Es La Hora De...


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La regularidad sin sacrificar un dibujo de alto impacto es la principal virtud del dibujante del que hablaré esta semana, un tipo que ha conseguido hacerse un lugar privilegiado en un tiempo récord y que ha sabido conferir una marca de calidad y seriedad al sector más espectacular y efectista de los dibujantes de superhéroes. Su última aventura, hacerse cargo de los Nuevos Vengadores de Bendis.
De dibujo estilizado y dinámico, Leinil Francis Yu es el caso viviente de cómo el discípulo puede superar al maestro. Y es que Yu comenzó sus primeros pasos profesionales tras ser contratado para Wildstorm por Whilce Portacio, un dibujante que, tras su momento de gloria en diversos títulos mutantes, se diluyó para desaparecer cuando dio el salto a Image y se puso al frente de los poco exitosos Wetworks.
Sin embargo, Leinil comienza a llamar la atención antes, al ganar un concurso de jóvenes talentos organizado por la revista norteamericana Wizard.
El proyecto para Wildstorm no acabó de fructificar, pero Portacio enseñó algunas cosillas de Yu en Marvel, lo que hizo que fuera contratado para dibujar Lobezno. El filipino se mantiene durante una treintena de números desde el 113 de la primera serie a finales de los noventa, llamando la atención por su dibujo dinámico y espectacular pero, a la vez, consistente. De ahí, pasa directamente a otros títulos de mutantes, concretamente un par de números en Uncanny X-Men (364, 366, 367), para pasar a encargarse de manera regular de X-Men, a partir del número 100. En el título se mantiene una docena de números (también realizará el anual 2001, en formato apaisado y, el mismo año, una pequeña participación en el de los 4F), en una etapa con guiones de Scott Lobdell en la que lo más interesante de la colección es, sin duda, su dibujo. Rara vez se ha visto que un primerizo empiece tan fuerte y de manera tan continuada en títulos importantes dentro de una gran editorial, y Leinil demuestra encontrarse de lo más cómodo con esta responsabilidad. En esta época y posteriores, Yu explotará profusamente su faceta como portadista, ilustrando las cubiertas de varios títulos de las franquicias Star Wars y Kiss de Dark Horse.

Dejando Marvel atrás, se enrola en Cliffhanger (título en el que se publicaran Danger Girl o Battlechasers) para, de nuevo con Scott Lobdell, encargarse de los lápices de High Roads, miniserie de seis capítulo ambientado a finales de la Segunda Guerra Mundial. Yu se ve cada vez más seguro de sí mismo que, a poco que se proponga seguir el camino del currante en vez del de dibujante estrella, puede dar mucho que hablar. Sin casi pausa, el filipino salta a DC para encargarse de otro ambicioso proyecto. Mark Waid se encarga en Superman: Legado de darle una apariencia modernizada al origen de Superman, intentando acercar el personaje a lectores jóvenes y, por qué no, seguidores de la serie de televisión Smallville. Yu, a quien a priori le pegan personajes más “modernos” y “tecnológicos”, se encargará de dibujar los doce números de la maxiserie, con tintas de Gerry Alanguian, con quien ya había trabajado en Highroads. En Legado, el dibujante exhibe un dibujo en el que acentúa su trazo duro y anguloso aunque menos acabado que en anteriores trabajos. El resultado, lejos de ser discreto, convence sólo en algunos momentos. Una paradita más le llevará a dibujar algunas portadas para Conan. Después, un poco de aire, el frikísimo crossover entre Batman y Danger Girl, y un nuevo proyecto especial: Silent Dragon, en Wildstorm. Con guiones de Andy Diggle y las tintas de su inseparable Alanguian, Yu se ajusta como un guante a esta historia futurista de cibersamurais de fuerte sabor oriental. Seis números en los que el artista da señales de una meteórica madurez gráfica y de un estilo por fin asentado. La cosa no debió pasar desapercibida para Marvel, que decide llevárselo en exclusiva y pese a una producción ya bastante amplia a sus espaldas, colgarle la etiqueta Young Gun. Su llegada a Marvel da de sí un buen puñado de portadas dispersas en recopilatorios y títulos como Thunderbolts o Pantera Negra y una inmersión prometedora en el universo Ultimate. Primero, formando parte del Ultimate X-Men Annual 2 y, más tarde, al frente de la miniserie Ultimate Wolverine vs Hulk.

Junto al guionista de Perdidos Damion Lindelof, contará en seis números bimestrales el primer encuentro entre ambos personajes al estilo Ultimate. Un título anunciado a bombo y platillo del que, por ahora, tan sólo hemos visto dos números, en los que el dibujante se apunta a la última moda: trabajar directamente con lápices, sin entintado. Lo curioso es que, sin que sepamos cuándo ni cómo se finiquitará este proyecto (se ha cancelado hasta que esten dibujados todos los números), Yu ya está preparando nuevos trabajos. Este mismo mes hemos visto cómo se convierte en el penúltimo dibujante de Nuevos Vengadores (empezando muy fuerte, con un número en el que aparece Elektra) y, cómo se halla inmerso en un proyecto junto a Jeph Loeb, X-Men: Fallen Son.

Pese a mi admiración por los curritos, los dibujantes que sacan adelante la industria mes a mes, con seguridad, regularidad y seriedad, lo cierto es que uno no puede ignorar a otra raza de artista, más veleidoso, quizás, menos regular, pero dotado de un talento y una calidad innegables. Es el caso de Joshua Middleton, un joven valor que, pese a su relativamente poca producción, atesora ya dos contratos en exclusiva, uno con cada una de las dos grandes editoriales norteamericanas. Un autor que, en cierto modo, trabaja a la europea, ya que se encarga personalmente él solo de todo el proceso gráfico, y cuyas habilidades como dibujante están más allá de toda duda.

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Sin embargo, sus inicios fueron con una de las factorías de talentos más malogradas de los últimos años, la extinta Crossgen, allá por el año 2000. Allí se encarga de Meridian, serie de corte fantástico (ojo, que no de fantasía heroica) que se antoja como intento primigenio de atraer lectoras al cerrado mundillo del cómic. Con guiones de Barbara Kesel, Middleton se encargó de las portadas e interiores de los seis primeros números. Sin embargo, un sonado escándalo –el dibujante vertió críticas e insultos personales hacia uno de los jefazos de la editorial en unos foros de Internet- hicieron que fuera despedido del título, del que pasaría a encargarse Steve McNiven. Tras su prematura salida de Crossgen, Joshua Middleton se propone llevar adelante un proyecto de creación propia, Sky Between Branches, para la independiente com.x. Sólo llegaría a hacer un número cero, aunque existe la posibilidad de que el poyecto acabe recalando en DC de algún modo. Para la misma editorial también realizó una cómic para el juego Primal, de PS2.

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Después llegaría su primer trabajo para una de las grandes. Comienza en Marvel a foguearse en X-Men Unlimited, título en el que realizará portadas y diversas historias cortas en los números 37, 40, 42, 47 y 49. Parece que su trabajo convenció lo suficiente como para que la Casa de las Ideas decida firmarle en exclusiva. Sin alejarse de las colecciones mutantes, su siguiente paso serían un puñado de portadas (que, junto a las de X-Men, le granjearían una nominación a los Eisner como mejor portadista) para New Mutants (los primeros seis números) y un proyecto muy a su medida, NYX. La colección (publicada en nuestro país), con un tono juvenil muy agradecido para su tipo de dibujo fresco, limpio y efectista, constituye una apuesta importante por parte de Marvel para dar entrada a lectores jóvenes. Middleton se encarga del dibujo y portadas de los cuatro primeros números y de las portadas de los números 5 y 6. Como curiosidad, decir que los guiones de esta serie corrían a cargo de Joe Quesada y, tras cuatro primeros números relativamente regulares, los retrasos en las entregas del jefazo marveliano hicieron que el dibujante abandonase la cabecera. Middleton concluiría su contrato con Marvel con un par de portadas más, para los números 10 y 11 de Runaways.

