Distémper Blog: crónicas de un cretino para el mundo

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El Queso y Yo

Cuando me vine a vivir solo no es que pasara hambre, pues mi limitado repertorio como chef me permitió subsistir con cierta dignidad a base de tallarines, sopas y ensaladas. Pero si algo extrañaba de la casa paterna -descontando por supuesto el calor de hogar y el cariño de los míos- era el refrigerador y su generosa provisión de queso. Uno de los pináculos de mi infancia campestre (no me canso de repetirlo) es que mi santa madre fabricaba nuestro propio queso con leche ordeñada al pie de la vaca. Flor de sabor que encantaba al paladar: hay ocasiones en que en algunos 'quesos frescos' de la Vega Central creo reconocer ese delicado after taste del queso familiar de antaño, pero presumo que el recuerdo del majestuoso gustillo ése lo he perdido para siempre. Sin embargo -para no ponernos melodramáticos- gracias al goce temprano de esa delicia me convertí en un maniático del queso y hasta hoy lo devoro sin piedad, aunque sea una sosa lámina de Gauda de 8 x 8 cm: derretidas y con salsa de tomate encima igual salvan.

Por eso notaba tanto la carencia del Amigo Queso durante ese año de apreturas en que administré mi piso de soltero con puño de hierro: estaba cesante y debo admitir que no tengo idea cómo llegaba a fin de mes. De queso, ni hablar. Moni, para nuestro primer aniversario, amorosamente me regaló una caja de zapatos llena de diversos quesitos finos (tal vez el obsequio más íntimo y conmovedor que nadie me ha dado nunca).

Esta obsesión láctea tiene antecedentes que rozan lo delictual. Por ejemplo, durante mi prolongada post-adolescencia me convertí en saqueador de frigoríficos: todas las noches engullía unos pedazotes de este porte de rico queso y al día siguiente me hacía el tonto ante las consultas de mi madre, quien se hacía la lesa a su vez aceptando la tesis del ratón que habitaba en la nevera. Famoso era mi emparedado de queso-salame que no llevaba pan, sólo dos enormes lonjas de queso envolviendo el fiambre. Años después, en Italia, un jote me hipnotizó con un exquisito Mozzarella de Nápoles mientras intentaba seducir a mi por entonces polola. Mmmmh, qué rico estaba, ñam. Y durante el mismo periplo me rebané la mitad de un dedo cuando intentaba cortar furtivamente un trozo de durísimo parmesano (que por cierto no era mío ni se come a mordiscos como lo hacía yo): todavía tengo la cicatriz en el índice izquierdo cual herida de guerra.

Por fin hace algún tiempo -luego de años de comportarme como un tacaño insufrible- decidí que ya era hora de comenzar a disfrutar de la vida. Y partí por destinar parte del presupuesto semanal al queso. Así, todas las noches antes de apagar la luz me escabullo a la cocina, corto un pedacito y me lo trago en la cama como el cerdo del alma que soy.

(A propósito de nada, por casi una década ocupé el término ‘bufanda de queso’ para referirme a ciertas bufandas feas, copiando sin pudor una expresión que usaba mi amigo Costas: recién este 2005 supe que aludía al infame esmegma. Torpe de mi parte).

admin / Blog / 21 Junio, 3:48pm / 31 Comentarios

La Prensa como Envoltorio de Pescado

Sagradamente cada dos semanas compro The Clinic. Y siento decir que lo hago por rutina, la misma rutina que empuja a medio Chile a llevar a casa El Mercurio de los domingos. Por un buen par de años disfruté del retorcido sentido del humor del pasquín, algunas buenas entrevistas y cierto aire fresco que trajo a la lastimosa prensa nacional. Acabo de leer la última edición y siento informarles que todo eso ya se acabó y probablemente fue hace rato.

Habituados a piltrafas como Qué Pasa y Ercilla, creímos que al Clinic debíamos disculparle sus reportajes de mentira, entrevistados truchos y columnistas fomes. Claro, se dejaba pasar porque junto a ellos se deslizaba cierta simpática subversión que alegraba la lectura. Y por último porque era un medio independiente que se las arreglaba para sobrevivir sin apoyo del cartel publicitario. Hace algunos años muchos nos molestamos cuando el decano -a través de la impresentable Zona de Contacto- le organizó una encerrona de cuarta categoría. Ahí nos volvimos devotos del Clinic, pese a que sabíamos que al menos un par de sus periodistas inventaban artículos enteros (particularmente cuando eran enviados a provincia).

Pero sin darnos cuenta hace ya un buen tiempo el quincenario se volvió un vertedero auspiciado por los cincuenta mil giles que lo compramos. Se puso latoso y rasca. ¿Por qué tenemos que aceptar que -por ejemplo- el Clinic intente consolidar a las bataclanas como líderes de opinión? Para la elección del Papa escribió Tatiana Merino; ahora, a propósito de la candidatura de Piñera, una toplera peruana afirma que no votaría por él. Ajá, bostezo. Las Cartas al Director son un compendio de erratas y reclamos: a sus ágiles reporteros les pasan goles de media cancha en todos los números. Pamela Jiles se da el lujo en su columna de ‘criticar’ su propio programa de TV. No pues, ya basta: para eso mejor leo LUN, que es gratis.

admin / Blog / 21 Junio, 3:46pm / 28 Comentarios

Dentrar a Picar

"Yo no puedo hacer este trabajo" nos dijo Aliro luego de echarle una mirada a la tubería bajo el lavaplatos. "Aquí tiene que venir un profesional", agregó. Estaba en lo cierto: a las dos horas llegó a casa un gásfiter argentino, quien descargó un motor eléctrico y más de cinco metros de una especie de resorte gigante de lata, el que luego introdujo por el desagüe principal. Conectó este artilugio al motor y así, moviéndose acompasadamente, el 'resorte' serpenteó hasta el alcantarillado, al menos veinte metros por debajo de nosotros. Entonces lo hizo vibrar: en media hora la cañería estaba libre de la mugre acumulada durante años y nuestro drama doméstico llegaba a su fin. Habíamos pasado una semana infernal con la negra grasa borboteando desde las paredes, sin exagerar. Aliro, testigo de la eficiente operación de plomería, sólo miraba satisfecho.

 

Por eso yo estimaba a Aliro. Porque trabajaba sin parar durante todo el día pese a su edad y múltiples achaques; siempre hizo su trabajo de manera impecable y cuando había algo que no era capaz de hacer lo decía sin más. Si tenías que cambiar un wáter, instalar la cocina o pintar toda la casa, él era el hombre. Si había que manejar una retroexcavadora (por decir una pelotudez) simplemente se negaba. Sabía cuál era su trabajo y lo hacía bien. El bueno de Aliro, quien además era notablemente chistoso, murió el año pasado. Se le extraña, y mucho.

 

Hago esta reflexión porque en este preciso instante tengo metido en mi casa a Don Cañería, quien trabaja con su soplete en el baño chico, donde está la lavadora. Una llave de paso a la altura del piso goteaba sin cesar generando una pequeña poza que sin duda era desagradable y poco higiénica. Así que sin muchas más alternativas recurrimos a sus buenos oficios de gásfiter. Pues bien, Don Cañería ya lleva dos días acá y lo único que ha causado son desastres. Ayer pronunció la temida sentencia "tenemos que dentrar a picar", y hoy en efecto dentró a picar. Y vaya que picó. Hace media hora simplemente destruyó el muro sobre el grifo tanteando si ahí estaba el problema: ahí estaba.

 

- ¡La cañería era súper vieja! - exclamó mientras el chorro incontenible de agua inundaba hasta el living de la casa.

- ¿Y no hubiera sido mejor cortar el agua antes de ponerse a picar el tubo con un cincel, maestro? - le consulté con cierto sarcasmo.

- No, si ve que yo estaba probando, ¿pero cómo iba a saber que la cañería estaba tan rota?" - me aclaró el plomero amateur mientras chapoteábamos en cuatro patas intentando enjuagar el hall de la entrada con dos toallas.

 

Así que ahora mi casa transpira humedad, tengo el agua cortada y cada vez que Don Cañería hace la prueba vuelve a volar en mil pedazos su pésima soldadura. Y me temo que todo esto es sólo el comienzo.

 


Actualización obvia: por cierto Don Cañería jamás volvió a aparecer, pese a que dejó su caja de herramientas, implementos de aseo y muda de ropa en mi casa. A las 5 y media de ayer, desesperados, llamamos a un servicio de urgencia. En dos horas habían picado la muralla, instalado cañería y llave nuevas, y dejado todo impecable. Costo total: $54 mil. Chuata. Como quien dice, lo barato cuesta caro, y lo caro pucha que cuesta muy caro.

Me da lo mismo en todo caso. Por fin me pude bañar y tirar la cadena. Antes, para hacerme un té, usé agua que había juntado en la tina. Y lavé unas uvas con el agua del guatero (al menos estaba hervida, jo). Un poquito indigno, digámoslo.

