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8 de Abril

Una vida segada por el terrorismo: Fe del Valle

Por Felipa Suárez Ramos

La Habana, 8-abr-06.-“Hay quienes acostumbran a sublimar a las personas que han muerto en circunstancias como en las que murió mi madre, convirtiéndolas así en figuras excepcionales, más bien irreales.

“Pero mami no era así, sino un ser tangible, de carne y hueso, y por lo tanto se le podía querer y amar profundamente.

“Por lo general, cuando uno ve una figura demasiado sublimada se dice: ‘No es igual que yo, porque soy un simple mortal’; como era mi mamá. A mi hermano Erick y a mí nos inculcó dos valores a los cuales siempre hemos tratado de ser fieles: la honestidad, en la total connotación de la palabra, y el amor a la familia, traducido en un respeto muy grande a los valores familiares y hacia los que tradicionalmente han sido los de la gente buena en todas partes del mundo.

“Y en aquella época, como en ésta, ser gente buena era estar comprometido con lo que sucedía en el país. O sea, había un compromiso derivado de ese sentimiento básico de honestidad, de veracidad, de respeto a los mejores valores del hombre. Y por eso ella se incorporó y brindó todo su esfuerzo y apoyo a la Revolución.”

Así rememora Robin Ravelo del Valle a su mamá, Fe del Valle Ramos, físicamente desaparecida durante el trágico incendio de la tienda El Encanto, el 13 de abril de 1961, uno más entre los numerosos sabotajes perpetrados por contrarrevolucionarios alentados y pagados por el gobierno norteamericano.

Dos meses antes Robin había cumplido los 14 años y comenzaba a estudiar el bachillerato, mientras Erick, de 17, se formaba como piloto militar en Checoslovaquia.

“Con esa edad, sentir que uno pierde a la madre quizás sea verdaderamente complicado, porque no queremos ser niños, pero no somos hombres. Es una etapa de transición en la cual, aunque a veces lo oculta, uno la necesita y perderla es especialmente difícil.”

Militante comunista Con apenas 15 años y huérfana de padre desde antes de nacer, Fe del Valle Ramos (Llula), abandonó el poblado de Remedios, donde había nacido el primero de agosto de 1917, y con su familia se estableció en La Habana, donde aprendió la confección de sombreros finos. A la edad de 20 años, ya era una diestra sombrerera. En El Encanto se relacionó con Orlando Ravelo, militante comunista que contribuyó a su formación ideológica de tal modo, que militó en el mismo partido. En 1938 se unió a él en matrimonio.

Con entusiasmo se sumó al quehacer revolucionario emprendido a partir de enero de 1959. Nacionalizado El Encanto, brindó a la nueva administración todos sus conocimientos.

También se afanó en preparar condiciones para abrir un círculo infantil que favoreciera a las trabajadoras de la tienda.

¿Cómo la recuerdan sus compañeros de trabajo?

Olga Belaúnde du Bouchet e Isora Pérez Luján integraban el millar de trabajadores de El Encanto. Al referirse a Fe, la primera expresa que “nunca se le vio airada; era muy suave, amable, calmada”, en tanto la segunda recuerda que “jamás aceptó los regalos de los proveedores, porque creaban compromisos, y si los dejaban, los sorteaba entre todas”.

En sus años iniciales en El Encanto, laboró infructuosamente por crear un sindicato.

Su anhelo sólo pudo convertirse en realidad en marzo de 1959, recuerda José López Blanco, quien trabajó junto a ella en la organización de aquel instrumento que la gerencia siempre les había vedado.

El día de los hechos Fe cumplía su guardia en el quinto piso, para después cubrir la de milicias en el exterior del edificio. A las siete de la noche fue detectado el fuego y los últimos en verla con vida la recuerdan entre el humo y las llamas, tratando de salvar la mercancía. Todo fue inútil: el edificio se derrumbó y tras una semana de búsqueda sus restos calcinados fueron encontrados.

Cuando murió, víctima del visceral odio de los enemigos de la Revolución y del pueblo, tenía 43 años de edad y miles de proyectos, porque sentía la satisfacción de saber que el futuro digno de la patria estaba garantizado.

(Publicado por Trabajadores)

 

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