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Después de esto, el dibujante deja Marvel y pasa un periodo relativamente tranquilo en el que realizará una portada y una historia corta para una adaptación del popular videojuego Street Fighter de los Udon Studios y labores de story board y diseño de personajes (principalmente de Inara) para la película Serenity, de Josh Whedon, que se prolongaría durante diversos meses. Implicación que le llevaría a encargarse de una portada alternativa para la versión comiquera de Serenity publicada por Dark Horse.
Y de contrato en exclusiva a contrato en exclusiva, ya que DC pronto se interesó por este joven talento para tenerlo en propiedad durante algunos años. Tras un historia corta en el Wildstorm Special, con guión de Bruce Jones y centrada, cómo no, en un personaje femenino, Zealot, Middleton publica un par de portadas (Majestic 1, Gotham Central 36) antes de zambullirse en su primer y hasta ahora principal proyecto de empaque en DC: la miniserie en cuatro entregas Superman/Shazam!: First Thunder, en la que se narra el primer encuentro entre ambos personajes. Un proyecto verdaderamente ambicioso en el que el autor, alejado de sus formatos fetiche (grupos juveniles, chicas) dio todo un golpe de timón a su trayectoria y se reivindicó como un autor (eso sí, principalmente de proyectos especiales) a vigilar de cerca.
Desde que acabara First Thunder, y a la espera de nuevos proyectos, hemos podido disfrutar del talento de Joshua Middleton en las portadas de la serie Vertigo American Virgin (donde ilustra las cubiertas desde el número 4, aunque ya ha anunciado que pronto dejará este encargo) y una historia de tres páginas incluida en el número 53 de Fábulas. A la espera de la posible aparición de Sky Between Branches en Vertigo, mantengan sus ojos mirando al cielo por si aparece alguna otra genialidad de este excelente artista.

Las últimas entregas de Es la hora… se están centrando casi exclusivamente en autores españoles. Una tendencia que se mantendrá mientras siga el buen hacer de las nuevas hornadas de dibujantes patrios, punta de flecha en la renovación de nombres de editoriales como Marvel. Se da el caso de que, a muchos, el público español sólo los conoce vía Previews, y tendrá que esperar hasta ver su trabajo publicado por estos lares. Es el caso de David Aja, curtido en los campos de la ilustración y el diseño, pero a quien las primeras oportunidades de dibujar le han llegado a través de Marvel. Tras encargos de diversa índole, a David se le ha encargado ser el dibujante regular de la nieva serie de Puño de Hierro, Inmortal Iron Fist, en la que Ed Brubaker y Matt Fraction insuflan nueva energía a un superhéroe atípico y de culto destinado ahora, afirman, a tener un importante papel dentro del universo Marvel.

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Nacido en Valladolid en el año de Star Wars, David estudia Bellas Artes en Salamanca. Tras sus estudios, va conformando una sólida trayectoria como ilustrador que le lleva a trabajar para El País, Rolling Stone y una amplia cantidad de editoriales de libros. Un encuentro en el Salón de Barcelona de 2004 con el editor Marvel Mike Marts llevaría a un intercambio de e-mails e ideas que acabaría con David dibujando el número 11 de X-Men Unlimited. Se trató de una historia protagonizada por los Nuevos Mutantes en la que el vallisoletano emplea un sorprendente estilo cartoon. La cosa,por aquel entonces, aún arranca poco a poco, ya que diversos compromisos en materia de ilustración le impiden cetrarse de lleno en el cómic. Tras ello, se le encarga una portada, la del número 28 de MK Four y de vuelta a X-Men Unlimited, donde realiza una historia protagonizada por Coloso y con guiones de C.B. Cebulsky. En ella se aprecia que Aja se asienta en un dibujo más cercano al estilo que viene ofreciendo en sus trabajos más largos, como también s epodría apreciar, brevemente en su granito de arena a un trabajo tan coral como Civil War: Frontline donde se encarga de cuatro páginas inspiradas en el poema “Futility” de Wilfried Owen. Sin embargo, el momento en el que empieza a llamar la atención verdaderamente (incluso en nuestro país, donde su aventura americana era todavía poco conocida) es al encargarse de un fill-in dentro de una de las colecciones del momento: el Daredevil de Brubaker y Lark (bueno, y ahora también un poco de Aja). La etapa post-Bendis del Hombre Sin Miedo ha sido, sin duda, uno de los títulos de 2006, y la aportación de David, con la historia “The Secret Life of Foggy Nelson” merece una mención. Afilados los dientes con Daredevil, el dibujante sigue en racha. Su siguiente parada la realiza en un extraño experimento, el Giant-Size Wolverine. Se trata de un especial que, junto a ingentes cantidades de material reeditado y con Lobezno como protagonista, incluye una historia nueva con guiones de David Lapham y dibujo del español. Al creador de Balas Perdidas su retorno a los superhéroes se le ha atragantado, sin acabar de encontrar un perfil de verdadero interés. La historia, muy heredera del terror estilo Creepy, cuenta con un dibujo en el que David Aja se nota muy influenciado por Bernie Wrightson. Un trabajo más bien anecdótico en el que el relumbrón lo da poder “jugar” con uno de los personajes más importantes de la Casa de las Ideas.

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Después, David, con quien Ed Brubaker parece estar bastante contento, pasará a convertirse en dibujante oficial para las nuevas aventuras de Puño de Hierro. Comenzando con una historia de presentación de lo que se nos viene encima, en Civil War: Choosing Sides podemos ver lo que nos tiene preparado el equipo creativo de la que será la serie Immortal Iron Fist, merced a ocho páginas introductorias. Tras ello, se produce el exitoso debut de Immortal Iron Fist, serie que está funcionando muy bien en Estado Unidos y que, vistos los primeros compases, ofrecen un acercamiento interesante y bien ejecutado de uno de los personajes de culto de la Marvel. Brubaker y Fraction parecen tener claro lo que quieren hacer con Danny Rand y David Aja, probablemente, sea una de las mejores opciones para trasladar al papel un mundo lleno de coreografías marciales, misticismo y acción.

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El dibujante, pese a su considerable trayectoria como ilustrador, se encuentra en plena fase de crecimiento y evolución dentro del arte secuencial. Él mismo apunta influencias como Will Eisner, Frank Miller, Bill Sienkiewicz, Alberto Breccia, Brian Bolland, Jack Kirby, Jim Steranko, Bernie Wrightson, Sam Kieth, Dave Mckean o Enki Bilal. Algunas, evidentemtente, se notan más que otras. Lo verdaderamente interesante es, pese a su más que evidente capacidad de adaptarse a uno u otro estilo, el interés que está mostrando por afianzar unos parámetros de identidad propios a partir de los cuales crecer. Puede sonar a cliché pero, a poco que se lo proponga, David puede protagonizar alguno de los momentos Marvel más interesantes de los próximos meses.

Empieza el año y tras algunas -demasiadas- semanas sin poder cumplir con mi cita semanal tortense (mi propósito de año nuevo: no faltar a la cita otra vez), vuelvo a la carga con los monográficos de autores de interés. Esta semana tenemos la cosa cerquita, cerquita…
Pese a que no es su trabajo más reciente, la publicación en recopilatorios de Blanco Humano y, pronto, la de su paso por Catwoman , en nuestro país nos trae de vuelta uno de los mejores trabajos en Estados Unidos de Javier Pulido.