Cuando Don Cañería aparezca pienso arrojarle el cincel por la cabeza, como acto poético.

admin / Junio 2005 / 1 Junio, 8:46pm / 19 Comentarios

Patrimonio Cultural

Tras un muy agradable recorrido con Manguac por el Palacio Cousiño y el Museo del Instituto Geográfico Militar -y luego de una escala en la feria dominical-  llegamos a mi casa. Justo frente a la puerta, mi vecino del tercer piso había pegoteado en el poste de luz un cartel de cartón con la siguiente leyenda:

 

 

Por alguna razón que desconozco la Municipalidad de Santiago retiró el sábado todos los basureros de mi cuadra. Y -tal vez por la fuerza de la costumbre- nuestros vecinos siguieron botando sus mugres frente a nuestra casa, pese a no haber receptáculo alguno. Asqueado al ver las bolsas desparramadas en la puerta, Hernán decidió expresar su deseo ciudadano de no vivir rodeado de inmundicia. Sin embargo su petición no fue oída: esta mañana, al salir al trabajo, me encontré con un chiquero de pañales sucios, tomates reventados y repuestos grasientos que llegaba casi hasta la entrada. Un espectáculo asqueroso que da pena y rabia.

 

¿Por qué cresta una sociedad que se agolpa educadamente un domingo a las once de la mañana para recorrer museos y palacios es incapaz de comprender el derecho de sus vecinos a no patinar en la mugre ajena?  Acabo de leer Mitópolis, de Edwards Bello, en donde ya en 1922 denunciaba lo que denomina el ‘invunchismo’ chileno. O sea, el goce de lo feo y el placer de hacer daño gratuitamente: “la deformación hacia lo monstruoso o repulsivo... el chileno es un ser que se pone en ridículo y pone en ridículo a sus compatriotas” (en sus propias palabras). Ejemplos al canto: los giles que se dedican a apedrear al prójimo en las carreteras, los grafiteros que han rayado cada rincón de muralla en Chile, el mandril futbolero que vive del macheteo, los zopencos que abandonan perros en la calle, el ciudadano histérico que te agrede sin provocación…

 

En alguna otra parte comenté cómo una mañana no podía abrir la puerta de la casa porque alguien había defecado durante la noche en el escalón (la mierda se había endurecido). Día por medio alguien mea el portón donde guardo el auto. La muralla de mi casa parece mapa luego de ser rayada por cien ociosos distintos que marcaron así su territorio. Es cierto, me estoy quejando y no propongo soluciones. Pero en realidad no sé qué diablos podría hacer para cambiar una forma de vivir que abomino.

admin / Mayo 2005 / 30 Mayo, 5:13pm / 18 Comentarios

Testigo

Testigo recibido de: Marce.

* Tamaño total de los archivos de música en mi PC: 24,5 GB (categoría pirata: filibustero)

* Último disco que me compré: Voices & Images, Camouflage (adquirido el 2001 en FunTracks)

* Canción que estoy escuchando ahora: Everything Counts (Live BBC 1984), Depeche Mode.

* 5 canciones que escucho un montón o que tienen algún significado para mi:

1. Fiction Factory - Feels Like Heaven (acá se puede escuchar)
2. The Jesus and Mary Chain - Some Candy Talking
3. Alphaville - Summer in Berlin
4. Joy Division - Isolation
5. Sex Pistols - Seventeen


* 5 personas a las que les paso el testigo: luego de meditarlo una noche con la almohada, prefiero detener esto acá. Aunque sí me gustaría conocer las respuestas de Andrea R, cuyos blogs por cierto recomiendo vivamente.


* Otros blogs donde pasó el meme: ¿qué chucha es un Meme?

admin / Mayo 2005 / 27 Mayo, 10:26pm / 13 Comentarios

Citas a Ciegas

Debo decir que el choque de trenes Selene-Pérez-Distémper fue muy agradable y que ambos son en persona aún más adorables que en sus blogs. Los detalles quedan entre nosotros y para la próxima el que quiera se pliega.

Lo más absurdo de la velada sin duda fue que estuve por quince minutos sentado al lado de Selene sin estar seguro si era ella o no, hasta que le pregunté. Durante ese cuarto de hora me sentí como algunos años atrás, con ese ridículo malestar estomacal previo a juntarte con alguien que no conoces.

Sí, lo admito, en un momento lamentable de mi vida ingresé mis datos a un patético sitio parejero llamado Midwar.com. Estaba más solo que un dedo y "necesitaba amor". Así que puse mi mejor foto y me largué a escribirle a candidatas que cumplían ciertos requisitos de edad. Luego de algunos intercambios epistolares vía e-mail terminé conociendo en persona a tres:

Caso 1: La llamaremos Bebé porque ella misma se denominaba así. Tenía 24 años, la habían plantado un año antes en el altar -literalmente- y su gran pena en la vida era haber sido desvirgada por el sillín de una bicicleta (me lo contó entre llantos: su sueño era llegar invicta al casorio). Bebé obtuvo mi número de teléfono y una tarde me llamó. Habló por dos horas. Al día siguiente llamó de nuevo. Monologó por otras dos horas más. Al cabo de una semana yo ya sabía que a las 10 de la noche en punto tenía mi sesión de cháchara sin sentido en la que terminaría con ambas orejas coloradas. Bebé lloraba por cualquier cosa, me trataba de 'príncipe', se ofendía si no le prestaba total y absoluta atención, luego me colgaba molesta y volvía a llamar para disculparse. Era como pololear pero sin ninguno de los beneficios del pololeo.

Un sábado me citó a una esquina ignota de Ñuñoa y -debo decirlo- su foto de la página había sido trucada hábilmente. Fuimos a tomar té a un local cercano y en persona no era capaz de hilar dos frases seguidas. La cita fue un desastre. Volvimos a vernos una vez más, ocasión en la que tomó medio vaso de cerveza: quedó como zanja, quebró una botella y le dio hipo. La llevé a su casa en mi auto Juanito mientras se acurrucaba en mi hombro. Yo estaba solo en la vida, ya lo dije, pero por suerte resistí a una tentación que me hubiera conducido al infierno. Durante nuestros dos meses de 'relación' ella sufrió una extraña alergia, robaron su auto, le pegaron a un hermano, perdió un trabajo y su papá se rompió una pierna. La mala suerte la perseguía y yo estaba inopinadamente con ella dentro de esa montaña rusa de emociones. Un día no resistí más y durante su monserga telefónica le dije que ella estaba "medio maldita". Sollozando me mandó al demonio. Sólo llamó un año después para contarme que se iba a casar con el abogado que la atendió luego de que le robaron el auto. Me estaba sacando pica, claro está. Quedó de enviarme el parte de matrimonio.

Caso 2: La denominaremos La Negra (acabo de darme cuenta que olvidé su nombre). Nos juntamos frente a la Casa Central de la UC una fría tarde de feriado. Tomamos dos cervezas en El Mastique y me invitó a caminar por un parque cercano. Debajo de un árbol me tomó por asalto y comenzó a besuquearme: parece que le gusté mucho. El problema es que a mí no, pues físicamente La Negra era todo lo opuesto a lo me gusta en una mujer. La fui a dejar a su casa con la promesa de vernos dos días después en la Plaza de la Constitución, bajo la estatua de Allende (?). Yo iba con la firme decisión de darle un corte rápido, pero usando malas artes femeninas La Negra me obligó a ir a La Chimenea en donde debí pagarle dos vodkas y la tabla de quesos más cara del lugar. Luego en el auto nuevamente me intentó hacer una llave, por lo que tuve que decirle que la cortara con esta frase maestra: "yo quiero ser tu amigo, pero no con besos". No la vi nunca más.

Caso 3: No la llamaremos de ninguna forma porque ella es el amor de mi vida.

Moraleja: la tercera es la vencida.

admin / Mayo 2005 / 26 Mayo, 2:06pm / 28 Comentarios

En defensa de Roberto

Hace cincuenta años, el 16 de abril de 1955, una mediocre escritora entra al elegante Hotel Crillón en Ahumada con Agustinas vestida con un largo abrigo negro. En la cartera esconde su revólver Baby, un arma compacta, casi de juguete. Su nombre es Georgina pero se hace llamar María Carolina, tiene 43 años y -pese a su personalidad cautivadora- muchos coinciden en que nunca ha estado muy bien de la cabeza. Su cita es con Roberto, un viudo quince años menor con quien en el último tiempo ha sostenido un intenso amorío. Sin embargo ella misma ha roto la relación: no cree en el matrimonio y lo incitó hace poco a buscarse a otra. Así, Roberto ha decidido casarse con una antigua empleada, pues quiere formar una familia para recuperar a su hijo que vive con los abuelos maternos. La madre murió hace algunos años poco después del parto: pese a saber que un problema cardíaco podía matarla se arriesgó a quedar embarazada... su corazón no pudo resistir.

