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PUBLICADO EL 24/04/2006

34 de los 40 que el juez implica en el 11-M estaban bajo control policial

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Actualizado viernes 05/05/2006 19:19 (CET)
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CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

MADRID.- 24 de los 29 procesados, los siete fallecidos en Leganés y tres de los cuatro huidos estaban siendo vigilados, seguidos o escuchados por la Policía Nacional, la Guardia Civil o el CNI. A 18 de ellos los investigaban dos cuerpos o unidades a la vez.

Los autores materiales del 11-M y la mayoría de los 29 procesados por el juez Juan del Olmo en su auto del pasado 10 de abril estuvieron controlados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado antes de producirse la masacre.

En total, de los 40 implicados que aparecen mencionados en el auto de procesamiento, 34 estuvieron en algún momento bajo la vigilancia de la Fuerzas de Seguridad, o bien sus nombres y su localización fueron conocidos por ellas.

Distintas unidades de la Policía, de la Guardia Civil y del CNI vigilaron directamente, o a través de sus confidentes, a individuos tan relevantes como Jamal Ahmidan, El Chino, o Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, quienes en teoría, y siempre según Del Olmo, serían los dos personajes más destacados de los diversos grupos que participaron en la organización de la matanza. En ocasiones, dos unidades distintas llegaron a seguir los pasos del mismo sospechoso al mismo tiempo y sin que se produjera la más mínima transferencia de información.

Ese es el caso de Said Berraj, El Mensajero. Dos unidades de la Policía, la UCIE y la Brigada Provincial de Información, siguieron sus pasos al mismo tiempo. El caso de El Mensajero (que se encuentra huido) es especialmente llamativo, porque su papel en el contexto del radicalismo islamista enraizado en España era muy destacado.

Según el auto del juez (que hace referencia a un informe elaborado por la Comisaría General de Información el 15 de febrero de 2006), Berraj fue uno de los detenidos en Turquía junto a Amer Azizi cuando se dirigían a Afganistán para unirse a las tropas de Bin Laden en 2001.

El Mensajero no sólo estaba controlado por dos unidades policiales, sino que, cuando se produjo el atentado, trabajaba para una empresa de servicios propiedad de un ex inspector de policía.

Como pone de manifiesto el auto de procesamiento, los implicados en el atentado mantuvieron centenares de conversaciones entre ellos durante los meses previos. Si, como afirma el auto, el 11-M comenzó a prepararse en torno al mes de septiembre de 2003 (fecha en la que se produjo la reunión del McDonald's de Carabanchel en la que El Chino ofreció al ex minero José Emilio Suárez Trashorras la compra de dinamita a cambio de droga), las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tuvieron más de cinco meses para detectar alguna pista de que algo muy grave se estaba tramando.

Más aún cuando el número de los implicados era muy numeroso y la mayoría de ellos no se preocupó de adoptar las medidas de seguridad propias de un grupo terrorista.

Tres grupos

Pero vayamos por partes. En el apartado quincuagésimo tercero del auto ('Contexto islamista de las investigaciones'), Del Olmo divide a los implicados en el 11-M en varios grupos: el Grupo de Leganés (al que también llama Grupo de Madrid), el Grupo de Lavapiés y el Grupo de Delincuentes.

El primero de ellos estaría capitaneado por Mustafá Maymouni (detenido en 2003 en Marruecos por su implicación en los atentados de Casablanca). A él pertenecerían: El Tunecino, Faisal Allouch, Mohamed Afalah, Mohamed Larbi ben Sellam, Hassan Larbi ben Sellam, El Mensajero, Abdelkrim y Mohamed Ouazzani, Abderrazak Azzi, Nouredine y Azzeline Bellid, Samir ben Abdellah y Driss Chebli.

A este grupo se uniría posteriormente Allekema Lamari (que a partir de 2002, tras salir de prisión, mantuvo contactos con Chedadi, Chebli, Afalah, Bouchar y Bouharrat, según información del CNI que recoge el auto). El papel de Lamari, que durante mucho tiempo fue considerado por el CNI como líder del comando que cometió el atentado, queda relegado en el escrito del juez a 'uno más del grupo, sin ninguna capacidad de liderazgo'.

