USAL
Página inicialContáctenosÍndice InstitucionalBúsqueda en USAL

Psicología y Psicopedagogía
Publicación virtual de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la USAL
Psicología y Psicopedagogía | Otras publicaciones

¿Préstamos inconfesables? Acerca de Freud y Schopenauer (1)

Ignacio Barreira (2)

 

En cuanto a la doctrina de la represión, es seguro que la concebí yo independientemente; no sé de ninguna influencia que me haya aproximado a ella, y durante mucho tiempo tuve a esta idea por original, hasta que Otto Rank nos exhibió aquel pasaje de El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer, donde el filósofo se esfuerza por explicar la locura".
S. Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

Schopenhauer dio una sacudida, anticipándose a Freud en medio siglo (3) , a la filosofía de la conciencia que había predominado en el pensamiento occidental. En Schopenhauer aparece por vez primera una filosofía explícita del inconsciente y del cuerpo.
R. Safranski, Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

 

En febrero de 1914 Freud ensaya una primera historia oficial sobre el psicoanálisis en el escrito Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (4). Escribir una historia es un modo de instituir hechos, situaciones, acontecimientos dentro del orden de lo realizado, establecer una lógica de lo que sucedió alguna vez; a priori esta es la intención y el objeto del historiar. Pero hay veces en que los mismos episodios son bien discutibles; sea porque éstos no son más que simples mitos sin asidero en la realidad, sea porque el recuerdo es la resultante de una experiencia siempre compleja conformada por una serie de vectores que -tanto por su cantidad como por su variedad-, hacen que esta tarea llegue a volverse muy dificultosa a la hora de hacer efectivo el rastreo -de dichos vectores-, o prácticamente imposible en caso de intentar mensurar el grado de intervención de cada uno de ellos. También sucede que "blanquear" puede resultar no más que una manifestación de recuerdos distorsionados que, por su misma infidelidad para con los acontecimientos, nos dejan como producto una mirada injustificada y peculiar sobre el asunto en cuestión.

Lo antedicho tiene su fundamento en la empresa a la que me he avocado. La tarea de esclarecer qué hilos se tejen entre las figuras de Arthur Schopenhauer y Sigmund Freud demanda una labor de índole histórica -entre otras cuestiones-, por la oscuridad en torno a las referencias de Freud hacia el filósofo y la estrecha afinidad existente en las temáticas e inquietudes desarrolladas por uno y a otro. Puntualmente, este trabajo es el producto de una revisión de los documentos freudianos en la que he rastreado por la concreta influencia que pudo haber tenido Freud de Arthur Schopenhauer. Cuando me refiero a "influencia", estoy hablando concretamente de las lecturas que Freud tuvo de la obra de Schopenhauer y de las sugerencias qué este tuvo directamente de sus discípulos (tal es el caso de Otto Rank y el de Lou-Andreas Salomé). Dado que los postulados fundamentales de ambos pensadores son similares y convergentes en sus tópicos fundamentales, el texto que sigue a continuación es el producto de mi intento por esclarecer mirada ese vínculo opaco.

Se ha dicho, por la similitud en los temas que preocuparon a ambos pensadores que el desarrollo de sendas obras coinciden al punto de ser prácticamente idénticos. Esta afirmación no es gratuita dado el lugar que determinados temas ocupan en los esquemas conceptuales de ambos: la sexualidad; la voluntad y el deseo; el conocimiento y la conciencia como superestructuras sostenidas por la voluntad o por el inconsciente; la relación entre conocimiento y voluntad; la conciencia y el inconsciente, etc. Sin embargo, hasta 1914 -momento en que Freud ensaya sobre la historia del psicoanálisis-, tenemos vagas referencias de Freud hacia Schopenhauer, mientras que el parentesco de sus conceptualizaciones con las del filósofo es ya evidente en escritos anteriores. Entonces la pregunta por la relación entre la obra de uno -Schopenhauer-, y el impacto de ésta sobre la del otro -Freud- sigue siendo una incógnita apenas develada.

Si bien el objeto del siguiente escrito es revisar esta relación intelectual, las herramientas de trabajo será el escaso material con que contamos; acaso algunas citas de Schopenhauer en los escritos freudianos, menciones de Freud sobre el filósofo en sus cartas; las anotaciones y comentarios que James Strachey ha hecho en la Standard edition de la obra de Freud (5) y algunos testimonios de sus biógrafos. Aquel es el blanco al cual apunto mis flechas, y ese es el material con el que éste arquero cuenta.

 

El patrimonio del patriarca

Lo que ahí se dice acerca de la renuencia a aceptar un fragmento penoso de la realidad coincide acabadamente con el contenido de mi concepto de represión, tanto, que otra vez puedo dar gracias a mi falta de erudición libresca, que me posibilitó hacer un descubrimiento.
S. Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

Como dijimos, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico es la primera historia oficial del psicoanálisis. La historización que hace el maestro de Viena tiene varios objetivos, el primero de ellos consiste en manifestar con orgullo que el psicoanálisis es un movimiento consolidado: existen sedes psicoanalíticas en Suiza y Alemania, los discípulos de Freud se expanden encontrándolos en Inglaterra y Hungría, y la International Psychoanalysis Association cumple su sexto año de vida. Agregado a este, Contribución es un texto que tiene también por objetivo legitimar el dominio conceptual psicoanalítico. Vemos cómo a lo largo de todo el texto Freud configura su patrimonio intelectual disipando posibles confusiones sobre los alcances de la teoría psicoanalítica. Es explícito cómo el escrito va dirigido en puntualmente hacia C. G. Jung (6) y A. Adler.

Pero hagamos foco en este párrafo (7), en el que Freud habla concentradamente de muchas cosas: su relación con los filósofos, también con la filosofía , su actitud frente a desarrollos previos a los suyos, cómo toma la noticia de que su ciencia psicoanalítica no es un descubrimiento del todo original y cómo se concibe a sí mismo frente a estos sucesos. Muchos tópicos para pocas palabras, lo que sucede cuando se habla poco de algo que implica mucho; cuando se habla, se dice.

