13 de marzo de 1983
La Bermuda

Marianela

Cada mañana, al alba, hacían cola. Eran parientes, amigos o amores de los desaparecidos de El Salvador. Buscaban noticias o venían a darlas; no tenían otro lugar donde preguntar o dar testimonio. La puerta de la Comisión de Derechos Humanos estaba siempre abierta; y también se podía entrar por el boquete que la última bomba había abierto en la pared.

Desde que la guerrilla crecía en los campos salvadoreños, el ejército ya no usaba cárceles. La Comisión denunciaba ante el mundo: Julio: aparecen decapitados quince niños menores de catorce años que habían sido detenidos bajo la acusación de terrorismo. Agosto: trece mil quinientos civiles asesinados o desaparecidos en lo que va del año...

De los trabajadores de la Comisión, Magdalena Enríquez, la que más reía, fue la primera en caer. Los soldados la arrojaron, desollada, a la orilla de la mar. Después fue el turno de Ramón Valladares, acribillado en el barro del camino. Quedaba Marianela García Vilas:

Yerba mala nunca muere — decía ella.

La liquidan cerca de la aldea La Bermuda, en las tierras quemadas de Cuscatlán. Ella andaba con su cámara de fotos y su grabadora, reuniendo pruebas para denunciar que el ejército arroja fósforo blanco contra los campesinos alzados.


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Última revisión: 24/03/03