, el tráfico de sus carreteras interrumpido por "check-points" interminables, también para la Media Luna Roja que trabaja a duras penas teniendo que enfrentarse a los disparos (hay muchas víctimas entre el personal médico). Visita a su pueblo devastado por la pobreza cuyo índice se ha elevado al 70% en los tres últimos años. Un pueblo agotado, alcanzado por una nueva calamidad: las balas utilizadas por el ejército israelí, las carrocerías de los tanques llevan uranio empobrecido, pero el efecto es conocido: los casos de cáncer se han duplicado y también los casos de infertilidad femenina. Visita su tierra comida por el muro que avanza inexorablemente, ocupada por asentamientos israelíes, militarmente defendidos, desde donde se puede disparar (4000 palestinos han muero así en los tres últimos años) que crecen por doquier.

            "Han destruido nuestras iglesias mas antiguas (como Santa Bárbara), la venerable mezquita de Al-Acsa esta amenazada... quieren destruir hasta nuestra memoria..." dice el Presidente.

            Sin embargo Palestina vive... El Rais (el Presidente) es capaz de bromear. La universidad de Bir-Zeit se levanta hermosa y activa de la mano de su rector, el Doctor Hanna Naseer. Se vuelve a construir lo destruido diariamente o se intenta hacerlo. Se intenta vivir como si... como si las cosas pudieran mejorar, aunque están empeorando... como si la amistad entre dos pueblos que el acuerdo de Oslo parecía presagiar fuera posible, cuando el odio crece día a día, a pesar de los admirables testimonios de intelectuales y colectivos israelitas, minoritarios y heroicos que, recordando su propio sufrimiento, denuncian día a día los abusos, la injusticia de la ocupación y el peligro para la sobrevivencia de su propio país que representan... como si el mundo se preocupara de Palestina cuando en realidad mira hacia otro lado (aunque en términos de solidaridad hay fantásticos testimonios de los cooperantes de las distintas ONG y de los que ayudan a la Media Luna Roja). Los estados europeos no dan los pasos definitivos como deberían.

            Esta huelga de hambre, dramática como son todas las huelgas de hambre, debería sacarnos de nuestra pasividad. La Paz sería posible, el consenso aun lo sería. No podemos, nuestros pueblos cargados de una herencia peculiar, nuestros gobiernos, no pueden asistir impasibles a la muerte de los dos pueblos, amenazados ambos, el Palestino en perder su libertad, su esperanza, el otro el Israelí de perder nada menos que su alma. Y nosotros, los de Ponce Pilatos de hoy, también.

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SOLIDARIDAD  DE LA FAMILIA BORBON PARMA CON LAS VICTIMAS DEL ATENTADO DE MADRID

            S.A.R. El Principe Don Carlos Hugo de Borbón Parma, remitió el día 11 de marzo el siguiente telegrama a Doña  Luisa Fernanda Rudi, Presidenta del Congreso de los Diputados, y a Doña Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid:

            "Mis hermanas, mis hijos y yo, queremos expresarle en estos momentos tan dramáticos nuestro dolor, nuestra profunda identificación con las víctimas, sus familias y con el luto nacional".

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TELEGRAMAS REMITIDOS POR D. CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA A LOS FAMILIARES DE RICARDO GARCÍA PELLEJERO Y ANIANO JIMÉNEZ, ASESINADOS EN MONTEJURRA 76:

 

            Doña Magdalena Pellejero

            De parte de mis hermanas, mis hijos y yo mismo, te felicito por el reconocimiento oficial. Será un alivio en tu dolor saber que la muerte de tu valiente hijo habrá servido la gran causa de la libertad y la paz.

            Que Dios te bendiga.

 

            Doña Nieves Jiménez Santos

            De parte de mis hermanas, mis hijos y yo mismo, os felicitamos por el reconocimiento oficial. Así el heroico sacrificio de vuestro hermano será reconocido, no sólo por nosotros sino por todos, como inmenso servicio a favor de la libertad y la paz.

            Que Dios te bendiga.

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PALABRAS DE S.A.R. EL PRINCIPE DON CARLOS HUGO DE BORBON PARMA EN EL ACTO DE IMPOSICIÓN DE CRUCES DE LA ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA, CELEBRADO EL DOMINGO DÍA 28 DE SEPTIEMBRE DE 2003 EN ARBONNE (FRANCIA), Y EN EL QUE ESTUVO ACOMPAÑADO POR SUS HIJOS DON CARLOS JAVIER Y DON JAIME.

Quería deciros, en primer lugar, que esta mañana durante la Misa me dí cuenta de la suerte que tenemos todos de ser cristianos, de haber nacido después de la venida de Cristo al mundo, y de poder ver nuestra vida no como una vaga esperanza lejana, sino como una certidumbre de que todo lo que hagamos en la vida, sea grande o pequeño, tiene sentido porque Dios pone todo esto al servicio de la sociedad.

No somos nosotros los que tenemos el poder multiplicador de nuestra actuación, es Él, el que utiliza nuestras acciones y nuestras ideas para el servicio del mundo. Lo digo aquí, en el aniversario del fallecimiento de mi padre, el Viejo Rey Javier para los carlistas, porque fue un hombre que desde joven participó en todas las luchas que ha habido, siendo un hombre personalmente pacífico. Empezó en la sublevación de Portugal, antes de la Primera Guerra Mundial, luego participó en la Primera Guerra Mundial desde el inicio al final en el Ejército Belga, después estuvo en la preparación de la guerra civil nuestra, después en la resistencia a la ocupación nazi en Francia, luego en el campo de concentración, y ya un año después, al volver de aquél, volvió a cruzar la frontera clandestinamente hacia España, por el Bidasoa, para poder tomar contacto con los carlistas que en España estaban contra el Régimen o, mejor dicho, a favor de una evolución democrática del mismo. Es decir, que ninguna pena, ningún peligro, ningún dolor, ninguna amenaza le paró en el cumplimiento de su deber. Y esto lo hizo como hombre, como príncipe y como cristiano.

Nos encontramos hoy en una situación difícil porque estamos bloqueados por todas partes, y curiosamente el peor bloqueo viene muchas veces de gente que no son enemigos nuestros pero que no quieren que se hagan los cambios que creemos indispensables en la sociedad. Tenemos que darnos cuenta que cuando estamos inmersos en un grupo humano, político, tenemos la tendencia a desesperarnos o de abandonar el campo. Yo digo que esto es un error, siempre ha sido un error, porque entre cada guerra carlista del siglo XIX parecía que habíamos desaparecido, nos habían condenado, decían que estábamos muertos políticamente, y luego teníamos que salir otra vez, otra vez, y otra vez. Ahora estamos en una situación semejante, pero no frente a una situación de guerra, sino en una situación de propuesta política para ayudar a nuestra sociedad a progresar en el mundo actual. Nuestra misión sigue intacta. Proponer soluciones modernas a los problemas de siempre.

Asistimos a cuatro crisis. La primera, la más evidente que vemos todos, no solamente en España sino en todo el mundo democrático, es la crisis de los partidos políticos. Los partidos políticos eran enormemente útiles en una época donde la confrontación era ideológica y a veces casi violenta. Era la solución, la alternativa a la violencia, era la discusión. Los partidos políticos han jugado en el mundo occidental un papel de primerísimo orden durante casi 100 años, pero hoy en día parece que al desaparecer la amenaza de una lucha violenta se han transformado poco a poco en un simple mecanismo de elección por el que los partidos deciden quienes van a ser los candidatos y quienes van a ser los elegidos. Con lo cual han perdido gran parte del sentido mismo de lo que debe ser un partido político.

El partido político sigue siendo esencial porque es el único instrumento legal que puede dar legitimidad al poder. Pero deben además ser ellos mismos una escuela del pueblo, un medio de comunicación entre el hombre y el estado, entre el gobierno y el poder. Esto es un hecho que no solamente afecta a España, como decía antes, sino a todos los países europeos. Hoy día hay otras vías para canalizar la voluntad de actuación de los hombres, en particular por el nacimiento de organizaciones no gubernamentales que pretenden alguna forma de representación popular, porque representan -dicen ellos- a la sociedad civil. Creo que esta pretensión es hoy día exagerada, porque no hay dos sociedades, hay una sociedad y toda ella es civil. Lo que hay que ver es lo positivo: cumplen con una necesidad, crean una iniciativa donde los partidos no la tienen. Sin esta evolución, sin estos movimientos no gubernamentales es difícil, en efecto, promover ideas nuevas incluso dentro de los partidos.