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El canario comienza en esto de los comics haciendo portadas e ilustraciones para Planeta. Pese a ser coetáneo de otros autores españoles que se foguearon en la extinta Camaleón ediciones, es en la que por entonces era editora de Marvel en España en la que realiza sus primeros trabajos profesionales. Tras una historieta corta en especial Forum del Salón del Cómic de Barcelona de 1995, Javier se zambulle en la línea Laberinto, ideada para dar salida a autores españoles en formato comic book, y realiza la apreciable Mentat, con guiones de Francisco Pérez Navarro. Una serie, por cierto que acabaría siendo lo mejorcito de un sello que nunca gozó de mucha popularidad y sí de altibajos evidentes.
Con una nimia trayectoria en nuestro país, como viene siendo tristemente habitual, Javier empieza a trabajar directamente para el mercado estadounidense. Y lo hace en un material bastante poco agradecido, una de las series de Star Trek versión cómic que Marvel, detentora de la licencia por aquel entonces, lanzaba al mercado. Dos números (16 y 17) duró su trayectoria en Star Trek: Early Voyages. No llegaría a completar un tercero debido al cierre de la línea por parte de la Casa de las Ideas, que nunca le acabó de sacar rentabilidad a la franquicia.
Tras ello se le encargan un puñado de números de Hulk en un etapa no especialmente memorable para el gigante esmeralda, ya que ni el propio Peter David había conseguido que retomase el vuelo. Javier se alterna con Ed McGuiness en los estertores finales, guionizados por Joe Casey, y tiene el triste honor de cerrar, con el 473, una serie cuya numeración se remontaba a los años sesenta.
Dando su aventura marveliana por concluida por el momento, Pulido acaba la década de los noventa con un pequeño lujo: Dibuja y entinta un número de Hellblazer guionizado por Warren Ellis, concretamente el 142. En la historia “Setting Sun”, el canario demuestra encontrarse a sus anchas y, a lo largo de once páginas, desarrolla una historia bastante convincente. De fill-in en fill-in, y de oportunidad en oportunidad. La siguiente, también en 1999, en Batman Chronicles, donde se encarga del número 19, que guionizaría el veterano Steve Englehart. En ella vemos a un Bruce Wayne recién convertido en Señor de la Noche. Y, para acabar tanto nomadismo, la antología de terror Flinch, en su número 13, le permitiría trabajar con Brian Azzarello para contarnos en The Shaft la historia de dos chavales demasiado aficionados a las bromas.

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Por fin Javier logra una cierta continuidad con un proyecto, además, que le permitiría lucirse en cierta medida. Con Robin: Año Uno, el español dibuja las primeras aventuras de Dick Grayson tal y como las conciben para la ocasión Scott Beatty y Chuck Dixon a lo largo de cuatro números. Por esa época, también se verían publicadas sus páginas para ese proyecto concurridísimo que fue el número 400 de Uncanny X-Men y su primer contacto con Blanco Humano, en la novela gráfica Final Cut… De ahí, Javier vuelve a ponerse en manos de un guionista de primera fila y, junto a Ed Brubaker, se encarga de un arco argumental de tres números para Catwoman, de próxima aparición en nuestro país, por cierto. Entre el 17 y el 19 de la colección, Javier vuelve a demostrar que se encuentra cómodo ya en su desembarco americano como para asumir trabajos interesantes. Cosa que se confirmaría con su entrada en la estupenda revitalización de Blanco Humano llevada a cabo por el británico Peter Milligan.

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Pese a que Milligan considera a Edwin Biukovic como el dibujante definitivo del personaje, merced a la miniserie previa a la serie regular, Pulido raya bastante alto primero con Final Cut y luego con unos números en los que se empeña con éxito en ofrecer páginas y páginas de narrativa sólida y excelentes planteamientos, rayando bastante más alto que el otro dibujante con el que se alternaría, Cliff Chiang. Pulido se encargaría, finalmente, de nueve de los veintiún números de una serie finalizada en 2005 y que ya se echa de menos.
Tras ellos, Pulido le cubriría las espaldas a Marcos Martín en algunos números de Breach. La colaboración continuaría en lo más reciente que ha publicado Pulido, el Captain America 65th anniversary special que hicieron a medias. A esperas de más noticias, marcamos al dibujante canario como talento a seguir sí o sí.

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Tras varios años dando vueltas por el universo DC, la oportunidad marveliana para Marcos Martín se ha erigido en uno de los momentos más esperados, en tanto en cuanto supone la vuelta a la vida editorial del Doctor Extraño. Con su nueva miniserie, The Oath, en la que se vuelve a poner en el mapa al médico superhéroe de Greenwich Village y aprovecho la ocasión para hablar un poco de Marcos Martín.

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Marcos Martín comienza a trabajar en el mercado de superhéroes después de haber relizado diversos trabajos menores en España y, por unas razones u otras, haber estado a punto de editar sin éxito en nuestro país. Un encuentro con Mark Waid en el Salón del cómic de Avilés le anima a cruzar el charco e intentar vender su talento a alguna de las dos grandes. La cosa resulta y comienza a trabajar en DC haciendo una serie de números sueltos aquí y allá. El primero, el número 12 de Batman Chronicles, serie de poco éxito enclavada en el universo del Señor de la Noche. Tras éste, llegarían un par de cosas sueltas más, como el número 6 de JSA o el 81 de Robin. La cosa avanza muy despacio, pero es que no resulta nada fácil entrar en una industria como la norteamericana así, a puerta fría. Continúa el goteo de proyectos: Le echará un cable a Javier Pulido, que no “llega” con su Robin: Año Uno, para pasar por Joker: Last laugh, un número de Birds of Prey, colección muy proclive al baile de dibujantes, el 37 y los Batgirl: Secret Files y Gotham City: Secret Files.

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El momento crucial para el dibujante catalán llega con Batgirl: Year One, cómic que él mismo considera su primera entrada propiamente dicha en el mercado EE.UU. Marcos se puede permitir el lujo de realizar la miniserie a su aire, sin presiones de entregas mensuales, con lo cual le dedica año y medio al trabajo, lo que, afirma, le permitió avanzar y mejorar su trabajo conforme lo iba realizando. Superada con nota la prueba, el siguiente paso sería una serie regular, un reto importante si tenemos en cuenta que Martín no es el más rápido de los dibujantes. Así, tras un impasse en el que realiza diversas portadas para Green Arrow, se encarga de un nuevo y peculiar proyecto: Breach. Se suponía que iba a ser una reformulación del Capitán Atom, pero finalmente se queda como la historia de nacimiento y desarrollo de un superhéroe atómico completamente nuevo. Con los guiones de Bob Harras escritos al estilo Marvel (en DC al dibujante se le entregan los guiones completos y cerrados, con descripciones, diálogos, etc.) el equipo creativo logra uno de los éxitos durmientes del momento, un tebeo del que, aunque las ventas no sean espectaculares, todo el mundo habla bien. Tras once números la serie se despide y, curiosamente, lo mismo ocurre con Marcos, que se marcha a probar suerte a Marvel. Comienza dibujando las portadas de la segunda “temporada” de Runaways para completar la cosa con un marciano especial romántico llamado (I Heart Marvel) My mutant heart antes de emprender su proyecto más ambicioso hasta el momento. La miniserie Dr. Strange: the Oath, que ya ha comenzado a publicarse conforme escribo estas palabras, supone la posibilidad para el dibujante de asociarse creativamente con uno de los actuales pesos pesados del guión, Brian K. Vaughan, y asumir la responsabilidad de darle vidilla a un personaje clásico en el universo Marvel como es el Doctor Extraño. Por ahora la cosa no está defraudando y el estilo sintético y elegante de Marcos le está dando alas a un Doc Extraño al que el tándem Straczinsky-Peterson no pudieron o supieron revivir. Pronto, también veremos el Captain America 65th Anniversary Special que ha realizado a medias con Pulido y, desde luego, queda claro el camino está abierto para que Marcos dé muchas, muchísimas más alegrías a la afición.