No cabe duda que el auténtico genio freudiano forjó un pensamiento original. El psicoanálisis es una producción propia, y párrafos como este nos muestran hasta qué punto Freud defendía la autoría de sus ideas. Sin embargo, advertimos en estas declaraciones cierto ofuscamiento. ¿Qué obstáculo podríamos hallar en leer a los filósofos? Estas lecturas, como tantas otras, podrían nutrir sus ideas. ¿Acaso las lecturas filosóficas no pueden ser una valiosa cantera de material para el psicoanálisis?, ¿fuentes de las que Freud pudiese tomar piezas a piacere para construir su edificio conceptual? ¿Por qué no tomar de la filosofía materia prima para los fundamentos de su ciencia psicoanalítica? Sigmund Freud, un hombre genial y humano. En este punto encontramos un dejo de orgullo: "puedo dar gracias a mi falta de erudición libresca, que me posibilitó hacer un descubrimiento".

Descubrir lo descubierto, ¿es un descubrimiento? Y si lo fuera, ¿qué ha sido descubierto? Estamos buceando en un territorio muy particular: ¿Cómo concebía Freud a su psicoanálisis? ¿Qué tipo de engendro era esa ciencia psicoanalítica?

Freud no había escrito un nuevo pensamiento, Freud había elaborado el primer método psicoterapéutico a partir de un descubrimiento: existe un inconsciente y éste es una legalidad. Esta legalidad se manifiesta por medio de grietas lógicas, ciertas rupturas discursivas que el hombre no termina de entender cómo son propias. El hombre se extraña frente a sí mismo, no entiende "eso" propio, se encuentra en sueños con un "extranjero interno". Y este modo de ver al ser consciente como excéntrico es la fuerte apuesta antropológica de un Freud médico. Hay quienes piensan que Freud no fundamentaba su psicoanálisis desde una "epistemología schopenhaueriana" dado que este procedimiento equivaldría a firmar un certificado de defunción al psicoanálisis. Siguiendo tal línea de pensamiento, en efecto creo que hubiera sido un suicidio frente al ámbito científico. Sin embargo, Schopenhauer nunca tuvo para Freud una importancia tan grande. Si bien el filósofo alemán fue recurrentemente citado en distintos momentos de la producción psicoanalítica, nunca fue un autor en el que Freud se hubiese sustentado. Freud citó a Schopenhauer para marcar ciertas similitudes con su pensamiento, pero jamás para fundamentar su psicoanálisis. ¿Por qué? Uno de los motivos es que no conocía suficientemente su obra (9). Más adelante trabajaré específicamente las citas de Schopenhauer, pero cabe adelantar que hasta 1919 -como lo dice en una carta a Lou Salomé-, Freud no se ha dedicado a leer atentamente a Schopenhauer. Las citas que encontramos con anterioridad respecto de esa fecha son de los Parerga und Paralipomena o se trata del apartado De la locura que le mostrase su discípulo Otto Rank.

Pero la cuestión no consiste en que Freud no fundamentó su psicoanálisis en una "epistemología" schopenhaueriana por no tener un conocimiento suficiente; sino, y principalmente, porque no lo necesitaba. Es claro que hacerlo hubiera sido en efecto y literalmente un quemo. Un método psicoterapéutico no podía jactarse de tomar como principios ciertas ideas filosóficas teñidas de Nathurphilosophie. Sin embargo, y a pesar de todo esto, la razón fundamental era el camino que Freud había hecho: el camino de la clínica médica.

Cuando la psiquiatría se volvió insuficiente, Freud necesitó elaborar una explicación a los interrogantes que le dejaba su práctica médica y a partir de allí es donde el psicoanálisis empieza. Pero no sólo esto, sino que este nuevo método psicoterapéutico debía tener ciertas bases que estuvieran en consonancia con el zeitgeist, un método científico positivo. Por eso encontramos en el primer psicoanálisis, un constante esfuerzo por parte de Freud para adecuar las explicaciones psicoanalíticas a cierto modelo mecanicista que explicase transparente y positivamente el acaecer de lo inconciente. Aunque de todos modos este esfuerzo hubiera fracasado -por ejemplo: el deseo como motor del psiquismo no era una tesis positivista-, Freud no podía darse el lujo de salirse de los cánones científicos.

En síntesis, juegan un papel preponderante al menos tres cuestiones por las que Freud no adoptó ni al schopenheuerismo ni a cualquier otra base filosófica para la fundamentación del psicoanálisis: 1. El paradigma positivista como predominante en la ciencia de aquel finisecular siglo XIX. 2. La intención de Freud por hacer del psicoanálisis un método científico. 3. Un conocimiento insuficiente de la filosofía de Schopenhauer. Estas hipótesis configuran la investigación que sigue a continuación.

 

Una cuestión de prioridad

Por ello debía estar dispuesto -y lo estoy de buena gana- a resignar cualquier pretensión de prioridad en aquellos frecuentes casos en que la laboriosa investigación psicoanalítica no puede más que corroborar las intelecciones obtenidas por los filósofos intuitivamente.
S. Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

Los mozos que atendían al filósofo Schopenhauer en su café 'tenían noticia' de él en cierto sentido, en una época en que él era desconocido en otro aspecto y fuera de Francfort, pero no en el sentido que hoy asociamos con el 'tener noticia' de Schopenhauer.
S. Freud, A propósito de un caso de neurosis obsesiva.

Si la cuestión en juego es la originalidad de la teoría psicoanalítica, nos preguntamos, ¿renuncia Freud a "cualquier pretensión de prioridad"?. El primer epígrafe -de los dos de arriba-, sigue la lógica de todo el párrafo de Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Frente al conocimiento de material filosófico anticipatorio del psicoanálisis, encontramos un Freud ambivalente que oscila entre un reconocimiento a regañadientes y una originalidad urgida por demostrar su condición. Este párrafo concentra la pasión pendular de Freud. Descomponiendo dicho texto, ubicamos:

1. "…la laboriosa investigación psicoanalítica" que "no puede más que corroborar intelecciones de filósofos". Si la frase terminase allí el reconocimiento de Freud a sus antecesores sería un simple reconocimiento y nada más que eso.

