PENSAMIENTO Y ACCIÓN

 

Cristianismo y democracia según Jacques Maritain

 Ángel Correa G. 25/12/2003

e-cristians.net

 

En su artículo Cristianismo y democracia, recientemente publicado en E-Cristians, José Gómez Cerdá nos presenta una apretada síntesis del pensamiento de Jacques Maritain a partir de su libro de ese mismo nombre. Estando de acuerdo en lo sustancial del artículo, tengo serias dudas de que el último párrafo de la conclusión sea una consecuencia lógica del planteamiento de Maritain. Más bien creo que, tal como está presentada, dicha conclusión se presta a graves confusiones. He aquí el texto que objeto: "El cristianismo plantea que, antes de establecer un modelo de sociedad democrática como la quiere y la desea la mayoría del pueblo, es necesaria una conversión del hombre en lo social, en lo político, en lo económico y en lo espiritual. Es preciso que ese cambio lo haga capaz de innovar, empezando por sí mismo. El hombre nuevo exigirá una nueva sociedad, y el cristianismo puede ofrecer ese nuevo sistema democrático".

A mi juicio, estas afirmaciones implican una relación entre el cristianismo y la democracia que parece ser abiertamente contradictoria con el pensamiento expuesto por Maritain en su libro Cristianismo y Democracia, sobre el cual está precisamente basado el artículo, una contradicción que resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que el esclarecimiento de esta materia, en el orden de la filosofía política cristiana, ha sido uno de los grandes aportes de Maritain. El artículo resume el pensamiento de Maritain sobre este aspecto específico como sigue: "Maritain explica que no se trata de que el cristianismo esté ligado a la democracia, lo cual considera que no es correcto, sino de constatar que es la democracia la que está ligada al cristianismo. La DEMOCRACIA está ligada al CRISTIANISMO porque el empuje democrático surgió en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica". Sin ser incorrecta, me parece que esta descripción, particularmente en su primera parte, resulta muy incompleta para alcanzar una adecuado entendimiento del planteamiento de Maritain.

A continuación transcribo del libro Cristianismo y Democracia los aspectos principales de tal planteamiento: "...En lo que concierne a las relaciones entre política y religión, está claro que el cristianismo y la fe cristiana no sabrían quedar dependientes de la democracia como de ninguna otra forma política. Esto es el resultado de la distinción fundamental introducida por Cristo entre las cosas que son del César y las cosas que son de Dios...". De acuerdo con esta distinción, el Gobierno de la cosas terrenales pertenece al ámbito del César. Acto seguido Maritain presenta la conclusión natural: "Ninguna doctrina u opinión de origen simplemente humano, por verdadera que pueda ser, se impone a la fe del alma cristiana, solamente las cosas reveladas por Dios... Se puede ser cristiano y buscar la salvación defendiendo una filosofía política diversa de la filosofía democrática, del mismo modo que se podía ser cristiano en los tiempos del Imperio Romano; aceptando el régimen social de la esclavitud o, en el siglo XVIII, adhiriéndose al régimen político de la monarquía absoluta".

Entonces, si esto es así, ¿en qué puede consistir la relación entre el cristianismo y la democracia en la contingencia histórica actual? "Lo que es importante para la vida política del mundo y para la solución de la crisis de la civilización, no es pretender que el cristianismo esté unido a la democracia y que la fe cristiana obligue a cada fiel a ser demócrata, sino constatar que la democracia está ligada al cristianismo y que el impulso democrático ha surgido en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica". "No se trata, por tanto, del cristianismo como tesoro de la verdad divina mantenida y propagada por la Iglesia, sino del cristianismo como energía histórica que trabaja en el mundo". En otras palabras, se trata de la constatación de una realidad HISTÓRICA y no de una relación propiamente doctrinaria o de principios.

