La mujer Española en el siglo xx
CIEN AÑOS DE AVANCE
El siglo XX ha sido sin duda el más importante para la igualdad de la mujer. El sufragio, la incorporación al mundo laboral y académico, la asunción de responsabilidades políticas y empresariales... Todo esto ha sido posible gracias al esfuerzo de las mujeres y a la labor de instituciones públicas cuyo objetivo ha sido la igualdad de derechos. Una de estas instituciones ha sido el Instituto de la Mujer que ha cumplido veinte años y que acaba de publicar el estudio Historia de las mujeres en España. Siglo XX.
 
 
 
Las mujeres ya tienen su historia

La investigación Historia de las Mujeres en España. Siglo XX recoge la trayectoria de las españolas en la educación, el trabajo y los derechos durante el pasado siglo. Los cuatro volúmenes de la obra, realizados por un equipo de 26 personas, ofrecen una visión de conjunto e introducen temas punteros de los que hasta ahora se sabía poco.
La publicación se inició en 2000 cuando una convocatoria del BOE sacaba a concurso la adjudicación de un informe sobre la situación de las mujeres en el siglo pasado. “Contábamos con bastantes medios pero con escaso plazo, seis meses”, señala Josefina Cuesta, coordinadora del equipo de la Universidad de Salamanca que finalmente se hizo cargo del proyecto. La configuración del grupo fue muy diversa, de ahí que esté integrado por profesores consagrados y por jóvenes investigadores que realizaban sus tesis doctorales, un total de 15 mujeres y 11 hombres.
Los autores del informe destacan las condiciones de igualdad entre los sexos a las que se ha llegado en España en materia de educación, pero, como recuerdan los especialistas en la materia, "hay que tener en cuenta que en educación no es la variable sexo la que más cuenta, sino la variable clase social". En lo que concierne al trabajo femenino insisten en que las mujeres han trabajado siempre en labores muy duras y en condiciones muy difíciles "aunque la historia las ha invisibilizado hasta hace poco". Uno de los autores, José Manuel Cabrera señala la tardía incorporación de las mujeres a gran escala al trabajo extra-doméstico. También destaca su notable participación en el sector Servicios, que a fin del siglo XX ocupaba al 80 por ciento de la mano de obra femenina.

LOS DERECHOS
Los trabajos sobre los derechos de las mujeres están realizados por miembros del equipo que dirige la profesora Esther Martínez Quinteiro –que también ha coordinado el tomo II, relativo al periodo de la Dictadura de Franco– y aportan una nueva perspectiva a los estudios de género, que permiten seguir la evolución femenina desde la perspectiva de los derechos humanos. Resalta la importancia que para las mujeres españolas tienen no sólo los derechos políticos, sino también los derechos sociales, que paradójicamente son los primeros que conquistan. Y especialmente los derechos civiles, ya que "la larga Dictadura franquista se había caracterizado por la postergación jurídica de las mujeres, e impidió su acceso a determinados puestos de trabajo, como la judicatura y otros", señalan los responsables de este capítulo. "Podemos decir que hasta 1975 las mujeres casadas españolas no recuperan su mayoría de edad."
En cuanto a los motivos del espectacular aumento de la violencia doméstica Mª Paz Pando Ballesteros, otra de las colaboradoras, señala que "quizás influye el que la mujer es menos sumisa, conoce sus derechos y no quiere estar sometida a condiciones inhumanas y denigrantes en su hogar". Rosa María Merino y Mª Luisa Ibáñez, que han trabajado el tema de la violencia doméstica, indican que ésta se produce sobre todo “cuando ha existido una relación afectiva entre víctima y verdugo, y esta relación se quiebra con la separación de la mujer". "Podría pensarse –añaden– que el varón no puede tolerar esta pérdida y habría que preguntarse los factores a los que obedece esa respuesta violenta. Habría que realizar una gran encuesta o investigación sobre las causas de esta epidemia”.