La segunda crisis es en las relaciones sociales. Durante casi un siglo el gran instrumento de diálogo social han sido los sindicatos, pero los sindicatos se han encontrado arrinconados poco a poco en una postura puramente reivindicativa, porque los partidos políticos –incluso los de izquierda- no veían provechoso que el sindicato tuviese una participación directa en las decisiones socio-económicas. Nosotros siempre hemos creído que el sindicalismo no puede ser simplemente reivindicativo o defensivo, tiene que tomar responsabilidades frente a las problemáticas de la sociedad e integrar el mundo del trabajo, sea cual fuere este mundo del trabajo, en las decisiones socio-económicas. Por eso siempre hemos defendido la tesis de la presencia de un Consejo Económico y Social, para establecer un diálogo responsable con el gobierno y con los partidos políticos Es necesario hoy en día encontrar una forma de diálogo. El obrerismo del siglo pasado ha desaparecido, el trabajo hoy en día en su inmensa mayoría ya no es manual. De modo que tenemos que inventar otra forma de comunicar esta fuerza vital del trabajo que hay en la sociedad, que permita controlar su economía y no caer en un sistema donde es la economía la que controle la sociedad. Si no consideramos esta realidad, nos encontraremos en una sociedad disminuida y limitada a la voluntad de los que disponen de los medios económicos.

La tercera crisis es la de las autonomías. A nosotros nos encanta ver que se potencien las autonomías, pero en vez de hacerlo como nosotros propusimos hace 170 años -sobre una definición clara de qué son las autonomías y cómo se puede construir un estado comunitario fuerte y solidario como en la Confederación Helvética o en la República Federal Alemana–, hemos caído después de dos siglos de centralismo y medio siglo de franquismo en una reacción centrífuga de difícil salida. Lo que queríamos, y lo que seguimos queriendo, son unas autonomías sobre las cuales se pueda construir una comunidad de comunidades. Eso era precisamente el sentir del juramento de los Fueros. En Gernika el Rey garantizaba las autonomías, que a su vez eran las bases de la autoridad real.

Es el mismo sentido que deseamos para una futura unidad europea respetuosa con las libertades y personalidad histórica de los pueblos unidos por el interés general. Así se crea un reconocimiento entre unas culturas y unas tradiciones que tienen un sentido anterior al estado. Si esto es verdad para España, también lo es para la construcción de la Europa del mañana, que no puede ser una Europa centralista y negadora de las libertades de los pueblos que la constituyen. Tiene que ser una Europa que garantice aquellas libertades de los pueblos al mismo tiempo que les una en lo que es tarea común.

La cuarta crisis es mundial. El actual sistema de desarrollo lleva a que del conjunto de la sociedad humana –que dentro de 25 años tendrá 8.000 millones de hombres- 1.000 millones vivirán en los países actualmente muy desarrollados (Europa, América del Norte, Japón y algunos países del Pacífico) y 7.000 millones vivirán en países en vías de desarrollo elevado, o en vías de desarrollo inicial o incluso aún en el subdesarrollo. Quienes pueden pensar que un mundo cuya velocidad de comunicación hoy en día es tan grande que se puede estar en cualquier parte del mismo en materia de segundos en cuanto a la comunicación, y de horas en cuanto a desplazamientos de personas, sea un mundo pacífico si frente a los 1.000 millones que viven en la parte superdesarrollada del mundo, aún existen 7.000 millones de personas que viven en países menos desarrollados o incluso subdesarrollados.

La experiencia del siglo pasado ha demostrado que la desigualdad de niveles económicos demasiado fuertes entre comunidades crea siempre conflictos violentos, sean internos o externos. No hace falta deciros que un conflicto violento hoy en día puede ser, o representar, el fin del mundo. No era posible hace 500 años o incluso 200, pero ha empezado a ser posible ya hace 50 años, con las armas nucleares y biológicas. De modo que hay una nueva crisis que aparece y que no tiene clara solución. Pero el desarrollo no consiste en tirar dinero al problema, sino hacer posible que todos los pueblos tengan la capacidad de auto-desarrollarse. No se trata, repito, de darles limosnas, no se trata de echar un poco de dinero a los pobres para que se callen. Se trata de realmente crear una estructura del mundo que permita que los pueblos se desarrollen ellos mismos con plena dignidad. Y cuando oigo que no es posible que dentro de 25 años el mundo subdesarrollado llegue a nuestro nivel, reconozco que es verdad. Que no es posible. Pero que hay una diferencia inmensa entre una situación en la que se vea una luz al final del túnel o una situación en la que esos pueblos no vean ninguna salida al túnel de su agonía y subdesarrollo.

Me diréis que he hecho una reflexión religiosa al principio, porque con la edad uno se pone cada vez más religioso. A los 73 años, la vida que uno tiene por delante es evidentemente mucho más corta que la que tiene por detrás, pero si miro a los años que tengo por delante, muchos o pocos, es con la perspectiva de una época donde se pueden hacer grandes cambios con vuestra participación, por lo menos iniciales, en la sociedad. Ahora he creado una Fundación para estudios y propuestas de ayuda al desarrollo dirigida fundamentalmente a Iberoamérica porque creo que es esencial que España dé un nuevo sentido a su presencia cultural, religiosa, intelectual y humana en este inmenso continente, que representará dentro de 25 años entre 600 y 800 millones de personas hablando castellano o portugués. Es ahí donde la influencia e iniciativa de España puede tener un papel esencial de cara al desarrollo mundial.

Para presentar soluciones a las cuatro problemáticas de las que he hablado se deben promover estas ideas dentro del debate público en el clima de libertades democráticas que consagra nuestra Constitución. Hay un dicho que afirma que las ideas mueven el mundo. Es verdad, las ideas tienen un poder multiplicador si responden a una problemática percibida por todos.

Tenemos que ver el mundo en el que vamos a entrar como un mundo que puede ser totalmente distinto del actual, más que copiar del pasado tenemos que crear un futuro. Un futuro para el que, con la ayuda de Dios, confío en mis hijos, como cada uno de vosotros confía en los suyos. En Carlos, que trabaja en las relaciones internacionales con las comunidades europeas. En Jaime, dedicado al Servicio Diplomático, ahora en Irak después de haber estado en Bosnia. En Carolina, que después de haber trabajado para las Naciones Unidas en África, ha estado prestando ayuda en Palestina, en Gaza y en Jerusalén. Estos son testimonios de una juventud dedicada al trabajo y a la ayuda a la sociedad de una forma o de otra, pero como muchos otros miembros de la comunidad humana trabajan no solamente para sí mismos, sino también para ayudar al mundo. También, y no menos importante, la formidable ayuda de todos los carlistas que en España luchan por proponer nuevos cauces a una sociedad diferente. Al fin y al cabo el mundo no solamente tiene que cambiar, está ya cambiando, cada persona puede ser parte de este cambio.

En los 180 años del Carlismo su supervivencia puede sorprender a mucha gente. En realidad es debida a que siempre ha estado presentando soluciones, sea por la vía de guerras, sea por la vía de la colaboración, sea por la vía ideológica, para aportar a la sociedad unas soluciones que aunque no fueron aceptadas antes, se hacen hoy día necesarias. Y la suerte también es que por vez primera en 180 años, desde hace veinticinco disponemos de una Constitución que ampara las libertades, ya podemos proponer nuestras ideas legalmente, sin cortapisas y ésta es nuestra obligación de hacerlo dentro de la legalidad vigente, porque esta legalidad lo hace posible.

Ahora, esta mañana tenemos también que felicitar a nuestros amigos a los cuales he concedido la Cruz de la Legitimidad, la distinción creada por Don Jaime para quienes han destacado por su lucha, por la fidelidad, por la generosidad, por la entrega, por la alegría, por el sacrificio. Digo esto a los que han recibido la Cruz de la Legitimidad porque sus ejemplos son más convincentes muchas veces que las ideas, porque el testimonio es lo que transforma una idea y un ideal en una realidad vivida.

Poco antes de terminar este acto, tomó de nuevo la palabra Don Carlos y dijo:

Cumpliendo con la petición de mi padre hace 25 años, aquí en Arbonne, quiero hoy delante de esta representación del Carlismo en general anunciar que a partir de hoy, tres de mis hijos llevarán títulos exclusivamente carlistas. Carlos llevará el título de Duque de Madrid, Jaime el de Duque de San Jaime y Carolina el de Duquesa de Gernika. Yo me reservo el de Conde de Montemolín.

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“CUANDO EL DOLOR ES TAMBIÉN ESPERANZA”

(En homenaje a mi padre)

S:A.R. Princesa Dª María Teresa de Borbón Parma

            Antes de la visita, el 31 de mayo, del presidente de los Estados Unidos a Cracovia y Auschwitz, esos lugares han sido testigos de algo insólito. Una peregrinación, a iniciativa palestina, de 700 árabes palestinos y judíos israelíes venidos de Israel y Europa, acompañados por “personas de buena voluntad”, para recogerse juntos pensando en la sola (exterminio judío) y hacer patente ante el mundo que ambos pueblos pueden vivir juntos una experiencia así y que odio puede ser vencido. Quienes hemos vivido ese acontecimiento, entre los días 25 y 28 de mayo, nos vemos impusados a dar cuenta de su significación y trascendencia.

