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La arquitectura de los indianos

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Quizá lo más destacado y conocido del arte en el concejo sea la obra de los indianos, muy relevante en el oriente de Asturias aunque de manera especial en Ribadedeva. Pero la historia ha dejado huellas artísticas desde que hay constancia de la presencia humana. Haciendo un recorrido por la historia y los pueblos del concejo nos encontramos con lo más representativo del arte en estas tierras.

LA ARQUITECTURA DE LOS INDIANOS

Los indianos

Desde que a mediados del siglo XIX se levantan en España las restricciones a la emigración, y hasta los años 50 del pasado siglo, son multitud los ribadedenses que optaron por buscar en América el futuro que no hallaban aquí, de forma que hoy prácticamente no hay vecino que no cuente con algún familiar al otro lado del Atlántico, en Cuba, México o la Argentina.

De aquella aventura, a «hacer las Américas» con más o menos fortuna, muchos no regresaron, estableciéndose definitivamwente en suelo americano. Otros volvieron igual de pobres que cuando se embarcaron –los de «la maleta al agua»– , y, por fin, sólo unos pocos retornaron con el capital suficiente como para poder hacer realidad el sueño que les acompañó a todos al momento de partir: volver rico y hacendado, luciendo una leontina de oro en el bolsillo del chaleco, conduciendo el coche más grande que «haiga» camino de la gran quinta que ha mandado levantar. Ése es el retrato del indiano.

Porque es cierto que hay mucho de ostentoso en el que ha vuelto con éxito, pero también de generosidad para con su pueblo, para que tengan aquí los vecinos las comodidades que les hagan más atractivo quedarse y no pasar las penurias de los primeros años en América. Así surgen escuelas, el Ayuntamiento, asilo de ancianos, la traída del agua, la electrificación, el cementerio, el ferrocarril, un balneario marítimo, caminos, fuentes, alumbrado..., una larga lista de equipamientos que transforman la vida del concejo hasta el punto de que a comienzos del siglo XX un pequeño pueblo como Colombres contaba con los mismos servicios públicos de una gran ciudad; incluso hubo un proyecto urbanístico que dibujaría un trazado ortogonal de sus calles nombrándolas con letras y números, al estilo americano.

La arquitectura indiana

La era de las construcciones levantadas por los que regresaron ricos de las Américas se inicia en el último cuarto del siglo XIX y se prolonga hasta los años treinta del siglo pasado. Antes y después se dan manifestaciones, pero son estas fechas las más representativas.

Sin nombres como los de Manuel Ibáñez Posada, conde de Ribadedeva, y su hermano Luis Ibáñez Posada, fundador del Banco Hispano Americano, de Íñigo Noriega Mendoza, Ulpiano Cuervo o Íñigo Noriega Laso, el hacendado español de mayor prestigio durante la primera década del siglo XX, según algunos historiadores de economía, amigo personal del presidente mexicano Porfirio Díaz, no se puede explicar correctamente lo que significó la transformación de un pequeño núcleo rural para convertirse en una pequeña ciudad. Su capital y prestigio atraen a los mejores arquitectos e ingenieros disponibles: a Casimiro Pérez de la Riva y Valentín R. Lavín Casalís, ambos arquitectos municipales de Santander; al arquitecto francés Eduard Brudard; al ingeniero Rafael Martín, de la Cía. General de Conducciones de Agua de Lieja; al ingeniero catalán R. A. de Velasco; al escultor Agustín Querol, junto a Benlliure, el mejor artista de la época. Se importan muebles de estilo de París y Londres, colecciones de pintura, hay pieles de tigre en el suelo, decoraciones arabescas..., lujo y ostentación no exentas de críticas al mal gusto.

Y es que el contraste entre la identidad regionalista asturiana, que algunos pensadores empiezan a desarrollar en el XIX, y este nuevo gusto arquitectónico era muy alto. Clarín, en «La Regenta», describe un edificio ecléctico como «alarde de piedra inoportuno, solidez afectada, lujo vocinglero. La ciudad del sueño de un indiano». Hoy esos «adefesios» que sorprendieron a sus contemporáneos, con una concepción artística diferente, nos pueden resultar interesantes por su ingenuidad o por cierto sentido de la originalidad y de la imaginación, como apunta la profesora M.ª Cruz Morales.

