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Santo Tomás de Aquino, Doctor Universal de la Iglesia y Confesor, 7 de Marzo
Por Guillermo-C Pérez Galicia

Santo Tomás de Aquino nació en 1224 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino (entre Roma y Nápoles), en el seno de la alta nobleza. Hijo del Conde Landulfo de Aquino -que estaba emparentado con la familia imperial de Hohenstaufen-, y de la condesa de Teano, es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos.

A los cinco años fue entregado al famoso monasterio de Montecassino, que estaba cerca de allí, para que los monjes cistercienses se ocuparan de su educación. Los monjes le enseñaron a meditar en silencio. Es el más piadoso, meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento. Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa.

El Abad de Montecassino escribió al padre de Tomás diciéndole que un chico de su talento no debe ser dejado en la sombra. Entonces, posteriormente, muy joven todavía, se trasladó a la universidad de Nápoles, donde estudió artes liberales. Allí supera a todos sus compañeros y se demuestra su prodigiosa inteligencia. Sus maestros fueron Pietro Martín y Petrus Hibernos. Pero pronto superó a Martín en gramática y fue transferido a Pedro de Irlanda, que le formó en Lógica y ciencias Naturales.

Era un joven erguido, alto, de buenas proporciones, de despejada frente, porte distinguido, dulce, de una gran amabilidad en el trato y mucha delicadeza de sentimientos.

Con 17 años de edad , aún sin graduarse, entró en la orden de los dominicos, el año de la muerte de su padre. La ciudad estaba asombrada al ver a un noble joven como él tomar el hábito de un pobre fraile. Pero, su madre se oponía a la entrada de Tomás en una orden mendicante, así que él trata de huir hacia Alemania, pero, instigados por su madre, por el camino lo pillan sus hermanos y acompañados de un escuadrón militar lo apresan en el castillo de Rocaseca por dos años, en un vano intento de hacerle abandonar el camino que había elegido y sin haberle logrado quitar el hábito.

Aprovecha el tiempo aprendiendo muchísimas frases de la Biblia y estudia a fondo la teología. Pero sus padres, hermanos y hermanas hacían todo lo posible para destruir su vocación. Sus hermanos incluso tendieron trampas a su virtud, llegando a enviarle una voluptuosa tentadora, la de mayores dotes seductores del lugar, y la introdujeron en el lugar en que estaba confinado.

Pero Santo Tomás de Aquino echó de la habitación a la tentadora, amenazándola con un tizón que sacó de la chimenea si se atrevía a acercarse a él; la mujer salió de allí huyendo espantada, tomando por locura la gran virtud y fortaleza de Santo Tomás. Así fue como venció Santo Tomás las pasiones de la carne. Santo Tomás le confió a su fiel amigo y compañero, Reinaldo de Piperno, el secreto de un favor especial que recibió entonces.

Cuando echó a la tentadora de la habitación, se arrodilló y ardientemente imploró a Dios que le concediera la integridad de mente y cuerpo. A pesar de su robustez, cayó en un desmayo y mientras dormía, contempló una visión celestial: dos ángeles se le aparecieron para asegurarle que su oración había sido escuchada. Le ciñeron un cinturón, diciendo: "Te ceñimos con el cinturón de la virginidad perpetua." Y desde ese día en adelante jamás experimentó el más leve movimiento de la concupiscencia.

Acabó siendo puesto en libertad, volviendo con los Dominicos, que se admiraron al darse cuenta de que durante su cautiverio "había progresado tanto como si hubiera estado en un studium generale".

Tomás hizo sus votos y sus superiores lo enviaron a Roma. Allí el Papa Inocencio IV lo recibió, escuchando las razones de su decisión y, tras despedirlo con una bendición, prohibió que nadie interviniera en su vocación.

En 1245, Tomás viajó a París para completar su formación. Estudió con el filósofo escolástico alemán San Alberto Magno, siguiéndole a Colonia en 1248. Como Tomás era de poderosa constitución física, callado y tímido, sus compañeros novicios creyeron que era tonto y le llamaban Buey Mudo, pero pronto quedaron asombrados cuando lo conocieron mejor; un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a San Alberto. Al leerlos, San Alberto Magno predijo: "este buey un día hará resonar sus mugidos hasta los confines de la Tierra".