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Resulta curioso cómo algunos dibujantes se cuelan en tu casa sin hacer ruido y, cuando te descuidas, tienes una buena pila de tebeos dibujados por él. Este podría ser perfectamente el caso de Jesús Saiz, otro de los (David) Macho boys, un tío que vence y convence en DC. Allí, en EE.UU, le tenemos ilustrando las fantasías de espionaje y conspiración que se le ocurren a Grez Rucka para Checkmate. Aquí, dentro de nada, podremos disfrutar de Manhunter , éxito de tapadillo de los ultimos tiempos importado del país de las barras y estrellas en la que el tandem Andreyko/Saiz ha sido capaz de grandes cosas.

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Nacido a principios de los setenta, Jesús Saiz pertenece a una hornada de dibujantes españoles jóvenes que pronto vio claro que es difícilmente viable vivir de dibujar tebeos en España y para España. Pese a ello, lo cierto es que el dibujante contó con una inquieta actividad editorial. Así, desde los inicios en el fanzine zaragozano 451º (donde coincidió con su amigo y compañero David López) hasta la miniserie Azoth, para Camaleón Ediciones, se puede decir que, mal que bien, Jesús fue publicando aquí y allá. Luego vendrían una historia corta en el especial Cimoc 2000 y múltiples portadas para obras publicadas por Planeta DeAgostini, desde Conan hasta Adolf, de Osamu Tezuka. El dibujante consigue en 2000 poner el pie en el mercado norteamericano de manera tímida gracias a unas historias cortas en Dark Horse Presents, concretamente en los números 154 y 155. En ese título antológico se encarga de Iron Reich 3000, una serie de ciencia-ficción en plan Warhammer 40.000/Strarship Troopers. También Dark Horse le hace hueco en otro título antológico, Star Wars Tales. Le podemos ver en el número 5. Tras meter cabeza tímidamente en las americas, Jesús desembarca con algo más de entidad en DC con la miniserie JLA: Black Baptism, un proyecto bastante atípico en el que se mezclaba a la Liga con lo paranormal, con guiones de Ruben Díaz y Sean Smith. La editorial de Superman y Batman le mantendría su apoyo a través de nuevos proyectos, como por ejemplo Midnight, Mass, una miniserie de ocho números para el subsello Vertigo. Jesús se vuelve a dar de bruces con lo paranormal en esta mini protagonizada por dos investigadores tipo Mulder y Scully que hacen las veces de guardianes entre nuestro mundo y el de lo sobrenatural. De ahí daría el salto a Wildstorm, donde repite hace algunas cosillas aquí y a allá, pero el plato fuerte llega cuando se vuelve a reunir con Jimmy Palmiotti, con quien coincidiera en Midnight, Mass. Palmiotti esta vez, junto a Justin Gray, escribe los guiones de 21 Down. La serie, de aspecto interesante, no llegó a conectar con el suficiente público, por lo que acabó tras doce números.

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Su siguiente trabajo le llevaría de vuelta a los brazos de mamá DC para ser dibujante regular de una nueva serie: Manhunter. El trazo robusto y realista de Jesús va dándole resultados. Dándole una vuelta al personaje clásico, los guiones de Mark Andreyko y el buen hacer de Jesús a los lápices convierten a la serie en un pequeño éxito, más por las excelentes críticas y el núcleo duro de fans irredentos que por unas ventas arrolladoras. En Manhunter Jesús demuestra encontrarse cómodo y haber encontrado una interesante sintonía con el guionista de la serie lo demuestra a lo largo del puñado de números que dibuja antes de cederle el testigo a Javier Pina, aunque sigue vinculado a la serie como portadista. El siguiente trabajo de Saiz le mete de lleno en la Infinite Crisis y, además, le permite trabajar con primera vez con Grez Rucka. Se trata de la miniserie The Omac Project, en la cual se van perfilando algunos temas que luego darían pie a esta reciente Crisis 2.0. Jesús, además, aparece aquí y allá, como en Countdown to Infinite Crisis. Desde Omac Project Jesús Saiz ya no se ha separado de Grez Rucka ni del miniuniverso provocado por algunos aspectos de Omac/Infinite Crisis. Así, se encarga del The Omac Project Infinite Crisis Special para, poco más tarde, ser el dibujante titular de Checkmate, serie en la que se presenta a la remozada superagencia de espionaje y en la que, se mantiene por el momento.

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La reciente noticia de que el británico Andy Diggle será el nuevo guionista de la serie más longeva del sello Vertigo, Hellblazer, bien merece un repaso a la corta pero interesante trayectoria de este guionista de la tercera oleada brit que tan bien se ha acomodado en DC.
Surgido de la aparentemente inagotable cantera de la editorial inglesa 2000 AD, hogar de la mítica revista homónima, donde realizó labores de editor, es considerado uno de los salvadores de la misma, a la que reanimó en un momento en el que la decadencia parecía haberle herido de muerte. Su primera referencia de interés la encontramos precisamente allí, en el Judge Dredd Megazine, con Lenny Zero. Junto a otro británico emigrado a EE.UU, Jock, creó y desarrolló a este personaje, un juez encubierto que se ve obligado a huir de la justicia. Una premisa trepidante que se ajusta muy bien a la querencia cinematográfica que el escritor tan bien ha sabido llevar a otras series como The Losers. Posteriormente vendrían nuevas historias del personaje como Wipeout o Dead Zero, también dentro de la misma revista, hasta que en 2003 da un pequeño cambio de orientación para encargarse a medias con John Wagner del crossover entre el Juez Dredd y Aliens que aparecería serializado en 2000AD.

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Tras el breve coqueteo con el choque estas dos conocidas franquicias, una cinematográfica y otra comiquera, Diggle vuelve a sacarse de la manga una nueva serie para las revistas de 2000AD. Se trata de Snow/Tiger, otra serie de tintes muy peliculeros protagonizada por un dúo de agentes que forman equipo para una organización britanico-norteamericana y que tienen modos de proceder y creencias radicalmente opuestas. Diggle ideó estos personajes muy influenciado por la reacción de política belicista del gobierno Bush al 11-S, lo que ha propiciado que la serie haya sido tildada en ocasiones de antiamericana.
Su primer trabajo al otro lado del charco sería dentro de la serie Star Wars Tales, para la cual escribió Payback, una historia dibujada por Henry Flint y protagonizada por Boba Fett. Un pequeño encargo que daría paso a su actual relación de idilio con DC comics. Su primera referencia dentro de la editorial sería en 2003 con la miniserie de cuatro números Lady Constantine, que abundaba en el antepasado del investigador de lo paranormal. El mismo año comienza su proyecto más sólido hasta el momento, The Losers, una serie regular con final establecido de acción e intriga con clara raigambre en películas de ese género y que, de nuevo, constituye una de sus mayores virtudes.
La buena acogida de Losers, que sin ser un bombazo sí que logró conformar un grupo de fieles seguidores mes a mes, le abre las puertas para que un personaje clásico de la casa, la Cosa del Pantano, tuviese una nueva oportunidad en forma de serie regular. Con el mismísimo Enrique Breccia al arte, la serie, desgraciadamente, no consiguió despertar mucho entusiasmo, pasando con más pena que gloria. Diggle se marcha de la misma tras sólo seis números, pasando el testigo a Will Pfeiffer.

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un breve retorno al cómic inglés, con Red Moon y vuelve a DC, donde se une con nuestro Pascual Ferry para realizar la excelente miniserie de Adam Strange Planet Heist. Un buen empujón para el escritor que se completaría con la exótica miniserie Silent Dragon. Una historia retrofuturista de corte oriental. Mientras tanto, aún le quedaría espacio para su primer trabajo para Marvel, el one shot del Castigador Silent Night.
Con un contrato en exclusiva con DC en el bolsillo, todo son buenas perspectivas para el británico, que tiene en cartera dos proyectos de lo más goloso, la miniserie Batman Confidential dibujada por Whilce Portacio y, tal y como conocimos esta semana, los guiones de Hellblazer, todo un caramelo.

