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Justicia Geométrica

La justicia está en boca de todos y en la mente de muy pocos. ¿Sabemos lo que es cuando nos preguntan?

Definir la materia



Leibniz. Conversación de Filareto y Aristo.

ARISTO: ¿Pero no te parece que la suposición de la destrucción de la extensión, que entraña la del cuerpo, prueba que el cuerpo no consiste sino en la extensión?

FILARETO: Esto prueba solamente que la extensión entra en la esencia o la naturaleza del cuerpo, pero no que constituya toda su esencia. Un poco como en el caso de la magnitud, que entra en la esencia de la extensión, pero no basta para ella, dado que el número, el tiempo y el movimiento tienen también magnitud y, sin embargo, son diferentes de la extensión.

(...)

Insisto, por tanto, sobre lo que acabo de decir: que la extensión no es otra cosa que un abstracto, y que exige algo que sea extenso. Tiene necesidad de un sujeto, es algo relativo a ese sujeto, como la duración. Presupone incluso algo anterior en ese sujeto. Presupone alguna cualidad, algún atributo, alguna naturaleza de ese sujeto que se extienda, se expanda con el sujeto y se continúe.

(...)

De esta manera, la extensión, cuando es el atributo del espacio, es la difusión o la continuación de la situación o de la localidad, al igual que la extensión del cuerpo es la difusión de la antitipia [impenetrabilidad] o de la materialidad. Pues el lugar está tanto en el punto como en el espacio, y, en consecuencia, el lugar puede carecer de extensión o de difusión, pero la difusión en simple longitud produce una línea local dotada de extensión. Pasa lo mismo con la materia; esta se halla tanto en el punto como en el cuerpo, y su difusión en simple longitud produce una línea material. Las otras prolongaciones o difusiones en anchura y en profundidad forman la superficie y el sólido de los geómetras y, en una palabra, el espacio en el lugar y el cuerpo en la materia.

(...)

En fin, para ir más adelante, soy de la opinión de que no solamente la extensión, sino también el cuerpo mismo no podría ser concebido independientemente de otras cosas. Así, habría que decir o bien que los cuerpos no son substancias, o bien que el ser concebidas independientemente no conviene a todas las substancias, aun cuando ello convendría solamente a las substancias. Pues el cuerpo, al ser un todo, depende de otros cuerpos de los que está compuesto y que forman sus partes. Sólo las mónadas, es decir, las substancias simples o indivisibles, son verdaderamente independientes de toda cosa creada concreta.


* * *

¿Qué es la materia? Entre sus propiedades inherentes están la resistencia, la extensión, la energía, el movimiento y la diversidad. Afirmar que la propiedad esencial de la materia es el volumen es un error de bulto. Por un lado, es posible un universo en dos dimensiones. Por el otro, las representaciones abstractas de no volúmenes son materiales.

Si en lugar de "volumen" se hubiera dicho "extensión", sería más cierto, pero no totalmente cierto. Ésta es una de las características de la materia. Sin embargo, no es la principal, a saber, la impenetrabilidad o resistencia, que permite que el movimiento pasivo exista y evita que la materia flote en el vacío. En definitiva, lo único real en la materia es esta "materialidad" o cualidad impenetrable que encontramos por doquier.

Ahora bien, la extensión es siempre extensión de algo. No puedes decir que la extensión se extiende, porque es un absurdo. ¿Qué se extiende, entonces? Lo impenetrable. Luego hay algo impenetrable e inextenso, con un sitio pero carente de forma, que es capaz de causar o de actuar en armonía con fenómenos; fenómenos que como tales ocupan un espacio y un tiempo.

La materia no es una substancia, si definimos esta noción como lo que puede entenderse por sí mismo. Habida cuenta de que la materia, es decir, cualquier cuerpo, remite a una infinidad de cuerpos adyacentes, no puede considerarse substancial.

Por lo demás, de acuerdo con añadir a la definición los conceptos de energía, movimiento y diversidad, inherentes a la materia.

Después de leer estas líneas del texto leibniziano procede preguntarse cómo puede ser impenetrable algo inextenso. Y uno se topa con la siguiente paradoja: Las mónadas son materia, ya que están en todas partes; no hay ni una mínima porción de extensión sin mónadas. Las mónadas son, pues, el lleno absoluto, y no obstante son inextensas. Pero ello no significa que sean, por su función, nulas (dado que proyectan fuerza); ni, por el lugar, inmateriales (puesto que acompañan a la materia); ni, por la naturaleza, materiales (habida cuenta de que no interactúan con nada físico).

La materialidad extensa consistiría en la cualidad de impenetrable de lo inextenso -la mónada, sin puertas ni ventanas- transmitida pasivamente a razón de sucesiones de movimientos que, junto con la percepción y la apercepción, integran el proceder activo. Ahora bien, la mónada no puede permanecer ubicada en lo que ella hipotéticamente genera, la extensión misma, antes del acto generador, acaecido en el tiempo. De manera que extensión y mónada coexisten acausalmente y por creación intemporal, pese a vincularse de forma recíproca según las apariencias.

En resumen, se afirma que la materia es extensa, pero no sólo extensa. Está formada de mónadas inextensas. Luego ¿es extensa e inextensa? No, ya que la función de la mónada es constituir la materia, sin que pueda decirse que ésta sea nada en concreto. La clave es saltar de la afirmación "la materia es h o es b" a la negación rotunda: "la materia no es".

Aborto: así se blindan las Parcas



Una discusión en un foro degeneró del tema del post anterior al del aborto. Reproduzco la criba de lo más importante, no sin antes recomendaros saltar directamente a la penúltima subdivisión de asteriscos, ya que lo que los precede es una mera contextualización.

Metzger
Relacionar el derecho a la vida con la potencialidad no es tan ridículo; siempre y cuándo no se saque de su contexto; el de los nasciturus (no nacidos).

El no nacido aún no es una persona (sólo lo será fuera del útero materno); por tanto sus derechos serán mayores tanto en cuanto mayores sean sus posibilidades de llegar a ser persona.

De ahí el establecimiento de plazos para el aborto.


