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HISTORIA DE UN CAMBIO

 

Tras la muerte de Franco, la Monarquía volvió a España en la persona de Juan Carlos I, tal y como había estipulado el Caudillo al nombrarlo su sucesor. La presidencia del Gobierno quedó en manos de Arias Navarro, quien encabezó el primer gabinete de la Corona. En 1976 el Rey lo destituyó y puso en su lugar a Adolfo Suárez. La apuesta de la Monarquía fue clara, había llegado la hora de que cambiaran las cosas en una España que en su mayoría era eso precisamente lo que estaba demandando. En 1977 el país se hallaba en plena Transición, el período que lo conduciría de un régimen autoritario y centralizado a una democracia.

Así éramos hace 25 años


Primeras protestas en 1976

Este cambio de sistema se produjo de forma pacífica y fue gestionado desde el mismo poder y por una clase política que, si bien venía del régimen franquista, apostó por evolucionar hacia la libertad atendiendo a los deseos de la mayoría de la sociedad y del Rey, a quien no sólo nadie le discute su importante papel en el cambio sino que se le ha llegado a denominar “motor” del mismo.
 

Las fuerzas sociales y políticas de la oposición también vieron prioritario este cambio y contribuyeron a que se produjera. Lo que en aquellos días importaba era, en palabras del mismo Adolfo Suárez en 1976, “la devolución de la soberanía al pueblo español”.
 

Suárez recordaba años después en un artículo publicado en la revista Cambio 16, el 16 de enero de 1991, que “ese objetivo (el de devolución de soberanía) pasaba necesariamente por la implantación de las libertades de expresión e información, la regulación democrática de los derechos de asociación y reunión, la legalización de todos los partidos políticos, la amnistía de todos los llamados delitos políticos o de opinión, la celebración de unas elecciones generales libres –las primeras después de 40 años- y la regulación y aplicación de un sistema electoral que permitiera, en el Parlamento así elegido, la presencia de todas las fuerzas políticas que tuvieran apoyo significativo en el electorado a fin de que con todas ellas se pudiera elaborar una Constitución válida para todos.”

Difíciles negociaciones
El camino resultó arduo y complicado y se recorrió a partir de la legalidad heredada y vigente, y para cambiar esa misma legalidad. Fueron las mismas Cortes franquistas las que aprobaron las reformas que acabarían con ellas y con todo régimen anterior.
 

Adolfo Suárez se descubrió como un hábil negociador. Según él, tras la muerte de Franco, España parecía tener dos opciones: una continuista y otra rupturista.
 

Sin embargo, la Transición tiró por el camino del medio, lo cual, en palabras del ex presidente del Gobierno, “ exigía dos tácticas distintas: una para convencer a los grupos que pretendían la continuidad del régimen de la necesidad de la reforma; otra, para las fuerzas políticas de la entonces llamada oposición para convencerles también de que la reforma abriría los camnios de la libertad que ellos demandaban. Ambas debían converger en la aprobación de una Constitución elaborada entre todos y que para todos sirviera.”

 


Gabinete Suárez, 1977

Actores del cambio
En otro artículo, publicado en el diario El Mundo el 20 de noviembre de 2000, el ex líder de la UCD y CDS citaba a los actores principales de la Transición, “Lo fueron los grupos aperturistas y reformistas que en el anterior régiman postulaban y presionaban por una evolución democrática. Lo fueron los partidos políticos que integraban la entonces oposición democrática que, después de una larga y dura clandestinidad, pasaron a una semitolerancia arbitraria y, en mis primeros meses como presidente del Gobierno, a una legalización plena y a una libre actuación política. Lo fueron la mayoría de los medios de comunicación que como Parlamento de papel dirigieron la opinión hacia la democracia.”
 

En su lista de reconocimientos, Suárez tampoco olvidó al Rey ni a los dos primeros gobiernos que él mismo presidió. El primero, “que marcó como punto esencial de su programa la devolución de la soberanía nacional a su único titular legítimo, el pueblo español... “; y el segundo, surgido de las elecciones de 1977, “que señaló como objetivo la elaboración de una Constitución con la colaboración de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria.”

 

CRONOLOGÍA



Los primeros años tras la muerte de Franco y hasta la redacción y aprobación de la Constitución española, en 1978, los acontecimientos políticos y sociales se sucedieron en España a un ritmo vertiginoso. Fue una etapa de incertidumbres y cambios que, simplificando en extremo los hechos, podríamos resumir en tres acontecimientos claves que se vivieron en tres años consecutivos. En 1975 murió Francisco Franco, en 1976 se aprobó la Ley para la Reforma Política y en 1977 se celebraron los primeros comicios libres de los que salió el primer Gobierno y las primeras Cortes democráticas. A continuación enumeraremos otros acontecimientos políticos destacados de aquel período.

Año 1975
 

  • El 20 de noviembre de 1975 se produce la muerte de Franco.

     

    Año 1976
     

  • El 3 de julio de 1976 el Rey sustituye al gobierno de Arias Navarro y nombra presidente a Adolfo Suárez.
     
  • El Gobierno de Suárez saca adelante la Ley para la Reforma Política, que aprobaron las Cortes franquistas el 18 de noviembre de 1976 y los españoles en referéndum, el 15 de diciembre, con el 94,2% de síes y el 2,6% de noes. Los votantes fueron el 77,7% de los mayores de 21 años.

     

    Año 1977
     

  • El 6 de enero quedó suprimido el Tribunal de Orden Público, una de las instituciones que más hostilidades ha generado durante el franquismo.
     