Según el auto, estrechamente ligado al Grupo de Leganés -a través de El Tunecino- estaría el grupo capitaneado por Osman el Sayed, Mohamed el Egipcio, y en él estarían integrados Basel Ghalyoum, Fouad el Morabit, los hermanos Almallah Dabas y Mourad Chabarou. Este grupo habría dado cobertura para la huida de España a dos de los presuntos autores que actualmente se encuentran en busca y captura: Mohamed Afalah y Mohamed Belhadj (quien habría estado viviendo durante un periodo de tiempo en su casa de Bélgica tras el 11-M).

El Grupo de Lavapiés estaría liderado por el marroquí Jamal Zougam y en él estarían encuadrados Mohamed Chaoui, Mohamed Bekkali, Abdelaziz Benyaich y Rachid Bendouda.

El Grupo de Delincuentes tendría como jefe a El Chino y a él pertenecerían Abdennabi Kounjaa, los hermanos Mohamed y Rachid Oulad, Abdililah el Fadual el Akil, Rachid Aglif (El Conejo) y Otman el Gnaoui.

Empecemos por este último grupo por ser el que, en principio, nada tenía que ver con los islamistas radicales. Como pone de relieve el auto, la Udyco (Unidad de Delincuencia y Crimen Organizado) de Madrid llevaba meses investigando a El Chino y a su banda.Tan es así, que el 29 de febrero de 2004, cuando Jamal Ahmidan venía de Asturias con su coche cargado de dinamita, la Policía estuvo grabando sus conversaciones con Otman el Gnaoui, entre otros, que había salido desde Madrid para encontrarse con él en las cercanías de Burgos:

«- O: Sí.

- J: ¿Dónde estáis?

- O: Ahora nos faltan 15 kilómetros de Burgos.

- J: Espéranos en cualquier gasolinera de la salida.

- O: Vale, Jamal».

Pocos minutos antes de la citada conversación, la Guardia Civil había puesto dos multas a El Chino, que viajaba en un Toyota Corolla (matrícula 9231 CDW) por no presentar el recibo del seguro del coche y no tener los papeles en regla. Hay que recordar que el citado vehículo era robado y que Ahmidan llevaba un pasaporte falso a nombre de Youssef ben Salah.

Teléfonos

Esa misma noche, la dinamita transportada por El Chino, Mohamed Oulad y Kounjaa (que viajaban en otro coche) recaló en la casa de Morata de Tajuña. Ese mismo día, Ahmidan habló por teléfono con gente tan destacada en la trama de la dinamita como Suárez Trashorras o Carmen Toro.

Ni que decir tiene que, además de El Chino, la Udyco tenía intervenidos los teléfonos de El Gnaoui, Hicham Ahmidan (primo de El Chino), Lofti Sbai o Rafá Zouhier.

Gracias a las grabaciones de dicha unidad, y ya tras el 11-M, la Policía pudo saber que Zouhier trabajaba como confidente de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil.

En una de las conversaciones grabadas por la Udyco (17 de marzo de 2003), Zouhier le describía a El Chino a su controlador, el agente Víctor, para que pudiera detenerlo.

El hilo de Zouhier nos lleva precisamente hasta Asturias. El marroquí no sólo informó en 2003 a la UCO de que en Asturias había gente dispuesta a vender dinamita, sino que viajó hasta Avilés en un coche alquilado con dinero de la Guardia Civil para señalarle sobre el terreno al capitán de la UCO conocido como Víctor quiénes eran los implicados en la trama: Antonio Toro, Suárez Trashorras, Javier González Díaz, El Dinamita, etcétera.

La trama asturiana no sólo era conocida por la UCO a través de Zouhier, sino que dicha unidad trasladó un informe sobre la misma a la Comandancia de Avilés en febrero de 2003, según revela el auto del juez.

