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A mí me importa

“No tengo ningún amigo de derecha”

Senador Camilo Escalona Medina, Circunscripción XVII de la Décima Región Sur, Presidente del PS


“No tengo ningún amigo de derecha”

Dice que con los parlamentarios de oposición tienen un trato civilizado, pero que no va a sus casas ni se junta con ellos a tomar un trago. Cree que a veces tiene mal genio, que por su lenguaje directo, puede ser áspero y que por eso sus juicios políticos pueden afectar a las personas, pero sabe pedir excusas. Hace un interesante recorrido por su carrera política y analiza su gestión regional, aportando información que quizás muchos no conocemos. Habla de la complejidad en la difusión del quehacer parlamentario en su zona, porque no existe un sistema de comunicaciones que le dé identidad regional y que permita a la opinión pública informarse de qué hacen por ella sus senadores y diputados.

26 de marzo 2009

Llévese nuestro contenido

En sus tiempos de estudiante le tocó competir por la dirigencia de la federación de estudiantes secundarios. ¿Cómo recuerda esos días?

Quisiera precisar que en esta competencia  fuimos candidatos a la presidencia de la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago, los liceanos de entonces. Por la Democracia  Cristiana, que era la principal fuerza del movimiento estudiantil de esa época, se postuló Miguel Salazar y por la juventud Nacional, Andrés Allamand.

Yo fui candidato representando a las juventudes de la Unidad Popular. Había también un candidato que los jóvenes podrían conocer como la izquierda extra parlamentaria, un muchacho del Instituto Nacional que hoy es detenido desaparecido desde 1975, que se llamaba Luis Valenzuela. Las primeras mayorías las obtuvimos Salazar y yo.

El clima político de la época era muy polarizado, muy exacerbado. En el país, el movimiento estudiantil había sido completamente empapado por la confrontación y ni Salazar reconoció mi triunfo, ni yo el de él. Entonces se dividió la organización estudiantil. Esto fue en noviembre de 1972, yo tenía 17 años y a partir de ese mes se crearon dos Feses, situación que se arrastró durante todo el 73 y lógicamente que concluyó de manera abrupta el 11 de septiembre de ese año, porque todas las organizaciones sociales fueron prohibidas y declaradas disueltas.

De manera que desaparecieron las dos presidencias, tanto la que encabezaba Salazar como yo. Mucho tiempo después, por allá por el año 85, 86, no recuerdo, hubo nuevamente la posibilidad de organizar una nueva federación de estudiantes secundarios en Santiago y ha habido diferentes experiencias. La más importante es la de comienzos del gobierno de la presidenta Bachelet en el año 2006, en que el movimiento secundario volvió tener una gran presencia en la calle y permitió reinstalar el tema de la educación como un primer tema de la agenda social.

En 1973, el día del golpe militar dirigido por Augusto Pinochet, se encontraba en su casa. De inmediato, cuando supo de los allanamientos y pasó un tiempo en la clandestinidad. Su chapa era "Sebastián". ¿Le puede explicar, sobre todo a la gente joven, que significaba tener una chapa?

La verdad es que como le dije recién, esto de formar parte de la federación de estudiantes secundarios, me habían hecho a mí, así como a otras personas como Miguel Salazar, personas conocidas, independientemente de nuestros deseos y del peso real del movimiento estudiantil.

Y cuando en la madrugada del día 11 de septiembre, a eso de las 4 o 5 de la madrugada, las radios empezaron a informar que se había producido un golpe porque un movimiento muy raro: el zarpe de la Armada a mar abierto, había tomado las instalaciones del puerto de Valparaíso, y por lo tanto el golpe se había materializado ya. Me llamó un amigo que era dirigente junto conmigo de la federación de estudiantes, presidente del liceo Darío Salas.

Bueno, yo salí de mi casa relativamente rápido, fui al local de las juventudes socialistas, donde ya en ese rato en que me demoré en llegar de mi casa al centro de Santiago, la noticia se había conocido no solamente en Chile, si no que en el mundo. Había un gran movimiento de tropas y me fui al Liceo de Artes Gráficas de San Miguel, donde junto con otros estudiantes queríamos resistir el golpe de Estado, pero no teníamos con qué hacerlo.