Hay autores que parecen tener un idilio con el trazo, que parecen dominar la curva y el volumen como nadie. Terry Dodson es uno de ellos. Pertenece a ese privilegiado grupo de dibujantes de estilo limpio y atractivo que, ay, además resulta que tienen una especialidad, la misma que Adam Hughes o Frank Cho: dibujar (con buen gusto, eh) a las mujeres más deslumbrantes del mundo del cómic. Curioso, igualmente, resulta su tandem con su esposa, Rachel, un hecho inusual en la industria viñetera.

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Como viene siendo habitual, cogemos la máquina del tiempo hasta principio de los años noventa para localizar la primera referencia en papel impreso de Terry Dodson. La encontramos en Rock’n’Roll Comics, la colección de la editorial Revolutionary dedicada a contar la vida y milagro de músicos de todo tipo. Pero lo que realmente le acaba por situar en el mapa es una serie que, curiosamente está protagonizada por una fémina: Mantra. Junto con Mike W. Barr, Dodson fue cocreador de este personaje del Ultraverse Malibu. A lo largo del puñado de números en el que participa, el dibujante norteamericano sienta las bases de lo que ha ido ofreciendo en sus posteriores obras: un dibujo limpio y dinámico con una especial lucidez para reflejar expresiones faciales. También por esta época le vemos en el 83 de Excalibur.
Acabado su fogueo en Mantra, Dodson se pasa a DC, donde se encarga de Team Titans durante una temporada. Concretamente, se incorpora a la colección en el número 17. En el título meterían mano también Phil Jimenez y otros al mismo tiempo. Sin tiempo para descansar, el dibujante se deja caer por el número 18 de Wildcats , el 433 de Incredible Hulk, un par de números de Factor X, otro par de X-Force, el X-men’95 y X-men Chronicles 1, X-Men Prime y el 39 de X-Men. También intenta fugazmente cubrir el irreparable vacío dejado en Ghost de Dark Horse tras la marcha de Adam Hughes.

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Acabadas estas cosillas aisladas, cubre una temporada con colaboraciones con el británico Warren Ellis en dos miniseries, Pride & Wisdom salida de las páginas de Excalibur y el debut en solitario de Tormenta, ambas buenas demostraciones del talento que atesora este aventajado trazador de reconcedes imposibles. El año lo remataría con un número suelto de Adventures of Superman, el 540, y el annual de X-Man.

Acaba el 97 y empieza el 98 con trabajos para la familia mutante: el X-Men All Saint’s Day y el 352 de Uncanny X-Men. Dibuja también en este año (¡junto a Kevin Nowlan!) dos números de Legends of the DC Universe dedicados a Bargirl, el 10 y el 11. A partir de aquí se queda como inquilino en el ala de estudiantes de la Escuela del Profesor Xavier. Como dibujante de Generación X se le nota cómo y dispuesto a divertirse reflejando el mundo desenfadado e hiperactivo de estos jóvenes mutantes. Entre los números 38 y el sesenta y pico de la serie, con diversas bajas debido a su lentitud dibujando, Dodson se asienta una reputación en el mundillo y va sumando seguidores de un estilo de dibujo que le va que ni pintado a las series de protagonistas juveniles. En esta época larga también se le puede ver dibujando algún número en Teen Titans y embarcarse en cosas marcianas como Silver Age, para DC, CHIX y el adelanto en Atomic Toybox de su proyectada serie Bombshell, para Image y regalando portadas en algún título de Superman o Birds of Prey (colección que, seguro, más de uno estaría encantado de que dibujara).
Tras larga su temporada, el dibujante, acompañado de su esposa, recoge los bártulos y se vuelve a DC para encargarse de la serie dedicada a la partenaire del Joker, la alocada Harley Quinn. Con guiones de Karl Kesel, El matrimonio Dodson aguanta el tipo durante poco más de una docena de números para acabar encargándose tan sólo de las portadas de la serie. Eso sí, podemos decir perfectamente que es ésta la colección en la que explotan verdaderamente las posibilidades gráficas del dúo, facturando momentos de auténtico infarto. Luego vendría uno de los casos más marcianos de los últimos tiempos. Con guiones de Kevin Smith, empieza un proyecto con muy buena pinta como la miniserie de Spiderman y la Gata Negra The Evil that men do. Una limited que tardaría cuatro años en ser completada, tras tres números en la calle. Nosotros la hemos podido disfrutar hace poco en un solo tomo, pero los aficionados norteamericanos que la empezaron a comprar en números sueltos han estado con media serie durante casi un lustro. Algo que no se recordaba casi desde los inicios de Image y, desde luego, nunca de manera tan sangrante. Huelga decir que la espera ha valido la pena.
Con tiempo para marcarse un número de Daredevil, el 40, que nos hizo recordar aquella etapa del Hombre Sin Miedo dibujada por Cary Nord, el dibujante se embarca en un proyecto atípico donde los haya. Marvel se vuelve a sacar de la manga el sello Epic para publicar Trouble, un proyecto en el que Mark Millar nos habla del verano de cuatro adolescentes.

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Tras Trouble, Dodson se vuelve al Universo Marvel convencional por la puerta grande, estrenando una nueva serie del trepamuros. Con Marvel Knights Spiderman, el matrimonio Dodson perpetúa su feeling con Mark Millar y ofrece una docena de buenas razones para seguir las aventuras de Peter Parker mensualmente. Dodson se mantendría ocupado con encargos como varias portadas para Witchblade, volviendo, de nuevo, a DC, editorial en la que se mantiene en la actualidad. Primero a cargo de las cubiertas de dos títulos del decano de los superhéroes (Superman y Action Comics) y luego, otra vez, con un encargo de lujo, la nueva serie de la amazona Wonder Woman después del reseteo del One Year Later.

Esta semana he querido asomarme a la trayectoria de un autor que considero interesante, peculiar y contradictorio. Ashley Wood es un tipo efervescente y, por ratos, irregular, pero es difícil dejar pasar el hecho de que todo lo que toca, sea mejor o peor, está dotado de una extraña sensación de genialidad. Decir que es poco más que una versión actual de Bill Sienkiewicz sería dejar de lado muchas y muy buenas cosas que puede aportar un artista como este, capaz de mantener su interés en un medio del que otros han huido en cuanto han catado las glorias artísticas. En todo caso, su gran capacidad de compaginar proyectos propios de marcada identidad con una respetable y regular producción dentro de lo comercial (algo nada fácil para “pintores” comiqueros) hace que Wood merezca nuestra atención.

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Ashley Wood es australiano. Él se declara casi autodidacta, ya que sus estudios de diseño gráfico los realizó justo antes de la implantación salvaje del ordenador como herramienta de diseño, lo que convirtió en obsoleto todo lo que había aprendido. Tras trabajos dispersos diseñando carteles para discotecas y grupos de su Perth natal entró a realizar diversos encargos para la editorial británica 2000AD (la de Juez Dredd y compañía). Allí se encargaría de dibujar algunas cosillas para el Judge Dredd Megazine, en 1995.
Su paso a los Estados Unidos lo realizaría de manera progresiva. Primero dentro de la antología de autores australianos Dark Horse Down Under, para luego empezar a tomar parte de manera tímida en cosas como el número 37 de Doom 2099 (título en el que haría, además, alguna que otra portada) o el Generation X Annual’95. Y de ahí, tiene la posibilidad de hacer parada y fonda en un título a reivindicar, Ghost Rider 2099. Se encarga de la recta final de la serie, los números 15 al 24.
De ahí, pasa directo a los lápices, intentando la revitalización del personaje Shadowman en Acclaim Valiant, con guiones de Garth Ennis. En la serie, donde supo mantener un nivel más que decente, se mantendría durante cuatro números.
Luego vendría una mínima presencia en el 13 de Alpha Flight y, de ahí en adelante, Wood se dedicaría durante una buena temporada, una quincena de números, a ser el artista fijo de Hellspawn, formando equipo junto a Brian Michael Bendis. Añadiría a este importante trabajo su faceta de portadista en diversos títulos publicados por Todd McFarlane: Spawn, Sam and Twitch, Kiss Psycho Circus, Spawn: The Dark Ages… todas se verán agraciadas con estupendas portadas pintadas del australiano.