2. La frase concluye con un epíteto que problematiza tal afirmación: intuitivamente. Intuitivamente adjetiva la tarea filosófica de modo tal que le permite a Freud jerarquizar su investigación, tanto sobre lo escrito como sobre lo pensado con anterioridad. Intuitivamente hace que las elucubraciones freudianas queden del lado de lo reflexivo, y es allí donde el psicoanalista ubica la novedad de su teoría.

Sin embargo, no podemos decir que las reflexiones sobre la sexualidad y el deseo -voluntad-, el conocimiento y el inconsciente, hubiesen sido cuestiones enunciadas intuitivamente por Schopenhauer. Freud estaba al tanto de que estas cuestiones, eran temas trabajados por la filosofía. Conocía la -por aquel entonces tan difundida- obra de Eduard von Hartmann, La filosofía del inconsciente, y en algún punto es por esto, por tener un conocimiento intuitivo de esto, que no lee a Nietzsche, como nos los dice en Contribución:

En una época posterior, me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta motivación conciente: no quise que representación-expectativa de ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las impresiones psicoanalíticas (Freud, 1914, p. 15).

¿Por qué debería existir algún estorbo? Es claro que si Freud decide no leer es porque el estorbo existe previamente a que se de cualquier tipo de acto de conocimiento. Pero, ¿de qué estorbo se trata? Aquí retomamos la línea argumental expuesta en el párrafo anterior: el peligro que corre el psicoanálisis de ser entendido como una extensión de la filosofía romántica. Peligro que elimina la originalidad psicoanalítica como un avance de la medicina. Peligro que enceguece lo que Freud propone como prioritario: una nueva teoría psicoterapéutica.

Volviendo sobre el tema puntual de la supuesta ignorancia freudiana de Schopenhauer hay varios puntos que deben ser debidamente señalados. Si tomamos las citas de Schopenhauer hechas por Freud en 1920 para Más allá del principio del placer; en 1921 para Psicología de las masas y Análisis del yo; y en 1900 para La interpretación de los sueños; advertimos todas éstas en su conjunto fueron sacadas del mismo libro: una edición de 1851 de Parerga und Paralipomena. Si bien las referencias de La interpretación de los sueños pertenecen a Ensayo sobre visión de fantasmas y su relación con los espectros (10); tanto la cita de Más allá..., como la de Psicología de las masas..., son de ensayos incluidos en los mismos Parerga (me refiero a Sobre la aparente intencionalidad en cuestiones singulares y Símiles, parábolas y fábulas respectivamente). De hecho, las páginas citadas permiten pensar que pertenecen todas a una misma edición ya que podrían respetar una secuencia: En La interpretación de los sueños, págs. 246 y 249; en Más allá..., pág. 236; y en Psicología de las masas..., pág. 31. Este argumento pasa a ser irrelevante si vemos que la bibliografía de cada una de estas citas remite al mismo libro: Schopenhauer (1851). Parerga und Paralipomena, Leipzig. (2 ed., Berlin, 1862). En Sämtliche Werke (ed. Por Hübscher), Leipzig, 1938 (11). Estos datos no responden a nuestros interrogantes, sin embargo abren el juego a las siguientes reflexiones.

Es curioso que Freud hubiera utilizado en 1900 un libro de filosofía con el que fundamenta distintas cuestiones del sueño; y que luego, en 1914, nos cuente que le fueron presentadas novedosas y al mismo tiempo antiguas ideas de Schopenhauer -autor que ya había citado-; que evitó la lectura de Nietzsche -todo esto expresado de un modo particularmente ambivalente-; y que en 1920 y 1921 vuelva a utilizar el mismo libro para citar nuevamente a Schopenhauer, aunque esta vez, se trate un Schopenhauer del cual tiene noticia. Es posible que en 1900 (12), Freud hubiera sido asesorado o quizá alguien le hubiese indicado páginas de los Parerga, regalándole un ejemplar; o que él mismo lo hubiese comprado por indicación de algún entendido. Lo curioso es cómo después de haber leído a Schopenhauer, Freud no hubiese comentado demasiado -por no decir que prácticamente nada-, mientras las ideas del filósofo son tan afines a las suyas. Mucho más, que 14 años después nos comente que su concepto de represión fue una concepción desarrollada por él con total "independencia" de otros factores sin que hubiese alguna "influencia" que él debiera a nadie, y que se contemplase con orgullo su "falta de erudición libresca", lo que le permitió el genial invento de la Verdrängung.

Pero esto no es todo. En 1909, Freud escribe el primer historial sobre neurosis obsesiva, A propósito de un caso de neurosis obsesiva. Encontramos en el punto F (El ocasionamiento de una enfermedad), una nota la pié de página -la nota 33, nota que no es agregada posteriormente sino que es del texto original-, en la que encontramos lo siguiente:

Es preciso admitir entonces que para la neurosis obsesiva existen dos clases de saber y de tener noticia, y con igual derecho se puede afirmar que el neurótico obsesivo 'tiene noticia' de sus traumas como que 'no tiene noticia de ellos'. En efecto, tiene noticia de ellos en la medida en que no se los ha olvidado, pero no tiene noticia de ellos puesto que no discierne su significado. Por otra parte, a menudo no ocurre otra cosa en la vida normal. Los mozos que atendían al filósofo Schopenhauer en su café 'tenían noticia' de él en cierto sentido, en una época en que él era desconocido en otro aspecto y fuera de Francfort, pero no en el sentido que hoy asociamos con el 'tener noticia' de Schopenhauer (13)(Freud, 1909, pp. 154-5).