En el exclusivo bar del Crillón María Carolina y Roberto no alcanzan a hablar mucho. Él le comunica entre susurros una decisión que ella ya conoce: por eso lleva el revólver. Despechada e histérica, antes de que llegue la cuenta saca el arma de su cartera y le dispara cinco veces por debajo de la mesa. Luego se levanta y chilla algo relacionado con que 'se ha hecho justicia': acto seguido abraza y besa a su víctima. Roberto agoniza en el piso del Crillón mientras la novelista es detenida en medio del escándalo nacional. Va a parar a la Cárcel de Mujeres, en donde escribe el libro homónimo prologado ni más ni menos que por el semidiós crítico Alone. En 1956, ante la presión de un grupo de artistas encabezado por Gabriela Mistral y el propio Alone, el presidente Ibáñez indulta a María Carolina, quien para muchos se ha convertido en un símbolo de la 'mujer apasionada' que haría cualquier cosa por amor. No ha alcanzado a estar un año y medio en prisión. La escritora publica un par de novelas más, ejerce la crítica literaria en El Mercurio y muere de vieja en 1996, a los 85 años.

Roberto era mi tío, hermano de mi abuelo. Tenía poco más de treinta años al morir. Su hijo quedó huérfano de padre y madre a los cinco años. Nunca lo he conocido, sé que tiene la edad de mi papá.

El sábado estuve con mis abuelos y por fin pude hablar sobre el tema con ellos. Ha pasado medio siglo pero su dolor sigue intacto. No sólo por el hecho de haber perdido a un hermano de esa forma horrible, sino por lo absurdo que esa señora haya sido endiosada por la elite cultural del país sin más mérito que el haber asesinado a una persona. Si buscas en Internet, verás que María Carolina Geel sigue siendo levantada como estandarte de cierto feminismo e idolatrada por parte de la comunidad gay (ya que en su libro penitenciario describió sin rubores las andanzas de una colega lesbiana).

A mi abuelo -que es un tipo de 78 años que todavía trabaja y a quien nunca nadie le ha regalado nada- todo esto le sigue doliendo el alma. Me contó que en su época medio mundo solidarizó con 'la artista pasional' y pocos se acordaron de una familia que quedó hecha pedazos y además sometida al humillante acoso de la prensa. Mi bisabuela -a quien conocí- nunca pudo superar el trauma por la muerte de su hijo y jamás entendió que mi hermana se llamara Carolina.

Hace no mucho desarrollé cierta obsesión por la asesina y compré dos de sus libros. En 'Cárcel de Mujeres' relata el crimen: me dejó helado porque descubrí en su descripción de mi tío-abuelo ciertas actitudes que hay en mí. Sí, muchos de quienes llevan mi apellido son insoportables e indolentes (y me incluyo), pero nadie merece morir en manos de una desquiciada que te dispara a mansalva con una pistola de juguete en una especie de macabro acto poético.

Y si nadie va a defender a Roberto lo haré yo, pues.

admin / Mayo 2005 / 24 Mayo, 5:14pm / 16 Comentarios

Jugar a la Guerra

Escribo esto con muchísima pena y rabia, y disculpen si ofendo a alguien o soy injusto, pero no puedo creer que puedan haber muerto más de cuarenta jóvenes porque a un milico irresponsable se les ocurrió llevarlos a pasear a la nieve justo antes de la tormenta. Murieron congelados y sin saber qué hacer, porque apenas llevaban dos semanas de instrucción en su servicio militar obligatorio, no tenían entrenamiento para la nieve y muchos iban abrigados sólo con suéters. Todas las víctimas son reclutas, es decir, cabros recién salidos del colegio probablemente enrolados a la fuerza: todos los oficiales se salvaron. Acá no sirve dar de baja a los responsables, hay que juzgarlos civilmente y hacerlos pagar por su ineptitud.

Después de las brutalidades que nuestras Fuerzas Armadas cometieron durante décadas me gustaría que alguna autoridad valiente -que no existe, es verdad- planteara de una buena vez una cirugía profunda a la horripilante 'familia militar' chilena. Desde el momento en que los uniformados se levantaron en armas contra sus propios compatriotas y se abanderizaron con un color político perdieron para mí toda legitimidad. Basta ya de la cantinela del 'Jamás Vencido' de la Guerra del Pacífico, peleada casi sólo por civiles: la única guerra que los militares chilenos sostuvieron en los últimos 125 años fue contra gente desarmada a la que balearon por la espalda. Hasta hoy cuando pasa un camión con milicos por la calle me dan escalofríos y eso no es normal.

Mientras el resto de los adultos del país trabajamos, nuestros impuestos financian a un lote de vagos clasistas cuyo único papel en la vida del país es jugar. Juego a que hago una guerra en el desierto. Juego a que soy piloto de combates ficticios. Juego a que puedo construir un cohete Rayo (no puedo) y me gasto la plata de diez mil casas en un jet. Juego a que voy de acá para allá en mi jeep con los pelados trotando detrás: si alguno me reclama lo muelo a patadas. Juego a que soy Napoleón dirigiendo una batalla en la nieve con los conscriptos de extras.

Y a los 45 años se jubilan cansados de tanto jugar y todos nosotros tenemos que financiarles las pensiones.

admin / Mayo 2005 / 20 Mayo, 7:06pm / 23 Comentarios

Ventajas y Rebajas

A fines de marzo, cuando este blog navegaba en el marasmo, pretendí relatar mi genial descubrimiento de una liquidación de zapatos en Portugal con Diez de Julio, a tres cuadras de mi casa (lindo barrio ¿eh?, harta chiquilla por acá). Pero descarté rápidamente el tema por fome.

En fin, el punto es que había pasado todo el verano luciendo unas obsoletas y sucias zapatillas CAT que fueron la única opción luego de que mis queridos zapatos de astronauta fallecieran tras múltiples reparaciones. Pero -debo confesarlo- las zapatillas aquellas me daban vergüenza. No es que preste demasiada atención a los dictados de la moda, pero ciertamente era un poco indigno ir a trabajar o presentarme en sociedad con esas mugres de lona desteñida y rotosa. Sin embargo mi insana aversión al gremio del comercio conspiró para que pasaran los meses y siguiera usándolas (luego las lavé y quedaron duras como cartón piedra: falta de enjuague, creo). Mi ley es que el zapato se usa hasta que se rompe y no puedo entender cómo las mujeres pueden manejarse con cinco o seis pares a la vez.

Y así llegamos a marzo: una tarde pasé frente a la citada liquidadora y me sorprendí por lo conveniente de los precios. Sin pensarlo mucho revisé la oferta y elegí unos zapatones que equivocadamente catalogué como bototos de caña baja. Llegué luego ufano a casa anunciando que por apenas once mil pesos tenía estupendo calzado nuevo. "Parecen zapatos de colegio", me advirtieron... Sí, en mi infinita imbecilidad había comprado un saldo de zapatón escolar tipo 'He-Man' de Bata y ni siquiera me había dado cuenta pese a lo obvio (fines de marzo, saldos... mmh). Habitualmente cuando vas a un lugar la gente no repara demasiado en tus pies: en mi caso todo el mundo me decía que parecía colegial y alegres me preguntaban si acaso no le había quitado los bototines a mi hermano chico.

El absurdo tema quedaría ahí si no fuera porque pronto el uso de aquellos calamorros se transformó en una tortura. Me desagrada mucho mencionarlo, pero debo reconocer que tras algunas semanas el plástico del que probablemente estaban hechos me comenzó a hacer transpirar como animal. En medio de mi jornada laboral -y con el frío polar que hace- debía ir al baño, sacarme los zapatos y ventilar los calcetines húmedos agitándolos indignamente por el aire. Apenas llegaba al hogar me ponía mis pantuflas con forma de perro y ese sin duda era el momento más agradable del día. El talco nunca funcionó (suspiro).

Tozudo, estaba resignado a seguir este via crucis hasta cuando fuera necesario, pero afortunadamente algún espíritu se apiadó de mí y el lunes pasado al mugriento zapato derecho se le despegó la suela casi por completo luego de intentar zafar un pestillo. "Se te rompió el bototo", me informó Caramelo La Diseñadora mientras el taco bailaba en el aire a punto de caer. Luego de dos días de miseria -chapoteando en las pozas y tratando de esconder el enorme forado- decidí dejar de hacer el ridículo y partí resignado al mall Florida Center (que por suerte no es un negocio boyante porque a las cuatro de la tarde estaba totalmente vacío; sería la lluvia) "¿Son buenos estos zapatos?", le consulté ingenuamente al señor vendedor. "Sí, los vendimos durante todo el año pasado y no hubo ninguna devolución, además tienen garantía por tres meses", me comunicó. ¿Alguien devuelve acaso sus zapatos luego de tres meses de uso?

