¿Cómo llegas al mundo del cómic?

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S.P.: Bueno, yo soy una lectora intermitente. De pequeña sí que leía mucho, pero lo dejé y luego de mayor me reenganché. Es muy curioso, porque el primer trabajo que me sale es de cómic, precisamente, para una editorial infantil y, bueno, es un género, como la ilustración, que siempre me había interesado. Luego entré en contacto con la gente que estaba montando el fanzine El Puñalito y me volví a enganchar. Fui haciendo cosas para ellos y la serie infantil de historietas también continuó. Fueron saliendo propuestas para revistas, el TOS, Dos veces breve… iba haciendo historias cortas, autoconclusivas, en las que yo hacía también el guión. Tanto hacer historias cortas, al final era como “Necesito hacer algo largo”. No es que domine las historias cortas, pero me apetecía probar algo más.

A nivel formativo, antes de tener encargos, ¿Te había interesado el medio?

S.P.: De pequeña sí, lo típico que recortas y pegas y te haces tus historias a partir de las historias de los otros. En plan formativo, no he ido a una escuela de cómic, hice Bellas Artes, y la verdad es que está fatal visto el tema del cómic. Ahora no lo sé, porque es verdad que cuando te pasas por galerías, ves muchas cosas que tienen un referente o bien a la ilustración o al mundo del cómic, pero la verdad es que no tenía formación específica, y yo creo que se nota, porque me acerco de una forma quizás más tangencial, me acerco como puedo.

Eso también puede ser beneficioso, porque al no haber sido una lectora adolescente de comics no tienes asimiladas fórmulas más convencionales y autoreferenciales…

S.P.: Leo mucho cómic ahora y mucha novela, ensayos… también me gusta mucho el cine, entonces supongo que, claro, al final trabajas con lo mismo, con palabras, con imágenes. Y lo que más me interesa es la relación que hay entre los dos medios. Esta relación entre texto e imagen, cómo se puede estirar al máximo, y cómo puedes jugar con unas primeras lecturas, unas segundas lecturas, y jugar mucho a nivel de relación y simbólico. Y sobre todo me interesa el cómic porque eso lo facilita mucho. Estás trabajando con esos dos lenguajes y el resultado que da la unión de los dos.

También me imagino que será un formato problemático en el sentido que el cómic tiene unas estructuras narrativas muy marcadas y en las que es muy fácil patinar al pasar de trabajar en ilustración a hacerlo en el cómic…

S.P.: Lo que pasa es que en las ilustraciones, como también interviene mucho la palabra en mi caso y son muy narrativas, tampoco he notado tanto cambio, sino que la manera de contar es mucho más similar, lo que pasa es que en vez de condensarlo y tener que contarlo todo en una imagen necesito más imágenes para contar algo y dispongo más imágenes para hacerlo. Entonces no he encontrado tanto problema. La verdad es que, para la manera que tengo de trabajar en ilustración, el cómic tampoco estaría tan alejado.

¿Ha sido mucho choque llegar al mundo del cómic en España, que está tan marcado por unos formatos que son los que triunfan, por el mundillo que es muy masculino, en los salones del cómic…?

S.P.: El tema de salones y tal, por circunstancias personales ya lo conocía, y como visitante había ido a bastantes. Para mí los mejores podrían ser los gallegos, desde Coruña hasta el de Orense, me parece que es lo que tendría que ser, tienen más un valor didáctico, no tanto comercial, pero supongo que son políticas diferentes. Y claro, sí que te sorprende. Me pasó en Francia, tenía expuestos originales y pasaron un chico y una chica y ella quería ver más y él no, la arrastró. Es un mundo en el que todavía pesa que haya más hombres dibujantes, guionistas, lectores y editores. Es muy masculino, pero tampoco noto hostilidad, sino más bien buena predisposición. Es la posibilidad de que entre aire fresco aunque no se traten temas diferentes, porque creo que, al final, todos hablamos de lo mismo.

