martes 16 de octubre de 2007

CONTÍN, CARLOS ALBERTO, por Enrique Pereira



CONTÍN, Dr. Carlos Alberto (1948-1997) Militó en la U C. R. desde que era un niño. Nacido y criado en un hogar de Nogoyá que era casi un comité, el Vasco Contín bebió radicalismo y ejemplos de firmeza y tolerancia en su familia (era hijo del ex gobernador de Entre Ríos doctor Carlos Raúl Contín), que lo proyectaron hasta alcanzar una singular significación en la vida política de su provincia y aún en el escenario nacional.



Desde sus tiempos de estudiante de Derecho en las Universidades Nacionales del Litoral y de Buenos Aires, Contín se situó en los sectores progresistas de la UCR, siendo uno de los fundadores del MURA en Santa Fe, movimiento del cual naciera Franja Morada años mas tarde. Se enfrentó, en ese tiempo, tanto con los matones de la dictadura de Onganía como con los grupos predicadores –y practicantes- de una violencia nihilista que simulaban despreciar a los estudiantes radicales por negarse a participar de la lucha armada.



Su coraje fue proverbial, al igual que su profundo sentido de la amistad. Contín se recibe de abogado y vuelve a Nogoyá, donde desempeña diversos cargos partidarios, entre ellos la presidencia del Comité Departamental. Es miembro del Congreso Provincial, del Comité Provincial y delegado al Comité Nacional.



Estuvo entre los fundadores del Movimiento de Renovación y Cambio, liderado por Raúl Alfonsín, al que lo unía una entrañable amistad y compenetración política.



Es elegido diputado provincial en 1983, siendo presidente de la Cámara hasta 1985.



En ese tiempo le correspondió dirigir la reorganización de toda la estructura de esa rama de la Legislatura, que había sido desmantelada por los gobiernos de la dictadura.



Contín, frecuentador de libros y conocedor extenso de la música fue, al igual que su padre, un orador vibrante, profundo. Por eso su desempeño legislativo fue fecundo, importante.



Pocos meses antes de finalizar su mandato, en 1987, el Presidente Alfonsín le confió la Subsecretaría del Ministerio del Interior, a cargo de su viejo amigo y compañero de luchas Enrique Nosiglia.



El mismo doctor Alfonsín señaló reiteradamente que el desempeño de Contín en sus delicadas funciones había sido realmente positivo.



Fue secretario del Comité Nacional durante la presidencia de Raúl Alfonsín (cargo que desempeñaba al fallecer), candidato a senador provincial, miembro de diversas instituciones de Nogoyá y un enamorado del campo.



El “Vasco” Contín, dueño de una excelente voz, animó muchas reuniones de los años oscuros con sus inolvidables interpretaciones de melodías que hablaban de esperanza, de no rendirse nunca, como esas viejas canciones de los republicanos españoles a las que daba actualidad y vida.
El Vasco Contín gustaba de escribir y tenía un notable dominio del idioma. Ejerció por algún tiempo el periodismo, siendo director del diario “La Acción”, de Nogoyá, durante la última dictadura militar.



Una cruel enfermedad lo llevó muy joven. Una intelectual destacada de Entre Ríos, amiga de Contín desde la infancia, Celeste Mendaro, escribió que “ha muerto la alegría”. Sus amigos de muchos lugares de Entre Ríos y del país, se acercaron acongojados a su sepelio en Nogoyá, el 6 de febrero de 1997. Allí, acongojado, su amigo y padrino de su hija Raúl Alfonsín, en nombre de todos, habló de la pena por la partida del Vasco, habló de su familia, de sus luchas, de su amor a la libertad y a la UCR. (1)

(1) El seis de febrero de 1998, al cumplirse el primer aniversario de la muerte del Dr. Carlos Alberto Contín, se realizó en el cementerio de la ciudad de Nogoyá un homenaje a su memoria, en el cual hablaron, entre otros Leopoldo Moreau, Carlos Becerra y el autor de este trabajo, que en la oportunidad expresó lo siguiente: “Chofy. Celina, Justo, Ana María, María Inés, amigos: Es muy difícil hablar en estas circunstancias, con la eternidad de un año desde la partida del amigo bueno. Y más difícil aun es decirles del Vasco algo que no sepan ustedes, ya que su vida abierta y cristalina dejaba poco y nada para la imaginación y el misterio.
Su recuerdo es como una constante sonrisa triste, que nos evoca viejas alegrías, luchas comunes, ideales compartidos, canciones cantadas al unísono, amarguras simultáneas, renacimientos conjuntos...
Muchos amigos tuvo el Vasco, amigos de fierro, como él lo fue a su vez. En ocasiones hasta la exageración , ya que su espíritu, que no guardaba rencores, sabía perdonar las flaquezas de los otros. Pero él, el Vasco, no las tenía, por una sencilla razón: era bueno y era leal, tremendamente leal. Se jugaba por su palabra y la mantenía así no le conviniese para nada. Era simple, cabal y totalmente una persona leal. En todos los órdenes de la vida y hoy, a un año de su muerte, podemos decir que el Vasco, como todas las personas, tuvo defectos y virtudes y que entre ellas descollaban su honradez y su lealtad.

