MIERCOLES 27 DE NOVIEMBRE DEL 2002

 
 
 
 Contenido

Presentación
 
I Los primeros habitantes
 
II Las Sociedades indígenas
 
III Conquista Española
 
IV El apogeo del orden colonial
 
V La consolidación de la sociedad criolla
 
VI La Independencia
 
VII La Fundación de la República
 
VIII De la República Católica a la Revolución
 
IX La Revolución Liberal
 
X La Revolución Juliana
 
XI La Historia Contemporánea
 
XII Historia del espacio y
el territorio
 
XIII Vertientes históricas
 
XIV Documentos históricos
 
XV Propuesta de Programa para la enseñanza de Historia

 

 Los primeros habitantes del Ecuador

 
La evidencia arqueológica
La presencia en el país de cazadores ­ recolectores tempranos viene atestiguada por la evidencia cultural obtenida de sitios excavados y por hallazgos superficiales aislados. Puntas de lanza de varios tamaños han sido encontradas en diferentes lugares del país, particularmente, en las provincias del Carchi, Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Azuay y Loja.
 
En una perspectiva global, estos descubrimientos aislados proveen poca información cultural, pero la procedencia de los artefactos permite registrar su distribución espacial, dato que puede ser relevante para la interpretación arqueológica. Desde este punto de vista, los hallazgos mencionados arriban señalan claramente la presencia de cazadores tempranos a lo largo de casi todo el callejón interandino del Ecuador.
 
Naturalmente, la información medular sobre los cazadores tempranos proviene de investigaciones sistemáticas llevadas a cabo en diferentes regiones del país. Entre los sitios excavados merecen citarse El Inga y San José (provincia de Pichincha), la cueva de Chobshi (provincia del Azuay), los sitios de Cubilán (provincia de Loja), y e sitio de OGSE-80 (provincia de Guayas).
 
El sitio de El Inga, y la zona del Ilaló
El Inga se encuentra a 2.500 m. de altura, en la base del cerro Ilaló por su lado oriental. Las excavaciones de Robert Bell permitieron recuperar una ingente cantidad de material lítico de obsidiana y rocas basálticas pertenecientes a tres períodos sucesivos de ocupación. Lamentablemente, las dataciones radiocárbonicas no han dado una cronología consistente, debido a que las muestras provenían de un terreno disturbado por labores agrícolas. En todo caso, la fecha más antigua que se posee para este sitio es de 7.800 a. C.
 
Del análisis del material recuperado se infiere que El Inga fue un campamento paleoindio donde se llevaban a cabo diversas actividades, incluyendo la manufactura de artefactos. Cabe destacar, entre los utensilios, la presencia de cuchillos, raspadores, buriles y puntas de proyectil de diversas formas y tamaños, particularmente la punta de cola de pescado, característica del horizonte paleoindio mejor conocido de Sudamérica. El sitio se encuentra ubicado en una zona rica en vestigios tempranos que yace entre el Ilaló y la cordillera Oriental.
 
Los yacimientos paleoindios que le son más afines por sus rasgos generales y su industria lítica se encuentran hacia la base oriental del cerro, por lo común bajo la cota de 2.600 m. Al respecto vale citar Lazón, San Cayetano, San Juan, San José, este último excavado por William Mayer ­ Oakes y datado en 9.350 a.C., por el método de la hidratación de la obsidiana. Fuera de este sector hay numerosos sitios precerámicos de filiación aún desconocida, cuya densidad va disminuyendo a medida que se accede a los páramos de la cordillera Oriental.
 
Cabe mencionar, en este contexto, el hallazgo de una punta de cola de pescado por el arqueólogo jesuita padre Porras en el abrigo rocoso de Petacaurco, al norte de Papallacta. Esta población se encuentra a 3.200 m. de altura, al otro lado de la cordillera Oriental, en la ruta que descenso a la selva tropical. Porras hace referencia a "trabajos de excavación", pero no da indicaciones sobre la naturaleza del resto de utillaje (si es que existe) o de restos de fauna asociados con la punta de proyectil. Tal como están las cosas, su establecimiento de la "fase precerámica Papallacta", en base a la presencia de un solo artefacto, es demasiado prematura y, por lo mismo, carente de significado cultural.
 