Llegado el momento, te das cuenta que mucha gente con inquietudes culturales no entra en el mundo del cómic porque no sabe por dónde entrar, porque la distribución, la venta, la difusión de los tebeos, es un poco búnker…

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S.P.: Es que no los ves. Yo ahora me estoy dando cuenta más, porque antes como lectora iba a mi tienda de siempre y ya está. Ahora, como autora, me dicen “¿Dónde puedo encontrar cosas tuyas?” y, claro, o la librería especializada, o la Fnac, que está apostando mucho ahora. Incluso están intentando entrar en las librerías generalistas. Pero es que, claro, no llegan, y tú te desesperas. Y la librería especializada está muy bien, pero yo creo que también juegan en contra, porque si no las conoces, no vas. El autor de comics está haciendo cosas a mucho nivel, el editor lo está haciendo muy bien, pues es ese paso intermedio, la distribución y después la librería. En la librería generalista igual tiene que haber algo de, entre comillas, educación, de decir, “mira, tenemos esta cartera de productos, y estan al nivel de una maravillosa novela” y, de hecho, hay comics que han sido premiados con galardones que son para novela. Es, simplemente, quitarte esta capa de cosa marginal y de que no todo el mundo lo puede entender, cuando yo creo que sí. A nivel visual tenemos una educación y una cultura tremendas ahora. Yo creo que hay, además, un abanico tan grande de oferta que es que tiene que pasar, tiene que llegar.

Toda esta apertura de superficies como la Fnac y la Casa del Libro hacia el cómic piensas que se va a mantener o es algo pasajero?

S.P.: Pues no lo sé, porque, claro, también en los ochenta hubo mucho boom y mira lo que ha pasado. Yo creo que si se hace poco a poco y todos vamos como cuidando de no aprovechar de ahora, que parece que es una locura y todo va como rodado, sino ver tranquilamente cómo es el público, lo que pide, lo que se ofrece, cómo es todo… y ver mucho qué es lo que pasa. Porque ahora de lo que te das cuenta es que hay tantísima oferta que tú como lector no tienes tiempo de absorberla, ya no te digo las librerías, que se quedan sin espacio. Vayamos con calma y a ver qué pasa.

Pero esta cantidad enorme de oferta tampoco ayuda a que los autores españoles tengan posibilidad de vivir de manera medio digna de hacer cómic.

S.P.: Claro, pero es que hay tanto que viene del mercado japonés, que hace mucho bien, porque engancha a nuevos lectores, el mercado americano, que también es superpotente… hay tanto título que sale todas las semanas que, o despunta por lo que sea o, por muy buen material que sea, se pierde en el mogollón.

¿Tú ves a alguien que lea manga o superhéroes llegando hacia el tipo de comic que haces tú?

S.P.: Yo creo que sí, porque cuando he tenido la experiencia de las firmas de ejemplares te quedas patidifusa con la gente que te lee, porque hay gente de todo tipo. Desde la niña superenterada del anime y el manga, hasta el tipo greñudo o al de rollo más intelectual… además, en este libro en concreto se habla de algo tan general, como el crecimiento de una persona, en este caso es una chica, pero no olvidemos que el guión es de un chico, con lo que no es para nada un producto totalmente femenino.

Precisamente has sido, aunque de manera retroactiva, la primera en abrir una colección hecha por mujeres… Lo ves como una maniobra de marketing, como algo necesario…

S.P.: Bueno, como adalid que soy (risas)… esto lo hemos hablado en algunos salones, que hay más mujeres que vienen a comprar comics y más mujeres que se ofrecen como dibujantes. Entonces, sería absurdo por parte de un editor no aprovechar este momento, porque todo está diciendo “ahora, ahora, fíjate”. Además, hablando con la gente de las tiendas de comics, te cuentan que las chicas tienen mucho criterio. Como no tienen una tradición de compra, lo miran todo mucho y no tienen prejuicios, por lo que es un público muy interesante. Y ahí se ha abierto un campo. A mí me parece muy bien que haya estas colecciones, de hecho el libro se publicó en Francia también en una colección así y lo que tendría que pasar es que al final no fuesen necesarias, que hubiera colecciones temáticas pero no por cuestión de decir “es un chico” o “es una chica”. Sería la cosa de la cuota positiva, pero vamos a seguir trabajando para que no sea necesaria.

Quizá el riesgo en un momento dado sea meter en un mismo cajón desastre a gente que, más allá de ser chicas, no tenéis mucho que ver. No sé, por ejemplo, la similitud que pueda haber entre tu álbum y el de Peggy Adam… ¿Puede llegar el momento en el que esto despiste?