Lo que dices deja a Herodes en bragas. Un nasciturus (mi hija de 5 meses, ahora mismo) es una persona desde su concepción. ¿Por qué? Porque tiene en sí, en germen, todo lo necesario para serlo. Es sólo una cuestión de tiempo, y el tiempo sólo puede variar los accidentes en lo ya constituido.

* * *

Metzger
Los no nacidos no son aún personas.


¿Desde cuándo salir de un orificio convierte a alguien en persona?


Metzger
Tanto el código civil al definir la persona; como el derecho penal al diferenciar el delito de aborto del de homicidio (asignándole distintas penas); lo demuestran.


El Código Civil define la persona a efectos civiles, no antropológicos. Y el Código Penal es, como toda ley, un producto de la sociedad que refleja mejor o peor la alarma que crean determinadas conductas lesivas de derechos. La política criminal puede cambiar notablemente en pocas décadas.

* * *

Ñbrevu
O sea, que según tú no hay diferencias entre una semilla y un árbol . Me parece absolutamente estúpido ese razonamiento, según la misma lógica comernos un plato de legumbres es una catástrofe del grado de la deforestación amazónica.


Hay diferencias funcionales (las semillas no realizan la fotosíntesis), no ontológicas. En cambio, según tú no las hay entre un árbol y una persona. Comes legumbres con la misma alegría que abortas.

* * *

Ñbrevu
También hay diferencias funcionales enormes entre un feto de un mes y un niño recién nacido.


Y entre una persona normal y una parapléjica. ¿No estábamos de acuerdo en esto?


Ñbrevu
Puesto que es la ausencia de actividad cerebral lo que dictamina la muerte, ¿por qué considerar como un humano completo a alguien que no tiene aún?


Porque el muerto no puede revivir, o no es en absoluto probable que tal cosa suceda, mientras que todo apunta a que el zigoto, pasadas las fases de desarrollo, vivirá y mantendrá una actividad cerebral. Se lo puedes preguntar a ésta, que ya da patadas.


Ñbrevu
Y no he dicho en ningún momento que no haya diferencias entre un árbol y una persona, eso es producto de tu lectura imaginativa. Lo que estoy diciendo es que un embrión aún no es una persona, del mismo modo que una semilla no es un árbol.


La analogía es falsa por muchos motivos. El principal es que al embrión no habría que comparársele con una semilla, a la que le falta todo lo que no es ella misma para germinar, sino con una planta que ya ha arraigado, con un principio de arbolito. Pero, insisto, las consecuencias morales de matar a un arbolito y las de matar a un hombre son radicalmente dispares.


Ñbrevu
Sin embargo, considero que el aborto puede ser necesario en muchos casos (precariedad económica de la madre, embarazo producido por una violación, etc).


Sobre la precariedad económica, es tanto como decir que los pobres no tienen derecho a la vida, o lo tienen debilitado. Cuidado con lo que sale de tu progresista boca.

Respecto al embarazo resultante de una violación es juzgar al niño por sus orígenes, de manera parecida a lo que se hacía antes con los llamados bastardos, distinción que el derecho civil español ha eliminado. Tú, en su lugar, eliminas a la criatura.

* * *

Ñbrevu
Pero no es ser tetrapléjico o no lo que caracteriza a una persona viva. Una persona parapléjica sigue teniendo actividad cerebral y por eso se le considera viva. Y por eso sigue teniendo derecho a la vida.


Aquí el razonamiento no es éste. El que tú esgrimes, si te he seguido bien, es el siguiente: cuando se dan diferencias funcionales entre dos seres, hay que minorar los derechos del más disminuido. Si uno presenta una actividad cerebral débil, insignificante o nula, aunque esté formando sus órganos y su corazón lata, no merita la vida. Las plantas viven, pero ese ser desdeñable no. O sí vive, pero no lo hace como hombre pleno, sino que participa de una forma inferior de existencia. Entonces, aunque se esté de acuerdo en que el tetrapléjico vive, nadie negará que su existencia es también inferior a la del sujeto sano. Luego hay que limitar sus derechos. En caso de necesidad o apuro económico esta clase de hombres debe ser la primera en caer.

Vamos a llevar la situación un poco más allá. Tú afirmas que, por ser la del embrión o feto una vida inferior, aunque tal situación se corrija naturalmente al poco tiempo (cosa que no cabe decir con tanta seguridad del imposibilitado), no genera derecho alguno a mantenerla. En ese caso es vano que alegues excusas sociales para sacar de circulación al nasciturus. Si no tiene derecho a vivir salvo que nosotros lo deseemos, matarlo es tan inocente como sacrificar un pollo para comérnoslo: entra en la esfera intangible de la autonomía de la voluntad y nadie ajeno a nuestro interés debería replicar nada en nombre de lo que es un mero objeto de depredación. Te parecerá muy lógico. Sin embargo, con ello estás negando el derecho a la vida a toda la humanidad futura, grandísimo necio.


Ñbrevu
Yo no digo que no podrá tener actividad cerebral, digo que en el momento del aborto no tiene. Y por eso aún no puede ser considerada persona.


El que duerme tiene un estado de conciencia muy distinto del que está en vigilia, dando de barato que quepa hablar de conciencia en aquél. Según tu planteamiento, sería absolutamente consecuente privar a ese hombre no sé si de su vida, pero sí al menos de su patrimonio, que pasaría a disposición de los herederos en régimen de propiedad o tutela. Porque no importa que el individuo pueda decidir cabalmente sobre su fortuna cuando se levante horas más tarde. Lo que importa de veras es que en ese momento no puede y, por tanto, queda civilmente incapacitado hasta nuevo aviso.

* * *

Ñbrevu
No, no me has seguido bien. Si tiene actividad cerebral, indiscutiblemente tiene derecho a vivir. Y si no tiene actividad cerebral, se intentará dar prioridad a aquéllos que sí tienen.


