Los 10 personajes de 2008

Los 10 personajes de 2008

Serán difíciles de olvidar, para muchos, algunas de las imágenes que se vieron durante el año que está por acabar. Ingrid Betancourt agradeciendo con la voz quebrada y abrazando a su madre tras recuperar la libertad, después de un atroz secuestro de siete años; Los Fabulosos Cadillacs en su gira de regreso por latinoamérica; Diego Armando Maradona en su primer partido como técnico de la selección argentina: Éstos y otros momentos emocionantes quedarán grabados en la memoria colectiva. También se recordará a éste como el año de la consagración de artistas latinos como Guillermo del Toro o Junot Díaz. Gatopardo presenta una selección de los diez personajes que cambiaron el rumbo del continente, a su manera, durante 2008.
FENÓMENO MEDIÁTICO

Ingrid Betancourt

Colombia
Por Lariza Pizano*

Desde su liberación, el futuro de Ingrid Betancourt se convirtió en uno de los principales objetos de discusión de todos los círculos políticos. El drama de su experiencia y su cinematográfico rescate capturaron la atención de todo el mundo, convirtiéndola en una mártir con un carisma comparable a la del líder sudafricano Nelson Mandela y en una acaparadora figura. Es por eso que miles de cábalas y cálculos se han entretejido entorno a sus aspiraciones políticas inmediatas y futuras.

Recién liberada, se planteó su papel como presidenciable, lo cual desechó de plano en sus primeras declaraciones. “Acabo de salir de la selva. Tenía al frente mío una opción de cuatro años más de secuestro y de pronto me cae la libertad encima. No he tenido tiempo de reflexionar en esos temas”, sostuvo en julio, momentos antes de salir hacia Francia.

Pero las conjeturas sobre su futuro no se dejaron de hacer. Siete días después de ser rescatada por el Ejército colombiano, el diario El Tiempo publicó una encuesta de la firma Invamer Gallup donde Betancourt figuraba con 83% de imagen favorable frente a 85% del presidente Uribe. Por los mismos días, la revista Semana la situaba a la cabeza de la intención de voto presidencial para el año 2010 con 31%, por encima del Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien obtuvo 15%. Incluso llegó a ser propuesta por los “opinólogos”, como Canciller o Comisionada de paz. Pero ante estas postulaciones dijo que no y manifestó su deseo de estar con su familia y de luchar por la liberación de los secuestrados.

Pero Ingrid no es la misma de hace diez años: beligerante, ambiciosa y contestaría, la misma que fue vehemente ante los escándalos de la presidencia de Ernesto Samper y el proceso 8 000. La Ingrid Betancourt de ahora, que padeció seis años de cruel secuestro en las selvas de Colombia, tiene una personalidad distinta, menos explosiva y más moderada hasta el punto de afirmar que era parte de su destino vivir la experiencia del secuestro.

También es más prudente y consciente del efecto de su papel político en la realidad colombiana y de su atractivo mediático internacional. Prueba de ello fue la convocatoria mundial a marchar este 28 de noviembre por los secuestrados del país, al recibir el Príncipe de Asturias de la Concordia. Gran parte de esto se debe a que Ingrid ha aprovechado su ciudadanía franco-colombiana para jugar un papel estratégico en estos escenarios. Por un lado, el romanticismo y heroísmo que le ha proyectado Europa desde su secuestro le permitiría consagrarla como la nueva heroína mundial en torno a la búsqueda de la liberación de más de tres mil colombianos aún cautivos por los grupos armados ilegales. Ello ha llevado a que algunos más intrépidos la postulen como futura parlamentaria en Francia o Nobel de paz.

Por otra parte, en el escenario colombiano, Ingrid Betancourt declaró recientemente a la cadena de radio Caracol su deseo de no volver a hacer política. Sin embargo, la realidad hace que esta afirmación sea poco viable, mucho más si se considera que la ambición política casi nunca desaparece. Dentro de la baraja de presidenciables como Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos, Sergio Fajardo y Luis Eduardo Garzón e incluso el presidente Uribe, Ingrid podría ser un comodín. Una carta a ser conquistada por cada uno de ellos llegado el momento, dado su atractivo mediático.

Esto es porque se ha declarado a favor de la política de seguridad democrática y sus resultados —pues uno de ellos fue su liberación—, y de un tercer mandato del presidente Uribe. Ello asombró a muchos, a quienes vieron en sus pruebas de supervivencia del secuestro férreas críticas de oposición hacia la imposibilidad del Estado de lograr un acuerdo humanitario.

El aislarse de la contienda política nacional sería para ella una ganancia emocional. Pero racionalmente, sería un error. Ya son muchos los que sienten que Ingrid ha sido un exceso mediático, pero que también opinan que no debe dejar sus causas por una vida que se percibe como más cómoda en Europa. No obstante, mientras no llegue 2010, año en que el país elegirá nuevos gobernantes, todo son cábalas. De pronto en su libro, próximo a salir, ella nos despeje algunas dudas sobre su futuro.

* Politóloga y periodista colombiana. Editora política de la revista Jet-Set, ex concejal de Bogotá y ex editora política de la revista Semana. Profesora de Ciencia Política en varias universidades del país.


