Hace 15 años hundían al crucero Belgrano
La Nación Line, Viernes 2 de mayo de 1997, Buenos Aires, Argentina

El portaaviones 25 de Mayo también operó en la guerra

Por Hugo Ruiz

"Cada vez que escucho hablar de las víctimas del Belgrano, me enfermo. Son héroes y así deben ser recordados".
La íntima confesión corresponde al capitán de navío Héctor Elías Bonzo, que el 2 de mayo de 1982, a un mes de comenzado el conflicto del Atlántico sur, comandaba el crucero ARA General Belgrano.
Hoy al cumplirse 15 años del hecho histórico, conmemorado con diversos actos en todo el país, el capitán Bonzo no se deja torcer el brazo: su combate ahora es contra la desmemoria y el desconocimiento de los hechos.
Como para ordenar una charla con La Nación que se extendió por casi tres horas, habría que empezar por decir, una vez más, que los tripulantes del Belgrano eran 1093. De ellos, 323 murieron en acción de guerra.

-Sus palabras durante el reciente acto en Ushuaia fueron muy emocionantes.
-Es que ellos para mí siguen siendo mis hombres. Aún hoy, ellos me siguen llamando comandante.
-¿Cuándo fue designado al mando del Belgrano y cómo recuerda aquél momento?
-Fue en diciembre del `81. Recuerdo que sentí orgullo pero también fue muy fuerte el peso de la responsabilidad. En la fibra íntima vibraba el sueño cumplido del artillero que llega para comandar un buque en cuya cubierta se formaron más de 10.000 marinos argentinos. Un buque con un historial naval destacado en tareas de logística, adiestramiento y enseñanza, desde 1951. Era un buque muy querido por todos nosotros.

Proa a Malvinas

Cuando se conoció la noticia del hundimiento del crucero Belgrano se dijo que la incursión inglesa fuera de la zona de exclusión se constituía en un crimen de guerra. Que el barco estaba indefenso. Que patrullaba en aguas fuera del conflicto. Bonzo dice que todo ello es producto de una gran confusión.

-Usted acaba de decir que el barco a su mando estaba en acción de guerra, eso no ha sido tan difundido.
-Pero no hice otra cosa que remarcar lo que digo en mi libro "1093 hombres..."
-El libro no ha sido tan difundido...
-...Yo le digo: el crucero Belgrano tenía 15 cañones de 152 mm., estaba equipado con misiles exocet y se dirigía hacia Malvinas ¿Usted que pensaría?

Que estaba preparado para la guerra
-Bien...

-Entonces si había una misión de guerra, ¿Cuál era?
-Se participaba de una operación conjunta de la flota de mar en la cual una formación con el portaaviones 25 de Mayo...
-Perdón que lo interrumpa pero el portaaviones ¿No quedó amarrado durante toda la guerra en Puerto Belgrano?
-No, el portaaviones partió desde Puerto Belgrano con el resto de la flota el 16 de abril y como le decía integraba una formación que iba a ingresar a la zona de Malvinas por el Norte. En tanto, el Belgrano, junto con dos destructores que le fueron asignados, íbamos a avanzar desde el Sur para conformar un movimiento de pinzas sobre los buques británicos.

Las últimas horas

-¿Qué fue lo que finalmente sucedió?
-A las 5 y media de la madrugada del 2 de mayo recibo la orden del comandante de operaciones navales de retroceder con rumbo sudoeste y tomar una posición de espera. Es en ese momento que el buque, con su proa apuntando hacia el continente, es alcanzado por los torpedos del Conqueror.
-¿Qué siente luego de 15 años cuando recuerda estas vivencias?
-No me gusta cuando se habla del Belgrano como un crimen de guerra. Si yo hubiese avistado un barco inglés en el momento del repliegue no tenga duda alguna que hubiésemos atacado. No éramos un blanco inofensivo.
Lo que más queda grabado en mí es el comportamiento de los hombres, del "espíritu de buque", como decimos los marinos, que afloró en los momentos crisis total. En esa circunstancia, un comandante no piensa en otra cosa que en salvar a su tripulación.