He aquí lo que considero como paradigmático en la relación que Freud tenía con su objeto interno llamado "el filósofo Schopenhauer". Es conocido que Arthur Schopenhauer era un gran neurótico, se sabe de sus hábitos estrafalarios a la hora de comer, por su actitud soberbia en debates públicos, hasta lo advertimos en su modo de escribir y salta a la vista de manera evidente si consideramos su estilo de vida; sus rasgos personales eran los propios de un neurótico obsesivo. Sin embargo, más allá de los hábitos estrafalarios del filósofo, la pregunta que me hacía al leer este material es la siguiente, ¿hasta qué punto no se puede leer este párrafo como material analítico? ¿Está Freud hablando de la neurosis obsesiva, de Schopenhauer o es acaso este un punto de intersección de vectores en donde hallamos al sujeto Freud? ¿Se podría decir que en este punto Freud es hablado?

No sería descabellado considerar así este párrafo, curiosamente ubicado como nota al pie, secundariamente incluido en el texto. Destaco este fenómeno dado que es éste el estilo que Freud tenía para psicoanalizar, es esta una lectura absolutamente freudiana de la cuestión; estoy tentado de creer que incluso Freud mismo leería éste párrafo como nosotros. Aquí vemos actuando claramente -expresado por él-, el mecanismo que opera sobre las "noticias" que Freud tiene de Schopenhauer. Podemos decir que en éste momento de su vida, a Freud le sucede lo mismo que a los mozos, de y sobre Schopenhauer: "Los mozos que atendían al filósofo Schopenhauer en su café 'tenían noticia' de él en cierto sentido, en una época en que él era desconocido en otro aspecto y fuera de Francfort"; léase: Freud tenía noticias de Schopenhauer en el sentido de saber que el filósofo alemán existía, claro esta, fuera de su obra psicoanalítica (fuera de Frankfurt). "Pero no en el sentido que hoy asociamos con el 'tener noticia' de Schopenhauer"; o sea, como Freud acaba de tener noticias de Schopenhauer por intermedio de Otto Rank; cuestión que desemboca en la historización que hace posteriormente en Contribución... cinco años más tarde. Pero quizá sea, el de 1909, un reconocimiento en todo su rigor porque lo hace Freud desde su mismo inconsciente, literalmente desde el inconsciente freudiano. En la investigación que Assoun hace sobre Schopenhauer y Freud, el francés nos cuenta que la fecha en que Rank le comunica a Freud de la existencia de las ideas de Schopenhauer es 1909. Lógicamente que el párrafo de El hombre de las ratas, fue escrito después de haber tenido noticia Freud del párrafo De la locura leído por Rank (14).

Lejos de refutar lo antedicho, estas cuestiones no hacen más que tonificar las hipótesis que venimos barajando. Que un reconocimiento por parte de Freud sea confuso, es, paradójicamente, claro; y ésta nota al pie de página no ha hecho más que verificarlo. Por otro lado, es curioso que Freud cite a Schopenhauer siempre desde los Parerga... y nunca desde El mundo..., cuando el párrafo que Rank le mostró -De la locura-, cuya data suponemos de 1909, pertenece a la segunda obra. Incluso J. Strachey comenta en su apéndice de Las resistencias contra el psicoanálisis -, apéndice especialmente preparado por Strachey para blanquear la importancia que en su momento tuvo el pensamiento de Schopenhauer en la obra de Freud, la estrecha relación existente entre las ideas freudianas y las schopenhauerianas. Freud nunca citó El mundo como voluntad y representación (1818) como fuente mientras Strachey transcribe el párrafo (15) que creé que más ha impactado al maestro de Viena; cuestión que -siguiendo a Freud- parece más una suposición que un hecho. Este es otro indicio del conflicto entre los núcleos freudianos "tener noticia de Schopenhauer" y "no tener noticia de Schopenhauer".

 

De originalidades

No obstante, otros han leído ese pasaje (16) y lo pasaron por alto sin hacer ese descubrimiento, y quizá lo propio me hubiera ocurrido si en años mozos hallara más gusto en la lectura de autores filosóficos.
S. Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

Me he escogido ahora a manera de retiro el tema de la muerte, he tropezado con una curiosa idea a partir de las pulsiones, y necesito leer toda clase de cosas relacionadas con su materia, entre otras, por primera vez a Schopenhauer. Pero no me gusta leer.
S. Freud, Correspondencia con Lou-Andreas Salomé.

De algún modo, Freud es un autor que omite datos a la hora de hacer justicia con las fuentes. Por ejemplo, 'pulsión de muerte' es un concepto que en su origen fue esbozado por Sabina Spielreim, pero este conocimiento lo adquirimos de biógrafos y comentadores (17), no son datos aportados por Freud.

Hallamos citado a Schopenhauer en el apartado VI de Más allá del principio del placer (1920) -texto en el que Freud presenta la dualidad 'pulsión de vida / pulsión de muerte'. Sin embargo, no aparece en dicho alguna otra mención de ideas schopenhauerianas de la sexualidad, la voluntad o la muerte que tanto vienen al caso y se adecuan a la propuesta freudiana (18). Excepto por la alusión a los Parerga y Paralipómena no hallamos más nada (19). La referencia a Schopenhauer está en un lugar del texto que es adecuado las ideas que Freud desarrolla; pero, mientras se lee el párrafo, la cita de Schopenhauer pasa inadvertida como si se tratara de un mero dato anecdótico.

Llama mucho la atención este hecho, sobre todo si tenemos en cuenta la carta que Freud escribe a Lou-Andreas Salomé el 1 de agosto de 1919 -momento en que el manuscrito de Más allá del principio del placer se halla en plena elaboración. En la mencionada carta, Freud le comenta a su amiga 'estoy leyendo a Schopenhauer por primera vez'; insisto en resaltar que es clave que coincidan en dicho momento que Freud se halle gestando Más allá del principio del placer y al mismo tiempo esté leyendo El mundo como voluntad y representación:

Me he escogido ahora a manera de retiro el tema de la muerte, he tropezado con una curiosa idea a partir de las pulsiones, y necesito leer toda clase de cosas relacionadas con su materia, entre otras, por primera vez a Schopenhauer. Pero no me gusta leer (20).