ARTE

José Kuri y Mónica Manzutto



México
Por Guillermo Osorno*

“La idea es recuperar este espacio de la misma manera como nos hemos apropiado de otros lugares de la ciudad”, dice la pelirroja Mónica Manzutto mientras toma un poco de agua y mira desde la acera la obra de remodelación de lo que en unas semanas se convertirá en la sede de la galería de arte contemporáneo más influyente de América Latina. Estamos en una calle tranquila de la colonia San Miguel Chapultepec, a un paso del parque. Por afuera, en efecto, el arquitecto Alberto Kalach ha recuperado la aburrida fachada de un edificio plano y hasta mal hecho. Tampoco se mejora la impresión después de pasar por debajo de un andamio para entrar al estacionamiento, donde hay muchos albañiles trabajando a tambor batiente. “¿Por qué Kalach?”, pregunto. “Porque Kalach es un arquitecto que tiene su despacho en esta zona”, dice Manzutto astutamente. Mónica me explicó que se conocieron hace años, cuando él trabajaba en la biblioteca Vasconcelos al tiempo que el artista Gabriel Orozco, fundador de la galería, instalaba una obra monumental para el mismo edificio. Y también dijo que le encantaba que Kalach supiera de jardines. La galería acabó por tener uno. Y ésa es la promesa de esta remodelación: además de una galería, un jardín para descansar.

La historia de cómo Mónica Manzutto y su esposo José Kuri iniciaron una galería sin espacio fijo de exposiciones y después de nueve años abrieron un gran recinto que más bien parece centro cultural —en medio de tres días continuos de celebración del arte contemporáneo— es la historia de unos visionarios que supieron mirar el trayecto de una ola y subirse en ella.

A principios de 2000, los vientos que formaron esa ola soplaban hacia la exitosa internacionalización de los artistas mexicanos que formaron la cuadra inicial de la galería, así como a la explosión comercial del arte contemporáneo acompañada por una nueva cultura mundial del coleccionismo. También hay que decir que los incipientes galeristas venían muy bien entrenados por una breve estancia en Nueva York, e impusieron en su espacio los códigos de comportamiento de sus colegas de clase mundial; es decir, el del galerista no sólo como comerciante sino como promotor del artista y, en casos extremos, como una especie de valet personal de sus necesidades profesionales. Tal vez sea por todo esto que la revista Flash Art, después de recopilar la opinión de 100 artistas, nombró a principios de este año a kurimanzutto la mejor galería de América Latina y una de las 20 más influyentes en el mundo.

El día de la entrevista, Pepe Kuri, delgado y con sus rizos negros al aire, acababa de llegar de una estancia de 36 horas en París, donde estuvo sólo para la inauguración en el Centro George Pompidou de la obra de Damián Ortega, el primer artista latinoamericano en exponer en el prestigioso Espacio 315.

Sentado en el jardín de la galería, Pepe reflexiona por qué, después de nueve años de intervenir espacios en distintas partes del mundo, se decidieron a abrir un sitio propio. “Las cosas han ido cambiando —dijo—. Abrimos este lugar para seguir con el proceso de crecimiento de los artistas, muchos de los cuales ya están en los museos”. El otro gran cambio en su DNA es que kurimanzutto ha comenzado a representar a artistas extranjeros, y los ha traído a México. “Esto es también parte del crecimiento —dice Kuri—. Y responde a la manera como artistas de otras partes del mundo se han acercado a dialogar con los artistas de la galería”.

*Es director editorial de Gatopardo.


NEGOCIOS

Ricardo Salinas Pliego


México
Por Eduardo García*

Hace poco más de cuatro años, Ricardo Salinas Pliego, uno de los empresarios más controvertidos y admirados en México, estuvo involucrado en un escándalo por uso de información privilegiada que manchó su reputación y estuvo a punto de llevarlo a enfrentar acusaciones penales en tribunales mexicanos.

El subrepticio esquema que Salinas Pliego elaboró en 2003 para obtener una utilidad de 109 millones de dólares mediante la compra y liquidación anticipada de bonos de su empresa de telefonía celular Unefon y que sus consejeros legales externos revelaron a las autoridades, dejó al empresario mexicano mal parado.

Ante las acusaciones de fraude que presentó Securities and Exchange Commission, el órgano regulador del mercado de valores estadounidense, Salinas Pliego, dueño de la cadena de tiendas de aparatos electrodomésticos Grupo Elektra, de Banco Azteca, de la televisora TV Azteca —con su filial estadounidense Azteca América— y de la empresa de telefonía celular Grupo Iusacell, optó por retirar del New York Stock Exchange las acciones de sus compañías, al tiempo que inició su defensa y redujo el nivel de exposición en medios para concentrarse en sus negocios.

Hoy, a casi un lustro de ese incidente, Salinas Pliego, de 53 años de edad y cuyo imperio se ha extendido en la última década a Brasil, Argentina, Perú, Panamá, El Salvador, Honduras y Guatemala, ha logrado superar los problemas legales que desencadenó aquella operación. Gracias a la rápida expansión de sus negocios por la región, donde hoy muchos consumidores pueden comprar una televisión o un refrigerador en una tienda Elektra o adquirir un crédito en una sucursal de Banco Azteca, se ha convertido en el segundo hombre más acaudalado de México con una fortuna valuada en cerca de 6 550 millones de dólares.

Además, como en los viejos tiempos, Salinas Pliego está de nueva cuenta moviendo sus piezas para incrementar aún más la influencia, alcance y poderío de sus negocios. La compra que hizo recientemente, con una participación de 28.5% —por poco más de 40 millones de dólares—, de la cadena estadounidense de tiendas de aparatos electrónicos, Circuit City, así lo demuestra.