S.P.: No, yo creo que va a ser algo parecido a ponernos todas juntas y tener más fuerza, que tenga su misión de dar a conocer y al final se diluya porque al final no sería práctico. Cuando tienes mucha publicación, es absurdo que te encorseten. Yo creo que esto tendrá su tiempo y, al final, se superará.

Has trabajado muy activamente con revistas, que es un tipo de publicación que se está recuperando con iniciativas nuevas y que coincide con el último número de Nosotros somos los muertos. Por una parte, me gustaría que me contases cómo surgió tu colaboración con NSLM y cómo ves esta especie de resurgir de revistas…

S.P.: Con NSLM, me acuerdo cuando le enseñé mi trabajo a Pere Joan y a Max y dijeron que sí, fue como de derrame cerebral, porque dos tipos que tienen este peso en este mundo , de alguna forma, te dan su apoyo publicándote, es muy importante, al menos a nivel de mi trabajo fue un reconocimiento muy importante. Y después, claro, estar en la revista con gente de nivel internacional, que viaja fuera y la encuentras, y además la encuentras en museos porque es la vocación que tiene, era como estar en la mejor revista de este rollo en este país. Su desaparición me ha puesto muy triste. Se lo he dicho a Max y a Pere, que realmente me siento un poco huérfana, porque yo no soy tan optimista con lo de las revistas. No hacen más que desaparecer y desaparecer. Sí es verdad que ha salido El Manglar, que parece que funciona muy bien pero, claro, ¿Cuántas se han quedado por el camino? Además, si los Muertos fracasa, con lo que tenía detrás, y con la gente que estaba publicando… es que es muy raro. Se da todo para que este tipo de publicación tenga éxito… y no. Entonces, ¿Qué es lo que pasa? Igual el lector se ha cansado de este tipo de productos, igual hay tanta oferta de novela gráfica que ya no se necesita…

Esto lo he hablado con algunos editores y eran reacios porque lo veían como algo sin mucha salida. Por parte de una editorial sería como tener un catálogo de la gente con la que trabaja… pero no sé si tiene mucho sentido.

Me gustaría hablar un poco de técnicas, de cómo abordas tú lo de dibujar una página, una historieta… sobre todo en contraste con hacer una ilustración.

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S.P.: En Puede que esta vez, y en el que estoy preparando ahora, más o menos sigo la misma rutina, que es leer todo el texto y ver un poco el ritmo que me manda ese texto. En el primer libro, Xavi [Doménech] me mandó la narración sin ningún tipo de marca y Pere Joan, que es con quien estoy haciendo el próximo sí que me lo ha guionizado más. Entonces, claro, aquí ya tengo más marcado el asunto, pero la manera de trabajar es la misma. Es como leer, pero esa lectura me da unas imágenes y volvemos a lo mismo, la relación que hay entre texto e imagen y cómo esto se puede distribuir en una página o dos o tres o cuatro siguiendo el ritmo de esa narración primera. Una vez ya tengo clara más o menos la distribución es como que, gráficamente, lo que necesite. Lo que me interesa mucho del cómic es cómo enseñar el tiempo, pasar del marco de la viñeta y enseñar cómo el tiempo… el dibujo trayecto. Es lo que más me preocupa, de alguna forma. Técnicamente trabajo con mucha documentación fotográfica, porque me gusta tener todo este material para después hacer lo que quiera. Soy muy perfeccionista, y entonces quiero saber perfectamente cómo está un brazo, cómo una mano… y, después, en este libro que estoy preparando, hay muchos más personajes y es un entorno reconocible. Todo pasa en una casa y los alrededores, por lo que me he tenido que documentar mucho para que los espacios fueran creíbles, para que un personaje pueda moverse por este espacio y sea un movimiento lógico. Lo más pesado es recopilar toda la documentación. Después habría una fase de dibujo, como de abocetar todo el álbum. En el primer libro fue como pasarlo a limpio teniéndolo ya todo abocetado y en este segundo, como va a ser en color… supongo que lo voy a abordar igual (risas). Es que me da tanto miedo abordar el color… me parece hacer una de las cosas más difíciles que hay, poner el color a un cómic, para que no sean cromitos, uno detrás de otro, que el color también te guíe. No sé si es que le doy muchas vueltas a las cosas, pero todo ha de tener una función.