  • El 21 de enero don Felipe de Borbón fue nombrado Príncipe de Asturias y heredero al trono español.
     
  • El 9 de febrero España reestableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, tal y como había hecho con el resto de naciones del este de Europa y con México.
     
  • El 5 de marzo se celebra el primer congreso de Alianza Popular, del que Fraga sale líder de la alianza.
     
  • El 17 de marzo es promunlgado un decreto sobre la Amnistía que permitirá, cuatro días después, que abandonen las cárceles los primeros presos políticos.
     
  • Aprobación del Real Decreto-Ley de normas electorales el 18 de marzo de 1977.
     
  • A principios de abril se disolvió la Secretaría General del Movimiento, uno de los elementos más característicos del franquismo.
     
  • El 9 de abril, día de Sábado Santo, fue legalizado el Partido Comunista Español.
     
  • El 12 de abril un Real Decreto-Ley reguló la libertad de expresión.
     
  • La convocatoria de los comicios electorales fue decidida por el gobierno el 15 de abril.
     
  • El día 28 de abril, los sindicatos son legalizados.
     
  • El 3 de mayo se indicaron los partidos autorizados a participar en las elecciones.
     
  • El 13 de mayo la histórica dirigente comunista, Dolores Ibárruri, Pasionaria, regresó a España desde su exilio de Moscú.
     
  • El 14 de mayo Don Juan de Borbón cedió oficilamente los derechos dinásticos de la Corona a su hijo don Juan Carlos en un actos que tuvo lugar en la Zarzuela.
     
  • El 15 de mayo se publicaron las listas de las candidaturas.
     
  • La campaña electoral comenzó el 24 de mayo.
     
  • El 31 de mayo, Torcuato Fernández-Miranda dimitió de todos sus cargos.
     
  • El 15 de junio se celebraron las primeras elecciones generales libres después del franquismo, que serían ganadas por la UCD de Adolfo Suárez.
     
  • El 4 de julio se presenta el nuevo Gobierno, el primero democrático de la Transición, y Suárez toma posesión de su cargo de Presidente del Gobierno.
     
  • El 22 de julio se celebra la sesión inaugural del Congreso de los Diputados.
     
  • El 28 de julio España pidió el ingreso en la Comunidad Económica Europea a través de Marcelino Oreja, ministro de Asuntos Exteriores.
     
  • Los Pactos de la Moncloa se firmaron en octubre. Todas las fuerzas parlamentarias acordaron apoyar las medidas económicas que pondría en marcha el Gobierno para superar la crisis.
  • LA VUELTA DE LA MONARQUÍA Y SUS PRIMEROS GOBIERNOS



    Dos días más tarde de la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, la Monarquía se reinstauró en España. El rey don Juan Carlos hizo ver, desde el primer momento, que él iba a abrir una era distinta al franquismo. Sin embargo, el monarca era consciente de ser heredero de la legalidad franquista, con todos los servilismos que conllevaba. El Rey no quería la "Monarquía del 18 de julio" que le pretendían imponer los guardianes del régimen y conocía, sin dudarlo, la ineludible necesidad de democratizar el país para asegurar también la supervivencia de la Corona, cuyo futuro empezó por ser una incógnita. Carlos Arias Navarro y Adolfo Suárez presidieron los dos primeros gobiernos de la Corona.

     


    El Rey y el Príncipe en 1977

    El 20 de diciembre de 1973 el general Francisco Franco perdió a su hombre de confianza, el almirante Carrero Blanco, en un atentado de ETA y sus planes para la última etapa de su vida, la sucesión, quedaron en eso, en simplemente unos planes.

     

    Aunque no se sabe a ciencia cierta si el acto terrorista fue pensado a conciencia o no, el hecho es que la desaparición de Carrero significó un golpe de muerte al franquismo, que entró desde entonces en una carrera sin retorno.

     

    Sin Carrero, en el palacio del El Pardo se libró una batalla por su sustitución. Si bien Franco tenía su candidato a presidente del Gobierno, su gran amigo el almirante Nieto Antúnez, el presidente en funciones, Torcuato Fernández-Miranda, trabajaba por conseguir el puesto. En medio, Carlos Arias Navarro, precisamente el responsable de la seguridad de Carrero Blanco como ministro de Gobernación, se presentaba como el candidato de Carmen Polo y fue quien, finalmente, alcanzó el sillón de la Presidencia.

     

    En la madrugada del 20 de noviembre de 1975, falleció Francisco Franco, después de una agonía interminable. Los últimos días de vida del general se iniciaron a finales del mes de octubre, en vísperas de la marcha marroquí sobre el Sáhara. Hasta su muerte, Franco sufrió una enfermedad larga y patética. Para las conciencias sensibles, incluso para las de la izquierda antifranquista, el largo mantenimiento artificial de aquella vida que se apagaba fue inhumano.

     


    Arias Navarro

    El testamento político de Franco
    A las diez de la mañana de ese mismo día, el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, leyó el testamento político del difunto jefe del Estado.

     

    De toda la exposición, se puede extraer este párrafo por su importancia: "Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido".

     

    En la mañana del mismo 20 de noviembre se reunió el Consejo de Regencia como cabecera interina del Estado. Al frente de éste estaba su presidente, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, acompañado por el arzobispo de Zaragoza, monseñor Pedro Cantero Cuadrado, y el teniente general Ángel Salas Larrazábal. Asimismo, a primeras horas de este día también se convocó un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar un decreto por el que se organizaron los actos fúnebres y se decretó un mes de luto oficial.

