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El libro que emocionó a Bachelet

El periodista Juan Azócar es el autor del libro "Prometamos Jamás Desertar", que recopila las historias de varios de los compañeros de generación de Bachelet en el PS.

El libro "Prometamos Jamás Desertar", del periodista Juan Azócar, llegó al escritorio de la presidenta Michelle Bachelet el 29 de septiembre, para su cumpleaños. Tres días después, la mandataria le envió una carta de su puño y letra para agradecerle por haber reconstruido las trágicas vidas de varios de sus amigos y compañeros de generación en el Partido Socialista. Esta es la historia del libro, y las razones que llevaron a Azócar a escribirlo.

Por  Claudia Farfán M.
Foto  Maglio Pérez
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"Tu libro honra la memoria de quienes no están con nosotros", escribe la presidenta al autor de "Prometamos Jamás Desertar". Entre quienes nombra la mandataria se encuentran los dos hombres fuertes del PS en la clandestinidad, Exequiel Ponce y Ricardo Lagos Salinas, además de su amiga Sara Donoso.

"Es el tuyo uno de los libros más hermosos que ha llegado a mis manos en el último tiempo. No pudiste haber elegido un título mejor. Y no sólo ello, desde la misma portada y en cada una de sus páginas vuelve a hacerse vivo el recuerdo de tantas y tantos compañeros ausentes".

La presidenta Michelle Bachelet escribió este mensaje pocos días después de su último cumpleaños, el 29 de septiembre. Iba dirigido al periodista PS Juan Azócar Valdés (38), el autor del libro que llegó hasta el escritorio de la mandataria en La Moneda entre varios regalos, pero que ella finalmente  apartó conmovida, según ha comentado, por las historias de vida que ahí se relatan.

Bajo el título "Prometamos Jamás Desertar", el texto consigna las biografías de 23 militantes del Partido Socialista que pertenecieron a la misma  generación de la Jefa de Estado y cuyos nombres figuran desde 1991 en el Informe Rettig como ejecutados políticos y detenidos desaparecidos.

La gobernante conoció  a varios de ellos y con algunos estableció una relación de amistad desde su época de estudiante de Medicina en la Universidad de Chile, donde ingresó en 1970. Desde entonces, esos socialistas se transformaron en un grupo de referencia política para Bachelet.

Durante más de un año, Juan Azócar combinó su actual trabajo en el área de Comunicaciones de la Secretaría General de Gobierno con dicha investigación. Militante socialista desde su época escolar, su interés surge en un primer momento en la figura del médico y diputado PS Carlos Lorca Tobar, a quien define como "el líder señero que articula a toda esta generación" y se transforma en el mentor político de sus contemporáneos en el partido. Entre ellos, de la Presidenta de la República.  Sin embargo, en  el transcurso de su trabajo, Azócar  descubre los testimonios que hablan de estos otros actores menos conocidos pero muy relevantes en la resistencia del PS al gobierno militar.

Para este efecto entrevistó a familiares y amigos de las víctimas, y accedió a cartas inéditas que le permitieron reconstruir con precisión las historias de cada uno. En su mayoría eran jóvenes que no superaban los 30 años de edad y que durante la Unidad Popular desempeñaron roles secundarios. Pero tras el golpe de Estado adquirieron un papel protagónico en la lucha contra el gobierno militar, porque no quisieron abandonar el país y asumieron la conducción del PS desde la clandestinidad.

- ¿Por qué le interesó contar la experiencia de esta generación de socialistas?
 - Consideraba necesario conocer a una generación marcada por la revolución cubana que al mismo tiempo dio señales de un fuerte realismo político. Porque  reconocían que la Unidad Popular era un gobierno elegido democráticamente y que tenía serios problemas de legitimidad.

Sin embargo, su mayor interés -agrega Azócar- fue rescatar la historia de personas que estaban sumergidas en el "semiolvido". Reconocimiento que de alguna manera también hace la presidenta en la carta que le envió al autor: "Los militantes y adherentes del socialismo chileno tienen en tu libro un escrito invaluable y la posibilidad de conocer una parte importante de nuestra historia, la más triste, la más injusta, pero también la más heroica de ella. Tu libro honra la memoria de quienes ya no están con nosotros".  

Vida clandestina

Reunidos en la sede del Partido Socialista el pasado 2 de octubre, los invitados al lanzamiento del libro ignoraban que la Jefa de Estado había enviado esta carta. Por eso los sorprendió cuando se leyó el contenido, que Bachelet no firmó como presidenta, sino como "militante socialista del Núcleo de Medicina Universidad de Chile".

No es frecuente que la gobernante se refiera a su pasado político. Pero esta vez lo hizo porque los personajes a los cuales se recuerda en "Prometamos Jamás Desertar" eran algunos de los líderes y militantes del PS más cercanos a ella.

Incluso, en una parte de su saludo, menciona especialmente a un grupo de dirigentes socialistas a quienes identificó con su nombre y a los que -dijo- el libro "hace jus-ticia" al recordarlos.