 Todo esto hace que el empresario mexicano, a pesar de un historial plagado de acciones contrarias a las de sus accionistas minoritarios, del abuso que ha hecho de las señales de su televisora para defender sus intereses, o de los constantes conflictos con sus socios, haya sido en 2008 una de las figuras más relevantes en los negocios y las finanzas latinoamericanas —año en el que además anunció su interés por comenzar a ensamblar autos chinos en México para su venta en el país y en el resto de América Latina—. “Es un hombre de negocios genial”, dice Jim Harper, director de investigación corporativa de BCP Securities, un banco de inversión especializado en deuda de empresas latinoamericanas en Connecticut.

Para algunos, la genialidad de Salinas Pliego quedó ratificada con la compra de las acciones de Circuit City. Con esa transacción, el empresario, cuyo abuelo fundó la cadena de tiendas que hoy él comanda y que ha servido de base para la construcción de su imperio, se convirtió en el accionista más importante de una de las cadenas de electrónicos más reconocidas, con más de 721 establecimientos. Además lo hizo a un precio relativamente bajo –como suele él hacer sus compras.

En promedio, Salinas Pliego pagó cerca de 1.1 dólares por cada acción. En los últimos 12 meses, la acción de Circuit City cotizó a un promedio de 3.4 dólares.

Claro que aún no es evidente si la apuesta de Salinas Pliego por Circuit City fructificará. La empresa con sede en Richmond, Virginia, solicitó protección contra sus acreedores para poder reestructurar sus adeudos y ganar tiempo para salir adelante de la difícil situación en la que se encuentra. La debacle financiera estadounidense está además golpeando la demanda por equipo electrónico y es posible que la mantenga deprimida por al menos un año más, algo que probablemente no haga rentable la inversión de Salinas Pliego en el corto plazo.

Pero mientras Circuit City negocia con sus acreedores, los analistas consideran que la decisión de Salinas Pliego es una pincelada genial dado que tiene poco que perder y mucho que ganar —sobre todo por la gran experiencia que tiene en la industria detallista de aparatos electrónicos y electrodomésticos al administrar más de 1 900 puntos de venta en América Latina y por el precio tan bajo al que compró las acciones.

 “Nadie conoce mejor ese negocio que él”, dice Harper.

Así, con la compra reciente y las ganancias que han reportado las acciones de Elektra en el mercado de valores mexicano en 2008, de más de 35%, en un tiempo en que el índice de la bolsa ha perdido más de 37%, Salinas Pliego parece haber dejado atrás los conflictos que ensombrecieron su imagen.
Lo único que resta por ver es si aprendió las lecciones y tendrá ahora más cuidado en transparentar y tomar las decisiones que beneficien no sólo a él, sino también a sus inversionistas minoritarios —una conducta que en el pasado no ha podido asimilar.

* E. García trabajó como corresponsal de la agencia de noticias Bloomberg News por casi una década y es el fundador y editor del portal de negocios www.sentidocomun.com.mx


MEDIOS

Yoani Sánchez


Cuba

Hace algunas semanas, cuando supo que ganó otro premio más —el del jurado de Bitácoras.com, uno de los polos de la blogósfera hispana— Yoani Sánchez dijo que se sentía como un corredor minusválido que llega horas después de todos a la línea final. Comparaba la situación de los otros vencedores, casi todos medios semiprofesionales con conexión de banda ancha y libertad de escribir sobre lo que les da la gana, con la suya: una bloguera cubana que accede a internet por dos horas semanales, que hace meses no puede ver la portada de su sitio y que ni siquiera puede salir del país a recibir un premio. Todo precisamente por escribir sobre lo que le da la gana.

El blog de Yoani, Generación Y, alcanzó un estatus casi mítico en las letras hispanas por la hazaña de hablar de la realidad cubana sin pelos en la lengua y sin recurrir a los aburridos clichés que plagan los medios anticastristas basados en Miami o Madrid. En el inicio del año la revista Time nombró a la filóloga habanera de 33 años una de las cien personas más influyentes de 2008; en mayo fue galardonada con el Ortega y Gasset de periodismo digital. Dos meses antes, el Gobierno cubano bloqueó el acceso a su sitio en los servidores del país. Desde entonces, los textos son publicados en su blog por amigos fuera de Cuba que los reciben por correo electrónico.

Para leer Generación Y en la isla, toca meterse en la muy sui generis internet local: una mezcla de conexiones ilegales, mensajes “forwardeados” y más que nada páginas grabadas, en memory sticks, para su lectura posterior de un vigilado artículo que ya se volvió en fetiche de libertad en la isla: “Soy una bloguera en la edad de la piedra”, dice ella.

Aunque eso es verdad por el lado tecnológico —¿cuantos blogueros tienen cerca de mil comentarios en cada post y tardan cuatro días en contestar un mail?— el hecho es que el blog de Yoani tiene una sofisticación y libertad que no se ve a menudo en textos escritos en la semiclandestinidad. Ya sea hablando del béisbol, de las compras del día, de los embarazos de las amigas o de la televisión cubana, hay siempre un lente agudo que reflexiona acerca de lo que está alrededor: hay mercados para ricos y pobres, una piña es un símbolo de estatus y el locutor nunca pregunta dónde están las papas de más una cosecha récord.