Va siendo hora de darte la estocada. Saquemos a la serpiente de la madriguera:

Toda tu argumentación se sustenta sobre lo que acabas de señalar, a saber, que lo que posee actividad cerebral tiene derecho a la vida. Pues bien, todos los animales la poseen. Ergo cualquier mamífero roedor dispone de un derecho fundamental que se le está negando a quien escasas semanas más tarde será una persona con pleno reconocimiento civil. Puedes retorcerte y clamar que tú no te refieres a cualquier actividad cerebral, sino a la de un hombre. Mi pregunta entonces es: ¿qué diferencia hay? Si reside en la actividad cerebral en sí, que -digamos- se experimenta en un grado más intenso o completo en el nasciturus humano que en cualquier otro vertebrado, ¿no deberíamos también por la misma razón otorgar al hombre adulto un derecho a la vida superior al del bebé? Y si no radica en aquélla, cifrándose en otra cosa, ¿de qué se trata? ¿Qué variable convierte al antropoide en ser dotado de dignidad?

Ad absurdum



La mejor ética es la que no está escrita, parecen decirnos los burócratas mientras regulan el tamaño del agujereado de los botones de camisa. No los agobiemos con leyes, que para eso están los reglamentos. Que hagan lo que quieran, o sea, lo que se les deje.

Va quedando meridianamente clara la mentira. Por un lado hay que reducir el papel de las religiones en el ámbito público, esto es, en el ámbito de la responsabilidad común y el interés general. Por el otro, maximizar las libertades a la par que se acotan los derechos. No es un fenómeno aislado. El derecho al trabajo se convierte en libertad de empresa; el derecho a la educación pasa a ser libertad de elegir centro; el derecho a la familia, libertad sexual; el derecho a la vida, libertad de morir. Pues bien, añádase ahora que el derecho a una moral se torna libertad de pensamiento y de opinión. ¿De pensar y de opinar qué? Lo que nos dejen.

Estos lunáticos nos van a dejar muy poco. A pesar de las apariencias. Concedamos: Se puede blasfemar a cualquier escala mientras reduce la libertad religiosa al cerco invisible de lo privado. Libertad de degradación, por si las Inquisiciones. Concedamos: se establece una excepción a esta regla cuando el ofendido empuña la ametralladora y quema embajadas. Concedamos: como enmienda a la primera disposición, en adelante desaparecerán del ágora tanto la apología y el proselitismo devotos como el escarnio y el sacrilegio. Ergo, fuera libros religiosos e irreverentes de las bibliotecas públicas. Desterrados por igual, si es que la libertad absoluta y sostenible, la diarrea jurídica, se compadece con la lógica. Pero no es así, por desgracia. Una sociedad donde la religión integre sólo lo doméstico, los dioses lares, es una sociedad tan enajenada como una teocracia, por inculta y supersticiosa.

Higiene lingüística, o cómo invertir los hechos



El director de un periódico regalado fija en su blog una distinción muy exquisita, paradigma de las trampas del lenguaje. Se trata de separar a los islámicos de los islamistas.

En los comentarios alguien se pregunta:

"¿Deberíamos distinguir, entonces, entre "católicos" y "catolicistas"?".

Pero no ha lugar al prurito, aunque pretenda ser irónico. Para eso lo políticamente correcto ya ha estipulado el término "ultracatólico" o, en círculos más instruidos, "ultramontano". El primero es absurdo (no hay nada dentro del catolicismo que esté más allá de éste) y el segundo es anacrónico, al remitirnos a disputas medievales entre el Papado y la Corona. Con lo que en la actualidad con ellos viene a designarse al católico más o menos consecuente, defensor de posturas iusnaturalistas, en oposición al católico nominal, que no es "ultra", pese a simpatizar con los curas guerrilleros; que probablemente no sabe ni lo que es, pero que está magníficamente centrado según la incolora mirilla de Arsenio.

De modo que recuérdese: el binomio "islámico-islamista" nos sugiere que el Islam es por regla general tolerante, con excepciones puntuales, algo diametralmente opuesto a su realidad social; mientras que "católico-ultramontano", valiéndose de una perversión de significados explicada ya, indica exactamente lo contrario, a saber, que el catolicismo es esencialmente papista, cómplice de la jerarquía -hasta aquí se antoja obvio- y, por consiguiente, incívico y antidemocrático (en la peor de las acepciones, la de "estar dentro y en contra"), lo cual no se corresponde con ningún país del mundo a día de hoy.

Ya entrados en materia terminológica, diferenciemos entre integrista, fundamentalista y fanático:

a) Integrista es el que lleva a la práctica todas las reglas morales y preceptos de su religión. Ser integrista sólo será malo si se admite que tales reglas lo son también. Con todo, no hace falta ser integrista para considerarse católico, siempre que se mantenga una fidelidad básica y persista la voluntad de enmienda.

b) Fundamentalista, en segundo lugar, es el partidario de la interpretación literal de la Biblia. Luego no es católico se mire como se mire.

c) Fanático, por último, es el que no admite la libertad de conciencia en el otro, lo que normalmente resulta concomitante con basar la propia fe en premisas irracionales y no susceptibles de crítica. Tampoco es característico de católicos, en especial tras el Concilio Vaticano II, ni se encuentra en el Evangelio nada que pueda respaldar con solvencia dicha postura.

La fe católica relativiza el poder del conocimiento para acceder a Dios, pero no niega ese conocimiento. Así, el teólogo puede admitir que el ateo esté en lo cierto al invalidar sus razonamientos, ya que de ello no se sigue la inexistencia de Dios, que no pende de razonamiento alguno. El ateo, en cambio, no puede conceder que el teólogo esté en lo cierto en nada, ni en hipótesis ni en inferencias, dado que tal proceder equivaldría a renunciar al ateísmo.

Hemos visto, pues, que en los tres casos se trata de términos que repelen al concepto de catolicismo o no se ajustan necesariamente a él. Sin embargo, se puede ser perfectamente ateo integrista, so pena de hipocresía o tibieza; y fundamentalista, por no compartir la exégesis católica, optando por la pedestre; y fanático, al estimar intrínsecamente equivocada toda reflexión teológica. Y ello, en fin, lejos de violentar la pureza de los hechos o el uso normal de las palabras les viene como anillo al dedo.

La justicia como lucha



Lo que distingue a la verdad de lo falso o de lo superfluo es que no necesita del consentimiento para adquirir validez, que mantiene el vigor siempre y en todas partes y que no requiere cualidades positivas para su inteligencia, bastando con la remoción del error. Eso mismo caracteriza a la justicia, separándola de la injusticia. No hay expresión más agramatical que "mi verdad", ni estupidez más insultante que "mi justicia". La auténtica política pasa por la renuncia a la primacía del interés propio.