     

    Rodríguez Valcárcel y Arias Navarro firmaron conjuntamente el decreto en el que, además de ordenarse las exequias, se habló del acto de juramento y proclamación del Rey.

     

    Proclamación y derechos dinásticos del Rey
    Después de 40 años, el franquismo estaba muy presente en España. En el mismo acto de proclamación del Rey, el presidente del Consejo de Regencia entonó la fórmula final de proclamación: "En nombre de las Cortes Españolas y del Consejo del Reino manifestamos a la nación española que queda proclamado Rey de España don Juan Carlos de Borbón y Borbón, que reinará con el nombre de Juan Carlos I"; y a continuación añadió un párrafo no previsto: "Señores procuradores, señores consejeros, desde la emoción del recuerdo a Franco, ¡Viva el Rey! ¡Viva España!

     

    Cuando más adelante, en 1977, se celebró en La Zarzuela el acto formal de la transmisión de derechos, fue sólo una reunión protocolaria. Desde noviembre de 1975, don Juan Carlos se sabía ya depositario de la legitimidad dinástica.

     

    Poco después de la muerte de Franco, don Juan de Borbón envió un emisario a su hijo, que había empezado a reinar en España. Su objetivo era comunicarle que estaba dispuesto plenamente a renunciar a sus derechos y a transmitirle la legitimidad dinástica, sin ningún tipo de reserva, cuando él quisiera y para bien de la democracia. Pero la nueva etapa sólo acaba de iniciarse.

     

    Permanencia de Arias Navarro
    A la muerte de Franco, Carlos Arias Navarro presentó su dimisión al Rey, bajo la fórmula de poner su cargo de presidente del Gobierno a disposición del Monarca. Ante su asombro, el Rey se la aceptó y le propuso incluso hacer inmediatamente pública una nota dando cuenta del hecho. No obstante, Arias Navarro intentó por todos los medios continuar en su cargo y, finalmente, lo conseguiría.

     

    El 25 de noviembre, el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, había cumplido su mandato y la presidencia de este organismo clave pasó a estar en sede vacante. El Rey ya había pensado en su sucesor: se trataba de Torcuato Fernández Miranda, su antiguo preceptor y ex ministro del Movimiento. Para nombrarle, decidió buscar el apoyo de Arias Navarro, pero éste le pidió a cambio su confirmación en el cargo de presidente del Gobierno. El jueves 4 de diciembre don Juan Carlos le confirmó como titular del gabinete gubernamental.

     

    Primer Gobierno de la Monarquía
    El presidente del Gobierno, Arias Navarro, quiso continuar con su equipo y su política, pero el Rey mostró sus deseos de renovar el Gobierno, que sería el primero de la Monarquía. El 11 de diciembre se hizo público este primer gabinete. El vencedor del nuevo Gobierno fue, sin duda alguna, Manuel Fraga Iribarne, nuevo vicepresidente y ministro de la Gobernación. Tanta fue su fuerza que, pocos días más tarde, el equipo empezó a denominarse Gobierno Arias-Fraga.

     

    En él figuraron, entre otros, Carlos Robles Piquer, como ministro de Educación, y José María de Areilza y Leopoldo Calvo-Sotelo en los ministerios de Exteriores y de Comercio, respectivamente.

    El otro vencedor, aunque con una victoria menor ya que no logró entrar en el Gobierno, fue Federico Silva Muñoz, que sí situó a algunos de sus hombres, como Alfonso Osorio (Ministerio de la Presidencia), Virgilio Oñate (Ministerio de Agricultura) y Francisco Lozano (Ministerio de Vivienda).

     

    En cualquier caso, el esquema del nuevo gabinete siguió la tradición de las familias "franquistas", aunque existiera una connotación "reformista". Sin embargo, aparecieron dos jóvenes, Adolfo Suárez, nuevo ministro del Movimiento, y Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales.

     

    Como objetivo prioritario, el nuevo gabinete se fijó en la ampliación de las libertades y derechos ciudadanos, en especial del derecho de asociación, y la reforma de las instituciones representativas para ensanchar su base.

     

    Programa decepcionante
    Sin embargo, Arias Navarro decía unas cosas y hacía otras. El 28 de enero de 1976 presentó el programa del primer Gobierno en las Cortes, que no tenía mucho de innovador y sí bastante de continuismo. La decepción fue tan grande que la oposición descartó cualquier posibilidad al "plan Arias" y endureció sus posiciones. Asimismo, el presidente Arias y el vicepresidente Fraga no sintonizaban la misma onda.

     

    Igualmente, don Juan Carlos y Arias Navarro se distanciaron cada vez más. En una ocasión el ministro del Movimiento, Adolfo Suárez, le pidió a su presidente que tratara de comprender al Rey y todo lo que intentaba. Arias le respondió: "A mí con el Rey me pasa como con los niños, no lo aguanto más de diez minutos".

     

    Arias Navarro se decantó por el inmovilismo más que por la apertura. El presidente del Gobierno se convirtió en el soporte de los leales a Franco, conocidos como el "bunker". La críticas a las formas de Arias se comprobaron en que la paralización que él había impuesto a la evolución política española, obligó a los partidos políticos a aliarse con los comunistas.

     

    En abril de 1976 el Rey comenzó a recibir en audiencia a algunos dirigentes de partidos de la oposición moderada. Además, en esas fechas se formó el gran frente de la oposición denominado Coordinación Democrática que acogía desde gran parte de los sectores moderados hasta más allá del PCE por la izquierda.