Y hoy luzco unos lindos zapatos bailarines de cuero de veinte lucas que espero aguanten el invierno. Bah, ¿¡cómo voy a gastar 50 mil pesos en un par de zapatos!?

admin / Blog / 19 Mayo, 10:25am / 28 Comentarios

Curtis Day

No recuerdo exactamente cómo comenzó a gustarme Joy Division. Sí sé que en 1992 grabé tres canciones del programa 'Al Margen' de la radio de la USACH y no me pude quedar tranquilo hasta que un tiempo después tenía toda su discografía (que es muy breve a decir verdad). Al menos durante un par de años con mi amigo JP celebramos el Curtis Day la noche del 18 de mayo, escuchando en mi pieza cada álbum cronológicamente. En esa época JP bebía, así que la jornada era más amena de lo que parece. Aclaro: nunca el culto a Joy Division ha sido una especie de 'inmersión al mundo dark', o al menos jamás lo hemos entendido así. Es un asunto de cariño hacia un grupo que nos marcó tanto, creo.

También sé que el 2000 se me pusieron los pelos de punta en el impresionante Cementerio Staglieno de Génova, por supuesto sin cámara fotográfica: ahí está la hermosa estatua que aparece en la carátula de Closer, el disco póstumo de la banda. Y sé además que el año pasado sufrí en el Teatro California Stroszcek de Herzog, la película que vio Ian Curtis antes de anudarse con fuerza esa maldita corbata que se lo llevó de este mundo. Siempre digo que uno de los grandes sueños de mi vida es ir algún día a Manchester y dejar un ramo de flores en la tumba del amigo Ian, quien -fuera de la leyenda-decidió colgarse a los 23 años abrumado por una insoportable epilepsia y el abandono de su esposa. Nada de poses de pop-star: una simple tragedia humana acabó con la vida del cantante de voz gutural y movimientos espasmódicos.

Mañana se cumplen 25 años de su muerte y lo menos que puedo hacer es escribir este par de líneas para agradecerle el haberme acompañado durante todos estos años y el poder ser parte de un culto tranquilo y respetuoso.

 

* A quien le interese, le recomiendo vivamente la estupenda película Manchester: La Fiesta Interminable (24 Hour Party People), actualmente en cartelera, que entre otras cosas relata la historia de Ian Curtis y Joy Division.

admin / Mayo 2005 / 17 Mayo, 12:02pm / 23 Comentarios

Mentalidad televisiva

Ahora que mi canal preferido ABT mutó a TVO estoy medio confuso respecto a su programación. Además, hay que decirlo, la señal se ve como las pelotas. Sí, podría tener cable, pero sólo TV Max: por 18 lucas mensuales me ofrecen apenas doce canales. Poco. Y no voy a pagar fortunas por una antena parabólica, para eso tengo libros con los cuales divertirme de noche si no dan una película decente en la TV abierta. En cuanto al tema televisivo no quería referirme a La Granja VIP ni a Los Treinta... y no lo voy a hacer. Je.

El punto es que estos días no tuve necesidad de señales de televisión porque disfruté como niño el pack de DVDs de la cuarta temporada de Seinfeld que tuve en mis manos antes que nadie. Dudo que otra serie en mi vida logre hacerme reír a carcajadas como ésta. Sólo el hecho de haber inventando a George Costanza -el personaje más salvajemente humano que se ha visto en TV: egoísta, envidioso, imbécil...- hace que Seinfeld ingrese a mi panteón.

Curiosamente a esta maravilla no la descubrí en el cable, sino cuando la daban en TVN los sábados como a la una de la mañana. El primer capítulo me cargó, pero ya al segundo le comencé a descubrir la gracia. Luego vi la serie completa cuando la daba Sony casi de madrugada: todos los días me despertaba a las seis y cuarto, me duchaba, tomaba desayuno riéndome y a las siete partía al trabajo. Y me iba contento. ¿El mejor capítulo? Cuando George asesina involuntariamente a su novia haciéndola lamer sobres de carta baratos. Uf, qué increíble.

Rara vez he tenido obsesiones televisivas como Seinfeld. La infantil sin duda fue Robotech, especialmente la primera generación con Lisa Hayes (amor de infancia), y luego ese personaje increíble de Zor Prime en la segunda. Un lustro después aluciné con Twin Peaks, que daban los lunes a las diez en canal 13 y luego -ante la escuálida audiencia- fue lentamente  cambiando de horario hasta terminar en 'Cine de Trasnoche' (auspiciado por Calzados Guante y Agua Brava, clásicos). Sin posibilidad de grabarla en video logré ver la serie entera aguantando el sueño. Bueno, casi, porque justo en el último capítulo me quedé dormido y no pude saber cómo diablos acababa la historia hasta seis años después. Mmmh. Y la otra obsesión sin duda fue Parker Lewis Can't Lose, una serie adolescente graciosísima y llena de personajes secundarios notables. ¿Alguien se acuerda de ella (la dieron el el trece el '93)? Yo tengo cinco VHS con las dos temporadas completitas.

Ahora casi no veo tele, salvo Los Simpsons.

admin / Mayo 2005 / 15 Mayo, 10:01pm / 53 Comentarios

El Círculo Polar

La empresa en la que trabajo está en crisis. En verdad cuando entré hace dos años ya estaba en crisis. De hecho me tomaron por media jornada porque el pobre Abelardo ya se había vuelto mono haciendo la pega de tres personas. Ahora hace la pega de dos.

Para las Fiestas Patrias del 2003 se nos ofreció un asado de camaradería: el costo fue descontado por planilla a fin de mes (nunca he recibido un aguinaldo acá). Ese diciembre la 'Cajita de Navidad' consistió en pan de pascua duro, crema espesa y un pisco de 35°. El 2004 no hubo asado ni caja alguna. Y como saludo anticipado de Año Nuevo el 31 de diciembre pasado veintidós personas fueron despedidas. Ese día el gerente -que es un gran tipo, aunque no lo parezca por este relato- nos advirtió con bastante pena que de ahí en adelante no habría más despidos masivos: la próxima vez que alguien se fuera sería porque todo se había acabado.


Hoy supe que este año no habrá calefacción en el trabajo. Y para ser francos tengo frío. Hace dos inviernos había una estufa que rotaba por una hora cada vez en todas las áreas. Luego nos cambiamos a este lugar con calefacción central; el año pasado fue muy agradable porque justo el radiador de nuestra oficina está a mis pies y yo los apoyaba ahí cuando llegaba con los calcetines húmedos. Según Caramelo, la diseñadora, este año se optó por ahorrar las cuarenta lucas que costaba el sistema... Obligado a trabajar con chaquetón y gorro de lana. Y aún así tengo frío.

 

Actualización posterior: no todo es malo. Acaba de caer platita en mi cuenta de la olvidada devolución de impuestos. El sistema funciona. Ñaca-ñaca.

Segunda actualización: además me traje para la casa el pack de DVDs con la cuarta temporada de Seinfeld. En estos momentos me pongo el parche en el ojo. Ñaca-ñaca-ñaca.

admin / Mayo 2005 / 13 Mayo, 4:50pm / 30 Comentarios

El Cilindro de Butano y Propano

- Nooo, yo sé que esto te va a sonar algo agresivo, pero si tú pretendes hacer bien este trabajo debes sumergirte en el mundo del gas licuado, como yo, que llevo siete años en esta empresa y todavía aprendo cosas todos los días - me reprendió el Señor Pajarete.

- La pura verdad - mascullé como un tarado en vez de pescar mi oxidado lápiz y salir huyendo de ahí.

Así que el Señor Pajarete -un tipo que puede tener mi edad- me dejó castigado en una oficina junto a una serie de estudios de mercado y otros textos afines. "Vuelvo después de una reunión" dijo antes de cerrar la puerta, la que no volvería a abrir hasta pasada una hora y media. Ni un vasito de agua me dejó el muy cruel.

Antes, el joven Ingeniero de Marketing (¿existe esa carrera?) me había sometido a un absurdo cuestionario sobre la importancia del  gas licuado en la vida del país. Como pensé que me estaba tomando el pelo le respondí según mi manual de perogrulladas, algo que evidentemente le molestó. Aclaro: yo estaba seguro que el objetivo de la reunión -más que evaluar mis elementales conocimientos sobre el propano y el butano- era definir la lista de entrevistados del folletín que supuestamente escribiré para ser repartido a 1.600 distribuidores de gas. "El setenta por ciento son pelagatos, no saben ni leer, por eso tú debes orientarte al resto, los tipos con un poco más de pelo, ellos nos interesan", me aclararía luego Pajarete.