No sabemos bien qué es lo que Freud quiere decir con esto, pero vamos por partes. Lo lee por primera vez pero, ¿cómo es esta lectura?: ¿quizá sea una lectura profunda?, ¿lo dice para impresionar a Lou?, ¿cómo interpretar el sentido que Freud daba a esta comunicación?; porque es claro que no es la primera vez que Freud lee a Schopenhauer. No tenemos más datos que estos sobre el asunto. En la misma carta, Freud comenta a Lou el trágico suicidio de Victor Tausk (21), sin embargo éste último párrafo de la carta -me refiero a la mención de la lectura de Schopenhauer-, aparece sin alusión a alguna otra cuestión. Es importante destacar la ausencia de precisiones al respecto de la primera vez de Freud dado que la cita se presta a equívocos.

Podríamos interpretar que Freud lee a Schopenhauer con el interés propio de quien quiere entender la obra de alguien, ya que las experiencias de Freud sobre Schopenhauer no pasan de citas hechas al pasar. Si seguimos esa línea de análisis, entonces Freud podría decir, 'es la primera vez que leo a Schopenhauer seriamente', o algo por el estilo. El hecho de que Freud no adjetive la manera en que está haciendo su primera lectura de Schopenhauer es lo que define que ésta es la primera vez que lo lee y nada más que eso. Pero de ningún modo podemos acordar con Freud que 1919 haya sido la fecha de su primera lectura de Schopenhauer. Ni siquiera podemos decir que fue la primera vez que leyó El mundo como voluntad y representación ya que el párrafo sobre la locura lo conocía por indicación de Otto Rank.

Por otro lado, ¿qué quiere decir 'no me gusta leer'? Sin lugar a duda, debemos entender esta "confesión" en directa relación a la ambivalencia que venimos encontrando a lo largo de las otras menciones a Schopenhauer y los filósofos. Se trata de una cuestión displacentera, cuestión que está en el foco de las elucubraciones de Freud sobre Más allá del pricipio del placer, en el que se nos presenta el principio de nirvana, opuesto al principio placer-displacer. Nirvana es un término que Schopenhauer utiliza bastante remitiéndose a los Upanishads; sin duda que esta palabra india -que indica en Freud el principio psíquico de la descarga cero del aparato psíquico-, es una noción que seguramente ha rescatado de la sugerente primera lectura de Schopenhauer. 'No me gusta leer', puede tener que ver nuevamente con un sentimiento desagradable por parte de Freud por anoticiarse de que la filosofía schopenhaueriana se le había anticipado en, exactamente, 100 años (22).

Pero veamos, precisemos cuestiones que nos aclaren la posición del nirvana en Freud. Que Freud haya tomado el término nirvana no quiere decir que él hubiera tomado el concepto, la categoría de 'nirvana'. Ya en 1895 -25 años antes de Más allá del principio del placer-, encontramos el principio de nirvana bajo la nomenclatura principio de inercia. En el Proyecto de psicología para neurólogos (1895), Freud dice:

Es el principio de inercia neuronal; enuncia que las neuronas procuran aliviarse de la cantidad [...] el principio de inercia explica en primer lugar la bi-escisión arquitectónica [de las neuronas] en motoras y sensibles, como un dispositivo para cancelar la recepción Q? de mediante libramiento. (Freud, Tomo I, pág. 340).

El sistema de neuronas está forzado a resignar la originaria tendencia a la inercia, es decir al nivel cero. (Freud, Tomo I, pág. 341).

Queda claro que la concepción del más allá del principio del placer estaba tematizada desde los comienzos del psicoanálisis. Sin embargo, la connotación que el término nirvana le da a dicho principio, es netamente schopenhaueriana. Inercia es un término que nos remite a la biología, nirvana nos remite a la sabiduría milenaria india; o de no ser así, al menos nos remite directamente a la obra de Schopenhauer.

Volviendo a Más allá del principio del placer, me pregunto, ¿por qué no se explaya allí Freud en las ideas schopenhauerianas? ¿Por qué no sigue desarrollando el tema de la muerte a expensas de Schopenhauer? Es llamativo que en 1932, en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, mientras Freud expone su teoría de la pulsión de muerte, a continuación diga: "Acaso digan ustedes, encogiéndose de hombros: 'Esto no es ciencia de la naturaleza, es filosofía schopenhaueriana'. Pero, ¿por qué señoras y señores, un pensador audaz no podría haber colegido lo que luego una laboriosa y sobria investigación de detalle confirmaría? Además, todo ya se dijo alguna vez, y muchos dijeron cosas semejantes antes de Schopenhauer" (23). Una lúcida mención en la que Freud pone las cosas en su lugar. Tal vez Freud hubiera superado en 1932 aquellos momentos de amenaza a su originalidad vivida años antes.

 

¿Una cuestión de Orgullo?

En una época posterior, me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta motivación conciente: no quise que representación-expectativa de ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las impresiones psicoanalíticas.
S. Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

¿Por qué leer a Nietzsche podría convertirse en un obstáculo?. En este sentido Lacan reivindica al psicoanálisis como una disciplina que está abierta al diálogo con la filosofía y que se nutre de la misma ganando vuelo teórico. De hecho, y casi irónicamente, al joven Lacan lo motiva el estudio del alemán -idioma que utilizará en sus seminarios y escritos para citar a Freud respetando su versión original-, justamente su inquietud por leer a Nietzsche.

En relación a los préstamos inconfesables, creo haber aportado suficientes datos y refelexiones al respecto de la ambivalente relación de Freud respecto de la filosofía y los filósofos. Un ejemplo más para ilustrar esta hipótesis, lo ubicamos en el apartado VI de Psicología de las masas y análisis del yo (1921). Encontramos allí una referencia a Schopenhauer en una nota al pié de página en la que hace una alusión al filósofo sobre la metáfora de los puercoespines (24), cita tomada de los mencionados Parerga. Como en Más allá del principio del placer, también aquí la referencia queda como un mero dato anecdótico. No es difícil encontrar cuestiones similares a lo largo de la obra freudiana.