A
nadie se le escapa que los derechos de las mujeres son la gran conquista de la democracia. Como señala Josefina Cuesta, directora de la investigación Historia de las Mujeres en España. Siglo XX, “las españolas han debido recorrer en estos veinticinco años el proceso que las europeas han recorrido a lo largo de todo el pasado siglo. De ahí que la conquista de los derechos sobre el papel sea un logro que aún espera su aplicación a la realidad social en muchos campos”.
El Instituto de la Mujer nace como Organismo Autónomo por Ley a finales de 1983. Su creación perseguía, entre otros objetivos, dar respuesta a las demandas sociales y políticas del momento, especialmente en lo que se refiere a fomentar y ahondar en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Hoy, 20 años después, su eslogan sigue siendo el mismo: “Trabajando por la igualdad”. Entre sus fines está el desarrollar políticas encaminadas a promover la igualdad de género y la participación de la mujer en la vida política, cultural, económica y social. También elabora informes con los que pretende contribuir a que se conozca la situación real de las mujeres en nuestra sociedad, como el ambicioso estudio Historia de las Mujeres en España. Siglo XX, un trabajo que pone de manifiesto que aunque las mujeres han superado la “invisibilidad” en muchas áreas, aún no se ha superado el llamado “techo de cristal” que permite alcanzar una situación de igualdad respecto a los hombres en muchos ámbitos.

Mucho por Recorrer
La voluminosa obra, de 2.000 páginas y editada en cuatro volúmenes, aborda la historia femenina, analizando situaciones a menudo obviadas por nuestra sociedad. Este trabajo se enmarca dentro del programa de actividades conmemorativas del 20 aniversario del Instituto de la Mujer que, según la directora, Miriam Tey, tiene por objeto “dar a conocer los cambios y permanencias más significativos ocurridos en la situación de las mujeres españolas en el siglo XX desde el punto de vista demográfico, histórico, sociológico y antropológico, de roles de género, de trabajo, de salud y de condiciones de vida”.
La directora de la obra citada, la catedrática Josefina Cuesta, señala que durante el pasado siglo las mujeres han logrado las libertades sociales, el acceso a la educación y el trabajo. “También han conseguido la igualdad ante la ley, pero no la igualdad real, que sigue siendo la asignatura pendiente.” Y apunta como claro ejemplo de estas diferencias el que todavía las mujeres tengan una fuerte diferencia salarial, sufran el doble de paro y apenas accedan a puestos de responsabilidad. Se constata en general una diferencia salarial entre hombres y mujeres que oscila entre el 20 y el 40 por ciento a lo largo de todo el siglo XX. “Ellas son las que asumen la mayor parte del trabajo a domicilio y del trabajo sumergido, además del trabajo doméstico. Además asumen las responsabilidades laborales con las domésticas, más las cargas familiares. Tienen que realizar habitualmente la doble jornada”, dice Cuesta. También un estudio realizado por Mª Ángeles Durán constata que “las tareas domésticas y cargas familiares recaen sobre las mujeres en una proporción que se calcula entre el 90 y el 70 por ciento”, uno de los muchos datos que imposibilitan, hoy por hoy, un acceso real a la igualdad y al reparto de tareas.
Desde su creación el Instituto de la Mujer ha venido elaborando y poniendo en práctica los denominados Planes de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres (PIOM), con los que se ha pretendido sentar las bases de la lucha contra la desigualdad. El último de ellos, que hace el número IV, fue aprobado el pasado año y estará en vigor hasta 2006; su objetivo fundamental es promover la conciliación entre la vida familiar y laboral gracias a la Ley de Conciliación aprobada en 1999; para ello quiere acometer medidas orientadas a modificar la normativa existente, así como la elaboración de una Guía de buenas prácticas para favorecer el reparto equilibrado de las tareas domésticas. En su vertebración, señalan sus responsables, se han tenido en cuenta “una serie de consideraciones y propuestas basadas en estudios singularizados en las mujeres, además de sugerencias y recomendaciones de organismos internacionales competentes en la materia”.

