FUNDACIÓN

ANDREU NIN

 Los nuestros: Alberto Aranda

Wilebaldo Solano


Semblanza publicada originalmente en Iniciativa Socialista nº 45, junio de 1997, e incluida en el libro de Wilebaldo Solano El POUM en la historia

El 6 de abril falleció en Madrid, donde vivía después de un largo exilio en Francia, Alberto Aranda, obrero mecánico del "Metro" madrileño y militante ejemplar del POUM. Tenía 92 años y nos parecía que iba a seguir viviendo porque su sola presencia, cordial y estimulante, nos impresionaba a todos sus amigos y compañeros. Hablar y bromear con Aranda era siempre un placer. Como lo pudimos comprobar, una vez más, en los actos que se realizaron en Madrid en Junio de 1995 para celebrar el triunfo de Tierra y Libertad, el magnífico film de Ken Loach.

Aquella noche, Aranda contó muchas anécdotas de su vida militante y yo sugerí que se le hiciera una larga interviú filmada sobre sus actividades en los momentos más importantes de las luchas del POUM (guerra civil, represión stalinista, clandestinidad bajo el fraquismo) ,en los que Aranda estuvo siempre en primera línea. Fue de los mejores en todas las misiones que le confió el partido. En fin, tengo entendido que mi sugestión se aplazó demasiado.

En Julio de 1935, Aranda intervino en las luchas de Madrid para aplastar a los militares sublevados y en seguida participó en la organización de la Columna Motorizada del POUM de Madrid mandada por el vasco-argentino Hipólito Etchebehere. Esta columna combatió en: el frente de Sigüenza con el Batallón Pasionaria en aquellos días de euforia unitaria "en que todos parecíamos unos" en el gran combate. La propia Pasionaria, tan sectaria después, le había dicho a Hípólito que "ahora no hay más problema que la lucha común contra el fascismo". Hipólito murió poco después al frente de su columna, como otros mílícianos del POUM de Madrid y de Extremadura.

Las misiones especiales de Aranda

Aranda se ocupó al principio de instruir a los milicianos recién reclutados en el manejo de las armas. Pero cayó herido en la catedral de Sigüenza y fue evacuado a Madrid y luego a Barcelona. Poco tiempo después se incorporó a las milicias del POUM del frente de Aragón. Cuando se desencadenó la represión stalinista impuesta por Moscú y se produjo la disolución de la 29 División que mandaba Josep Rovira (episodio reconstruido en Tierra y Libertad por Ken Loach) se creó una situación muy especial para los combatientes del POUM en los diversos frentes.

El POUM estaba en ilegalidad y no podía disponer de unidades militares. La directiva general fue que los oficiales y soldados poumistas se presentaran en los centros de reclutamiento, donde en principio tenían que ser distribuidos en diversas unidades "según sus méritos". Indalecio Prieto, ministro de Defensa, liberó a Josep Rovira, jefe de la 29 División y garantizó que los oficiales poumistas nombrados por el Ministerio conservarían sus funciones. Crescenciano Bilbao, subsecretario de Defensa, garantizó tambien los nombramientos de comisarios políticos. Pero los primeros combatientes del POUM que se presentaron en los centros de reclutamiento o en los mandos de las Divisiones fueron rechazados o detenidos. Algunos de ellos, como el Comisario Hervás y los maestros Trepat y Xuriguerra fueran asesinados.

Ante esta situación, que, como era natural, provocó una campaña de denuncia de tales crímenes en nuestra prensa clandestina (La Batalla, Juventud Obrera y demás), el Comité Ejecutivo del POUM decidió nombrar una comisión encargada de la "cuestión militar" (Rovira, Arquer, Solano). Esta comisión se puso en relación con los organismos dirigentes de la CNT-FAI, de la Izquierda Socialista (Largo Caballero, Zancajo) y de la prensa no sometida al stalinismo. Sin grandes problemas, llegamos a un acuerdo para que los combatientes poumistas se incorporaran a las Divisiones y Brigadas mandadas por cenetistas y socialistas de izquierda y, a veces, prietistas. De esta manera salvamos de situaciones difíciles a centenares de compañeros. La tarea resultó más fácil gracias a la acción personal de Pedro Herrera, secretario de la FAI, y de Crescenciano Bilbao, y al trabajo excepcional de un pequeño equipo animado por Alberto Aranda, que hizo el enlace entre el C.E. del POUM y los núcleos del POUM dispersos en las unidades militares de los frentes. Aranda y sus adjuntos mantenían la relación, establecían contactos, difundian nuestra prensa y nos traían las informaciones y la temperatura que prevalecía en los frentes. Más de una vez pasamos momentos de angustia al comprobar que Aranda no volvía en las fechas previstas y al pensar que podía haber caído en una trampa del SIM ruso-stalinista. Pero la cosa funcionó bien hasta la caída de Barcelona.

Enlace en la frontera de los Pirineos

Este episodio, que es quizás el más importante de la vida de militante de Alberto Aranda y que, como me decía recientemente un amigo, podría facilitar un material fabuloso a cualquier novelista con un poco de imaginación, no es el único digno de consideración y exaltación. En los años 40-50 (segunda guerra mundial y caída del fascismo en Europa) el POUM, solo o en contacto estrecho con los primeros grupos de la Resistencia francesa mantuvo diversos servicios de enlace entre Francia y España. Tanto para sacar de España a antifranquistas perseguidos como para ayudar a pasar a España clandestinamente a los antífascistas y revolucionarios acosados por la Gestapo y la policía de Vichy. Pero, con todo, la tarea esencial fue la relación y el trabajo ilegal de las organizaciones emigradas en Francia con las primeras fuerzas que iniciaron la resistencia al terror franquista en 1939-1942 en Barcelona, en Madrid y en Asturias. El POUM se reconstruyó muy pronto y una pequeña vanguardia heroica logró denunciar el propio asesinato de Lluis Companys mediante un periódico especial escrito en la Cárcel Modelo de Barcelona y difundido en condiciones increibles.

Alberto Aranda, exiliado en Dijon tras haber logrado salir del campo de concentración, se ofreció en seguida al C.E. del POUM para incorporarse al servicio de enlace con España que dirigían Luis Roc y Ramón Bitriu, un militante leridano injustamente olvidado. Su oferta fue aceptada sin vacilaciones porque todos conocíamos las cualidades de Aranda: experiencia, valor acreditado, sentido de la responsabilidad, afán de ser útil en las misiones más audaces y arriesgadas, fidelidad al POUM calumniado y perseguido por múltiples adversarios. Y casi no es preciso decir que Aranda estuvo a la altura de las circunstancias en todo momento durante varios años. A él se le confió todo lo más delicado y peligroso. Las fuerzas de represión atacaron a nuestro servicio, asesinaron al compañero Franquesa en Barcelona, nos obligaron a interrumpir misiones de otros camaradas. Aranda siguió siempre en su puesto hasta el momento en que consideramos que era mejor que se replegara a Dijon, donde siguió trabajando como mecánico y militando como poumista. Luego vino su jubilación en Ceret y su regreso a Madrid, en donde se incorporó a la Fundación Andreu Nin y tuvo la suerte de pasar los últimos años de su vida -los años de Operación Nikolai y de Tierra y Libertad, de la gran rehabilitación histórica del POUM- con jóvenes camaradas que le respetaron y estimaron y que no le olvidarán. Era un hombre sencillo, bueno, jovial, que inspiraba la consideración y la simpatía.Y fue un gran militante del POUM.

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, 2000
 
 
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