La lucha de clases promueve el sacrificio del interés individual por el de una determinada casta ideológica que lo representa en la historia.

La lucha de clases no es un contrato, sino la negación de todo contrato.

La lucha de clases no requiere el consentimiento: se basa en una discrepancia entre los fines generales y los particulares

La lucha de clases, siendo distinta en toda sociedad, es siempre lucha entre clases, con las constantes señaladas.

Toda vindicación de derecho natural es, en cierto modo, lucha de clases.

El futuro de la Wikipedia: marginar

En 2003, científicos en Paignton Zoo y la Universidad de Plymouth, en Devon, Inglaterra, reportaron que dejaron un teclado de computadora en la jaula de seis macacos durante un mes. No sólo los monos no hicieron más que producir cinco páginas (PDF) consistentes en una larga serie de la letra S, sino que comenzaron a atacar el teclado con una piedra y siguieron orinando y defecando sobre él (citado por el simpático Psicobyte).



En el hilo de discusión de la entrada "Dios" en la Wikipedia española alguien pregunta:

No entiendo por qué esa manía de traducir los artículos de la Wikipedia en lengua inglesa. Es que vamos a estar toda la vida a remolque de esos *?$%&·"|@#€? Qué ha sido del genio hispano?

A lo que un muy atento e internacionalista LP responde (subrayado mío):

Hay un grupo muy vocal, y muy poco respetuoso con los principios de Wikipedia, que entra aquí para predicar. Son católicos preconciliares, miembros de iglesias marginales, pinochetistas, etc.; en general grupos contrarios a la libertad de conciencia, en los que predominan absolutamente sujetos que se consideran legitimados para impartir doctrina como quien resume conocimiento. En mi opinión la ventaja de la Wiki inglesa es temporal y cuestión de escala; bastarán unos años, una ampliación sustancial del número de colaboradores y una creciente visibilidad, para que los sectarios sean marginados.

De entrada nos enteramos de que conocimiento y doctrina son antónimos. No hay, pues, más doctrinas que las de la ignorancia. El auténtico conocimiento es adoctrinal y, por consiguiente, amoral, irrebatible, como una pedrada en la cabeza. Pero también es indocto, pues emana del sentido común y del consenso; sin más.

Por otro lado, donde el texto dice "creciente visibilidad" se está refiriendo, mediante un contraste eufemístico, a la invisibilidad paulatina e innegociable de esos grupos minoritarios y de conciencia tan poco libre que todavía no han aprendido a prescindir de sus convicciones. Aun no han caído en la cuenta, pobres sectarios, de que no hay razonamiento que se resista al democrático botón de editar. Ya que, como se sabe, la verdad está siempre agazapada en el entrecejo de la inocente mayoría.

En fin, los que afirman que internet -con la Gilipedia a la cabeza- ha suprimido el argumento de autoridad suelen ser los primeros en citar artículos del engendro de Wales como neoautoridad, lo cual es el colmo del ridículo. Que la generación de gañanes más teleidiotizada, hamburguesada, electoralizada, tecnificada, onegeizada, alcoholizada, condonizada, infrasalariada, sobrehipotecada, mantenida, escindida, publientretenida, flácida, gregaria y sumisa de todos los tiempos pretenda resumir con eficacia y prestancia el conocimiento de las anteriores es un espectáculo cómico, digno de cruel befa.

Tolerancia cero



Los periodistas europeos, hoy más que nunca faltos de apoyos morales, solicitan nuestra opinión sobre el conflicto a raíz de las caricaturas de Mahoma. Allá voy.

Opino que estáis vergonzosamente acojonados;

que, donde ya no hay respeto y consideración, sólo queda el puño en alto del cafre y el miedo del hideputa;

que éste es el ecumenismo ateo: reirse de todo y exigir que te estimen y no te tomen en serio, porque eres imbécil;

que, si vosotros sois libres para escupir en su Mahoma, ellos son libres para cagarse en vuestra libertad;

que la tolerancia empieza por uno mismo;

que, si no tenéis argumentos para insultar, tampoco tenéis excusa para no disculparos.

Es normal burlarse de la religión cuando ésta no significa nada, o nada bueno. Y es coherente también para una sociedad cuyo fundamento es "el bienestar" el regatear sus no-principios para mantener el statu quo.

Mientras Europa no posea una religión propia será rehén de las de los demás. Ni podrá ofender sin zafiedad, exponiéndose a recibir el mismo ultraje que ha causado, ni contará con nada que defender de forma creíble.

Se entiende, pero no se toca



Schlick. Teoría general del conocimiento.

Ahora parece que disponemos de un hecho en el que detenernos. Es más primario que cualquier duda, más primario que cualquier pensamiento. Descansa en la base de todos los procesos mentales, está dado directamente, es un presupuesto que se cumple siempre en la conciencia. Es el hecho trivial y ordinario que designamos como la unidad de la conciencia.

(...)

Si tengo un sentimiento o sensación en un determinado momento en el tiempo y otra persona tiene un sentimiento o sensación al mismo tiempo -por ejemplo, doy un apretón de manos a alguien y simultáneamente experienciamos ciertas sensaciones táctiles al encontrarse nuestras manos- hay en ese caso una coexistencia o adición de datos mentales. Estos datos, sin embargo, carecen de esa conectividad que no puede ser definida con más precisión, sino que sólo puede ser experimentada. Expresamos esta carencia mediante el juicio de que estos procesos físicos no pertenecen a la misma conciencia, y sí en cambio a dos distintas. Además, la continuidad de una conciencia no consiste meramente en una secuencia ininterrumpida de experiencias; por el contrario, las experiencias deben figurar unidas por un tipo bastante especial de conexión si han de contar como la experiencia de una y la misma conciencia. Para reparar en la verdad de este apunte sólo necesitamos imaginar las sensaciones que configuran una secuencia indivisa siendo distribuidas entre individuos distintos.

