Lunes, Julio 18, 2011
   
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Neoliberalismo y libre mercado

Reflexión del Departamento de Procesos de Intercambio Comercial sobre en entorno socioeconómico


El neoliberalismo latinoamericano, que abarca desde los años 70 a países como Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia, y desde fines de los años 80, a naciones como Brasil, Perú, Panamá, Ecuador, México y otros más, tiene las siguientes características generales:

Se abandonan las filosofías y políticas económicas desarrollistas, nacionalistas y populistas desacreditadas por el fracaso económico a que condujeron. El actor del desarrollo, el Estado, fue desmantelado como agente del desarrollo, se venden empresas estatales, se reduce la participación del Estado como productor de bienes y servicios estratégicos.

Se producen cambios en los procesos productivos. Se impulsa la modernización de las actividades productivas, y, por tanto, se recorta la influencia sindical, se adaptan tecnologías productivas que hagan competitivos los productos finales, a ello se supedita el salario. Las condiciones de trabajo, salarios y horarios son retirados de la relación directa entre sindicatos y patrones y son motivos de pactos gubernamentales, reguladores , por la importancia estratégica que tienen en la nueva línea política económica neoliberal. Los salarios se controlan a niveles bajos, lo cual repercute en el consumo popular y su calidad de vida. Se espera de los trabajadores una inserción entusiasta en esta lucha por la calidad y productividad a niveles internacionales.

El capital financiero interno y externo tienen una gran repercusión sobre el Estado y las actividades productivas. Se favorecen y buscan inversiones dinamizadoras del proceso productivo lo cual trae el riesgo del capital golondrino. La producción de bienes de capital pasa a segundo plano, lo más importante son las industrias internacionalmente competitivas.

Se usa la política monetaria como control de la economía por encima de la política fiscal. El Estado pasa de promotor a regulador.

Se da una mayor vinculación con la economía mundial. Se hacen bloques económicos regionales, apertura arancelaria, crecimiento de exportaciones. A ello se supedita el mercado interno, la planta productiva y las necesidades de las clases pobres.

En el caso del neoliberalismo mexicano, los rasgos más fundamentales son:
Se presenta como una teoría integral capaz de resolver la crisis socioeconómica y de regular el crecimiento económico a largo plazo. En este sentido se puede comparar como un paradigma kuhniano.

Se concibe como un instrumento anti-inflacionario. La inflación es presentada como el mal fundamental del capitalismo actual, es el obstáculo más fuerte para lograr un crecimiento sostenido, impide la distribución del ingreso ya que funciona como un impuesto que todos deben pagar al parejo y, por tanto, las clases más pobres pagan el mismo precio que las ricas. Las causas fundamentales de la inflación, en el neoliberalismo, son las alzas salariales injustificadas ya que se paga más por la misma cantidad de productos acabados (bienes o servicios), el déficit público y la excesiva emisión monetaria.Los correctivos tradicionales se basan en el control de las causas de la inflación. Respecto a la oferta monetaria, controlar el volumen, regular el crédito bancario al sector privado, la reducción del déficit gubernamental, la liberación de los precios, la eliminación de los subsidios, la devaluación del tipo de cambio y la imposición de topes salariales. En resumen, se trata de lograr la estabilidad monetaria y de los precios, se promueven políticas de austeridad fiscal, salarial y programas de productividad/calidad. Se tiende a que la inflación llegue, a ser posible, a cero. Respecto al gasto público se pone énfasis en la reducción del gasto improductivo. Se sobreentiende por improductivo el relacionado con los servicios públicos, seguridad social, transporte, subsidios de desempleo. Eso se une al cambio del "Estado benefactor" por la empresa privada más dinámica y eficiente, se sigue de ahí una política de privatización y pago de gastos reales o los servicios que se le dan al ciudadano.