Instrumento de Cambio
El primer instrumento de cambio puesto en marcha por la Administración fue en 1988, cuando arrancó el primer Plan para la Igualdad de Oportunidades, un elemento decisivo de la transformación de la situación social femenina. En él cabe destacar el cumplimiento de importantes objetivos relacionados con el ordenamiento jurídico, la educación y el empleo, la protección social, la salud, el asociacionismo y la cooperación internacional.
Las campañas llevadas a cabo en estos años por la Administración han servido fundamentalmente para cambiar los roles de la mujer en cuanto a género, trabajo, salario, condiciones de vida, derechos humanos o acceso a puestos de decisión. Según un comunicado de la Oficina de Estadística de la UE (Eurostat), España se sitúa entre los primeros países de la Unión Europea en porcentaje de titulados de carreras universitarias en Ciencias e Ingenierías, y del total de titulados el 57,2 por ciento son mujeres. Asimismo, el mencionado informe sobre la evolución femenina en el pasado siglo constata importantes cambios que han supuesto el paso de la mujer del sector primario al terciario, con lo cual su trabajo ha pasado a estar más reconocido, “a pesar de que continúe trabajando en campos tradicionalmente identificados como femeninos”, señala Cuesta.
Respecto a los puestos de responsabilidad las fotos de los grandes grupos decisorios hablan por sí mismas, y así la banca, los consejos de administración, los consejos de los grandes grupos financieros, los rectorados de las universidades o los dirigentes de los partidos son, en su mayor parte, hombres. Por eso son muchas las voces que claman porque se vigile el cumplimiento de las políticas de igualdad.

Sensibilización Social
Cuesta señala que aunque no se ha realizado un estudio detallado de sus resultados, los Planes de Igualdad de Oportunidades, “por los datos generales de que disponemos creemos que han servido para cambiar la imagen de las mujeres, especialmente la que se divulga en los medios de comunicación, así como para sensibilizar a la sociedad sobre la desigualdad en los ámbitos del trabajo, del salario, de la dedicación a las tareas domésticas, aunque no para combatirlo”.
Por lo que respecta al mundo laboral, las mujeres españolas se incorporaron paulatinamente al trabajo extra-doméstico desde el siglo XIX. A principios del XX son paradigmáticos los sectores de las tabaqueras, de las trabajadoras del textil y de “la aguja” y son mayoría las empleadas del servicio doméstico. Ya por entonces es sensible la discriminación salarial: los obreros cobraban, por lo general y en el mismo nivel, el doble que las obreras. Desde los años sesenta y setenta, han seguido incorporándose al trabajo extra-doméstico, aunque su proporción no es equiparable aún al de sus compañeras de la Unión Europea. Aunque han seguido trabajando en campos tradicionalmente femeninos, en los últimos años las mujeres españolas han accedido a sectores hasta ahora inusuales para ellas.
Otra constante han sido los programas de formación
Para insertar a las mujeres en el mundo laboral, otra constante del Instituto han sido los programas de formación. Programas como Nova, que contemplan una formación innovadora consistente en una serie de cursos ocupacionales dirigidos a desempleadas de distintas titulaciones, o como Clara, dirigido a la formación y orientación de mujeres con especiales dificultades, mayores de 45 años, sin titulación académica, discapacitadas, inmigrantes o víctimas de la violencia de género.

Violencia doméstica
Las campañas llevadas a cabo por la Administración han servido para cambiar los roles de la mujer
Otro de los cometidos del Instituto es la lucha contra la violencia doméstica, tema por desgracia de plena actualidad. La solución pasa, según los expertos, porque la sociedad deje de ser “machista”. Y que los medios de comunicación desempeñen un papel primordial. Con motivo de la presidencia española en la UE, el Instituto elaboró un estudio sobre las medidas adoptadas por los Estados miembros para luchar contra la violencia hacia las mujeres. Asimismo ha realizado un macro informe, referido al periodo 1999-2002, sobre la prevalencia, causas y efectos de este tipo de violencia.
Ya en 1978 se interpusieron 16.000 denuncias por violencia doméstica y desde esa fecha no han dejado de incrementarse. Lo mismo que el número de mujeres muertas por esta causa. “El proceso ha sido suficientemente largo como para poder atajarlo –señala Cuesta–. Se han arbitrado algunas medidas pero los resultados proclaman que no se ha dado con la política adecuada para erradicarla”.
Dependiente del Instituto el Servicio de Comunicación e Imagen, se encarga de la recogida y difusión de toda la información cotidiana referida a la mujer. Dentro de sus cometidos se encuentra el alertar sobre los contenidos sexistas y discriminatorios de la publicidad que menoscabe la dignidad de las mujeres o su trato igualitario. Para garantizar esto existe el Observatorio de la Publicidad que canaliza las denuncias y quejas de dichos anuncios que trasmiten estereotipos erróneos o deformados del pasado. En este sentido, todas las partes implicadas son conscientes de que no sólo es posible sino que es necesario cambiar la imagen de la mujer en los medios de comunicación, que “se sigue utilizando dentro del ámbito doméstico o como símbolo sexual”.