La peculiar situación que existe en general con respecto a la continuidad de la conciencia puede imaginarse mejor de la siguiente manera. Supongamos que una sensacción aislada se manifiesta durante un breve intervalo - omito deliberadamente decir "en la conciencia". Supongamos que se manifiesta y a continuación desaparece sin dejar rastro. Una nueva sensación surge acto seguido (la misma u otra distinta, pero sin que sea posible decidir de cuál de ellas se trata, si asumimos que ambas sensaciones están completamente aisladas), y después de esta sensación sigue otra, también a intervalos o inmediatamente, pero siempre de modo tal que cada nuevo elemento hace su aparición como si los precedentes no hubieran sucedido. Ahora nos preguntamos: ¿Tendría algún sentido decir de estos elementos, que poseen meramente una relación secuencial recíproca, que pertenecen a una y la misma conciencia? Obviamente no hay ninguna base o justificación para algo así, puesto que estos elementos no tienen nada en común entre ellos. En su lugar, diríamos que hay tantas conciencias como elementos distinguimos. Cuando quiera que un nuevo elemento apareciese, una nueva conciencia empezaría, la cual no tendría nada que ver con aquellas que la precedieron ni con las que la siguieron. Lo que faltaría sería precisamente el hecho que constituye la unidad de la conciencia.

(...)

La conciencia no es a las ideas como el estómago a los alimentos que contiene y digiere. De hecho, son las ideas las que constituyen la conciencia. No necesitan ser percibidas antes por algún acto especial; su misma existencia como datos de la conciencia es idéntica con su ser percibido. Para ellas, "esse" es lo mismo que "percipi". Luego no hay ninguna necesidad de postular una capacidad específica de percibir los contenidos de la conciencia, y por lo tanto tampoco es necesaria una garantía especial para no ser engañados en relación a esa percepción. No hay nada en mi conciencia de lo que no esté al corriente; las dos expresiones dicen lo mismo en distintas palabras. Los datos de la conciencia no son percibidos como distintos; son distintos.


* * *

Entonces, me pregunto: Si la conciencia no es las ideas mismas que procesa, ya que éstas necesitan un hilo conductor que las ligue a una conciencia, ni es por otro lado nada que las preceda, puesto que dichas ideas no existen como fenómenos captables por los sentidos o almacenables en la memoria, independientes de ellos, sino que operan como un "en sí" para nuestro entendimiento, ¿a qué llamamos conciencia? Ha de ser forzosamente algo inmaterial, simultáneo e inmanente a las ideas, pero distinto a ellas, canalizándolas bajo un determinado punto de vista. Esto es, la capacidad innata y actualizándose de inteligirlas en un sujeto. Schlick, quizá sin pretenderlo, ha dado un fundamento positivista (inductivo) a la Monadología.

Cronos



Los materialistas no deberían disponer del derecho al sepelio cuando mueren, sino ser directamente arrojados a la letrina. No hay alma que venerar, no hay oraciones que valgan ante lo que no existe, pero hay un cuerpo que se pudre. Tampoco merita recuerdos lo que pasa y nunca debió haber sido. Porque no conocemos el deber, sólo el impulso y la fuerza, los hechos más allá de los hechos, las certezas vacías. Certezas y hechos como "este cuerpo se pudre". Sin impulso, sin fuerza, sin deber. A la letrina, laicistas.

En la diana

Pese a que siempre me he burlado de los que, en un alarde de subjetivismo gratuito, emplean el blog para explicar las vicisitudes de su gato, me arrogo una pequeña cuota de emotividad para hoy. Me sirve también como contrapunto estético a la bronca pasada y a la que se avecina.

Hoy he sabido que este muñeco, al que hace poco pinté como teletubbie:



Es, en realidad, muñeca:



Y con una nariz que me resulta familiar:





No es sólo vanidad. Si no fuéramos inmortales, procrear no tendría sentido. Aunque Weininger opinara justo lo contrario, como buen gnóstico.

Nos vemos en unos meses, Diana.

Conformista, fuera de mi vista



Pero ¿cómo despierta tantas críticas la censura de Google, que afecta básicamente a la pornografía y a la política (mellizos) y que en el peor de los casos deja a China en la situación anterior a la de la aparición de internet? ¿Somos informativamente mucho más libres aquí, donde el 99% de los blogs políticos visibles son sociatas contra peperos y peperos contra sociatas? ¿Nos hemos librado del dirigismo de los medios de masas, condicionado por el bipartidismo "de facto"? ¿Por qué no preocupa tanto o más la brutal censura gnoseológica de Wikipedia, ejercida a diario por cualquier analfabeto y difícilmente rectificable a tiempo en aspectos culturales que exigen una reposada tarea de documentación?

Los dos principios de la racionalidad en el intercambio



David Bravo, un colega, argumenta así en su blog para justificar la piratería:

"¿Qué harías si no fuera tan fácil conseguir agua? Probablemente comprartela mineral en botella y desde el punto de vista de Fontvella para ellos es como si les robaras cada vez que abres el grifo.

¿Qué harías si no pudieras grabar la película que echan hoy en Telecinco en tu viejo video casero? La verdad, no lo se. Igual la compro. Igual no. Pero no creo que haya que argumentar imaginando mundos que no son en los que vivimos. Hoy en día se puede grabar, la técnica lo ha hecho posible y el negocio de la música se revoluciona con ello.

Cuando apareció el magnetófono los dueños de los teatros donde se exhibía la música en directo podían decir "pero ¿qué harías si el magnetofono no existiera? Probablemente vendrías a escuchar la música a mi teatro en lugar de escucharla desde tu casa". No lo sabemos y lo mejor es olvidarse de las estadísticas de cuantos irían al teatro y cuantos no. Lo que si sabemos con certeza es que el magnetófono existe y sobre esa realidad hay que discutir".


Esto es quedarse con el personal y, aunque sea propio de abogados en su práctica diaria, deontológicamente no es correcto. No puede compararse un intercambio de bienes y/o servicios con una mera apropiación, aunque no se cause un menoscabo real en el patrimonio de algún tercero. Pues en un caso se está canjeando una propiedad o utilidad por otra (el agua corriente, el vídeo y el magnetófono por dinero), que es la función del comercio entendido como cooperación social. Con lo que, si se deja de comprar un producto para pasarse a su equivalente, tal función se mantiene. Ahora bien, en el supuesto de la adquisición sin contrapartidas, uno -el consumidor- se aprovecha y los que han posibilitado de manera imprescindible que este artefacto esté en el tráfico se van, por decirlo así, de vacío. Cabe agregar que aunque sean muchos los beneficiados y sólo unos pocos los explotados por la gorronería, el principio cooperativo se rompe, se niega de raíz. Por la misma razón, aunque todos fuéramos ladrones, seríamos todos antisociales.