Se opone al "excesivo intervencionismo" del Estado en la sociedad. En la práctica ese rasgo tiene las siguientes características:

a) Se critica la ineficiencia administrativa del Estado y no hay censura cuando los medios critican la corrupción de los gobiernos anteriores. Se continúa poniendo en práctica la teoría del estado que se repliega en favor de la expansión de la empresa privada. El estado realiza solamente aquellas funciones que exceden la capacidad de la empresa. El intervencionismo obstaculiza la competencia al interior del país y con el exterior. Coherentemente se da un adelgazamiento del Estado, privatización de empresas de servicio público o impulsoras del desarrollo o de interés social.

b) Establecimiento de un sistema de precios según los mercados internacionales. La fijación de precios, en este contexto, desestimula la producción interna y no favorece la competencia externa; lo mismo sucede con el aumento de salarios. El desempleo se resuelve con la competitividad y la inversión privada. La competitividad trae consigo la tecnificación de los procesos productivos y por tanto la desocupación. El salario se controla para que rompa la competitividad con el exterior. El enorme gasto público debido al aparato burocrático, ineficiente, del Estado se resuelve dando paso a la iniciativa privada. De esta manera la regulación de la producción y de los mercados es automática una vez que se abra el país a la competencia internacional y los empresarios tomen el lugar que les corresponde en la sociedad. En una economía abierta los precios son más bajos y más ajustados a las condiciones de la producción nacional e internacional. De esa manera se logra automáticamente el establecimiento de los precios justos. Incluso desde una postura ética la búsqueda del propio provecho, por los mecanismos del mercado, acaba actuando en beneficio de los demás.

Ese es el contexto ideológico/económico con el que hay que leer la privatización, desincorporación del Estado de las empresas y servicios que poseía, iniciando por la banca, que en 1982 había nacionalizado López Portillo, y el gran proyecto salinista, remedio de todos los males, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En la sociedad neoliberal, el fortalecimiento del sector privado es el verdadero instrumento para la revitalización de la economía; a partir de ahí le sigue, como lo esencial, "la formación de un mercado universal sin barreras o límites" como decía Reagan.. Esto incluye la inversión extranjera en acciones de empresas o la posesión de empresas en el territorio nacional. La inversión extranjera se ve como una potenciación de la producción nacional a partir de la absorción de capitales. Sin ellos no se podría dar la producción. El énfasis a los mercados externos implica que la atención a los mercados internos pase a segundo lugar. Es posible una destrucción de lo interno en el caso de no ser competitivo. Hace falta una reconversión industrial intensiva, una flexibilidad y capacitación de la mano de obra para hacerla competitiva antes de pasar a la apertura comercial, un aumento de la productividad. Finalmente, el desmantelamiento de los sistemas proteccionistas de antaño y la entrada a bloques comerciales son elementos inseparables en el neoliberalismo.

De entre todas las características descritas del neoliberalismo, tal como se practica en México y Latinoamérica, queremos llamar la atención sobre el papel que juega el mercado, que es el tema, o uno de los temas objeto de estudio de nuestro Departamento.

El papel del mercado, en el neoliberalismo, no se puede separar de las siguientes premisas:
a) el mecanismo para la fijación de precios a nivel internacional.
b) la supeditación del mercado nacional al internacional.
c) la competitividad externa de las empresas.
d) la supeditación de la existencia de las empresas a su competitividad externa.

Esas premisas aludidas determinan los factores de empleo y salario de los trabajadores.

El mercado, como el sistema financiero, no es más que un instrumento que puede operar con muy diversas reglas del juego. No es, en sí, la causa de la injusticia. El punto clave, si se pretende cambiar el papel del mercado desde una perspectiva de justicia nacional unida a la productividad, está en la asignación de premisas de funcionamiento del mercado en relación con los elementos del sistema que está en interacción, lo cual es un desafío paradigmático-valoral. Abogar por prescindir simplistamente de los mecanismos del mercado significa regresar a la autoproducción /autoconsumo total de todos los bienes y servicios en todas y cada una de las familias mexicanas.

Nuestra aportación departamental, en este punto, será continuar con:
a) La generación de un paradigma teórico macro.
b) Identificar los elementos a tener en cuenta en empresas competitivas coherentes con el planteamiento macro: producción, distribución y empleo.
c) Hacer hincapié en el papel del mercado como un fenómeno independiente del modelo neoliberal.