     

    La sorpresa de Adolfo Suárez
    El 2 de junio don Juan Carlos viajó a Estados Unidos y la visita alcanzó una importancia inusitada. En su comparecencia ante el Congreso norteamericano, el Rey dijo en su discurso que "la Monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados".

     

    De vuelta de su viaje, el Rey llamó a Carlos Arias Navarro y le pidió que dimitiera como titular del Gobierno. El 1 de julio cesó Arias Navarro y, con él, sus pretensiones de una reforma "descafeinada". A partir de ese momento se barajó una terna de tres candidatos para sustituirle. El 3 de julio saltó la sorpresa en el mundo político: Adolfo Suárez fue elegido nuevo presidente.

     

    Mientras esto sucedió en el Gobierno, las Cortes debatieron la ley de legalización de los partidos políticos. Tras muchas discusiones y la interposición de muchas cortapisas para legalizar el PCE, el texto quedó en suspenso con la paradójica situación de que había una ley que permitía los partidos y un Código Penal que seguía considerándolos delictivos. La normativa acabaría siendo aprobada con el nuevo Gobierno de Suárez.

     

    Segundo Gobierno de la Corona, primero de Suárez
    En el diseño inicial del nuevo equipo, Adolfo Suárez pensó en personas jóvenes, con prestigio y con un alcance que llegara hasta la oposición moderada. Pero teniendo claro este punto, la constitución de este segundo Gobierno estaría marcada por las dificultades. A las renuncias de alguno de los miembros del anterior equipo (Fraga y Areilza) con los que deseaba contar, se unieron la de aquellos que por desconfianza o por otras razones decidieron declinar la oferta de Suárez de ser ministros.

     

    Al final, realizó la lista definitiva del gabinete, la cual tuvo color democristiano, encabezada por el vicepresidente, Alfonso Osorio, y apoyada por Marcelino Oreja en Exteriores y Calvo-Sotelo en Obras Públicas. En general, la aportación de Suárez al equipo fue mínima: Rodolfo Martín Villa en Gobernación, Fernando Abril Martorell en Agricultura e Ignacio García López en la Secretaría General del Movimiento.

    Para los observados políticos, el Gabinete adoleció de muchas caras jóvenes y de no contar con personalidades de prestigio. Además, el nuevo Gobierno mantuvo a los ministros militares de Arias, incluso la vicepresidencia primera fue para el general Fernando de Santiago, a pesar de que el propio Suárez intentó situar en esta cartera a Manuel Gutiérrez Mellado y, por consejo de Osorio, no lo llevó a cabo.

     

    Conversaciones con los militares
    Fernando de Santiago se convirtió pronto en un escollo para Suárez, puesto que no compartía en modo alguno la reforma política. Y Suárez sabía que la reforma no sería un hecho hasta que no obtuviese la neutralidad de los militares.

     

    Con esta idea, el 8 de septiembre de 1976 convocó a la cúpula militar para informarla de que, si bien no habría separatismo, desórdenes públicos ni revanchismo, legalizaría las centrales sindicales y, más adelante, los partidos políticos. A cambio, los militares le pidieron que no amparara legalmente a las asociaciones comunistas y Suárez les tranquilizó diciendo que en la próxima Ley de Reforma Política no se acogería un Partido Comunista legalizado.

    Pero no todos quedaron convencidos. El vicepresidente primero del Gobierno, Fernando de Santiago, llegó al convencimiento de que con la reforma del Código Penal la legalización de todas las centrales sindicales, en primer lugar, y todos los partidos políticos, más tarde, era un hecho que iba a producirse irremediablemente.

     

    Por ello, de Santiago dimitió y Adolfo Suárez nombró a Gutiérrez Mellado en su lugar. Gutiérrez Mellado decidió poner en práctica una primera reforma militar, encaminada a racionalizar la profesión militar explicando misiones y responsabilidades. A pesar de los ataques personales que le dirigió el sector ultra del Ejército, el vicepresidente de Defensa se ganó el respeto y la consideración tanto de sus compañeros de armas como de la opinión pública.

     

    El Gobierno Suárez no había hecho más que iniciar su andadura y ya, en el verano de 1976, algunos de sus miembros empezaron a pensar en la necesidad de crear un partido afín al presidente y que se colocara en la órbita centrista. El pensamiento se materializaría en la futura Unión de Centro Democrático.

     

    En el camino más inmediato se adivinaba la convocatoria de las primeras elecciones generales a Cortes.

    ASÍ ERA LA SOCIEDAD ESPAÑOLA



    A la sociedad española de 1977 le preocupaba el aumento del paro y la violencia terrorista. Quizá estos dos temas sean los únicos que no han cambiado en los últimos cinco lustros. Casi todo lo demás es distinto. ¿Quién sueña hoy en comprarse un Seat 127 o un novísimo Ford Fiesta?. ¿Quién suspira por contemplar un pecho en la gran pantalla, o quién cree que puede existir otra censura en el cine distinta a la impuesta por los intereses económicos? ¿Qué sería de nosotros sin más de dos canales de televisión? ¿Alguien piensa que la política pueda suscitar casi tanto interés como un partido de fútbol? El salario mínimo anual de aquel tiempo tan sólo superaba en unos 140 euros al salario mínio mensual del presente. Si “20 años no es nada”, como dice el tango, no hace falta ser un lince para comprobar que 25 años han sido muchísimos.