Lo conocí cuando era un chico de diez años y desde entonces hasta el día de su muerte estuvimos cerca, a veces a pesar de la distancia física. Y fue siempre igual a sí mismo. Esclavo de sus convicciones, defensor de sus afectos, soldado civil del radicalismo militante y progresista. No era un fanático, era un convencido, un apasionado radical de razón y de corazón.

Lo dijo un amigo aquí hace un año: cuando se le planteó –al igual que a otros- seguir en el Partido a su padre, al que adoraba, o al ideario que lideraba Raúl Alfonsín, no dudó. La tuvo clara. Siguió queriendo a Don Carlos, pero se alineó junto a sus convicciones. Y allí se plantó, no por tozudez , sino por convencimiento. El Vasco jamás fue un oportunista, simplemente por ser leal, por honradez política. No andaba saltando por veinte arcos para ver si embocaba una pelota, Él se afirmaba en sus convicciones y allí se quedaba, atento al argumento contrario, porque no era un necio. Pero el argumento, para convencerlo, tenía que ser sólido y profundo, porque el Vasco Contín no era una veleta ni un trepador, sino algo muy importante: un militante radical orgulloso de ser radical y militante.

Era un romántico incurable, un poeta frustrado si se quiere, y algunas de sus bromas y ocurrencias tenían casi el toque de lo genial. A principios de 1989, estando en Madrid me pidió que fuésemos a ese horrible monumento a la megalomanía de un tirano que es el Valle de los Caídos, en las cercanías de El Escorial. “Para qué?, le pregunté. “Ya vas a ver”, me contestó. Marchamos por la sierra donde se masacraron españoles entre sí. Entramos en el sombrío agujero en la montaña. Buscó la tumba de Franco. Caminó unos segundos sobre ella y me dijo “Ya está. Ya lo he vengado a Federico.”
Federico, lógicamente era García Lorca, y el Vasco era el Subsecretario del Interior de la Argentina.
Como verán, nada lo apartaba a Contín de sus ideales y ello quedó demostrado también cuando tuvo la idea de hacer una sesión de la Cámara de Diputados, que presidía, en Concordia, para recibir oficialmente a los perseguidos por la dictadura militar que asolaba al Uruguay. Marchamos a buscarlo a Wilson Ferreira Aldunate a Buenos Aires, días antes de marchar hacia su tierra, donde iba a ser apresado por los cosacos orientales.
La sesión se hizo, pese a algunas presiones en contrario, y el Vasco Contín, inspirado, llegó al alma de Wilson y de su gente.
Quise contar estos dos episodios, desconocido el uno y el otro esfumado en la maraña del tiempo, porque reflejan, creo, claramente lo que fue Carlitos Contín.
Su recuerdo, sus lecciones, sus ejemplos de vida, su sensibilidad social nos han quedado y no deben perderse, no pueden perderse. Estas presencias, estos homenajes, estos bronces, de poco servirán si no los tomamos como norte. Es fácil y, paradójicamente, muy difícil hacerlo.
Es una conjunción complicada para llevar a la práctica la que siguió toda su vida a Carlos Alberto Contín. Para él fue sencillo y fácil ser consecuente, leal y firme en cualquier circunstancia. Ojalá que cada uno de nosotros, cuando estemos a solas con nuestra conciencia, podamos decirnos que obramos de igual manera. Ese será el homenaje que más le gustará al Vasco Contín, que allá, en una estrella, debe seguir militando por la Libertad.
Chofy, Celina y Justo: gracias por el Vasco.”
Fue el último cargo partidario ocupado por el ilustre político entrerriano.
El autor quiere significar que con el doctor Carlos Raúl Contín, pese a la diferencia de edades, lo unió una fuerte amistad, apunto tal que tuve el privilegio de su secretario privado en el período de su gobernación. Nunca pertenecí al Grupo Unidad. En la Juventud Radical tuvimos posiciones enfrentadas con las del doctor Contín y los unionistas. Ello no fue óbice para que la mayor armonía reinara entonces en el radicalismo entrerriano.
(La fotografía fue sacada junto al autor en 1989 en las cercanías del palacio de El Pardo, localidad próxima a Madrid, donde estableció su reseidencia el sombríos genocida español Franciscoi Franco)

1 comentarios:

MARCOS dijo...

HOLA:
SOY MARCOSGABRIEL CONTIN NECESITARIA HACER CONTACTO CON LA FAMILIA DEL DR CONTIN YA QUE ES DE MI INTERES CONOSERLOS LES AGRADESCO DESDE YA MUY ATTE
LC.MARCOS G. CONTIN
MARCOSCONTIN@HOTMAIL.COM
CEL. 0351-156541824

Publicar un comentario