Otra "fase" precerámica establecida recientemente es la Cotundo ­ Jondachi en el alto Napo, donde "concentración" de artefactos de obsidiana "(cuchillos, rapadores, buriles, navajas que guardan fuertes similitudes con el instrumental lítico de El Inga"). Si la estratigrafía está bien interpretada (hay un deslave de por medio, que pudo haber disturbado los depósitos culturales), los artefactos de Jondachi estarían separados por una capa de 6 m. de espesor, de un depósito de cerámica formativa, lo que ciertamente les daría un carácter netamente precerámico. Lamentablemente, Porras es demasiado parco en detalles, circunstancias que no propicia un análisis objetivo del sitio ni de su pretendida fase cultura.
 
Los sitios de Chobshi y Cubilán
En el sur del país hay que mencionar la cueva de Chobshi, ubicada a 2.400 m. de altura en el cantón Sigsig, provincia del Azuay. Depredada por largos años, la cueva fue finalmente excavada por Thomas F. Lynch, quien logró recuperar una importante muestra de artefactos de piedra y restos de fauna. A esto habría que añadir los instrumentos de hueso, principalmente punzones y leznas, que Reinoso recuperara en distintas ocasiones de la cueva.
 
Los artefactos de piedra comprenden 46 tipos de instrumentos, fabricados en cherts de varios colores, rocas metamórficas y, muy ocasionalmente, en obsidiana. Hay puntas de proyectil lanceoladas y pedunculadas, cuchillos, buriles y una gran variedad de raspadores, que en muchos aspectos parecen guardar relación con la tradición tecnológica de los utillajes del Ilaló. La fauna comprende especies recientes, cuyo significado carbónicas indican que la ocupación de la cueva tuvo lugar entre 8.060 y 5.585 a. C.
 
En el límite entre las provincias del Azuay y Loja, Mathilde Temme excavó los sitios de Cubilán (Cu-26 y Cu-27), ubicados en la cordillera Oriental a 3.100 m de altura, en una zona ecológica calificada como subpáramo. Cu-26 es un campamento que ha dado evidencia de, al menos, siete fogones, aparentemente contemporáneos, asociados a artefactos líticos como raspadores, puntas de proyectil (pedunculadas y foliáceas), piezas bifaces, perforadas y restos de talla.
 
Dataciones radiocarbónicas indican una edad entre 7.110 y 7.150 a. C. Hay en Cu-27 predominio de actividades de taller, a juzgar por la presencia de núcleos y restos de talla, además de artefactos elaborados, como puntas de proyectil, piezas bifaces, raspadores y cuchillos. Muestras de carbón vegetal indican una antigüedad de 8.550 a. C. y 8.380 a. C., por el método de análisis radiocárbonico.
 
El complejo Las Vegas
El complejo Las Vegas comprende alrededor de 31 sitios ubicados a lo largo de drenajes antiguos, playas y lagunas secas, en la parte occidental de la península de Santa Elena. El sitio que ha recibido más atención es OGSE-80, que abarca un área extensa (80 x 20 m) donde hay abundante material de superficie, pero las excavaciones de Stothert revelaron la presencia de materiales culturales hasta de 110 cm de profundidad.
 
El registro arqueológico incluye restos de fauna marina y litoral, así como del interior, una industria lítica de horsteno en la que no hay instrumentos bien definidos, y la serie de esqueletos humanos señalados anteriormente. Algunos artefactos de hueso y concha y concentraciones de ocre, completan el material recuperado. Fechas de radiocarbono ubican el complejo Las Vegas entre 9.050 a. C. y 4.650 a. C., con tres fases: Pre-Vegas (9.050 ­ 8.050 a. C.), Las Vegas temprano (7.850 ­ 6.050 a.C.), y las Vegas tardío (6.050 ­ 4.650 a.C.)
 

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