UD Las Palmas

ALIANZA LIMA

Cambio de posición

El momento esperado llegó poco tiempo después, a fines de 1989. El brasileño José Carlos Amaral era el técnico del equipo de mayores de Alianza Lima y decidió promover al bisoño centrodelantero, quien estaba cerca de cumplir los 17 años. Eran tiempos poco felices para la institución victoriana, que recién se estaba recuperando de la infausta tragedia de 1987, cuando todo su plantel profesional pereció en un accidente de aviación. Por ello es que sus dirigentes apostaban a formar la base del primer equipo con jugadores provenientes de las divisiones menores. A la temporada siguiente, Juan José Jayo debutó oficialmente en Primera División y alternó en uno que otro encuentro.

En 1991, el yugoslavo Simo Vilic asumió la dirección técnica. Fiel a su manera europea de ver el fútbol, el veterano entrenador casi ni lo tomó en cuenta durante esa temporada, ya que prefería atacantes altos y fuertes en vez de tipos como Juan José, de un metro setenta de estatura. Cuando culminó el año, antes de irse de vacaciones, Vilic dejó la lista de jugadores que eran considerados prescindibles para el próximo campeonato. Allí figuraba el nombre de Jayo, de manera que él se vio obligado a buscar algún otro club para no quedarse inactivo. Estuvo a punto de incorporarse al equipo de la Universidad Técnica de Cajamarca (UTC), que también participaba en la Primera División. No obstante, Simo Vilic falleció pocos días después en su país y llegó al argentino Pedro Dellacha para reemplazarlo.

Fue otro momento decisivo para la carrera de Juan José. Al estar en los planes del nuevo entrenador, el jugador de 19 años permaneció en Alianza Lima y tuvo la oportunidad de jugar algunos partidos. La mala campaña del equipo hizo que Dellacha deje el cargo y llegara el chileno Miguel Ángel Arrué a ponerse el buzo blanquiazul. Durante la parte final del año, Jayo alternó mucho más seguido en la nueva posición que se le había asignado: volante de contención. Había encontrado su puesto ideal, como lo iba a demostrar en la siguiente temporada.

Con luz propia

Para el año 1993, Alianza conformó una plantilla integrada por muchos jóvenes. Estaban Waldir Sáenz, Darío Muchotrigo, Marco Valencia y, como no, Juan José Jayo Legario. Este grupo de jugadores cumplió una excelente campaña y sorprendió a la crítica, que inicialmente no le daba muchas opciones de título por su falta de experiencia. Fueron bautizados como los “Potrillos” por la afición, entusiasmada por la gran cuota de espectáculo y goles que daban en cada partido. Finalmente los íntimos lograron el subcampeonato y la clasificación a la Copa Libertadores después de seis años. Jayo redondeó una gran temporada y su nombre se hizo conocido en todo el ambiente futbolístico peruano.

Todo se presentaba propicio para que el mediocampista experimentara un ascenso fulgurante. Sin embargo, había que esperar un poco. Aunque su rendimiento en la cancha era bueno y se consolidó como titular indiscutible en Alianza Lima, lo aquejaba un problema que aún no podía resolver: las expulsiones. Juan José era víctima de su propio temperamento y cometía faltas que le hacían ver la tarjeta roja constantemente, muchas veces en partidos importantes y en instantes decisivos. Lo cual hizo que la dirigencia y el nuevo técnico, el yugoslavo Iván Brzic, se mostraran disconformes con él y hasta en algún momento lo amenazaran con separarlo del equipo si es que no se corregía. Felizmente el jugador enderezó el rumbo e incluso culminó el año 1994 anotando dos golazos ante Universitario, el clásico rival, en el partido definitorio que dio el pasaje a los victorianos a otra Copa Libertadores.

Las temporadas siguientes sirvieron para que Juan Jayo continúe madurando como futbolista y consolidándose como la gran figura de Alianza Lima. Ya era un ídolo de la hinchada en 1995, aunque el equipo ni siquiera logró clasificar a la Copa Libertadores. Al año siguiente los progresos continuaron aceleradamente, significando su definitiva consagración en el fútbol peruano. Junto a Roberto Palacios, el volante aliancista fue considerado por la crítica especializada como el mejor jugador de 1996.

Campeón... por fin

A pesar de que en el aspecto individual las cosas no podían irle mejor, Juan y sus compañeros de Alianza Lima tenían una gran deuda con la afición. El cuadro blanquiazul no obtenía el título nacional desde hace 18 años, y para 1997 la obtención del campeonato prácticamente se convirtió en un asunto de “vida o muerte” para los hinchas. Para cumplir el objetivo, la dirigencia contrató al colombiano Jorge Luis Pinto como entrenador, quien llegó al equipo a imponer una disciplina férrea, en muchos aspectos exagerada. Lo cual generó roces entre el técnico y algunos jugadores, en especial con el propio Jayo, para ese momento el principal referente del equipo. Las divergencias continuaron entre ambos y en cierto momento la relación se hizo insostenible. Al mismo tiempo, Alianza cumplía una excelente campaña y se acercaba al ansiado campeonato. Es por ello que hubo una pequeña tregua entre Pinto y Jayo para las últimas fechas del torneo, que finalmente coronó al equipo campeón para alegría de su multitudinaria hinchada. Fue un momento inolvidable para el jugador de 24 años, aunque la relación tirante con el técnico nunca llegó a normalizarse.

Habían pasado siete años desde que Juan Jayo llegó a la primera de Alianza Lima. Se había convertido en la figura excluyente del equipo y había salido campeón, algo que no se conseguía en muchísimo tiempo. Además, era titular indiscutible en la selección peruana. Era el momento preciso para abrirse nuevos horizontes y cumplir otra de sus grandes metas: jugar en el extranjero. Aunque hubo algunos acercamientos con algún equipo portugués y otro argentino, el volante debió permanecer en Alianza Lima en 1998. Obviamente a él no le gustaba esta situación algo incierta, pero nunca perdió la paciencia. Sabía que el día esperado iba a llegar tarde o temprano.

Tras su buen paso internacional por el Unión de Santa Fe (Argentina, 1999-2000), Celta de Vigo (España, 2000-2001) y Unión Deportivo Las Palmas (2001-2002), el "Pulpo" volvió a su casa futbolística, Alianza Lima, en el 2002. Ese año disputó la Copa Sudamericana vistiendo la camiseta blanquiazul y, en el 2003, la Copa Libertadores. Actualmente, luego de haber perdido por poco la posibilidad de campeonar en el Torneo Apertura 2003, se encuentra totalmente concentrado en lo que sería su próxima participación en la Libertadores 2004 -a la que ya Alianza Lima clasificó en medio del paro de futbolistas profesionales que provocó la culminación prematura del Clausura-.