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Rex Hunt: "La locura de Galtieri trajo cosas buenas"
La Nación Line, Domingo 23 de noviembre de 1997, Buenos Aires, Argentina

PUERTO ARGENTINO.- Sir Rex Hunt, el famoso gobernador que las fuerzas armadas argentinas obligaron a irse de las islas Malvinas la tarde del 2 de abril de 1982, es considerado aquí un verdadero héroe, por supuesto después de Margaret Thatcher.

Por Elisabetta Pique

Su imagen vistiendo el uniforme de gala, con sombrero de plumas y espada, mientras se despedía de su gente quedó como un símbolo de una historia difícil de olvidar.
Rex Hunt tiene ahora 71 años y está retirado, pero cada tanto viaja al archipiélago "al que se siente muy atado sentimentalmente", donde es agasajado por los isleños con grandes recepciones.
En su sexta visita desde que dejó su cargo de gobernador, en noviembre de 1985, junto al famoso golfista británico Bernard Gallacher -Rex Hunt sigue siendo el presidente honorario del club de golf que hay en las afueras de Puerto Argentino-, el ex miembro del Foreign Office británico mantuvo ayer una entrevista con La Nación en el jardín de invierno de la casa del gobernador, donde se hospeda.

-A quince años de la guerra, ¿qué siente hacia la Argentina y los argentinos?
-Pienso que a través de la locura de Galtieri han ocurrido muchas cosas buenas. Ahora ustedes tienen un gobierno democráticamente electo, no un régimen militar, y los isleños han obtenido mucha más asistencia del gobierno británico. Como ustedes pueden ver, ahora ésta es una comunidad próspera y mucho más desarrollada. Cuando yo estaba aquí en 1982, las islas tenían 1813 habitantes, y estaba disminuyendo. Ahora, en cambio, la población es más numerosa que nunca, unos 2490 por el último censo, sin incluir a los militares. Las cosas están yendo muy bien, pero lo que considero más destacable es que ahora los jóvenes que se van a estudiar afuera regresan con sus títulos universitarios porque ven que aquí hay mucho futuro, siempre y cuando sean dejados en paz y no sean molestados por los argentinos.
Rex Hunt habla sin resentimiento y sus ojos celestes tienen una mirada profunda. Recuerda detalladamente las horas previas a su forzosa salida de las islas, los helicópteros argentinos aterrizando sobre la cancha de fútbol que hay al lado de la residencia del gobernador, los uniformados con la cara pintada, y confirma que "la invasión" los tomó "absolutamente por sorpresa". "Nunca pensamos que Galtieri sería tan estúpido. Fue un secreto muy bien guardado", afirma. "Sólo 16 horas antes, a las 15.30 del 1º de abril, me llegó un telegrama secreto del Foreign Office", que advertía vagamente sobre movimientos extraños y sugería la posibilidad de una ocupación por parte de las fuerzas argentinas. "Tome usted las medidas que considere pertinentes", recuerda que decía un párrafo del telegrama.
Dice que fue "tratado extremadamente bien" por los militares argentinos, y que nunca se encontró con el general Mario Menéndez, su sucesor de facto por 73 días. Pero el momento que más fresco mantiene en su memoria es cuando fue obligado a ir hasta la municipalidad y se negó a estrecharle la mano a uno de los generales que comandaban el operativo.
"Un intérprete me aconsejó hacerlo por educación, y yo le contesté que le dijera que me parecía muy incivilizado ocupar un país", recuerda.
Después le ordenaron que volviera a su casa para recoger sus pertenencias y las de su familia, y fue entonces cuando nació el mito del gobernador yéndose con el uniforme puesto: "No sabía cómo empacarlo, sobre todo el sombrero, y mi hijo Tony me dijo: ¿por qué no te lo ponés? Mi mujer me aconsejó lo contrario y me dijo que no fuera ridículo, pero yo me lo puse igual. Obviamente, a los militares argentinos no les gustó nada", cuenta.
En el aeropuerto, sin embargo, decidió sacárselo: "No era un atuendo cómodo para un viaje en avión; mi esposa tenía razón". Después fue llevado hasta Comodoro Rivadavia. "Ahí estuvimos unas dos horas, y pensé que me iban a llevar a Buenos Aires como rehén, pero en cambio nos trasladaron a Montevideo, desde donde regresé después a Inglaterra."
El 24 de junio, diez días después de la rendición argentina, el gobernador volvió a las islas para seguir en el cargo hasta noviembre de 1985.
Al hacer hincapié en que está retirado desde entonces, aunque "lo que pasó en el '82 creó un lazo que nunca se va a romper".
Rex Hunt prefiere no hacer comentarios sobre la intención del canciller Di Tella de visitar las islas con un pasaporte de otro país. "Ya no estoy involucrado" en la cuestión política.

