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Tasa de alfabetización y tasa
de fecundidad de las mujeres:

Cuanto más alto es el nivel de educación de una
mujer, más probable es que tenga una familia más
pequeña.
1Número de hijos que una mujer tendría
durante su etapa de procreación si diera a luz de conformidad
con la tasa estimada para los diferentes grupos de edades en el
período especificado.
Fuentes: Los datos sobre alfabetización
proceden de la serie Education for All: Status and Trends, UNESCO.
Los datos sobre fecundidad proceden de: World Population Prospects:
The 1998 Revision, División de Población de las
Naciones Unidas.
La buena salud reproductiva mejora la condición
de la mujer, condición que está poderosamente vinculada
al desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. Una
mujer que tiene educación y oportunidades de obtener ingresos
suele escoger una familia más pequeña. La planificación
de la familia y la vigencia de los derechos de la mujer, en especial
los derechos reproductivos, tienen un enorme potencial de progreso.
La igualdad y la equidad redundan en mejores vidas
para las mujeres y sus familias. Las mujeres que tienen mayores
medios de acción también están en mejores condiciones
de protegerse a sí mismas contra la violencia y la enfermedad,
promoviendo el uso de condones, negándose a entablar relaciones
sexuales no deseadas u obteniendo los servicios que necesitan. Cuando
su papel en la vida se define exclusivamente por su capacidad de
tener hijos, las mujeres tienen pocas opciones. Al disponer de menos
oportunidades económicas y tener una baja condición
social, queda limitada la capacidad de la mujer para adoptar decisiones
acerca de su propia vida, especialmente cuando tales decisiones
se refieren a contraer matrimonio y a determinar el número
de hijos que tendrá.
Debido o bien a las leyes, o bien a las costumbres,
en muchos países las mujeres siguen careciendo de los siguientes
derechos:
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Ser propietarias de tierras y heredar bienes;
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Tener acceso al crédito;
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Asistir a la escuela y permanecer en ella;
-
Obtener ingresos y progresar en su trabajo,
libres de discriminación en el empleo;
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Tener acceso a servicios que satisfagan sus
necesidades en materia de salud sexual y salud reproductiva.
La educación ofrece la mejor posibilidad
de una vida mejor; no obstante, dos tercios de los 875 millones
de analfabetos del mundo son mujeres. En más de 45 países,
de cada cuatro niñas, menos de una está matriculada
en la escuela secundaria .
La combinación de educación y acceso
a servicios de planificación de la familia redunda en familias
más pequeñas y saludables. El mayor nivel de educación
está firmemente asociado a una menor mortalidad de menores
de un año y a menores tasas de fecundidad. En países
más pobres, donde el acceso a los servicios de salud suele
ser limitado, a cada año adicional de estudios corresponde
una disminución de las defunciones infantiles de entre 5%
y 10%.
El apoyo, la cooperación y la participación
de los hombres puede reforzar el movimiento hacia un mundo más
equitativo: un mundo donde todos disfruten de mejor salud reproductiva.
El propósito es que la mujer participe en la adopción
de decisiones acerca del tamaño de la familia, influya sobre
las políticas y programas en todos los niveles de gobierno
y comparta la responsabilidad en lo tocante al uso de anticonceptivos.
Asimismo, los hombres deben desempeñar un papel activo en
cuanto a eliminar los malos tratos a sus hijas, esposas, madres
y hermanas, sumándose a los esfuerzos para erradicar la violencia
doméstica, la prostitución infantil y la violación.
Dado que son tantas las culturas en que predominan
las opiniones de los hombres, es imprescindible la cooperación
masculina en la adopción de decisiones sobre cuestiones reproductivas.
Los programas de planificación de la familia están
haciendo cada vez mayor hincapié en que los servicios sean
más atrayentes para los hombres, de diversas maneras: ofrecer
clínicas masculinas separadas, modificar las clínicas
existentes para que los hombres se sientan mejor recibidos, ofrecer
servicios en el lugar de trabajo, organizar la distribución
comunitaria de condones e información y promover una comercialización
social en que se presenten imágenes positivas de hombres
y mujeres.
Al incorporar a los hombres como aliados en la
lucha contra el SIDA es posible contribuir a cambiar el curso de
la epidemia. Las creencias y expectativas culturales acerca de "la
virilidad" pueden alentar comportamientos masculinos riesgosos
en cuestiones sexuales y en el consumo de drogas. Esto coloca a
los hombres - y a sus compañeras - en situación de
mayor riesgo. El uso de condones, así como la prevención
y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual,
pueden reducir la propagación del VIH/SIDA. Además,
al involucrar a los hombres y los adolescentes varones como aliados
que asumen responsabilidad por su comportamiento sexual y respetan
los derechos de mujeres y niñas se mejorarán todos
los aspectos de la salud sexual y reproductiva, inclusive la planificación
de la familia y el cuidado de los hijos.
La violencia contra la mujer se ejerce en muchas
formas: mutilación genital, violencia doméstica, violación
y prostitución forzada. Se reconoce cada vez más que
la violencia por motivos de género es un grave problema de
salud pública y constituye una conculcación de los
derechos humanos. La violencia es una manifestación de la
baja condición de la mujer en muchas sociedades.
El FNUAP promueve la habilitación de la
mujer para que ésta se exprese contra la violencia y la discriminación;
la vigencia de leyes y políticas de protección y castigo;
la prestación de asesoramiento psicológico a las víctimas
y la capacitación de la policía, los jueces y los
agentes de salud. El FNUAP apoya la participación directa
de los hombres y los adolescentes varones como aliados para el cambio,
a fin de que contribuyan a superar las normas de socialización
mediante las cuales se perpetúa el comportamiento violento.
La Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) establece en su párrafo
96: "Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a
tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida
su salud sexual y reproductiva, y a decidir libremente respecto
de esas cuestiones sin verse sujetas a la coerción, la discriminación
y la violencia".
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Al menos una mujer de cada tres ha sido apaleada,
u obligada a tener relaciones sexuales bajo coacción,
o maltratada de otra manera a lo largo de su vida. Con gran
frecuencia, quien perpetra esos ataques es un miembro de su
propia familia.
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La violencia contra niñas y mujeres
en todo el mundo causa en las mujeres del grupo de edades de
15 a 44 años más casos de defunción y discapacidad
que el cáncer, el paludismo, los accidentes de tránsito
y la guerra, según el Banco Mundial .
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Cada año, 2 millones de niñas
y mujeres corren riesgo de mutilación genital.
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La violencia y la discriminación contra
la mujer aumentan el riesgo que ésta corre de contagiarse.
En 2001, 1,8 millón de mujeres se contagiaron con el
VIH/SIDA . El temor a la violencia puede impedir que las mujeres
negocien el uso de condones con sus esposos y novios.
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La discriminación, en forma de preferencia
por el hijo varón, puede redundar en abandono activo
y pasivo de las hijas, e incluso en aborto en función
del sexo del feto, a punto tal que el número de personas
de sexo femenino en la población es inferior al que ocurriría
naturalmente.
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En todo el mundo, la discriminación
y la violencia contra la mujer aumentan el riesgo que ésta
corre de contagiarse con el VIH. En todo el mundo, hay 16,4
millones de mujeres de entre 15 y 49 años de edad que
viven con el VIH/SIDA. En África al sur del Sahara, el
número de mujeres infectadas es superior en 2 millones
al de hombres y la tasa de contagio entre las mujeres jóvenes
es el doble de la correspondiente a los varones de su misma
edad.
Cada año, dos millones de niñas
corren riesgo de mutilación genital. Según se estima,
hay en todo el mundo 130 millones de mujeres que han sido sometidas
a alguna forma de mutilación genital. El procedimiento, practicado
por lo general en niñas de corta edad o en adolescentes que
se aproximan a la edad de contraer matrimonio, suele realizarse
fuera del sistema de atención médica, sin anestesia
y utilizando instrumentos sépticos. La mutilación
genital femenina tiene graves consecuencias psicológicas
y de salud.
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Cada año, miles de niñas y mujeres pierden la
vida como resultado de la mutilación genital femenina,
pues ésta causa infecciones y hemorragias, así
como dificultades en el parto.
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En un 80% de todos los casos se practica la excisión
del clítoris y los labios menores; en un 15% se practica
una infibulación, la forma más extrema de mutilación.
Está cobrando impulso la acción
contra la nociva práctica tradicional de mutilar los órganos
genitales de las niñas y las mujeres. Los grupos comunitarios
y religiosos están cobrando conciencia, los gobiernos nacionales
están promulgando leyes y hay consenso internacional acerca
de la necesidad de eliminar la mutilación genital femenina.
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Una película sobre mutilación genital femenina
ganó el Premio Especial del FNUAP en el 17° Festival
Cinematográfico Panafricano celebrado en Uagadugú,
en febrero de 2001. La película, filmada por Adjaratou
Lompo, de Burkina Faso, analiza los efectos de la práctica
en una joven que logra cambiar las actitudes en su aldea.
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A fin de integrar mejor las cuestiones de género en
la programación del desarrollo, el FNUAP preparó
una metodología y en 2001 acogió un taller de
capacitación en Ammán, al que asistieron 35 instructores
y coordinadores procedentes de Argelia, Marruecos y el Territorio
Palestino Ocupado.
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En Marruecos, el Centro FAMA, una ONG nacional que ayuda a
las mujeres víctimas de violencia, recibió recursos
para proporcionar servicios de salud reproductiva, computadorizar
y analizar datos, crear conciencia y ofrecer asesoramiento jurídico.
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En 1993, la Asamblea General de las
Naciones Unidas resolvió que "la violencia
contra la mujer constituye una violación de los
derechos y libertades fundamentales de la mujer"
y exhortó a la comunidad internacional a que
se comprometiera a eliminar esa violencia.
(El Cairo, 1994) hizo suya en su Programa de Acción
la promoción de la igualdad de género,
la capacidad de la mujer para controlar su propia fecundidad
y la potenciación del papel de la mujer; y también
exhortó a eliminar la violencia contra la mujer,
inclusive la mutilación genital femenina .
En (Copenhague, 1995) se exhortó
a proporcionar a las mujeres iguales oportunidades de
educación y trabajo.
(Beijing, 1995) instó
a lograr el acceso universal a servicios de salud de
calidad hacia 2015; el acceso en condiciones de igualdad
a la tierra, el crédito y el empleo para las
mujeres; la vigencia efectiva de los derechos personales
y políticos de la mujer; y la educación
de las niñas y las jóvenes, como medida
fundamental para la potenciación del papel de
la mujer.
En 1997, reiteró que los derechos de la
mujer son derechos humanos fundamentales.
En octubre de 1999, la Asamblea General
de las Naciones Unidas aprobó , compuesto de 21 artículos,
en virtud del cual mujeres individuales o grupos de
mujeres pueden presentar denuncias acerca de la conculcación
de sus derechos. El Protocolo establece un procedimiento
de indagación para situaciones de conculcación
grave o sistemática de los derechos de la mujer
en los países que son partes en el mismo.
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