Así que encerrado y solo me largué a leer. Averigüé que -según el estudio de mercado- en general el color del balón de gas no influye mucho a la hora de la compra. Tampoco es demasiado relevante en esa decisión cuán azul es la llamita a la hora de prender la estufa o cocina. El astuto especialista en tendencias descubrió que en general lo decisivo cuando uno compra gas es el precio del gas. Ajá. Para elaborar el estudio se entrevistó a 800 personas de todos nuestros estratos, las cuales fueron sometidas a un cuestionario desquiciado: 17 páginas con 19 preguntas personales y 72 consultas sobre el gas, la mayoría con opciones mútiples. Una especie de PSU (¿PCU?) del gas.

Luego de llenar dos páginas de apuntes tenía la mano medio lacia y tiritona (a estas alturas definitivamente no podría volver al colegio; y yo que era tan bueno para escribir cartas: malditos teclados). Y en medio de un espasmo pretendí reflexionar amargamente sobre las cosas que uno debe hacer para ganarse la vida. Pero por suerte algo me sacó de ese acto de suprema idiotez: un despistado creyó pertinente incluir al final del Manual de Procedimientos de la empresa una especie de decálogo de la funcionaria modelo, en este caso la telefonista que tramita los pedidos de gas y recibe reclamos. Lo encontré tan didáctico que decidí transcribir lo más interesante en mi rancia agenda del 2002, pese al citado cansancio de mi extremidad. Acá va:

Cuando volvió Pajarete a darme una charla sobre el complejo sistema de traslado del gas licuado desde los pozos petroleros hasta el cliente final lo escuché con la mayor atención que le he prestado a nadie en mi vida. Copié con detalles el esquema que dibujó en la pizarra y me faltó sólo parar el dedito para contarle que había aprendido muchas cosas en esa hora y media que me dejó recluido. Le mostré mis apuntes y le comenté qué interesante era que el gas de los cilindros fuera aromatizado con azufre para advertir al ciudadano sobre posibles fugas. Me despedí con un fuerte apretón de manos y cuando ya había anochecido me vine silbando a casa, compré unos ricos pasteles y me sentí feliz de ni siquiera haber hecho el intento de quejarme por mi 'triste esclavitud'.

admin / Mayo 2005 / 11 Mayo, 10:45am / 19 Comentarios

Doña Griselda sobre el tejado caliente

Salí a la terraza con una taza de té en la mano derecha y un cigarrillo en la izquierda. No soporto fumar si no es tragando un líquido o mascando una pastilla de menta o limón. Y en eso estaba, sereno mirando el horizonte, reflexionando sobre el sistema de descenso de nuestra segunda división... cuando un ángel cayó del cielo.

Bueno, al menos eso creí yo, boquiabierto. Pero me equivoqué. Nada de ángeles: era la ya afamada Doña Griselda paseando por el techo. La venerable anciana intentaba arreglar una plancha de zinc que se había corrido de la casa de su nieta, originando tal vez una irritante gotera. Así que cobardemente me agazapé en un rincón e inmortalicé para la posteridad este momento mágico. Esta vez, al menos, no estaba armada.

admin / Mayo 2005 / 9 Mayo, 10:08pm / 21 Comentarios

El tiempo no pasa en vano

Antenoche le contaba a mi hermano que mi principal temor frente a esta reunión quinquenal de ex compañeros de colegio no era sufrir una peladilla y ser abandonado desnudo en medio de un cerro. Nunca fui sometido a humillaciones así y por cierto a estas alturas de mi vida no estaría dispuesto a tolerarlas voluntariamente. No, mi miedo era a estar por horas y horas en un lugar en donde nadie me prestara la más mínima atención. A tener que asentir sonriente desde un rincón a chácharas sin sentido. A soportar la ostentación de nuestra clase media emergente y aspiracional. A emborracharme a mediodía de puro aburrimiento.

Hubo un poco de eso y en efecto uno de los concurrentes intentó amenizar la jornada burlándose de mí. Pero le paré los carros de inmediato. Me sentí tan cómodo: jugué a la pelota sin que nadie me invitara, atajé bastante y fui felicitado. Ja. Creo que conversé casi con todos los que fueron. Cuando ciertas charlas sobre el costo-beneficio de lo que haces en la vida me fastidiaron me fui a otra parte. Y descubrí a mucha gente que ahora podría ser perfectamente amiga mía, aunque no lo vaya a ser. A tipos casados y con hijos, a solteros empedernidos, a gente con la que nunca hablé antes. Por fin me sentí a la par. Claro, algunos siguen siendo igual que siempre: pinochetistas, homofóbicos recalcitrantes, arribistas metalizados... tarados en suma. Pero ahora eran minoría, evidentemente. Ha cambiado el puto tiempo y ha cambiado para bien.

Y también me reí largo rato con Pancho Aguayo, quien inesperadamente resultó ser un tipo más parecido que la cresta a mí. En suma, lo pasé bien contra todo pronóstico. Valió la pena y estoy contento.

Además, debo decirlo, no estoy ni guatón ni pelado ni arrugado. Y ni siquiera me embriagué.

admin / Mayo 2005 / 8 Mayo, 11:42am / 34 Comentarios

Exijo ser un héroe

Distempercito ha salvado una vida. Relato minuto a minuto del hecho:

08:30 AM Mi jefe, vecino de PC y por qué no decirlo amigo (a quien denominaremos 'Abelardo' en un simpático guiño a DLP) intenta lavarse una pezuña en la ducha. Para acomodarse agarra el fierro que sostiene la cortina de baño; por desgracia, la débil estructura no soporta el peso del robusto joven y sale de su lugar. Abelardo, desequilibrado, resbala golpeándose el cuello contra el borde de la tina: nuestro muchacho pierde el conocimiento mientras el agua tibia corre hacia el desagüe aseando finalmente el pie que inopinadamente causó la tragedia. Abelardo vive solo y nadie repara en su desgracia.

09:10 AM Distémper, sentado puntualmente en su puesto de trabajo, se sorprende por el retraso de Abelardo, aunque lo atribuye a alguno de sus frecuentes problemas con la puerta de casa o al olvido de la colación. Para ser sinceros, el apuesto mozalbete no le da importancia alguna a la tardanza.

09:50 AM Una vez arribadas las diseñadoras que completan el equipo de trabajo, Distémper les inquiere sobre Abelardo. Sin embargo las lolas aseguran que el día anterior no ha advertido sobre un posible atraso. Distémper hipotetiza sobre la eventual concurrencia de Abelardo a alguna reunión fijada a última hora y olvida el tema.

11:32 AM Caramelo, una de las diseñadoras, confirma con el timonel de la empresa que Abelardo tampoco le ha avisado sobre el -a estas alturas- escandaloso atraso. Cunde la preocupación en la planta de funcionarios.

11:47 AM Luego de bucear por 15 minutos en un cuaderno lleno de datos inútiles, Distémper encuentra el teléfono que Abelardo previsoramente le ha dictado un par de semanas atrás. Lo llama a casa pero nadie contesta. Especulaciones indican que Abelardo ha renunciado sin anunciarlo a nadie y se ha marchado a recorrer el mundo.

12:18 PM A lo lejos por Av. Santa María se ve aparecer a un aturdido Abelardo. Entra a la oficina anunciando que se ha caído en la ducha. Tres horas estuvo desmayado en la tina hasta que la llamada de Distémper lo despertó. Durante ese lapso el agua corrió dejándole los dedos de los pies como 'viejitos'. La llama del fiel cálifont jamás se apagó.

12:19 PM Abelardo no logra hilar bien las frases y olvida frecuentemente el nombre del lugar donde sufrió el accidente doméstico: la tina. Dice cosas como "es que me caí en la... en la.... ¿bah, cómo se llama?". Sus movimientos son torpes y cierta dislalia impide el buen entendimiento de su relato.

12:21 PM Abelardo es llevado raudo hacia una clínica, en donde una tomografía revelará un leve esguince cervical pero ningún compromiso craneano. Finalmente es despachado a su hogar con un implemento ortopédico en el cuello.

Es decir, si Distempercito no telefonea a casa de Abelardo, el muchacho jamás despierta y fallece tal vez ahogado en su propia mugre. O de hambre. O de frío...

Este episodio de monumental nobleza me hace recordar al bueno de Holden Caulfield y su íntimo deseo de proteger a los niños que desbocados corren al lado del barranco. O el capítulo de Homero y su guardería. Soy un hombre nuevo.

Héroes desinteresados: eso es lo que el mundo necesita.

admin / Mayo 2005 / 6 Mayo, 2:03pm / 24 Comentarios

El Llanto del Hombre Libre

Por quince minutos mi vida se transformó en un infierno. Primero se rompió una persiana, inmediatamente explotó la ampolleta del hall, luego quebré un vaso en la oscuridad y acto seguido se me cayó un limón adentro de la taza de té derramando todo su contenido por la cocina y quemándome un dedo. Así que en un nanosegundo decidí descargar mi furia pateando algo. Miré velozmente alrededor y -descartando de inmediato superficies más duras como el refrigerador o el lavaplatos- elegí darle el puntapié al canasto de las verduras. Por supuesto mi dedo gordo le apuntó medio a medio a un fierro y quedé tirado en el suelo gimiendo de dolor. Afortunadamente no fue el pie izquierdo, pues la uña del pulgar la tengo para la miseria desde hace meses luego de un partido en que me pisaron: aún está de color tornasol... Bueno, así que ahí estaba, botado en el frío piso de la cocina con varios tomates desparramados a mi lado y lágrimas en los ojos. Cuando el dolor comenzó a amainar (y vi que la lesión no era de cuidado) me largué a reír ante mi infinita pelotudez.