-¿Considera que un día las islas podrán ser independientes?
-Sí, seguramente es una posibilidad. Si descubren petróleo, va a ser un ingreso mucho más alto que el de la pesca, y seguramente podrían ser independientes en lo económico. Ahora se hace todo independientemente, menos la defensa. Pienso que el futuro es brillante aquí, siempre y cuando los argentinos no traten de tomar la soberanía de las islas.

-¿Le parece posible que en el futuro haya un acuerdo entre la Argentina y el Reino Unido?
-La única vía de solución del conflicto es que la Argentina renuncie formalmente a su reclamo.

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A 15 años de su mediación frustrada
Haig: "Malvinas fue mi Waterloo"
La Nación Line, Domingo 10 de agosto de 1997, Buenos Aires, Argentina

Revelaciones: en una entrevista con La Nación, el ex secretario de Estado cuenta por qué no pudo evitar la guerra.

WASHINGTON.- Hace quince años Alexander Haig se embarcó en una misión que le resultó imposible: mediar en el conflicto entre la Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas.
El ex secretario de Estado no está arrepentido de haber aceptado el encargo del entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan. Pero tiene lamentos.
"Malvinas fue mi Waterloo", dijo a La Nación durante un extenso reportaje, porque perdió el cargo y se frustraron sus ambiciones presidenciales. Haig sostiene que George Bush, entonces vicepresidente y luego sucesor de Reagan, "me veía como una amenaza, se tenía que deshacer de mí". Pero no le echa la culpa de su fracaso a las pujas internas de la Casa Blanca: "El verdadero problema fue el sistema de veto que funcionaba en la junta de los militares argentinos".

-¿Cómo funcionaba?
-Nadie podía decir que sí y todos podían decir que no. El Ejército y la Fuerza Aérea, de alguna manera, eran más razonables. Galtieri hubiera aceptado las propuestas de paz, pero el Ejército no podía avanzar sin el consentimiento de la Armada. El representante de la Armada siempre era el más rígido. Una vez me dijo: "Vamos a pelear y vamos a ganar". Yo le respondí: "Usted dice eso porque nunca le llegaron las bolsas con los cadáveres". Pero no le causó ninguna impresión.
-¿Y el entonces canciller Nicanor Costa Méndez?
-Creo que era un aliado de la Armada. En dos ocasiones logré el consentimiento de los británicos, él me decía que sí y luego venía con un papelito al aeropuerto. "Lea esto en el avión", me decía. ¡Y el papelito rompía todo el acuerdo! Ya no le guardo resentimiento, pero no le tengo respeto. Me mintió dos veces.
-El que tomaba las decisiones era Galtieri, no su canciller.
-A Galtieri lo respeto. Creo que fue una víctima de las circunstancias, que estaba sometido a muchas presiones.
-Dicen que bebía...
-No lo sé, pero lo escuché. Una sola vez, después de horas y horas de negociaciones, lo noté con los cachetes enrojecidos.
-¿Thatcher era más flexible?
-Ambos lados estaban atrapados por cierto "emocionalismo". La señora Thatcher analizaba la situación en el contexto de la guerra fría. Pensaba que sería una mala señal hacia Moscú que Occidente retrocediera frente a un ataque. No podía tolerar una agresión, una ruptura de las leyes del orden internacional. ¡Y tenía razón!
-Si creía que Thatcher tenía razón, ¿Por qué intentó mediar?
-Por varios motivos. Uno -no menor- era que América latina podía reaccionar en contra los Estados Unidos si nos poníamos en forma automática del lado británico.

