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Macroeconomía, Pobreza, Población y Desarrollo
Hay sólidas pruebas, basadas en la experiencia y la investigación
durante dos generaciones, de que existe un "efecto de población"
sobre el crecimiento económico. Desde 1970, los países en desarrollo
con menores tasas de fecundidad y de crecimiento de la población
han registrado más alta productividad, mayores tasas de ahorro y
más inversiones productivas: su crecimiento económico ha sido
más rápido.
Han contribuido a ese efecto las inversiones en salud (inclusive
en salud reproductiva), educación y reducción de la desigualdad de
género. Dichas inversiones atacan la pobreza directamente: amplían
los medios de acción de las personas, en especial de las mujeres;
posibilitan efectuar opciones.
Cuando disponen de opciones reales, los pobres de países en
desarrollo tienen familias más pequeñas que las de sus progenitores.
Esta disminución de la fecundidad en "microescala" se traduce, al
cabo de una generación, en potencial crecimiento económico a nivel
de "macroescala", en forma de un numeroso grupo de personas en
edad activa que mantienen a cantidades relativamente menores de
dependientes, ancianos y niños.
Esta oportunidad demográfica se abre sólo una vez. Varios
países del Asia oriental y algunos de otras regiones la han aprovechado.
El efecto de la declinación de la fecundidad en el Brasil ha
sido igual a un crecimiento económico anual del 0,7% del PIB per
cápita (1).
México y otros países de América Latina han registrado
efectos similares.
Los países que han hecho caso omiso de ese beneficio potencial
no han obtenido resultados tan buenos. No han hecho las necesarias
inversiones directas en los pobres. Carecen de una administración
pública eficaz y de la obligación social de rendir cuentas, que garantizan
que parte de los beneficios del crecimiento económico lleguen
directamente a los pobres y mitiguen la pobreza. La oportunidad
demográfica se cerrará al cabo de una generación, a medida que las
poblaciones vayan avanzando en edad, y con ese cierre se perderá
una oportunidad histórica.
Transcurrirá mucho tiempo antes de que se abra la oportunidad
demográfica para los países más pobres, pero lo que se haga ahora
al respecto salvaguardará el futuro; y también protegerá el
presente. El embarazo y el parto entrañan grandes riesgos para las
mujeres pobres. Los numerosos hijos, y los hijos no planificados,
imponen una pesada carga a esas mujeres. Las altas tasas de fecundidad
contribuyen directamente a la pobreza al reducir las
oportunidades de que dispone la mujer, diluir los gastos en la educación
y la salud de los niños, impedir el ahorro y aumentar la
vulnerabilidad y la inseguridad.
Además, los pobres sufren los efectos directos de sus grandes
cantidades: menores salarios para grandes grupos de trabajadores
no calificados, parcelas divididas entre mayor cantidad de herederos,
aulas demasiado hacinadas para lograr adelantos
educacionales. Las altas tasas de fecundidad significan que los
pobres tienen menor capacidad para aprovechar las oportunidades
de arrancarse a sí mismos de la pobreza.
La cuestión fundamental para líderes nacionales, legisladores,
expertos en políticas y encargados de formular decisiones es si efectuar
o no los necesarios cambios en las políticas y las prácticas
durante el próximo decenio; y si la comunidad internacional hará
o no los esfuerzos necesarios para ayudarlos a tener éxito. En caso
positivo, las mujeres y los hombres gozarán de mejor salud y estarán
mejor educados. Tendrán acceso, entre otras cosas, a una gama
completa de información y servicios de salud reproductiva. La oportunidad
demográfica se abrirá para la generación siguiente. La
pobreza masiva podría transformarse en un recuerdo histórico y
dejar de ser una amenaza para el futuro.La intuición nos indica que el
rápido crecimiento de la población en los países pobres acrecienta
la demanda de servicios, como los de atención de la salud y educación,
con mayor rapidez que la del aumento de la capacidad para
satisfacer esa demanda. Es igualmente obvio que es preciso que las
economías crezcan a fin de reducir la pobreza. La experiencia ha
profundizado y perfeccionado ambas percepciones y ha impartido
algunas enseñanzas acerca de cómo quebrar el círculo vicioso del
aumento de la demanda y los recursos sobrecargados.
Hay pruebas que ratifican la percepción de que familias numerosas
y poblaciones en acelerado aumento frenan el desarrollo.