Denuncias
En su continuo trabajo por la igualdad el Instituto dispone de un teléfono de carácter gratuito las 24 horas. A este teléfono se dirigirán las posibles denuncias de ciudadanos que consideren vulnerados alguno de los derechos reconocidos en nuestra Constitución. También tiene el Instituto de la Mujer dos teléfonos de información gratuitos y de cobertura nacional, que funcionan las 24 horas del día, durante toda la semana y que asesoran y transmiten información sobre aspectos tales como: trabajo, casas de acogida, legislación matrimonial, laboral, formación ocupacional, planificación familiar, asociaciones de mujeres, malos tratos, justicia gratuita, violación, cooperativas, madres solteras y un largo etcétera que recorre el multifacético mundo de las mujeres. El teléfono al que pueden dirigirse es 900 19 10 10.
Porque, como señala Mª José Sánchez, secretaria de la Federación Regional de Enseñanza de Madrid de CC.OO. “algunas voces se alzan para decir que ya somos todos y todas iguales, que tenemos las mismas oportunidades, el ignorar la desigualdad no ayuda a superarla sino a perpetuarla. Debemos ser conscientes de lo que nos rodea, de que las mujeres siguen llevando la carga de la doble jornada (empleo-hogar), que son minoría las que acceden a puestos de responsabilidad, que hay poca participación en las organizaciones sindicales”. Y concluye que el lema debe seguir siendo “mucho por reivindicar”.
 
Josefina Cuesta: "Hasta ahora la historia se narraba en masculino"

La catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca y Profesora invitada de la Universidad de Paris, Josefina Cuesta Bustillo, es la directora del proyecto de investigación que analiza la trayectoria y la evolución de las mujeres españolas a lo largo del siglo XX.

