LN OPINIÓN

Costa Rica, Jueves 6 de noviembre de 2008

/OPINIÓN

EDITORIAL

Presidente de la esperanza

 El ejemplar triunfo de Barack Obama refleja lo mejor de Estados Unidos

 Gobernar será el mayor desafío, pero tiene sólidas condiciones para asumirlo

Con 47 años, apenas un período en el Senado e hijo de un musulmán negro de Kenia y una cristiana blanca de Kansas, Barack Hussein Obama fue elegido el martes, por impresionante mayoría, como el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos. Se convirtió así en el primer afrodescendiente que ocupará la Casa Blanca –143 años después de abolida la esclavitud en su país– y en el símbolo y líder de un mandato tan sólido como difícil: devolver la confianza a los ciudadanos estadounidenses, unir a una nación dividida, restaurar su imagen en el mundo, afrontar la peor crisis económica desde la década de 1930 y sentar las bases para superar otra multitud de desafíos nacionales y globales.

Con una historia de vida ejemplar, una personalidad impactante, un tesón admirable, un discurso lúcido y contagioso, una campaña impecable y un equipo de trabajo eficaz como pocos, Obama fue el candidato de la esperanza y el cambio. Ahora le corresponderá convertirse en el Presidente de las realizaciones. La tarea será en extremo difícil, por el tamaño de los retos, la amplitud de las expectativas y la heterogeneidad del electorado que lo condujo a su admirable triunfo. A partir de ahora se pondrá a prueba cómo la fuerza de su inspiración puede transformarse en capacidad de realización.

En la cartera de sus mayores tareas, además de la crisis económica, están las guerras en Iraq y Afganistán, el desafío terrorista internacional, la reforma al sistema de seguridad social y, particularmente, de salud, el reencuentro de los estadounidenses con lo mucho que los une, el abastecimiento de energía, la calidad y acceso a la educación y un mundo cada vez más multipolar donde, sin embargo, Estados Unidos se mantiene como la gran superpotencia.

Condiciones para afrontarlas con éxito no le faltan. Obama ha ganado con un mandato de clara contundencia. Al cierre de esta edición, cuando solo faltaban los resultados definitivos de Misuri y Virginia, tenía 349 votos electorales, 79 más de los necesarios para ganar la elección, y es casi un hecho que a ellos sumará, al menos, los del segundo estado. Superaba a su rival, John McCain, por casi 7,5 millones, diferencia superior al 10% en votos populares. Y, así como entusiasta fue el respaldo de sus conciudadanos, así también lo ha sido la reacción internacional: un excelente punto de partida para reposicionar a Estados Unidos, simbólica y tangiblemente, en el mundo.

Su mensaje, tanto durante la campaña como al proclamar su triunfo, ha sido de integración, apertura, unidad y reafirmación de ese gran valor de la cultura estadounidense que es tener y aprovechar oportunidades. “Si hay alguien por ahí que aún dude si Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, que se pregunte si el sueño de nuestros fundadores está vivo en nuestro tiempo, que todavía cuestione el poder de nuestra democracia, esta noche es su respuesta”, dijo a las decenas de miles de personas que lo vitorearon en el Parque Grant, de su ciudad, Chicago. Su voluntad de cambio se vinculó, así, con las raíces de la nacionalidad: una nota de continuidad y de orgullo patrio.

Su rival no se quedó atrás. Al reconocer su derrota, media hora antes, en un mensaje de gran belleza y generosidad, McCain se expresó así: “Ambos nos damos cuenta de que hemos recorrido un largo camino desde las injusticias que alguna vez mancharon la reputación de nuestro país”. Y el presidente George W. Bush destacó que “todos los estadounidenses pueden estar orgullosos” del significado histórico de la elección.

La fortaleza y misión histórica del candidato Obama fue también esencial para consolidar significativamente la mayoría demócrata en el Senado y la Cámara de Representantes. Así, la eficacia de su acción política se verá claramente reforzada, algo fundamental ante las difíciles circunstancias del país.

Ayer en la mañana, Obama entró de lleno a asumir sus responsabilidades como presidente electo. Ya nombró a algunos de sus colaboradores inmediatos, y se espera que, a muy corto plazo, anuncie puestos claves en su próximo gabinete, sobre todo en el sector económico y financiero. Así, dará señales claras a los mercados, algo indispensable para conjurar una crisis alentada tanto por crudas realidades como por lúgubres percepciones.

La gran interrogante, por el momento, es la índole específica de las medidas que comenzará a tomar tan pronto como se instale en la Casa Blanca, el próximo 20 de enero. Durante su campaña, las propuestas tuvieron un grado de generalidad bastante amplio; quizá la más concreta fue lograr el retiro de tropas de Iraq hacia mediados del 2010, y solo dejar asesores militares y batallones de lucha antiterrorista. Muchas otras deberán comenzarse a precisar de inmediato.

Es decir, aún están abiertos importantes ámbitos de incertidumbre en relación con su Gobierno, pero todo indica que los asumirá desde posiciones sensatas y con un equipo de primer orden. No hay duda alguna, sin embargo, de que su triunfo, por sí mismo, representa un aporte de enorme importancia a Estados Unidos y al mundo. Es un ejemplo de evolución, apertura y madurez por el que todos los demócratas debemos sentirnos complacidos. Es un reflejo y un homenaje a lo mejor de ese gran país.

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