Quizás otro de los secretos del éxito sea precisamente que no hay secretos: si antes, divergir en Cuba era un deporte de pasillo y murmullo, una actividad que pedía anonimato o seudónimo, Yoani y muchos colegas blogueros decidieron poner su cara y hasta el carnet de identidad al lado de lo que dicen. “Cuando uno escribe desde el anonimato, se siente protegido. Pero en ese mismo anonimato ya hay represión. Soy una persona un poco complicada de presionar, puesto que no tengo mucho que perder. No tengo trabajo estatal ni casa propia, vivo de enseñar mi idioma y de llevar turistas a conocer mi ciudad. No desvío recursos, no miento, no engaño, no finjo, no me pongo máscaras como desgraciadamente muchos de mis compatriotas hacen para sobrevivir. Es mi riesgo y también mi principal fuente de valor”, dice.

Durante su primer año, el blog giraba casi exclusivamente entorno de lo que Yoani llama “demonios personales”, aunque claramente eran diablos colectivos y compartidos. Fue con episodios como la breve prisión del rockero cubano Gorki Ávila por “peligrosidad social” o la lenta respuesta del Gobierno a los huracanes que azotaron la isla en los últimos meses que Generación Y afiló su navaja periodística y se convirtió en un punto de referencia en la red para entender lo que pasa en el país. Uno de los lectores es el propio Fidel Castro, que en el prólogo del libro Fidel, Bolivia y algo más, publicado en junio, dedicó algunas palabras al blog y a su autora. No las más gentiles, obviamente.

* El autor de esta nota prefirió manterner su anonimato.


POLÍTICA

Luiz Inácio Lula da Silva


Brasil
Por Silvia Veloso*

Si la historia de Barack Obama supone la encarnación más radical del sueño americano al colocar por primera vez a un hombre negro al frente del país más poderoso del mundo, no menos impresionante y lírica es la trayectoria de Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente pobre del pueblo que se impuso a las élites y oligarquías que desde siempre acapararon el poder en Brasil.

Hasta ahí la historia de este hombre salido de la pobreza extrema, criticado por muchos por su falta de instrucción académica, por su modo de hablar llano y directo, salpicado de metáforas y no exento a veces de incorrecciones. Éste es el presidente que después de seis años de mandato consiguió, en septiembre de 2008, 68% de aprobación popular a las políticas de su gestión, el más alto de la reciente historia democrática de Brasil y de Latinoamérica. Un hombre que ha visto crecer su figura dentro y fuera de país y consigue salir airoso de los escándalos y corruptelas que también han teñido su mandato. El hombre que este año se ha consolidado como líder regional, sosteniendo, a pesar de las críticas internas, su visión de un Brasil que debe actuar como el gran hermano de sus vecinos, aunque a veces ese papel juegue en contra de los intereses brasileños. Un conciliador al frente de un gobierno integrado por más de una decena de partidos, que también ha sabido mediar con decisión y autoridad en el conflicto boliviano. Un político que flirtea con Castro y Chávez y seduce a la derecha y a los empresarios, que se aviene con Dios y con el Diablo si hace falta para crear consenso e integración. La voz del grupo de las economías emergentes con la que mejor se entienden los países ricos occidentales. El líder con el que Brasil ha visto crecer su economía y empleo, y mejorar, aunque sea muy modestamente, los ingresos de su población más desfavorecida.

Todo parece estar a favor de Lula. El descubrimiento, en 2008, de grandes reservas de petróleo frente a las costas del sudeste colocó a Petrobrás como una de las tres empresas de más valor en bolsa de América y a Brasil, como uno de los mayores reservistas de petróleo del mundo. Además de proyectos en marcha como Hambre Cero y Bolsa Familiar, Lula lanzó en 2008 su ambicioso Plan de Aceleración del Crecimiento que, con visión largoplacista, comenzó destinando grandes inversiones para mejorar los servicios, la educación y la infraestructura en las favelas y en las áreas más desprotegidas.

Hoy Brasil, personificado en Lula, adquiere un lugar relevante en el mundo y es escuchado con respeto. No sin razón Rodríguez Zapatero imploró su ayuda para que España fuera admitida a participar en la cumbre del G20 sobre la crisis financiera y Obama, alumno en Harvard de uno de sus actuales ministros, lo felicitó por su gestión económica que, a pesar de su marcada vocación social, no deja de sorprender por lo conservadora y ortodoxa para un hombre de profundas raíces de izquierda.

 Lula no es un santo ni un líder mesiánico para imagen de estampita. Es un político hábil y carismático que ha sabido sintonizar con su pueblo, entender con inteligencia y aprovechar con pragmatismo el momento que le ha tocado vivir. Su gobierno, lejos de ser perfecto, no dejará tras su mandato una sociedad pacificada y libre de pobreza. Pero la visión integradora, a largo plazo, de una región fuerte, es la que puede mudar la situación. Lula ha entendido muy bien esa visión de integración regional. Así lo prueba su apoyo al fortalecimiento y ampliación del Mercosur y su vocación de acercar a Brasil a sus vecinos de habla hispana al promulgar una ley que hace obligatoria la enseñanza del español en todo el ciclo secundario de la educación pública brasileña.

