De pesca en el Tajo
Como peces en el agua


El Alto Tajo es uno de los parajes preferidos por los pescadores.
Foto: MIGUEL ÁNGEL DE LA CRUZ / ARDEIDAS

La trucha y el barbo son los peces más populares del Tajo. Sin embargo, otras especies animales y vegetales también han elegido como refugio las aguas del río más largo de la Península Ibérica.

E
l Tajo es el gran río que cincela el paisaje de Castilla-La Mancha dibujando a su paso las cuencas fluviales que bañan las provincias de Guadalajara, Cuenca y Toledo. A lo largo de su viaje hasta el portugués Mar de la Paja le acompañan varios afluentes y embalses que ofrecen a los amantes de la pesca una nutrida gama de tramos disponibles. La pesca fluvial es una actividad que cuenta con gran atractivo en Castilla-La Mancha, ya que existen más de 120.000 aficionados que ocupan su tiempo libre entre cañas, sedales y cebos.

Las aguas del Tajo en las cuencas de Guadalajara y Cuenca destacan por su oferta y calidad, y han dado lugar a la existencia de buenos tramos trucheros. En cambio, en su recorrido por la provincia de Toledo es más común que sus aguas cobijen cinípridos, black-bass y lucios.

Los moradores del río


Barbo

Las comunidades vegetales cumplen un papel fundamental en el equilibrio ecológico del medio acuático que acoge a una fauna propia y muy variada que incluye desde los pequeños invertebrados como las libélulas, zapateros y coleópteros acuáticos hasta anfibios como el sapillo pintojo o el gallipato, y reptiles entre los que destaca por ejemplo la culebra viperina y el galápago leproso. No obstante los peces son los moradores natos del agua del río. En la cuenca del Tajo se encuentra la mayoría de las especies ibéricas, 14 de los 23 endemismos peninsulares, siendo los más representativos la trucha y el barbo. La trucha común, declarada especie de interés preferente, centra buena parte de la atención que en materia de pesca dedica la Consejería de Medio Ambiente. Sobre ella se realizan continuos estudios para conocer el estado de sus poblaciones, el grado de introgesión genética y los problemas que afectan a su conservación.

En los tramos altos de los cursos fluviales de la cuenca del Tajo los salmónidos, como es el caso de la trucha, son las especies de peces mejor adaptadas a sus aguas rápidas, frías y oxigenadas. En los cursos altos del Jarama y del Tajuña habita la lamprehuela, un cobítido perfectamente adaptado a las aguas frías de montaña, y en diferentes partes de la cuenca hidrográfica también son frecuentes otras especies no pertenecientes a los salmónidos como la bermejuela, el barbo común y la boga, que pueden remontar los ríos.

Un hecho muy llamativo es la presencia aislada de salmones en los embalses de Entrepeñas y Buendía que se desplazan aguas arriba del Tajo hasta la presa de Poveda de la Sierra (Guadalajara). Esta especie androma procedente del Atlántico podría haber remontado el Tajo con anterioridad al gran proceso de intensa regulación hidrológica que sufrió la cuenca hidrográfica, o bien se baraja la teoría, bastante probable, que hayan sido introducidos de forma incontrolada.

En el Tajo también destacan algunas especies bastante restringidas en otras cuencas fluviales como el bordallo y la colmilleja del Alagón, en la cuenca de su afluente el Alagón; y el pejerrey y el barbo cabecicorto en los embalses extremeños. En su curso por España han quedado extinguidas algunas especies de las que aún perduran escasos individuos en Portugal como es el caso de las anguilas, las lampreas y los sábalos.

La unión del agua dulce y el agua salada


La tenca, menos común que otras especies, tiene su hábitat natural en las profundas aguas del Tajo .
Foto: MIGUEL ÁNGEL DE LA CRUZ / ARDEIDAS

La comunión del Tajo con el océano Atlántico ofrece uno de los rincones naturales más valiosos de la Península Ibérica. El estuario del Tajo alberga los ecosistemas acuáticos más complejos y ricos y forma parte de las diez zonas húmedas más importantes de Europa por su elevada biodiversidad. Su productividad sostiene importantes actividades económicas como la pesca, el tráfico fluvial y la explotación de salinas, vitales para la población asentada en el perímetro de los 325 Km2 del territorio bañado por las aguas del estuario

La gran superficie de sus aguas actúa como un privilegiado hábitat acuático que ofrece áreas de alimentación, crecimiento y reproducción a numerosas especies de aves, peces, moluscos, crustáceos y otras especies marinas, de aguas dulces y salobres.


Durante el recorrido del río, especialmente en las zonas de montaña o media serranía, podemos encontrar alguna piscifactoría.
Foto: ANTONIO REAL

Un elevado número de los peces que se pueden observar pertenecen a especies que durante sus desplazamientos a lo largo de la costa penetran ocasionalmente en la zona baja del estuario. Entre ellos cabe citar al rodaballo, el salmonete, y el lenguado de arena. Otras especies como la corvina y la anchoa se reproducen en las aguas salinas del estuario, y otras lo utilizan como vivero de alevines como es el caso de la faneca o el lenguado común.

Entre los representantes autóctonos de la ictiofauna del estuario se encuentra el gobio, los caballitos de mar, la mula y la aguja mula. Los peces de agua dulce más singulares del estuario son las lampreas de mar, las lampreas de río, la saboga y el sábalo, que viajan del mar al río para desovar. Las anguilas y el capitón viven en los ríos y se reproducen en aguas saladas. Actualmente estas dos especies están prácticamente extinguidas en la cuenca del Tajo, debido a la imposibilidad de remontar el cauce por la existencia de numerosas presas que impiden sus vitales desplazamientos.

Eva Rosado