            El padre Shufani, sacerdote católico palestino de Nazareth, ha imaginado este escenario que ahora se vuelve realidad y hoy, 25 de mayo de 2003, su artífice se yergue en medio de todos nosotros, nosotros judíos, palestinos, europeos de todas las nacionalidades, americanos de todas las Américas, creyentes de todas las creencias. Hay rabinos, un ulema africano, con su espléndida túnica blanca, un egúmeno ortodoxo, todo de negro. Shufani, imponente, alto con su barba corta y sus ojos árabes, intensos, se ha lanzado a la aventura con la ayuda de amigos como Bichara Khader, profesor especialista del Oriente Próximo y belga de origen palestino, con la universidad católica de Lovaina y con otros muchos...

            Ahora me llega el recuerdo. El campo de deportación en Dachau se superpone, sin borrarlo, a Auschwitz. Nuestro padre nos contaba, cuando éramos niños, los años terribles de Dachau al que fue deportado por oponerse al régimen nazi, las escenas atroces de las que fue testigo. En él nada de odio, ni siquiera amargura. Sólo una determinada tristeza y una gran certidumbre en el horizonte de su experiencia: el amor da la vida, el amor salva.

            Visitamos Birkenau, la “Juden Rampe” donde miles de judíos fueron traídos para ser exterminados por el mero hecho de ser judíos, donde miles de gitanos fueron traídos por el mero hecho de ser gitanos. También prisioneros políticos, alemanes, franceses, españoles, rusos, polacos, belgas fueron llevados a Dachau.

            Caminamos silenciosos a lo largo de la vida del martirologio en Bikernau, en Dachau... Observamos los barracones, los restos de las cámaras de gas (donde amontonaban más de 600 personas), los hornos crematorios... estructuras destruídas, ennegrecidas, aplastadas y torcidas, como forjadas por una estética de la desesperación, plástica extremadamente significativa de la insondable violencia que anida en el ser humano.

            Y otra vez me acuerdo... Nuestro padre nos decía que había sido testigo de lo peor, pero también de lo mejor del hombre: prisioneros que robaban a otros sus pobres medios de subsistencia y otros, en cambio, capaces de regalarlos, cuando les eran precisos. Prisioneros que huían del campo cuando éste iba a ser diezmado: los prisioneros eran puestos en filas y uno de cada diez era ejecutado. Un hombre se acerca a un condenado: “Tu tienes mujer e hijos, yo no, vuelve atrás”.

            Entramos en la lúgubre prisión, todavía en pie. Dentro de una celda un monumento cubierto de flores a la memoria del padre Kolbe, religioso alemán que se sacrificó para sustituir a un condenado a muerte.

            Vemos el museo. Los planos del campo de Auschwitz, los planos de organización y distribución de la infamia, de la infamia incomprensible. Talleres de recuperación (de los cabellos, de los dientes de oro...) las cámaras de gas, los hornos crematorios. Además hay “souvenirs”: gafas, miles de gafas, peines, miles de peines, trenzas; son como llamadas más allá del tiempo, más allá del abismo.

            Un judío italiano recuerda lo que vivió. Le tocaba cortar el pelo de los muertos, de las muertas. Le cuesta explicarse. Es un anciano bondadoso, lleno de vitalidad. La vida debe triunfar sobre la muerte. Una judía francesa, deportada a los 14 años, también habla.

            Dachau, otra vez, se me aparece, se apodera de mi memoria y percepción. Un niño se acerca a mi padre “Señor, usted parece tan bueno (es cierto, mi padre irradiaba bondad), dígame: ¿por qué nos odian tanto?”. He pensado muchas veces en la pregunta patética del niño judío y en este lugar, más que nunca. Y en la respuesta de mi padre: “Hay odio cuando un hombre deja de ver a un hombre como si fuera otro yo”.

            La jornada ha sido larga. La peregrinación, sin fin. Un rezo es salmodiado en la explanada central del campo dedicado a todas las víctimas (1 millón y medio).

            Por la tarde nos reunimos. Es cuando tiene que producirse una anhelada catarsis. La mezcla es grande entre judíos, palestinos y otros. Los comentarios arrancan lentamente. Un palestino exclama: “Jamás hubiera imaginado esto: mi corazón estalla”. Un judío: “¿Así es cierto que podemos llorar juntos”. La mujer judía que escapó de la muerte: “Jamás lo hubiera imaginado. Siento una esperanza inmensa apoderarse de mí”. Un scout, musulmán de Francia, explica: “Entre scouts musulmanes, judíos, cristianos no hay dificultad mayor. Pero ahora nos vamos a comprometer mucho más...”. La España de las tres culturas se hace presente, como no, en el diálogo. Todo el mundo habla. De nadie se sabe quien es. Hay aquí periodistas, profesores, dominicos, jesuitas y notorios libre-pensadores.

            Otra vez me acuerdo de nuestro padre. Para él el amor fue más fuerte que la fatalidad. Porque anida en el hombre una increíble potencia de amor. La fatalidad es el replegarse sobre uno mismo, su identidad y dolor, querer la exclusividad hasta en el campo de lo sagrado. No admitir siquiera la compasión del otro, no ver su drama, su dolor. Es cuando el pasado borra el presente y el recuerdo, lo real.

            Tahar Ben Jelloun lo expresa magníficamente en Amores Brujos: “Amar sería sencillo si no fuéramos tentados por la posesión del ser querido que nos atrae (...) el viento del Sur trae al Norte las desgraciadas historias de la gente del desierto. Ellos son nómadas, son libres, no soportan ser poseídos. En cuanto se les priva de libertad, se vuelven locos y cometen una desgracia”. Poseerse a sí mismo, poseer en exclusiva su trayectoria, lo vivido, hasta el drama con el otro para aprender a ver el drama del otro y, más allá de este drama, al otro mismo.

            Auschwitz, con el padre Shufani, ha sido este compartir, quizás el inicio, por fin, de un verdadero compartir.

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EL CHOQUE DE LO SIMBÓLICO CON LO INSTITUCIONAL

María Teresa de Borbón Parma

                         Dichosos los que viven en la Tierra

                         armada  de confianza en el futuro.

                         Mañana es hoy: oid. Estoy seguro

                         que la paz derrotará a la guerra. 

                                                      (Blas de Otero)

El orden simbólico de una sociedad lo constituyen sus recuerdos y experiencia histórica, sus valores y también sus opciones, su filosofía. En una palabra, su alma. Abarca los tiempos sucesivos que modelaron ese alma, y así expresa su identidad. El orden institucional expresa su articulación política y representa su estrategia histórica. El orden institucional se legitima sobre el orden simbólico y por eso echa mano de lo que los sociólogos llaman "las maquinarias conceptuales" que sirven a la ligación entre los dos órdenes.

En Occidente, más exactamente en Europa y Norteamérica, la guerra anunciada ha dinamitado ese paralelismo armónico mantenido hasta ahora. En los países del bando de la guerra, a pesar de los inmensos esfuerzos desplegados por quienes están al mando de aquellas maquinarias y a pesar de sus constantes aseveraciones y justificaciones, las sociedades y sus fuerzas vivas intelectuales, religiosas, artísticas y, sobre todo, populares, se han aferrado a los fundamentos del orden simbólico en su doble vertiente de adhesión a valores referenciales y de experiencia histórica, en oposición al rumbo estratñegico escogido por sus dirigentes.

Han considerado que esa deriva niega aquello que representan sus valores emblemáticos, a veces a duras penas alcanzados: la justicia, representada en la paz o en el intento de solución de los conflictos por vía pacífica y, por encima de todo, el respeto a la verdad y a los derechos del hombre, siendo el primero el derecho a la vida.

Se trata de un balance sociológico y así, en Europa y en parte de Norteamérica, el choque se está produciendo, no entre culturas y civilizaciones, sino entre los órdenes simbólico e institucional, porque el segundo está desvinculándose del primero. La estrategia escogida niega, además, otro fundamento del orden simbólico, el que descansa en la propia experiencia histórica inmediata.

Naturalmente, los del bando de la paz, los del "no a la guerra", deseamos con toda nuestra alma la democratización de Irak y del Próximo Oriente. Por eso, precisamente, estamos en contra de la guerra, no sólo por el saldo de muertos, destrucciones y horrores que deja la guerra no permite el tiempo necesario para una pedagogía activa, la guerra no permite el desarrollo de la propia identidad, la guerra no permite la construcción de nacionalidades, la conquista de racionalidades.

Se trataría, por el contrario, de idear una estrategia que permita a una sociedad civil volver a crecer y fortalecerse (Irak la tuvo en el pasado)  y permitir que, en base a una reinterpretación propia, vuelva a inventar la democracia, porque la democracia siempre es una invención propia aunque los regímenes que genera puedan parecerse entre sí.

