jlansorena

Jose Luis Ansorena Miranda

El Txistu y los Txistularis
III - Historia del Txistu

 

Publicado en "El Txistu y los Txistularis", Kutxa Gizarte eta Kultur Fundazioa. ISBN: 84-7173-288-2 Donostia 1996

 

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El nombre.

La palabra "txistu" y su derivado "txistulari" es de muy reciente uso.

Para nosotros la constancia escrita más antigua data de 1864, tal como se puede leer en el artículo "El Tamborilero" de Miguel Ostolaza, editado en "La joven Guipúzcoa".

El leer escrito "chistu" daba a entender que ya era de uso común, pero nosotros no hemos encontrado ningún testimonio escrito anterior.

Los diccionarios antiguos de euskera no dan al vocablo "txistu" el significado de flauta popular vasca.

¿Podría ser una derivación de "ziztu" = silbido?

Analizando los nombres usuales en el pasado, llegados hasta nosotros, debemos hacer una clara división entre los vocablos castellanos y los euskéricos.

En castellano desde la aparición de los juglares se aplicó el nombre de juglar a los intérpretes de cualquier instrumento, artistas de danza, recitadores de romances, chistes, etc... La palabra "juglar" tiene su origen en el siglo X, partiendo de la latina "joculator" (jocus = chanza, broma, chiste...), que experimentó en los idiomas europeos su acomodación propia. En el castellano más antiguo "joglar" y luego "juglar".

En el siglo XIV se crea el término "ministril", próximo a ministro, ministrar o servir, y así se designaba a los músicos, que acompañaban a los trovadores.

La palabra "juglar" llevaba consigo un cierto sentido nómada. Por tanto, a medida que nuestros txistularis se convirtieron en músicos fijos, perdieron paulatinamente aquella primitiva denominación, para ser conocidos y nominados frecuentemente más por el hombre del tambor, que por la flauta. Así desde el siglo XIV leemos estas nominaciones: tamborer, tamborino, tambolín, tamborín, tamboril, músico tamboril, tamborilero, tamboriltero, tambolintero, tuntunero o chunchunero... Cuando el músico es nominado por la flauta, además de flauta o flautista, leemos pífano, silbato, silbo, silbo vizcaíno y chilibistero.

En euskera los vocablos conocidos son más tardíos. Con seguridad que el pueblo empleaba desde sus orígenes las expresiones correspondientes. Pero no han llegado a nosotros.

He aquí las que hemos conocido: txilibitu, txirula, txirola, txürula, txulula, txilibitulari, txilibistari, danbolin, danbolinari, etc...

Creemos que el predominio de las nominaciones castellanas juglar, tamborer, etc... comunes en los documentos del País Vasco y otros países, suponen un argumento más de la teoría del fondo común de instrumentos musicales en la Europa occidental hasta el Renacimiento.

La aparición de nominaciones euskéricas de la flauta vasca es paralelamente otro argumento que nos ayuda a situar en el tiempo el origen del txistu.

El origen del txistu.

El problema del conocimiento del origen del txistu es similar al de la aparición del hombre en la tierra: supuesta su procedencia del animal irracional ¿en qué momento se puede decir que el animal se convirtió en hombre?

Trasladando la pregunta al txistu, para dar una respuesta, debemos partir del concepto total, que de él hemos expuesto en el Preámbulo de este trabajo.

Teniéndolo presente ¿puede llamarse txistu a las flautas primitivas del hombre de las cavernas o a las flautas de la antigüedad, comunes en las civilizaciones de los cinco continentes? Creemos que no.

Cuando los juglares extranjeros aparecieron en la Edad Media en los medios culturales más altos o en los pueblos del País Vasco, es evidente que presentaban y desarrollaban un arte musical europeo, que fue imitado por nuestros juglares autóctonos, a medida que fueron apareciendo en nuestra tierra.

Cuando nuestras clases cultas abandonaron las flautas y quedaron en manos del pueblo, fue éste el que las definió como algo suyo, tanto en su fabricación, como en la música que habían de interpretar y los momentos en que habían de intervenir.

No debemos olvidar que en el País Vasco existieron otros instrumentos musicales de aprecio popular. Tras su progresiva desaparición, nuestros antepasados afirmaron su predilección por la flauta, a la que fueron incorporando paulatinamente los refinamientos que le han caracterizado como txistu.

¿Cuándo se inicia este proceso evolutivo?

Es lógico que en la respuesta a esta pregunta existan diferencias de apreciación.

Para nosotros el origen del txistu tiene su punto de partida en el Renacimiento.

El asentamiento de las flautas en España y el País Vasco.