Son varios los estudios publicados acerca de este movimiento arquitectónico; gracias a ellos sabemos de los acaudalados indianos que costean estas grandes quintas y de los arquitectos que las proyectan, pero apenas sabemos de los hombres que las levantaron. Y no es una cuestión menor; en la mayoría de los casos el arquitecto proyectista marcaba unos trazos básicos que el contratista debía interpretar y resolver según su buen oficio, trabajando las más de las veces sin planos, con todo en la cabeza.

Dos son los nombres de los constructores de los que aún queda alguna memoria: D. Marcelino González Álvarez, que levanta la Quinta Guadalupe, y D. Manuel Posada Noriega, notable contratista y artista que trabaja por todo el oriente de Asturias y occidente de Cantabria.

Don Manuel es, sin duda, el más activo de su tiempo: comienza su carrera a los 20 años levantando para D. Manuel Ibáñez Posada la finca «Las Raucas», hacia 1888. Al parecer, la obra fue del agrado del conde y del resto de la clientela indiana, ya que en años sucesivos D. Manuel se hace cargo de casi toda la obra del benefactor local y de los palacetes más importantes. Suya es la Casa Roja, el Ayuntamiento y la plaza, el cementerio, la casona de Villanueva, y su propia casa del mismo estilo indiano, en la calle Lamadrid, entre otras muchas otras tanto en Ribadedeva como en los concejos vecinos. Era igualmente un destacado escultor. De su mano son parte de las más bellas obras de imaginería religiosa y funeraria de la zona; a la vez que ingeniero, pues a él y a su cuadrilla se deben muchas de las carreteras de la comarca. En fin, un personaje singular del propio pueblo de Colombres que merecería un mejor estudio.

Los estilos indianos

El fenómeno arquitectónico favorecido por los capitales retornados de América evoluciona en una sorprendente variedad de estilos y gustos que se van sucediendo y superponiendo. Se podría hablar de tres épocas no muy claramente diferenciadas en el tiempo, que ilustraremos con ejemplos referidos únicamente a Ribadedeva:

–Hasta finales del siglo XIX: durante este período, los indianos reconstruyen sus casas solariegas y levantan palacetes al gusto clasicista, o bien tipo inglés o francés. Se dan los primeros ejemplos de eclecticismo, no tan ampuloso como se verá más tarde. Ejemplos: casona de la familia Ibáñez Posada en el barrio El Redondo; finca Las Raucas, de D. Manuel Ibáñez Posada; Ayuntamiento y urbanización de la plaza (comienzo en torno a 1885).

–Hasta la segunda decena del siglo XX: desarrollo del eclecticismo, de la mezcla de influencias, desde las referencias regionales al gótico y otros estilos exóticos. El indiano importa el ejemplo de lo que ha visto y el empleo de nuevos materiales y técnicas se generaliza: hierro, hormigón, estucados, etc. A la vez se da un efecto rebote, por el cual la gente acomodada que no ha emigrado comienza a imitar el estilo. Ejemplos: Quinta Guadalupe, de Íñigo Noriega Laso; Casa Roja; Casa de los Leones, del médico Francisco Sánchez Noriega; Buenavista, en la calle Badalán; El Cantu, c/ Lamadrid; la Casona de Villanueva; casona en Noriega.

–Hasta los años treinta: surge el estilo regionalista, astur o montañés, muy influido por el arquitecto Rodríguez Bustelo, por parte asturiana, o por el cántabro Leonardo Rucabado; las construcciones se inspiran en casonas solariegas tradicionales o del palacio barroco rural con torre, estilizándolas. Aparecen las torres-mirador, los grandes aleros, las arquerías, los balcones sobre solanas. El estilo asturiano es más tradicional, correspondiendo mayor empaque al de gusto cántabro. Ejemplos: Casa de Piedra; La Solana, en la calle Badalán; Villa Delfina, en Bustio.

Con los años treinta y la llegada de la Guerra Civil, cesa la era de las grandes construcciones de los indianos. Las crisis económicas y avatares sociopolíticos acabaron con aquellas enormes fortunas, a la vez que se impone un gusto menos «expresivo», modernista y funcional

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