El Instituto de la Mujer ha cumplido 20 años, ¿qué se ha conseguido en este periodo y cuánto queda por hacer?
Se ha conseguido sensibilizar a la sociedad sobre la condición de las mujeres españolas, y dar a conocer múltiples facetas de la vida femenina en España, especialmente a través de sus publicaciones, trazar algunos planes para la promoción e igualdad entre hombres y mujeres y plantear algunos problemas. Pero falta por hacer un plan integral, realista y suficientemente financiado para la liberación de la mujer: para la igualdad en todos los espacios y en todos los grupos sociales, de la cocina al trabajo y al ocio o a la prostitución, de las trabajadoras a domicilio a los puestos de responsabilidad en la empresa y en las instituciones.
¿Cuál es el cambio más significativo que ha experimentado la mujer en estos veinte años?
Acaso la igualdad en el acceso a la enseñanza en todos los niveles, pues los derechos políticos, sociales y civiles ya estaban consignados en la Constitución. Un cambio a tener en cuenta es la sensibilización de la sociedad sobre algunos problemas de las mujeres: violencia, malos tratos, acoso sexual y laboral, abusos a menores... Pero no constato una similar sensibilización en cuestiones que están ahí durante más de un siglo y que nunca son acometidas a fondo, como la discriminación laboral, salarial y el paro.
¿Qué cree que puede aportar la obra que ha coordinado? ¿Qué destacaría como lo más novedoso del estudio?
La principal aportación es añadir el conocimiento de “la mitad de la sociedad" a la otra mitad. Hasta ahora la historia se narraba en masculino, ahora podemos conocer la sociedad española del siglo XX en su conjunto, masculino y femenino, y las contribuciones de cada uno a la vida española. Lo más novedoso del estudio es el haber rastreado a lo largo de todo el siglo XX cuestiones que interpelan hoy a la sociedad española: pobreza femenina, violencia de género, acoso sexual –también en el trabajo–, discapacidad, prostitución, relaciones sexuales, y los derechos de las mujeres también como derechos humanos.
El siglo XX ha supuesto una revolución pacífica. ¿Sigue pendiente la igualdad real de la mujer?
Me gusta mucho ese concepto de "revolución pacífica" que Adolfo Posada aplica a la emancipación femenina, y que él mismo toma de una conocidísima feminista inglesa, Millicent Garrett-Fawcett. Creo que es aplicable a España, especialmente en los años treinta y en la democracia actual. Del estudio se desprende que el logro principal ha sido la igualdad jurídica en casi todos los ámbitos, sin embargo la igualdad real está pendiente en muchos campos y muy importantes: en el acceso al trabajo, en las condiciones de éste, no siempre adecuadas a las mujeres, en los salarios, y en las cifras de paro en las que las mujeres españolas duplican a los hombres.
¿Cómo ha sido la evolución de las mujeres españolas en la educación?
En la educación se ha desarrollado esa verdadera "revolución pacífica". En 1900 las cifras arrojan una tasa de analfabetismo femenino del 36 por ciento mientras el masculino se sitúa en el 27 por ciento. Pero incluso estas cifras son engañosas y creemos que inferiores a la realidad, pues la diferencia entre ambos analfabetismos es mayor. Y aún es mucho mayor la disparidad por provincias, pues aún existían más de 20 provincias donde el analfabetismo femenino se extendía al 70 por ciento de las mujeres. Hoy ese problema ha desaparecido prácticamente, aunque no del todo, quedan núcleos marginales de analfabetas que se han incrementado con la inmigración.
¿Hasta qué punto los planes para la igualdad de oportunidades del Instituto de la Mujer han sido decisivos para la transformación de la situación social femenina?
La obra estudia los programas y repercusiones de estos planes, que no han sido decisivos. Constituyen un buen programa teórico para la defensa de los derechos de las mujeres, pero se aplican parcialmente, "en migajas", y no van acompañados de los presupuestos necesarios. No hay suficientes instrucciones para una inspección del trabajo específica dirigida a eliminar la discriminación salarial, el acoso en el trabajo, ni un plan que luche específicamente contra el paro femenino. Falta una política eficaz de ayuda a las madres adolescentes, inmigrantes, o sin recursos que evite la aparición de recién nacidos abandonados. Si no se han superado las diferencias en la discriminación salarial y en el paro, algo falla en los planes.
Todavía las mujeres tienen una fuerte diferencia salarial, sufren el doble de paro y apenas acceden a puestos de responsabilidad. ¿Qué puede hacerse?
Cuando la diferencia salarial y el paro son males endémicos habrá que pensar que existen intereses para que esta situación se prolongue. La Administración debería asumir esta responsabilidad, y en primer lugar hacer estadísticas transparentes, y cuando informe de salarios y de cifras de paro diferenciar siempre por sexos. La claridad en las estadísticas es una reivindicación permanente de todas las mujeres de la UE. Los sindicatos podrían ser más vigilantes sobre estas desigualdades y corregir la visión que proporciona la Administración.
¿Qué es lo más interesante que ha puesto al descubierto este informe?
Fundamentalmente el salto de gigante que las mujeres españolas han dado en la democracia española. Hemos aprendido que el binomio mujeres y democracia funciona bien, y que ellas son las que más pierden en los regímenes dictatoriales o en las democracias incompletas.


Chus Sáez Valcárcel

Graffitis
¿ARTE O VANDALISMO?
De la expresiva pintada espontánea en el muro a las sugerentes y elaboradas plantillas; de los garabatos a los coloridos murales. En las paredes, en los callejones, en los trenes, en los pilares de los puentes: a través de toda gran ciudad parece haber un mundo de mensajes. Arte, transgresión y vandalismo son palabras muy oídas en la polémica que surge inevitablemente del hecho de pintar espacios públicos y privados sin permiso.
 