Y finalmente no pudimos hacer nada. Salió un bando exigiendo que se presentaran 8 personas, los jefes de partidos y principales líderes; luego otro, que requería a 40 personas, y en la tarde, como a las 5, salió un bando para trescientas y tantas personas. Y en ese figuraba yo. Se me exigía presentarme al ministerio de Defensa y lógicamente que iba a quedar detenido.

Entonces me refugié en casa de liceanos amigos míos, y claro, durante algunos días utilicé ese nombre de Sebastián, que era una manera de usar ente comillas “un nombre político” porque todas las organizaciones políticas y sociales habían sido declaradas ilegales. Pero mi experiencia con un nombre político más extenso fue después, porque en diferentes casas de liceanos logré estar como tres meses, más o menos… Mi casa fue allanada el mismo día 11 de septiembre del 73 por un agente de Investigaciones. Se llevaron los libros.

No se portaron mal, en realidad, con mi mamá que estaba en la casa… Pero sin embargo me buscaron incluso en casa de unas tías… Y ahí se portaron mal, porque rompieron un televisor, el refrigerador y los colchones. Entonces yo tenía conciencia de que era una persona buscada a pesar de tener 18 años. Y bueno, después de tres o cuatro meses, busqué refugio en la embajada de Austria, me dieron asilo diplomático y salí de Chile a fines del 73. Y mi pasaporte tenía una L, que significaba Limitado. Ésta es una de las cosas absurdas que yo he comentado otras veces: que tenía un pasaporte chileno que me servía para viajar por todo el mundo, menos por Chile.

O sea era un chileno con pasaporte chileno que no podía viajar a Chile… Esa L era fatídica. Hay varios exiliados que han escrito sobre la L, por ejemplo el novelista Carlos Cerda, un hombre muy inteligente. Entonces resolví el año 82 ingresar clandestinamente a Chile. Lo hice con un pasaporte falso y estuve seis años en una situación de clandestinidad distinta: No una situación desesperada como la que viví el 11 de septiembre y las semanas posteriores, si no que en un esfuerzo de trabajar para la reorganización del PS y de las fuerzas democráticas, con el propósito de recuperar la democracia.

Y fue útil, porque logramos tener presencia y capacidad de controlar el plebiscito del año 88 de manera que ganara el No y a partir de esa fecha se impusiera un itinerario de fortalecimiento de las libertades en nuestro país.

En 1997, en la elección senatorial por Santiago Poniente, Ud. compitió con Jovino Novoa…

No, no competí con él. Fuimos candidatos coincidentes…

 

¿Ud. iba en una lista con Andrés Zaldívar…?

Sí. Yo sé que ese tema se ha puesto de moda porque yo he cuestionado que el senador Novoa vaya a ser presidente del Senado. El fue una alta autoridad durante el régimen militar del año 79 al 82 y no ha asumido sus responsabilidades políticas en esa participación y se ha   replicado que yo estaría, entre comillas, “picado”, porque él me habría ganado la elección senatorial del año 97, pero en rigor, no es así.

Efectivamente coincidimos, fuimos candidatos en la misma circunscripción, Santiago poniente, en la jerga de los técnicos electorales, que son la mitad de las comunas de la región Metropolitana, que incluso llega al lado de la cordillera esta región, porque ahora se suman comunas como Huechuraba, Conchalí y otras. Es una manera de decir eso de Santiago poniente… Y el año 89, en la primera elección parlamentaria después de la dictadura, salió electo aquí Jaime Guzmán, que fue asesinado, y lo reemplazó acá el senador Miguel Otero, que había sido su compañero de lista y en la Concertación salió Andrés Zaldívar y yo fui derrotado.

O sea, la oposición sacó un senador y la Concertación sacó un senador. Tanto el comportamiento de la elección municipal del 92; las parlamentarias del 93 y la municipal del 96, mantenían la situación inalterable. O sea, la Alianza por Chile iba a sacar uno y la Concertación iba a sacar uno, por efectos del sistema binominal. Y en rigor, la competencia se trasladó en una competencia adentro de la lista. Además esto se vio completamente confirmado por la presencia de la candidatura de Gladys Marín, quien le daba más posibilidades a la Concertación, porque en el año 89, ellos habían apoyado a Ricardo Lagos. Entonces la Concertación iba a sacar uno. Si yo hubiese tenido competencia con alguna persona en esa elección, era con Andrés Zaldívar.