El proceso ascendente, que desde su origen han conocido las flautas en el mundo entero, no ha seguido igual trayectoria en todas partes. Mientras en unas llegaron a su extinción, en otras fueron adoptadas como instrumentos tradicionales y, como hemos visto, siguen perviviendo con las características propias de cada pueblo.

Así en España el conjunto flauta recta de tres agujeros con el tamboril es popular en la actualidad en Cataluña, Huesca, León, Santander, Zamora, Salamanca, Extremadura, Huelva, Islas Baleares, Canarias... y el País Vasco. Nombres adoptados: txistu, flabiol, chiflo o chifla, xirimia, pito, gaita... Este último nombre, que se presta a confusión, se usa en Extremadura y Salamanca.

Otros aspectos que varían en estas flautas populares son sus dimensiones, la ornamentación y la embocadura. Subsisten todavía algunos ejemplares sin embocadura. Generalmente la materia prima es la madera, aunque modernamente se ha empleado mucha materia plástica.

Podemos decir que entre todas estas flautas rectas el txistu ha alcanzado una personalidad superior a las demás, tanto en su sonido, de mayor brillantez, como en la música que se interpreta con él y el entorno que rodea a los intérpretes. Todo esto es el resultado de un proceso de evolución, que ha ido madurando desde el siglo XVI.

Al margen de que todavía en el siglo XX se hayan conocido en el País Vasco flautas de hueso, que necesariamente limitan la longitud del tubo, puede decirse que ya antes del Renacimiento en nuestra tierra se habían impuesto las flautas de madera. Si hubo variedad de dimensiones, llegó a prevalecer el modelo de 42 cms. de largo.

El carácter de instrumento solista, que el conjunto flauta-tamboril da a la flauta, permitía a los fabricantes no preocuparse por la afinación, y, por tanto, por una medida estricta de longitud.

El fenómeno de la fijación de medidas se daría en el siglo XVIII y más claramente en el XIX, cuando comienzan los dúos y tríos de txistu.

La coexistencia de la txirula-ttun ttun con el txistu-tamboril en regiones hermanas del País Vasco, aunque a distancias sensibles, tiene su origen en la familia de flautas anteriormente existentes: flauta soprano, flauta alto, flauta tenor.

¿Por qué razón unas zonas adoptaron como suya la txirula y otras el txistu?

La respuesta es todavía una incógnita.

La embocadura del txistu.

Cuestión más importante en el txistu es el desarrollo de su embocadura.

En la Edad Media el protagonismo de las flautas llevó a sus intérpretes a buscar su perfeccionamiento.

A medida que fueron ensayando flautas de distintas medidas, era ostensible la necesidad de mejorar el punto de origen del sonido, tanto más cuanto mayor era la longitud de la flauta. La muesca de las flautas antiguas era insuficiente.

En diversas etapas fueron apareciendo modelos con boquillas y lengüeta, fabricados de una sola pieza o a base de pequeñas piezas incorporadas.

La aplicación del metal a una de estas piezas o a ambas a la vez, es otra etapa más, que supone un importante paso en la evolución de las flautas modernas.

¿Cuándo tuvo lugar la aplicación del metal a la boquilla o lengüeta?

El profesor suizo Joseph Lauber en su trabajo "Los chistularis"{l} afirma: "El chistu (flauta antigua, recta, cuya lengüeta data del siglo XV)...". Ignoramos en qué se funda, para tal afirmación. Suponemos que conoce, como buen folklorista, otras flautas de esa época, que en el siglo XV adoptaron la lengüeta incorporada.

No es fácil encontrar flautas populares que empleen el metal en su embocadura. Tal vez la importancia de la industria y artesanía del hierro en el País Vasco desde la Edad Media han podido influir en la incorporación del metal a la boquilla y lengüeta del txistu.

Otra opinión situaría la aplicación del metal al txistu en la eclosión industrial del País Vasco a mediados del siglo XIX, teoría tal vez demasiado tardía. Sin duda es éste un punto de importancia, por lo mucho que ha contribuido en la configuración de la personalidad del txistu.

El P. Donostia{2} aporta este dato: "Antiguamente, tal vez, se importaban estos instrumentos. En 1650 por la Pragmática se prohibieron importaciones de cascabeles con bordecillo medio, flautas y chiflos...". Si estas palabras suponen o no protección a la industria del país, lo cierto es que nuestros txistugiles han sido los artífices de la configuración paulatina del txistu, tal como ha llegado a nosotros.

NOTAS

  1. [1] LAUBER, Joseph, Los Chistularis, original inédito existente en ERESBIL (Rentería).
  2. [2] DONOSTIA, P., Historia de las Danzas de Guipúzcoa, de sus melodías y sus versos - Instrumentos musicales de/pueblo vasco, (Zarauz, Ed. Itxaropena), p. 62.