En cambio, una cosa que llama la atención es que pareces tener bastante claro el tema de color en ilustraciones y demás, sobre todo porque eres bastante valiente, usas una paleta de colores poco habitual y muy reconocible.

S.P.: Es que sufro mucho, lo que pasa es que no se nota (risas) Me pasa incluso con la ilustración. Hay momentos en los que es en plan “Este punto… ¿De qué color?”. Y claro, como al final siempre pasas por el ordenador, aunque sea para unos retoques mínimos, tienes posibilidad de cambiar mil millones de veces, lo cual para alguien que duda mucho como yo es terrible. Pero bueno, esto normalmente se supera. El tema de la paleta de colores viene porque yo soy muy fan de los años cuarenta y cincuenta, y los colores, de alguna manera, son una referencia a esa época. A esas publicaciones en las que se utilizaban el amarillo, el magenta y el cian con puntitos y los registros siempre estaban fuera de registro y daban algo tan especial. Empecé tomando esa paleta y me he quedado ahí porque los colores que no utilizo no me gustan. No me sale ya usarlos. De hecho, tú ves mis cajas de lápices y se ve claramente por el nivel.

Ya que me has adelantado algo de tu nuevo álbum, cuéntame un poco más…

S.P.: Este proyecto me hace mucha ilusión, es un súper reto para mí, porque ya había hecho cosas con Pere Joan, pero tiene una manera de trabajar que resulta muy difícil como dibujante, porque son imágenes muy complejas y los temas, también. Luego el lector se puede acercar sin problema, porque no son temas excesivamente herméticos, pero el planteamiento, las escenas, la gente que aparecen… son mucho más, creo que siete personajes. Todo pasa en un espacio, hay unos movimientos, unos desarrollos. Trabajar todo esto, para mí, que voy como más suelta, ha supuesto tener que jugar un poco más dentro de las reglas, y en ese sentido es, un poco más, un reto. Tiene muchas páginas, unas ochenta a color, entonces no sé cuándo voy a acabarlo (risas), porque también puede parecer que soy rápida, pero como toda esta parte de documentación es lenta… no sé. Pero, ya que me ha hecho el guión… Yo creo que va a ser un material potente, va a ser un patiment pero, a ver, a ver que sale.

Es curioso, porque muchos dibujantes españoles tienen muy poca querencia a trabajar con guionistas, pero a ti se te ve muy cómoda…

S.P.: Sí. Yo es que creo que me he mirado tanto el ombligo (risas) Toda esta primera parte de historias cortas, el guión era mío. Luego ilustraciones, cuando tienes el montaje de una exposición… siempre trabajas con tus ideas. Yo creo que estaba un poco harta de dar vueltas y vueltas sobre lo mismo. Entonces, empecé a colaborar con guionistas. Normalmente había una relación y complicidad, porque creo que esto es básico, y te das cuenta que los temas que tratan no son tan diferentes y el acercamiento es otro. Es muy interesante, porque tienes que trabajar con el material de otro, te lo llevas a tu terreno y al final es un mix. Para mí es muy sano. A nivel de higiene mental está muy bien, porque trabajas con tus herramientas, pero desde otra perspectiva.

Ahora que ha pasado un cierto tiempo y hay perspectiva, ¿Cómo estás de contenta con Puede que esta vez?

S.P.: Estoy muy contenta, la verdad es que no me esperaba para nada cómo ha ido funcionando, por ejemplo la nominación a autor revelación en el Saló de Barcelona. Ni me lo había planteado. Me sorprende, porque creo que yo misma tenía los prejuicios de “me van a ver como un bicho raro” y no, te das cuenta de que le llega a mucha gente. No me lo podía imaginar, la verdad.

Probablemente, la mayor virtud es que es una obra muy sincera, tanto por parte de los textos de Xavi Doménech como tú a la hora de adaptarlos, de dibujar, de meter referencias pop muy concretas, cuando estás pasando de hacer historias cortas a hacer algo más largo y ambicioso con ideas de otro. ¿Eso ha sido algo premeditado?