    Ángel Nieto vivió la Transición sobre una moto. Así lo recuerda

    Los “Viva Franco” convivían con términos como “Cortes constituyentes”, “lucha obrera” y “comicios”, cuyo significado algunas personas no acababan de entender muy bien al escucharlos por vez primera, de forma abierta, en la voz de aquel vecino de toda la vida que de repente aparecía transformado ante sus ojos.

     

    La España de 1977 podía estar preocupada, alegre, en transición, pero sobre todo se hallaba expectante. El cambio era evidente y, aunque siempre amenazado, imparable.

     

    Era la hora de la llegada de la democracia, un sistema en el que, sin duda, el protagonismo recae en las mayorías que no olvidan a las minorías.

     

    La sustitución del régimen antiguo fue guiado desde arriba, desde el poder, y “lo que venga bienvenido sea” parecía decir en muchas ocasiones el español medio, quien no obstante fue el verdadero protagonista de la Transición. Se quería el cambio, sí, pero también se valoraba mucho la seguridad, la tranquilidad y la moderación de las reformas.

     

    Economía
    El desarrollismo de los años sesenta quedaba ya lejos y la crisis internacional provocada por el petróleo en el año 73 afectó a España tras la muerte de Franco en 1975 porque hasta entonces no se habían tomado ningún tipo de medidas contra ella.

     

    La inflación se había disparado y el poder adquisitivo de los españoles cayó en picado. El 66% de la energía del país era importada y la deuda exterior alcanzaría los 14 mil millones de dólares. Muchas empresas privadas también acumulaban importantísimas deudas.

     

    La aparición del paro no se hizo esperar y a finales de año cerca de 900.000 personas carecían de trabajo en el inicio de una escalada imparable del desempleo.

     

    La situación era tan grave que todas las fuerzas políticas y sociales del país intentaron poner remedio a la situación con los consensuados Pactos de la Moncloa del mes de octubre.

     

    Eran fechas de apretarse los cinturones.

     

    Terrorismo
    Todo el proceso de reformas no traumáticas desde la muerte de Franco parecieron tambalearse a principios de 1977, con la Reforma política ya aprobada y con las primeras elecciones generales libres en preparación. La violencia hizo acto de presencia. El mes de enero fue el mes más trágico, pero sólo era el principio.

    Durante una manifestación en Madrid, miembros de ultraderecha mataron a un joven estudiante, Arturo Ruiz, mientras se manifestaba a favor de la amnistía Un día después, en una protesta por la muerte de Ruiz, murió otra estudiante, Mari Luz Najera, por el impacto de un bote de humo disparado por las fuerzas del orden.

     

    Poco después, cinco abogados laboralistas fueron asesinados en su despacho de la madrileña calle de Atocha y cuatro resultaron gravemente heridos.

     

    Por otra parte, la banda terrorista GRAPO secuestró al general Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar (en el mes de enero) y al presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol; y tuvieron diversos choques con las fuerzas de orden público. En dos de éstos, el 28 de enero, cinco policías y miembros de la guardia civil fueron asesinados.

     

    ETA había sido la responsable de la muerte el 20 de diciembre de 1973 del almirante Carrero Blanco. Ya en 1977 también dejó su huella de sangre con el asesinato de José Ybarra, industrial por cuya libertad habían solicitado un alto rescate, y atacó la central nuclear de Lemóniz, entre otras muchas acciones que causaron 9 víctimas mortales. Además, a partir del mes de octubre inició una escalada espectacular de sus actos terroristas, especialmente numerosos entre los años 1978 y 1980

     

    La sociedad vivía con preocupación todos estos hechos y no fueron pocas las voces que se alzaron pidiendo mano dura y echando la culpa de todos estos actos al recién iniciado camino hacia la libertad.

     

    Por su parte, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, se mostró firme desde el primer momento ante la violencia terrorista. Ya en el mes sangriento mes de enero se dirigió a los españoles a través de la televisión y de la radio para asegurar que el terrorismo no vencería al proceso de reforma.

     

    Televisión
    Con tanta tensión acumulada, alguna vía de escape debían tener los españoles de la Transición y en esto sí que no se ha cambiado tanto. La televisión era un buen refugio.

     

    Ya hacía tiempo que había desbancado a la radio como reina del hogar y ocupaba una posición privilegiada en las casas de las familias. Aquélla era aún una televisión predominantemente en blanco y negro y una televisión de mayorías. Con un primer canal y con el UHF.

     

    Las series de producción española aún no dominaban los primetime (que tampoco existían con tal nombre). Aunque durante 1976 se pudo ver “Curro Jiménez”, en 1977 lo que rompía eran otras series como “Yo, Claudio”, “Los Ángeles de Charlie”, “Vacaciones en el mar”, “Starsky y Hutch”, “El planeta de los simios”, “Hombre rico, hombre pobre”, “Raíces” y “Los Roper”.

     

    Entre los programas producidos por TVE, destacaremos dos estrenos en 1977, el musical “Popgrama”, y “625 líneas”. Otros espacios eran “Aplauso” o “Dos por dos”, pero, sin embargo, el “ Un, dos, tres” se llevaba la palma. El concurso que presentaba Kiko Ledgard se veía en familia y la identificación de los telespectadores con las alegrías o las penas de los concursantes era total.