Por este proyecto recibió este año, junto a Carlos Fuentes, el primer Premio Don Quijote. El Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional ya lo tenía, como tiene más de veinte distinciones honoríficas y varios títulos de doctor honoris causa concedidos por prestigiosas universidades americanas y europeas. Muchos laureles para alguien que poco sabe de aulas. Quizás el tiempo nos quite la razón pero hoy por hoy resulta difícil no encandilarse con su buen humor y su humildad, con el hombre que en su discurso de investidura declaraba con emoción casi infantil entre sollozos, “y yo, que tantas veces fui acusado de no tener un diploma superior, gano mi primer diploma, el diploma de presidente de la república de mi país”.

* Abogada y escritora española, estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ha residido en Venezuela, Estados Unidos, Argentina, Chile y Brasil donde se encuentra en la actualidad. Colabora en varias revistas latinoamericanas.


MÚSICA

Los Fabulosos Cadillacs




Argentina
Por Ernesto Martelli*

Pudo ser Juanes, quien salió de la reciente ceremonia de los Latin Grammy con los brazos llenos de estatuillas y se convirtió en el más galardonado de la historia. Pudo ser el también multipremiado Gustavo Santaolalla, dos veces ganador del Oscar, quien este año tuvo repercusión su proyecto, Bajofondo, en la alianza con Gustavo Cerati para el tango electrónico del tema “El mareo”. Pudo ser, acaso, para la cada vez más sólida propuesta artística de Julieta Venegas, quien, con su Unplugged, demostró que es un caso serio en la música popular de habla hispana.

Pero son Los Fabulosos Cadillacs: la intensidad del retorno de esta supernova de la música latina nos obliga a repasar los atributos históricos que les han permitido más que regresar con gloria, revalidar su sitio de artistas fundacionales, un año más tarde de la conmovedora gira de Soda Stereo.

Y la big band latina ha regresado. Cargada de conmociones. Con una gira multitudinaria y un nuevo disco con un puñado de grandes éxitos junto a otras tantas composiciones nuevas, nos habiliten a creer que no existió algo parecido a un lenguaje propio del rock latino, de Los Ángeles a Buenos Aires, antes de ellos.

Apenas antes del retorno a los ensayos, el chamán del beat les jugó una mala pasada: el fallecimiento del percusionista Gerardo Toto Rotblat sacudió los cimientos anímicos de la reunión, al punto que el disco entero, cuyo concepto ronda la luminosidad de lo rítmico, parece dedicado a su ausencia.

Eso contribuyó, aún más, al esquema conceptual que Vicentico y Sr. Flavio habían pergeñado para esta etapa de 2008: espontaneidad, frescura, alejada de los manierismos conceptuales que rodearon al inspirado último lustro del grupo. En la intimidad de la sala de ensayo —el estudio Circo Beat de Fito Páez en el barrio porteño de Floresta—, el cantante lo ponía en estos términos: “Música simple, canciones simples pero potentes. Queremos recuperar eso. Nos divertimos mucho haciéndolo juntos”.

Los ensayos previos duraron un puñado de semanas, las grabaciones apenas poco más de un mes. Esas sesiones no sólo prueban la ductilidad rítmica de LFC, también su propio estatus de banda pop: se mueve por los géneros con fluidez promiscua e incorporan, siempre, al acervo musical del rock y sus contornos, elementos no transitados a esta escala. Blaxploitation para “Mal bicho”, cumbia villera para “Padre nuestro” y new wave de intérpretes eruditos: “Should I Stay or Should I Go”, de The Clash con Mick Jones de invitado, y la perversión de “Wake up” del gran Ian Dury completan el fresco de influencias de esta banda que siempre deja filtrar los caprichos de sus músicos. Ya no sueñan morir tocando ska, ni añoran la “punky reggae party rebelde”: han vuelto en forma de veterana orquesta de salón que a fuerza de swing animará, una vez más, nuestra fiestita en tiempos que se vienen bravos.

Debemos advertir que los Cadillacs siguen siendo fabulosos en un arte poco reconocido en ellos: se mueven por los géneros con una fluidez que les permite ya no escribir, solamente hits (el primer tema que estrenaron en este regreso y bautiza al disco, “La luz del ritmo”, sin dudas lo es), sino verdaderos clásicos, estándares de un género al que ellos mismos le han dado forma. Acaso sea oportuno releer aquel eslogan que acompañaba la salida de Fabulosos Calavera como un ligero error de marketing. “El disco que cambiará la historia del rock nacional” forzaba a los Cadillacs a pertenecer a una tradición a la que siempre miraron de costado. Ellos son, sin duda, fundadores de un lenguaje musical regional, que sí han revolucionado, subiendo el parámetro con años de carrera, productores e invitados estrella e influencias cruzadas que alguna vez fueron el hip hop y el dub y, ahora, pueden ir del rocksteady a la cumbia más pura. Durante dos décadas, ellos forjaron una nueva identidad y, casi, el adjetivo “latino” para el rock. Así regresan: dejando atrás la guerra de egos y reemplazándola por una convivencia sagrada. Con un bajista inspiradísimo, un cantante con una personalidad y una voz distintivas (y una interpretación que, cuando es sentida, conmueve) y esa banda “brass driven”, dirigida por Rotman y sus socios Lozano y Hugo Lobo.

También volvió la frescura: como en los tiempos que registraban un disco por año (editaron material nuevo todos los años entre el debut en 1986 y El León de 1992), seis semanas de ensayo y otras tantas de grabación le alcanzaron para registrar un álbum que brilla en tiempos de sequía creativa.

