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promoción de comportamientos
más saludables
Las información y la educación sobre salud sexual y reproductiva
tienen importancia crítica para el desarrollo y el bienestar de
los adolescentes. Es imprescindible promover cambios en los
comportamientos para reducir la cantidad de embarazos en
la adolescencia y frenar la pandemia del VIH/SIDA.
En la CIPD, los países convinieron en que “… deberían facilitarse
a los adolescentes información y servicios que les ayudarán a
comprender su sexualidad y a protegerse contra los embarazos no
deseados, las enfermedades de transmisión sexual y el riesgo subsiguiente
de infecundidad. Ello debería combinarse con la educación
de los hombres jóvenes para que respeten la libre determinación de
las mujeres y compartan con ellas la responsabilidad en lo tocante
a la sexualidad y la procreación”(1).
Los programas que proporcionan información sobre la sexualidad
también dedican cada vez mayor atención a proporcionar a los
adolescentes los conocimientos prácticos que necesitan para efectuar
la transición hacia la adultez; y satisfacer sus necesidades
de salud cuando sean adultos. Aumentar los conocimientos de los
jóvenes es más fácil que ayudarlos a adquirir nuevas aptitudes. La
programación también consume más tiempo y es más costosa, dado
que los propios maestros y líderes de la juventud deben ellos mismos
adquirir en primer término las aptitudes, y aprender cómo impartirlas
eficazmente. Pero si se aspira a que los jóvenes comuniquen
sus necesidades, acudan en procura de la atención que necesitan y
efectúen razonables opciones, estas inversiones revisten importancia
crítica.
Si bien todos los jóvenes necesitan información y aptitudes para
abstenerse o mantenerse libres de las consecuencias de relaciones
sexuales sin protección y disfrutar de estilos de vida saludables y
positivos, es necesario que los programas presten especial atención
a los que son más vulnerables y están en situación de mayor riesgo.
COMUNICACIÓN PARA EL CAMBIO EN LOS COMPORTAMIENTOS
Los diversos enfoques encaminados a mejorar los conocimientos, las
aptitudes y las actitudes suelen denominarse ahora “comunicación
para el cambio de los comportamientos” (BCC). Los temas al respecto
abarcan: biología de la reproducción, desarrollo humano, relaciones
y sentimientos, sexualidad, comunicación y negociación, cuestiones
de género, prácticas sexuales de menor riesgo (inclusive abstinencia,
aplazamiento de la primera relación sexual y limitación del número
de parejas), y métodos de protección contra el embarazo y las infecciones
de transmisión sexual, inclusive el VIH.
Los métodos para transmitir la información abarcan la educación
escolar y extraescolar, las representaciones dramáticas y comunicaciones
populares, los medios de difusión de masas (inclusive televisión,
radio, periódicos y otros medios impresos y cada vez más, los medios
electrónicos), líneas telefónicas de emergencia, comunicaciones
interpersonales y asesoramiento interpersonal. Utilizando varios
de esos formatos, un único programa puede llegar a diferentes
segmentos de la población de jóvenes y reforzar los mensajes.
Las comunicaciones para el cambio de los comportamientos
pueden generar demanda de servicios de salud reproductiva, velar
por que las comunidades acepten esos servicios, apoyar a los jóvenes
que los utilizan, dar a conocer la ubicación de los servicios y lo que
ofrecen, y asegurar a los jóvenes que son bienvenidos. Esas actividades
deben ser sensibles a las diferentes necesidades de diversas poblaciones
de jóvenes, particularmente a las diferencias entre los
jóvenes varones y las jóvenes mujeres en cuanto a conocimientos,
aptitudes, poder y grado de acceso.
En Zambia, la prevalencia del VIH entre los adolescentes de 15 a
19 años de edad disminuyó desde el 28% en 1993 hasta el 15% en 1998.
Este cambio se atribuye a que los jóvenes tienen menos cantidad de
parejas sexuales y utilizan condones con más frecuencia, en respuesta
a diversas actividades de promoción del cambio en los comportamientos.
Apoyar a los jóvenes para que se abstengan de las
relaciones sexuales y asegurar que quienes optan por entablarlas
también tengan acceso al suministro de condones, son dos factores
de importancia crítica para el éxito.
En el Brasil, ha aumentado el porcentaje de adolescentes que
manifiestan que están utilizando condones. En 1994, sólo un 4% de
ellos dijeron que habían utilizado un condón en su primera relación
sexual. En 1999, casi la mitad de ellos (48%) afirmaron que utilizaban
condones regularmente. El aumento se ha atribuido a una mayor
conciencia sobre las infecciones de transmisión sexual y el VIH/SIDA,
y acerca de las dificultades que conllevan los embarazos no
deseados(2).
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CAMBIO EN LOS COMPORTAMIENTOS
Y REDUCCIÓN DEL VIH EN
UGANDA |
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En Uganda, los jóvenes han desempeñado
un apreciable papel en la reducción de la
prevalencia del VIH, desde su valor máximo de
alrededor del 15% de los adultos en 1991, hasta el
5% en 2001. El aumento en la edad en que los
jóvenes comienzan a tener actividad sexual, las
reducciones en el número de parejas sin futuro y
de las parejas casuales y las relaciones con trabajadoras
comerciales del sexo y el mayor uso de
condones, son todos factores conducentes a
dicha disminución.
