Abril 2007 - XCVI  
 
Guiseppe Bergman, El Hombre de Papel, El Clic!, El Rey Mono, Verano Indio, son todas obras importantísimas en el comic europeo de los últimos 30 años. Pero por más chapa que tengan cada una de estas obras, todas ellas (y un montón más, tal vez menos relevantes) palidecen frente a la firma de su autor, frente a ese nombre-ícono, que simboliza a la historieta europea adulta, sofisticada y -por qué no- un poco pasada de rosca en cuanto al contenido erótico. Este es un repaso por la extensa trayectoria de un italiano que conquistó el mundo. Vení, que hay mucho más que tetas y culos en el mundo mágico de:


por Andres Accorsi

 

NACE UNA ESTRELLA

Maurillo Manara nace el 12 de Septiembre de 1945 en Luson, un pequeño pueblo de la región italiana de Bolzano, cerca de la frontera con Austria. Desde muy temprano, estaba claro que Milo se iba a volcar a tareas relacionadas con el arte. Dibuja, pinta, y a los 14 años ilustra páginas de La Iliada y la Odisea. También tocaba muy bien el saxo tenor, pero a la hora de encarar una carrera universitaria, opta por Arquitectura, convencido de que no podrá vivir de la pintura, que era lo que más lo entusiasmaba. Tanto es así que, en 1964 (el año en que se inundó Florencia), se escapa de su casa y llega a dedo hasta París, para ver una enorme exposición de trabajos de Pablo Picasso.
Mientras cursa sus estudios en Venecia, trabaja en una fábrica de juguetes, y como asistente de Miguel Ortiz Berrocal, un escultor español radicado cerca de Verona. Y además descubre la militancia política de izquierda y la historieta francesa de vanguardia (Barbarella, Jodelle, Saga de Xam), que sacudía a Europa en aquellos agitados años ‘60. Todo este caldo de cultivo desemboca en 1968, cuando Manara milita en la organización maoísta Unión de la Juventud (para la cual ilustra afiches y panfletos) y comienza a publicar sus dibujos en forma profesional, tanto en publicidad, como en historieta.
Su primer trabajo relevante en este ámbito es Genius (1969), para la editorial Furio Viano, una historieta de tono policial, con una carga de sexo y violencia bastante escandalosa para aquel entonces. Pero ese estilo se pone de moda (gracias a Diabolik, de las Hermanas Guissani) y surgen decenas de editores con publicaciones similares. Uno de estos, Edizione Erregi, pone a Manara al frente de las escabrosas aventuras de Jolanda de Almaviva, de las que Milo llega a dibujar unas 40 entregas, entre 1971 y 1973. Jolanda de Almaviva era una revista de pequeño formato, pero con 120 páginas y periodicidad quincenal. Cada página requería apenas una o dos viñetas, pero el ritmo quincenal le exigía a Manara (y a los guionistas Francesco Rubino, Carlo Barbieri y Silverio Pisú) un enorme volúmen de producción. Es en estos años (y bajo este sistema de trabajo) cuando Manara forja su estilo y adquiere la calidad que le permitirá destacarse en su siguiente etapa.