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A lo largo de 1999, tendrá la oportunidad de publicar dos volúmenes especiales pintados protagonizados por el personaje de la capa imposible. Se trata de Spawn Blood and Shadows y Spawn Blood and Salvation, con guiones de Paul Jenkins y Alan McElroy, respectivamente. La capacidad de Ashley Wood de asumir riesgos formales y narrativos fue saludada efusivamente por muchos lectores y parte de la crítica especializada. Una escapadita para participar en un número de Star Wars Tales, el 16, para Dark Horse, fue el único respiro que se permitió durante una época monopolizada por el universo Spawn.
Dejada atrás su intensa época junto a las propiedades de Todd McFarlane, se toma un breve descanso en Marvel, con unas gotas de su talento en el número 400 de Uncanny X-Men y en el X-Men Annual 2001. Otra pizquita más en el Ultimate Spiderman Super Special y entra de lleno en cosas de más enjundia.

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Por aquel entonces empieza ya a publicar su irregular pero fascinante Popbot, una serie en formato prestigio de periodicidad variable y que ha sido recopilada posteriormente. Además, no sólo se encarga de las portadas del bombazo que sería 30 días de noche. También inicia el primero de sus proyectos más personales hasta la fecha, Automatic Kafka, una adrenalínica serie en la que, además de poder demostrar su fascinación por la maquinaria y lo robótica, Wood, junto a Joe Casey como guionista, da una buena muestra de hasta donde pueden llegar su talento y su imaginación si van cogidos de la mano de un punto de partida poco convencional. Desgraciadamente, Wildstorm, su sello editor, pareció perder interés en el proyecto, que inicialmente iba a contar con doce números, y decidió cancelar la serie en el número nueve.
Desde entonces, Ashley Wood no ha parado: ha emprendido una nada desdeñable cantidad de proyectos, desde dibujar para la adaptación viñetera de la serie CSI a otra adaptación, esta vez la de un videojuego, Metal Gear Solid, ha realizado las portadas de Superman: Metropolis y alguna que otra más… Por supuesto, el australiano ha dedicado tiempo a proyectos personales, varios libros de ilustraciones y sketchbooks, encargos de diseño comercial y una serie, Lore, en la que pasa por su inconfundible tamiz una historia de héroes y mitología. Asentado cómodamente en la editorial norteamericana IDW, sus más recientes encargos han sido alguna adaptación para la revista antológica de terror Doomed, Shadowplay, serie en la que Wood hace historias de vampiros a pachas con Ben Templesmith, la miniserie marcialísima Zombies vs Robots y portadas para las reediciones de la serie de cómic de Transformers. No para, el chico.

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Stuart Immonen es uno de esos dibujantes que, sin llamar la atención ni ocupar grandes titulares, lleva un buen puñado de años ofreciendo un trabajo sólido y de calidad. Creo que no me equivoco si digo que el canadiense es uno de los dibujantes mainstream más sólidos y técnicamente dotados de los que trabajan en la actualidad en alguna de las grandes editoriales. Se trata, además, de un tipo peculiar que, por ejemplo, no hace dibujos para fans en convenciones (detalló sus ¡50! Razones en un cómic), ni commissions (ilustraciones por encargo para coleccionistas) y tiene una declarada debilidad por los webcomics y la manera europea de entender y tratar al medio.
Producto de la inagotable cantera de dibujantes salidos de las páginas de la Legión de Superhéroes (gente como Chris Sprouse, Jason Pearson u Olivier Coipel, por citar algunos, también se foguearon en la misma cabecera), Immonen se encuentra de actualidad en Estados Unidos por su excelente trabajo para la estimulante Nextwave: Agents of HATE y en nuestro país por sus lápices para Ultimate X-Men en unos números en los que ya podemos disfrutar de su nuevo estilo gráfico.

Tras probar con la autoedición con Playground, Immonen ve publicados sus primeros trabajos a principios de los noventa. Nut Runners, para la pequeña editorial Rip Off Press es el primer proyecto en el que empieza a ofrecer su trabajo, y después vendría algo para Hero Alliance, en Innovation y una temporada trabajando en diversos títulos de Rock’n’Roll Comics, de Revolutionary Press, editorial dedicada principalmente a contar en viñetas la trayectoria de grupos musicales de todo tipo.
Y, de ahí, directamente a la Legión de Superhéroes. El dibujante entra en la serie a partir del número 40, en 1993, y prolonga su estancia hasta casi una veintena de números, con un paréntesis de medio año., con un hueco para participar en el libro de fichas DC’s Who’s Who de ese año.
Sin casi descanso, da el salto a otro título DC, Superman, donde dibuja un par de números, el 87 y el 88. Y de una colección del Hombre de Acero, a la siguiente, ya que desde febrero de 1995 se convierte en el dibujante regular de Adventures of Superman, título en el que se mantuvo en dos tandas, la primera hasta 1997 y la segunda entre 1999 y 2000. En ambas destaca la capacidad del dibujante por mantener casi siempre el ritmo de entregar 24 páginas al mes. También en 1995 hace su trabajo más consistente para Marvel (antes había participado en los primeros annual de X-Men y Wonder Man y en el 20 de Hulk), el What If 76, What If Peter Parker Had to Destroy Spider-Man?.
El hueco entre una tanda y otra lo ocuparía cómo no, trabajando en la tercera colección de Superman, Action Comics, con tiempo incluso para realizar proyectos más cortos como Wonder Woman Gallery (1996), Superman Toyman (1996), Final Night (1996, cuatro números), Inferno (1997, cuatro números también), Superman Secret Files 2 (1999), Supermen of America (1999, como guionista).
Por este momento Immonen ya ha dominado el estilo que le dio sus primeras alegrías, un trazo redondeado y de corte realista, vistoso y agradecido, muy en plan Gaijin Studios.