El sacó más votos que yo, y por lo tanto fue electo senador de la lista de la Concertación. Yo hago esta explicación porque estoy acostumbrado a participar en elecciones: fui presidente del centro de alumnos de mi liceo, fui presidente de la Feses, fui candidato a diputado el año 89, he participado en innumerables elecciones internas dentro de mi partido…

He ganado elecciones y las he perdido. No es una situación que me sea ajena la derrota electoral y efectivamente cuando uno la conoce, puede afectarse, depende de cada persona, pero no me guío en mi conducta política por el resultado de las elecciones, porque sería imposible para mí… He participado en tantas elecciones que no tendría una manera de orientarme. Lo que yo he tratado de hacer, es poner en discusión lo que dice relación en cómo una persona responde por su pasado. Uno tiene una responsabilidad importante en el presente, pero eso tiene que ver también con lo que uno ha hecho antes, por lo tanto tiene que haber cierta coherencia, y eso es lo que yo he reclamado en este caso.

Ud. se ha opuesto a que José Antonio Gómez siga con su pre candidatura presidencial y ha calificado la de Marco Enríquez Ominami como una “postulación virtual”. Me gustaría saber qué le producen estas postulaciones. ¿Rabia, impotencia….?

No, para nada. Yo como político, e independientemente que una persona siempre actúa motivada por sus convicciones y dentro de ellas, las emociones juegan un rol importante… Me muevo en la idea de que la Concertación tenga un candidato único, porque para mí, la unidad de las fuerzas democráticas es un valor superior. En el año 73, mucho de lo que ocurrió fue por la división que acabo de apuntar, del movimiento estudiantil entre Miguel Salazar y yo por la Feses y el 11 de septiembre terminamos perseguidos… Entonces no sacamos nada con pelear y estar divididos entre nosotros. Los que ganaron fueron los que querían interrumpir la democracia en Chile.

La pelea entre la DC y el PS durante los años 70 de nada sirvió, ni al país ni a esos partidos, y por lo tanto siento profundamente todas las peleas que se producen entre nosotros. Durante mucho tiempo no nos pusimos de acuerdo, bajo el propio régimen dictatorial y finalmente el año 88 y recuperamos la democracia. O sea, el valor de la unidad es un valor esencial. El que a título personal se levanten candidaturas, muchas personas lo han hecho, no sólo las que Ud. citó en su pregunta. Uno va a facebook, abre un sitio y proclama su candidatura… No veo que eso esté respaldado y avalado por una sociedad, por demandas populares, por una trayectoria, por convicciones, simplemente es un asunto como de capricho personal.

Distinta es un poco la situación del senador Gómez, porque cuando él declaró que le bastaba con tener más del 10 por ciento de apoyo en las primarias… Yo sentí, la verdad es que mayoría es un punto más. Si una persona tiene 51 por ciento y el otro 49, hay mayoría, ni más ni menos que para dirigir a la nación. Ricardo Lagos estuvo a 1,8 puntos de Joaquín Lavín el año 2000… O sea, si una persona se siente tan detrás de otra, como para auto confesar que piensa que va a sacar el 10 por ciento, no es suficiente para obligar a que otros tengan que ir a una elección primaria…

Debiese reconocer que el otro tiene mayoría, y por eso es que finalmente llegamos a un acuerdo, que es que la elección primaria de la Concertación será en la Sexta y Séptima región y en el caso que uno de los dos tenga 20 puntos más de diferencia respecto del otro, se entenderá que ya es una mayoría definitiva. Porque no puede ser, de que simplemente por un afán de inquietud individual, estemos postergando tener a un candidato único, que no logre agruparlos a todos. Y esa es mi preocupación. Incluso en el tiempo en que yo era soberbio, por el punto de vista que había sostenido, en el Congreso me acerqué al senador Gómez, le dije “yo soy Camilo el soberbio”, lo echamos a la broma, así es que, desde el punto de vista personal, no hay ningún tipo de encono.

Hablando de eso, Ud. es una persona que no deja indiferente a nadie. Como que genera odios y amores. Muchos políticos lo han definido de distintas maneras: desde que es leal a la Presidenta de la República, al Partido, a José Miguel Insulza; pasando por inteligente y mal genio, y también gente de su coalición ha dicho que escucha poco… por nombrarle sólo algunas. ¿Cómo se definiría Ud.?

