Nacional 24/04/2016 - 12:00 a.m. domingo 24 de abril de 2016

De William Cromwell, sociedades anónimas y paraísos fiscales

El abogado que impulsó la separación de Panamá de Colombia pudo haber sido la mente creativa detrás de las leyes de sociedades anónimas

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Mónica Guardia
periodistas@laestrella.com.pa

Del abogado estadounidense William Nelson Cromwell se ha dicho que, en asociación con Philip Bunau Varilla, fue el cerebro de la separación de Panamá de Colombia, con la única idea de posibilitar la construcción de un canal interoceánico a través del territorio panameño y asegurar millones de dólares para los accionistas de la Nueva Compañía del Canal Francés.

Poco se conoce, sin embargo, que este genial y maquiavélico letrado pudo haber concebido e impulsado la idea de convertir a Panamá en un ‘paraíso fiscal'.

Algunos investigadores han sugerido que Cromwell tstuvo detrás de la creación de leyes como la del abanderamiento de naves (1924), la ley de fideicomisos (1925) y la Ley 32 de 1927 de sociedades anónimas, presentadas por el joven diputado Harmodio Arias en la Asamblea Nacional.

La motivación del entonces septuagenario abogado estadounidense sería la de facilitar a sus clientes, algunos de los grandes ‘robber barons ' del siglo XIX la consolidación de sus fortunas.

LOS ORÍGENES DE CROMWELL

William Nelson Cromwell (nacido en Brooklin, en 1854, en una familia de clase trabajadora) empezó su carrera como contador en una firma de abogados de Nueva York.

Allí su inteligencia superior fue descubierta por Algernon Sydney Sullivan, quien le pagó sus estudios de leyes en la Universidad de Columbia y posteriormente lo hizo su socio en la firma Sullivan & Cromwell, que tanta influencia tendría en la nueva República de Panamá.

Gracias a los contactos de Sullivan, Cromwell llegaría a convertirse en un poderoso abogado corporativo, capaz de mover hilos de intriga para convencer al Congreso estadounidense y al presidente Teodoro Roosevelt de preferir la ruta del canal por Panamá sobre la de Nicaragua, respaldada por el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos por considerar a esta última más barata .

La motivación de Cromwell, según varios autores, no era otra que ayudar a los accionistas de la Nueva Compañía del Canal Francés a embolsarse millones de dólares por la venta de los derechos de construcción del canal en territorio panameño.

Pero allí no termina la relación de Cromwell con la nueva nación. Durante los años siguientes y hasta bien entrado el siglo XX, su firma administraría los fondos recibidos por Panamá de los Estados Unidos por la concesión de los derechos de construcción del Canal (‘los Millones para la Posteridad').

La firma de Cromwell también sería asesora de Panamá en los temas concernientes al Canal.

Varios investigadores, entre ellos el economista y autor James S. Henry, sostienen que la oficina de Sullivan & Cromwell en Panamá tenía como uno de sus abogados a Harmodio Arias.

Aunque no se han presentado pruebas de esta relación contractual, en los archivos digitales de la Biblioteca Nacional reposan varias cartas intercambiadas por Arias y Cromwell sobre variados asuntos que respaldan la idea de una cercana relación.

LA PERSONERÍA JURÍDICA

De acuerdo con el historiador Jason Weixelbaum (autor de Sullivan & Cromwell and its influence on late Nineteenth-century American business ), a la firma Sullivan & Cromwell no se le ha dado la atención que se merece como ‘fuerza fundamental en las políticas públicas y las prácticas de negocio en el Estados Unidos de finales del siglo XIX'.

De acuerdo con este autor, la revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX, con sus grandes fábricas, ferrocarriles y conglomerados, no hubiera podido darse si no hubiera tenido lugar, de forma paralela, una ‘revolución legal'.

Esta ‘revolución' consistió básicamente en el desarrollo y transformación del concepto de ‘personería jurídica', existente desde el siglo XVII en algunos países europeos.

Una de las primeras leyes avanzadas de personería jurídica se dio en Nueva York en el año 1811. Esta permitía, a través del registro público, incorporar sociedades para operar negocios de manufactura.