En primer lugar, en el hogar los niños tienen diversas necesidades,
cada una de las cuales tiene un costo. Cuando hay gran
cantidad de hijos, éstos compiten por obtener los limitados recursos
de la familia: alimentos y ropa, salud y educación; y algunos hijos
quedan rezagados. En las comunidades rurales, las tierras de cultivo
son un recurso de magnitud fija. Al dividirlo con demasiada frecuencia,
se van empobreciendo las sucesivas generaciones. Cuando
no hay recursos para el desarrollo, también es preciso ir compartiendo
entre crecientes cantidades de personas los suministros de
combustible o de agua. En las comunidades urbanas, quienes carecen
de educación sólo pueden encontrar trabajo de bajo nivel y mal
remunerado y a veces no pueden encontrar ningún empleo. Los
países, en su mayoría, oficialmente ven con malos ojos el trabajo
infantil, aun cuando lo toleren en la práctica, pero dicho trabajo es
social y políticamente cada vez más inaceptable desde la perspectiva
de los derechos humanos.
En segundo lugar, a escala nacional, las cantidades de rápido
aumento de trabajadores relativamente mal calificados reducen los
niveles de los salarios y de los ahorros. El gasto en atención de la
salud, educación y otros servicios para grandes cantidades de niños
hace mermar aún más los ahorros. Dado que el crecimiento económico
dimana de las inversiones, y que los recursos para efectuar
inversiones proceden de los ahorros, un rápido crecimiento de la
población es un freno, y no un en estímulo, para dicho crecmiento (2).
Las posibilidades de desarrollo mejoran en gran medida cuando
se dispone de recursos externos para efectuar inversiones en salud y
educación, apoyar las innovaciones y encontrar maneras de que las
personas vayan ahorrando. Los países también necesitan generar y
reorientar recursos nacionales hacia la salud y la educación.
COMPRENDER LA RELACIÓN TLos efectos del crecimiento de la
población sobre el desarrollo económico se han debatido en esos términos
durante varios decenios. A posteriori, podemos percatarnos
de que muchas posiciones se basaban en preguntas mal encuadradas
y en respuestas inadecuadas
Gran parte de la investigación se orientó a determinar si el
crecimiento de la población restringía o promovía el crecimiento
económico, o si no tenía efectos generales sobre éste. En otro debate
se planteaba si el crecimiento económico era una condición previa
o una consecuencia del más lento crecimiento demográfico.
En ambos casos, los argumentos se ceñían al crecimiento agregativo
de la población y de la economía, pero las oportunidades de
desarrollo económico y de mitigación de la pobreza no dependen
sólo de esos factores agregativos. Los datos recogidos después de más
de 40 años de cambios económicos y demográficos proporcionan
nuevas percepciones sobre la manera en que se conforman las
perspectivas de desarrollo (3).
En 1986, un estudio sobre las relaciones entre población y
desarrollo efectuado por National Research Council (Consejo Nacional
de Investigaciones) de los Estados Unidos llegó a la conclusión de
que, pese a sus importantes efectos en el plano de los hogares, el
crecimiento de la población no tenía efectos sobre el crecimiento
económico general (4).
Con esto parecería que se hubiera zanjado la antigua polémica.
Pero el mencionado estudio no contó con todas las pruebas. Utilizó
datos de los decenios de 1960 y 1970, cuando muchos países estaban
en etapas relativamente tempranas de la "transición demográfica"
desde altas hacia bajas tasas de natalidad y mortalidad, y cuando la
planificación centralizada impedía que algunos países aprovecharan
al máximo los factores cada vez más favorables de la dinámica de
población. Además, este estudio también se basó en análisis del
crecimiento agregativo, en lo tocante tanto a la población como al
desarrollo económico.
MEJORES DATOS, MEJORES HIPÓTESIS INICIALES En el
decenio de 1990, los círculos científicos comenzaron a considerar
nuevamente esta cuestión. A la sazón era posible utilizar datos
correspondientes a períodos más largos, durante los cuales la transición
demográfica había progresado en muchos países. Esta vez, la
conclusión fue diferente y, lo que es más importante, los investigadores
reconocieron que la transición demográfica se reflejaba en
cambios de las estructuras de edades de las poblaciones - a medida
que aumentaba la esperanza de vida y disminuía la fecundidad - y
no sólo en la disminución de las tasas de crecimiento demográfico
agregativas.
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HIPÓTESIS DEMOGRÁFICAS FUTURAS |
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La situación demográfica mundial y
las implicaciones para el futuro ofrecen un
panorama cada vez más diversificado. En
las regiones en desarrollo, la fecundidad se
ha reducido a la mitad (desde 6 hasta 2,9
hijos por mujer), en comparación con 1960.
La prevalencia del uso de anticonceptivos
ha aumentado desde el 10% hasta el 62%
de las mujeres y la esperanza de vida se ha
acrecentado desde 48 hasta 64 años. En
los países menos adelantados, la fecundidad
ha disminuido sólo hasta 5,2 hijos por
mujer, en comparación con 6,6, y la esperanza
de vida aumentó hasta sólo algo más
de 50 años, desde unos 39 años.