Más tarde -a propósito de ese estúpido conato de llanto- recordé un post de Bada en el que cuenta cómo vio a una pareja de adolescentes marihuaneando delante de su hija de dos años. Le comenté que muy pocas cosas me hacen llorar, pero el desprecio y el abandono de los niños logran ponerme  los pelos de punta. La semana pasada tuve que contener las lágrimas al leer sobre esa niñita en Aysén que todos los días cruza el mar en una balsa de plumavit para ir al colegio. Y para qué hablar de esas historias de niñitos de la Teletón que te dejan hecho bolsa (y eso que siempre critico el show de la Teletón y trato de no verlo, pero en verdad es justamente porque me da una pena negra; por eso igual doy plata).

Claro, para sollozar también está la nostalgia. Hace poco compré el DVD de Heidi y estuve horas con los ojos a punto de explotar. Me acordaba de cuando veía la serie en el campo en el televisor Antú junto a mi hermana Carolina que ahora está tan lejos. Era una vida tan bonita y recordarla me hace pedazos. O cuando vi hace poco unas imágenes de archivo del Conejito TV... Uf.

En mi vida personal lloriqueo muy poco. Tuve un pololeo muy sufrido, pero recuerdo haber llorado apenas un par veces en esos cuatro años. La última vez que lloré a mares fue hace ya un buen tiempo, cuando después de terminar le escribí una carta intentando explicar qué diablos me había pasado. Ahí se acabó todo y el llanto me sirvió mucho para ponerle un definitivo punto final al tema.

Ahora bien, mientras escribía esto me acordé de una lloradera espantosa durante una Navidad que pasé solo y borracho en un hotel de Villafranca de los Barros, Extremadura. Si este blog llega a diciembre prometo recordarla como historia de Nochebuena tipo Dickens.

admin / Mayo 2005 / 4 Mayo, 1:38pm / 20 Comentarios

Life is life

Todos los días cuando voy a la pega me cruzo con el mismo tipo que también en bicicleta va en sentido contrario. Me habían bajado ganas de saludarlo, pero en estas ocasiones me doy cuenta que sigo siendo bastante tímido. Eso hasta hoy, cuando paré a comprar cigarrillos en un quiosco y a lo lejos lo vi fumando apoyado en un basurero. Nos sonreímos  y luego seguimos el camino. Evidentemente era un contrasentido que estos seudo-deportistas matinales estuvieran dedicándose al vicio a las ocho de la mañana.

Fumar es una buena porquería. Últimamente he reducido mi cuota a unos cinco cigarrillos diarios, pero no soy capaz de dejarlo a pesar de mis múltiples promesas. Si no tengo cigarros me desespero, por lo que guardo algunos de emergencia en distintos escondites. Y ni siquiera disfruto fumar, amanezco todas las mañanas con dolor de garganta y creo que sólo lo hago para aplacar los nervios. En situaciones sociales cómodas fumo como chimenea (y en incómodas, como carretonero constipado).

Mi primer cigarrillo me lo fumé en octavo básico y quedé mareado como pollo. No reincidí hasta segundo medio, donde hacía como que fumaba pero sin aspirar. Volví al vicio en la universidad con los desaparecidos Kent Largos y Lucky sin Filtro, pero volví a dejarlos tras una bronquitis. Estuve seis meses invicto, pero por desgracia pasé un verano completo sin saber si me iban a echar o no de la carrera y en medio de mi angustia volví a la carga nicotinosa. Luego comencé a pololear con una chiquilla que fumaba hasta en la ducha -y no es talla- y con ella me fui al carajo. Durante una crisis sentimental sufrí tanto que comencé a echarme encima una cajetilla diaria. Eso, hasta que se me acabó la plata pues estaba cesante hacía como seis meses.

 Y ahí tuve mi experiencia con los Life. La cajetilla de diez cigarrillos costaba 150 miserables pesos, los que juntaba de un frasco donde había reunido monedas de a 10 en algún momento de mayor abundancia. Tengo la seguridad de que esas mugres no contenían ni un miligramo de tabaco; a veces dentro del cigarrillo te salían pedazos de cartón, tierra o ramas. Y después de cada piteada quedabas con carraspera. Un asco. Como estaba tan pobre, dividía los Life en tres partes y así pasaba la tarde. Al cabo de tres meses quedé con los dedos completamente amarillos y mejor no menciono cómo tenía los dientes: por suerte encontré trabajo y pude volver a los Belmont, pagué una limpieza dental y me saqué las manchas de las manos con aguarrás.

Ahora que estoy más pituquín volví a los Kent, que en realidad son como fumar aire. No, en realidad no es cierto. ¿Y si vamos dejando de fumar, ah?

admin / Mayo 2005 / 2 Mayo, 10:20pm / 18 Comentarios

La casete

En algún momento de idiotez de mi adolescencia decidí que yo no iba a escuchar ninguna otra música que no fuera Depeche Mode. Así que boté todos los cassettes* de otros grupos, incluyendo uno de  Midnight Oil que seis meses después compré de nuevo, reflejando el fracaso de mi opción. Luego me hice fan de una tienda llamada Prontomúsica, ubicada en una galería frente al Cine Tobalaba. Ahí vendían a dos lucas cintas pirateadas de otras cintas: mi primera compra fue el Construction Time Again de DM, que venía mal grabado y se escuchaba a una velocidad mucho más rápida que el original. De eso me di cuenta cinco años después, cuando escuché el CD y le pregunté al dueño si el disco estaba malo ya que las canciones sonaban tan lento.

Segunda decisión estúpida: hasta el año '98 seguí comprando cassettes y porfiaba a quien me oyera en que el sistema de CDs no duraría mucho más, alentado por un radiocontrolador sicópata que me juró de guata que el año 2000 el único formato vigente iba a ser el DAT (el pobre tenía como 50 DATs, los que costaban una fortuna). Un día me cobraron 9 mil pesos en Fusión por la cinta con los grandes éxitos de los Misfits: el CD estaba a siete lucas. Fue el último cassette que adquirí y ahora lo tengo en el auto junto al 'Vienna' de Ultravox que me regalaron el '93 y no había escuchado hasta este año. Por cierto, Ultravox es un grupo notable y le pega tres patadas a DM, que cada día soporto menos (pese a que tengo la casa empapelada con pósters de la banda).

En una caja dentro del clóset de esta pieza apilé mis más de 200 casettes que ya no sirven para nada. La mayoría los grabé del programa Música Marginal que conducía Guillermo Escudero en la radio de la U. de Chile. Gracias a este caballero -que hoy debe rondar los 50 años- salí de mi ostracismo musical y conocí entre otros a Jesus & Mary Chain, Pixies, Xymox, Front 242 y My Bloody Valentine, grupos que hasta hoy 'son parte de mi banda sonora' como diría algún snob. Para saber los títulos de las canciones los anotaba en un  papel mientras este señor los listaba muy lento. Luego los transcribía en el cassette y les hacía un diseño medio mula que hoy da risa. Algunos los escuché hasta que se rompieron.

Todo esto es para decir que ayer me acordé que mi hermano me instaló un programa que se llama Audioscrobbler, el que archiva los mp3 que escuchas en el PC, determina cuál es tu tendencia musical y te sugiere ciertos grupos. Bueno, anoche supe que en este mes lo que más he escuchado es Ultravox, Ladytron y Ride. Y la primera sugerencia fue The Killers. Acto seguido los busqué en el hub, bajé el disco, los escuché y me gustaron. Muy fácil, claro, pero estoy seguro de que si no paso por esa década casetera la música no me gustaría tanto como me gusta ahora.

*[Nota mental: ¿alguien se acuerda cuando a comienzos de los '90 los académicos de la lengua obligaron a medio mundo a decir 'la casete'? Yo creo que esa fue la palada final al formato]

admin / Abril 2005 / 30 Abril, 2:34pm / 33 Comentarios

El desayuno es la comida más importante del día si trabajas para un fabricante de cereales

Yo no tenía ganas, pero me obligaron a ver el debate de nuestras precandidatas. "¿Qué pueden debatir dos personas que piensan igual?", insistí, pero no hubo caso. Hoy día me entero que una de las dos ganó, pero no sé bien qué ni cómo. Para mí el gran triunfador fue Bernardo de la Maza, quien alegró la velada con sus tartamudeos, dislalias y pifias al por mayor. Se le echa de menos en TVN: al lado de un showman como él Amaro Gómez parece una pantruca estítica con su modulación perfecta y aire de genio. En todo caso, lo más chistoso de la jornada estuvo a cargo de Consuelo Saavedra, quien se plegó al ambiente feminista inquiriendo a ambas candidatas sobre sus maridos y pololos. Notable, le faltó consultar por la talla de las medias, el color del rimmel y la receta del charquicán. Mosciatti parecía beodo haciendo preguntas más largas que sus respectivas respuestas y de los otros no me acuerdo.