Pero no sólo destacaba su sabiduría, sino también su devoción a la Eucaristía (a la Eucaristía tradicional, naturalmente), y las numerosas horas que pasaba en oración.

Hacia 1250, durante su estancia en Colonia, fue ordenado sacerdote por el arzobispo Conrado de Hochstaden. Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: "La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando,y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía."

Recibió el doctorado de teología en la Universidad de París, en el mismo día que su amigo San Buenaventura. Hubo una "lucha" de humildad entre los dos amigos para ver quién sería nombrado primero.

A los 27 años Santo Tomás ya es maestro en esa universidad.

A ninguna clase de ningún profesor acudía tanta gente como a sus clases de teología y filosofía, en toda la universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia y en las disputas teológicas difíciles siempre le pedían a Santo Tomás la última palabra.

El papa Alejandro IV lo llamó a Roma en 1259, encargándole dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de especial importancia.

Recorre Italia y otras zonas, predicando en Anagni, Roma, Bolonia, Orvieto, Viterbo, Perugia, París, Nápoles, siempre enseñando y escribiendo con ardiente celo apostólico por defender y exponer la verdad. En Italia la gente se agolpaba para escucharle con gran respeto como a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca de la Pasión de Cristo, y se emocionaban de alegría cuando les hablaba de la Resurrección de Cristo y de la vida eterna que espera a quienes le son fieles. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma, pero siempre con autoridad.

En tan solo cuatro años escribe, por encargo del Papa, su obra más famosa: Summa Theologica obra maestra de 14 tomos. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica y demuestra todas las enseñanzas católicas. La importancia de esta obra es enorme. El Concilio de Trento contaba con tres libros de consulta principal: La Sagrada Biblia, los Decretos de los padres y la Summa Theologica de Santo Tomás.

La Summa Theologica consta de tres partes. La primera parte de Dios: esencia divina, las pruebas de la existencia de Dios y la Santísima Trinidad. La segunda parte del movimiento hacia Dios de las criaturas dotadas de razón: la ética y la moral. La tercera parte quedó sin terminar, está dedicada a Cristo como Salvador de la humanidad.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Este hombre de Dios rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo.

Como buen santo, sobre los judíos, por ejemplo, dice así en la Summa Theologica:

"Pues veían en Él todas las señales que los profetas dijeron que iba a haber[...] pues veían con evidencia las señales de la Divinidad de Él, mas por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban; y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba Hijo de Dios" (cfr. Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5).

Santo Tomás dejó París en 1272 y se fue a Nápoles, donde organizó una nueva escuela dominica.

No nos sorprende leer en las biografías de Santo Tomás que frecuentemente se abstraía y quedaba en éxtasis. Hacia el final de su vida éstos momentos de éxtasis se sucedían con mayor frecuencia.

El Romano Pontífice le encargó que escribiera unos himnos para el Corpus Christi, y compuso entonces el Pangelingua, el Tantumergo, el Adoro Te devote y varios otros bellísimos cantos de adoración de la Eucaristía (dicen que el Santo Padre encargó a Santo Tomás y a San Buenaventura que cada uno escribiera unos himnos, pero que mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San Buenaventrua fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque los otros le parecían más hermosos), que todavía hoy los católicos entonan, a diferencia de los herejes, que tocan la guitarra y cantan canciones pachangueras como si fuera un cachondeo y no una adoración de Cristo Sacramentado., presente auténticamente en la Eucaristía en Cuerpo y Espíritu.

Como en todas las épocas, los judíos promovían el crimen, engañaban a la gente, realizaban secuestros y asesinatos de niños cristianos, explotaban a los sectores humildes y trataban de sobornar a los reyes y gobernantes para obtener sus perversos fines.

A pesar de las molestias y problemas que pudiera ello causarle, Santo Tomás no dudó en todo momento en advertir de la perfidia judaica y el peligro que estos respresentaban para la Cristiandad, siendo los agentes para la acción maligna de Satanás en el mundo; ello le causó diversas enemistades que acabaron por ser vencidas con la ayuda del Señor.

