EL AGUA EN LA ECONOMIA NACIONAL

Agua potable

Agua de riego

Tenencia de la tierra

Agua potable

El principal de los usos, es el agua potable, y es así considerado dentro del Proyecto de Ley de Aguas. En términos de mercado, la prioridad de uso dada al agua potable, pone en desventaja la competencia por el uso del agua de los otros sectores como son el riego, la industria, la minería y otros.
En la actualidad, sobretodo en los centros donde se tiene una escasez de agua, se dá una competencia entre los usos agrícolas y de agua potable, con la diferencia que el agua potable es tarifada entre tanto el agua de riego no lo es o en todo caso se paga un mínimo mensual basado en una estructura temporal mas que en una medición de volúmenes y o caudales.
Obviamente, en el uso del agua para riego, la entrega de agua en base a un tiempo fijo mensual (mita), hace que el uso de la misma sea altamente ineficiente ya que se riega más allá de la capacidad de campo de manera que el agua humedezca en exceso el terreno hasta que se tenga la nueva mita. Esto no necesariamente tiene que ver con las necesidades de la planta y más bien induce una pérdida de agua que como no es pagada o es fuertemente subvencionada, no repercute en la economía del agricultor pero sí en el bienestar social en su conjunto, ya que se tiende a proponer e implementar proyectos grandes para cubrir la demanda de agua potable, con costos por m3 que tienen que cubrir los gastos que se vayan a realizar y que se cobran vía tarifa.
Por otra parte, en el pasado reciente se han implementado proyectos de agua potable planificados y ejecutados desde la agencia promotora sin intervención de la población, resultando ello en la implementación de un gran número de sistemas de agua potable. Un reporte de la ex Corporación de Desarrollo de Cochabamba en 1991, mostraba que de 213 sistemas de agua, un 50% de ellos estaba fuera de servicio en un periodo comprendido entre 2 a 10 años. En otras palabras, la pérdida de tiempo y dinero por prácticas ineficientes ha sido considerable, aún peor, se ha perdido la confianza inicial del campesino y se ha acostumbrado al mismo a la intervención externa para cualquier problema que se le pueda presentar en materia de infraestructura.
Esta situación obligó a repensar el modo de implementación de los sistemas de agua potable y surge el PROSABAR, con dos componentes, el primero de inversión para la construcción de obras de agua y saneamiento, donde los recursos obtenidos del Banco Mundial son administrados por el FIS, permitiendo la participación a todo nivel del usuario final de agua potable, tanto en las decisiones iniciales como en la elección del tipo de sistema y el estándar asociado a la tarifa que desea en su comunidad.
El segundo componente de Asistencia Técnica que comprende a su vez: a) gestión del Proyecto, b) fortalecimiento del sector, c) difusión del Proyecto, d) desarrollo comunitario, e) un programa de control de calidad de agua, f) un sistema de información, monitoreo y evaluación, g) capacitación y entrenamiento a Instituciones involucradas en el sector, los recursos económicos de este componente son administrados por el Viceministerio de Servicios Básicos.
A pesar del mayor envolvimiento del usuario a través de su comuna, aún se tienen algunas imperfecciones que se han tratado de corregir con el tiempo, por ejemplo, se han implementado estándares destinados exclusivamente a poblaciones menores a 5.000 habitantes, lo cual es un inicio al mejoramiento en el proceso de diseño e implementación de sistemas de agua.

 

Agua de riego

Bolivia tiene importantes recursos hídricos tanto superficiales como subterráneos, estos han sido poco aprovechados.
En Bolivia existen dos tipos de unidades productivas: los minifundios (existe un 93% de unidades minifundiarias) y fincas agroindustriales (7%)
En relación al manejo de superficies aptas para cultivos y pastoreo explotadas es la siguiente: de 28´950.000 has que existen en el país sólo 2´235.000 ha (7%) están manejadas por las unidades minifundiarias y 26´715.000 ha (93%) por las unidades empresariales (Urioste, 1992).
El 70% de los alimentos producidos por las unidades minifundiarias ubicadas principalmente en los valles centrales, altiplano central, cabeceras de valle de La Paz, Potosí, Chapare y Yungas (Cochabamba), altiplano norte, yungas y Alto Beni (La Paz). Se caracteriza por el uso limitado de semillas mejoradas y fertilizantes, se basa en la agricultura a secano de bajo rendimiento.
Por su parte las unidades empresariales producen el 20% de la oferta alimentaria, en un mayor porcentaje para la agroexportación. Estas áreas ubicadas en las zonas e Santa Cruz, el chaco húmedo, el área Guarayo-Chiquitanía, los valles de Santa Cruz y en menor proporción la Amazonía boliviana. Se caracteriza por la aplicación de tecnología, un uso mayoritario de mano de obra asalariada y tiende a incorporar insumos de origen industrial como por ejemplo semilla mejorada.
Este sector exporta soya, caña de azúcar, algodón, girasol, maní, pero también produce para el mercado interno arroz, maíz y trigo.

Tenencia de la tierra
En términos generales el promedio de propiedad familiar se distribuye:

Altiplano 2,5 ha
Valle 3,6 ha
Oriente 30,0 ha
Existe una gran desigualdad en la estructura de la tenencia de la tierra. "Las unidades agropecuarias con hasta cinco hectáreas representan el 68% del total y controlan únicamente el 1,4% de la superficie total (MACA, 1991)
Casi un tercio de las exportaciones agropecuarias del país posee menos de una hectárea, y 43% de ellas llega a dos hectáreas.
El 85% de la tierra cultivable está ocupada por explotaciones de más de 500 ha que apenas representan el 1,3% del total de unidades (MACA, 1991).
En proyectos de riego, no se ha realizado una evaluación de la eficiencia de las inversiones realizadas y es una de las tareas que el PRONAR tiene planeado llevar a cabo. De todos modos, sí se ha realizado una evaluación de la eficiencia de los sistemas como entrega de aguas.
La eficiencia total de los sistemas se dá en términos del volumen de agua utilizado por los cultivos y el volumen de agua suministrado en fuente y comprende la eficiencia de conducción, la eficiencia de distribución y la eficiencia de aplicación. En términos generales la eficiencia total en los sistemas tradicionales varía entre 18 a 30% y en los sistemas mejorados varía entre 35 a 50%.
Teniendo en cuenta las eficiencias de los sistemas tradicionales, se puede decir que con inversiones mínimas se puede lograr mejorarlos para aumentar la eficiencia y de este modo incrementar la superficie regada en el país, siendo evidente que las grandes inversiones en proyectos, no son justificables a menos que las mismas presenten una tasa interna de retorno que las hagan viables y que se pueda pagar tarifas.
Tradicionalmente, las aguas de riego no son pagadas vía tarifa por m3 de agua recibido, las experiencias en el sistema de riego No 1 en Cochabamba, así lo demuestran, pues los únicos pagos realizados son de 30 Bs por inscripción y 70 Bs/ha por su inclusión al padrón de usuarios y para efectos de operación y mantenimiento se paga en un jornal de trabajo por cada hectárea o una multa de 20 Bs por día de trabajo.
El único proyecto de riego en Bolivia que tiene tarifas basadas en el volumen de agua entregado, es el proyecto San Jacinto donde se cobra 0,05 $us/m3. En principio en este proyecto se optó por capacitar a los regantes para realizar un uso eficiente del agua de riego, pero la verdadera eficiencia vino con la facturación, pues de una demanda alrededor de 800 m3/ha de riego los agricultores bajaron a un rango entre 400 a 600 m3/ha.