Afortunadamente mi hermano Ornitocracio había dejado olvidada en mi casa una revista Le Monde que leí acostado en paralelo al debate, impidiendo que me quedara dormido. En un estupendo artículo descubrí un par de cosas:

  1. Un combo de MacDonalds aporta todas las calorías que un ser humano necesita en el día. Si almuerzas eso, mejor no cenes.
  2. El lugar común "el desayuno es la comida más importante del día" lo inventó Kellogg's -fabricante de cereales- como slogan de una campaña comercial en los años '60.

Según el articulista, no existe ninguna evidencia médica que respalde esta última y extendida afirmación (que nuestras madres, suegras, parejas y gente informada en general nos repiten con majadero cariño). Incluso podría ser perjudicial para un ciudadano medio deglutir enormes cantidades de cereal, pan, queso y yoghurt tan temprano: vía rápida al infarto, en suma. Por algo el país del cornflake luce las mayores tasas de obesidad del mundo. Lo que es yo, me quedo feliz con mi café con leche y una tostada embadurnada en manjar. Si como más al amanecer me da acidez.

admin / Abril 2005 / 28 Abril, 12:38pm / 17 Comentarios

Escribir bien no sirve para nada

A las 6 de la tarde terminé con los ojos llorosos, las manos temblorosas y la espalda adolorida como estibador. ¿Trabajo físico? Ni cerca.

Retrocedo: al mediodía me llama Cata La Diseñadora, quien con su perpetua papa en la boca me suplica que le corrija la Memoria Anual de una empresa. "- Son cuarenta luquitas. -Sí, claro, ¿para cuándo? - Para hoy: se va esta noche a imprenta". Bueno, ganar 40 mil pesos en tres horas no está mal para una profesión como la mía...

A las 3 llega una moto a mi casa con un sobre que contenía la famosa Memoria. Acto seguido me vuelve a telefonear Cata para advertirme que si me contactaba alguien de la empresa yo debía decirle que era un 'corrector profesional' y que habitualmente cobraba como mil pesos por página, pero que en este caso iba a hacerlo por menos debido a nuestra 'amistad' (a  Cata la he visto dos veces en mi vida en trámites similares). No entiendo mucho. "Así yo quedo súper bien ante ellos, como una persona con contactos", me aclara la muy picarona. Un segundo después de colgar en efecto me llama la disléxica redactora de la Memoria, pero sólo para apurarme y sin intención alguna de verificar mis antecedentes, contactos ni supuestos descuentos.

Yo redacto bien, tengo buena ortografía y en general los textos me salen sintéticos, fluidos y con cierta gracia. No es pedantería decirlo, pues por un lado creo que es la única habilidad real que tengo y por otro nunca me ha reportado el respeto personal ni profesional de nadie. Por eso con cierta regularidad me llegan estos trabajos absurdos consistentes en corregir a la carrera motes de redactores que se llevan la mascada grande. Y la verdad no me cuesta casi nada.

Sin embargo, esto ya fue mucho. La Memoria consistía en 160 páginas de chambonadas, obviedades, metáforas dignas de Mandolino y redundancias al por mayor; además de docenas de millones de comas. Perlas como ésta: "El 16, de octubre, el directorio, decidió nombrar a zutano, como Gerente de Regiones". Arg, ¿quién le dijo al proto-novelista que había que poner comas luego de cada sustantivo? No miento si digo que mi hermana chica hubiera escrito textos cien veces mejores que aquellos (¿y saben cuánto se cobra por escribir una Memoria?: un millón y medio de pesos promedio; lo sé por experiencia personal). Sólo en la contratapa tuve que marcar ¡quince errores! y el panorama adentro era estremecedor. Así que me puse a leer como un loco tirando flechas a toda velocidad con destacador fosforescente. Al final la Memoria parecía mapa y al llegar a los Estados Financieros -un puzzle de miles de tablas y números escritos con la letra más pequeña posible- simplemente tiré la toalla exhausto, sellé el sobre de vuelta y llamé para que vinieran a buscarlo ipso facto. Total, seamos francos, nadie lee estas tonteras y sólo se editan porque es obligación legal hacerlo.

 Luego de acabar la tortura vi Trenes Rigurosamente Vigilados, una joya checoslovaca de 1966 que trata sobre un tipo muy vago que se va a trabajar a una estación de ferrocarriles porque en su familia es costumbre hacerle el quite al esfuerzo físico. Controlar el paso de los trenes: esa pega quiero yo. Pero no, entre hoy y mañana debo describir unas cincuenta verduras de cerámica y otros doscientos obsequios afines para el día de la madre. "Hermosa y delicada imitación de un rojo tomate del material conocido como plastoflex, ideal para llevar el queso rallado a la mesa: tu mami soltará un lagrimón al abrir el paquete. Incluye cucharín de madera e instrucciones". Auxilio.

admin / Abril 2005 / 27 Abril, 12:44pm / 15 Comentarios

Juanito y El Avispón

A las cinco del viernes partimos y una hora y media después ya estábamos instalados en el departamento que los papás de Manguac tienen a diez pasos de la playa Las Cadenas en Algarrobo, agradable pueblo fantasma en el que el sábado a las 10 de la noche los únicos negocios abiertos eran una botillería, el cybercafé y una tienda de velas (?). Preparamos reineta al horno, tomamos gin tonic como caballeros, dormimos siesta, jugamos a las cartas y escuchamos la exótica Radio Algarrobo "al final del dial", en donde se mezcla sin pudor a Leonardo Favio con ABC y los comentarios deportivos están a cargo de JM (el frescolín de Juvenal Morales: consígase otro apodo, mijo). Para los malpensados: no practicamos la sodomía porque no somos gays.

La vuelta a Santiago nos tomó apenas una hora. Qué agradable es manejar un auto decente por una buena carretera. Hace una semana tenía todo preparado para comentar acá mismo mi 'horrorosa' experiencia en la revisión técnica, incluyendo supuestas visitas al infierno de calle 10 de Julio para arreglar un foco, rellenar el extintor o cambiar amortiguadores. Al final de cuentas el trámite me tomó 20 minutos y mi autito pasó cero faltas. No lo podía creer. Lo que pasa es que mi relación con la mecánica ha sido y será compleja. En resumidas cuentas: no tengo idea de nada de lo que hay adentro del capó. Palabras como bujía, chicler de baja, cardán y empaquetadura de culata me suenan a lituano. Y lo peor es que llevo manejando hace más de una década.

Mi primer auto fue un Renault 5 que me prestaba mi mamá. Un lunes saqué la licencia y el miércoles ya lo había chocado contra una micro estacionada frente a un retén de carabineros (!). Mi amigo Costas lo bautizó 'El Avispón Verde' y arriba de él cometí las peores burradas que un conductor puede imaginar, entre ellas subir a once personas arriba en una noche de lluvia. Una vez lo fundí porque no sabía que había que echarle agua, otra vez un mecánico le robó el parabrisas y el golpe de gracia se lo dio una ambulancia que me estrelló por detrás en Alameda con Las Rejas y lo dejó como acordéon. No sé cómo, pero vendí al pobre Avispón en 800 lucas.

Sumándole unos ahorros compré un Renault 11, que Costas apodó ahora como 'La Furia Roja' y del cual no voy a contar nada porque no tengo un buen recuerdo ni del auto ni de la época en que lo tuve. Sólo decir que volví a fundirlo -ahora en un horroroso viaje al Cajón del Maipo que entró al ciclo de leyendas urbanas chilenas- y lo vendí en 400 lucas luego de tenerlo abandonado por tres meses en un servicentro.

Luego me fui a Siena y a la vuelta, gracias a una pasajera pega en la que nadé en la abundancia, adquirí con mi primer sueldo un Volkswagen celeste del '61, al que esta vez yo designé como 'Juanito'. La reliquia realmente era un chiste sobre ruedas: se llovía, temblaba como terremoto de 9 grados en Avenida Matta, se empañaba entero en los días fríos, no tenía bocina ni radio ni luces intermitentes ni esa cuestión con la que tapas el sol al atardecer, hacía un ruido como de corneta de cumpleaños cuando andaba rápido y tenía un permanente olor a bencina. El aroma empeoró después de que en una insensata distracción le cargué diez litros de diesel y el pobre veterano bencinero escupió humo multicolor: hubo que hacerle una especie de lavado de estómago del cual nunca se recuperó completamente. Cada noviembre lo entregaba a mi mecánico para que sorteara la revisión técnica fuera como fuera; no sé cómo lo hacía, pero luego de un par de semanas siempre me lo devolvía con el bendito autoadhesivo. Pese a todo, y a que me dejó botado varias veces en plena carretera, me dolió desprenderme el año pasado del tarro Juanito porque lo quería mucho: lo regalé a cambio de 150 lucas.

