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Carniglia fue un experto en títulos internacionales

A los 83 años, murió el ex futbolista que, como DT, llevó al éxito a Real Madrid y Milan

Alos 83 años falleció ayer el ex futbolista Luis Yiyo Carniglia , que jugó en Boca, Chacarita y Tigre y tuvo una exitosa trayectoria como director técnico en el Viejo Mundo.

Sus restos son velados en Maipú 2180, Olivos, y recibirán sepultura hoy, a las 10.30 en el cementerio de esa localidad.

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Luis Antonio Carniglia nació el 4 de octubre de 1917 y comenzó su carrera en la cuarta división del Club Olivos, en 1932, pero fue tres años más tarde cuando se cristalizó su sueño de llegar a Boca, el club que siempre lo había desvelado. Por aquel entonces, existía la "cuarta especial" y en esa categoría fue en la que recaló.

Su debut fue en un amistoso, en Paraná, y resultó bastante particular: a los 3 minutos convirtió un gol y a los 5 tuvo que abandonar el campo por una fractura en el brazo izquierdo. Con la camiseta azul y oro se presentó oficialmente ante Atlanta, en la cancha de los Bohemios y con victoria boquense por 3 a 0.

La consagración no tardó en llegar, pero en 1942 una grave fractura estuvo a un paso de cortarle la carrera. La recuperación tardó tres años, pero sirvió para templar su ánimo. Si bien dudó entre los estudios de medicina y el fútbol, finalmente prevaleció el deporte.

En México fue campeón con Atlas y en Francia con Niza, como jugador y DT. En su carrera de entrenador, sin embargo, los días de mayor gloria los vivió en España, cuando tuvo la oportunidad de dirigir a Real Madrid, que contaba en sus filas, con Di Stéfano, Kopa, Puskas y Gento. Y fue campeón de Europa dos veces. Para completar un envidiable palmarés, también llevó al título europeo a Milan, en 1963, y batalló contra el Santos de Pelé.

Siempre hubo controversias sobre su carácter, ya que Yiyo no se guardaba nada a la hora de pegar cuatro gritos para tratar de revertir una baja producción de su equipo. Algunos, tal vez erróneamente, lo tildaron de fastidioso. "Me acusaron de tener mal cáracter. Y no es cierto -solía argumentar-; lo que yo tengo es carácter. Digo lo que siento, lo que pienso, y entonces digo verdades. Si veo algo que no funciona, lo digo. Exijo trabajo y disciplina. Si me callara la boca o mirase para otro lado cuando algo anda mal, para evitar choques, entonces no tendría carácter. Ni bueno ni malo".

Probablemente, su definición más categórica.

 

Fuente: La Nacion