Bueno creo que a veces soy mal genio. Efectivamente, hay momentos en el debate político en que argumento con mucho ardor y tengo un lenguaje directo, que puede ser áspero. Reconozco que tengo esa capacidad, la que a veces juega un rol positivo y otras, negativo.

El lenguaje directo es necesario en política, pero claro, como la política nace en las personas y por tanto es difícil separar lo que es la política propiamente tal, con lo que es la situación de las personas, porque éstas son las que hablan, las que formulan juicios, las que dan las opiniones, se produce una mezcla de ambos factores y por lo tanto, yo emito juicios políticos que son directos, que pueden afectar a personas. Estoy conciente de eso, y en más de una ocasión, cuando he percibido que más allá de mi intención política, he provocado alguna herida personal, he pedido excusas. Por ejemplo, en una ocasión, emití involuntariamente juicios que afectaron al entonces diputado José Antonio Viera Gallo, y en su momento le pedí las excusas.

Entonces trato de ser cuidadoso en que al emitir un juicio no hiera a una persona. También está el otro riesgo: de que por no herir a nadie, uno nunca llegue a nada, que se vacíe el diálogo político de contenido y que simplemente se transforme en frases de buena crianza, en una especie de juego protocolar en que nadie se toca. Por mi temperamento estoy participando más activamente en la polémica y no soy de esas personas “descafeinadas”, por decirlo de alguna manera, que no se sabe que es lo que quieren decir, porque lo dicen tan por encima, de una manera tan artificial, mefistofélica, muchas veces, que al final se pierde el contenido de lo que quieren decir. Pero no es el caso de la última polémica en que me vi involucrado y que dice relación con las responsabilidades políticas del período 73 – 89. Siento que en eso, hay un tema pendiente.

 

¿Y Ud. senador, tiene amigos de derecha?

No.

 

¿Ninguno?

No. Me ha llamado mucho la atención, algo que ha dicho el senador Andrés Allamand en la prensa, que se ha sorprendido porque yo digo en público cosas muy fuertes y sin embargo ando por los pasillos palmoteando a las personas. Eso es falso, de falsedad absoluta.

Yo tengo un trato civilizado, no voy de visita a casas de parlamentarios de oposición, no me junto a tomar una cerveza ni un whisky con ninguno de ellos. Ellos tienen una opción, yo tengo la mía y creo que somos mundos donde tenemos que mantenernos un respeto cívico, porque así lo obliga la democracia. Pero distinto es confundir eso con una amistad personal.

He sido presidente de la comisión Mixta de Presupuesto y de la comisión de Hacienda, y parlamentarios de oposición han reconocido que nunca abusé de esa calidad. Cumplí rigurosamente el Reglamento que permite que el diálogo sea civilizado, que nadie haga trampa, que se respeten los tiempo de cada cual, que se hagan las consultas que se requieren. Pero otra cosa distinta es la intimidad de cada cual, y eso lo reservo para mi familia, básicamente.

La gente de su región se queja de que sus visitas a su zona son esporádicas. En una entrevista Ud. manifestó que un senador tenía que velar también por los intereses del país y no solamente estar en la región. En Facebook se ha armado un grupo que se llama “Aún espero la semana distrital de Escalona en la zona”. ¿Qué me dice de esto, senador? Porque nosotros sabemos que Ud. es además un dirigente político importante, entonces imaginamos que tendrá poco tiempo para viajar a su región…

Bueno, encuentro que las personas tienen derecho a formular esas críticas. En general son personas que no han votado por mí. Hay que partir de la base que las críticas las hacen el 100 por ciento de las personas: los que lo apoyaron y los que no lo apoyaron a uno. En general hay muchas personas, que precisamente por mi rol político, no simpatizan conmigo, y eso es natural que así sea. Yo cumplo una función, he sido persistente y tenaz en apoyar al gobierno de la presidenta Bachelet, cuando tenía 30 por ciento de apoyo y ahora cuando tiene 58.

