El teatro de Jardiel Poncela. El humor inverosímil

Luis Javier García Casas

Luís  Javier García Casas nos regala esta entrevista imperdible con Enrique Gallup, nieto de Jardiel Poncela, con motivo de la presentación de su libro “El teatro de Jardiel Poncela. El humor inverosímil” publicado por la editorial Fundamentos.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

L.J.G: ¿Qué ventajas y qué inconvenientes tiene que usted, siendo nieto de Jardiel Poncela, escriba sobre su teatro?

E.G: El primer inconveniente, o peligro diría yo, es la *falta de ecuanimidad, un entusiasmo excesivo o una tendencia a ser partidista en ciertos aspectos, movido por el amor que la figura de mi abuelo me inspira. Creo haber podido compensar eso con una objetividad y una rigurosidad. La ventaja que me ha supuesto para hacer este estudio de investigación sobre el teatro de Jardiel Poncela ha sido, principalmente, el conocimiento profundo y constante que tengo de su obra y, por supuesto, gran cantidad de material inédito del que he podido disponer por vías familiares y que en este libro se presentan, como es el caso de un tipo de teatro móvil que Jardiel inventa, un sistema nuevo de escenografía, que hemos podido reproducir (los planos y el sistema de mecanismos) por primera vez.

¿Se le recuerda en la familia como una persona con mucho sentido del humor?

Sí, era una persona con mucho sentido del humor, tenía muchos amigos y bromeaba mucho con ellos. Tenía una especie de lenguaje coloquial en el que utilizaba muchos camelos, muchas frases hechas, dobles sentidos... todos los que le conocieron personalmente y que asistían a sus tertulias o tenían algún trato personal o profesional con él, dan fe de esta forma de ser y de estar de Jardiel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Dónde reside la actualidad de Jardiel Poncela?

Es un autor moderno. No está en absoluto pasado de moda porque hizo un teatro de vanguardia, muy adelantado a su tiempo que, aunque fue muy apreciado por el público, ciertos sectores de la crítica no entendieron en su momento. Precisamente por esas innovaciones que traía al teatro. Por eso sus obras se reponen, tienen mucho éxito cada vez que se hace y además cada vez tienen mayor reconocimiento por parte de la crítica. Esto se debe a varios factores. Aparte de la calidad intrínseca de la estructura teatral y de sus diálogos, son obras atemporales, no están limitadas a un momento concreto, no hay referencias al momento histórico concreto, con lo cual no han perdido vigencia. Son obras de temas eternos no de temas limitados, con lo cual pueden despertar interés en cualquier momento. Son obras cosmopolitas, no están limitadas al costumbrismo del teatro de principios del siglo veinte en España, desde el sainete a la comedia de costumbres, que es un género difícil de trasladar a otros lugares. El teatro de Jardiel es muy moderno, muy cosmopolita y sus obras igual pueden estar ambientadas en Madrid, que en París o en Buenos Aires, en su momento o ahora. No pierde actualidad. Es uno de los precursores del teatro del absurdo y cada vez se están reconociendo más las innovaciones que él hizo tanto desde el punto de vista de estructura como desde el punto de vista de la renovación del humor. Cuando él empieza el teatro cómico es un teatro basado en la gracia de la frase, lo que importa no es lo que sucede sino cómo se cuenta lo que sucede. Y lo que hace Jardiel es desvincularse de la frase y hacer énfasis en el humor de situación, en las cosas que no dependen del chiste, no dependen de los juegos de palabras sino de la gracia intrínseca de la situación en la que se ven inmersos los personajes.

¿Un teatro de gags?

No, es un teatro que intenta mostrar lo caótico y lo absurdo que es el mundo. Cómo con muy pocas premisas un ser humano puede encontrarse en medio de una situación disparatada sin él haberlo buscado. No es una situación de gags continuados, sino que todos tienen una relación muy directa con lo que está pasando. De hecho, los elementos cómicos de las obras de Jardiel, si los descontextualizamos, no tienen gracia. No son chistes que puedan contarse o situaciones que puedan mencionarse fuera, sino que solamente dentro de la estructura teatral tienen su efecto. De ahí la vigencia de su teatro.

¿Del panorama actual, cine o teatro, cuál sería el equivalente a Jardiel Poncela?

Hoy en día no tenemos un equivalente a ese tipo de teatro. Las grandes figuras teatrales de inicios del siglo veinte, como puede ser Jardiel en la comedia, Benavente en la alta comedia o como pueden ser un Valle-Inclán o un Lorca... tristemente hoy en día no tenemos ningún punto de comparación no hay grandes autores en este momento, aunque pueda haber obras de gran valía puntualmente. Sí Jardiel creó una escuela de teatro que tuvo una serie de seguidores. Alonso Millán puede haber sido uno de los últimos. Ha habido una serie de jardielistas que de alguna manera han sido discípulos o en todo caso imitadores del teatro de Jardiel. Si tuviéramos que pensar hoy día en un gran nombre del teatro español creo que tendríamos problemas y los que nos dedicamos a ello estaríamos en desacuerdo, no encontraríamos una figura que destacara evidentemente por sus logros.