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S.P.: No, ha sido todo muy natural. De hecho, estuve dos años trabajando en este libro y hubo un parón de unos seis meses porque no tenía las herramientas. Hubo un momento que había que explicar una serie de cosas y no sabía cómo hacerlo. Pasaron estos seis meses y me puse una fecha de entrega. Me di cuenta que toda la primera parte que tenía hecha ya gráficamente no funcionaba con el momento en el que estaba entonces y volví a rehacer toda la primera parte de nuevo. Tengo un compromiso con mi trabajo. He sabido siempre que quería dibujar. Me ha salido y lo he probado. No sé lo que va a pasar en el futuro, pero es una cuestión vital. Es algo tan importante en mi vida, aunque pueda sonar muy típico. Todo lo abordo con la misma intensidad. Hay una implicación muy personal y muy directa, y si traicionas eso… yo no sé si podría… igual suena muy cursi, pero realmente hay un compromiso con lo que hago y, desde luego, si yo no estoy satisfecha, no lo enseño ni lo entrego.

¿Qué tipo de referentes manejas dentro y fuera del cómic?

S.P.: Mezclo mucha cosa y mezclo mucha referencia. Hay mucho homenaje a toda la gráfica de los cuarenta y cincuenta. Hay mucha referencia, tanto de dibujo como de diseño, de diseño de moda, interior. Si nos ponemos con artistas, ahora con Internet tienes acceso a todo. Hay una dibujante que se llama Anke Feuchtenberger que cuando ví su primer cómic me impresionó mucho, o Mattotti . El Doctor Jeckyll, por ejemplo, si tuvieras que enseñar las primeras vanguardias artísticas a adolescentes, yo enseñaría este libro y diría: “mirad, aquí está todo”. Como dibujante también Keko. Me parece un tipo sensacional, y cómo juega con el blanco y negro, y la gráfica, y este juego con la publicidad, que me interesa mucho, que iconos que todos tenemos asumidos ya puedan explicar según qué en determinados momentos. Después no sé, Carlos Nine… esto serían los pesos pesados, porque después la línea de los franceses, tan suelta… Hay muchas cosas. En eso soy muy abierta. Fui hace un par de años a ver una exposición de un pintor que se llama Pat Andrea y fue también una revolución.

¿Eres muy de asimilar lo que te interesa como lectora y espectadora a lo que haces como dibujante?

S.P.:Yo creo que sí, además, tengo la costumbre de cuando leo algo llevar la libretita. Yo, por ejemplo, no hago garabatos, no dibujo por todas partes. Yo tomo notas. Tomo notas de muchas frases que me gustan y, además, soy muy metódica y apunto las referencias y tal. Luego eso me ha servido para desarrollar ideas propias. En el cine me pasa igual. Puedo ver una determinada imagen, o una determinada composición, o unos colores y recordar eso en otro momento. Sería como un supercontenedor y ahí está todo dentro y no sé cómo, de repente estoy pensando en una idea para un texto y viene, zas, y funciono mucho así, por asociación. Cuando veo u oigo algo que me pueda interesar, en seguida lo guardo.

Vamos a pasar a la parte de ilustración. ¿Cómo se lleva trabajar haciendo cómic para una editorial independiente y peleona y luego trabajar haciendo ilustración para, por ejemplo, El País Semanal.

S.P.:Por ejemplo, lo de El País, aparte de que es lo más importante que me ha pasado laboralmente, porque te ven cada semana en un soporte que compran un montón de personas, me sigue pasando que es algo que solamente existe en lo que yo puedo controlar, en el ejemplar que compro yo, en los que compran mi familia. El contacto que mantenemos es vía e-mail, aunque he ido algunas veces a Madrid. Tiene esta cosa mágica de que no sabes si es cierta o no, luego tú compras el periódico y dices, “vale” y ya está. Tampoco noto tanta diferencia. Como mi planteamiento es el mismo, y una vez entregado ya está, tampoco me preocupa demasiado, tampoco noto mucho el cambio.

Y el proceso a la hora de trabajar una ilustración, concretamente en el caso de El País, que es una ilustración que tiene que ver con un texto que tienen que publicar, ¿Cómo es?

