1950:1959: Ya mero, embrión de Chivas campeón

05/01/2006
Por Sin autor

El periodo de adaptación al profesionalismo de los tapatíos continuaba

Las enseñanzas de Jorge Orth habían dejado una base, pero faltaba consolidar al Guadalajara como protagonista de la Liga. El 6 de mayo de 1950, bajo la dirección de Fausto Prieto, debutaría uno de los grandes referentes en la historia de la institución: Jaime Tubo Gómez… “El único extranjero que teníamos –dice Chava Reyes- porque nació en Manzanillo”.

A partir de ese año, las Chivas ocuparon puestos en la parte alta de la tabla gracias al buen juego … pero siempre les pasaba lo mismo. Jugaba bien y al final no se coronaba. “Ya merito”, les decían los del Atlas para mofarse. “No le veo lo vergonzoso –habla el Jaime Gómez- ni tampoco lo humillante porque el ya merito era subcampeón… Atlas ni a eso llegaba”.

Era ese el orgullo de Chivas: estar arriba, llegar a finales de Copa, por más que luego perdieran. “El mote no dejaba de afectarnos porque los periodistas se referían así de nosotros”. Fueron dos ligas y tres copas perdidas en la última instancia. “Nos faltaba tomar conciencia de lo que debe ser un jugador profesional”.

Se viajaba en autobús a casi todas las plazas. “A México nos íbamos en Pullman durante la noche… El transporte nunca fue problema”. Tampoco la comunicación con el escocés William Reaside, técnico que dio la titularidad al Tubo Gómez. “Hablaba algo de español. Por lo menos se daba a entender mejor que Arpad Fekete, que hasta la fecha sigue sin hablar bien”.

León era el principal dolor de cabeza. “Un equipo que sabía jugar con determinación, metían la pierna fuerte, pero además tenía buenos extranjeros”. En cambio los Rayados eran “más fragilitos. No se nos ocurría utilizar artimañas porque no sabíamos, no las conocíamos”. Fair play, le llaman hoy. Ingenuidad pensarán los pícaros.

Finca del futuro

Reaside tuvo que dejar el puesto por complicaciones gástricas. El argentino José María Cassullo ocupó el lugar. “Había ganado varios títulos con el León y lo trajeron por sus conocimientos”. No se equivocaron. “Era más teórico que práctico, sabía mucho pero en la cancha aportaba poco. Lo importante fue que comenzó el armado de lo que sería el Campeonísimo, aunque no le tocó ver el fruto de su esfuerzo porque lo corrieron tras perder con Atlas”.

Cassullo recomendó la contratación de varios jugadores. “Vio a José Jamaicón Villegas en La Piedad de Segunda División y lo trajo. También a Pedro Nuño y Raúl la Pina Arellano, que jugaban en el Imperio. A Isidoro Cholo Díaz del Acatlán de Juárez y a Francisco Flores del Occidente Atemajac, lo mismo”. Además aceptó el ingreso de tres jugadores del S.U.T.A.J., Guillermo el Tigre Sepúlveda, Crescencio Mellone Gutiérrez… y Salvador Reyes.

El Tubo había llegado años antes del colegio Luis Silva donde jugaba básquetbol, voleibol y futbol mientras estudiaba para contador. “Don Jorge Orth me vio jugar en la liga interbancaria y me trajo”. Mientras que Juan Jasso y Tomás Balcazar ya estaban en el club.

Con la base armada y ante el cese de Casullo, el equipo lo tomó Javier de la Torre “de forma interina en lo que llegaba el uruguayo Donald Roos, que parecía más chofer de transporte urbano que entrenador”. La diferencia con Chema Casullo era evidente. “A Roos lo quisimos mucho. Le decíamos Viejo. Pero lo notamos inculto por la forma de expresarse. Además le gustaba posar para apantallarnos pero en el fondo era muy condescendiente”

Reglas claras

El problema no era el técnico ni el estilo de juego “porque técnicamente éramos muy buenos”. La dificultad estaba en la mentalidad, por eso se juntaron. “Fue en 1956 cuando tomamos conciencia de que éramos mejores que todos. Habíamos perdido tres partidos y propuse juntarnos para hablar de lo que nos pasaba. La iniciativa surgió sin la participación de Roos o directivos”. Aquella tarde, juntos, se propusieron cambiar… “Nos mentalizamos y lo logramos. ¡No volvimos a perder en más de 20 juegos!”.

Jaime llevaba la voz cantante. “Siempre proponía y luego me secundaba Sepúlveda, Reyes y Jasso”. El resto se dejaba llevar por los líderes “porque confiaban en nosotros… Al Viejo lo respetábamos y lo escuchábamos, pero al final nosotros decidíamos sobre la cancha”.

El equipo asumió practicas que fomentaron la unión y el rendimiento, siempre basadas en una severa autocrítica y disciplina. “Todos los martes nos reuníamos en una de las esquinas del campo de práctica para decirnos nuestras y pedir cuentas”. Eran sesiones intensas. “Nos enjuiciábamos: Qué pasó con esto… Qué pasó con lo otro… Le vas a entrar o le decimos a Roos que ponga a otro porque tu no quieres…”

Las reuniones de los martes dejaron “una conciencia colectiva que nos permitió ser más profesionales, fomentado con amor propio y la actitud de demostrar que éramos los mejores”. La confidencialidad resultaba básica. “Nunca divulgábamos nada”. Mucho menos cuando se tratada de vigilarse entre ellos. “Hacíamos comisiones para cuidarnos. A uno le tocaba ir a casa de otro, sin que se enterara, para verificar si estaba”.

A las diez de la noche todos debían estar descansando. “Nos repartíamos las visitas entre los líderes y el que no estaba a la hora, lo llamábamos a cuentas... ¿Dónde andabas?”. El sistema detector de mentiras no fallaba. “Cuando nos decían que tuvieron que ir con un tío que se puso malo, de inmediato les decíamos: Aquí no vengas con cuentos, na´más dinos si le entras o no”.

Los vigilantes aumentaron con los años. “Al principio vigilamos Jasso, algunos del Ya merito y yo; después le entró Sepúlveda, Flores y Reyes hasta que todos nos educamos. Entonces fue más fácil porque ya estábamos acostumbrados… Fuimos nuestros propios profesores”.

El espionaje era tan estricto que a veces se mandaban a vigilar entre líderes. “Cuando alguno de los que visitaba nos decía que no podía ir porque tenía flojera, entonces lo mandábamos vigilar para que no nos mintiera. Por algo no había querido. Cuando confirmábamos el motivo, lo hablábamos en la reunión: Tigre, dijiste que ibas a dormir… y no estabas a las diez”.

Primeras conquistas

Todo lo implementado derivó en el primer campeonato esa misma temporada, la 56-57, con aquel equipo que armó Casullo y dirigió Roos. “Fue una explosión de todo lo que habíamos acumulado. Antes no podíamos y no podíamos hasta que pudimos porque nos lo propusimos, porque nos juntábamos, porque nos cuidábamos… porque así lo queríamos”.

Una vez logrado el primero, lo demás fue cuestión de mantener la mística. “Roos no supo manejarse después del primer título, no congenió con el presidente Evaristo Cárdenas y lo corrió”. Entonces llegó Fekete “exigía mucha disciplina. Daba técnica y físico, lo hacía todo... pero no conocía el medio, por eso quedamos en tercer lugar en su primera temporada”.

Pero al año siguiente, perfectamente adaptado, con el equipo bien entrenado, conjuntado y unido, comenzó una seguidilla de títulos que no pararía hasta 1970. “Tenía mucho conocimiento de las formaciones tácticas, nos decía cómo ubicarnos en el campo, nos inculcaba sus ideas, con las cuales no comulgábamos porque nuestro estilo era más ofensivo”.

Pero las reuniones de la esquinita continuaron y el equipo siguió jugando como sabía. “Cómo no las iba a permitir si sabía que nos estábamos arreglando”. Lo que disminuyeron fueron los rondines de vigilancia, “porque habíamos tomado conciencia de lo que necesitábamos. Además los entrenamientos de Fekete nos dejaban tan cansados que ahora sí era necesario descansar”.

Vaya historia, contada por aquel espigado colimense que “debajo de los postes era un volcán”. Defendió la portería del Guadalajara 12 años y medio… “¡Y sólo deje de jugar cinco partidos! Dos por la Selección, dos por suspensión y otro porque ya siendo campeones Javier me dijo: Oye, deja que juegue un partido el Chilaquil, ¿no?”. Todo un símbolo, un personaje único. Llegó a estudiar a la Perla a los diez años, hoy tiene 76 y sigue tan Tubo como siempre.

-Jaime, dígame quién era el compañero que más se escapó en las noches de vigilancia.
-No me acuerdo pero uno se nos desbalagaba de vez en cuando… Aunque no me gustaría cometer la indiscreción.

LA ANÉCDOTA

41 grados

No me gustaba faltar a los partidos. Recuerdo que un jueves jugamos en México contra el Vasco da Gama y de ahí tuvimos que volar a Tampico porque jugábamos el sábado por la noche uno de liga. Llegué al hotel de concentración con un calenturón de 41 grados… Me metí luego luego a la cama. Pasé toda la tarde así, con una fiebre muy alta, sudando, temblando de tan fuerte que estaba… Cuando de pronto llegó José María Casullo a la habitación.

-Quihubo, ¿qué pasó?, me preguntó el entrenador.
-Nada, le contesté mientras me sacaba el termómetro para mostrarle lo que marcaba.
-¿Y esto qué?, me volvió a preguntar mirando al termómetro.
-Pos nada. Usted me preguntó qué traigo y vea… tengo calentura. Sólo le estoy contestando.
-¿Pero y eso qué?, preguntó por tercera vez.
-Pos nada, sólo le estoy diciendo… Ya usted dirá...
-Pues vístase… O qué, ¿no quiere jugar?
-Hombre, cómo no. Yo encantado de la vida…

De un salto me levanté de la cama y comencé a vestirme. Casullo no’más se me quedaba viendo, pero Fernando Barrón, el portero suplente con el que compartía habitación, abrió los ojos grandes grandes y me preguntó:
-¿Hasta con calentura vas a jugar?
-A mi no me digas nada Fernando, reclámale al entrenador. Él me dijo que entre y yo le voy a entrar.

En la noche ganamos 2-1 y se me acabó la calentura.

LA FRASE
Jaime Tubo Gómez dijo: “No existen palabras que expliquen el regocijo que se siente cuando se gana el primer título. Los que han tenido hijos lo van a entender porque es muy parecido al gozo que se siente cuando uno ve al recién nacido... Hay que ser campeón para saberlo y ser Campeonísimo para entendernos”

LAS ESTADÍSTICAS
1950-51 5°
E: William Reaside (escocés) G: Tomás Balcázar y Rodrigo Noriega (7)

1951-52 2°
E: José María Casullo (argentino) G: Tomás Balcázar (10)

1952-53 5°
E: José María Casullo (argentino) G: Tomás Balcázar (11)


E: José María Casullo (argentino) G: Adalberto López, Dumbo (21*)

1954-55 2°
E: José María Casullo (argentino) G: Tomás Balcázar (12)

1955-56 10°
E: Javier de la Torre G: Crescencio Gutiérrez, Mellone, y Salvador Reyes (6)

1956-57 1° 24 17 2 5 47 22 36 +25
E: Donald Ross (uruguayo) G: Crescencio Gutiérrez, Mellone (19*)

1957-58 3°
E: Arpad Fekete (húngaro) G: Crescencio Gutiérrez, Mellone (12)

1958-59 1° 26 16 6 4 52 26 38 +26
E: Arpad Fekete (húngaro) G: Héctor Hernández, Chale (10)

1° 26 17 4 5 52 37 38 +15
E: Arpad Fekete (húngaro) G: Salvador Reyes, Chava (12)

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