* Es Director Editorial de la versión argentina de Rolling Stone. Durante diez años trabajó en el diario Clarín de Argentina, varios de los cuales fue editor del suplemento Joven Sí!


DEPORTE

Diego Armando Maradona

Argentina
Por Sergio S. Olguín*

El pueblo judío lleva 5 769 años esperando al Mesías. Los cristianos tuvieron suerte y hace dos milenios tuvieron a su Dios encarnado. Los musulmanes hace apenas unos catorce siglos que vieron andar a su Profeta. Pero los más afortunados somos nosotros, los seguidores de la Iglesia maradoniana. En los últimos 48 años hemos visto nacer, morir y resucitar a nuestro Dios muchas veces. Y este año el Diego ha vuelto a bajar a la Tierra. Alabados sean el nombre, las piernas, la cabeza y la mano de Dios.

Maradona es el nuevo director técnico de la selección argentina de futbol. Es la nueva vida de alguien que ha vivido varias. Desde su nacimiento en el Hospital Evita, en el bonaerense barrio de Lanús y su infancia en Villa Fiorito, hasta el nombramiento como reemplazante de Alfio Basile, Diego nació más veces que un gato con suerte. La vida de alguien criado en una de las villas miseria más famosas del Gran Buenos Aires, no vale mucho ni tiene un destino feliz en la mayoría de los casos. Pero la genialidad surgida de su pie izquierdo, lo llevó a la cima del mundo futbolístico, al engañoso éxito y a la inequívoca adoración de su gente.

Triunfó con la selección argentina cuando nadie daba un centavo por ese equipo, llevó a la gloria la camiseta del Nápoli en una batalla épica entre el sur italiano pobre y la riqueza racista del norte. Al club de sus amores, apenas le dio un título local (algo que Boca Juniors consigue con cierta habitualidad, sin contar sus éxitos internacionales). Para compensar esa poca entrega, se convirtió en el hincha número uno al ir a todos los partidos que juega Boca en la mítica Bombonera.

Pero Maradona —como Jesús, Virgilio y el Dante— también ha estado en el infierno. Para un futbolista, el infierno es creer que puede haber un paraíso que no sea jugar al futbol: el sexo, las drogas, el dinero. Pero ni Jesús estaría sentado a la diestra de Dios Padre, ni el Dante hubiera escrito su Divina Comedia, ni Maradona sería lo que es si no hubieran conocido los caminos infernales y no hubieran salido de ahí, más sabios, más eternos.

Maradona cayó en las drogas apenas comenzada su fama internacional. Dicen que se inició en la cocaína para mitigar el dolor que le produjo una lesión cuando era jugador del Barcelona. Lo cierto es que los controles antidoping le dieron positivo al menos dos veces: jugando para el Nápoli y para la selección argentina. Las dos veces lo dieron por muerto y volvió a nacer. Con la frente bien alta, con las piernas bien habilidosas.

Atacó a los poderosos, defendió a los débiles. Dio sus opiniones políticas con la arbitrariedad del que no hace política. Nunca quiso ser ejemplo de nada, pero se convirtió en la palabra clave de cualquier argentino en el extranjero. O el password necesario para que dos habitantes de cualquier parte del planeta se pongan a hablar del deporte más bello.

Los que no entienden nada dicen que hubo un día en el que Maradona se retiró del futbol porque le hicieron un partido homenaje. El día que dijo aquella frase digna del Sermón de la Montaña: “La pelota no se mancha”. Pero El Diez nunca se retiró. Hasta nos regaló el “showbol”, ese engendro en cancha chica que Diego estuvo jugando estos años, como quien otorga pequeños milagros para sus creyentes.

¿A alguien seriamente le preocupa que Maradona nunca haya triunfado hasta ahora como entrenador? Es como decir que Moisés no tenía título de guía turístico para conducir al pueblo de Israel a la Tierra Prometida.

Yo sólo espero un gesto. Un gesto de locura para algunos, un gesto de candidez para otros, un gesto de gloria para mí y para muchísimos como yo. Que en la lista de jugadores argentinos que vayan a Sudáfrica, él se reserve un lugar. Entrenador y jugador. Me imagino la final. Contra Brasil o contra Inglaterra. Diego da indicaciones aquí y allá. Pero el partido sigue 0 a 0. Entonces, faltando un minuto para el final el árbitro da un tiro libre a favor de Argentina cerca del área contraria. El entrenador Maradona pide que salga un jugador de nuestro equipo. Se quita el buzo de técnico. Debajo tiene la camiseta número 10. Inmaculada, lista para sudar santidad. Entra a la cancha. Se detiene frente a la pelota. Patea el tiro libre.
 
* Sergio S. Olguín nació en Buenos Aires en 1967. Es escritor y periodista. Ha publicado las novelas Lanús, El equipo de los sueños y Springfield, entre otras. Actualmente integra el consejo de dirección de la revista Lamujerdemivida y es editor de Tusquets de Argentina y del diario Crítica de la Argentina.


CINE

Guillermo del Toro


México
Por Felipe Restrepo Pombo*

El triunfo de Guillermo del Toro le puede dar un poco de esperanza a todos aquellos que no se sienten cómodos en el mundo. Porque la admirable obra de este director mexicano nos ha enseñado dos cosas a quienes no somos tan buenos observadores. La primera, es que la realidad no es tan plana como parece: tiene una serie de pliegues entre los que se esconden mundos insospechados. Y, en segundo lugar, Del Toro ha demostrado que entre estos dobleces, los freaks, los extraños, los outsiders y los monstruos tienen un lugar asegurado. En las siete cintas que ha dirigido —y muy seguramente en las que hará durante el resto de su vida— se ha encargado de encontrar la parte humana de las extrañas criaturas que habitan su remoto paisaje interior.