A veces el gobierno no tenía gente que lo respaldara y ahí siempre estuve en la brecha y eso genera una situación de distancia de aquellas personas que están más alejadas del gobierno. Pero en relación a los temas de la región: cuado se produjo la decisión del gobierno, que yo compartí, de no construir en puente sobre el canal del Chacao, eso me trajo muchas enemistades, porque hubo incluso parlamentarios que confundieron los roles.

Ellos pensaban que el puente se tenía que construir a todo evento. Y eso no es así. Al principio se dijo que costaba 300 millones de dólares; después 600 millones de dólares y al final un consorcio internacional presentó un presupuesto por 1.000 millones de dólares. Esa cifra es el presupuesto de todo un año, de todas las obras públicas en Chile. Incluida hasta la tapa de una alcantarilla que se rompió.

Como el gobierno estaba tan comprometido en llevar adelante el puente, creo que el consorcio internacional calculó mal y puso un precio exorbitante, pensando en que se iba a hacer de todas maneras. Y no se pueden aceptar los abusos. Eso me trajo muchas enemistades. Pero sí propuse una alternativa: el plan Chiloé. Ahora allá se están haciendo obras en todas partes.

Claro que la gente no se acuerda de quien propuso este plan, como una alternativa para que Chiloé tuviera desarrollo. Me comprometí no solamente con Chiloé, sino con Palena, que ha sido una provincia aislada durante toda su vida, para que tenga una conexión terrestre con Puerto Montt y con todo el territorio nacional.

Ahora se licita el hospital de Puerto Montt, que fue mi principal compromiso desde el punto de vista social y va a ser una realidad dentro de poco tiempo más. O sea, los temas de la región, en lo que me corresponde como senador, están involucrados y he sido completamente responsable. Chiloé tiene la isla grande y después están   Curarrehue y Achao. Ahí propuse un puente, obra que va a costar unos 25 mil millones de pesos aproximadamente.

El gobierno dijo que había que hacerlo por el sistema de concesiones, lo que implicaba un peaje muy alto. Yo conversé con la gente de OOPP y Hacienda y los convencí de que el país estaba en condiciones de asumir ese gasto y si se hacía por la vía de la concesión se iba a perder el sentido de hacer el puente, que es integrar la economía de esos pequeños productores, que no están en condiciones de poder hacer el gasto de peaje diariamente. Finalmente aceptaron mi punto de vista, y el puente se hará con cargo fiscal.

A los temas de mi región he respondido plenamente. Chiloé va a tener un aeródromo de 1.800 metros, equipado con sistema electrónico, donde van a poder aterrizar aviones de pasajeros, no una cancha de barro como la que existe hoy día en Castro, que es altamente peligrosa. Son muy pocos los pilotos que pueden aterrizar ahí, porque está en una loma, más encima prácticamente en la ciudad y al lado de una de las entradas de mar. Por eso en los temas de la región no tengo ningún tipo de complejos y a esas personas que salen menoscabando mi gestión, yo francamente no les hago caso.

¿Y usted tiene la oportunidad de difundir esto en la zona?

El tema de la difusión es delicado, complejo. Porque las radios nacionales no lo publican, son demasiado centralistas. Y las radios locales son pequeñas y no hay una que predomine sobre las demás. Por ejemplo, hay dos o tres radios en Quellón, en Castro, en Ancud, en Dalcahue, pero claro, ellas hablan de los temas locales. Es decir, no existe una opinión pública unificada por un sistema de comunicaciones que le de identidad regional.

 

¿Y la televisión, tampoco se la da?

No, no hablemos de la televisión. No hay estaciones de los canales nacionales, instaladas en la región. Está la información nacional y de ahí se salta de la macro realidad a la micro realidad. No hay un escenario regional de opinión pública, entonces no es fácil. A mí me pasó también cuando fui parlamentario en Arauco y Lota. 

A pesar de que en Concepción el tema es un poquito menos grave, porque hay un canal, que es relativamente importante, que cubre Concepción, Talcahuano y San Pedro, donde uno podría decir que se logra un espacio regional, pero la provincia de Arauco queda fuera de ese espacio. Cuando se hace ese foro regional con los parlamentarios, esa provincia prácticamente no tiene señal. Pero al final de cuentas es la realidad con la que uno tiene que trabajar, son las reglas del juego que acepté y por lo tanto no me puedo andar quejando.

 

M. Eugenia Rodríguez Q.

Marzo 2009

 
 


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