Los judíos no dudaban, incluso, en intentar hacerse con mandos infiltrándose en la Santa Iglesia Católica y promoviendo herejías, para lograr, entre otras maldades, convertir el Santo Sacrificio de la Misa en un mero banquete fraternal y simple memorial, pero, afortunadamente, la Cristiandad regía los destinos de Occidente y los gobernadores, en general,eran obedientes a la Tradición católica.

En sus "Quaestiones disputatae" (Cuestiones Disputadas), nuestro santo se ocupaba de cosas que no habían quedado bien claras en sus conferencias, clases y predicaciones, y en "Quodlibeta" (Temas Varios) se centraba en cuestiones o argumentos propuestos y sus respuestas.

En obras como éstas trataba temas importantes de manera intemporal, como el alma, la esperanza, pero, dada la formación de Santo Tomás, sus obras llegaban a tocar prácticamente todos los campos; supo, entre otras cosas, sentar las bases de la Teología Política del Cristianismo, recogiendo la herencia dela Tradición Apostólica y de los Santos Doctores anteriores a él: es decir, ceñir y fijar los límites y criterios dentro de los cuales es lícito que opere un católico sin salirse de la verdad por lo que respecta a la política, mostrar la importancia del Estado, al que debe someterse el individuo, la función importante de cada individuo dentro de él, resaltar que en ocasiones la violencia puede ser lícita desde el punto de vista católico (como guerra justa, legítima defensa…), o colocar los cimientos sobre los que debía de asentarse y definirse la Doctrina Social de la Iglesia siglos después. Muchos de los principios de Santo Tomás de Aquino ya fueron llevados a la práctica por los Reyes Católicos en España.

También habló del problema de los judíos, que, encendidos de odio por la ardiente defensa de la verdad y de la justicia que hacía el Aquinate, en más de una ocasión habían promovido, sin éxito, que Santo Tomás fuera condenado por la Iglesia.

Veamos unos ejemplos:

"A los judíos no se les debería permitir quedarse con lo obtenido por medio de la usura; lo mejor sería que se les obligara a trabajar para ganarse la vida, en vez de no hacer otra cosa que hacerse más avaros" ("Regimiento de príncipes")

Movido por la necesidad de encadenar a la Bestia Hebrea para que no siquiera haciendo daño, sostuvo doctrinal e intemporalmente:

"Los judíos deben portar el signo distintivo según el estatuto del Concilio General [...]Los judíos no pueden lícitamente retener lo adquirido por usura, estando obligados a restituir a quienes hayan extorsionado [...] Los judíos por razón de sus culpas están en perpetua servidumbre, los señores pueden por lo tanto, tomarles sus cosas, dejándoles lo indispensable para la vida[…]"( Tomás de Aquino, Opera Omnia. Edición Pasisills, 1880. Tábula 1 a-o, tomo XXXIII, p. 534.

En la obra "De unitate intellectus contra Averroístas" demostraba que los averroístas y otros paganizantes se equivocaban al creer que existe una sola alma universal, error que, de no haberlo refutado Santo Tomás, habría hecho creer, erróneamente, que no existía el individuo ni la libertad y responsabilidad individual.

Compuso también obras como, por ejemplo, la "Summa de veritate catholicae fidei contra gentiles" ("Suma sobre la Verdad de la Fe Católica contra los infieles") a petición de San Raimundo de Peñafort, que quería una exposición filosófica y defensa de la Fe Cristiana, para utilizarla especialmente contra los Judíos y los Moros en España.

En una ocasión, en Nápoles, en 1273, tras completar su Tratado sobre la Eucaristía, tres hermanos le vieron levitar en éxtasis, y oyeron una voz que venía del Santísimo Sacramento del altar que decía:

-"Has escrito bien de mí, Tomás, que recompensa deseas?"

El santo le respondió:

-"Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".

Se dice que esto se repitió en Orvieto y París. Su devoción por la Virgen María también era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: "Ave María".

Por orden del Papa Urbano IV había escrito el "Opusculum contra errores Graecorum" donde refutaba las herejías de los cismáticos griegos sobre doctrinas en disputa entre ellos y la Iglesia Católica Apostólica Romana, tales como la procedencia del Espíritu santo del padre y del Hijo, el Primado del Romanto POntífice, la sagrada Eucaristía y el Purgatorio.