Las acciones concretas, que se han emprendido desde el Departamento en empresas pequeñas y medianas donde se analizan los modos de hacer mercado y modelos productivos en base a modelos de integración solidaria, caminan en esta dirección. Hay que subrayar que tanto la producción con calidad como la distribución y pleno empleo nos llevan, en última instancia, a plantearnos modelos de desarrollo y el papel del Estado.

De este modo, la existencia del mercado sigue siendo un tema de polémica. Al mercado se le puede controlar o se le puede dejar libre. El neoliberalismo pretende confiar más en las fuerzas libres del mercado que en la intervención ineficiente del Estado para regular sus deficiencias. Sin embargo, en uno u otro extremo, el mercado sigue siendo un fenómeno social como lo es la familia o el Estado. No puede dejar de existir puesto que es la base del desarrollo económico y de la civilización humana. El verdadero problema no es el mercado en sí, sino la forma de concebirlo, de desarrollarlo y de aprovecharlo. A nuestro Departamento le corresponde investigar las características objetivas de ese fenómeno, así como sus pormenores. Es cierto se han desarrollado tendencias político-económicas que pretenden hacer creer que el mercado es la solución total de los problemas sociales. Pero es, en este punto, donde el pensamiento crítico, ético y profesional debe situar al mercado en su justa dimensión para beneficio de la sociedad, y, en especial, del segmento más necesitado.

Existen alternativas al neoliberalismo que pueden situar de otra forma la acción de la economía a través de los mercados.

Una posibilidad sería la idea de un "neosocialismo" que se puede pensar paradigmáticamente. La forma de llevarlo a la práctica implica otro actor con otro estilo diferente al del Gobierno actual en el neoliberalismo.

Este modelo "neosocialista", al que acabamos de aludir, se puede construir a partir de los siguientes elementos que a continuación proponemos:

Recuperar el papel del Estado socialmente necesario. Se trata de poder abandonar el papel que el neoliberalismo concede al Estado (Estado mínimo) y pasar al Estado "socialmente necesario". Para ello hay que analizar al Estado tal y como funciona en la realidad. Hay que aceptar las críticas del liberalismo al Estado populista y mostrar las limitaciones del neoliberalismo. Para que las cosas cambien, no es suficiente con reafirmar valores solamente. Se trata de dar al Estado una línea específica: abandonar el neoliberalismo que condena toda gestión pública sin caer en el nacional estatismo, que confunde los intereses del país y del pueblo con el mantenimiento de las empresas en manos del Estado, incluso cuando son ineficientes y deban ser sostenidas por todos los que pagamos impuestos.

Vincular producción y distribución. Ese ha sido el punto débil y miope de los Estados populistas. Hay que ser lo suficientemente inteligentes para encontrar una línea que limite el corporativismo sin descuidar la producción.

Marcar claras las diferencias con la derecha liberal y los populistas. El neosocialismo tiene que oponerse, con argumentos distintos, pero con la misma firmeza, a la derecha liberal y a los populistas. Se trata de distinguirse del populismo corporativista a partir de la convicción que algunos sectores sociales pueden y deben tener adelantos en la universalización de las ventajas sociales. Tampoco hay que caer en la crítica que la derecha liberal hace de cualquier reivindicación, por ser parcial y beneficiar sólo a algunos sectores, basándose en la lucha "en el mercado" como la arena ideal, igual para todos, donde no influyen las distorsiones de la política y el Estado. Las consecuencias palpables del neoliberalismo hacen ver que su "igualdad a largo plazo" terminan casi siempre, excepto para las élites empresariales, en la igualdad respecto a la desposesión. Los populistas aceptan como válida cualquier demanda de los de abajo y no se preguntan sobre sus efectos a mediano plazo para la sociedad.

Hay que ser consciente que la tradición social que basa su fuerza en la crítica de las desigualdades provocadas por el modo de producción basado en la explotación libre de la fuerza de trabajo y en la acumulación de capital, que pretende corregirlas mediante políticas sociales y fiscales, choca con la ola de neoliberalismo triunfante. Pero no hay que caer en los errores del pasado, el comunismo o el populismo.

Recuperar, contra el neoliberalismo, la idea del desarrollo como proceso global. Al neoliberalismo le falta la conciencia que el desarrollo es un proceso social global. El neoliberalismo piensa que la multiplicidad de acciones libres de la empresa crea por sí sola la prosperidad.