SE VIENE EL ZURDAJE

El guionista Silverio Pisú es el primero en darse cuenta de que Manara está para cosas más importantes que esas pequeñas revistitas hechas por kilo. Pisú también milita en agrupaciones de izquierda, y su sintonía con Manara es inmediata. Con la banca del Partido Socialista italiano, realizan Telerompo y Strategia della Tensione. En 1975, Pisú y Manara crean una historieta polémica y relevante, llamada Alessio, Il Borghese Rivoluzionario, donde la bajada de línea es la protagonista. La puesta en página es espectacular, a tal punto que el editor (Oreste del Buono, de la prestigiosa revista Alter) decide publicar los textos en la parte inferior de las páginas, para que estos no opaquen los espléndidos dibujos de Manara. En estas osadas composiciones, Manara empieza a meter espectaculares mujeres desnudas casi con cualquier excusa y, paralelamente, Pisú se va a vivir a un barco en una isla de Grecia. Las desinteligencias entre los autores comienzan a profundizarse y estallan, casualmente, con la obra que los terminará por consagrar.
Lo Scimmiotto (conocida en nuestro idioma como El Rey Mono), se serializa entre Enero de 1976 y Febrero de 1977 en la revista Alter Linus y causa un enorme impacto por el avance de Manara en materia de narrativa y composición, y por el fuerte contenido ideológico. En realidad, se trata de una versión de una novela fantástica de la China medieval, La Peregrinación hacia el Oeste (de Wou Tcheng-en), que ya había sido ilustrada varias veces por artistas chinos. El mono en cuestión es, en realidad, un humanoide simiesco, Souen Wou-Kong, a su vez rey de una tribu de primates. Pisú trata de resaltar los aspectos fantásticos de la novela, pero Manara quiere priorizar la alegoría política. La tensión es permanente, pero como el éxito acompaña, la dupla sigue la historieta hasta el final, y después sí, se separa para siempre.
Entre sus dos últimos trabajos junto a Pisú, Manara colabora con el guionista Mino Milani, en la revista infantil Il Corriere dei Ragazzi. Aquí realizan una serie llamada La Parola Alla Giuria (1975), en la que recuentan las vidas de personajes polémicos de la historia (Atila, el General Custer, Alfred Nobel, Helena de Troya, etc.) y le proponen al lector juzgar a estos personajes. Este material apareció en nuestro país en la revista Billiken.
También en este período y en la misma editorial de Il Corriere dei Ragazzi, Manara crea la efímera serie Corrier Boy, donde por primera vez utiliza los rasgos de James Dean para un personaje suyo (luego repetirá este truco en las secuelas de El Clic!).
Sus historietas con personajes históricos le valen a Manara un jugoso contrato con la editorial francesa Larousse, que en 1976 lo convoca para ilustrar varios episodios de L'Histoire de France en Bandes Dessinées (la historia de Francia en historietas) y La Decouverte du Monde (el descubrimiento del mundo), a las que Manara aporta maravillosos trabajos. Obviamente, la editorial italiana Mondadori lo recluta entre sus filas para Storia D’ Italia, un proyecto muy similar al de Larousse.
Todavía muy apegado al estilo documental de estas historietas, lleno de detalles casi fotográficos, Manara realiza en 1977 L'Uomo delle Nevi (El Monje del Tibet, en castellano), una intensa novela gráfica escrita por Alfredo Castelli, e incluída en la prestigiosa colección Un Uomo, un’ Avventura. Ese mismo año, el autor recibe el primer premio importante de su carrera, el Premio Albertarelli, apenas el inicio de su romance con una industria que no dejará nunca de galardonarlo.


LA GRAN AVENTURA

Estamos a fines de 1977 y el idilio entre Milo Manara y los editores franceses está a punto de florecer. La editorial Casterman, que acaba de lanzar la revista A Suivre, quiere al italiano entre sus páginas y le da total libertad para realizar una saga larga con guión propio, además de un precio por página impensable para el mercado italiano. Así, a principios de 1978, el n°9 de A Suivre presenta el primer episodio de la que tal vez sea la mejor obra en la extensa carrera de Manara: HP et Giuseppe Bergman.

Aquí, además de la aventura, el erotismo y una (leve) bajada de línea, Manara pela elementos hasta ahora ausentes en su obra. Sintetiza un poco el trazo (un esfuerzo que le llevará alrededor de diez años), ajusta a la perfección la narrativa y -sobre todo- se larga a hablar de lo que le gusta: Habla de Hugo Pratt, de Bertold Brecht, de Luigi Pirandello, de Umberto Eco, de Frank Zappa, de Borges... se escapa de la aventura a la meta-aventura, a investigar desde la historieta el propio funcionamiento de la aventura en la historieta. Giusseppe Bergman es uno de los primeros personajes 100% conscientes de su condición de dibujo de tinta sobre papel, y hasta se da el lujo (como más tarde haría el Animal Man de Grant Morrison) de plantársele a su autor con cuestionamientos acerca dezl guión, el dibujo, etc.

HP et Giuseppe Bergman recorre el mundo (aquí la publicó Fierro) y consagra a Manara definitivamente y a nivel universal. En 1978 gana el Yellow Kid en Lucca como Mejor Dibujante Italiano y se convierte en un referente central de toda la movida del comic para adultos, que a fines de los ‘70 atravesaba su momento más próspero. Giuseppe volverá, a pedido de la crítica y el público, con dos libros que en castellano se conocen como Las Aventuras Africanas de G.P., pero que en Francia se publicaron como Dies Irae (1980). Se trata de otro poderoso meta-comic, de nuevo con situaciones eróticas y homenajes constantes a la obra de Pratt, pero con guiños también a Graham Greene, Robert Crumb, Moebius, Andrea Pazienza y los historietistas de vanguardia italianos, por entonces nucleados en la revista Frigidaire.
En 1981, Manara pasa a la revista Pilote, donde crea su otra obra maestra con guión propio: El Hombre de Papel (L’Uomo di Carta). En este western (pensado para ser publicado a color, y por ende dibujado en una línea más clara, más cercana a Moebius) se descuelga con desopilantes gags visuales, escenas mudas que pasaron a la historia, viñetas más grandes y una bajada de tono importante en lo que a erotismo se refiere. Pero atenti, que igual es heavy por otros motivos.