Hemos de percatarnos de que el mundo entra en una era de desestabilización cuyas crisis no se pueden resolver por las guerras. Sólo las instituciones supranacionales lo pueden hacer y proporcionan el consenso necesario para la paz, representan la vía para que cada país pueda contribuir a su construcción.

Si la democracia ha sido derrotada por la guerra, porque el orden simbólico ha sido traicionado, al menos la conciencia mundial se ha despertado y, con ella, una nueva sociedad civil universal que será en adelante valedora de la paz. La crisis de Irak, los sufrimientos de su pueblo como los del pueblo palestino y de todos los pueblos oprimidos, nuestro propio sufrimiento al sentirnos inermes, habrán sido el bautismo de fuego.

 

             El anterior texto es un articulo publicado en el periódico "EL MUNDO", en Madrid el 27 de Marzo de 2003.

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EL DESARROLLO POSIBLE

Carlos Hugo de Borbón Parma

Nadie duda del peligro que se cierne sobre un planeta donde, ya hoy, tres cuartas partes de la población (4.500 millones de personas) vive en países subdesarrollados o en incierta transición hacia la prosperidad y sólo una cuarta parte (1.500 millones) en el mundo desarrollado.

No es difícil imaginar que un día surjan grandes líderes populistas que exijan por la fuerza el reparto de las riquezas entre todos. Se repetiría un error clásico de “los pobres” que vieran la solución a sus problemas en la repartición, más que en un desarrollo aparentemente inalcanzable, bajo el pretexto de que la causa de su miseria es simple resultado de la explotación por parte de los países ricos, sin contemplar otros factores más importantes pero menos movilizadores.

Más de veinte países poseen o pueden disponer del arma nuclear. Muchos más podrán en breve desarrollar nuevo armamento biológico. ¿Ha de ser el miedo a esas amenazas el único motivo de la necesaria ayuda internacional para combatir la pobreza, o hay otros motivos plausibles?

Con la globalización financiera descontrolada, el problema de “los otros” (para Occidente, los pobres) se ha convertido en un problema nuestro. Y debe admitirse que el desarrollo equilibrado de todos (“ellos” y “nosotros”) resultará menos costoso que el caos al que apuntan algunas incertidumbres actuales. A la vez, el hecho mismo de la globalización implica que la prosperidad del mundo entero estará condicionada por un desarrollo armónico que implique a ricos y pobres por igual.

El desarrollo se presenta hoy como la más importante de nuestras metas desde un punto de vista ético y político, aunque a muchos como objetivo imposible. O al menos abrumador, si atendemos a que el despegue de los pueblos subdesarrollados depende de la implantación de la infraestructuras fundamentales –educativas, sanitarias, materiales y administrativas-, con un volumen de inversión económica, política y de tiempo que nos parece inalcanzable.

¿Pero es correcta esa conclusión?¿La alternativa a ese gigantesco esfuerzo, es decir, el caos, la inseguridad, la guerra o el chantaje resultan menos costosos que el desarrollo, incluso suponiendo que lo tengamos que financiar?¿Debemos, realmente, los países ricos financiar solos la transformación de los países en vías de desarrollo?

El mundo desarrollado es tecnocrático, eficiente, orientado hacia y por el dinero. Es por otra parte, difícil de imaginar un crecimiento económico sin la referencia de un Occidente idealizado. Pero si los países pobres pretenden equipararse inmediatamente a las economías occidentales, junto a unas inversiones colosales precisarían de una tutela política, jurídica, cultural y administrativa ilimitada, que nadie tiene capacidad de prestar.

Ese tipo de ayuda es imposible por su volumen y tampoco resulta deseable, porque lo que no se desarrolla desde un proceso endógeno no alcanza su propio dinamismo. Se precisa de un modelo económico que tenga un factor multiplicador y creativo, no la mera transposición de nuestro modelo. Que sirva a esos pueblos de trampolín para protagonizar su propio desarrollo, porque las simples limitaciones terminan siendo esterilizadoras.

A los escépticos sobre la capacidad creativa de los pueblos atrasados, se les puede recordar que hace poco más de dos siglos en Europa no estábamos mejor que el actual mundo subdesarrollado. Soportábamos las mismas tasas de mortalidad infantil, la misma pirámide de edad, los mismos estragos por epidemias o hambrunas, en ciertos periodos incluso peor que la realidad ahora conocida de algunos países africanos o asiáticos.

Pero a lo largo del tiempo hemos tenido que conquistar todo lo que tenemos. Hemos ensayado, en la política, monarquías, repúblicas, parlamentos, partidos políticos y sindicatos. En el campo ideológico, el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el fascismo, el liberalismo y, finalmente, algo de democracia. Hemos tenido, sobre todo, que descubrir la mayor parte de las ciencias modernas y las tecnologías, cuy lento desarrollo ha limitado nuestro crecimiento en los últimos siglos. Y el considerable número de errores, fracasos, destrucciones y reconstrucciones, constituye el precio que hemos pagado para crear un mundo diferente.

La diferencia es que, ahora, todo ese capital de conocimientos adquiridos a lo largo del tiempo, y en el que ha participado un caudal de conocimientos proveniente de todas las culturas, está a disposición de los pueblos del mundo, a un coste humano mínimo y económico inapreciable. Nadie tiene hoy que reinventar la rueda, ni las estructuras políticas que administran el progreso, ni los medios técnicos necesarios para el crecimiento. Aquellas conquistas obtenidas a través de generaciones las pueden utilizar hoy todos y cada uno de los países del planeta.

Eso es lo que puede permitir, en un periodo notablemente corto y con menos angustias y penas, un desarrollo del planeta con un coste relativamente modesto, al menos comparando con el que acarrearían conflictos generalizados derivados de las tensiones actuales. Son estas consideraciones objetivas que contradicen las aparentemente lógicas de los pesimistas, pero estoy convencido de que el desarrollo global es posible, y quizás más espectacular que el nuestro pasado occidental.

Entendida la Política como un compromiso –ya no sólo con el vecino, sino con todos los pueblos de la Tierra-, necesita una dosis de valentía: no conformarnos con la constatación de la cruda realidad, sino dar el paso siguiente de apostar por una solución, y ponernos manos a la obra. Toda apuesta tiene un riesgo, pero la parálisis desemboca en la autodestrucción.

De todas las ayudas que necesitan los países más atrasados, la más evidente y eficaz es su apertura a la globalización o, más concretamente, a una integración tridimensional paulatina y pactada –no como la actual, dogmática e impuesta- entre naciones desarrolladas, entre naciones en vías de desarrollo y entre subdesarrolladas e hiperdesarrolladas. Por suerte se van disipando los conjuros feroces contra la globalización, como si fuera una secreción venenosa del capitalismo, pero a la vez hay que evitar sus efectos nocivos ya conocidos. Y hacerlo desde la raíz: ¿por qué no la vamos a poder controlar de la misma forma que lo fue el sistema que la ha engendrado, el capitalismo?

El capital no se desarrolló a lo largo de los siglos XIX y XX de forma espontánea, ni mucho menos. El capitalismo ha sido posible porque los estados, a través de sus gobiernos y otras instituciones, lo impulsaron o permitieron su crecimiento bao unas ciertas reglas de juego. No ha sido paradigma del Bien y sus abusos se compensaron por el socialismo en diferentes grados, pero también esta alternativa se fue implantando bajo el respeto a códigos marcados por los poderes públicos.

Desde el objetivo de eliminar la miseria que azota a tres cuartas partes de la Humanidad mi advertencia es que el problema no está en los países pobres. Si partimos de esa consideración los árboles no nos dejarán ver el bosque, porque el reto a superar está en la falta de organización de los países ricos para desarrollarse adecuadamente. Este vacío coloca el progresa a expensas de crisis provocadas por el aventurerismo financiero ajeno al imperio de la ley. Nuestro futuro, que tanto abruma, dependerá de las iniciativas de nuevas instituciones supranacionales y del control de las actividades financieros o monetarias globales, porque el desarrollo de los ricos hoy sólo es posible compartido con los pobres o, dicho de otro modo, la erradicación de la pobreza es una meta digna para todos.

Puede sonar esto a música celestial si no entendemos que el marco institucional que permita el desarrollo es más importante que las ayudas en sí mismas. Y la más fundamental de todas es el fortalecimiento de un sistema político global, ahora representado por la ONU y otros organismos como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. Se trata de entidades que en su actual configuración no alcanzan la eficacia requerida y muchas veces han errado el tiro, incumpliendo sus objetivos fundacionales; necesitan una profunda revisión que las dote de la necesaria autoridad moral y efectiva. En paralelo, se hace perentoria una Autoridad Financiera Mundial coronado las actuales agencias supranacionales, capaz de controlar los pánicos monetarios.