Respaldos

-¿Evaluaron la posibilidad de que Moscú apoyara a la Argentina?
-Esa preocupación siempre, siempre, estaba presente en nuestros cálculos. Galtieri me dijo que los rusos le habían ofrecido hundir un barco británico con un submarino para que la Argentina se atribuyera el mérito. A mí eso no me preocupaba, porque la junta era visceralmente anticomunista. Si estaban cooperando con los Estados Unidos en Nicaragua. ¡Y eso era contra Castro!
-¿Le consta la cooperación de la dictadura argentina con la CIA?
-No tengo pruebas, pero lo escuché y no tengo dudas al respecto.
-¿Cómo le dice a las islas, Malvinas o Falklands?
-Generalmente, Malvinas o "las islas".
-¿Y delante de Thatcher?
-Seguro que Falklands. Eso fue lo más difícil: demostrarle a las dos partes que éramos imparciales. De todas maneras, le aclaré a los argentinos desde el comienzo que nos pondríamos del lado británico si las negociaciones fracasaban.
-Durante su mediación, ¿Estados Unidos le dio información satelital a los británicos?
-Le aclaré a Galtieri que respetaríamos los acuerdos de cooperación que estaban vigentes. Pero una de las cosas que me perturbaba, porque dañaba mi credibilidad ante la Argentina, eran las relaciones muy íntimas que el Pentágono tenía con los británicos, especialmente la Armada. La verdad es que yo no estaba al tanto de todo lo que sucedía en la Casa Blanca, donde muchos, con acceso directo a Reagan, se oponían a mi intento mediador.
-¿Qué pensaba Reagan?
-Muchos en la Casa Blanca creían que el problema no tenía nada que ver con el orgullo nacional, que todo estalló por el petróleo. Reagan a veces repetía eso.
-Ahora se firmaron acuerdos de cooperación petrolera.
-Es ironía, pero yo no creía en eso.
-¿Qué creía?
-Que tenía que ver con despertar el orgullo nacional y con otra cosa. La junta -Galtieri me lo dijo- nunca creyó que los británicos darían pelea. Él creía que Occidente se había corrompido. Que los británicos no tenían Dios, que Estados Unidos se había corrompido... Nunca lo pude convencer de que ellos no sólo iban a pelear, que además iban a ganar.
-Galtieri lo subió a un helicóptero para que viera una manifestación en la Plaza de Mayo.
-También quería que saliera a saludar al balcón (risas). Pero sólo acepté el viaje en helicóptero y lo que vi fue una muestra de patriotismo preparada por el Gobierno. El domingo fui a misa y las mujeres, en voz baja, me pedían: "Paz, paz", porque iban a pagar los costos con la vida de sus propios hijos.
-Usted dice que Thatcher buscó la paz, pero cuando el acuerdo de paz había avanzado con Belaúnde Terry los británicos hundieron el Belgrano.
-Esos son los problemas de acercarse tanto a la guerra, se pierde el control. No creo que los británicos estuvieran intentando boicotear la solución pacífica. En Londres, para mí fue evidente que, salvo el ministro de Defensa, el resto quería la paz.
-Pero fue a una guerra que sabía que ganaría y que le sirvió políticamente.
-La ayudó tremendamente, eso es cierto. Pero eso le da más méritos a sus intentos de paz, que le sirvieron para poner en evidencia que no era ella la que no quería cooperar.
-Al gobierno argentino le gustaría que Estados Unidos vuelva a intentar una mediación.
-Es algo natural, tiene buenas relaciones con ambos países.
-Clinton dijo que sólo lo haría si se lo piden ambos.
-Es una buena respuesta (risas).
-¿Porque Clinton sabe que los británicos no se lo van a pedir?
-Dudo que lo hagan...

La mediación

Reagan: luego del desembarco argentino en las Malvinas, el presidente de los Estados Unidos designó a Haig, entonces secretario de Estado, como mediador entre la Argentina y el Reino Unido.
Encuentro: Haig se reunió por primera vez con el ex canciller Nicanor Costa Méndez en Nueva York, el 4 de abril de 1982.
Viajes: el mediador se entrevistó con Thatcher en Londres y estuvo dos veces en Buenos Aires con Galtieri, a quien puso al teléfono con Reagan.
Fracaso: sobre el final de abril, Haig se retrae y alienta una mediación del entonces presidente del Perú, Belaúnde Terry.
Ruptura: el 30 de abril anuncia que los Estados Unidos impondrán sanciones económicas a la Argentina y que "responderá positivamente a los pedidos de apoyo de los británicos".