Qué decir del desarrollo groddeckiano de "ello" que ni siquiera es mencionado en El yo y el ello (1923), noción la de Das Es que a su vez hallamos sugerida en Nietzsche. ¿Mención, crédito a Georg Groddeck o Friedrich Nietzsche? Sólo la encontramos por parte de J. Strachey en la nota introductoria (25). Y este trabajo se remite únicamente a la relación intelectual con Schopenhauer, y en este ejemplo puntual a Nietzsche (26). No hemos trabajado sobre otras relaciones intelectuales de Freud, por lo que no es pertinente hacer una inducción a partir del presente trabajo. Generalizar este material implicaría llevar una serie de actitudes de Freud a un nivel impertinente y totalmente desubicado.

 

Heridas, resistencias y narcisismos

Que la vida pulsional de la sexualidad en nosotros no puede domeñarse plenamente, y que los procesos anímicos son en sí inconscientes (...) equivalen a aseverar que el yo no es el amo en su propia casa. Ambos reunidos, representan la tercera afrenta al amor propio, que yo llamaría psicológica.
S.Freud, Una dificultad del psicoanálisis.

Los 'años salvajes de la filosofía' (...) ignoraron a un filósofo que, con gran anticipación había pensado conjunta y radicalmente las tres grandes humillaciones de la megalomanía humana.
R. Safranski, Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

A partir de Freud, se popularizó lo que se denominan las "tres heridas narcisitas de la humanidad". En Una dificultad del psicoanálisis (1917 [1916]), Freud nos cuenta en este ensayo que existen razones afectivas (27) más que intelectuales en la resistencia de su ciencia psicoanalítica, "algo por lo cual el psicoanálisis se enajena los sentimientos del receptor disuadiéndolo de prestarle interés o creencia" (1917, p. 129). En dicho escrito Freud hace una exposición escueta de los deberes que se propone la teoría y las herramientas con que cuenta. Es cuando concluye el apretado comentario cuando dice: "Tras esta introducción, quisiera señalar que el narcisimo universal, el amor propio de la humanidad, ha recibido hasta hoy tres graves afrentas de la investigación científica" (1917, p. 131). Las afrentas son: la cosmológica, la biológica y la psicológica (1917, pp. 131-135).

La afrenta cosmológica consiste en aceptar que la tierra no es el centro del universo, afrenta que le valió una buena cantidad de años en la cárcel a Galileo (28); emblemático responsable del insight universal. La afrenta biológica consiste en que "el hombre no es nada diverso del animal, no es mejor que él; ha surgido del reino animal y es pariente próximo de algunas especies, más lejano de otras" (1917, p. 132), quién encarna paradigmáticamente esta afrenta no es otro que Charles Darwin. "Sin duda que la más sentida fue la tercera afrenta, la psicológica" (1917, p. 133), obviamente no es otra que ésta implica el descubrimiento del inconsciente, la herida que ha sido hecha por el discurso psicoanalítico, discurso que sostiene "que el yo no es el amo en su propia casa" (1917, p. 135).

No estoy de acuerdo en que la tercera afrenta haya sido la más sentida. Considero que fue mucho más problemática la primera estocada, en segundo lugar la freudiana y por último la biológica; esta clasificación es totalmente personal. Según mi criterio, esto puede ser bien ponderado según los años de resistencia que tuvo cada afrenta histórica. Es claro que las reprimendas que hubo contra los "herejes" que tuviesen la alevosía de pretender que la tierra no fuese el centro del universo, eran perseguidos y condenados por la iglesia. Si comparamos a Galileo con Freud, convengamos que el segundo no tiene tanto de qué quejarse.

Acotando el asunto y evitando que el tema termine por convertirse en un ranking, es importante destacar que lo que aquí está en juego, no es otra cosa que el narcisimo de Freud. El maestro sangra por la herida de quienes lo afrentaron en su momento, condenado transitoriamente a la soledad que lo hizo sufrir. Encontramos un hombre lastimado y orgulloso por ser el humano "más hiriente y brillante de todos los tiempos".

Sin embargo, Freud reconoce los antecedentes de su psicoanálisis. En lo que parecería ser el punto más alto de un climax narcisístico, el psicoanalista cita a Schopenhauer:

Acaso entre los hombres sean los menos quienes tienen en claro cuán importantísimo paso, para la ciencia y para la vida, significaría el supuesto de unos procesos anímicos inconcientes. Apresurémonos a agregar, empero, que no fue el psicoanálisis el primero en darlo. Cabe citar como predecesores a renombrados filósofos, sobre todo al gran pensador Schopenhauer, cuya 'voluntad' inconsciente es equiparable a la 'vida pulsional' del psicoanálisis. Es el mismo pensador, por lo demás, que con palabras de inolvidable acento ha recordado a los hombres la significación siempre subestimada de su pujar sexual. El psicoanálisis sólo ha tenido prioridad en esto: no se limitó a afirmar en abstracto esas dos tesis tan penosas para el narcisismo (la significación de la sexualidad y la condición de inconsciente de la vida anímica), sino que las demostró en un material que toca personalmente a cada quien y lo obliga a tomar posición frente a ese problema. Pero por eso mismo se atrajo la aversión y las resistencias que no osan enfrentarse con el gran filósofo (1917, p. 135).

Así concluye Freud su ensayo. Podemos decir que éste párrafo es el más lúcido -en relación al antecedente que Schopenhauer significa para el psicoanálisis-, en toda la obra de Freud. Han pasado 85 años de la publicación de este ensayo y no se puede más que verificar y reafirmar lo dicho por Freud. Es muy cierto todo lo enunciado, es muy precisa y adecuada la relación que hace el psicoanalista realiza entre 'voluntad' y 'vida pusional'; es importante ver cómo con estos argumentos, lejos de perder prestigio -como está sugerido en el párrafo de 1914 de Contribución...-, Freud lo gana, encontrando con justicia qué le corresponde a Schopenhauer y qué le corresponde a él: Freud llega a las conceptos psicoanalíticos por los caminos que le ofrece la medicina.