Las proyecciones no son pronósticos:
dependen de las hipótesis iniciales acerca
de la fecundidad, la mortalidad y la migración;
y esas hipótesis se ajustan al cambiar
las circunstancias.
Las proyecciones de la División de Población
de las Naciones Unidas han sido notablemente
acertadas, incluso a lo largo de
períodos relativamente prolongados. Según
esas proyecciones, la población mundial
aumentaría hasta 9.300 millones de personas
hacia 2050. Refutando las sugerencias
de una "escasez de nacimientos" en todo el
mundo, las regiones menos adelantadas
habrán agregado hacia 2050 3.200 millones
de personas (pues pasarán de 4.900
millones a 8.100 millones): cantidades
iguales a las que se agregaron entre 1950
(cuando había solamente 1.700 millones
de personas) y 2000.
En 2001 y 2002, la División de Población
propició varios debates de expertos sobre
cambios en la fecundidad y la mortalidad y
los futuros demográficos que estos cambios
entrañan. Se plantearon dos hipótesis
diferentes: la primera, para países donde la
fecundidad ya es baja y la segunda para
países donde persisten las altas tasas de
fecundidad. Los expertos indicaron que las
proyecciones anteriores de declinación de
las altas tasas de fecundidad tal vez hayan
sido excesivamente optimistas.
En una tercera consulta se consideraron
los países con fecundidad intermedia
(entre 2 y 5 hijos por mujer) y se llegó a la
conclusión de que esos países podrían
estabilizarse a un nivel ligeramente inferior
al de reemplazo, de 2,1 hijos por mujer. Los
expertos también reconocieron que la
fecundidad suele disminuir muy gradualmente.
Propusieron evaluar y actualizar
periódicamente las perspectivas de cada
país.
En las consultas se destacó que la futura
declinación en la fecundidad depende de
prevenir la fecundidad no deseada y efectuar
continuas inversiones a fin de
fortalecer los servicios de planificación de
la familia y salud reproductiva. Fuentes
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APROVECHAMIENTO DE LA OPORTUNIDAD La transición desde
altas hacia bajas tasas de mortalidad y de fecundidad puede crear
un "dividendo demográfico" para los países. La mortalidad declina
en primer término y le sigue la fecundidad. Lo que ocurre a medida
que las tasas de fecundidad van declinando es que va aumentando
la población en edad activa en comparación con los dependientes de
menor y mayor edad. Esto crea por única vez una oportunidad de
crecimiento que puede plasmarse si países han efectuado las inversiones
apropiadas, no sólo en los servicios de planificación de la
familia, sino también en los de salud y educación en general,
prestando especial atención a las necesidades de las niñas y las
mujeres y a las oportunidades de empleo para la nueva y mejor
calificada fuerza laboral. Esos ajustes son posibles cuando el sistema
de administración pública se adapta y responde a las necesidades.
Esa combinación se dio en los "tigres asiáticos" de los decenios
de 1980 y 1990: mientras la proporción de sus poblaciones en edad
activa (15 a 60 años de edad (5)) comenzó a aumentar recién a mediados
del decenio de 1970, el ritmo del cambio fue extremadamente
rápido hasta comienzos del decenio de 1990. Esos países efectuaron
ajustes de las inversiones en salud y educación para apoyar el proceso
de desarrollo desde un principio y también crear un marco
para mercados más abiertos y mayor participación social (6).
El crecimiento
relativo de las poblaciones en edad activa continuará en
esos países durante otro decenio, aun cuando no tan rápidamente
como en el pasado.
Esta es una oportunidad que se da por única vez, una oportunidad
demográfica que se abre a medida que van disminuyendo las
cantidades de hijos de más corta edad debido a las menores tasas de
fecundidad, y se cierra cuando comienza a crecer rápidamente la
proporción de personas de más edad.
PATRONES REGIONALES Muchos países están ingresando en el
período de transición. El Asia meridional llegará al máximo en su
proporción de personas en edad activa en comparación con personas
dependientes entre 2015 y 2025 (aun cuando con considerables
variaciones entre los países). En América Latina y el Caribe, el
aumento relativo de las poblaciones en edad activa comenzó al
menos cinco años antes que en el Asia oriental, pero el cambio
proporcional ha sido menos pronunciado, lo que refleja las amplias
disparidades dentro de cada uno de los países y en la región.
Los grupos en mejor posición económica han llevado a término
la transición demográfica hacia menores tasas de fecundidad y
mortalidad, pero los grupos más pobres siguen rezagados. La máxima
proporción de personas en edad activa se alcanzará en el período
de 2020 a 2030, pero con menor rapidez y a un nivel más bajo que
en el Asia oriental.Los países del África septentrional, el Asia occidental y el
Asia central están en diversas etapas de la transición demográfica(7).