Ya desde Cronos —su ópera prima, de 1992, que le valió el prestigioso Premio de la Crítica en el Festival de Cannes— demostró que era un director con un punto de vista absolutamente original. Todas sus cintas desde entonces —a excepción de Mimic que calificó como “la peor experiencia de mi vida, incluso peor que el secuestro de mi padre”— han sido la confirmación de su mirada de autor. Y si bien su filmografía es desigual, se ha dado el lujo de hacer muy pocas concesiones. Ni siquiera cuando le encargaron dirigir la secuela de Blade: el mexicano quiso imprimirle su sello y no permitió que los ejecutivos del estudio intervinieran. O cuando los productores de Hellboy le pidieron que cambiara a su protagonista, Ron Perlman: Del Toro dijo entonces que prefería no hacer la cinta. Un actitud admirable, si se tiene en cuenta que semejante decisión hubiera podido acabar con su carrera en Hollywood.

 Es esta valentía la que le ha dado un magnífica reputación y la que ha hecho que Del Toro sea hoy, tal vez, el director latinoamericano con más proyección en el mundo del séptimo arte.

El año que acaba de pasar fue una confirmación de su racha inmejorable. Después del éxito rotundo de El laberinto del fauno, Del Toro se dio el lujo de rechazar algunos jugosos proyectos como I Am Legend, One Missed Call y Harry Potter and the Half-Blood Prince. En vez de eso decidió, de nuevo, jugarse todo su prestigio, y se fue a Bucarest a rodar una nueva entrega de la serie de Hellboy. Y de nuevo acertó: Hellboy II: The Golden Army fue un éxito inesperado de taquilla —ha ganado, desde su estreno, 75 millones de dólares— y recibió excelentes críticas. El personaje luciferino de Del Toro se unió, además, a Batman, Hulk e Ironman en un año extraordinario para las películas de superhéroes basadas en cómics.

Pero lo mejor aún estaba por venir. Durante el rodaje de la segunda parte de Hellboy, Del Toro recibió la llamada de un viejo conocido suyo, Peter Jackson. El director neozelandés le propuso entonces ser el director de un proyecto monumental: la adaptación de The Hobbit, la novela de J.R.R. Tolkien. La cinta será producida por Jackson y es, de cierta forma, la continuación —aunque ocurre en una época anterior— de la exitosísima trilogía de El Señor de los Anillos. El neozelandés sólo se sintió tranquilo de dejar la dirección creativa en manos de su amigo mexicano, pues ha dicho varias veces que es el único con la visión suficiente para llevar el mundo de Tolkien a la pantalla grande. El estreno de la primera parte de la historia está programado para 2011 y la segunda parte se verá en 2012. Si todo sale bien —pues hay que recordar que la producción de El Señor de los Anillos se tardó cinco años más de lo pensado— la carrera de Del Toro daría un paso gigantesco.

Del Toro, sin embargo, no pretende dormirse en los laureles: su agenda está llena hasta 2015. Se rumora que explora la posibilidad de hacer una nueva versión de Frankenstein, otra de Pinocchio y una adaptación de Matadero cinco, la novela de Kurt Vonnegut. Y, como si fuera poco su trabajo como director, como productor tampoco se detendrá. Se acaba de estrenar Rudo y Cursi, la primera película producida por Cha Cha Cha films —la empresa que fundó junto con Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu—, y ya está en preproducción la segunda, Mother and Child, de Rodrigo García. Así mismo producirá, de manera independiente, las cintas Bag of Bones, Hater, Rabia y Splice.

Casi todas las películas de Del Toro ocurren en lugares cerrados y ocultos: líneas subterráneas de metros, alcantarillas, sótanos y laberintos. Lo que no es una casualidad: él forma parte de ese linaje de directores —F.W. Murnau, James Whale, David Lynch o Tim Burton, por sólo mencionar algunos— herederos del terror gótico, que no han temido explorar el lado oscuro. Y que han forjado una mitología construida sobre ese genial tour de force: encontrar la belleza en los lugares más extraños.

*Editor y periodista colombiano. Es coordinador editorial de Gatopardo.



CIENCIA

Julio Montaner



Ciencia
Por Guillermo Osorno*

La XVIII Conferencia Internacional de SIDA, que se celebró en la Ciudad de México a principios de agosto de 2008, terminó con los ánimos contenidos. No hubo grandes anuncios sobre la tan esperada vacuna. Se expusieron ciertos avances, pero nada que ver con el ánimo expansivo de la reunión de Toronto dos años antes, cuando parecía que la comunidad científica estaba más cerca de encontrar una solución.

El foco de la reunión estuvo en las políticas para difundir la prevención y el tratamiento. Y al final hubo una ceremonia emotiva en la que el doctor Julio Montaner asumió la presidencia de la International AIDS Society, el órgano que organiza la conferencia.

