15 de septiembre de 1842
San José de Costa Rica

Francisco Morazán

Aunque el tiempo te olvide, la tierra no

En la ciudad de Guatemala, damas y frailes preparan a Rafael Carrera, caudillo de las montañas, para ejercer larga dictadura. Le prueban el tricornio, la casaca y el espadín; le enseñan a caminar con botas de charol, a escribir su nombre y a leer las horas en reloj de oro. Carrera, criador de cerdos, continuará ejerciendo su oficio por otros medios.

En San José de Costa Rica, Francisco Morazán se prepara para morir. Difícil coraje. A Morazán, amador de la vida, hombre de vida tanta, le cuesta arrancarse. Pasa la noche con los ojos clavados en el techo de la celda, diciendo adiós. Ha sido mucho el mundo. El general demora en despedirse. Hubiera querido gobernar más y pelear menos. Muchos años ha pasado guerreando, a machete pelado, por la patria grande centroamericana, mientras ella se obstinaba en romperse.

Antes que el clarín militar, suena el pájaro clarinero. El canto del clarinero viene de lo alto del cielo y del fondo de la infancia, como antes, como siempre, al final de la oscurana. Esta vez anuncia el último amanecer.

Morazán enfrenta el pelotón de fusilamiento. Se descubre la cabeza y él mismo manda preparar las armas. Manda apuntar, corrige la puntería, da la orden de fuego.

La descarga lo devuelve a la tierra.


[ Septiembre | Memoria del Fuego ]
[ Eduardo Galeano ]

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Última revisión: 07/09/02