20:15 | BOCA 1 - LANUS 2
Cosa de brujas

El equipo de La Volpe cayó en La Bombonera y ahora deberá definir el Apertura 2006 en un partido a todo o nada con Estudiantes. Le bastaba un punto para alcanzar el tricampeonato, y ganaba con un penal de Palermo. Pero Graf y Archubi lo dieron vuelta y la victoria pincharrata deja abierto el desenlace del torneo. La final se jugará el jueves, a las 17.









Boca y Lanús comenzaron a jugar el partido durante la semana. Al estilo europeo. A pura declaraciones. "Firmo el empate sin dudar", dijo, sin pelos en la lengua, Ramón Cabrero, el DT del Granate. Con idéntica fuerza y convicción, respondió Ricardo La Volpe: "Si no salimos campeones, me voy". En la antesala de uno de los dos partidos más destacados de la fecha (Estudiantes y Arsenal es el otro), los técnicos le ponían pimienta al desenlace del campeonato. La despedida de Horacio Elizondo del fútbol argentino, era la frutilla del postre.

Sorprendió el DT local: se la jugó por el Pampa Calvo desde el arranque y mandó a Guillermo al banco. ¿Acaso la intención era pensar primero en su arco y luego en el de Bossio? No dio esa sensación. Al minuto, Palacio se escapó por la derecha y remate débil, a las manos del arquero visitante. Algo estaba claro: no había lugar para las especulaciones. Si bien el Xeneize era más ambicioso, Lanús formaba un interesante triángulo en el medio con Leto, Archubi y Aguirre. Los tres con una clara intención ofensiva. Entonces, el partido era entretenido.

El ritmo era el denominador común de los dos equipos. Todo se hacía rápido, sin pausas. Con mucha presión. El mediocampo era una zona de tránsito. Eso sí, pasaban los minutos y las oportunidades de gol no llegaban. Apenas un remate de Marino desde lejos que se fue por arriba, y un oportuno cruce de Ribonetto cuando Palermo tenía los cubiertos en la mano. Promediando la primera parte, decayó el nivel de juego. Pero entre los errores del fondo boquense, y el talento de algunos jugadores del equipo de La Volpe, se debatía un encuentro que todavía mantenía el suspenso.

Lanús tuvo su chance a los 28. La entretuvieron por la derecha entre el pibe Acosta y Leto. Salió el cambio de frente para el ingreso de Velásquez, llamativamente solo. Tuvo tiempo para pensar en la definición. Pero cerró los ojos y le dio fuerte. Afuera. Le perdonó la vida. Algo que Boca no hizo dos minutos después. Cuando Palermo ejecutó un penal (infantil e increíble mano de Pelletieri tras un tiro de esquina) con su habitual potencia y ponía en ventaja a los suyos. Empezaba otro partido.

Entonces, Lanús buscó más. Aprovechó la siesta post festejo del Xeneize y le llegó fácil. Por eso, Bobadilla se ganó los aplausos al envíar al córner un envenenado disparo de Leto, que se metía abajo. Y ya fue ovación cuando salió del área para evitar un peligroso avance de Graf. Nada pudo hacer el paraguayo para evitar el empate: excelente acción colectiva que comenzó con un pelotazo cruzado de Leto para Acosta, quien, sobre la derecha, recibió, puso quinta y dejó en ridículo a Morel Rodríguez y Silvestre. Entró al área y asistió a Graf. Cabezazo y adentro. Silencio sepulcral en La Bombonera.

Empujado por el constante aliento de su gente, Boca salió con todo en el comienzo de la segunda etapa. Fue así que tuvo cuatro oportunidades antes de los diez minutos. Todas organizadas y terminadas por ese rayo veloz que se llama Palacio. Hoyos sacó una a un metro de la línea, y Bossio se lució en un mano a mano. Era Deportivo Palacio. Nunca los de Cabrero habían estado tan apretados.

Hasta que en la primera situación de riesgo, Lanús le puso más suspenso al Apertura. Archubi capturó un rebote en la puerta del área y le dio de zurda. Bien esquinado. Imposible para Bobadilla. Se gritó más en La Plata que en otra parte. Mientras, La Volpe buscaba en el banco las soluciones. Apostaba por la frescura de Franzoia, y el oportunismo goleador de Boselli. Pero el problema no era de nombres. Lo que Boca no podía era quebrar a la defensa visitante. Hoyos y Ribonetto estaban en su salsa: todos los ataques terminaban en centros, y ellos son especialistas en ese aspecto. Encima, Palermo se encontró con la pelota en el área y le dio con alma y vida. Gigante, Bossio la sacó al córner.

¿Qué hacía el Granate? Se metía cada minuto más atrás. Se defendía como podía. Pero no resignaba a la contra. Lautaro Acosta complicaba con su habilidad. Por momentos daba la sensación que los del Sur estaban más cerca del tercer que Boca de la igualdad. Pero Lanús no podía liquidarlo. Crecían los nervios en el público local. Ni hablar cuando llegó el gol de Alayes, en La Plata. La confusión bajó de las tribunas y se instaló en sus propios jugadores. Entonces Gago y Palacio cometían errores infantiles. Entregaban mal la pelota. Y eso, no es común.

Pasaban los minutos y a los de La Volpe no se les caía una idea. Con el pitazo final de Elizondo, llegó la desilusión. Boca perdió sus dos últimos encuentros y ahora su tricampeonato ya no depende de sí mismo. Tendrá revancha el jueves, ante Estudiantes. En un partido a matar o morir. Y si quiere dar la vuelta no puede volver a fallar.






DOMINGO | 10.12.2006
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