Es lastimoso como, a pesar de todo esto -como ya hemos vimos con anterioridad-, Freud omite referencias obligadas a Schopenhauer en Más allá del principio del placer y en otras obras posteriores. Si la historia hubiera sido distinta -me refiero a que la reivindicación freudiana de Schopenhauer no hubiese existido-, la posible omisión de Schopenhauer no hubiese quedado impune. Como Safranski lo sentenció de todos modos en su Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía:

Los 'años salvajes de la filosofía' ignoraron a este filósofo del llanto y del crujir de dientes', así como del vestuoso arte de una vida contemplativa que aspira a la paz. Ignoraron a un filósofo que, con gran anticipación, había pensado conjunta y radicalmente las tres grandes humillaciones de la megalomanía humana. La humillación cosmológica: nuestro mundo no es más que una de las innumerables esferas que pueblan el espacio infinito y sobre el que se mueve 'una capa mohosa de seres que viven y conocen'. La humillación biológica: el hombre es un animal en el que la inteligencia sirve exclusivamente para compensar la falta de instintos y la inadecuada adaptación al medio. La humillación psicológica: nuestro yo consciente no manda en su propia casa (Safranski, 1992).

A modo de conclusión

Este ensayo se constituyó a partir de un vinculación conceptual existente entre Freud y Schopenhauer. Vimos a lo largo del mismo las vicisitudes que tuvo dicho lazo, y cómo las vascilaciones de Freud terminaron convirtiéndose en un claro reconocimiento a su antecesor más allá de su, por momentos claramente, orgullo herido.

Algo de la relación de Freud con la filosofía hemos trabajado. Pero quiero ir más allá de Freud y revisar un poco el legado que los psicoanalistas han ido tomando y los efectos producidos en relación a la filosofía. Es cierto que en nuestro país existe una marcada tendencia por parte de psicoanalistas a creer que la causa intelectual de Freud y Lacan es la culminación de toda actividad creativa dentro de la historia del pensamiento; como si las categorías psicoanalíticas materializasen en lo que respecta a la actividad intelectual -para decirlo hegelianamente-, el fin de la historia. Dar por concluido cualquier debate con frases como "allí actúa el inconsciente", o sostener que cualquier teoría se desarrolla de la manera que sea porque estamos en presencia de un caso de complejo de Edipo invertido, o la función de la metáfora nombre-del-padre opera o no de tal o cual modo, es un abuso y un reduccionismo; lo único que permite esta postura es achatar el vuelo intelectual y obturar, cerrar cualquier tipo de diálogo o intercambio entre diversos marcos teóricos. Como si pensar sólo fuera una empresa realizable por medio de la exclusiva herramienta psicoanalítica. Esta postura es un poco comprensible si tenemos en cuenta que muchos filósofos desprecian al psicoanálisis; también me refiero al caso de algunos médicos que pululan por ámbitos universitarios, hoy día -año 2003- diciendo que el psicoanálisis no es más que "psicoficción".

De la misma manera en que me referí a los percances de una mirada psicoanalizoide, me gustaría denunciar a los filósofos que dicen injustamente que Freud no fue un pensador. Freud fue un gran pensador, un gran investigador y un gran escritor. Sus trabajos hablan por él, Freud se defiende solo. Tal vez muchos filósofos sienten que Freud se entromete en un terreno que les es exclusivo, encargándose de oscurecer con el inconsciente por aquí y la sexualidad por allá el territorio del pensamiento; pero esta mirada freudiana está muy lejos de ser un obstáculo epistemológico. La teoría freudiana es una herramienta que abre mucho el juego a la hora de pensar racionalmente. ¿Cómo pensar las mitologías humanas? El Complejo de Edipo es un intento. De hecho, Sastre en El ser y la nada, toma los planteos freudianos y los introduce en el centro de la escena de los debates intelectuales de la década de 1940 (29).

Estas reflexiones quedan planteadas, no se trata de reflexiones que son el resultado de un proceso, tampoco son conclusiones que se puedan extraer del ensayo, a menos que hagamos un brutal forzamiento o una inducción deforme. Sin embargo son ideas que merecen ser investigadas para un mejor desarrollo y diálogo entre la filosofía y el psicoanálisis.

Luego de haber leído este escrito, el lector se habrá dado cuenta de que no es este ensayo un psicoanálisis de Schopenhauer o de Freud -más allá de cierto comentario psicoanalítico-; mucho menos un intento de rescatar ideas schopenhauerianas por el filtro de los trabajos freudianos. Mi empresa consistió en un intento por esclarecer el punto en que existe un vínculo intelectual entre Freud y Schopenhauer a expensas del primero; y cómo se da la posibilidad de una influencia de Schopenhauer a Freud poniéndola en evidencia. Ha sido trabajado cómo Freud tomó noticia de la existencia de escritos filosóficos sobre temáticas que él había concebido originalmente y la actitud posterior que tuvo frente a dichos trabajos y autores. Las citas que Freud hace de Schopenhauer y de la bibliografía respectiva a este, sumando además los comentarios de Strachey y cuestiones de la correspondencia freudiana, son los andamios que sostienen este texto.