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En un año tan redondo como es el 2000, Stuart Immonen deja atrás su amplia etapa en DC y se embarca en la aventura de la independencia. Con guiones de Kurt Busiek y bajo el manto de Image, dentro del efímero subsello Gorilla Comics, se encarga del dibujo de Shock Rockets, una más que encomiable serie de acción y ciencia-ficción que dejó en seis números muy buenas vibraciones. La aventurilla tendría continuidad con Superstar, otra colaboración junto a Kurt Busiek (recientemente publicada en nuestro país, además), que presenta a un joven superhéroe en el circo mediático de nuestros años.
Concluida con más pena que gloria (pese a haber realizado una labor más que encomiable) su escapada de fin de semana en Image (con el añadido de hacer alguna que otra cosa para Soujourn, de la extinta Crossgen), el dibujante recala en Marvel, ya que para DC en esta época sólo hace portadas (Just Imagine Secret Files) y una nadería en el Secret Files President Luthor antes de entregarse a un proyecto verdaderamente ambicioso como Superman: End of the Century, novela gráfica guionizada y dibujada por el canadiense.
En Marvel, tras un par de cosas sueltas, como el 26 de los Vengadores, otra vez con Busiek, el Mutant X: Dangerous Decisions, su granito de arena en Heroes (el tebeo de homenaje a los héroes del 11 S) y el 50 del Capitán América, y un puñado de números de los Cuatro Fantásticos, se cuelga a la espalda el arduo trabajo de ser dibujante regular de una serie como Thor, que, una vez lejos su etapa con John Romita Jr. al frente, no estaba para muchas alegrías gracias a unos guiones, los de Dan Jurgens, más bien sosos.
Y de un personaje siempre en equilibrio precario a otro, Hulk, al menos durante medio año, coincidiendo con un Bruce Jones cuyos guiones para este título fueron y han sido muy discutidos.
Después vendría la materialización de uno de sus proyectos más destacados, de nuevo junto a Kurt Busiek. Se trata de Superman: Identidad Secreta. Saludado por muchos como uno de los tebeos definitivos del superhéroe por excelencia y, desde luego, como uno de los mejores tebeos de Superman en años, lo cierto es que tan meritoria resulta la historia planteada por un Busiek muy ducho en jugar con las grandes nostalgias y fundaciones de la esencia del superhéroe como la capacidad gráfica de un Immonen que se suelta la melena y deja fluir su trazo con un resultado embriagador. Toda alabanza hacia este proyecto (sin entrar en si el aluvión de reseñas positivas que generó es exagerado, como casi todo lo que rodea a Kurt Busiek) es poca. De los focos del reconocimiento del mundillo comiquero, el dibujante se vuelve a lo que de verdad le da de comer a alguien de sus características, las series regulares. Empieza su fructífera etapa en títulos Ultimate con los Ultimate Fantastic Four guionizador por Warren Ellis. Una tanda de discreta corrección en la que Immonen, eso sí, pasa una racha de tranquilidad en una colección que, mal que bien, va bien de ventas. Con altos en el camino (números sueltos de Spiderman Unlimited, Spectacular Spiderman y Flash, éste último… como guionista, faceta que ha desarrollado aquí y allá) y un estimulante proyecto en Europa, Sebastián X, para Les Humanoides Asociés, se cambia al bando mutante dentro del Universo Ultimate. En Ultimate X-Men explota su nuevo estilo de dibujo, más sintético y anguloso, ofreciendo un puñado de buenos tebeos con Brian K. Vaughan a los guiones y que actualmente tenemos la suerte de poder disfrutar en nuestro país (y lo haremos al menos un mes más, hasta que se alcance el 65 USA). Para no aburrirse, también se encargaría de las portadas de Generation M, la mini dibujada por nuestro Ramon Bachs, y de las de los dos Marvel Holyday Special más recientes.

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Y de ahí, vuelta a colaborar con un Warren Ellis que, mucho más lúcido, ha agarrado a un puñado de perdedores del Universo Marvel y los ha juntado en un grupo como Nextwave, Agents of HATE. Planteado por ahora como una colección de 12 números (esperemos que la cosa funcione y haya segunda temporada), la serie es una de las sorpresas del año y uno de los títulos con más mordiente que se puede encontrar en el panorama pijamero actual. Divertida, exagerada y adrenalínica, la serie puede que no sea recorada dentro de diez años, pero, a día de hoy, es entretenimiento puro al cien por cien.
Si buscamos un autor al que valga la pena conocer o revisitar en estos momentos, es más que probable que Stuar Immonen esté muy alto en la lista de candidatos. Tras una carrera correctísima pero, en ocasiones lastrada de una cierta monotonía, nos encontramos ante la eclosión evolutiva en el talento de un tipo muy capaz de hacer grandes cosas con un lápiz en la mano.

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Convertido en uno de los guionistas más en boca del aficionado pijamero gracias a su facilidad para escribir comics entretenidos y con chispa, Dan Slott es otro de esos guionistas de grapa y colección mensual. Un rol con el que no todos los escritores encajan bien pero que, bien mirado, conforma una especie de vital importancia para la pervivencia del género.
Slott empezó sus días como becario en Marvel, a las órdenes de Fabian Nicieza. Pasó varios años trabajando dentro del staff de Marvel e intentando meter cabeza en algún título.
Su primer trabajo fue bastante poca cosa: un número de la serie que Marvel dedicó hace años al mítico Super Ratón. Le seguirían, algo en el Marvel Tales 256, una historia corta dentro del número 89 de Marvel Comics Presents y algunos números posteriores (93, 98 y 99…), algo en el Punisher Summer Special y otras en el 23, 24 y 26 de la serie de humor y sátira What The? Una vez abierto el grifo (aunque poco), continuaría el goteo de encargos: unas brevísimas historias en los Annual número uno de X-Force, New Warriors y X-Men, en en número dos del de Wonder Man (curioso cómo ha desaparecido del mapa este personaje) y en el Power Pack Holiday Special y más cosas para MCP, en los números 116, 119, 132-136, 148 y 156. Unido a ello, conseguiría trabajar de manera semirregular en The Original Ghost Rider y cositas aquí y allá: en el Punisher back to school special 2 , un par de What if? (el 52 y el 63) y el 25 de Sleepwalker.
Además, vuelve su implicación en títulos de humor basados en dibujos animados. Abriendo fuego con la serie en papel del show de Ren y Stimpy y Aladdin .
En el género de superhéroes, Slott se mantendría en el formato de historias cortas en el número 7 de 2099 Unlimited, el 68 de Excalibur y el 9 de Midnight Sons Unlimited para, posteriormente, embarcarse en dos números de la serie regular de Night Trasher y un par de proyectos protagonizados por Veneno. Se trata del Venom Super Size Special, dentro del cual volvería a realizar una historia corta, y de la miniserie Venom: Sinner Takes All, curioso proyecto en el que se presentarían dos historias, una guionizada por Larry Hama y otra por el propio Slott.
Después de eso, se embarca en colaboración en la primera serie de Doc Samson (cuatro números) allá por 1995 y continúa con sus proyectos basados en dibujos animados y similares: un número en Superman Adventures, el 44, y varios de Earthworm Jim.

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Hasta este momento, como se puede ver, Slott se había encargado de proyectos insignificantes dentro de una época en la que las dos grandes editoriales publicaban mucho y muy malo. En muchos de estos comics el Dan Slott se encargaba sólo de los diálogos y, en alguna otra ocasión, incluso hizo sus pinitos como colorista. Estaba muy lejos del momento en el que se halla hoy en día, aunque su extraña alternancia entre superhéroes y títulos de humor (aunque sea infantil) ayudan a entender su estilo actual de escritura.
Sus siguientes trabajos se mantienen dentro del mundo cartoon: Scooby Doo, el Laboratorio de Dexter, el 58 de Batman: Gotham Adventures, varios de Justice League Adventures
Finalmente le llega su gran oportunidad en forma de una miniserie de Batman: Arkham Living Hell que, para empezar, le permite explayarse en un personaje de verdadero interés y, por fin, con un dibujante interesante como Ryan Sook. Coincidiría también ese momento con el encargo regular, junto a Ty Templeton, de la segunda serie de Batman Adventures, en la que permanecería casi una veintena de números. Es este momento en el que se le empiezan a poner las cosas de cara al guionista y empieza a ofrecer el tipo de historias que le han hecho estar en el candelero.
La principal y más firme hasta la fecha el relanzamiento de la serie regular de Hulka. Desde aquel bombazo con John Byrne en plan divertido el personaje había deambulado con más pena que gloria por el Universo Marvel. Slott la recupera y, ayudado de un eficiente Juan Bobillo a los lápices, recupera ese tono de diversión y comedia que tan buenos resultados dio en su día. Con dos “temporadas” de doce números la serie se ha convertido en uno de esos títulos en boca de muchos y, desde luego, en una de las series Marvel más reclamadas por estos lares.