Las sociedades de este tipo eran un ente legal separado de los inversionistas y protegían a estos en caso de que la inversión fracasara. Asimismo, tenían derechos muy similares a los de cualquier persona real: podían ser propietarios de tierra, de fábricas, donar a campañas políticas y demandar y ser demandadas en la corte.

A través del siglo XIX, más y más estados de la unión americana fueron permitiendo la incorporación de estas sociedades en sus registros.

La ‘responsabilidad limitada' que permitía la figura legal animaba a los inversionistas a poner su dinero en nuevas empresas pues aunque estas no prosperaran, sus patrimonios personales no se verían afectados por las deudas de las sociedades en las que invirtieran.

‘Librada de las cadenas del miedo, la inversión fue uno de los motores del gran salto que dio el capitalismo a partir de mediados de siglo XIX y de su gigantesca expansión en términos de inversión extranjera (ferrocarriles, etc.)' (Marcelo Justo, BBC).

Así fue como surgieron las grandes fortunas de los llamados grandes barones del siglo XIX, la ‘Era Dorada' ( Gilded Age ) o de los Robber Barons , que reflejan la increíble consolidación de riquezas de empresarios estadounidenses.

En esta primera etapa del ‘capitalismo salvaje', las prácticas monopolísticas de los ricos y poderosos fueron respaldadas por personas como Cromwell que les proporcionaron las herramientas legales para hacerlo.

Personas como John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, William H. Vanderbilt, Jay Gould, y John Pierpont Morgan pudieron intercambiar acciones de sus compañías, dominar el mercado y poner límites de entrada a otros inversionistas gracias a Cromwell, quien inventó la figura del ‘Trust'.

Según Weixelbaum, fue Cromwell quien concebió esta figura legal que permitía a una corporación ser propietaria de acciones y bonos de otras corporaciones.

Fue el mismo Cromwell (Weisenbau), quien redactó la ley de Nueva Jersey (aprobada en 1890) que incluyó esta provisión, bajo la promesa de que traería nuevas inversiones y posibilidades de impuesto para el estado.

De esta forma, Nueva Jersey se convirtió en el epicentro de las fusiones y adquisiciones, que transformaron a las corporaciones estadounidenses (Lipartito and Sicilia, Constructing Corporate America).

El trust o compañía tenedoras también permitía oscurecer las acciones del público y de la competencia, y creaban una protección contra las deudas, o los problemas legales de las subsidiarias en casos de demandas.

También permitía a la tenedora poseer corporaciones en áreas lejanas geográficamente.

Estados como el de Delaware copiaron la legislación de Nueva Jersey, añadiéndole otras ventajas. Hasta el día de hoy, la legislación de Delaware subsiste como uno de los mayores centros de incorporación de sociedades del mundo.

PANAMÁ

En Panamá, la primera de las leyes que sentarían las bases del centro financiero internacional fue la ley de Abanderamiento de Naves, impulsada en 1925, que rápidamente atrajo la atención de los navieros internacionales.

Una de las razones que más impulsaba al uso del registro panameño era la vigencia de la ley seca en Estados Unidos.

Curioso resulta que en 1927, cuando un barco de bandera panameña fue encontrado llevando a bordo licor, por entonces en la época de la ley seca, Estados Unidos desarrolló la doctrina de que se consideraría que la propiedad del barco y la carga, y no el registro de la nave, determinaría la nacionalidad de los barcos. Curiosamente, la presentación de la ley de Sociedades Anónimas propuesta por Harmodio Arias no llamó la atención de ninguno de los periódicos de la época. La ley tampoco da una exposición de motivos, ni hay señales de cómo se discutió, quienes participaron en su aprobación. Se ha sugerido que fue modelada en base a la ley de Delaware, aunque algunos lo niegan. Lo que no hay duda es que la ley puso de manifiesto la genialidad del entonces diputado y posteriormente presidente de la República Harmodio Arias, de lo que da fe el hecho de que no haya tenido que ser modificada hasta el presente. Sin duda, como en el siglo XIX, la ley de sociedades anónimas significó para Panamá posibilidad de negocios, creación de riquezas y todo tipo de abusos.

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