Al igual que ella, todos formaron el grupo que opuso resistencia al gobierno militar desde el primer día dentro del país y en los momentos más duros de la represión. Sin embargo, fueron capturados por la DINA en el marco de la operación que se inició contra el PS a mediados de 1974 y que concluyó con la desarticulación de casi toda su dirigencia el primer semestre de 1975.

La presidenta Bachelet destacó en su mensaje a los tres hombres que asumieron el "núcleo duro de conducción del partido en la clandestinidad": Exequiel Ponce, Ricardo Lagos Salinas y Carlos Lorca.

Con el primero de ellos, designado en la secretaría general del PS  a partir del 17 de septiembre de 1973, Bachelet estrechó vínculos mientras se mantuvo oculto en una casa de seguridad de Ñuñoa. Ponce recibía la visita de la entonces joven  socialista que frecuentaba el lugar para cumplir con su función de enlace. "A veces ella hacía de correo o llevaba mercadería", relata Azócar.

El libro consigna que una de las últimas personas que vio con vida a este dirigente de origen campesino fue el empresario Máximo Pacheco Matte, quien lo trasladó a un encuentro secreto con el actual senador  PS Jaime Gazmuri. Cuando regresaban de la reunión, Exequiel Ponce le pidió a Pacheco que se detuvieran a tomar algo. En medio de la conversación, el líder socialista comentó con pesimismo: "Nosotros no vamos a sobrevivir a esto. Y te quise invitar esta cerveza porque lo único que justifica nuesta lucha es que  haya una generación como la tuya que le dé sentido".

Ponce fue detenido el 25 de junio de 1975 por la DINA. Una semana después que Ricardo Lagos Salinas, el segundo hombre en la jerarquía clandestina.  Economista de profesión, fue uno de los principales redactores del polémico "Documento de Marzo de 1974", donde el PS expresó por primera vez una crítica al gobierno de la Unidad Popular y a la conducción partidaria de Carlos Altamirano. Diagnóstico que en ese entonces fue compartido por Michelle Bachelet. Fuerte detractor del caudillo socialista, Lagos Salinas cuestionó con fuerza la política que, desde el exterior, apostaba por radicalizar la oposición al gobierno militar. Tras meses de clandestinidad, señala el libro, escribió a su familia: "Sabemos que afuera hay quienes, honestamente equivocados, nos acusan de negar la vigencia del partido. Nuestra conducta práctica, defendiendo su vigencia con nuestro propio pellejo, vale mucho más que la verborrea de los inmorales que se las arreglan para dividir al partido".

Su padre y su hermano fueron fusilados el 16 de septiembre de 1973. Sin embargo, en esa oportunidad tampoco quiso salir del país. Como también se negaría a hacerlo varias veces el mentor político de la presidenta Bachelet, Carlos Lorca Tobar, en ese entonces secretario general de la JS y uno de los hombres más buscados por la DINA. Hasta antes de su detención, también a mediados de 1975, se dedicó a impulsar la creación de un frente "antifascista"  que pretendía incluir a la DC.

En esa misión estaba cuando se reunió con el líder del MIR, Miguel Enríquez, encuentro del cual da cuenta el libro de Azócar a través de un testigo que estuvo presente. El dirigente de Concepción señaló que ellos "tenían cientos de comités de resistencia popular listos para actuar (…) Lorca lo rebatió haciendo un detallado análisis de la coyuntura y un recuento muy completo del real estado del movimiento popular, y de la improcedencia de una política contra el régimen que se hiciera únicamente en los términos propuestos por el MIR", dice un párrafo textual del libro.

La presidenta también recuerda en su carta a cuatro mujeres que compartieron con ella la función de "enlaces de la resistencia", entre ellas Sara Donoso y Rosa Solís, dos ex estudiantes de Enfermería de la Universidad de Chile que fueron expulsadas de sus carreras después del 11 de septiembre y con quienes Bachelet  estableció una estrecha relación.

Hasta la fecha de su captura, en julio de 1975, ambas se abocaron a respaldar la reorganización del partido bajo la supervisión de otra militante mencionada por la jefa de Estado: Carolina Wiff, asistente social de la Universidad de Chile cuyo rastro se perdió en Villa Grimaldi. En ese recinto de tortura estuvo detenida con otra mujer a quien la presidenta también nombra: Michelle Peña Herreros, quien tenía ocho meses de embarazo cuando fue trasladada al centro ilegal de detención ubicado en Peñalolén. Desde ese lugar también se perdió su huella.

- A tu juicio, ¿cuál es el legado que deja esta generación en el PS?

- Prometamos jamás desertar. Eso es lo que hace grandes a estos jóvenes. Casi todos tenían las redes solidarias fuera de Chile para haber salvado su vida.

Entre quienes pedían la libertad de Lorca estaban, por ejemplo, Felipe González y  el general Omar Torrijos. En cuanto a Exequiel Ponce, en numerosas oportunidades ingresó a la embajada de Suecia a compartir con su señora y nunca pensó en asilarse. Volvía a salir en la maleta del auto del embajador. Algunos piensan que habrían sido más útiles en el extranjero. Pero ellos creían que la lucha tenía sentido dentro del país.