     

    Algunos de los presentadores estrella de la época eran Isabel Tenaille, Alfredo Amestoy, Elena Martí y José Luis Uribarri, Santiago Vázquez, Florencio Solchaga, Pedro Maciá y Lalo Azcona. Este último explicó a los españoles, puntero en mano y sobre una pizarra, el nuevo sistema electoral.

     

    En lo que a las elecciones generales a Cortes se refiere, la televisión fue un medio fundamental para que los distintos partidos políticos expusieran sus programas electorales y no faltaron ya las acusaciones por parte de la oposición de parcialidad informativa del medio. Éste se destapó como una eficaz arma propagandística.

     

    Cine
    Los cinéfilos estuvieron de enhorabuena en 1977 porque además de poderse ver en España películas que habían permanecido años, incluso décadas, prohibidas, la censura desapareció oficialmente con la aprobación del decreto 3071 el 11 de noviembre y su posterior entrada en vigor el día 1 de diciembre.

     

    Sí, aunque posteriormente directores como Pilar Miró aún tuvieran problemas para estrenar películas como “El crimen de Cuenca” en fechas tan tardías como principios de la d-écada de los 80, el primer paso para que en las pantallas españolas se pudiera ver todo tipo de cine se dio en 1977.

     

    Títulos tan emblemáticos como “El gran dictador”, “El último tango en París”, “La naranja mecánica”, o la legendaria “El acorazado Potemkin” llegaron a las salas del país para alegría y, a veces, desencanto de muchos, que esperaban hallar cosas más fuertes en estas películas y que justificaran, de alguna manera, el hecho de que hubieran estabo prohibidas con anterioridad.

    Aquel año también fue el del estreno de la película que inició la mítica saga de “La guerra de las galaxias”, o de la que abrió otra saga no menos popular, la de “Rocky”. Al mismo tiempo, fue el año en el que conocimos a Tony Manero gracias a la interpretación de John Travolta en “Fiebre del sábado noche”. El oscar de Hollywood y el aplauso unánime de la crítica recayó, sin embargo, en Woody Allen. El reciente premio Príncipe de Asturias logró con “Annie Hall” uno de sus mayores éxitos.

     

    En España, junto a las populares películas de destape, que descubrieron que nada tenían que envidiar las mujeres españolas en belleza a aquellas otras que se tenían que ver en Perpignam, llegó la última película del maestro Luis Buñuel, “Ese ocuro objeto del deseo”, que optaría al oscar estadounidense en representación de España, país en el que hasta esa fecha no se había podido ver “Viridiana”.

     

    Junto al estreno de Buñuel aquel año destacó un debut importante, el del futuro oscarizado José Luis Garci, quien con “Asignatura pendiente” firmó una excelente tarjeta de presentación. “El espíritu de la colmena”, de Víctor Erice, también fue un título importante. Mientras, uno de nuestros actores más reconocidos, Fernando Rey, obtuvo el premio a la mejor interpretación masculina en el prestigioso festival de Cannes por su papel en la película de Carlos Saura, “Elisa, vida mía”.

     

    Otra película, “Me siento rara”, protagonizada por Bárbara Rey y Rocío Dúrcal, generó bastante polémica y elevó a la presentadora de “Palmarés” a la categoría de mito sexual patrio.

     

    1977 fue también el año de la pérdida de dos grandes figuras del cine mundial. Murieron Groucho Marx y Charlie Chaplin, “Charlot”, éste último el mismo día de Navidad.

     

    Literatura
    El mundo de las letras no podía pemanecer ajeno a los cambios que vivía el país y libros de todas las tendencias y gustos convivieron con suerte distinta pero, sin duda, dos fueron los principales acontecimientos literarios del año: un premio y un regreso.

     

    Vicente Aleixandre, poeta de la generación del 27, obtuvo un merecido reconocimiento al serle otorgado el Nobel de Literatura, premio que no pudo recoger en persona debido a su delicado estado de salud. Mientras, otro poeta de la misma generación que Aleixandre, Rafael Alberti, regresó a España después de un largo y doloroso exilio.

     

    Por otra parte, dos de los premios literarios más importantes en la actualidad, el Cervantes y el Planeta, recayeron en 1977 en las personas de Alejo Carpentier y de Jorge Semprún, respectivamente.

     

    Deporte
    El fútbol era el deporte rey en 1977 pero para empezar queremos destacar que en 1977 los españoles vivieron como un gran logro el que Alfredo Evangelista resistiera todo un combate contra el mito de Cassius Clay. Al final perdió, sí; Mohammed Ali estaba al final de su carrera, sí; pero Evangelista no dejó que lo tumbaran. Por entonces, el boxeo aún no había caído en desgracia.

     

    Aquel año el título de Campeón de Liga de fútbol se quedó en Madrid, pero en las vitrinas del Atlético, que para más inri confirmó su victoria en el Bernabeu gracias a un gol de Rubén Cano. El Betis se hizo con la Copa del Rey. En Europa, fue el Liverpool el mejor, al ganar al Borussia Mönchengladbach en la final de Roma.

     

    Por otra parte, el mundo del balompié lloró la retirada de un jugador irrepetible como Pelé.

     

    El deportista español que más títulos lograba por aquellos años para España se paseaba por el mundo sobre dos ruedas. Ángel Nieto logró en 1977 su octavo título mundial, esta vez en la categoría de 50 cc. y sobre una Bultaco. Aún le quedaban algunos años de éxitos hasta completar sus famosos 12+1 campeonatos mundiales.

     

    En ciclismo, el belga Freddy Maertens ganó la Vuelta a España.

