Publicado en: LaÚtil
Fecha: Noviembre de 2000
Escrito por: Nonia T. de la Gala

Carlos Revilla: la humildad de un genio creador

Nonia T. de la Gala

 Con relativa frecuencia, les he hablado en estas páginas de la calidad del doblaje de las películas objeto de mis críticas. En esta ocasión, quisiera rendir un pequeño homenaje (preferiría que fuera un “gran” homenaje, pero hoy por hoy no tengo predicamento ni espacio suficiente para ello) a una de las máximas figuras del doblaje en nuestro país. Se trata de Carlos Revilla, cuyo fallecimiento a la edad de 67 años ha dejado consternada a la profesión y a millones de admiradores de tantas y tantas series cuyo doblaje ha dirigido y protagonizado. Las más recientes: ‘Los Simpson’ y ‘Futurama’. Homer Simpson ha perdido su voz, pero también numerosos actores del celuloide de la talla de Walter Matthau (también desaparecido este año), Jack Lemmon, Charlton Heston, Cary Grant, Bill Cosby, y un largo etcétera de rutilantes estrellas cuyos trabajos tuvieron el privilegio de ser exhibidos en nuestro idioma con la voz de Carlos. Son muchas las voces anónimas que dedican su vida a esta profesión, pero muy pocas las que marcan la diferencia con su naturalidad (dentro de un oficio que es puro artificio), su perfeccionismo y su genio creador. Carlos Revilla era un verdadero creador de personajes cuya esencia captaba y plasmaba de manera única y brillante con su voz. Fue un hombre que dedicó 47 años de su existencia a un trabajo generalmente discreto y oculto, pero dotado, al pasar por sus cuerdas vocales, de la máxima calidad  interpretativa -para deleite de los espectadores-.
 Carlos poseía ese aire de despiste y esa humildad verdadera (jamás fingida) que caracteriza a algunos genios, hasta el punto de sonrojarse al recibir cualquier halago sobre su trabajo y apresurarse a restarle importancia y cambiar de tema. Conocerle era amarle y admirarle. En una profesión no exenta de celos y envidias (dado el elevado ego de muchos actores) ha sido un maestro indiscutible y un hombre adorado por su nobleza, su sencillez y su bondad.
 Quisiera que estas líneas sirvieran para reconocer la importancia de un trabajo bien hecho en el que intervienen muchísimas personas (encargados de producción, administrativos, técnicos de sonido, traductores, ajustadores-adaptadores, directores artísticos y actores), responsables, en suma, del resultado de cualquier producción ajena (es así como se denomina a las películas y series extranjeras que son dobladas a nuestro idioma o subtituladas) que llega a los oídos del público de las salas de cine y la televisión. Buena parte del éxito de muchos actores y series televisivas se debe a la maestría de sus dobladores. ¿Qué sería de Paul Newman sin la voz de Rogelio Hernández, de Bette Davis sin Matilde Conesa; qué será de Homer Simpson sin la voz de Carlos?
 Es éste un sencillo pero sincero y sentido tributo a la memoria de un hombre “inmortal” en el corazón de quienes tuvimos la fortuna de conocerle personalmente y quienes compartieron sus vidas con él.  

[Mi agradecimiento a J.F.F. y a R.A.R. por la recopilación del material gráfico]  

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