Aquel fue un reconocimiento a uno de los hombres más influyentes en este campo. A Montaner se le atribuye el descubrimiento en 1996 del cóctel llamado HAAART por sus siglas en inglés (highly active antiretroviral therapy), que lleva la carga viral de los pacientes a niveles indetectables, lo que ha salvado a miles y ha elevado la calidad de vida de los pacientes de manera indescriptible.

Entonces, este doctor argentino trabajaba en el British Columbia Centre for Excellence in HIV/AIDS, del Hospital de St. Paul, en Vancouver, Canadá. Después del descubrimiento, el centro se ha dedicado a investigar cómo simplificar ese cóctel, para y sustituir la cantidad de pastillas que un paciente debe tomarse pora solamente sólo dos ingestas, una en la mañana y otra en la noche.

Montaner nació en Buenos Aires. Hijo de un especialista en tuberculosis, se recibió con honores en la Universidad de Buenos Aires en 1979. En 1981, se unió al laboratorio de Investigación Pulmonar de la Universidad de British Columbia y desde entonces reside en Canadá. En una entrevista al The Vancouver Sun de en 2006, Montaner dijo que el HIV no estaba en su plan maestro de vida, simplemente porque el virus no estaba descrito cuando él comenzó a practicar. “Pero quería estar involucrado en alguna causa –—una causa importante a la que pudiera prestarle toda mi atención, y así fue como las cosas ocurrieron”.

Montaner no sólo es un investigador notable, sino también es un activista (“sería un irresponsable si hoy no trabajara para que se implementaran implementen las herrreamientas disponibles para controlar la epidemia del SIDA” dijo recientemente al diario El Clarín) y ahora, como jefe de la influyente International AIDS Society, se ha comprometido a llevar a la práctica la enorme cantidad de conocimiento que se ha acumulado para la prevención del SIDA. “Debemos recrlutar, si no forzar, a los líderes del Ggrupo de los ocho a comprometerse a alcanzar un acceso universal a la prevención, el cuidado y el tratamiento del SIDA en 2010. Seamos claros: el fracaso en la implementación de un ataque prolongado, sostenido y completo a esta pandemia representa un crimen, un crimen contra aquellos que están infectados, un crimen contra aquellos que pueden infectarse, un crimen contra la humanidad”.

*Es director editorial de Gatopardo.



LETRAS

Junot Díaz



República Dominicana - Estados Unidos
Por Francisco Goldman*

Recién escuché a un viejo escritor estadounidense, al que admiro, decirle a un entrevistador que probablemente pasarían años antes de que viéramos al Estados Unidos que acaba de elegir a Barack Obama reflejarse en nuestra literatura. Y entonces pensé, eso no es cierto, el futuro ya está aquí. Pensaba en mi buen amigo Junot Díaz, nacido en República Dominicana en 1968, y transplantado a los siete años a la fértil, industrial e inmigrante Nueva Jersey. Su novela, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La maravillosa vida breve de Oscar Wao), que ganó el Premio Pulitzer 2008 y que es un best seller, se está traduciendo a todos los idiomas de la galaxia, tiene un glamoroso contrato para llevarla a la pantalla y ha hecho por el fukú, y los misteriosos matices de los Cuatro Fantásticos, lo que hace casi dos siglos Movie Dick hizo por el caló de la caza de ballenas: establecerlos para siempre como parte del vocabulario de la literatura erudita estadounidense. Es tal vez la novela norteamericana con más elementos divertidos —con tintes sexuales— provista por una novela estadounidense, quizá desde Portnoy’s Complaint de Phillip Roth, y la historia de un intruso adolescente más conmovedora y resonante, quizá desde El guardián entre el centeno.

Se entiende que Oscar Wao es un big deal. Y pensar que fue hace como 10 años, que en el Distrito Federal, en la colonia Condesa, en un departamento con cortinas hechas de bolsas para la basura de plástico negro, en un desmoronado edificio en Amsterdam 179 donde compartíamos un piso, en el que nació el personaje de Oscar Wao, el nerd de ghetto con sobrepeso que sueña con convertirse en el J.R.R. Tolkien dominicano. Sí, yo fui una de las primeras personas que leyó acerca de Oscar, y me dejó impactado. Y tuve que esperar una década para enterarme del resto —el forcejeo de Junot para escribir esta novela es ya una leyenda de sufrimiento y redención de un superhéroe literario.

La novela cuenta la historia de la familia de Oscar por varias generaciones, desde la República Dominicana bajo el dictador Trujillo (“era nuestro Sauron, nuestro Arawn, nuestro Darkseid”) a la contemporánea Nueva Jersey de la pan-latina ciudad de Bergenline. Nunca antes había habido un libro que sonara como éste. Lejos de ser otro despliegue de spanglish con fórmula literaria, este libro inventa su propio idioma; o más bien deconstruye y aplasta varios idiomas, y los reensambla en algo extraordinariamente vívido, preciso, salvaje y nuevo. En ocasiones, la historia que cuenta se crispa con un enojo racial, político e inmigrante, lo que puede ser ofensivo para algunos, sino fuera por el mejor y más generoso descubrimiento de la novela —y ésta es una de las cosas que la convierte en un augurio de la era de “Barack Obamérica”—: su imposible, hilarantemente oscuro y erudito lenguaje nerd, de ghetto, que trasciende todas las fronteras y divisiones y eleva la sensibilidad solitaria y ansiosa de un nerd de los videojuegos, a una nueva forma de expresar los anhelos románticos y el heroísmo secreto de los viajes de “aquí” para “allá” que nos une a todos.
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