¿”El humor es una cosa muy seria”, como decía Groucho Marx?

Sí, el humor es una cosa muy seria porque te ayuda a defenderte de la incongruencia del mundo. Es una frase muy antigua, atribuida más modernamente a Unamuno: "La vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan". Entonces, las personas reflexivas que contemplan la vida como un espectáculo se dan cuenta de lo absurdo de la conducta del ser humano y eso se traduce en el humor. El humor es un arma para defenderse de lo externo y una actitud vital que te permite vivir de una manera más alegre y más desenfada, te ayuda a desvincularte de los dolores, a quitarle hierro a las tragedias que nos suceden... aparte de ser una herramienta literaria que puede servir para atacar a lo atacable, a través de la sátira, para burlarse de esquemas fallidos, como en la parodia, hay muchas formas de humor y todas tienen un alto contenido literario y una gran efectividad social. Jardiel decía que el humor, efectivamente, es una cosa muy seria, que era un género de pleno derecho, que no había que despreciarlo y que tristemente muchas personas consideran que lo dramático es más importante. Pero él se remitía a los clásicos griegos donde lo dramático no existía, lo que existía era la tragedia real y la comedia totalmente separadas y totalmente desvinculadas una de otra.

¿Se va a reír el que se acerque a su libro?

Se va a reír por varias razones. Primero porque no es únicamente un acercamiento a Jardiel a través de todas sus obras, cosa que no se había hecho hasta el momento, sino que presenta toda una teoría de cómo él concebía la vida, como un esquema caótico donde sólamente el humor podía traer un poco de coherencia. Entonces, en su explicación, la manera de escribir de Jardiel era muy divertida, no solamente en sus textos teatrales sino también en sus ensayos y en sus prólogos y por ese lado el público, el lector, que lo lea va a divertirse. También tiene la obra una gran cantidad de citas textuales de las comedias de Jardiel para ilustrar los puntos teóricos que se mencionan, con lo cual la lectura está siempre amenizada con esa frase divertida, esa situación entretenida que se presenta. Hay abundancia de citas, muchas de obras desconocidas y creo que puede ser interesante para el lector o el espectador que sí haya conocido dos o tres obras de Jardiel Poncela pero que no haya tenido acceso a toda su producción.

La vida de Jardiel Poncela estuvo jalonada de éxitos y de fracasos, en el teatro y en la vida. ¿Le pasaba como a Mozart que cuando peor estaba hacía las obras más alegres y viceversa?

Yo no sé si decirlo así. Después de estudiar su vida y de haber escrito una biografía anterior que se publicó hace unos años creo que él no lo pasó tan mal, su vida no tuvo tantos problemas, salvo en la última parte [la de la enfermedad]. Él se divirtió muchísimo, él fue feliz, a él le gustaba escribir, a él le pagaban para que escribiera, con lo cuál le pagaban para que fuera feliz, para que se divirtiera. Tenía una gran capacidad de trabajo, escribía todos los días... y escribió obras en todos los estados de ánimo, tanto cuando estaba feliz como cuando no lo estaba. Sus fracasos fueron más en el terreno personal, fueron fracasos amorosos, porque él tuvo una vida muy ajetreada en lo romántico. Los últimos años de su vida, él padecía un cáncer de laringe que fue lo que acabó con él, sí fueron años más tristes. Incluso en esos años de enfermedad e incluso de pobreza, porque la llegó a sufrir, sí que es verdad que siguió escribiendo obras cómicas en el mismo estilo.

¿Era su forma de evadirse?

Era su forma de vivir. Además tampoco sabía hacer otra cosa porque él se había dedicado desde muy joven a la literatura, dominaba muy bien el arte de la escritura, tuvo éxito en el teatro, tuvo éxito en la novela. También es un gran poeta, una faceta poco conocida, un buen ensayista. Y vivía dedicado a la literatura: por la mañana escribía, por la tarde iba al teatro a dirigir la obra o a supervisar la obra que estuviese en ese momento preparándose y cuando tenía tiempo iba a ver comedias de otros autores. Es decir, vivía en la literatura todo el tiempo. Por la noche, en las tertulias, por supuesto, se hablaba de literatura. Era su manera de evadirse, por supuesto, de los dolores de la vida.

* Citas textuales extraídas de la reducción de la entrevista en SUITE101.net:

http://www.suite101.net/content/las-comedias-de-jardiel-poncela-analizadas-por-su-nieto-a54615