Son imprescindibles esas instituciones para cumplir la condición sine qua non del desarrollo: su impulso global, haciendo el mundo permeable a todas las naciones gracias a unas reglas políticas, jurídicas y económicas universales, que disipen las actuales amenazas, protejan la integración de los países más débiles y fomenten las inversiones transnacionales.

Una globalización ajena al control político y social es, simplemente, un océano abierto a la piratería financiera, condenando el mundo a una perpetua situación de crisis y limitando su crecimiento. Necesita ser bien gobernada con justicia porque, guste o no guste, gracias a la globalización la prosperidad de los países ricos va a depender del desarrollo de los países pobres. Esto no es una maldición, sino una bendición para todos por igual, es la necesaria y auténtica manifestación de solidaridad.

Nosotros no vamos a cambiar el mundo. Cambiará por sí mismo, para bien o para mal. Pero modificar la visión de los gobiernos y de las opiniones públicas, presentando el desarrollo del planeta como un reto y una esperanza global, es una propuesta racional y posible. En los últimos noventa años, desde la Primera Guerra Mundial, hemos visto tal cúmulo de cambios “imposibles”, que tenemos la obligación de ser realistas: la aceleración de la Historia es tan evidente que, incluso a corto plazo, hace posible lo imposible.

 

  El anterior texto es una adaptación/resumen de la ponencia inaugural presentada por S.A.R. el Principe Carlos Hugo de Borbón Parma en el Seminario sobre Sundesarrollo y Globalización, abierto el 11/9/02 en Oporto (Portugal), dentro de la XIV Conferencia Anual de la European Association for International Education.

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DISCUROS DE DON CARLOS HUGO DE BORBON PARMA PRONUNCIADO EN SOLESMES (FRANCIA) EL 13 DE OCTUBRE DE 2001

            Valle Inclán ha dicho que cuantas más raíces en el pasado, más espacio hay para el porvenir. De alguna forma el Carlismo durante ciento setenta años ha luchado en tres guerras sucesivas y una guerra civil, que le han dado autoridad para hablar de presente y futuro. Es increíble pensar que un grupo humano, como el grupo carlista, haya logrado sobrevivir a tantas derrotas políticas y militares y no desaparecer. Es una sorpresa para cualquiera que lo observe.

            Hace pocos días una persona me decía:

- ¡Qué suerte tiene de tener unos hombres y unas mujeres como estos carlistas, esto no existe en ninguna parte!

No digo esto para darnos una satisfacción personal, sino por una razón. A lo largo de toda mi vida hay gentes que me han venido a decir:

- Don Carlos, yo he tenido un abuelo carlista, una abuela carlista, un tío carlista, un sobrino carlista, un cuñado carlista o un concuñado carlista. No me lo dirían si no fuese para ellos unos títulos de honor en la sociedad.

La imagen del Carlismo es la algo entrañablemente español, entrañablemente defensor de la libertad y la dignidad de los pueblos, entrañablemente unido a la visión de otra sociedad, de otra sociedad española, que no obstante ser española tiene una dimensión universal y no la raquítica, introvertida y peninsular que hemos conocido.

Hoy lo quiero subrayar, homenajeamos a mi padre, el viejo Rey carlista, el viejo luchador, que aceptó siendo muy joven entrar en la Primera Guerra Mundial, alistándose con los belgas en contra de la invasión alemana; que se lanza desde el año 1930 con mi tío Alfonso Carlos y sobre todo a partir del 34 a la preparación de la guerra nuestra, pero se embarca totalmente, física y económicamente sin embargo para intentar, inútilmente, la paz, el entendimiento entre futuros contendientes.

En fin se alista en la Resistencia para defender a todos de la persecución. Arrestado como terrorista, de los 380 prisioneros que salieron con él en el mismo tren para los campos de concentración sólo volvieron 10. Cuando yo le vi en la estación de ferrocarril en Francia, no lo reconocí: era un cadáver ambulante. Un año y medio más tarde, pasa la frontera a pie para entrar en España por el Bidasoa, con los contrabandistas carlistas, para poder entrar en España y tomar contacto con el Partido Carlista. Cinco años más tarde me dijo: “Carlos, te toca a ti”.

Yo estaba estudiando entonces en Oxford, y tome la decisión de entrar clandestinamente en España, junto a mis hermanas, para iniciar mi carrera política. Digo esto en un momento histórico cuando asoma una vez más la violencia. Esta violencia que hemos visto estos últimos días afectar a los norteamericanos, sólo ha sido un símbolo de donde llega la locura humana, la violencia humana o el odio humano. Por desgracia esta violencia ha sido contestada con otra violencia. Yo personalmente estoy muy en desacuerdo con lo que esta ocurriendo, creo que una falta moral es un error. Sobre todo en este caso, cuando la violencia se cree que expresa dos tipos de visiones espirituales, dos tipos de religiones. Cada uno va a manipular la suya y los países que están luchando para desarrollarse, que son en gran parte países musulmanes, no lo verán como la violencia política de un país que contesta a una agresión, sino como la violencia de países cristianos contra países musulmanes.

Tenemos una fe común, por que todo hombre que cree en un Dios único, cree en el mismo Dios. La agresión, no es una agresión religiosa, la agresión, por desgracia es una contestación falsa a un problema mal planteado.

Hoy podemos actuar a nivel de testimonio de una manera creíble, podemos actuar en la sociedad española de una manera creíble en cuanto al futuro de la sociedad mundial que padece una inmensa injusticia.

El mundo ha estado dividido en dos grupos: el grupo occidental, americano, europeo social-capitalista y el mundo comunista, socialista, orientalista. Hemos de iniciar un mundo distinto.

Los antimundialistas defienden una tesis absurda pero comprensible. Hay  que crear un mundialismo positivo, un mundialismo hecho para toda la sociedad humana y no solamente para los ricos. Un mundialismo que organice la sociedad mundial y este organizar la sociedad mundial es el socialismo del futuro, no es el pequeño socialismo interno de los países, no. No podemos, como cristianos, ni como hombres, aceptar el hecho de que haya hoy día dos mil millones de personas que viven en la pobreza absoluta y dos mil millones que viven relativamente bien. Tenemos que resolver este problema. Y ¿cómo resolverlo? Existen tres vías para solucionarlo. La primera la vía individual. Hoy hay cantidad de organizaciones caritativas o humanitarias que obran  en los países subdesarrollados. Realizan una labor inmensa, muy importante, pero no es esa la solución. No resuelve el problema de hoy. La segunda vía consiste en que los países subdesarrollados se relacionen entre sí. Existe una inmensa complementariedad entre estos países. Pero están condenados a pasar por la metrópoli del colonialismo anterior para poder conectar con el resto del mundo. Y se quiera o no, esto no es deseable. Les falta la posibilidad de conectar con el mundo desarrollado. El peligro es desarrollar el subdesarrollo. Si construimos un mundo realmente preparado para organizarse en función del tercer mundo o del segundo mundo, este segundo y tercer mundo se desarrollaran por sí solos. Esta es la tercera vía.

Hoy ha desaparecido la bipolarización. No hace falta estar con uno de los bloques. Cada país ha de desarrollar su modo de ser pero hace falta que lo que están desarrollados que tienen dinero y tienen recursos, lo hagan posible. Hemos tenido que inventar a lo largo de los siglos todo lo moderno. Hemos, los europeos y también otros pueblos, tenido que inventar los sistemas políticos modernos, los conflictos modernos, el comunismo, el anarquismo, el capitalismo, las comunidades internacionales, las Naciones Unidas, todo lo que ha hecho el mundo moderno en lo político. Hemos descubierto toda la ciencia moderna, hemos inventado prácticamente toda la tecnología moderna. Ha costado sangre, desesperación, miseria y toda clase de conflictos. Hemos sufrido las guerras. Toda esta experiencia (que también es suya, por que muchas veces esta en su raíz) la tienen al alcance de la mano con tal que lo hagamos alcanzable para ellos. Nuestra misión es ayudarles con fe. La ayuda puede ser necesaria pero no es suficiente. Nuestra misión es organizar nuestro mundo para que acoja todo este mundo que llamamos subdesarrollado, que puede perfectamente desarrollarse en una generación y dejarnos de pretender darles lecciones de lo que tienen que hacer y tienen que saber que los necesitamos.

Y esto yo creo que es la misión para todo cristiano, todo hombre responsable: ayudar a la creación de otra visión del mundo. Un mundo donde las nacionalidades y los pueblos sean libres, autónomos, responsables, lo que no quiere decir que vivan separados, quiere decir que constituyan poco a poco una federación de países, un mundo federado, donde cada nación se sienta a la vez que perfectamente definida, perfectamente autónoma del vecino, estando al mismo tiempo perfectamente unida al destino común.