Por si esto fuera poco, el ex minero Trashorras (a quien Del Olmo imputa no sólo la comisión de 191 asesinatos en los trenes, sino también el asesinato del GEO Torronteras en Leganés) era confidente del jefe de Grupo de la Brigada de Estupefacientes de Avilés, Manuel García Rodríguez, Manolón.

Trashorras le había hablado a Manolón sobre los 'moritos' con los que hacía negocios desde meses antes del atentado. Alguno de ellos (El Chino y Mohamed Oulad, al que los asturianos llamaban El Risitas) acudieron incluso a la boda de Trashorras con Carmen Toro, que se celebró en Avilés.

Es decir, que el Grupo de Delincuentes y la trama asturiana de la dinamita estaban controlados tanto por la Guardia Civil (UCO y Comandancia de Avilés) como por la Policía (Udyco y Comisaría de Avilés).

Pero vayamos ahora a los integrados en grupos radicales islamistas. Prestemos atención a lo que dice el auto del juez sobre el llamado Grupo de Leganés.

Su primitivo jefe, Maymouni (conocido como Mustafá), cuñado de El Tunecino, en el momento de su detención en mayo de 2003 en Marruecos, "había dejado en suspenso la célula de Madrid al parecer de que [sic] ésta pudiera estar infiltrada por los Servicios de Seguridad españoles", según reza el auto de Del Olmo.

No le faltaba razón a Mustafá para tener la mosca tras la oreja.A raíz de los atentados de Casablanca, el Grupo III de la Brigada Provincial de Información de Madrid desarrolló una amplia operación en torno a una serie de domicilios (páginas 1.354 y 1.355 del auto de procesamiento): calles de la Virgen del Coro, Francisco Remiro y Lavapiés.

El primero de ellos era propiedad de los hermanos Almallah Dabas y en él se daban charlas proselitistas de apoyo a la yihad. Además, allí vivían Basel Ghalyoum y Fouad el Morabit. Y por allí pasaban, entre otros, El Tunecino, que vivía en la calle de Francisco Remiro y tenía, a su vez, controlado policialmente su propio domicilio.

En la primera semana de marzo de 2004 (una antes del atentado), el Juzgado Central de Instrucción número 4 (al frente del cual estaba el magistrado Fernando Andreu) autorizó la intervención del teléfono de El Tunecino, que, además de ser investigado por la Brigada Provincial de Información de Madrid, estaba en la lista de sospechosos de la UCIE (Unidad Central de Información Exterior, especialista en terrorismo islamista, dependiente de la Comisaría General de Información).

Pero, es más, previamente a estos seguimientos, el citado grupo había sido objeto de investigación por parte del magistrado Baltasar Garzón. En el verano de 2002, el entonces juez titular del Juzgado Central de Instrucción número 5, ordenó la intervención del teléfono de El Egipcio, así como la vigilancia de su domicilio, donde la Policía detectó la presencia de El Tunecino y de Ray Mohamed (conocido como Mourat).

La información que tenía Garzón sobre este grupo era completísima. No sólo gracias a la labor de la Policía, sino también al trabajo que durante tres años (hasta julio de 2003) desarrolló el confidente conocido como Cartagena (testigo protegido 11.304).

Según relata el auto de procesamiento (páginas 1.224 a 2.241), Cartagena aportó datos muy relevantes sobre El Tunecino, Larbi ben Sellam, Faisal Allouch, El Egipcio, Jamal Zougam, Mohamed Afalah, El Mensajero y El Chino.

Los testimonios de Cartagena han sido de gran utilidad no sólo en las investigaciones previas al 11-M, sino en la llamada operación Nova, que destapó un plan para hacer saltar por los aires la Audiencia Nacional.

Son igualmente importantes las revelaciones que hizo la testigo protegida S-20-04-W-18, que desde 2002 hasta diciembre de 2003 informó a la Brigada Provincial de Información de Madrid sobre el grupo en el que estaban integrados los hermanos Almallah.Incluso llegó a entregarles a los policías algunos de los vídeos proselitistas que se visionaban en el local de la calle de la Virgen del Coro.