El Santo Padre S.S. Gregorio X convocó el primero de mayo de 1274 el Concilio de Lyon, invitando a San Buenaventura y a Santo Tomás a asistir, pero por el camino el Doctor Angélico se sintió mal y cayó desplomado, siendo recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova. Los monjes le trataron muy bien, emocionando tanto al santo, que, en su gran humildad, se consideraba indigno de tantos honores; le pidieron con gran insistencia que dictara un comentario sobre el Cantar de los Cantares, y así lo hizo, a pesar de su enfermedad. Pero la muerte estaba cerca...

Cuando le administraron por última vez la Santa Comunión, exclamó:

"Si en este mundo hubiese algún conocimiento de este sacramento más fuerte que el de la fe, deseo ahora usarlo en afirmar que creo firmemente y sé de cierto que Jesucristo, Dios Verdadero y Hombre Verdadero, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María está en este Sacramento ...Te recibo a Ti, el precio de mi redención, por cuyo amor he velado, estudiado y trabajado. A Ti he predicado, a Ti he enseñado. Nunca he dic ho nada en Tu contra: si dije algo mal, es sólo culpa de mi ignorancia. Tampoco quiero ser obstinado en mis opiniones, así que someto todas ellas al juicio y enmienda de la Santa Iglesia Romana, en cuya obediencia ahora dejo esta vida."

Y expiró el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años. No había podido asistir al Concilio de Lyon, pero su obra "Opusculum contra errores Graecorum" fue utilizada con éxito en ese concilio.

La mayor parte de sus reliquias se conservan en una iglesia de Tolouse que fue arrasada y saqueada por los liberales en el siglo XIX. Allí están metidas en un cofre de oro, en una iglesia de hermosas vidrieras y con numerosas capillas de estilo barroco que fueron casi totalmente destrozadas. En esa misma iglesia hay un museo de la perniciosa masonería y diversos puestos de venta de libros difícilmente ligables a lo católico.

Apenas 50 años después de muerto, en 1323, fue canonizado como santo por el papa Juan XXII. Santo Tomás está universalmente considerado como uno de los más importantes filósofos de la historia, conciliando con el Cristianismo con Aristóteles, cuya enseñanza introdujo en las universidades. Fue una de las principales bases escritas para el Concilio de Trento, el concilio más importante de la historia y fue proclamado Doctor de la Iglesia por el papa San Pío V en 1567. Seguramente sea el Doctor de la Iglesia más importante que ha existido.

En la encíclica Aeterni Patris,1879, el papa León XIII proclamaba que la filosofía de santo Tomás sea la base de la enseñanza en todas las escuelas, proclamándole ' patrón de las universidades y centros de estudio' en 1880. También se le considera "Padre de todos los escolásticos".

El Papa San Pío X, en la encíclica Pascendi, proclama solemnemente:

"Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos a la que enseñó Santo Tomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos , y mandamos que se observe estrictamente por todos." (Pascendi)

El papa Pío XII, en la encíclica Humani generis, 1950, enseña que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y condena toda desviación de ella.

No obstante, en el siglo XX, al tiempo que intentaban adulterar la doctrina católica, ha habido numerosos intentos modernistas de retocar y manipular la doctrina de Santo Tomás de Aquino, como el del rojo sionista infiltrado Maritain, que curiosamente fue el maestro de Teología de Pablo VI...

Oración a Santo Tomás de Aquino

Angélico doctor Santo Tomás, gloria inmortal de la religión, columna firmísima de la Iglesia, varón santísimo y sapientísimo, que por los admirables ejemplos de tu inocente vida fuiste elevado a la cumbre de una perfección consumada, y con tus prodigiosos escritos eres martillo de los herejes, luz de maestros y doctores, y milagro estupendo de sabiduría;

¡Oh! quien acertara, Santo mío, a ser en virtud y letras verdadero discípulo, aprendiendo en el libro de vuestras virtudes y en las obras que con tanto acierto escribiste la ciencia de los santos, que es la verdadera y única sabiduría.

¡Quién supiera hermanar, como vos, la doctrina con la modestia, y la alta inteligencia con la profunda humildad! Alcanzadme del Señor esta gracia, junto con el inestimable don de la pureza y haced que, practicando tu doctrina y siguiendo tus ejemplos, consiga la eterna bienaventuranza. Amén.

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