Algunos se aproximarán a su oportunidad demográfica dentro de
20 años, mientras que para otros esta oportunidad distará más de
una generación en el futuro. Esos países tienen la posibilidad de
establecer dentro de una generación los marcos para la aceleración
del cambio social y el crecimiento económico.
La oportunidad demográfica en Oceanía es más estrecha. La
tasa de fecundidad nunca fue tan alta como la del Asia oriental,
ni disminuyó tan velozmente. No obstante, son aplicables en parte
las mismas consideraciones.
En África al sur del Sahara, la mediana de edades de la población
de toda la región es sólo de 17,6 años, es decir, la mitad de la
población es más joven. Al mismo tiempo, la proporción de personas
activas, entre 15 y 60 años de edad (50,9%) es inferior a la registrada
en 1950 (52,5%). La pobreza impone graves desventajas: severas
limitaciones en los recursos, subdesarrollo de la infraestructura de
salud, inestabilidad social, alto monto de la deuda, débil administración
pública y proliferación de la pandemia del VIH/SIDA. No
obstante, va en aumento el número de países que están comenzando
su transición demográfica. La persistencia del progreso dependerá
de la disponibilidad de servicios de salud reproductiva, incluidos
los de planificación de la familia.
De los 46 países del África al sur del Sahara, sólo en seis la
mediana de edades llega a 20 años (en las regiones más desarrolladas,
la mediana de edades es actualmente de unos 36 años). Hacia 2050,
la mediana de edades en la región llegará a 26,4 años, inferior a la
existente hace 100 años en las regiones más desarrolladas. La población
en edad activa aumentará hasta 62,2% hacia 2050. Según las
proyecciones, sólo en 11 países la proporción de personas en edad
activa llegará a su máximo antes de 2050 (y de esos 11 países, en
ocho, entre 2040 y 2050).
PERSPECTIVAS FUTURAS Incluso después del horizonte a 15
años de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las tendencias de
población afectarán las posibilidades de un ataque sostenido contra
la pobreza. El impulso demográfico y los altos niveles de fecundidad
no deseada amenazan los adelantos económicos ya logrados. La desigualdad
de género reinante por doquier podría frustrar el logro de
la meta del acceso universal a los servicios de salud reproductiva.
La pandemia de VIH/SIDA menoscaba más las posibilidades
de que muchos de los países más pobres puedan consolidar sus
adelantos y abrir la "oportunidad demográfica". El aumento de la
proporción de personas en edad activa, en comparación con las
poblaciones de dependientes más jóvenes, queda malogrado por el
rápido aumento en el número de defunciones de adultos. Esa
enfermedad causa efectos devastadores en el presente y escamotea
el futuro.
GASTAR EL DIVIDENDO La "oportunidad demográfica" se da
por única vez y durante un tiempo limitado. Los países industrializados,
en su mayoría, ya han establecido una pauta de aumento
gradual de la esperanza de vida y persistencia de tasas de fecundidad
inferiores a las de reemplazo. En esos países, la posibilidad inminente
de disminución de la población y rápido aumento en los
grupos de mayor edad ya está estimulando un intenso debate que
no se limita a las cuestiones demográficas, sino que abarca las
relaciones de raza, las políticas de bienestar social y las relaciones
conyugales en las familias que tienen doble ingreso (8).
Algunos observadores sugieren que parte de la solución reside
en la inmigración, cosa que inmediatamente despierta reacciones
emocionales acerca de la identidad nacional y las tensiones sociales
entre grupos "étnicamente diferentes". Otros plantean interrogantes
acerca de la financiación de las pensiones en la ancianidad y la
atención de la salud de las personas de edad muy avanzada, pero
suelen subestimar la diversidad de los posibles ajustes y reformas
o el tiempo disponible para introducirlos (9).
Los cambios en las proporciones de ancianos tal vez tengan
menos efectos económicos que las fluctuaciones en los grupos más
jóvenes (10).
No puede suponerse que los ancianos (excepto los "ancianos
de edad muy avanzada") son dependientes y representan una
carga sobre la economía. La continuación de la actividad económica
entre los ancianos, los ahorros personales, el apoyo de la familia y
los programas públicos pueden combinarse para establecer nuevos
mercados y cambiar la demanda de bienes y servicios. También pueden
suplementar los ajustes en los sistemas de pensiones y de salud.
En síntesis, el efecto sobre el crecimiento económico puede
ser positivo(11).
Pero tanto los países en desarrollo como los países
industrializados necesitan comprender cómo operan los cambios
demográficos a largo plazo; deben basar sus políticas en expectativas
racionales y no en respuestas emocionales.

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