 
 
HISTORIA

Si bien el acto de dejar escritos anónimos para satisfacer la necesidad de comunicación humana existía en civilizaciones antiguas, la palabra graffiti procede del italiano, y fue utilizada por los arqueólogos del siglo XVIII, que así llamaban a las inscripciones hechas en las letrinas y otros sitios públicos.
Tanto los activistas políticos de los 60 en Europa como los miembros de las bandas o gangs que se formaron en Estados Unidos utilizaron las pintadas o graffitis: para divulgar sus protestas los primeros y para delimitar su territorio los últimos. En torno al 68 se observa una nueva actitud ciudadana –según F. Figueroa– donde se reclama el derecho del uso del espacio público, de la calle como escenario donde puede establecerse un intercambio comunitario.
El primer grafitero famoso o por lo menos reconocido por los medios de comunicación –según cuenta Graig Castleman en su libro Los graffiti– fue un joven de Washington Heights, apodado Taki183. Este transeúnte llenó el metro de Nueva York con su firma. Taki183 sólo escribía su apodo, cuyas cifras, como se descubrió más tarde, correspondían con el número de su casa. Luego sus imitadores proliferaron, y con ellos nació el estilo, que se hizo necesario para distinguir la escritura propia del resto.
A fines de los setenta el mundillo artístico se asomó a la estética del graffiti, cuando algunos grafistas comenzaron a exhibir su trabajo en galerías de arte. Sin embargo, el graffiti seguía siendo una cultura marginal. Esta época estuvo signada por la competitividad entre los grafiteros, y es entonces cuando comenzaron a formarse los primeros grupos, conocidos como crews.
También en esos años, la Metropolitan Transit Authority de Nueva York inició su lucha contra el graffiti, cubriendo los vagones con pintura resistente y poniendo vallas en las cocheras. A estas medidas siguieron muchas más por parte del gobierno: promulgación de leyes restringiendo la venta de pinturas, endurecimiento de las penas contra los grafiteros, obligación de los vendedores de tener los sprays bajo llave. La aparición en escena del crack y las armas de fuego, sumada a la escasez de lugares para pintar, hizo a los artistas más territoriales y agresivos, según señala D.J. Sick desde una página web especializada en hip-hop y graffiti (El Síndrome).
Con los ochenta y la irrupción del hip-hop hubo un renacimiento de la cultura urbana. El movimiento europeo se consolidó, y aparecieron revistas especializadas. Internet, en la última década, ha permitido el encuentro entre grafiteros de todo el mundo, que intercambian fotografías y técnicas.



M
uchos muros de las principales ciudades del mundo comienzan cada nuevo día cubiertos de pintadas. Algunos parecen jeroglíficos coloridos y gigantes, hay también firmas ilegibles y repetidas. Generalmente encontramos dibujos extraños, aparentes letras que poco dicen al caminante. Las inscripciones rompen con el orden y la limpieza de las paredes, de los transportes, de las superficies del espacio público. Indudablemente forman parte del paisaje urbano, y con la rutina de transitar se hacen invisibles y acabamos por no verlas. Sin embargo, ahí están, y causan muchas molestias a quienes blanquean los muros, reponen cristales y limpian las fachadas una y otra vez.
El Ayuntamiento de Madrid, por poner sólo un ejemplo, gasta casi seis millones de euros al año en la limpieza de carteles, graffitis y pintadas. En 2002 se eliminaron 1,4 millones de metros cuadrados de lo que se denomina “suciedad urbana”. Sólo en el centro, en un año se limpian 130.000 metros cuadrados. El problema es de tal magnitud que la Concejalía de Medio Ambiente destina diariamente 100 personas y 50 vehículos hidrolimpiadores para intentar mantener las paredes libres de pintadas. Se utiliza tecnología avanzada y costosa, como chorros de granalla, agua fría o caliente a presión; o los métodos químicos, que incluyen decapantes, detergentes y otras sustancias abrasivas. Para la protección de ciertas zonas de interés, museos y edificios oficiales, se utilizan además productos de protección antipintadas.
Escribir en un lugar en el que no está permitido hacerlo es desde el primer momento signo de rebeldía. El graffiti no está explícitamente considerado en la legislación como un hecho delictivo per se, pero sí lo están los daños que puede causar al mobiliario urbano. A partir de la valoración de un perito, que establece la cuantía de los daños, se determina la sanción. Los daños entre 240 y 300 euros son considerados una falta; cuando superan esa cantidad configuran un delito. Si el autor se niega a cumplir trabajos comunitarios, se enfrenta a una multa o a un fin de semana de privación de libertad.