Imaginemos por un momento que, por arte de birlibirloque, nos fuese dado prescindir universalmente del principio de la escasez. La posibilidad de copiar, pongamos por caso, coches y de enajenar la copia sin desprendernos del que ya tenemos hundiría irremediablemente la industria del automóvil. También la haría superflua, se dirá. Pero, ¿qué hay del futuro? Al final todos los coches mantendrían los mismos modelos que hace cincuenta años; no se iba a permitir el progreso tecnológico ni, por ende, la mejora de la calidad de vida del consumidor.

A propósito de todo esto, piénsese que las meras ideas, sin soporte material o virtual, no pueden venderse como producto, ya que no son consumibles y no respetan el principio de la escasez. Sí pueden, en cambio, capitalizarse, como ya se ha explicado. Pero el copyleft rechaza "a priori" todas las posibilidades: tanto la venta de la idea transformada en artículo como su capitalización previa, alegando que es un bien no capitalizable, social, de todos (luego, cuando estoy refutando a David Bravo, ¿se refuta David Bravo a sí mismo, ya que compartimos el bien social que acabo de generar en forma de letras?). En resumen: el copyleft propone el invierno de las ideas.

Llaneros del copyleft, maquinistas de la moral



Terminé por ir al seminario del Copyfight, por si me redimen Nacho y su troupe ilusionista. Quizá mañana lo logren, esos yuppies. Ha pasado enfrente de mí la gran vedette, incorporada a última hora, y se ha ido gritando "¡la máquina es imparable!". Poco antes otro gurú, Cervera, había dicho que el software es una cuestión moral. También la siesta. Vaguedades como puños.

Con todo, he tomado con diligente respeto algunas notas, que para eso se supone que están los seminarios, para que germinen. Aunque me haya sentido como un extraterrestre, incapaz de empatizar pese a mi buena disposición. En total había unas 40-50 personas, contando a los cuatro ponentes, entre los que figuraba una tonta del haba de buen ver y torpe verbo. Ha habido un momento gracioso cuando el conferenciante que oficiaba de maestro de ceremonias, un tal José Luis, se ha referido a la muchacha como alguien que escribe "un blog que no necesita presentación". Sin embargo, el público que "in absentia" la ha mentado varias veces lo ha hecho con expresiones tan poco halagüeñas como "la chica aquella de antes". Lo que me dice mucho de la escasa percepción de la realidad y de sus propias posibilidades que tienen estos alucinados.

El asunto del debate requiere cierta familiaridad con la problemática y la terminología. Sus líneas maestras: la propiedad intelectual y la decadencia del actual modelo de copyright, las grandes paradojas a las que conduce tras la revolución tecnológica de internet (la máquina imparable). Et alia.

Lo primero que me escama de este zafarrancho, y que debería haber hecho saltar las alarmas en todas partes, es que los supuestos revolucionarios utópicos y los liberales más acérrimos estén de acuerdo en casi cada uno de los puntos. Arrojo varias ideas al aire:

1) Cuando desde estas instancias se dice que la propiedad intelectual es libre, en realidad se la está subyugando a la propiedad material de bienes de terceros capaces de adquirirla, reproducirla e incluso manipularla sin pasar por caja. La libertad tiene aquí sólo el sentido liberal de libertad de circulación, entendida ésta como imperativo frente a la libertad de disposición. La industria de los productos de lujo (y la cultura es una de ellas, posiblemente la más lucrativa) sirve, entonces, al cometido de evitar que la propiedad se estanque en la calma chicha de ahorros y especulaciones.

2) Hasta ahora no se había ordenado nunca: ¡Compra o te expropiamos! Pero hoy ya empieza a escucharse: ¡Regala o te expropiamos!. Al mismo tiempo adquiere forma el entramado de incentivos, virtuales como la red que los parió, destinados a disimular el mandato subyacente y a hacerlo amable. Tal regalar es un malvender, un arriesgar a fondo perdido. Es la contrapartida del impulso ciego del consumidor: la producción ciega y ya sin ganancia, la producción por la producción que mantiene vivo al monstruo. La máquina imparable de Escolar.

3) Al margen de las discrepancias profundas, observo ya fisuras en la presentación misma del asunto en lo que respecta a su vertiente estratégica. Porque, si se afirma que no se está en contra del copyright, sino de su exclusividad asfixiante frente al más abierto copyleft, modalizable y de naturaleza contractual, que representaría su alternativa simultánea, ¿por qué se justifica la piratería con coartadas como el derecho a la cultura, esto es, el derecho a consumirla pero no a producirla con garantías de rentabilidad?

4) Ningún derecho es ilimitado. Luego, si incluso el copyright tiene límites temporales para no arruinar el uso social, aunque sean claramente insuficientes, ¿no debería tenerlos también el llamado derecho a la cultura, léase a su difusión gratuita y universal? Entonces me pregunto: ¿Son revocables las licencias en copyleft? Es decir, ¿puedo adquirir de nuevo los derechos a los que he renunciado? Si no lo son, el sistema no resulta menos draconiano que el copyright en la actualidad, salvando el detalle de que al otrora vilmente timado se le llama hoy alma generosa. Y si lo fueran, como no es el caso, ¿no habría que considerarlo un copyright para pobres, recomendable en el intervalo necesario para venir a mejor fortuna? ¿Qué cambia y a quién quieren engañar?

5) Contra el socialismo de mentirijillas que practican los copyleftistas anarcoides y que aplauden los liberales, objeto: Toda propiedad privada es un pequeño monopolio y es siempre, por definición, antisocial. Dado que, si sólo puedo hacer lo que los demás me dejan hacer, no se me concede un derecho, sino que se constata aquí y ahora un estado de hecho que mañana quizá cambie independientemente de lo que yo desee o acuerde. Sostener que las ideas no pueden ser propiedad privada cuando la propiedad privada en sí, su concepto, es una idea que goza de mil protecciones resulta de un cinismo aterrador. Pero yo lo he visto y lo he escuchado. Con mis ojos, con mis oídos. Esta misma tarde.