A partir de 1986, el elemento fundamental de
la respuesta de Uganda fue el decidido apoyo político del Presidente Museveni y una respuesta
multisectorial en la que han participado más de
700 organismos gubernamentales y ONG en
la lucha contra el VIH/SIDA. Las acciones comunitarias
promovieron el cambio en los
comportamientos y la ampliación de los medios
de acción de las mujeres y las niñas, impartieron
educación a los jóvenes dentro y fuera de las
escuelas y contrarrestaron la discriminación contra
las personas que viven con el VIH.
Las comunicaciones comunitarias y cara a
cara fueron la clave de la difusión de los mensajes
para el cambio de los comportamientos. En 1990
se inauguró en Uganda el primer centro que ofreció
servicios voluntarios de asesoramiento y detección, con apoyo ulterior mediante clubes,
abiertos a todos los que habían sido objeto de
detección, independientemente de los resultados.
Los jóvenes ugandeses han cambiado marcadamente
su comportamiento sexual. En un
distrito escolar, en 1994 más del 60% de los
estudiantes de 13 a 16 años de edad manifestaron
que ya habían tenido relaciones sexuales. En
2001, esa proporción fue inferior al 5%.
Uganda, que tiene considerable experiencia
con programas educacionales sobre salud sexual
y reproductiva, espera llegar a 10 millones de
estudiantes con un nuevo programa de estudio
sobre el VIH/SIDA.Fuentes
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Los adolescentes manifiestan que lo que saben, o creen que saben,
sobre la sexualidad y la salud reproductiva, proviene de diversas
fuentes. En muchos lugares, una gran proporción de los jóvenes
al parecer utilizan mayormente las fuentes menos fidedignas: sus
compañeros de la misma edad, o lo que ven por televisión y otros
medios de entretenimiento. Los jóvenes recurren a diferentes
fuentes para obtener diversos tipos de información; por ejemplo,
los medios de difusión de noticias pueden ser importantes fuentes
de información acerca del VIH/SIDA.
En la mayoría de los casos, los padres y madres no son las fuentes
primordiales de información, aun cuando las muchachas tal vez
reciban de sus madres información sobre la menstruación y los
riesgos del embarazo(3). Los jóvenes varones recurren más a maestros,
a profesionales de la salud o a sus amigos.
Abundan los conceptos erróneos que pueden conducir a comportamientos
riesgosos. Algunos ejemplos de conceptos erróneos: “Una
muchacha no puede quedar embarazada la primera vez que tiene
relaciones sexuales”; “el VIH es muy pequeño y atraviesa los poros
del condón”; “con sólo mirar a una persona se sabe si tiene
VIH/SIDA”(4).
En los estudios sobre conocimientos, actitudes y prácticas de los
jóvenes se comprueba una combinación de ansiedad e ignorancia;
por una parte, tienen excesiva confianza en que saben todo lo que
hay que saber y, por otra parte, se lamentan de saber muy poco. Al
salir de la pubertad y entrar en el ancho mundo, los jóvenes suelen
estar muy preocupados acerca del embarazo accidental, el VIH/SIDA
y otras amenazas a su salud, pero tienen suma dificultad en plantear
esos temas tan delicados. Muchas veces, las jóvenes temen que formular
preguntas las tipifique como promiscuas. Los jóvenes varones
pueden pensar que el embarazo es “asunto de mujeres”. Los jóvenes
de uno y otro sexo tienden a subestimar los riesgos de las infecciones
de transmisión sexual y el VIH/SIDA, en cuanto a sí mismos y a sus
parejas(5). Los jóvenes se esfuerzan por no aparecer más interesados
en cuestiones sexuales que lo que realmente están.
Con frecuencia, los adultos se muestran renuentes a hablar con
los adolescentes sobre cuestiones de salud sexual y reproductiva, a
veces porque se sienten turbados al hablar de “cuestiones privadas”,
y a veces porque piensan que al hablar se alentará la promiscuidad,
o al menos la experimentación en cuestiones sexuales. Los padres,
madres, educadores y profesionales de la salud tal vez carezcan de
información fidedigna o capacitación para transmitir esa información
a los jóvenes. Una porción relativamente pequeña de la
información que tienen los jóvenes con respecto a la salud sexual y
reproductiva viene de esas fuentes(6), aun cuando un estudio realizado
en Alemania comprobó que un 69% de las adolescentes afirmaron
que su información había sido proporcionada por sus madres. Los
padres y madres son una fuente más importante de información
para adolescentes de menor edad(7).
Actualmente, los jóvenes tienden a absorber de manera aleatoria
conocimientos provenientes de la familia, los amigos, otros jóvenes,
la escuela, la televisión, las películas y la Internet. El resultado es:
una ignorancia generalizada, información parcial, mitos y creencias
erróneas. La mejor solución, especialmente cuando se trata de
adolescentes de más edad, es impartir educación sexual en la escuela.
Los programas varían mucho en cuanto a su calidad, pero los estudios
han demostrado repetidamente que una información de buena
calidad comunicada en el momento correcto y a la edad apropiada,
alienta el comportamiento responsable y tiende a aplazar el comienzo
de las relaciones sexuales(8). Las características importantes son: que
la información esté disponible y sea fidedigna y apropiada para la
edad del adolescente y su nivel de desarrollo. Los jóvenes quieren
y aprecian esa información y se conducirán sobre la base de ella(9).
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