 

Bibliografía

Assoun, P-L. (1976). Freud, la filosofía y los filósofos. Paidós, Bs. As.
Freud, S. (1895). Proyecto de una psicología para neurólogos. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo I.
Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomos IV y V.
Freud, S. (1909). A propósito de un caso de neurosis obsesiva. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XII.
Freud, S. (1911). Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XII.
Freud, S. (1914). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.
Freud, S. (1917 [1916]). Una dificultad del psicoanálisis. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XVII.
Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XVIII,
Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XVIII.
Freud, S. (1923). El yo y el ello. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XIX.
Freud, S. (1925 [1924]). Presentación autobiográfica. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XX.
Freud, S. (1933 [1932]). "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 32 conferencia. Angustia y vida pulsional. Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XXII.
Freud - Andreas Salome (1968). Correspondencia. Siglo XXI editores, México.
Magge, B. (1991). "Schopenhauer". Cátedra, Madrid.
Safranski, R. (1992). Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.
Schopenhauer, A. (1818). El mundo como voluntad y representación. Tercera edición (1859). Primera edición de la editorial (1983). Editorial Porrúa, Mexico.
Schopenhauer, A. (1996 [1818-1830]). Manuscritos berlineses.. Pre-textos. Valencia.

 

Notas

  1. Agradezco la sugerencia de este título a Gabriel Sarando.
  2. Dirección: R. Levene 936, piso 9. Teléfono: (011) 4-803-7422. E-mail: jaba@fibertel.com.ar.
    Esta cita, en conjunto con los siguientes epígrafes de Contribución, conforman en su conjunto un mismo párrafo. Ver Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914), tomo XIV, pág. 15. Standard Edition, versión castellana (1993).
  3. Sería más preciso indicar tres cuartos de siglo.
  4. Un segundo intento será la publicación de su Autobiografía en 1925.
  5. Las citas de la Standard Edition de la Obras Completas de Freud llevan el número de tomo de dicha edición, versión castellana, editada por Amorrortu Editores, 1993.
  6. El epígrafe que inaugura la última sección de Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914), hace una clara alusión al suizo: "Abrevia! En el Juicio Final eso no es más que un cuesco". Aquí; "Juicio Final" está escrito originalmente "Jungsten Tag", que literalmente significa 'último día'. En alemán, el sustantivo se escribe con mayúscula, pero el adjetivo no, por lo que Tag (día) se encuentra en consonancia con las reglas ortográficas, pero "Jungsten", que debiera estar escrito en minúsculas, está escrito así en referencia a C. G. Jung.
  7. También aquí me refiero al párrafo de Contribución del que cada epígrafe forma parte
  8. Este párrafo es también trabajado por Paul-Laurent Assoun en su libro Freud, la filosofía y los filósofos (1976). Ese libro también analiza temas aquí tratados.
  9. Es fundamental destacar la importancia de la moda schopenhaueriana en cualquier círculo intelectual germano-parlante a fines de siglo XIX. Viena estaba muy lejos de ser una excepción.
  10. Versuch uber das Gesitersehen uns was damit zusammenhangt, existe edición castellana.
  11. Para citar la fuente, dejé de lado los datos que tuvieran que ver con los datos puntuales de cada cita recatando los datos que tuviesen que ver exclusivamente con el libro
  12. En aquel momento Freud no había conocido aún a Otto Rank.
  13. El resaltado es mío.
  14. En una nota al pie -N° 4- de Formulaciones sobre los dos prnicipios del acaecer psíquico (1911), Freud nos cuenta que se trata del capítulo 32 del Tomo II, adiciones al libro III de El mundo como voluntad y representación. El título del capítulo es De la locura.
  15. El párrafo citado por Strachey es del libro cuarto de El mundo como voluntad y representación, capítulo XLII, 'La vida de la especie'.
  16. Esta cita es la continuación del epígrafe El patrimonio del patriarca. Al referirse a pasaje, Freud se refiere al mencionado párrafo que O. Rank le mostró en 1909, al respecto, ver la nota 12. Ver también las notas 2 y 6.
  17. Esta cuestión es tratada detalladamente por Ernst Jones, Peter Gay y Emilio Rodrigué en sus respectivas biografías.
  18. Sabemos que por esa fecha Freud había estado leyendo El mundo como voluntad y representación.
  19. El Texto dice: "inadvertidamente hemos arribado al puerto de la filosofía de Schopenhauer, para quien la muerte es el 'genuino resultado' y, en esa medida el fin de la vida, mientras que la pulsión sexual es la encarnación de la voluntad de vivir". Más allá del principio del placer (1920). Amorrurtu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XVIII, págs. 48-9.
  20. Freud - Andreas Salomé. Correspondencia. Siglo XXI editores, México (1968).
  21. Tánatos merodeaba al círculo freudiano: Anton von Freund, Victor Tausk y Sophie Freud -hija del "profesor"-, fueron muertes que contextualizaron la redacción de Más allá del principio del placer.
  22. Recordemos que El mundo... fue terminado y publicado en los últimos meses de 1818 y los primeros de 1819; mientras que la lectura de Freud data de 1919.
  23. "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 32 conferencia. Angustia y vida pulsional" (1933 [1932]). Tomo XXII, págs. 99-100. Luego Freud dice: "Y por otra parte, lo que decimos ni siquiera es en verdad lo que afirma Schopenhauer. No aseveramos que la muerte sea la meta única de la vida". Esta concepción es errónea, para Schopenhauer la vida no es más que una expresión de la voluntad de vivir, y la voluntad de vivir, no tiene una finalidad, no hay un telos.
  24. Psicología de las masas y análisis del yo (1921). Amorrurtu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XVIII, pág. 96.
  25. El yo y el ello (1923). Amorrortu Editores, Bs. As. (1993). Tomo XIX, págs. 7-8.
  26. Obviamente que la relación Freud - Nietzsche no fue trabajada en este ensayo. Al respecto ver "Nietzsche y Freud", de P-L Assoun.
  27. Ver Una dificultad del psicoanálisis (1917 [1916]), págs. 129-131.
  28. 360 años para se precisos. Al respecto el lector puede consultar mi trabajo La metáfora científica (2000). Buscar en 'Ateneos Clínicos' de Nudo Psicoanalítico (2000).
  29. No se puede obviar la crítica de Sartre a Heidegger de no concebir al hombre como dasein encarnado y atravesado por la sexualidad, existenciario que el filósofo alemán omite.

Volver al Índice

Psicología y Psicopedagogía | Otras publicaciones

ARRIBA