6) El conflicto, en consecuencia, es el siguiente: Crean los menos, reproducen los más. ¿Pueden éstos imponer a aquéllos su voluntad "de facto", privándoles de todo derecho o reduciéndolo a lo simbólico sólo porque están en minoría? En otras palabras: ¿Puede el derecho de reproducción sobreponerse al de creación? Y éste no es sólo la libertad de crear, ya que se incluye también la de vivir de lo creado, la de invertir un tiempo de forma seria para que determinada obra reúna características competitivas, dignas y perdurables.

7) En mi opinión, el copyleft parte de un error de base y es el protegerse de las ansias de lucro ajeno, entendido como explotación directa, y dejar desguarnecido, en cambio, el flanco de la explotación indirecta y negativa que supone el uso gratuito indefinido.

8) Se argumenta también que mientras que el copyright regulaba la escasez cuando la había, ahora, en tiempos de abundancia y vacas gordas tecnológicas, lo que quiere es, mediante restricciones artificiosas, generar las carencias necesaria para mantener los privilegios de los que viven de rentas. O sea, antes había escasez de medios para difundir las ideas y ahora no la hay, debido a que el alcance de internet es potencialmente mundial e inmediato. Pero cuidado: que las ideas puedan transmitirse con suma facilidad no significa que suceda otro tanto a la hora de generarlas. Si las ideas no fueran escasas en su génesis, si reservamos esa cualidad sólo a los bienes materiales, no convertibles en bytes, estamos privilegiando la posición en el mercado de los que detentan los recursos tangibles en detrimento de los que, en base a su competencia personal e intelectual, sólo conservan expectativas de derecho. Y todo para resguardar al consumidor, "id est", al empresario (y su férula contractual). Porque no hay uno sin el otro, Cervera dixit.

9) Estamos de acuerdo en que lo que no es tradición es plagio, pero éste no es el tema. Que lo que escribo o lo que compongo sea original o no es lo de menos. No tiene por qué serlo y es suficiente con que resulte novedoso en algún grado significativo, que aporte utilidad con respecto a lo que le precede, que le añada valor. Es creación, por cierto, lo que no es natural, lo que tiene fines humanos y una determinada plasmación en un lenguaje. Mas, insisto, no es el tema. Aquí lo que está en juego es si consideramos a la inteligencia como un capital o como un servicio. Para mí es un capital sin duda. Un capital es el conjunto de bienes en cuya naturaleza está el generar rendimientos con carácter regular para el que lo ostenta en el todo o en la parte; mientras que un servicio los genera normalmente de una sola vez al que lo presta; entiéndase: al que se deshace de él o de sus condiciones de posibilidad (tiempo, recursos, etc.). Pero nadie se deshace de su inteligencia. Ésta es, pues, por naturaleza, un capital, pero por convención del más fuerte, o sea, de aquellos en disposición de hacerlo rendible, recibe el tratamiento de servicio, cobrándose con plusvalía y manteniendo al creador en precario.

10) Hoy se ha escuchado: "La industria cultural no quiere venderte sus productos, sino alquilártelos". Respondo: la función del capital no es venderse ni alquilarse, sino rendir sin consumirse. Repárese en que cuando nos venden un producto nos están vendiendo sólo su hechura material, lo que consumimos de él, no su forma o concepción. Lo último depende de la inteligencia, que es capital. Y no puede pretenderse la plena disposición, ni tampoco la fragmentaria, sobre un capital ajeno que no nos ha sido transmitido.

11) Escuché, además: "Necesitamos filtros", filtros para cribar la sobreabundancia de información. Y luego: "Deberíamos pagar a esos filtros en lugar de perseguirlos". Pero, digo yo, ¿no son tales "filtros" los mediadores de los que se quería prescindir para hacer el producto más barato? ¡Y ahora hay que pagarles! Se entrevé la nueva burocracia, los nuevos intereses creados.

12) El único progreso tolerable, bajo mi punto de vista, sería lograr el reconocimiento de la inteligencia como capital mediante su redefinición vinculante en una ley del Estado. ¿En qué casos? Cuando esa inteligencia, como creatividad, constituyera parte esencial del producto final vendido, verbigracia, en toda obra o exhibición artística.

13) Finalmente, aclarar qur no soy partidario de una aplicación extensiva del copyright. Basta con que quien usa una vez de algo de mi creación lo pague una vez, siempre que no se lucre con ello en ulteriores ocasiones. El copyright actual es abusivo porque no se pone límites claros y, cómo no, desemboca en un absurdo. ¡Qué digo! En dos absurdos: el copyright (este copyright) y el copyleft.

Como conclusión, quisiera comentar la frase siguiente, que se ha esgrimido como un fetiche y no es más que una perogrullada: "La cultura no existe sin espectador". Estoy de acuerdo, pero luego se añade la paparrucha: "La cultura no es unilateral", como dando a entender que el espectador también es artista en un mismo e indisoluble proceso. A esta falacia se la contesta así: Si todos somos artistas, no hay cultura, puesto que se ha convenido que para que ésta se dé se requiere un espectador. Y si todos somos espectadores, evidentemente tampoco la hay, porque no hay nada que ver. Ahora bien, si somos ambas cosas, es una obviedad postular que la cultura necesita al espectador, ya que es imposible sustraerse a él.

Copyfight, Elástico, saltimbanquis, melenudos, rojeras todos. Y yo a dos velas, pero encendidas todavía, huyendo de la toxicidad discursiva que reinaba en el ambiente. Otra broncínea máxima: "la cultura es un verbo, no un sustantivo". Cultura verbosa e insustancial, he pensado.