     

    Música
    El acontecimiento del año a nivel mundial fue la muerte del llamado “rey del rock”, Elvis Presley. Un 16 de agosto, a los 42 años, murió la persona y nació el mito.

     

    En España se lloró mucho también la desaparición de Antonio Machín, que desaparecía con tan sólo 64 años. Otra lamentable muerte fue la de la soprano griega María Callas y la del célebre Waldo de los Ríos.

     

    Una italiana, Rafaella Carrá, movía a ritmo de “Fiesta” a la España del momento, y Pablo Abraira se debatía entre ser “Gavilán o paloma”, mientras que los niños enloquecían con las canciones del dúo Enrique y Ana.
     

    "Hotel California" de los Eagles era de lo más escuchado que llegaba del extranjero, al tiempo que los cantautores españoles se resistían a perder el protagonismo del que durante toda la época habían disfrutado. Raimon, Serrat, Llach, Aute, Labordeta, Luis Pastor...

     

    A Eurovisión acudió Micky representando a España con el tema “Enséñame a cantar”. El festival aún despertaba entonces tanta expectación en España como lo ha vuelto a hacer la edición de este año.

     

    Memoria rosa
    Aunque los espacios del corazón no estaban tan omnipresentes en los medios de comunicación como en la actualidad, la información rosa también interesaba y mucho a la sociedad del 77.

     

    Aquel año, Fernando Fernán Gómez y Emma Cohen se dejaron ver juntos haciendo pública su relación y Sara Montiel consiguió la nulidad matrimonial y fue libre para casarse con Pepe Tous. Las bodas destacadas del año fueron las de Palomo Linares y Marina Danko; Teresa Rabal y Eduardo Rodrigo; Concha Velasco y Paco Marsó; José Luis Perales; Nati Abascal y el duque de Feria; Jimmy Jiménez Arnau y la nieta de Franco, “Merry” Martínez Bordiú; y la de María José Cantudo y Manolo Otero.

     

    Hace 25 años, Eugenia Martínez de Irujo, que por aquel entonces aún no pensaba con que Fran Rivera se cruzaría en su camino, tomó su primera comunión y en el mes de abril se produjo el nacimiento de la hoy archifamosa Rociíto, fruto de la unión de Rocío Jurado y del desaparecido Pedro Carrasco.

     

    Sucesos
    El morbo de las crónicas de sucesos vendía igual entonces que ahora. En España, la mayor catástrofe humana se produjo en Tenerife, donde murieron 582 personas en la colisión de dos aviones Jumbo en el aeropuerto de Los Rodeos.

     

    Antes de aquello, se había producido el mayor desastre del año a nivel mundial. Dos mil personas murieron a causa de la erupción del volcán Nyiragongo, en Zaire.

     

    Otro suceso destacable internacionalmente se dio en Estambul, durante la celebración del 1 de mayo. Treinta y ocho manifestantes murieron como consecuencia de los disparos de un grupo de radicales izquierdistas.

     

    Por otra parte, la caída de un meteorito sobre la isla de Madagascar abrió un cráter de 100 metros de diámetro.

     

    Varios
    La moda en 1977 era manifestación explícita de ideología política. En la memoria de todo el mundo permanece el color de los uniformes de las fuerzas del orden, pero había más. Mientras las personas más moderadas, las de centro y las de derechas, optaban por los más formales trajes, los de izquierdas eran más de vestir pana, faldas largas y trajes con toques étnicos o hippies, al mismo tiempo que lucían cabellos largos y patillas ellos y melenas al viento ellas.

     

    Y hablando de mujeres. Aunque la inmensa mayoría seguían dedicándose a “sus labores”, muchas otras exigían algo hasta entonces inimaginable, la igualdad de sexos. El camino por recorrer era largo y con la Constitución española de 1978 fue cuando realmente se empezó a andar. No obstante, el empuje femenino consiguió logros como la despenalización del uso de anticonceptivos y del adulterio.

    LEY PARA LA REFORMA POLÍTICA, LA LLAVE DEL CAMBIO



    La Ley para la Reforma Política fue un texto legal aceptado por los españoles en referéndum y se convirtió en la llave que permitió el cambio de un sistema autoritario al democrático y que devolvió la soberanía al pueblo sin ruptura de la legalidad vigente. Tras su aprobación, el camino hacia las primeras elecciones generales quedó abierto.

     


    Cartel institucional, 1976

    Esta Ley significó una importante transformación del sistema de representación política por cuanto se consagró la soberanía popular y se crearon unas instituciones que sustituían a las de la llamada democracia orgánica.

    Sólo unos meses después de la muerte de Franco, la sustitución de Carlos Arias Navarro por Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno confirmaba el definitivo inicio de la transición hacia la democracia, bajo el impulso de la Corona.

     

    El nuevo presidente se convirtió en el eje de la reforma política al proponer como principal objetivo de su mandato "que los gobiernos del futuro sean resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles".

     

    Una ley sin padre
    En julio de 1976, en su primer Gobierno, Suárez recibió de manos del presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda, la Ley básica de la Reforma Política, quien al hacerle entrega le dijo, según sus biógrafos: "Aquí te doy esto que no tiene padre. Es la Ley para la Reforma Política".

     

    El entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Osorio, recordaba años después que su idea sobre esa Ley consistía en "modificar en un precepto el artículo segundo de la Ley de Cortes para permitir la elección de un Parlamento formado por representantes elegidos por sufragio universal directo y secreto; asumir en una breve disposición final la declaración universal de derechos humanos; y remitirnos a las nuevas Cortes para que un pacto nacional para la convivencia modificase adecuadamente las normas constitucionales".