Yo creo que esta es la misión del Carlismo en lo político, la misión del Carlismo en lo ideológico, es la misión que el mundo busca. No creo que esta sea una misión imposible. Esto hoy en día es una misión posible, y nosotros tenemos la autoridad para hablar de esto porque no hay ningún partido en la historia del mundo que tenga ciento setenta años de lucha con el mismo ideal y es el único partido que tiene este prestigio y esta autoridad.

 PALABRAS DEL INFANTE DON JAIME

A veces tengo la impresión que muchos carlistas tiene miedo a que la generación nueva, la de mis hermanos y mía, nos olvidemos de atender los asuntos carlistas. Pero tenemos en vosotros nuestra raíz. Toda esta familia está con vosotros, con vuestra y nuestra Historia. Os quería decir que no os preocupéis. Aunque estemos trabajando en Holanda, en Estados Unidos, en todo el mundo, así como nuestro abuelo Don Javier, que tenía su campo de actuación en Europa, cuando España nos necesite estaremos aquí. Cuando España nos necesite, llamadnos que estaremos aquí.

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EL MECD RECIBE EL ARCHIVO CARLISTA DE LA CASA DE BORBÓN PARMA 

 
  • El acto ha estado presidido por la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, y el Duque de Parma, S.A.R. Carlos Hugo de Borbón Parma.
  • Tras su ordenación y clasificación, el archivo estará abierto a la consulta de historiadores e investigadores en el Archivo Histórico Nacional.
  • Los fondos contribuirán al conocimiento y divulgación del movimiento carlista en la Historia de España.

 04, jul. ’02.- La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, y el Duque de Parma, el príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, han firmado hoy un convenio por el que el Archivo Carlista de la Casa de Borbón Parma se incorporará a los fondos del Archivo Histórico Nacional, para su consulta por parte de historiadores e investigadores.

 Este archivo contiene fondos documentales que datan del último tercio del siglo XIX reunidos por los sucesivos titulares de la rama carlista de la Casa de Borbón. Los documentos más antiguos se remontan a 1860  y llegan hasta el final de la década de los 70 del siglo XX. La familia Borbón Parma ha custodiado este legado durante más de setenta años. En enero de 2002, el Duque de Parma comunicó al Ministerio su decisión de entregar este archivo familiar bajo la forma de depósito en comodato durante 99 años.

 Los fondos recibidos suman unos 40.000 documentos escritos, además de documentos sonoros, fotografías y objetos de recuerdo o curiosidad histórica. Todos ellos contribuirán al conocimiento y divulgación del movimiento carlista en la Historia de España por parte de la comunidad investigadora.

 Entre todo este material, que habrá de ser catalogado en el seno del Archivo Histórico Nacional, se pueden mencionar:

  • Diario personal de la III Guerra Carlista de Dña. María de las Nieves de Braganza, esposa de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, iniciado en 1872.
  • Instrucciones a los militares de la Tercera Guerra Carlista.
  • Proclamas de Don Carlos de Borbón (Carlos VII) sobre la guerra (1873).
  • Cartas a los Papas Pío IX y Pío X.
  • Batalla de Montejurra (1873).
  • Convocatoria de apertura de curso en la Universidad de Cervera, trasladada a la Portella “por la Juntat Superior Carlista de Catalunya durant la guerra dels Set Any” (1838).
  • Cartas de Juan Vázquez de Mella a Don Jaime de Borbón (Jaime III), en 1913.
  • Herencias del Conde de Chambord y del Duque de Módena.
  • Administración de bienes y cuentas privadas de Don Jaime de Borbón y Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.
  • Diarios de viajes de Don Alfonso Carlos de Borbón y Dña. María de las Nieves de Braganza (Egipto, las Indias, Australia, Rusia, Japón, China, Cuba, Mesopotamia...).
  • Numerosa correspondencia de Don Jaime de Borbón, Don Alfonso Carlos de Borbón y Dña. María de las Nieves de Braganza.
  • Actas de reuniones de Don Jaime de Borbón con las Juntas Carlistas de Castilla la Vieja, Guipúzcoa y Valencia.
  • Certificado de autenticidad de un retoño de Árbol de Guernica (1934), con destino al castillo de Puchheim (Austria).
  • Correspondencia del príncipe Don Javier de Borbón Parma y Braganza con dirigentes de la Comunión Tradicionalista durante la guerra civil española (1936 a 1939).
  • Cartas de Don Alfonso Carlos de Borbón a su sobrino Don Javier de Borbón Parma, dando cuenta de los intentos de acuerdo dinástico con Alfonso XIII, y designándolo sucesor a frente del Carlismo a título de Regente (1936).
  • Reunión de jefes carlistas en Insúa (Portugal) con motivo del Decreto de Unificación dictado por Franco (1937).
  • Proclamación de Don Javier de Borbón Parma como Rey de la Dinastía Carlista por la Comunión Tradicionalista (1952).
  • Petición de audiencia a la Casa Civil del Jefe del Estado para los Príncipes Don Carlos Hugo de Borbón y Doña Irene de Holanda (1964).
  • Oficios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid ordenando a Don Javier de Borbón Parma y a su hija Dña. Cecilia abandonar el territorio nacional (1968).
  • Alocución de Don Carlos Hugo de Borbón Parma en Hendaya (Francia) tras ser expulsado de España (1968).
  • Informe elevado por Don Javier de Borbón al Papa Pablo VI sobre la Iglesia española y la relación de su jerarquía con el régimen político (1970).
  • Nota sobre mensaje transmitido por el Ministro de la Gobernación, disuadiendo a Don Carlos Hugo de Borbón de que asista al nacimiento y bautismo de su primogénito, en caso de que tenga lugar en España (1970).
  • Correspondencia con el Premio Nobel de Economía John K. Galbraith, y carta dirigida por éste al presidente del Tribunal de Orden Público, con motivo del juicio a un grupo de sindicalistas (1973).
  • Intervenciones de la Princesa María Teresa de Borbón Parma en la Conferencia sobre Vietnam (Estocolmo, 1974) y en la Conferencia de Seguridad y Cooperación  Europea.
  • Referencias documentales sobre grupos integristas disidentes opuestos al liderazgo ideológico y político de Don Carlos Hugo (1970 a 1975).
  • Acta notarial sobre recogida de agua en el nacimiento del río Ebro, con destino a al bautizo de la infanta Carolina de Borbón Parma, cuarta de los hijos de los Príncipes Don Carlos Hugo y Doña Irene.
  • Documento de abdicación del Príncipe Don Javier de Borbón Parma en su hijo Don Carlos Hugo (1975).

 

 

PALABRAS DE LA SRA. MINISTRA EN EL ACTO DE ENTREGA DEL ARCHIVO CARLISTA POR SU ALTEZA REAL DON CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA, DUQUE DE PARMA 

 

            Alteza Real, Altezas, Querida Presidenta del Congreso de los Diputados, Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades, Señoras y Señores:

            El acto que nos reúne hoy a todos en este Salón Goya del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte tiene una doble dimisión institucional y académica, pero, además está cargado de una honda significación histórica.

            Ninguno de nosotros ignora las tensiones políticas, sociales y culturales a que dio lugar el proceso de modernización de España durante los siglos XIX y XX.

            Al igual que en otros países europeos, el paso de una sociedad estamental a otra basada en los parámetros del sistema político constitucional y la economía de mercado fue un camino difícil.

            Por su arraigo popular y amplia influencia política, sobre todo en determinadas regiones de España, el carlismo constituyó una manifestación especialmente significada y polar de todas esas tensiones y lucha.

            El hecho de que el carlismo afectara la legitimidad sucesoria de la Institución Monárquica revela, además, hasta que punto fue profundo este movimiento político.

            La significación del carlismo no se limitó en todo caso al terreno dinástico, sino que siguió conservando su capacidad movilizadora  tras el cambio de régimen que tuvo lugar en 1931.

            Paradójicamente, fue durante el prolongado eclipse de las instituciones constitucionales que siguió a la Guerra Civil, cuando el carlismo conoció una evolución política que lo conduciría a figurar dentro del amplio abanico de fuerzas políticas, partidarias de restaurar la libertad sobre la base de la reconciliación generosa de todos los españoles.

            Con esta última evolución ha tenido decisivamente que ver Su Alteza Real don Carlos Hugo de Borbón Parma, Duque de Parma.

            Don Carlos es descendiente por línea directa de Felipe V de España, y de la rama de la Casa de Borbón que reinó en Parma durante un siglo, aproximadamente. Es también sobrino de Zita de Borbón Parma, que fuera la última emperatriz de Austria-Hungría, siendo su padre, Francisco Javier de Borbón Parma, un miembro más de la Resistencia francesa, que demostró gran valor en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra mundial.

            Fue éste último quien asumió la sucesión de la rama dinástica carlista, una vez extinguida ésta, tras la muerte de Alfonso Carlos de Borbón en 1936.