A LA CAMA CON MANARA

El quiebre grosso en la carrera de Milo Manara llega en 1983, cuando escribe y dibuja El Click! (Il Gioco, en Italia), para la revista Playmen. Esta historieta erótica es furor en todo el mundo y genera una versión fílmica (en 1985, dirigida por Jean-Louis Richard), una obra de teatro, una serie de TV y un film de dibujos animados. Tan grande fue el impacto de El Click!, que hasta los críticos (habitualmente hostiles al comic para leer con una sóla mano) la reivindicaron. Y la verdad es que no es la octava maravilla del mundo, pero tiene su encanto.

Manara siguió, de aquí en más, dos carreras paralelas: una enfocada en su obra de autor de comic adulto, con énfasis en la aventura clásica, y otra basada en la gran popularidad de su material erótico, apuntada más al pajero que al lector de historietas. Permítanme romper el orden cronológico que veníamos siguiendo para concentrarme (por un par de párrafos) en la vertiente soft-porno del amigo Milo.
Tras el hitazo que fue El Click!, el siguiente canto a la masturbación fue El Perfume del Invisible (1987), serializada en L’Echo de Savanes, que también tuvo una versión fílmica y una secuela tan desastrosa (Desnuda por la Ciudad, de 1992) que intentaremos olvidarla. De ahí nos vamos a las dos secuelas de El Click! que -en un rapto de originalidad- se titulan El Click 2 (1991) y El Click 3 (1994). Por supuesto, los argumentos mínimamente coherentes se habían acabado en la primera parte y las secuelas naufragan a pesar de que el dibujo mantiene el nivel de excelencia.
Un poquito más respetada por la crítica (pero igualmente traída de los pelos) es Gulliveriana, de 1996, obviamente basada en el relato de Jonathan Swift. Morbosa al pedo y con un dibujo por debajo del standard habitual de Manara es Cita Fatal (1997), un triste intento de acercarse al tono dramático que -está claro- no es el fuerte del autor. También de 1997 data Kamasutra (sobran los comentarios) y en 1998 aparecieron Afrodita (más cercano a la ilustración que al comic) y la patética www. En 1999, los onanistas del mundo le dieron la bienvenida a La Metamorfosis de Lucius, en 2001 a la ya absolutamente insostenible cuarta entrega de El Click y en 2002 a Piranesi: El Planeta Prisión, donde la ciencia-ficción y el erotismo se combinan con resultados casi aceptables.
Con el correr de los años y de las entrevistas, Manara desarrolló toda una teoría del erotismo, un verdadero marco intelectual en el que dibujar historietas para que los pibes se toquen (y comprar historietas para tocarse) adquieren una cierta chapa y hasta un cierto valor cultural. Un chamuyo maravilloso y conmovedor, excepto para los que queremos leer buenas historietas. Por suerte las hay, aunque haya que buscarlas en la otra vertiente de este autor.

LA OTRA MITAD

Volvamos un toque a 1984, el año en que Manara, un poco cansado, se dedica a la realización de historias cortas, que aquí se publicaron como Cuentos Fantásticos. Esta es la época en que el autor, ya millonario, se pone como límite dibujar una página cada dos días, luego de varios años de dibujar hasta tres páginas por día.
En 1986 se da otro inmenso lujo: dibuja un guión de su ídolo, Hugo Pratt, la novela gráfica Verano Indio, ambientada en los tiempos de los colonos británicos en lo que hoy es EEUU. Pratt le brinda generosamente su abultada documentación, Cettina Novelli y Laura Battaglia colorean como los dioses, y Manara pone toda la carne al asador para un trabajo monumental. Tal vez demasiada carne, ya que la crítica no le perdonó a Pratt haber “manarizado” su estilo paar incluir algunas escenas de elevado voltaje erótico, sin las cuales -convengamos- el álbum no habría vendido lo que vendió.
La siguiente obra relevante de Manara es la tercera saga de Giuseppe Bergman, conocida como Tal vez Soñar (1989), o Las Aventuras Orientales. Aquí la ambientación elegida es la región de India, Pakistán y Nepal, a donde Manara viaja para documentarse. El resultado está un poquito por debajo de las sagas anteriores, pero el dibujo (que acá llega a la síntesis más perfecta) justifica cualquier cosa. Manara aseguró en su momento que G.B. no reaparecería luego de esta historia, pero no cumplió.
En 1990 se da a conocer Viaggio a Túlum (Viaje a Tulum), la extraña (por momentos indescifrable) colaboración entre Manara y otro de sus ídolos, el cineasta Federico Fellini. Se dice que Fellini necesitaba dinero para sus películas y que un comic firmado junto a Manara era garantía de buena facturación. Por eso en 1992 la dupla se reunió para El Viaje de G. Mastorna (basado en un guión de los ‘60, jamás llevado al cine), un proyecto incluso más enrevesado que el anterior y que terminó por ser la última obra en la carrera del director.
Algo similar sucede con El Gaucho, que termina por ser el último trabajo de Hugo Pratt que se llega a editar antes de su muerte. El Gaucho es la adaptación al comic (insuficiente en un montón de aspectos) de Vientos de Tierras Lejanas, una novela escrita por Pratt, que narra con rigor histórico y documental una historia ambientada en la Buenos Aires de las invasiones inglesas. Pratt y Manara inician y suspenden la realización de esta obra varias veces entre 1991 y 1994, hasta que Pratt se da cuenta de que se va a morir pronto y le dice al dibujante “Metele, pibe, que la quiero ver terminada antes de palmar”. Manara pisa el acelerador y, sobre el final, la calidad se resiente un poco. Igual es un hito.