Mensajes urbanos
Cualquier caminante a través de su experiencia cotidiana puede reconocer los distintos tipos de graffitis que existen. Uno de los más frecuentes es la firma, o tag, es la escritura rápida que representa la firma del autor, con pocas letras –legibles o no–, o con símbolos. Generalmente hecha con rotuladores, se siembra de modo repetitivo en la mayor cantidad de sitios posible para lograr el reconocimiento de su autor. Por lo general, los jóvenes comienzan adquiriendo práctica con la firma antes de pintar graffitis más elaborados o piezas. La pieza es el graffiti que combina colores, sombras, líneas y efectos consiguiendo un dibujo elaborado, en un espacio físicamente mayor. En muchos casos se utilizan bocetos y varias personas colaboran en su realización.
A la búsqueda del significado de estas inscripciones, se han dedicado sociólogos, antropólogos y filólogos. Ana María Vigara, profesora de Filología Española, y Francisco Reyes Sánchez, en un trabajo de investigación sobre los graffitis y las pintadas en Madrid, hacen una distinción entre estas dos modalidades, señalando que se llama pintada a un mensaje mural verbal, mientras que el graffiti tiene un componente icónico-pictórico. Este último es críptico, y su función principal no es tanto transmitir información como invadir espacios ajenos, “dejarse ver”.
Fernando Figueroa-Saavedra, que es doctor en Historia del Arte, y se ha dedicado al estudio del graffiti, define a éste como “un medio de expresión y comunicación no institucional”, que “se realiza manualmente, con auxilio o no de instrumentos, directa o indirectamente, sobre un soporte estable o inestable, fijo, portátil o móvil, y que puede presentar un carácter lúdico, ritual, informativo o ideológico de modo independiente o de forma combinada”. Agrega que “su usuario incurre conscientemente en la indecorosidad o la ilegalidad, en una actuación fundamentalmente transgresiva”.

Autores
Fernando Figueroa sostiene que “todos llevamos un escritor de graffitis dentro”, ya que seguramente hemos escrito alguna vez nuestro nombre en un banco de la escuela, en el hogar, en la calle, aunque no lo hayamos hecho conscientemente o no lo recordemos. Pero los grafiteros de las grandes ciudades han hecho de esa inclinación una forma de vida. Quienes ensucian o decoran (que de todo hay) las paredes y los monumentos de nuestras ciudades son mayoritariamente, jóvenes de clase media. Según Vigara y Reyes, comienzan a firmar entre los 12 y 14 años y lo dejan con la mayoría de edad, cuando se cansan de los riesgos de la ilegalidad, aunque algunos continúan. Varios investigadores les otorgan la categoría de tribus urbanas, por compartir cierta ideología, jerga, gustos artísticos y musicales. También por su atuendo, aunque en este sentido no se puede generalizar. Y aunque hay algunos que se lanzan con su bote de pintura en solitario a veces se juntan para pintar.
Para ellos los colores y las formas que utilizan en sus escritos son portadoras de un significado dirigido a otros grafiteros, o a personas que aprecian su arte. Vigara y Reyes afirman que “no pretenden particularmente comunicarse con el transeúnte (no, al menos con cualquiera de nosotros), pero tampoco aceptarán fácilmente que consideremos su obra una agresión”. “Tienen en cierto sentido una concepción lúdica, casi romántica, del arte.” Para ellos “lo que hacen es, ante todo, un ejercicio de libertad (y no, desde luego, de vandalismo), en el que deciden por sí mismos, toman la iniciativa, ocupan su lugar y dejan constancia de que existen, expresan sus cualidades artísticas y adornan los insulsos y tediosos espacios vacíos de las ciudades”, agrega el estudio de Vigara y Reyes.
Aunque no lo imaginemos, detrás del graffiti hay un código ético. Los estudios señalan la existencia de reglas claras y estrictas, así como parámetros compartidos de valoración de las obras realizadas, que todo grafitero acepta y hace respetar. Las normas más importantes son señaladas por Vigara y Reyes como: reconocimiento de la autoridad (del artista), jerarquización de lo pintado –quiere decir que hay grados de calidad artística que deben ser respetados–, y supremacía e inviolabilidad del graffiti. A éstas el estudio agrega otras menos importantes pero igualmente vigentes como: no copiar estilos, estar al día y mejorar con el tiempo.
Sin embargo estos criterios no son uniformes y mientras que para unos es perfectamente ético rayar los cristales de los transportes públicos, otros ven en estas pácticas un vandalismo sin sentido.