 Así era Juanito


Al contado, echando mano a todos mis ahorros (no creo en el crédito por un tema moral), hace seis meses me compré un auto decente, por fin. Y juro que lo voy a cuidar como hueso de lúcuma, ya basta de esta irresponsabilidad cretina asesina-autos. Ahora valoro lo incomparable de conducir sin sufrir permanentes ataques de histeria. Calidad de vida, le llaman. Me falta aún ponerle un nombre al nuevo auto. ¿Qué apodo se le puede poner a un Clio color guinda seca? ¿Ah? Acepto sugerencias.

admin / Abril 2005 / 25 Abril, 1:20pm / 23 Comentarios

Donde Bahamondes

Mientras sostenía el vaso de bebida con la axila bajé la vista para pelar un maní. Justo en ese instante la gente se comenzó a parar y segundos después sentí el grito de la masa. Así que intentando equilibrar vaso-maní pelado-paquete de maní asomé mi cabecita entre el respetable para ver a los jugadores celebrando. Ni siquiera pude empuñar las manos para festejar. Por culpa del maní no vi el gol del empate de la U frente a Sao Paulo. Muy frustrante. Análisis futbolístico: pucha que somos malos para la pelota.

Terminado el cotejo nos fuimos con Manguac a tomar una cerveza al Bar Bahamondes. Mi amigazo está triste por una mala mujer. No detallaré nuestra conversación por respeto a su intimidad. Análisis romántico: algunas mujeres se comportan como hombres.

Hoy amanecí como si me hubiera tragado un cenicero y bastante chambreado, por lo que estimo conveniente alegrar este post con una lista de eventos asociados a 'Donde Bahamondes', antro que por años fue mi segundo hogar.

  • Debuté en Bahamondes durante mi primera semana en la U cuando un latero nos llevó para entonar ciertas canciones con su guitarra. A ese sujeto -que hoy es figura de Informe Especial- lo encontré de nuevo ahí hace un par de años borracho como sapo y me volvió a dar la lata.
  • Una tarde anónima vi a Don Lucho, el dueño, emerger  por debajo de nuestra mesa desde un subterráneo del cual nadie se había percatado. En esa época el piso era de tierra; ahora es de baldosa y el sótano parece estar clausurado. ¿Qué cresta habrá ahí abajo?
  • Una tarde de viernes Negro Pardo se gastó en cerveza 20 lucas que se encontró botadas en la calle. Docenas de estudiantes acudieron al festejo. Ese día yo tenía que hacer una especie de prueba de cámara de chaqueta y corbata: terminé siendo grabado con la corbata como cintillo intentando simular un tambaleante despacho. "Por favor ándate ya y vuelve el lunes", me señaló el cameraman conmovido ante mi performance. Qué lindo sería rescatar ese videoclip.
  • Recuerdo patentemente haber estado un día a las 10:30 AM junto a Negro Pardo y JP (el Triunvirato) sentados en la puerta del bar esperando a que abrieran. En tercero de la U fui los siete días de una semana al Bahamondes
  • Afuera del Bahamondes le juré amor eterno a Erika O., mi obsesión de segundo año. Ella me dijo que aunque yo era bastante simpático de ningún modo le gustaría estar conmigo: "es que no me gustan los borrachos", me explicó. Mi polerón quedó todo manchado de pintura seca debido al nervioso refriegue de mi espalda contra la muralla mientras intentaba convencerla de que 'podía cambiar'. Paralelamente, en el interior de local JP vomitaba el piso mientras don Lucho lo perseguía con un balde de aserrín. Luego le sirvió un té.
  • Durante un cumpleaños de Negro Pardo no sé cómo terminé semi-desmayado debajo de la fila de mesas. Luego desperté y me puse a lanzarle galletas al resto de los parroquianos. A nadie le hizo gracia.

Ahora que veo escrito todo esto es bastante patético. Análisis personal: uno puede hacer esa clase de boludeces mientras el hígado le aguante.

admin / Abril 2005 / 22 Abril, 5:00pm / 20 Comentarios

Qué bonita vecindad

Todo iba bien hasta ahora en mi vida independiente. Esta infame pega de descriptor de peluches me alcanza para cubrir mis gastos domésticos, y el generoso pituto incluso me permite ahorrar y darme uno que otro lujo (como ir amoblando mi ridículamente amplio hogar). La armonía duró hasta el sábado pasado. Esa mañana mientras disfrutaba del desayuno decidí abrir la puerta de la terraza para que entraran aire fresco y calorcito. Pero entró algo más: el 'Reggaetón'.


'Tu-cu-TUCÚ'. 'Tu-cu-TUCÚ'. 'Tu-cu-TUCÚ'. 'Tu-cu-TUCÚ'. 'Tu-cu-TUCÚ'. 'Tu-cu-TUCÚ'.

Durante todo el día el horroroso ritmo no paró de atacarme el tímpano: aparentemente mi púber vecina se compró un CD compilatorio de la melodía en cuestión y decidió que el resto del vecindario también debía disfrutarlo. El domingo amanecí con el mismo boche y abrumado me puse a gritar como un loco por la ventana "¡bajen esa maldita música por favor!". Nadie me hizo caso y así ya llevamos cinco días en la función. Cada vez que me asomo a la terraza está ahí el monótono 'Tu-cu-TUCÚ' (incluso hoy a las 7:45 AM cuando fui a sacudir las migas del mantel: ¿acaso no va al colegio ese pequeño Mozart?). Si en el infierno hay música ambiental, sin duda debe ser Reggaetón.

Lo peor es que no puedo ir a reclamar. Hace dos semanas Doña Griselda -bisabuela de la creatura- apareció en mi puerta y me invitó cordialmente a pasar a su casa para informarme que alguien había instalado una antena en su techo. Ante mi estupefacción, la veterana (que no debe tener menos de 85 años) trepó ágilmente por las planchas de zinc y recorrió unos cincuenta pasos hasta asomarse a la calle. Y a unos seis metros de altura me exhibió una oxidada majamama de fierros y cables que según ella 'algún delincuente' había colocado ahí con motivos ignotos. Yo ya me veía viniéndome guarda abajo junto con la venerable anciana y falleciendo de la forma más ridícula posible (titular de La Cuarta fijo).

Pero la muerte estaba mucho más cerca de lo que imaginé, pues de vuelta en su living la viejuja me advirtió que ella no volvería a tolerar que le colocaran nada en su propiedad: fue al dormitorio y desde el velador extrajo ¡un revólver! que con mano temblorosa exhibió caminando directo hacia mí: "con esto les voy a mostrar lo que es bueno", reveló emocionada. Mientras yo le rogaba aterrado que por favor tratara de apuntar a otra parte, Doña Griselda me relataba que un nieto suyo tenía "un auto nuevo porque es médico, y él le puede sacar la cresta a cualquiera". "Ajá", murmuraba yo, acobardado no precisamente por el doctorcillo. Por suerte desde una minúscula habitación que yo creía clóset apareció un sobrino sesentón que con una revista del Pato Donald en mano previno a la dama que mejor no sostuviera el pistolón de esa forma "porque las armas las carga el Diablo". Acto seguido me despedí y huí despavorido. Luchito El Peluquero -mi amable y nervioso vecino del otro lado- me confirmó luego que la escuálida dama era "de armas tomar" (tal cual) y que mejor sería no meterse mucho con ella porque tiene un genio endemoniado. Al día siguiente, mientras sacaba mi bicicleta, la vetusta pistolera estaba barriendo en la calle. La saludé con un sonoro y educado "Buenas tardes, Doña Griselda". "¿Y usted quién es, dónde vive, ah?", me espetó la muy desmemoriada.

O sea, si voy a protestar para que de una vez le bajen el volumen a la horrenda música tal vez termine saliendo dentro de un cajón.

Debo aclarar que toda esta historia es verídica, incluyendo el escabroso detalle del Pato Donald.

admin / Abril 2005 / 20 Abril, 12:06pm / 20 Comentarios

Acabo de dejar de ser católico si es que lo era

Por mucho tiempo pensé que mi crisis de fe era un problema personal. Gracias cónclave cardenalicio por dejarme más tranquilo. Llegó el Papa Negro, negro de alma.

¿Alguien me puede explicar cómo se ingresa a la Iglesia Luterana?

admin / Abril 2005 / 19 Abril, 1:27pm / 19 Comentarios