En el medio de este baile, Manara acepta realizar 20 ilustraciones basadas en Fuego en las Entrañas, un cuento del cineasta español Pedro Almodóvar. Esto lo hace entrar en conflicto con Javier Mariscal, quien ya habia realizado una adaptación al comic de ese mismo relato de Almodóvar, a principios de los ‘80.
En 1998, aparece Revoir les Étoiles, también conocida como Camino Oculto, o Las Aventuras Urbanas de Giuseppe Bergman... y sí, el personaje que no iba a volver, vuelve, esta vez en una saga que sorprende con un tratamiento gráfico majestuoso, y que nos lleva en un vértigo digno de Lewis Carroll hacia un hermoso homenaje a los maestros de las artes plásticas a los que Manara venera... hasta que al final derrapa hacia un tributo a los amigos muertos de Milo (Pratt, Pazienza y Fellini) que no tiene demasiado sentido ni aporta nada al núcleo de la trama.

LOS ULTIMOS AÑOS

Desde comienzos del nuevo siglo, Manara se alejó un poco del mundillo del comic, para volcarse también a la ilustración, al storyboard publicitario (realizó sus primeras armas nada menos que bajo las órdenes de Luc Besson, en un comercial de Chanel n°5), a producir CD-ROMs basados en sus historietas más populares (que son casualmente las peores: Gulliveriana, Kamasutra y www) y al diseño de personajes para un film de animación: La Légende de Parva, de Jean Cubaud. Es una etapa de bajo perfil, durante la cual circulan rumores agoreros acerca de su estado de salud, e incluso algunos teorizan que su hija, quien coloreó varios de sus trabajos más recientes, es la verdadera responsable de los dibujos que aparecen con la firma de Milo. ¿Conjeturas, o posta? No se sabe.

Lo cierto es que a fines de 2000, Manara se acuerda de lo lindo que era bajar línea, y lanza el álbum Revolution, una obra de tono satírico en la que va con los tapones de punta contra las grandes cadenas de televisión (Manara siempre dedicó largos tramos de sus entrevistas a hablar pestes de la RAI). Para que los “famosos” a los que parodiaba fuesen reconocibles, volvió a su estilo más realista y más fotográfico, y también a hablar de arte y de historia, dos de las pasiones que emergen en sus mejores trabajos.
De nuevo una ambientación histórica brinda el marco para una colaboración entre Manara y un guionista brillante: así nacen las 20 magníficas páginas de What I’ve Tasted of Desire, el aporte del italiano y de Neil Gaiman (obvio) al libro The Sandman: Endless Nights, que el sello Vertigo de la DC publica en 2003. Una de esas historietas imposibles de olvidar.
Y la fórmula se repite: Manara + guionista consagrado + ambientación histórica= éxito. Claro, estamos hablando de Los Borgia, la serie que Manara realiza junto a Alexandro Jodorowsky desde 2005 y que ya lleva tres tomos editados y millones de ejemplares vendidos en toda Europa.

El dibujo no está al nivel de los mejores trabajos de Manara, pero se la re-banca, y la onda sofisticada y depravada de la familia disfuncional más famosa del Renacimiento le cae como anillo al dedo. El tercer libro de Los Borgia salió en Noviembre de 2006 y es, hasta ahora, el último trabajo de este historietista incansable, que este año también lanzó Quarantasei (junto al guionista Valentino Rossi) y Péntiti!, un libro de textos e ilustraciones sobre la vida y la obra de Wolfgang Amadeus Mozart (otro ídolo de Manara), con motivo del 250° aniversario del nacimiento del genial compositor, y junto al especialista Rudolf Angermüller. Además, el diario italiano 24 Ore está reeditando toda la obra de Manara en 24 libros de aparición semanal y de enorme tirada.
Todo esto habla de la vigencia de un autor que supo elevarse al rango de estrella, pero también de maestro, de clásico y de ícono, a través de un dibujo inmediatamente reconocible y de un peculiar abordaje de un amplio abanico de temáticas, que supo impactar, que supo arriesgar y que -cuando quiere- sabe abrir la puerta para ir a soñar. (AA)

 

 

 
 
 
 
 
 
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