            La mezcla de entrega sin reservas a la causa de la legitimidad, junto con una intensa francofilia que revelan estos y otros antecedentes familiares  y políticos, ayudan a explicar la complejidad del camino político recorrido por don Carlos Hugo, cuya personalidad marca vigorosamente la última etapa del movimiento carlista.

            Concluido el siglo XX con sus luchas y tensiones, a este Ministerio, al Gobierno y puedo decir también que a Su Majestad el Rey, les satisface enormemente la generosa decisión de Vuestra Alteza de entregar a la investigación la memoria documental de la causa con la que vos y vuestro padre os identificasteis plenamente.

            De ahora en adelante, serán los historiadores y, a través de ellos, el público en general, los que discutan y analicen todas aquellas vicisitudes y anhelos, proponiendo y defendiendo diferentes interpretaciones.

            En el plazo más breve posible, el Archivo Histórico Nacional pondrá a disposición de los investigadores un cuerpo de en torno a 40.000 documentos, cuyos componentes más antiguos se remontan a 1860, aunque el grueso de ellos tiene que ver con la trayectoria del carlismo bajo el régimen del General Franco.

            Asimismo, el Archivo garantizará las mejores condiciones para la conservación de este legado de tanta relevancia histórica.

            Os agradezco, pues, profundamente, Alteza, esta iniciativa tan fundamental desde un punto de vista historiográfico, pero también político e institucional.

            Con ella, continuamos el camino de reconciliación entre los españoles. Reconciliación y convivencia que se ven siempre fortalecidas por el conocimiento racional de nuestro pasado, empresa que constituye, a su vez, una fuente de libertad.

            Quiero subrayar que esta iniciativa da testimonio de Vos como Príncipe generoso y también sabio, pues es conocida vuestra dedicación intelectual. Y también contribuye a poner de manifiesto una personalidad, la de don Carlos Hugo de Borbón Parma, de trayectoria vital fuera de lo común por lo azaroso de sus vicisitudes, la dimensión varia y compleja de sus intereses y objetivos, que han estado marcados siempre por la generosidad y por la pasión.

            Vuestra Alteza muestra, además, y así he tenido oportunidad de comprobarlo, un carácter grato, sutil y lleno de humor, cuyo conocimiento ha constituido para mí una oportunidad muy grata, dentro de mi trabajo ministerial.

            Un Príncipe, en definitiva, Señoras y Señores, que por encima de todo, nunca ha olvidado su condición de español.

            Muchas gracias.

 

 

PALABRAS DE S.A.R. DON CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA 

         Al entregar hoy los archivos históricos de mi Familia, los que recibí de mi augusto padre, Don Javier de Borbón Parma y, a través suyo, de nuestros antepasados en la Dinastía Carlista, estoy convencido, junto a mis hermanas y mis hijos, de prestar un servicio a España.

         Cumplimos nuestra voluntad de que estos fondos sean de conocimiento público. Que estén a disposición de cuantos historiadores e investigadores se interesen por un fenómeno genuinamente español, cono el Carlismo y sus abanderados. Y que su guardián más seguro sea el Archivo Histórico Nacional, un organismo del Estado y, por tanto, de todo el pueblo.

         Obedece esta decisión al anhelo de que se conozca la realidad de la llamada Dinastía Proscrita, disipando estereotipos y versiones falaces, porque el devenir de mi Familia y del movimiento carlista refleja una historia de las Españas que no se debe sustraer a nuestro pueblo.

         Depositamos  esta ingente documentación confiados en el prestigio y buen hacer del Archivo Histórico Nacional, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. A este respecto, merece mi agradecimiento y público reconocimiento la disposición respetuosa y entusiasta que, para llevar a término el depósito hoy firmado, han mostrado nuestra Ministra Doña Pilar del Castillo y su equipo de la Secretaría de Estado de Cultura.

         Mi satisfacción no es ajena al orgullo por el valor histórico y político de este legado documental. Los fondos que entregamos se remontan a la Guerra Carlista iniciada e 1872, tercera de las contiendas dinásticas y políticas del siglo XIX, y se extienden hasta el restablecimiento de la democracia en la década de los 70 del siglo XX.

         Aquellas luchas, digo, fueron dinásticas porque surgieron de un conflicto de interpretación sobre la legitimidad sucesoria entre dos ramas de la Familia Real española. Y políticas, porque la rama carlista mantenía la función regia protectora de las libertades forales, de un concepto de la unidad nacional construida desde los derechos históricos de los pueblos de España.

         Durante las tres guerras, los reyes carlistas se proclamaron defensores de las libertades concretas amparadas por el derecho foral. Aquello que Carlos VII resumió en su deseo de ser “el Rey de las repúblicas españolas”. Pero con la derrota del Carlismo y la abolición de los Fueros, desaparecían libertades políticas y sociales efectivas.

         Se impuso un concepto de nación que reducía la sociedad al Estado y el individuo. Y la ignorancia de los cuerpo intermedios dio paso con el tiempo a los movimientos revolucionarios que abrieron nuevos cauces a la expresión popular. Se malogró una evolución serena de nuestro país, hasta desembocar en las tensiones y desórdenes previos a la guerra civil de 1936, con el enfrentamiento de las dos Españas.

         La Historia siempre la escriben los vencedores, pero estos fondos que hoy entregamos aparecen nuevos testigos, en forma de documentos que iluminan lo que permaneció oculto por intereses políticos durante más de 150 años.

         Este archivo familiar arranca en Carlos VII, continúa en Don Jaime y en Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este quien, al final de sus días, traspasó la responsabilidad del Carlismo a nuestro padre, recordado hoy cariñosamente por  los carlistas como “el viejo rey Javier”.

         Se dispara mi emoción al rememorar su figura. Recuerdo de mi niñez el testimonio de un padre expulsado de España en plena Guerra Civil, a causa de su radical divergencia con el sistema totalitario que impuso el general Franco. Un padre sobre el que se mantuvo la persecución, siendo arrebatado de nuestro hogar en acto de venganza del ejercito nazi, y deportado al campo de exterminio de Dachau.

         Fue Don Javier auténtico cristiano, buscador incansable de la concordia, luchador contra el sufrimiento de los débiles, coherente hasta el final con los nobles principios de libertad y paz que cincelaron toda su vida. Con esa biografía como espejo, me incorporé con mis hermanas a la vida política española en los años 50. Lo hicimos liderando junto a nuestro padre un proceso de renovación política que abriera el camino de España hacia la democracia.

         Resultó apasionante la experiencia de contribuir a la construcción de grandes instrumentos de diálogo político. Y conseguir que las fuerzas democráticas alcanzarán un objetivo común, desde la reconciliación entre los españoles.

         En aquella encrucijada, la carga histórica del Carlismo le permitió mantener unas alianzas plurales en el espectro democrático: disipaba en la izquierda el temor a un continuismo postfranquista y tranquilizaba a la derecha ante la posible revancha de quienes –como nosotros- habían sido perseguidos por la dictadura.

         Corresponde este recuerdo a los mejores años de mi vida al servicio de mi patria. Una patria en la que tanto costó que se me reconociera una españolidad de la que, paradójicamente, no se dudaba en ningún país extranjero.

         Tras aquel protagonismo en la vida pública, he dedicado un largo tiempo a la investigación y a la docencia en los Estados Unidos, con la oportunidad de dirigirme a diferentes foros académicos en el resto del mundo. En esta andadura he comprobado cómo se han desvanecido penosas imágenes de nuestro país, consecuencia de episodios de un pasado felizmente superado.

         Nuestro presente es de esperanza en la incertidumbre. Estamos abocados a una globalización, a la constitución de grandes unidades continentales o mundiales, cuyo sentido debe ser terminar con los dramáticos desequilibrios de la Humanidad y la peligrosa polarización entre naciones ricas y pobres.

         Y España, cargada de historia y sabiduría, parte de una posición idónea para ser referente de la solidaridad global, la que busca compartir sus conquistas sociales, científicas, técnicas y políticas con los pueblos en vías de desarrollo.

         Señoras y señores, consciente del legado histórico depositado en mi Familia, he firmado con el Estado –representado por la Ministra que gentilmente nos acoge-, un convenio pleno de valor histórico, y también político. No se trata sólo de poner a salvo un patrimonio documental, sino de despejar una incógnita: la de un Carlismo con sus luces y sus sombras, desdibujado y desplazado de su justo lugar en la memoria colectiva.

         Constatando que el pueblo ha sido privado del conocimiento íntegro de parte de su historia, ha llegado para mí y para mi Familia el momento de dar este paso. Lo hacemos, hoy, en el marco de un sistema monárquico que no es el que pretendió el Carlismo durante su larga historia, pero que innegablemente ha sabido avanzar, junto a las fuerzas democráticas, hacia la normalización constitucional.