"En virtud del trabajo oscuro de la inspiración evangélica, la conciencia profana ha comprendido que la historia humana no gira en círculo, sino que está orientada a un final y progresa en una dirección. El progreso no es automático y necesario, sino que está amenazado y obstaculizado. El progreso no es producido por una llegada de la razón pura que invade cualquier herencia del pasado; es esta misma herencia la que crece germinando bajo el trabajo de todas las energías humanas y divinas del hombre". Esta perspectiva de Maritain supone una visión de la historia en la que las realidades circunstanciales, por erróneas que sean, no son desechables en su proyección al futuro. Supone, por el contrario, que ese futuro se ha de construir a la luz de las experiencias acumuladas (positivas y negativas) y que, en lugar de requerirse quiebras o rompimientos para deshacerse de esa herencia, es preciso trabajar sin descanso para corregir y superar los errores, injusticias y condicionantes de todo orden que la distorsionan. En fin, supone que, aun en el fracaso y en la crisis, no debemos perder "la fe en la marcha hacia adelante de la humanidad".

Pues bien, a partir estos planteamientos, no resulta lógico, como he dicho, llegar a ninguna de las conclusiones que propone José Gómez. Veámoslas ahora en mayor detalle:

  1. "El CRISTIANISMO plantea que, ANTES de establecer un modelo de sociedad democrática como la quiere y la desea la mayoría del pueblo, es necesaria una conversión del hombre...". Por el contrario, pienso que, de acuerdo a la filosofía de la historia de Maritain, es preciso salvar y reencarnar el espíritu evangélico todavía subsistente en el mundo. Para ello, nuestra responsabilidad de cristianos es exigible HOY DÍA mismo, en el contexto de los terribles errores que dominan el actual estado de civilización y a pesar de nuestras propias pequeñeces y flaquezas.

    Como Maritain destaca insistentemente en su obra, más que perfección, lo que necesitamos para construir una nueva cristiandad es, sobre todo, "heroísmo". Así, la única garantía de que lleguemos a alguna parte (si es que se puede hablar de "garantías" en esto), está en el compromiso, en la entrega y en la lucha de cada uno de nosotros para poner en acción día a día los principios del humanismo cristiano conforme, sin duda, a las limitaciones de cada cual, pero también al esfuerzo que pongamos en ser mejores de lo que somos al tratar de estar a la altura de ese desafío.

  2. "El CRISTIANISMO plantea que... es necesaria una conversión del hombre en lo social, en lo político, en lo económico y en lo espiritual". Sin duda, la conversión más necesaria para afrontar como verdaderos cristianos los problemas (es decir, la conversión espiritual) no puede venir de parte alguna que no sea el propio espíritu evangélico que queremos reinsertar en el mundo. Sin embargo, en cuanto a lo social, lo político y lo económico, ésos son terrenos del César. Allí los cristianos, ciertamente inspirados y guiados por el cristianismo (mas sin comprometer al cristianismo con nuestras decisiones y acciones), tenemos que encontrar por nuestra cuenta, conforme a convicciones políticas auténticamente humanistas, los caminos y las soluciones que conduzcan a un mundo libre, solidario y justo.

     

  3. "El CRISTIANISMO puede ofrecer ese nuevo sistema democrático". El cristianismo no es una ideología que ofrece sistemas políticos. En su encíclica Centessimus Annus, el Papa Juan Pablo II señala: "(47)... La Iglesia respeta la legítima autonomía del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional". Y más adelante agrega: "Al no ser ideológica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica, y reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas".

    Por otra parte, en referencia al pensamiento de Maritain, éste vendría a ser un error análogo al que él llama "utopía teocrática", según la cual "el mundo y la Iglesia ocupan (y se disputan) el mismo terreno" en el orden temporal. "Este error va contra las palabras evangélicas: Mi reino no es de este mundo. Va contra el hecho de que Cristo no vino a transformar los reinos de la Tierra ni a ejecutar una revolución temporal" (Jacques Maritain, en Humanismo Integral). Así pues, las transformaciones y revoluciones que sean necesarias para avanzar en la construcción de una auténtica democracia de inspiración evangélica constituyen una tarea que nosotros los cristianos, sin exclusión de los no cristianos, debemos cumplir, bajo nuestra exclusiva responsabilidad CÍVICA y mediante el uso de los medios adecuados y proporcionados a dicha finalidad verdaderamente democrática.