Nadie habló de traspaso

"Nunca hablamos de una transferencia de soberanía para 1997", afirmó Haig, para desmentir a un diario inglés que lo citó diciendo que Margaret Thatcher estaba dispuesta a entregar las islas Malvinas junto con Hong Kong.
Según Haig, la ex primer ministra británica estaba más interesada en "la autodeterminación de los isleños que en la disputa de soberanía".
En otras palabras, el ex secretario de Estado de los Estados Unidos sostiene que Thatcher estaba dispuesta a transferir las Malvinas, siempre y cuando los isleños aprobaran esa decisión mediante un plebiscito.

-Pero nunca hubiera sucedido, porque los isleños no quieren ser argentinos, quieren ser británicos.
-No lo sé. Con el tiempo, la situación podría haber cambiado de manera dramática, porque el acuerdo hubiera roto con el aislamiento de las islas, las hubiera dejado más expuestas a la influencia argentina, porque contemplaba un gobierno más balanceado.
-¿Qué plazos manejaban?
-Estaba claro que no podíamos lograr el consentimiento argentino para que el plebiscito fuera algo inmediato porque sabían cómo iban a votar los isleños.
-¿La Argentina va a recuperar alguna vez las islas?
-No lo sé. Puede suceder si se mantiene el diálogo y se busca una vía pacífica. De lo contrario, si se cometen errores, si surgen fuerzas nacionalistas, eso va a jugar en contra.
-Los británicos ya no discuten la soberanía porque está dentro del paraguas.
-Eso es un buen signo. En relaciones internacionales, siempre es bueno dejar de lado las diferencias irreconciliables. En el corto plazo, la Argentina debe intentar que las cosas sean como eran antes de la guerra. Antes de la guerra, muchas cosas podrían haber sucedido.
-De no haber sido por la guerra, ¿la Argentina tendría las Malvinas?
-No puedo afirmar eso. Pero sí puedo decir que la guerra hizo mucho más difícil la perspectiva de un cambio. La discusión de soberanía va a demorar mucho más tiempo.

El divorcio

Cuando la entrevista ya había culminado, Haig se levantó para la despedida y con cierto desdén contó lo que considera su mejor anécdota con Galtieri.
En la intimidad, Haig solía decirle a Galtieri que no tenía "ningún sentido derramar sangre por unas islas rocosas y ventosas".
Al ex secretario de Estado, que jamás pisó las Malvinas y que conocía poco de América latina, le costaba entender el conflicto.
"Usted sabe que la Argentina es un país católico en el que está prohibido el divorcio", respondió Galtieri, y en broma le dijo que pretendía convertir a las Malvinas en un lugar al que pudieran ir los argentinos a divorciarse. Haig, que estaba desconcertado, atinó a decir: "Bueno, yo soy un hombre católico. No creo en el divorcio". Y soltó una carcajada.

"Garganta profunda es un ex FBI"

Cuando se fue de la Casa Blanca, Haig se convirtió en un hombre de negocios. La oficina de su consultora queda frente al edificio del Washington Post, el diario del Watergate.
-¿Sigue pensando que Malvinas fue la misión más difícil de su vida?
-Fue difícil, pero también estuve involucrado en el final de la guerra con Vietnam y en Medio Oriente. Tuve muchos momentos difíciles. Ser el jefe de staff de la Casa Blanca durante el Watergate fue una de ellas (risas). Imagine, Nixon fue el primer y el único presidente que tuvo que renunciar...
-Dicen que usted fue "Garganta profunda", la fuente de los periodistas que descubrieron el Watergate.
-Eso es una estupidez. No tiene sentido. Fue desmentido por los periodistas que crearon Garganta profunda.
-Si usted fuera Garganta profunda, ¿lo admitiría?
-Durante mucho tiempo yo creí que no había tal Garganta profunda, que era algo inventado para vender diarios. Pero luego investigué y llegué a la conclusión de que Garganta profunda fue un alto oficial del FBI.
-¿Quién?
-No lo voy a decir. Pero creo que sé quién es. Si es quien fue quien yo creo, pronto se sabrá, porque es una persona que puede morir en cualquier momento. Cuando eso suceda, los periodistas van a tener que dar su nombre para probar que existió tal Garganta profunda.
-¿Por qué lo acusaron a usted?
-Lo inventaron para poder vender un libro, pero después lo desmintió Ben Bradley, editor del diario.


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