S.P.:Me mandan el texto y, toquemos madera, nunca me han retirado ninguna ni me han hecho correcciones. Me dijeron al principio que, como los textos son potentes, la ilustración tiene que estar a la altura. No sé si siempre lo consigo, pero la intención es que sí. Ellos me mandan el texto, siempre trabajamos con quince días de margen. Normalmente me lo envían el lunes al mediodía o por la tarde y ellos el martes por la mañana lo tienen que tener listo. Esto parece una locura pero no, amiguitos, porque los que trabajan en prensa diaria tienen como dos o tres horas. Yo aún soy una privilegiada. Leo el texto y saco una idea principal y empiezo a trabajar. Al principio lo pasaba fatal, me leía todos los periódicos, miraba todas las noticias para ver sobre qué hablarían. Ahora ya me he relajado. Lo que me parece fantástico es que es una gran herramienta para crecer como artista, porque como es cada semana te facilita un rodaje, es sintetizar todo lo que ha contado un señor en una imagen y también estas dando tu opinión. La verdad es que son momentos en los que agradeces estar en un medio así, porque hay momentos políticos muy potentes en los que yo puedo decir lo que pienso y, encima me pagan. Es un periódico con el que, además, estoy muy de acuerdo con lo que dicen. No sé que pasaría si estuviera en otro medio con el que no me entendiera para nada. Me dejan total libertad y para mí es un gran privilegio. En mi trabajo lo he notado mucho porque siempre la referencia es esta.

Lo que me llama la atención es cómo te agobian temas como el color y luego no tanto coger un texto de otra persona, sintetizarlo en una imagen y meter algo tuyo. ¿Eso no agobia?

S.P.:También, pero es una parte muy intuitiva. Intento no tener ninguna idea preconcebida, lo leo todo y el primer flash que viene es con el que trabajo. Cuando tú ya tienes más o menos una idea de qué, lo más difícil es plasmar eso. Por eso lo del color me parece tan complejo.

¿Es un problema, por ejemplo el formato al que se reproduce la ilustración?

S.P.:Yo creo que ahora cada vez menos. Al principio sí porque lo quería poner todo. Espero estar aprendiendo y con ese espacio ya me sé manejar.

El salto definitivo es pasar de una ilustración interior a una portada, por ejemplo la del libro de Ana Conda…

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S.P.:Soy un poco inconsciente y todo lo abordo igual. Lo de Planeta [la portada para el libro Mi vida en un grito], cuando me llamaron fue, “venga, de acuerdo”. A mi me encantaría hacer más portadas de libros y también portadas de CDs, porque me gusta mucho la música. Me explicaron un poco el personaje, que yo no conocía. Me enviaron unas páginas del libro y las leí y con la idea que me había dado la editorial y la idea que yo tenía, hablé con el autor y esto acabó de situarme. Fue ir pensando y trabajando. Les presenté un par de bocetos con el mismo fondo y cambiando los personajes y salió el que yo creía que podía funcionar. Fue muy libre. Tengo mucha suerte porque me dejan hacer a mi bola, no me marcan demasiado.

¿Piensas que está entrando en la cabeza de los editores de revista aquí en España una tendencia bastante extendida fuera de usar ilustradores?

S.P.:Estas navidades estuve en Londres y vi que aquí estamos en mantillas. Había unas portadas con unas propuestas muy arriesgadas, y en revistas también. Incluso en publicidad. La ilustración estaba como mucho más asumida. Yo creo que cada vez más, y gente como Jordi Labanda, nos guste más o menos, ha hecho mucho. Es verdad que hay una corriente de labandismo, pero ha abierto muchas puertas. Yo soy optimista por naturaleza y querría creer que sí.

Internet, para tu trabajo, es imprescindible. Pero luego, además, tienes un blog. Y gran parte de la información de este país se ha dejado en manos de bloggers y páginas web. ¿Como vives tú el espacio atomizado de la Internet de los tebeos?

S.P.:La verdad es que para mí es una locura. Soy un poco vaga, lo reconozco, para estas cosas de Internet. Al hacerme el blog y poder llegar a tanto dibujante y a tanta gente que, más o menos, está en lo mismo que tú, es sensacional. Vi el peligro de estar todo el día de página en página, porque es infinito. Me parece muy interesante, pero me da mucho susto de que sea todo tan virtual. Igual nos falta un poco más de contacto, entonces cuando te puedes ver con gente con la que has coincido, te quedas más tranquilo.

¿Sigues a algún ilustrador en particular?

S.P.:Me interesa mucha gente. Lo más reciente, estuve mirando la página de Pablo Auladell, que es sensacional. Me gusta mucho Gabi Beltrán, me gusta mucho Pep Montserrat. Lola Lorente también, me parece que tiene un universo muy personal y muy potente. No sé, tendría que mirar mi lista de favoritos en el blog (risas).