         Deseo que este acto se interprete como otro eslabón para la consolidación política, el progreso social y el avance cultural, con la paz civil que les acompaña.

 

ENTREVISTA PUBLICADA EN EL DIARIO "EL PAÍS" EL 6 DE JULIO DE 2002

 

“FUIMOS LOS VENCIDOS DEL BANDO DE LOS VENCEDORES”

Al terminar la entrevista, y después de un minucioso recorrido histórico sobre los avatares del carlismo, Carlos Hugo de Borbón Parma (París 1930) se vuelca a explicar la cuestión decisiva que le preocupa en este momento: la globalización. Comenta que es el gran tema de nuestro tiempo, el problema fundamental en torno al que gravitan todos los demás. “Dentro de pocos años serán 7.000 millones los habitantes de este planeta, y de ellos sólo 1.500 millones vivirán en el mundo occidental. Y, evidentemente, no todos disfrutarán de la opulencia de unos cuantos. Nos enfrentaremos entonces a una situación explosiva. Ante ese horizonte, es urgente profundizar en este fenómeno nuevo que surgió cuando los capitales financieros decidieron saltarse todas las fronteras. Al hacerlo, incorporaron al corazón del mundo occidental los gravísimos problemas que antes estaban en su periferia”.

Diagnostica con lucidez el ruido de nuestra época. No han pasado en vano sus largos años de estudio –doctorado en Derecho en la Universidad de la Sorbona y en Ciencias Económicas en Oxford, se especializó en temas sociales- pero esta vez toca hablar del carlismo: el jueves firmó un convenio con la ministra Pilar del Castillo por el que lega durante 99 años el Archivo Carlista de la Casa de Borbón al Ministerio de Educación y Cultura.

Pregunta. ¿Qué representan esos 40.000 documentos que ahora pueden consultar los historiadores y curiosos?

Respuesta. Lo importante de esos documentos es que detrás de ellos aparecen los testigos. Es verdad que pueden ayudar a precisar los hechos históricos, pero lo más relevante es que permiten acercarse a los puntos de vista de los que vivieron esa historia y, de ese modo, entender cómo los carlistas se plantearon el problema de España.

P. ¿Qué momentos de un periodo tan dilatado –los fondos se remontan a la tercera guerra carlista en 1872- son los que el archivo permite iluminar especialmente?

R. Uno de los momentos particularmente complicados en el seno del carlismo fue el de la guerra civil. Mi padre, don Javier, firmó con el general Sanjurjo el alzamiento, pero éste murió muy pronto. Así que tuvo que tratar con Mola, con el que existió siempre un respeto mutuo. Lo que hay que tener en cuenta es que los carlistas eran entonces los únicos que tenían una organización político-militar, los requetés. Y tenían un peso muy importante. El problema que se debatía era sumarse con toda una organización a un movimiento que no estaba inspirado por el propio carlismo.

P. ¿Cómo fue la relación del carlismo con la República?

R. Los problemas surgieron  con la llegada del Frente Popular. Se trataba de un bloque al que había que aceptar totalmente o rechazar totalmente. Tres grandes movimientos de izquierda unidos, con un gran poder político y militar, y encima en un momento en que se manifiesta un furibundo anticlericalismo. A los carlistas, para los que ha resultado casi connatural crear su propio ejército –no en vano habían desencadenado ya tres guerras civiles-, no les resultó difícil crear sus propios grupos armados. La paradoja vendría después. Y es que los carlistas siempre habían peleado contra el ejército del Estado y, al empezar la guerra, habían de pelear al lado de parte de ese ejército, la que se enfrentó a la República.

P. Esa contradicción, ¿se exacerbó cuando Franco tomó las riendas?

R. Franco se sumó al alzamiento cuando éste cosechó sus éxitos iniciales. Cuando Mola muere, tomó las riendas militares, y su papel fue decisivo porque garantizó la colaboración de los alemanes y de Mussolini para ganar la guerra. Ahora bien, ya como jefe del Estado, decide crear el partido único. Y es ahí donde surge el enfrentamiento con mi padre, que se niega a apoyar un régimen totalitario y es expulsado de España. Los carlistas, sin embargo, y en plena guerra, no podían retirarse. Y las cosas siguieron su curso hasta la victoria de Franco. Terminamos como vencidos en el bando de los vencedores.

P. Su padre tuvo una curiosa trayectoria. Se levantó contra la República y terminó peleando contra los nazis.

R. Mi padre fue enemigo de los totalitarismos. Su batalla se dirigía a conquistar un clima de paz donde pudieran tenerse en cuenta todas las opciones políticas. El caso es que se enfrentó a Franco, y luego, ya en Francia, peleó contra los nazis y los fascistas. Hasta terminar en un campo de concentración. Otra paradoja más: cuando combatió con el nazismo lo hizo junto a muchos izquierdistas contra los que antes había peleado en España. Por cierto, todos ellos lo respetaron. Es curioso. Si se rasca en la historia de muchos españoles siempre aparece algún antepasado que fue carlista. Incluso el padre de la Pasionaria fue carlista en Vizcaya.

P. ¿También están los testimonios del papel que jugaron los carlistas en la lucha contra Franco y en la transición?

R. Yo tuve que vivir de forma clandestina en la España franquista, donde me incorporé a la batalla política en los años cincuenta. De lo que se trataba era de buscar la forma de salir de aquel régimen de una manera pacífica y propiciar la reconciliación. En ese sentido, creo que el diálogo entre los carlistas y la gente de izquierdas fue muy fructífero.

P. ¿Cómo están ahora las cosas? ¿Qué queda de aquel viejo litigio dinástico y de la religiosidad de los carlistas?

R. No hay litigio de ningún tipo, pues ahora vivimos en una democracia no excluyente. En cuanto a la religiosidad, la rareza de los carlistas es que siempre fueron creyentes y siempre estuvieron enfrentados a las jerarquías religiosas por su proximidad con el poder.

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MENSAJE DE DON CARLOS HUGO CON MOTIVO DEL HOMENAJE AL REY DON JAVIER I, EN EL XXV ANIVERSARIO DE SU MUERTE EN EL EXILIO, CELEBRADO POR EL PARTIDO CARLISTA EN MONTEJURRA, EL DÍA 5 DE MAYO DE 2002

 

              "Nos unimos a este homenaje a nuestro padre que fue un hombre que se negó a renunciar al futuro para servir a España, a la Libertad de los Pueblos y a la Dignidad de todos los hombres".

(Firma de los 4 hijos y 4 nietos de Don Javier I)

                      Estela de homenaje al Rey D. Javier I descubiera por el Partido Carlista             a los pies de Montejurra el 5 de mayo de 2002   

 

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TRIESTE

 

PALABRAS PRONUNCIADAS POR S.A.R. DON CARLOS HUGO DE BORBÓN Y POR SU HIJO DON CARLOS JAVIER EN EL II CAPÍTULO GENERAL DE LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA CELEBRADO EN TRIESTE, EL DÍA 13 DE OCTUBRE DEL 2000

           

              Señores, hace unos treinta años, mi Padre, públicamente, en una reunión  del pleno del Capítulo de la Orden de la Legitimidad, me concedió su Gran Cruz y desde entonces hemos luchado constantemente por la Causa del Carlismo.

              Hoy me toca concederla a mi hijo y heredero Carlos (aplausos y vivas, mientras S.A.R. procede a imponer la Gran Cruz a su hijo, el Príncipe). Todos comprenderéis lo que esto significa para mí. Dentro de unos cuantos años, mi hijo hará lo mismo con su hijo y así seguidamente. Lo que yo quiero decir es que este gesto, como todo gesto, no es simplemente simbólico, sino que es la expresión de una actitud personal y el reconocimiento de una obligación, la obligación de servir una Causa, que es la Causa que el Carlismo ha servido siempre, la Causa de la Libertad, Dignidad y Autonomía de los pueblos, no solamente en nuestras tierras, sino en todas las tierras del mundo, porque sin Autonomía, sin Libertad, no puede haber Justicia y sin Justicia no puede haber Paz.

              Yo quiero en esta ocasión que oigáis el texto de las palabras que mi Padre pronunció en el Capitulo General de la Orden de la Legitimidad, celebrado en Lisboa en diciembre de 1967. Dice así:

              "Por primera vez desde hace más de cuarenta años esta reunido el Capitulo de la Orden de la Legitimidad proscrita.

              Como veis, he concedido nuevas Cruces y me propongo seguir haciéndolo para premiar lealtades y méritos.

              El Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

              Pero quiero añadir algunas consideraciones. La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica?. Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años!. Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

              Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

              En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

              Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

              Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombre y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

              Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.

              (El Príncipe Carlos Javier, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció entonces estas palabras):

              Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de Tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación. (Los asistentes puestos en pie, prorrumpiero en fuertes y prolongados aplausos).