Asimismo, indicó a los agentes un piso donde mantuvieron una reunión en Lavapiés Maymouni y El Tunecino. Fue dicha testigo protegida quien dio la información de que Amer Azizi había salido de España disfrazado de mujer. Pero, además, transmitió dos datos muy relevantes.

El primero de ellos es que cuenta una reunión entre El Tunecino y El Chino en octubre de 2003, con lo cual se ponía de relieve la confluencia de dos grupos fundamentales para la comisión del atentado: el Grupo de Leganés y el Grupo de Delincuentes. El segundo es que su marido, Mouhannad Almallah, 'siempre le decía que hablaban de cometer algún atentado y llegó a decirle que un día iba a cometer un atentado con su coche en las torres de Plaza de Castilla' (página 1.222 del auto).

Sin embargo, éstas no eran las únicas fuentes de información de las que disponían los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad sobre el núcleo central de islamistas radicales al que el juez denomina Grupo de Leganés.

Como el propio Del Olmo confirma en su auto, el Juzgado Central número 5 había autorizado la intervención del teléfono de Said Berraj en diciembre de 2003. Y, de hecho, sus comunicaciones estaban intervenidas cuando se produjo el atentado. El Mensajero estaba controlado no sólo por la UCIE, sino por la Brigada Provincial de Información de Madrid.

Berraj, según el auto de procesamiento, mantuvo contactos antes y después del 11-M con Mohamed Belhadj (actualmente huido), que fue quien alquiló el piso de Leganés donde se suicidaron siete de los autores materiales del 11-M: El Chino, El Tunecino, Lamari, los dos hermanos Oulad, Kounjaa y Rifaat.

Pero, además, Lamari estuvo controlado por el CNI a través del confidente Safwan Sabagh (conocido como El pollero de Valencia).El Pollero aportó información a los servicios secretos no sólo sobre Lamari, sino sobre Mohamed Afalah (otro de los huidos) y Abdennabi Chedadi y reveló también contactos de este grupo con El Tunecino en los meses previos a la matanza.

Respecto al llamado Grupo de Lavapiés, su hombre clave y uno de los imputados por el juez Del Olmo como autor material de la masacre, Jamal Zougam, estaba siendo controlado telefónicamente desde hacía meses por orden del juez Garzón. Su casa ya había sido registrada con motivo de la operación Dátil y, en 2003, fue objeto de investigación tras los atentados de Casablanca.

Es decir, que todos los grupos que participaron en la comisión del 11-M estuvieron de una u otra forma bajo control policial en los meses previos al atentado.

¿Puede atribuirse única y exclusivamente a la descoordinación policial el hecho de que, a pesar de tener tan abundante información por diversas fuentes, pudiera llevarse a cabo el mayor atentado de la Historia de España? Sin duda, la descoordinación ha sido un factor real y esencial para que los terroristas pudieran llevar adelante sus planes.

Sin embargo, eso no lo explica todo. Seguramente, ni la Guardia Civil, ni la Policía, ni el CNI pensaron nunca que un grupo variopinto de delincuentes e iluminados podría llevar a cabo una acción similar a la que se produjo el 11 de Marzo.

Es realmente muy extraño que no se filtrara entre la confusa y extensa maraña de los implicados algo que llamara la atención a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado sobre sus macabros planes.

Algunos indicios muy relevantes (por ejemplo, los dos individuos que compraron los teléfonos que sirvieron de temporizadores para las bombas y que no han sido reconocidos por los dueños de la tienda entre los imputados) llevan a pensar que hubo un elemento externo que hizo de catalizador del atentado, que, de hecho, se preparó en su fase final en tan sólo 11 días: la dinamita llega a Madrid el 29 de febrero por la tarde y los teléfonos se compran entre el 4 y el 8 de marzo.

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