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Después de Hulka, Slott se ha embarcado en un puñado de proyectos protagonizados por personajes poco habituales y, sobre todo, poco habituados a tener serie regular propia. Así, desde la Cosa, con una serie regular recientemente cancelada en la que el guionista se ha mantenido fiel a la fórmula que le dio el éxito con Hulka, hasta el flamante retorno de los Vengadores de los Grandes Lagos, todo han sido éxitos y parabienes para un guionista que no inventa nada pero que sí ha sabido insuflar una sana dosis de entretenimiento al ritual de ir mes a mes a la tienda de comics. A estos títulos cabe unir su nueva colaboración con Ty Templeton en Spiderman/Human Torch, interesante material que en nuestro país hemos tenido que disfrutar en un formato muy poco apropiado, y proyectos sueltos como Marvel Westerns: Two Gun Kid, una colaboración para Amazing Fantasy o su debut fuera de las dos grandes, con la peculiar Big Max.
Con prácticamente tres años de material potable tras casi quince de trabajo, se puede decir que Dan Slott aún no ha mostrado todo su potencial. Queda ver su capacidad de crecimiento y evolución más allá de las herramientas básicas con las que trabaja y corregir ciertos defectillos que le lastras (al parecer no se trata del más puntual en las entregas, tema importante en un momento en el que Marvel es especialmente quisquilloso con ello). En todo caso, se trata de un autor al que, al menos por el momento, vale la pena seguir.

El verano y diversas vicisitudes han hecho que esta sección de voluntad semanal se dilate algo más en el tiempo. A ver si volvemos a las buenas costumbres…

A lo largo de toda la semana, Marvel, a través de varios comunicados, ha ido haciéndose eco del éxito de su iniciativa Young Guns, por la cual se propuso dar cancha a seis jóvenes dibujantes (Steve McNiven, Adi Granov, David Finch, Trevor Hairsine, Jim Cheung y Olivier Coipel) para que llegaran a lo más alto. Viene la cosa a cuento porque esta misma tarde, la editorial del Capitán América tiene previsto anunciar una nueva hornada de Young Guns. Mientras tanto, me ha parecido buena idea repasar la trayectoria de, al menos, uno de los primeros Young Guns.
Debido a que es uno de mis predilectos del grupo y a la gran acogida que parece haber tenido entre los lectores marvelianos Jóvenes Vengadores, el veraniego Es la hora… de esta semana recae en Jim Cheung.
Como muchos dibujantes norteamericanos, Cheung comenzó a hacer sus pinitos en el que quizá haya sido el momento de mayor demanda de dibujantes de la historia del coómic USA, la década de los noventa. A mediados de la década, concretamente en 1994 publica su primer material en Marvel. Será en el número 170 de Marvel Comics Presents, un historia protagonizada por Vengeance. Ya en 1995 realizaría para DC el número 26 de Justice League Task Force, típico encargo olvidable para una serie olvidable.

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Pronto se le asigna una colección regular en la que foguearse. En su caso, le cae en gracia (o en desgracia) Iron Man. Con el personaje en horas bajas y convertido en un adolescente, Cheung realiza un puñado de números entre el 323 y el 330, en uno de los momentos más bajos de la historia de Tony Stark. Lo mejor de esta etapa, la posibilidad brindada al dibujante para ir mejorando de la mejor manera posible: trabajando.
Tras Iron Man, el dibujante haría un breve inciso en el que trabajaría para DC. Concretamente, en dos números del Flash de Mark Waid, el 115 (que haría a medias con el añorado Óscar Jiménez) y el 117. Por el momento, esas han sido las últimas incursiones del dibujante en la Distinguida Competencia.
Este breve devaneo le llevaría de vuelta al redil Marvel, donde se embarcaría en otro proyecto de otro antiguo vengador que resultaría igualmente fallido. El especial Black Knight: Exodus, con guiones de Ben Raab , volvía a ser un encargo algo insustancial de un dibujante que, pese a ponerle ganas, estaba claro que todavía estaba muy verde. Por aquel entonces, Jim Cheung, con su estilo de remotas influencias manga y su trazo tosco, era poco más que un quiero y no puedo. A este trabajo le seguiría el 14 de la primera serie de X-Men Unlimited.
Afortunadamente, Cheung pudo gozar de la continuidad que necesitaba gracias a la serie regular de Maverick. En pleno boom mutante, la idea de asignar su propia serie regular a este semidesconocido secundario no sonó tan rara como lo haría hoy. Beneficiándose de numerosas presencias invitadas de personajes de mucho más peso específico, la serie aguantaría una docena de números antes de ser cancelada. En esta serie Jim Cheung empieza a dar señales de ir cimentando su actual estilo o, al menos, empieza a abandonar el tono neutro de sus anteriores trabajos, en los cuales su trazo bien podía confundirse con el de un puñado de artistas que vagaban en la época por Marvel intentando meter cabeza.
Pero el inicio auténtico del Jimmy Cheung que hoy conocemos se forjaría en su paso por X-Force. Abandonada a su suerte, la serie se acercaba al centenar de episodios sin un rumbo claro y con John Francis Moore a los guiones. Entre el 82 y el 100 de la serie, Cheung dibujaría unos cuantos números en los que deja claras sus influencias y sus posibilidades. Lastrado, aún, eso sí, por los tics de la escuela del dibujo espectacular Lee-Liefeld, el dibujante ofrece aquí las mejores páginas de su primera etapa Marvel, que trasladó también al número 371 de Uncanny X-Men.

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Y digo primera etapa porque X-Force daría paso a un título completamente alejado de la onda pijamera. Con Crossgen entrando fuerte en el mercado, al dibujante, tras un por de colaboraciones en Crossgenesis y Crossgen Primer, se le encarga una de las series de este peculiar multiverso, Scion. Con una ambientación de fantasía heroica, la serie se prolongaría a lo largo de 43 números, siendo una de las más longevas de la desaparecida editorial. Cheung, aunque de manera intermitente, estaría presente a lo largo de prácticamente toda la vida de la serie. En total, el dibujante se hizo cargo de una treintena de números. Scion consiguió que Jim Cheung destacase, por fin como dibujante. Al fin el dibujante empieza a encontrar un equilibrio entre un dibujo espectacular y una consistencia narrativa que le alejan de etapas anteriores, mucho más insustanciales.Además, de Scion, Cheung también se encargaría de un número de otra serie Crossgen, el 18 de Route 666.
Su aventura en Crossgen le permitiría volver a Marvel con ciertas garantías de éxito.
Sin comerlo ni beberlo, se ve embarcado en el proyecto Young Guns de Marvel, por el cual la editorial se implica con un puñado de jóvenes talentos a los que quiere lanzar hasta lo más alto. Se encarga de un par de portadas de Vengadores a medias con Scott Kolins y se mantiene una temporada saltando de un título a otro. Así, realiza números de Spectacular Spider-Man y Spider-man Unlimited, colabora en Avengers Finale, realiza el What If… Magneto had formed the X-Men with Professor X y las portadas de Fantastic Four Foes. Cosas aquí y allá hasta que llega el encargo en el que más cómodo demuestra estar y que más alegrías le ha dado: Jóvenes Vengadores.

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La serie, protagonizada por una suerte de versión adolescente de los míticos Vengadores, se ha convertido en todo un bombazo en los EE.UU. El guionista Allan Heinberg ha sabido dotar de una frescura envidiable a una serie que juega en su propia liga y en la que Jim Cheung está dando lo mejor de sí mismo con un dibujo dinámico y atractivo que, ahora sí, puede aguantar el tipo del mes a mes. Con contrato en exclusiva con Marvel, Cheung parece muy cómo en Jóvenes Vengadores, donde se mantiene contra viento y marea. Sus más recientes incursiones fuera de la serie regular, de hecho, han sido proyectos relacionados, algunas páginas del Young Avengers Special 1 y la portada del Civil War: Young Avengers and Runaways.
Desde su posición provolegiada de Young Gun ya consagrado, lo cierto es que, tras más de una década dibujando, Jim Cheung comienza a recoger los frutos de su trabajo. A poco que se mantenga centrado, el dibujante tiene mucho y muy bueno que ofrecer en los próximos años.

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