El neosocialismo tiene que desplazar la discusión entre estatal (malo) y privado (bueno) hacia las condiciones necesarias para el crecimiento económico donde han de confluir productivamente Estado y propiedad privada.

A niveles culturales latinoamericanos es importante que la Iglesia capte y manifieste la importancia de la producción. Hay que desatanizar el concepto global de riqueza ya que la riqueza productiva es necesaria para mejorar las condiciones de vida de la sociedad global. Si es cierto que la Iglesia ha tenido un valor increíble en la diseminación de la conciencia de los derechos humanos y en la reivindicación de grupos frente al Estado, liderazgos y cacicazgos tradicionales, también es cierto que ha minimizado la importancia de la producción en beneficio de la distribución.

Oposición a medidas inmediatistas. El neosocialismo, para tener una personalidad definida y propositiva, debe oponerse a medidas inmediatistas que puedan hipotecar el futuro. Por ejemplo, aumentos de salarios, en sí justos debido a la escasez, pero que a la larga puedan sustraer del futuro más de lo que agregan.

Abrir las decisiones sobre la cosa pública a la participación social. La cuestión para el neosocialismo es cómo generar un proceso comunicativo, rápido, eficaz y operativo para hacer cada vez más públicas las decisiones de inversión, las que afectan el consumo y modo de vida.

La Historia lo es la de las transformaciones continuas y favorables a las condiciones de existencia de las masas. El neosocialismo, en lugar de creer en la eterna repetición de la historia (posición conservadora) o en la inevitabilidad de la Revolución Salvadora (utopía no siempre progresista) o en la marcha lineal de la historia, guiada por el proletariado, hacia la desaparición de las clases sociales, prefiere, más modestamente, creer en cambios progresivos capaces de provocar transformaciones favorables a los que menos tienen.

En esta alternativa, el papel que hay que asignar a la empresa respecto al Estado es diferente al neoliberal. No se puede construir el neosocialismo con empresas neoliberales.

Otra opción, distinta al neoliberalismo o al neosocialismo, es la visión social-cristiana de la economía, o economía social de mercado. Se diferencia del capitalismo liberal y del marxismo principalmente porque parte de la opción de que la economía es una relación humana que tiene como finalidad es desarrollo individual y social y porque introduce como principio económico el concepto de "moralidad", ya que al ser una actividad esencialmente humana no puede desprenderse de los principios éticos, morales e inclusive jurídicos del derecho natural.

El sistema acepta el mercado, y se rige bajo los mismos preceptos del liberalismo, excepto en el privilegio que tiene el Estado para corregir las desviaciones sobre todo en lo que se refiere a la formación unilateral de ingresos provenientes de situaciones económicas privilegiadas.

Por supuesto que un sistema como el propuesto por la economía social de mercado, requiere de una política consciente de crecimiento económico, estabilidad, y una política que asegure el nivel de empleo en el marco de las posibilidades de acción de la economía de mercado.

El inducir continuamente a los empresarios a cumplir con su responsabilidad social y económica, es un aspecto importante. No se trata de discursos "moralistas" sino más bien de mecanismos prácticos a través de políticas públicas para que lo hagan (por ejemplo, desestímulos, no prohibiciones, a las importaciones por medio de aranceles, exención de algunos impuestos por empleos creados, importaciones controladas para incrementar el nivel competitivo de algunas ramas, etc.).

En el aspecto social, el modelo tiende a corregir las deficiencias del liberalismo. Respeta la mecánica salarial del mercado, pero inserta los conceptos de justicia distributiva para asegurar un mínimo de bienestar a todos los miembros de la sociedad. El mecanismo para lograrlo está en el programa social del gobierno, que se vale de la desviación de flujos de la forma más directa posible.

La aportación del modelo de economía social de mercado es que incluye políticas de coyuntura de una manera sistemática. Acepta que la economía es una ciencia dinámica tanto en la teoría como en la práctica, y por tanto es importante responder a la problemática de corto, mediano y largo plazo en el mismo objetivo.

ITESO
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM)