posted by El Minero on Jan 14

La ruina dejada por los intentos de extraer algo de la riquesa minera de Afghanistán se puede encontrar a 35 kms al sureste de Kabul.

Todo lo que queda de los intentos soviéticos de estimar la riqueza de uno de las más grandes reservas mundiales de cobre en la década de los 70’s son los hoyos de exploración.

Pero en cinco años - si todo sigue de acuerdo aal plan - el paisaje de Aynak finalmente se convertirá en una de las más grandes minas de tajo abierto, gracias a la inversión de tres biollones de dólares de la China Metallurgical Group Corporation (MCC).

En noviembre la empresa estatal china venció a otras ocho compañías mineras líderes, incluyendo a la estadounidense Phelps Doge, Hunter Dickinson de Canadá y la británica Kazakhmys, para convertirse en el escogido por el gobierno afghano.

Por los estándares internacionales, este es un proyecto gigantesco, que envuelve la segunda reserva de cobre sin explotar más grande del mundo. Para los estándares afghanos, es sólo algo grande.

Y ahí descansa el fiel de la balanza: una recompenza potencial por la recaudación de impuestos que vendrán de la explotación minera o el riesgo de que un país sumido en la guerra que necesita deseperadamente el dinero pueda firmar un contrato de concesión que no esté preparado para regular un megaproyecto que puede causar catástrofes sociales, políticas y económicas en estos países en desarrollo.

Lorenzo Deslegues, director ejecutivo de la Integrity Watch Afghanistan - una organización de investigación independiente que el mes pasado publicó un reporte sobre Anyak - declaró que Afghanistán no está a la altura de la compañía. “Esta es una transnacional que es mucho más grande finacialmente que Afghanistán. Es como David y Goliath, solo que David no tiene ninguna ley general que regule las formas de trabajo que lo ayude”.

La explotación de una mina de cobre puede ser destructiva para el medio ambiente. Los desperdicios ácidos, por ejemplo, necesitan ser controlados para que éstos no lleguen a contaminar los reservorios de agua potable de Aynak y que éstos puedan llegar hasta Kabul.

Sin embargo, la recompensa para el país puede ser gigantesca. La inversión necesaria para el proyecto - 3 billones de dólares - es igual al 35% de toda la ayuda internacional enviada para el desarrollo de Afghanistán desde el año 2002.

Analistas internacionales acuerdan que se pagarán $400 millones de dólares en impuestos - el 40% del presupuesto estatal del país en el 2006 -. Este dinero será vital para un país que tiene muchas dificultades para cobrar impuestos y que sólo sobrevive por la ayuda internacional.

El proyecto también traerá un gran desarrollo de la infraestructura que el país podría desarrollar en décadas de trabajo, incluyendo una línea férrea que uniría Afganistán con Tayikistán y Pakistán.
Moahmoud Saikal, asesor económico del gobierno, señala que Afganistán debería seguir el ejemplo de la India, quien después de su independencia de Inglaterra se ocupó principalmente en basar su economía en su riqueza mineral.

“El acuerdo con MMC sólo cubre un cuarto del área de exploración y los otros recursos minerales del país pueden ser mucho mayores a los que ahora conocemos”, declaró. “Podría haber más oportunidades para concretar acuerdos similares”.

Entre estos otros minerales podemos encontrar hierro, oro, marfil, esmeraldas, lapis lazuli e hidrocarburos.
Pero si el acuerdo de Aynak, que se ve como una prueba para ver cómo el país puede manejar un proyecto de inversión de tal magnitud, se puene picante, mucho de su potencial permanecerá enterrado.

En el verano se presentaro problemas sobre la veracidad del proceso, cuestionado por James Yeager, quien fuera consultor del Ministerio de Minas del país. El advirtió que los requerimientos legales para crear un concilio interministerial para considerar las ofertas de otros postores fueron simplemente ignorados. Otras fuentes cercanas a quienes cerraron el trato advirtieron que el proceso careció de transparencia.

El Banco Mundial, que ha invertido para mejorar las habilidades del ministro para poder manejar un megaproyecto, declaró estar satisfecho con su desempeño.

Por otro lado, analistas advierten que los estudios de fesabilidad todavía ofrecen potenciales peligros.
“La extracción no empezará sino en cinco años, así que habrá suficiente tiempo para que nuestros expertos en inspección medioambiental se preparen”, declaró Ibrahim Adel, ministro de minas de Afganistán.

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