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'And the Oscar goes to...'

O, si se prefiere, el clásico 'And the winner is..'. Cada año desde 1929, Hollywood encumbra a sus grandes, en una ceremonia que hoy en día es uno de los mayores espectáculos mediáticos del mundo pero que en su momento no pasaba de una numerosa reunión de compañeros de trabajo. Eso sí, siempre llena de glamour. 08/02/2009
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Todo buen amante del llamado séptimo arte, del mayor adalid al mayor rebelde a la gran industria, tiene la fecha de los Oscar bien señalada en su calendario. Si hay un día en que el cine cobra importancia mediática, este es el de la ceremonia que se celebra anualmente en Los Angeles para premiar a los mejores del mundo del celuloide. También en España: muchos son los madrugadores que desafían la diferencia horaria para seguir los pormenores del gran vodevil del cine comercial. Pero no siempre fue así.

Hubo un tiempo en que los premios de la Academia de Hollywood eran un pequeño artículo de media columna en los diarios. Y no tan lejanos comNoticia de los Oscar en 1950o pudiéramos pensar. En los años cincuenta, en plena cumbre del cine clásico estadounidense, se informaba escuetamente de los hoy tan aclamados galardones. El texto de 1950 (publicado el 28 de marzo) no tiene más de veinte líneas, en las que se resumen sólo los premios más importantes, una extensión poco mayor a la que merecía una sesión cinematográfica en la Casa Suiza de Barcelona. Por cierto, ese año ganó el galardón a mejor película la magnífica Todos los hombres del rey y su protagonista, Broderick Crawford, se llevó el premio a mejor actor. Por aquel entonces, resultaba más fácil encontrar los Oscar en los anuncios de las películas que se estrenaban en Barcelona que a través de las informaciones del diario. Otros tiempos.

También es verdad que la ceremonia fue aumentando progresivamente su interés mediático y que los primeros años (la primera fue en mayo de 1929), sólo consistía en un simple aunque exclusivo banquete. A medida que el espectáculo fue creciendo, los medios de todo el mundo se hicieron eco de sus avatares. Un buen ejemplo de esa evolución lo encontramos en la edición del 10 de abril de 1963, en que el cronista de Nueva York de La Vanguardia relata la ceremonia, haciendo especial hincapié en el improvisado presentador, un Frank Sinatra que sustituyó al gran clásico en estas tareas Bob Hope. Por cierto otra vez, los premios ‘gordos’ fueron para Lawrence de Arabia, su director David Lean, Gregory Peck y Ann Bancroft.

En 1966, La Vanguardia publica lo que será todo un clásico: la primera fotografía con un premiado posando con la estatuilla. La británica Julie Christie, ganadora del premio a la Mejor Actriz por Darling, tuvo ese honor. El añLittlefeather hablando a los presenteso siguiente, los Oscar llegarían a la portada del diario por primera vez, con Elizabeth Taylor como protagonista. Y desde entonces, los combos de imágenes con los premiados serían habituales en la primera página o siguientes del diario.

A partir de entonces, La Vanguardia ha estado presente en las grandes anécdotas que ha dado el espectáculo. Por ejemplo, las lágrimas del “duro” John Wayne al recibir el Oscar en 1970 y que merecieron una de las fotos de la portada. O la histórica entrega de 1973, en la que Marlon Brando, que ganó el Oscar por El Padrino, se negó a aceptarlo porque decía que Hollywood discriminaba a la población india. El actor no acudió a la entrega y, en su lugar, recogió el premio Sacheen Littlefeather, una mujer india. “La entrega de los ‘Oscar’, con sorpresa incluida”, titulaba el diario en portada y lo ilustraba con la fotografía de Littlefeather (‘pequeña pluma’) hablando a los presentes sobre las razones de Brando.

 

Éxitos españoles en Hollywood
Y, como no, la hemeroteca también nos muestra los éxitos españoles en Hollywood. Por ejemplo, el barcelonés Néstor Almendros, premiado en Oscar de Garci1979 como Mejor Director de Fotografía por el filme ‘Los días del cielo’. O, José Luis Garci, premio a la Mejor Película Extranjera por Volver a empezar y que el 13 de abril de 1983 compartió gloria y portada con el golfista Severiano Ballesteros. O Trueba, Oscar a la Mejor Película Extranjera por Belle Epoque en 1994. O, claro, el manchego Pedro Almodóvar, ganador de dos Oscar por Todo sobre mi madre (1999) y Hable con ella (2002), portada en 2003 además por brindarlo a la paz, en pleno desarrollo de la guerra de Iraq. Y sin olvidar a Amenábar (Mar Adentro, 2005) y a Bárdem (No es país para viejos, 2008), un Oscar que La Vanguardia calificó de “pata negra”. Todos fueron protagonistas.

En definitiva, una evolución que va desde esas primeras raquíticas reseñas a los últimos especiales de páginas y páginas que mezclan fotogramas, premios y glamour a partes iguales, desde la misma meca del cine. Un gran despliegue acorde a uno de los grandes rituales mediáticos del mundo global.Oscar a Bardem

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