Arqueo Aegyptos

Escritura

  EL OFICIO DE ESCRIBA  
 
 

Texto de Amenofhis III

Un escriba redactó un texto conocido como la Sátira de los Oficios. Dwa-Jeti habló así a su hijo...

He visto a los que reciben golpes. ¡Tú debes dedicarte a la escritura! He observado a los que han conducido al trabajo forzado. Mira: nada sobrepasa a la escritura: ¡es un barco sobre el agua!

Nunca vi a un picapedrero hacer una carrera (importante), ni a un orfebre encargado de una misión; pero he visto a un calderero a la puerta de su horno. Sus dedos se parecían a las garras del cocodrilo y olía peor que el pescado podrido.

El carpintero que lleva la hazada está más cansado que un jornalero del campo. Su campo es su madera; su hoz es el hacha. Su trabajo no conoce tregua y tiene que cansarse más allá de sus fuerzas; al caer la noche, todavía tiene que encender (...)

El alfarero está cubierto de tierra, aunque todavía vive entre los vivos. Revuelve el campo como un puerco para (poder) cocer sus cacharros. Sus vestidos están sucios de barro; su turbante no es más que un andrajo. El aire que sale de su horno ardiente le penetra por la nariz. Pisa la arcilla con sus pies, haciendo él mismo (oficio) de pilón. Ensucia el vestíbulo de las casas con la tierra que aplasta...

En todo Egipto no existió profesión mejor realizada, más elogiada y con menos esfuerzo físico. El escriba era un funcionario, más ó menos bien pagado, pero siempre respetado. Podía servir bajo el mando del faraón, de un dignatario ó en un santuario. Sus labores eran múltiples. Algunos remarcaban los límites de los terrenos tras la inundación, hacían recuento de los granos obtenidos para pagar los impuestos al faraón. Ganado, vino y otros productos que entraban en los almacenes reales eran etiquetados y catalogados con minuciosidad.

En los santuarios se copiaban textos y ritos ceremoniales.

El material más usado para la escritura era el papiro, fabricado a base de tiras  del tallo de la planta del papiro, antaño tan abundante a lo largo del Nilo

Cuando un escriba se preparaba para escribir, generalmente se sentaba con las piernas cruzadas, apoyando el papiro sobre su regazo. Sus utensilios eran generalmente pinceles hechos con tallo de junco; una paleta que el escriba portaba siempre, con dos orificios para la tinta negra ó roja. Se usaba un mortero para moler los pigmentos hasta hacerlos polvo. En una bolsa se guardaba un frasco con agua y goma ó jugo de papiro que se usaba para humedecer el pincel y aplicarlo a la tinta. El tercer elemento era un tablero, donde se colocaba el papiro para mayor comodidad. El cuarto, por supuesto, el papiro. Generalmente estaban provistos de cofres donde guardaban los documentos, aunque también se usaban estanterías y muebles.

La práctica totalidad de los oficios egipcios tenían un patrón, un guardián de su seguridad y felicidad. Thot era el Señor de las Letras y de los Números. Representado como babuino ó como ibis, era el inventor de la escritura, del calendario y señor del tiempo. En el árbol sagrado de Heliópolis vemos a Thot como Señor del Tiempo anotando en la persea sagrada el nombre y los años de reinado de cada faraón.

Cualquier persona podía ser escriba, aunque generalmente el oficio pasaba de padres a hijos. En el Imperio Antiguo, los progenitores enseñaban personalmente a sus hijos. También se enseñaba el oficio en la Casa de la Vida, en las que los niños ingresaban con cuatro ó cinco años, y su aprendizaje duraba hasta los doce. Comenzaban copiando textos en trozos de arcilla ó madera recubierta de yeso. Además de  escribir, aprendían matemáticas para contabilizar los impuestos, y leyes.

Hubo a lo largo de la historia del Antiguo Egipto escribas polifacéticos e incluso que llegaron a ocupar cargos tal altos como el de faraón. Heshire, fue un escriba del Antiguo Imperio, quién además de escriba real era jefe de dentistas y  médicos. Petamenope era sacerdote y maestro en la Casa de la Vida de Tebas en época Saita.  Horemheb, además de General de los ejércitos del faraón, era escriba real, y terminó sus días como el último faraón de la XVIII  Dinastía.

Muchos personajes de clase alta se hicieron representar en la postura del escriba, para aparecer así como personas cultas  e ilustres. En las moradas de eternidad aparecen las escuelas de escribas. Era, sin duda una profesión que gozaba de un elevado rango social. Además, no se puede olvidar que un escriba tenía el privilegio de conocer los misterios de la escritura jeroglífica, que era, en el Antiguo Egipto, la voluntad de los dioses plasmada en un papiro.

 

 
 
© 2003, Amenofhis III (Luis Gonzalez Gonzalez) amenofhis_29@hotmail.com  
 
1