Arte y vandalismo

En el marco del Forum de las Culturas de Barcelona, que tendrá lugar a partir de mayo próximo, ya se ha anunciado que “artistas de todo el mundo pintarán un gigantesco graffiti”

El hecho de que haya habido graffitis elaborados y artísticos que no han deteriorado la propiedad pública o privada ha llevado a un reconocimiento, e incluso a un intento de institucionalización de estas actividades. Así, el Festival de Arte Vanguardista realizado en junio de 2003 en la Casa de Campo en Madrid, dedicó su edición al graffiti. Los participantes plasmaron en directo su obra, bajo la mirada del jurado. En enero de 2004, la Sexta Feria de Arte Contemporáneo apostó por “otros credos estéticos como el graffiti”, y organizó talleres de graffiti. En el marco del Forum de Barcelona, a realizarse en mayo de este año, ya se ha anunciado que “artistas de todo el mundo pintarán un gigantesco graffiti”. Aunque la primera actitud que provoca el graffiti es de rechazo por parte de la sociedad, no parece ser ésta la única reacción que suscita. Dice Zosen, uno de los grafiteros entrevistado por Fernando Figueroa: “lo que sí veo es que hay una generación de gente que le gusta y de algún modo acepta nuestro trabajo; sacan fotos de lo que hacemos y no son ni graffiteros, ni reporteros gráficos ni nada por el estilo”.
Pero la polémica social está en su consideración. ¿Se trata de un arte o es simplemente vandalismo urbano? Fernando Figueroa afirma: “Un graffiti es un graffiti. El que alcance una dimensión artística o vandálica depende de las intenciones expresivas del autor. Unos pueden cuidar plásticamente el graffiti o acentuar el lado vandálico, recalcando lo agresivo de su irrupción sobre un tejido ordenado y regulado”. “El graffiti –añade– será siempre un tema polémico y recibirá siempre una mayoritaria sanción negativa a los ojos de la sociedad”. Pero por mucha lucha que se haga contra ellos, o aunque se intente dejar espacios libres (grafitódromos) para que allí se expresen, el graffiti es “un fenómeno inevitable”. Es una seña de identidad más de la cultura urbana.
 
En España

Nada se puede decir del graffiti en España sin hablar de Muelle. Él es quien comenzó, junto con los flecheros, la vertiente autóctona en 1982.
Muelle se hizo conocido gracias a escribir millones de veces su mote. Su firma simple pero fácilmente identificable llenó las calles de Madrid. Con el tiempo fue coloreándose, adquiriendo relieves, y apropiándose de espacios cada vez más visibles, como vallas publicitarias. Según él, su mensaje era un “antídoto contra el bombardeo de imágenes que nos invade". Sus principios se reflejaban en su obra, ya que dicen que evitaba dañar lugares de interés natural o cultural, y se preocupaba porque sus aerosoles pudieran dañar la capa de ozono. Muchos admiradores de su obra reconocían sus firmas, incluso presumían de adivinar su autenticidad o falsedad, ya que también tenía imitadores.
Se cuenta que en 1987 fue detenido cuando estampó su firma en la recién instalada estatua del Oso y el Madroño. Multado con 2.500 pesetas, recurrió la sentencia y defendió su actuación ante los tribunales, calificándola como meramente cultural. Un año después, mientras se realizaban obras de limpieza en la Cibeles, todas las cubiertas de los andamiajes amanecieron firmadas por él.
Muelle no ganó dinero con su actividad, y demandó a dos agencias que reprodujeron parte de su logo. Llegó a denunciar al Ayuntamiento de Madrid, en 1988, por utilizar su rúbrica en una ilustración de una revista. Nunca quiso quedar ligado a una marca: en 1985 había registrado su firma con derechos de propiedad, agregando a partir de entonces el símbolo ® a sus dibujos.
Circulan todo tipo de anécdotas, referidas por quienes le conocieron, y más aún por los que no pudieron hacerlo; Muelle murió en 1995. La prensa recogió este acontecimiento, contando la historia de su vida, y publicando la esquela con la que el Ayuntamiento reconocía su obra.


Marilín Gonzalo
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