LAS AUDIENCIAS GOBERNADORAS

(1527 - 1535)

Las constantes quejas que llegaban a España sobre las arbitrariedades y abusos cometidos por los oficiales reales, que terminaron en una especie de guerra civil, hicieron que la Corona resolviese establecer en México un gobierno más efectivo, nombrando en Burgos, el 13 de diciembre de 1527, una Real Audiencia Gobernadora, compuesta por un presidente y cuatro oidores. El presidente fue el licenciado Nuño de Beltrán, gobernador de Pánuco y los oidores Juan Ortíz de Matienzo, Diego Delgadillo, Diego Maldonado y Alonso de Parada. Es de creer que la Corona no conocía a la gente que nombraba, porque el licenciado Nuño de Guzmán se había conducido de la manera más cruel en Pánuco, haciendo prisioneros a los indios para venderlos en las islas como esclavos; tuvo varias discusiones con Cortés por cuestión de límites de su gubernatura y resultó así su enemigo declarado. Los oidores embarcaron en Sevila y llegados a Veracruz dispusieron el viaje a México sin esperar a Nuño de Guzmán, quien llegó después. El Ayuntamiento les hizo una recepción espléndida y les dedicaron las fiestas hechas con gran esplendor en México con motivo del nacimiento del príncipe Felipe que iba a ser el rey Felipe II.

Al poco tiempo de su llegada murieron Parada y Maldonado y Nuño de Guzmán y los otros dos oidores se ocuparon de inmediato en quitarle atribuciones al Ayuntamiento y reiniciar el juicio contra Cortés por la acusación de haber asesinado a su esposa Catalina Xuárez, cosa del todo falsa. El objeto principal de Guzmán y de los dos oidores era enriquecerse a toda prisa. Por ese tiempo ya había llegado a México el obispo fray Juan de Zumárraga, quien fue testigo de todas las tropelías y robos sin cuento de Guzmán y los oidores. Cortés, que andaba en España, llegó a México y fue recibido con grandes fiestas. Salazar, que había sido oficial real y entonces era consejero muy de confianza de la Audiencia, hizo público un comentario diciendo que un rey que empleaba a un traidor como Cortés, era un hereje. El capitán Pedro de Alvarado, que lo oyó, se presentó a la Audiencia para desafiar a Gonzalo de Salazar, pero Guzmán dijo que Alvarado mentía como villano porque Salazar era un fiel vasallo y no había dicho tal cosa. Al día siguiente Alvarado se hallaba preso, con cadenas en los pies.

Toda comunicación con la Corte estaba rigurosamente prohibida, al grado de que el obispo Zumárraga tuvo que valerse de un marinero vizcaíno, paisano suyo, para que en una pieza de cera y en el fondo de un barril llevase una carta para el emperador con tantas acusaciones, que el Consejo de Indias ordenó remover inmediatamente a Nuño de Guzmán y los dos oidores, enjuiciándolos para que diesen cuenta de su conducta. Como el emperador estaba en Flandes, habiendo concedido por esos días a la ciudad de México los mismos privilegios que a la ciudad de Burgos, vieja capital de Castilla, quedó ante el Real Consejo de Indias la emperatriz, como regente, y se resolvió entonces que más convendría para la Nueva España un virreinato, como el que tenía el Imperio en Nápoles; más, mientras se buscaba a una persona que reuniese los requisitos para desempeñar el cargo de virrey de la Nueva España, se dispuso mudar la Audiencia, nombrando como presidente de la que de nuevo iba a formarse a don Sebastián Ramírez de Fuenleal, obispo de Santo Domingo.

El presidente de la cancillería de Valladolid nombró como oidores a Juan Salmerón, Alonso Maldonado, Francisco Ceinos y Vasco de Quiroga. Todos ellos eran varones de acrisolada honradez y de gran capacidad, que mucho bien hicieron a la naciente nación. Bajo su gestión se hizo transitable el camino de Veracruz a México, se fundo en 1531 como lugar de reposo para los viajeros la ciudad de Puebla de los Ángeles, aparecieron las primeras carretas de transporte, se trajo de España ganado menor, caballar, bovino y bestias de carga, se negoció la llegada de la imprenta, se fundó el Imperial Colegio de Santiago Tlatelolco, para que los jóvenes indígenas hicieran estudios superiores y fueron reanudadas las exploraciones.

Nuño de Guzmán, al huir de México por el castigo que le esperaba, organizó una expedición hacia el occidente para ganar riquezas y fama que ocultaran sus criminales faltas. De Lerma entró en territorio de Michoacán, donde el cacique Zinsicha (al que los mexicanos llamaban Caltzonzin, "señor que lleva fino calzado") lo recibió de paz, le hizo obsequio de muchos tejos de oro y de plata, le dio guerreros y provisiones, pero Nuño de Guzmán no se conformó, lo hizo atormentar y asesinar, desventrándolo. Esa cruel conducta siguió en todos los pueblos por los que pasó. Fundó muchas poblaciones y exploró todo el territorio que se extiende de México hasta los ríos Yaqui y Mayo, al que llamó Nueva Galicia con capital en Santiago de Compostela, Nayarit y quedó Guzmán como gobernador.

La conquista de Nueva Galicia abrió el camino a las exploraciones posteriores del noroccidente de México. Guzmán exploró y conquistó en siete años casi la tercera parte del país, pero su gran empresa estuvo siempre bañada de sangre, de lágrimas aún de sus propios soldados, de crueldades, de robos y crímenes sin nombre. Los indios pintaban a Nuño de Guzmán en sus códices como una serpiente a caballo, que caía del cielo. Las quejas en su contra fueron tantas que la Corona resolvió enjuiciarlo y envió al licenciado Diego Pérez de la Torre para investigar. Lo encontró gravemente responsable, le quitó el gobierno y lo remitió preso con grilletes a España. Murió en marzo de 1554 en la ciudad de Valladolid, todavía en calidad de preso.



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