     

    Las ideas de Fernández-Miranda eran algo más complejas. Entre una y otra solución, el presidente optó por una intermedia.

     

    El 24 de agosto de 1976, el Consejo de Ministros presidido por Adolfo Suárez estudió por primera vez el borrador de lo que más adelante se convertirá en el proyecto de Ley para la Reforma Política, un proyecto que implicaba una dificultad formal importante, ya que debía hacerse a partir de la legalidad vigente y para cambiar esa misma legalidad.

     

    El 8 de septiembre, Suárez convocó a la cúpula militar para informarle de que el cambio político era imprescindible, pero que no afectaría ni a la Corona, ni a la unidad nacional, ni al orden público, planteamiento que fue acogido de manera positiva por la gran mayoría de los convocados.

     

    Dos días después, el 10 de septiembre, el Consejo de Ministros aprobó la Reforma Política.

     

    El presidente Suárez, a través de un mensaje televisado, presentó a la nación la Ley para la Reforma Política, en un discurso tranquilizador para todas las ideologías, que apuntó como una de las tareas de las futuras Cortes la redacción de "una Constitución completa y definitiva, reguladora de todos los aspectos de la vida política".

     

    Visto bueno de las Cortes franquistas y referéndum
    Finalmente, el 18 de noviembre las Cortes franquistas aprobaron la Ley con 425 votos a favor (casi 100 votos más de los necesarios), 59 en contra y 13 abstenciones. En ella se contemplaba la convocatoria de elecciones, por sufragio universal, libre y secreto, de unas Cortes integradas por una Cámara de Diputados y un Senado con 350 y 248 miembros, respectivamente.

     

    La Ley para la Reforma Política fue ratificada por el pueblo español en el referéndum nacional del 15 de diciembre, con una participación del 77,47 % del censo electoral y un 94,2 % de votos afirmativos. La abstención alcanzó el 22,6 %.

    Ante estos resultados, el presidente Suárez declaró: "ha ganado el sentido común. Ha ganado España. (..) Ahora sabemos de verdad y claramente lo que quieren los españoles".

     

    El 4 de enero de 1977, el Rey sancionó y promulgó la Ley, que entró en vigor el día 25, con la firma de Don Juan Carlos y refrendada por el presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda. Esta Ley, de rango Fundamental, quedó derogada con la Constitución.

     

    La Reforma y el sistema electoral
    La Ley atribuyó de hecho al gobierno la potestad de regular las elecciones. El Real Decreto-Ley de normas electorales llevó la fecha del 18 de marzo de 1977.

     

    El texto establece un Parlamento bicameral, elegido por sufragio universal, libre y secreto, y que las Leyes Fundamentales puedan ser modificadas por mayoría simple, en contra del complicado mecanismo que la Ley Orgánica del Estado de 1967 determinaba para la reforma constitucional.

     

    El sistema electoral es proporcional para la Cámara de los Diputados, y mayoritario para el Senado.

     

    En las elecciones de senadores el elector tenía la posibilidad de marcar la casilla de sus candidatos preferidos. Para el Congreso no tenía más que elegir la papeleta del partido que quería votar.

    La Ley previó la elección de 350 diputados del Congreso y de 207 senadores (otros 41, de un total de 248, serían nombrados por el Rey). Congreso y Senado formaban las Cortes, un sistema bicameral fuertemente diferenciado.

     

    Los colegios electorales (distritos) se hicieron coincidir con la unidad administrativa constituida por la provincia. A las provincias se añadieron, como distritos autónomos, Ceuta y Melilla.

     

    Para el Congreso había que conseguir el 3% de los votos como mínimo para participar en el reparto de escaños en un distrito. Los escaños se distribuyeron entre los 52 distritos establecidos. A cada distrito o provincia se les asignó por lo menos dos diputados (Ceuta y Melilla sólo uno) y después un diputado por cada 144.500 habitantes o fracción superior a 70.000. Barcelona, con 33 y Madrid, con 32, fueron las provincias con más diputados.

     

    Para el Senado, a cada distrito se le asignó un número fijo de representantes, cuatro. Algunos de los distritos del Senado diferían con respecto a los del Congreso. Para el Senado se consideraban también distritos Mallorca, Gran Canaria, y Tenerife (con tres senadores cada uno), Ceuta y Melilla (con dos senadores) y Menorca, Ibiza-Formentera, Lanzarote, Fujerteventura, LA Palam y La Gomera-Hierro (con un representante).

     

    No estaba permitido ser candidato en más de un distrito.

     

    El derecho del voto se extendía a todos los mayores de 21 años que estuvieran incluidos en el censo electoral.

     

    La Ley Electoral también previó una reforma de financiación de los partidos. Había una subvención de los gastos electorales. El reembolso afectaba a las listas que hubieran obtenido por los menos un escaño y era de 40 pesetas por cada voto obtenido para el Congreso y de 25 por cada voto obtenido para el Senado y de un millón de pesetas por cada escaño conseguido. Además era posible para los partidos obtener una financiación previa de los bancos, que fueron autorizados a ello.

     

    La reforma política se produjo en momentos de serias dificultades internas, como el terrorismo de ETA, la conflictividad laboral y social, pretensiones involucionistas, el secuestro por parte de los GRAPO del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, y la abstención de la oposición de izquierda, uno de cuyos principales partidos, el Comunista, aún no había sido legalizado