31 de diciembre de 1930
Achuapa

La bandera rojinegra flamea en los lomeríos

Nicaragua, país condenado a producir baratas sobremesas, bananas y café y azúcar, continúa arruinando la digestión de sus clientes.

El jefe sandinista Miguel Ángel Ortez festeja el fin de año aniquilando una patrulla de marines en los barrosos barrancos de Achuapa. El mismo día, otra patrulla cae en la ceja de un despeñadero de las cercanías de Ocotal.

En vano los invasores intentan vencer por hambre, incendiando ranchos y sembradíos. Muchas familias se echan al monte, errantes y sin amparo; dejan a sus espaldas altas humaredas y animales muertos a bayonetazos.

Creen los campesinos que Sandino sabe cómo atraer el arcoiris. El arcoiris viene hacia él y se achica mucho, mucho, para que él pueda recogerlo entre dos dedos.

1931
Bocay

Lo que espera la esperanza

Alumbrado por aromosas astillas de ocote, Sandino escribe cartas y órdenes. También escribe informes, para que se lean en voz alta en los campamentos, sobre la situación militar y política en Nicaragua (Como varita de cohete el enemigo saldrá dentro de poco...), manifiestos que condenan a los traidores (No encontrarán lugar para vivir, como no sea bajo siete cuartas de tierra...) y profecías que anuncian que pronto resonarán, en todas partes, los clarines de guerra contra los opresores, y que más temprano que tarde el Juicio Final destruirá la injusticia para que el mundo sea, por fin, lo que quiso ser cuando todavía no era.

[ Manifiesto Luz y Verdad ]

Santos López

Quien entra en el ejército libertador gana el derecho de ser llamado hermano. Dinero no ganan. Ningún dinero, nunca. Por su cuenta ha de ganarse el fusil, en pelea, y quizás un uniforme de algún difunto marine, una vez acortado el pantalón con mucho dobladillo.

Santos López está con Sandino desde el primer día. Desde los ocho años trabaja de peón en las fincas. Tenía doce cuando el levantamiento en la mina de San Albino. En la tropa patriota fue aguatero y mensajero y espía entre enemigos borrachos o distraídos, y junto a otros compinches de su edad se especializó en tender emboscadas y en armar alboroto con latas y triquitraques para que poquitos parecieran muy montón.

Santos López cumple diecisiete años el día que Sandino lo hace Coronel.

Tranquilino

En el raquítico arsenal de Sandino no hay mejor arma que una ametralladora Browning último modelo, rescatada de uno de los aviones norteamericanos volteados a tiros de fusil.

En manos de Tranquilino Jarquín, esa Browning dispara y canta.

Tranquilino es cocinero, además de artillero cantador. Luce un diente en la risa y una orquídea en el sombrero; y mientras revuelve la gran olla humeante, escasa de carne pero no de aroma, se echa al buche un buen trago de ron.

En el ejército de Sandino está prohibido beber, pero Tranquilino puede. Mucho trabajo le costó conseguir el privilegio, hasta que convenció al general. Sin unos traguitos no funciona este artista del cucharón y del gatillo. Cuando lo someten a dieta de agua, le salen tristes los platos y torcido y mudos los balazos.

Cabrerita

Tranquilino hace cantar a la ametralladora y Pedro Cabrera al clarín. En ráfagas canta tangos, marchas y corridos la Browning de Tranquilino; y el clarín de Cabrerita gime requiebros de amor y proclama valentías.

Cabrerita se hace estatua y cierra los ojos para besar su trompeta celestial. Antes del alba despierta a los soldados; y en la noche los duerme, soplando bajito y demorándose en las notas.

Musiquero y poeta, enamorado y bailandero, Cabrerita es asistente de Sandino desde que empezó la guerra. La naturaleza le ha dado un metro y medio de altura y siete mujeres.

[ La primera derrota militar de los Estados Unidos en América Latina ]


[ Diciembre | Memoria del Fuego ]
[ Eduardo Galeano ]

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Última revisión: 10/06/02