Happy end



Tras el desenlace del atolladero, el PSOE necesita recuperar a marchas aceleradas la imagen de ser el partido que con más solvencia y pragmatismo defiende el interés general de España. Es evidente, por lo demás, que los nacionalistas del Cuatripartito no han obtenido lo que querían, pues redactar de cabo a rabo y tras dos años de tanteos, cábalas y carambolas un nuevo macrotexto estatutario, anunciarlo a bombo y platillo como el acontecimiento de la década, hacer de él una cuestión de honor de pueblo vejado, hipotecar la legislatura catalana en vistas a que se aprobara, modificándose lo menos posible, y en fin, chantajear al Estado con las banderillas de fuego de la independencia para, después de todo, conseguir algunas mejoras en la financiación y en la gestión es, que nadie se engañe, el parto de los montes. Ahora bien, ante la posibilidad de acabar electoralmente con Zapatero y ceder el paso al PP, mucho menos flexible a la hora de negociar, los partidos que más tenían que perder en la contienda (PSC-PSOE) y el que más tenía que ganar (CiU) han trabado alianza muy conveniente y rentable mediante sendas traiciones a su ideario.

Permanecen fuera, de forma previsible, los que más vigorizados iban a salir si el Estatuto quedaba en agua de borrajas, por motivos diversos: el PP, por haber logrado anteponer con éxito el sentido de Estado a su liberalismo programático, acercándose con ello a mayores sectores de la población y al propio electorado socialista, confundido ante la deriva caciquil y aideológica del Gobierno; y ERC, por frustrar con la infidelidad constitucional y el maximalismo que demanda su clientela antisistema un acuerdo imposible en el que, no obstante, se embarcaron los demás partidos catalanes -salvo el PPC- bajo su egida, doblegados ante su posición de fuerza y espoleados en una carrera absurda de exhibición patriótica al margen de los ciudadanos. Así, todo queda en un cómodo término medio (medio-bajo, reconozcámoslo) a fin de que el Ejecutivo y sus socios naturales puedan hinchar el pecho a la par que aprietan los esfínteres. Se salva al Presidente de la caída libre, por ahora, pero se inmola estratégicamente al fracasado Tripartito, carente ya de cualquier crédito, si exceptuamos el de Montilla.

¿Alguien sueña que todo este sonrojante viacrucis era necesario, el pasmoso desencadenamiento de un proceso inevitable? El Estado de las Autonomías, que quiso ser antítesis del centralista y autoritario, se encaró al falso dilema de o privilegiar a todas las Comunidades y liquidar la idea de España, o hacerlo sólo con algunas desde coartadas predemocráticas y favoreciendo el agravio comparativo, que vino a ser la indemnización por el inveterado agravio histórico, pactada en moneda de cambio presente. La defensa legítima de la lengua como quintaesencia de la dimensión cultural catalana, defensa "a priori" ecuánime, acorde a la realidad, amparada por la Carta Magna y ejercida con amplios poderes discrecionales desde instituciones propias no satisfizo nunca bastante al proyecto de construcción nacional de la burguesía vernácula, para el que esto sólo era un primer paso, un ariete ideológico. Había también que desarrollar al máximo la tupida red de competencias e infraestructuras, la autosuficiencia, en definitiva, del futuro país autodeterminado, unilateral, independiente. Mas fue preciso hacerlo fingiendo sensatez, negando siempre la mayor, ocultándola con la diestra bajo el manto de una impostada moderación mullida en el oportunismo y entretejiendo con la siniestra el discurso frentista destinado a dar cobijo y viabilidad a aspiraciones tan minoritarias. Entre resignarse a morir como partido, esto es, a perder la superioridad moral y de clase, la opiácea hegemonía aglutinante, y metamorfosearse en separatismo más o menos larvado, aun a riesgo de división y trauma sociales, se elige con fría resolución de cirujano lo segundo.

Recaudar los impuestos para uno es "hacer país", pero recaudarlos para otros es hacer el primo. Este "uno" es un "uno" genérico, prosopopéyico, un "los nuestros contra ellos". La xenofobia no entiende otro lenguaje que el del darwinismo social; corre un denso velo sobre las miserias individuales para pintar al óleo el progreso de la especie, de su especie. Porque, para que Cataluña sanee sus presupuestos y disimule la pésima gestión hasta la fecha ¿cuántas otras Comunidades rozarán la quiebra a medio plazo? Y para evitar la arbitrariedad y el vacío legal que propician las coyunturas insólitas y los escenarios inestables ¿cuántos absurdos distributivos, cuánta zozobra territorial se generará?

¿Es posible una sociedad sin Dios?



El fin del Estado es el bien común; su fundamento es la sociedad. El fin de la sociedad es el Estado; su fundamento es el individuo. El fin del individuo es la sociedad; su fundamento es la muerte.

¿Por qué?

Porque un Estado que no se dirija al bien común de los hombres en nada se distingue de una reunión de bandidos.

Porque una sociedad que no tienda al Estado será proclive a la división y a la guerra de sus elementos, debilitándose y disolviéndose con el tiempo.

Porque un individuo que no se integre en la sociedad sucumbirá a muchos peligros, ya que es mortal.

Se dirá que hay animales sociables al margen del hombre y faltos de la idea de república. Sin embargo, el hombre no es sociable por instinto, sino por falta de instinto, esto es, por experiencia. Si estuviera dotado de un mejor instinto, no necesitaría la crianza de los padres en los primeros años. Sin la crianza de los padres, carecería de lenguaje. Sin lenguaje, no poseería un "yo". Sin "yo", no se sabría mortal.

Ahora bien, el hombre se sabe mortal, débil, finito, perecedero, luego es sociable. La idea de inmortalidad es precondición lógica de la de mortalidad: uno teme morirse cuando sabe que no debe morir. Pero no se dan deberes sobre lo que nos pertenece. Ergo la vida no nos pertenece, sino que nos es dada a todos. En consecuencia, la vida es el bien común.

Vemos, recapitulando, que el bien común, cuyo fundamento no es humano, es fundamento y fin del Estado. Éste se constituye por él y para él. Toma en depósito lo que no es suyo y lo toma en tanto que el deber de su conservación es origen de la sociabilidad. Un deber, pues, anterior y superior al hombre y a cualquier forma de organización política. Quien se sustrae a él, renuncia a su condición humana y al Estado, garante de la misma.

Tú debes. ¿A quién debes? Al que nada debe.

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