23 de enero del 2003

 

Lo prometieron y lo han cumplido. Anunciaron que para diciembre vería la luz el segundo trabajo de la formación y así ha sido. La banda liderada por Alberto Ardines y Víctor García ha demostrado con este disco que la superación es posible, desarrollando once contundentes cortes del mejor heavy metal con un ramalazo power, “Vampiro”. La intro del principio parece augurar un disco de tintes épicos, aunque esto sólo se cumple en ésta, que el la homónima y “Alejandro” , que le sigue. También hay temas de guitarras pesadas y poderosas, así como composiciones más happies, además de buenos arreglos orquestales realizados por Manuel Ramil, y unas elaboradas melodías vocales. Con este disco se alejan casi definitivamente de la influencia Avalanch que llevaban a sus espaldas. Creo que ya siendo hora de mirar a estos asturianos como Warcry y no el ex batería y ex vocalista de... Los temas son mucho más homogéneos y están mejor estructurados que los de “Warcry”, en parte gracias a la estabilidad que le da al grupo tener miembros fijos: Fernando Mon, Pablo García, Álvaro Jardón y Manuel Ramil, que además componen y aportan ideas en las canciones. Me ha resultado  curiosa la línea melódica de las guitarras en el sexto corte, “Un Mar de Estrellas”, sobre todo en el puente entre la primera y segunda estrofa, porque me ha recordado a una de las composiciones principales del musical “El Fantasma de la Ópera”. La voz de Víctor, inconfundible por ese matiz roto, suena como nunca, con una fuerza increíble. Es importante mencionar que la producción está muy mejorada con respecto al primer trabajo, así como la presentación del libreto del CD, con portada del gran ilustrador Luis Royo.

En cuanto a la temática hay de todo, expresando en letras abiertas a la interpretación. Puedes recrearte en la historia de personajes de la talla de Alejandro Magno y Lawrence Oates, “Alejandro” y “Capitán Lawrence”, además de leer una nota en la que te cuentan quiénes son. Lo más originales que están cantadas en primera persona. Quizás el momento más emotivo del disco se encuentre al final del disco, “Renacer” en la que el piano de Manuel acompaña con suma maestría a Víctor. Un disco que realmente vale la pena.

 

 KIMBERLY RUNAWAY

 

Revista Kerrang

 KKKK1/2

4,5/5